viernes, septiembre 17, 2010

Onanismo visual (III)



No he podido resistirme, lo mejor de esta mierda de día y del más que futurible mierda de fin de semana que empezará a las dos.



Y Dios se hizo hombre...




[A la Escafandra no la tengan en cuenta]


P.D. Las fotos las he robado en el 'Corner', seguro me perdonan, es por una buena causa.

Nada ya es suficiente y demasiado no basta




Supongo que a todos nos pasa, por un motivo o por otro, hay lugares que evitamos, recuerdos que preferimos esquivar, voces u olores que nos evocan un pasado perdido y nunca recuperado, que preferimos obviar. Y hay canciones, claro... canciones que en un determinado momento dejamos de escuchar por los motivos que sean, a veces auténticos; otras, simples absurdos. Pero mientras sean nuestros, todo va bien.

Durante mucho tiempo me pasó con una canción de los Burning, "Una noche sin ti". No recuerdo el por qué y si alguna vez lo supe, ya lo he olvidado. Sé que no hace tanto, o tal vez sí, no tengo claro si este último año está pasando muy lentamente o al contrario, sentada en un bar cualquiera con un tipo del que sólo podría decir y recordar que era tremendamente guapo (como si eso fuera a tener importancia), comenzó a sonar... no sentí nada. Sólo pensé lo mucho que me gustaba esa canción... dudé si  decirlo en voz alta, 'cómo me gusta esta canción', pero me di cuenta de que en realidad al tipo tremendamente guapo le iba a importar un carajo que a mí me gustase ésa o cualquier otra. Esperé a que apurásemos las cervezas, en realidad no recuerdo si eran cervezas lo que bebíamos... imagino, supongo; es lo que suelo beber en la presencia de los tipos guapos, lo sean o no tremendamente; y me despedí. No volvimos a vernos.

Llegué a casa y sintonicé a los Stones.



Ayer volvió a pasarme. Con una canción... con otra canción. Limpiaba los cristales (hoy llueve, siempre soy así de oportuna). Había bajado las persianas, siempre bajo las persianas cuando limpio los cristales, lo que me lleva a limpiar bajo la luz de la bombilla. Música de fondo gracias el Spotify. Suenan los Stones, Noa y Bruce, Caetano, Mr. Johnny Cash y Rosanne, José Mercé e Iván Ferreiro... y de pronto algo se me rompe dentro al son de los primeros acordes, y dejo de limpiar, se me cae la bayeta de las manos (podría haber elegido un momento más glamouroso, pero qué le vamos a hacer) y acabo sentada en el suelo embargada en lágrimas negras que no necesitan motivos aparentes para hacer acto de presencia.

Probablemente un buen día entraré en un bar o la escucharé en la radio y ya no sentiré nada, pero desde ayer forma parte de mi lista negra.








P.D. Y no, obviamente no es Ana Laan. Aunque sé que suena en algún rincón de este espacio... Ésta simplemente me gusta... por el momento. Y ayer me ayudó a dormir y a combatir mis desvelos.




[Aunque al conducir de noche yo sí me acuerde de ti]

Around and about




Ayer noche me llaman, pero no tengo demasiadas ganas de hablar en ése invento del averno llamdo teléfono. Creo que en 20 minutos de conversación ajena yo sólo suelto monosílabos. Reacciono cuando oigo Turner, Museo del Prado, exposición y Toledo.

Desde el día de mi cumpleaños le tenía ganas a la exposición de Turner en el Prado, y fueron pasando los fines de semana de verano, la opción natural para una escapada a Madrid, por un motivo o por otro. Y no, no por la tontería tan de mi propiedad de le tengo miedo a la gente y no sé hacer cosas sola. Nada que ver en este caso, al contrario, si no hubiese tenido que 'depender' de nadie, a estas alturas ya me habría empapado de pintura muchos fines de semana atrás y hasta hubiese vuelto, tal vez, quizás. Que si bien es cierto que tengo muchas asignaturas pendientes, aún soy capaz de subirme a un tren y no perderme por Madrid a solas, pese a mi nulo sentido de la orientación sé descifrar la red de metro. Pero en este caso era diferente, tenía posible y probable compañía, que si la ex-cuñada, y la sobrina y el pariente y el amigo y alguien cuyo nombre he olvidado; que si hay que ponerse de acuerdo para organizar algo 'guapo'; que si yo sólo estoy disponible entonces y la ex-cuñada y la sobrina en otro momento, y el pariente no tiene problemas, y el amigo sólo puede cuando puede. Y que no se nos olvide que el 19 de septiembre se clausura. Uy, pero qué dices, antes de septiembre nos ponemos de acuerdo y nos dará tiempo a ir, volver y entretenernos por el camino. Pero pasó julio, y llegó agosto y yo me planteé seriamente ir sola, que ya lo veía venir; pero no, espéranos, que a principios de septiembre cogemos un puente (eso será tú, que a mí no me quedan moscosos, aunque sí dos semanas de vacaciones)... y más retrasos, y más promesas, de ésas que se cumplen... y llegó septiembre, y yo metida en mis boberías me olvidé de Turner esperando que el resto del mundo llegara a un acuerdo y me hiciera partícipe de él... hasta anoche, cuando al teléfono me lo recuerdan, que se han ido el fin de semana pasado; todos ellos, la ex-cuñada, la sobrina, el pariente, el amigo e incluso aquél cuyo nombre no recuerdo. Que no me dijeron nada porque el viaje se iba a alargar unos días más, ya saben, Madrid-Toledo, todo un clásico; y como yo no tenía días, sólo dos semanas de vacaciones, pues imaginaron que para qué decírmelo, que no iría...

Como es la tercera vez que me 'plantan' esta semana, pues me lo tomo a bien, ya estoy esperando la cuarta, aunque como no tengo planes con nadie es posible que tarde en llegar.

Este domingo será 19, y yo, que nunca he necesitado excusas para irme a Madrid y menos teniendo objetivos y motivos, de repente las necesito.

jueves, septiembre 16, 2010

My own worst enemy




Una vez alguien del ramo de la medicina, esquina psiquiatría, me dijo que yo era una persona muy fuerte; en el fondo, que no en las formas. Que no era de hielo, como yo creía, y que por tanto ni yo ni mis alas nos derretiríamos por acercarnos al sol. Que estaba hecha de un material frágil en apariencia, pero ni modo. A mí me gustaba bromear y considerarme un diamante en bruto. Aunque tampoco era eso.

No le hice nunca demasiado caso, que ya se sabe que en casa del herrero, cuchillo de palo; al margen de que me recomendaba tener algún animal de compañía, por eso de paliar mi soledad y no, no se vayan a creer, no hablaba de un gato, animal totémico de toda mujer blanca soltera busca, y no porque yo no soporte a los gatos, no; hablaba de peces, porque los peces, Dae, no se tocan... no sé si lo entienden.

También me decía, y me dice, algo de lo que ya hablé varias entradas atrás, que yo retroalimentaba mi baja autoestima fijándome en hombres que jamás se fijarían a su vez en mí, reforzando por tanto la idea de que no merecía ser querida o que la autoritaria figura del progenitor, que por cierto compartimos, condicionaba mis relaciones o más bien la ausencia de ellas...

Nunca me tomé demasiado en serio todas esas teorías y prefería elaborar unas propias (ya saben, ser chica de pelo rizado), especialmente porque siempre he dudado de mi fortaleza. Por ejemplo ahora, recién llegada a casa, la última en salir de nuevo de la oficina a una ciudad en fiestas, subiendo a pie hasta el quinto piso, pese a los dos ascensores (siempre subo a pie), sentí precisamente la ausencia de esa fortaleza. Sólo venía cargando con mi maxibolso lleno de cachivaches innecesarios y absurdos, pero tuve que parar en el rellano del tercero, volver a hacerlo en el del cuarto y al llegar a mi puerta pararme a controlar mi respiración antes de atinar a meter la llave en su cerradura. Estoy cansada, terriblemente cansada, físicamente cansada (sé que tengo anemia y me resisto a tomar la mierda esa de hierro que me ha recetado el médico, que he discutido cienes y cienes de veces que esa no es la solución, que no lo asimilo), y puede que mis cargas al lado de las suyas sean ridículas, pero a mí me pesan terriblemente. Me pesa la tristeza, el desamparo, la soledad...








P.D. Mary Anderson



[Don Luis me ha invitado (Vd. paga, que a mí me han bajado el sueldo)
a un milhojas en el Rialto y después a lo que se tercie,
unos tequilas cantando por los Tigres, por ejemplo.
Si alguien se anima (Solitaria, tú también estás invitada, que el güelito blue eyes paga),
que deje allá o acá acuse de recibo]

Triste cuando deseo y cuando no. Triste cuando con un cuerpo y cuando no. Triste cuando con su sonrisa y cuando no.




[Nota mental: El traje nuevo del emperador]



Nada más que decir.









[Y llueve. Y tengo cervezas en la nevera, y nunca bebo a solas.
Y ayer se me olvidó
que no se debe abrazar una almohada sin haberse quitado antes el rímmel...]

miércoles, septiembre 15, 2010

Desmentido





No suelo decir tacos. Bueno, no suelo, no. No los digo nunca. O casi nunca, no me vayan a pillar en un renuncio. De hecho si se me escapa alguno suele ser algo voluntario y extraordinario. En realidad creo que mi repertorio es bastante limitado, siempre los mismos, probablemente no más de tres. En esos momentos todos me miran con cara rara, como si ésa no fuese yo y un alien se hubiera adueñado de mi cuerpo. Suelen ser situaciones o conversaciones o circunstancias excepcionales. Generalmente si estoy muy enfadada o muy cabreada o muy exaltada o muy algo... pero nunca cuando grito, en realidad apenas grito, rara vez, nunca; o cuando discuto, no considero que se tenga más razón por caer en el insulto, generalmente fácil y desubicado.

Nunca he insultado a nadie a la cara, nunca le he dicho a nadie que era esto o lo otro (tampoco he sentido la necesidad). Y tampoco he pecado de pensamiento u omisión, bueno, generalmente; alguna vez sí he pensado que alguien era un gilipollas (es uno de los escasos de mi repertorio) y sólo una vez, sólo una, pensé de alguien, que era una auténtica hija de puta. Claro que eso era lo mínimo que se le podía llamar y se lo crean o no yo fui bastante comedida en mis pensamientos, que otros no lo fueron tanto con sus obras.

Sigue costándome verbalizar determinados vocablos, de uso común y corriente que seguro que están incluidos en el vocabulario cotidiano de todos ustedes. Herencia de una educación con monjas y de una familia donde lo único importante eran las formas, las apariencias y el qué dirán. Hace escasos días mi chico raro preferido decía no sé qué de "picardías" y además del ataque de risa sufrí una regresión a los años de mi infancia y/o adolescencia, donde esa palabra no se les caía de la boca a mis tías solteras (no había vuelto a oírla desde entonces), ésa y "pompis", cuando se referían a cierta parte de su anatomía o a las ajenas. Siempre me pregunté si esa palabra existía realmente, y sí, existe, aunque a las únicas personas que se la oí fuera a ellas. Ellas, que siempre decían de alguien que tenía mal café, por no decir eso de mala leche, que debía de sonar mucho peor, no sé... y eso sí se me pegó, acabé por decirlo yo... aún lo hago.

¿A qué viene todo esto? Pues no sé... o sí, pero tampoco importa demasiado aunque a mí si me importe. Porque puedo ser, de verdad, de verdad de la buena, alegre y amable, y agradable y afable (tan sólo para empezar con la a), y puede que mi sentido de la buena educación sea excesivo, pero ni modo... que mi vida es mía, y está ahí fuera.











P.D. Joan Bennett y Billie Burke

[Lou Reed supo decirlo]

Cómo si las mujeres amasen a los hombres por sus virtudes





Y tú parece que sigues sin enterarte...



Me gustan las tormentas... aunque no venga a cuento de nada




Hoy toca el Loco en esta ciudad que no es la mía. Un concierto de ésos gratuitos que el insigne alcalde nos ofrece con ocasión de las fiestas del patrono de la ciudad, San Mateo. Me gusta el nombre de Mateo, aunque no sé para qué o para quién. Me gusta, en todo caso.

En la plaza de la ilustre catedral de la muy noble, invicta, benemérita y todo eso, ciudad de Oviedo. El mismo lugar en el que en las noches de invierno, cuando las sombras extienden sus dominios, una se encuentra de golpe con Ana Ozores. Más de un turista la ha confundido entre la niebla con una dama decimonónica despistada de siglo o con una tardía (o precoz) celebración del carnaval. Aunque no deje de ser piedra sobre piedra hasta reducirse a cenizas.

Me gustaría ir, obvio. Rockear un poco esta noche y volver a las tantas a casa o incluso ir a trabajar sin dormir (hace mucho tiempo que no hago lo primero y años han pasado de lo segundo). Pero no me gustan las multitudes, sospecho que padezco un no precisamente ligero principio de fobia social; y ya se sabe que lo que es gratis es lo que tiene, montones de gente haciendo cola en el Rincón Cubano (aunque los mojitos no sean gratis y tenga su gracia la paradoja, que en una ciudad tan pazguata como Oviedo el rey de los chiringuitos esté regentado por el Partido Comunista), para luego irse a la Catedral a criticar, vociferar y murmurar... total, es gratis y ellos sólo pasaban por ahí.

En fin, que tendría que ir sola. Aunque he aprendido a hacer cosas sola, otras aún me cuestan. El día que conseguí sentarme a comer en un restaurante a solas, lo marqué de rojo en el calendario. Ayer me contaba un colega, de los pocos que aprecio de veras, de verdad de la buena, que se había ido a cenar un pescado él solo. Que me parecería raro, me decía. Pero no, en absoluto, y en realidad lo que le hubiese dicho es que me hubiera gustado acompañarle, ahora, que se ha quedado solo en trágicas circunstancias.

Y por mi parte hasta le he cogido el gusto a ir al cine conmigo misma. Adoro esas sesiones de media tarde, salir de trabajar a las tres y especialmente en invierno meterme en la primera sesión, en torno a las cuatro, a ver películas absurdas en una sala casi vacía. Donde el de la taquilla te mira con cara un poco rara y a su vez soy yo la que miro a las dos, nunca más de tres personas que me acompañan; y especialmente al tipo que siempre se sienta en la última fila, de cuya mirada clavada en mi nuca no logro librarme. Como tampoco logro librarme de pensar en lo qué estará haciendo con sus manos.

Pero adentrarme sola en la multitud es otra cosa, si ni siquiera voy a las rebajas (y eso es mucha renuncia para alguien como yo). Sé que algún día tendré que romper ese miedo, puede que sea esta noche, que a eso de las once baje la calle El Rosal camino al Antiguo y que soporte los empujones ajenos y las risas y los gritos que no van conmigo, y al hasta el absurdo grupo que va de telonero. O puede que no, que como siempre me quede en casa, y me siente a ver una película de ésas en blanco y negro en las que Greta la Divina se emborracha y pierde la cabeza, o me meta de nuevo una maratón de capítulos de "Sons of the anarchy", aunque me esté comenzando a aburrir, que la parejita feliz del tonto del rubiales y Miss Menken me da cada vez más pereza; que si uno es un outlaw, debe serlo con todas las consecuencias.

O tal vez, lo mejor que debería hacer es plantearme de una puñetera vez por qué me tengo tanto miedo a mí misma. Por qué me asusta tanto mirarme a los espejos o descubrir mi reflejo en los escaparates o en los probadores de las tiendas. Por qué odio tanto quedarme a solas conmigo misma, si en realidad nunca he dejado de estarlo.





P.D. Lenore Aubert

martes, septiembre 14, 2010

¿Qué se dan entre sí las sombras?






"Off to sleep you'll go
Through the halls and opened doors
Silver bells swinging low
Strung in branches of the unknown
Soon morning comes
To warm the world and wake you up
Night is gone awful fast
It ain't wrong to be sad."

¿Cómo es posible que en lo que llevamos de septiembre, 14 días para ser exactos, haya publicado exactamente 47 entradas... 48 si contamos ésta y todavía no haya sido capaz de contarte lo que quiero decirte

Ni siquiera sé con qué frecuencia lees esto, si es que lo haces o lo sigues haciendo... He vuelto a poner el Analytics, aunque siga sin saber cómo funciona y nunca le preste atención, qué importa que me lean desde el Ejército del Aire o el Ministerio de Defensa (aunque intimide un poco). Me entró el pánico en su momento, alguien del trabajo tirando del hilo... no tengo nada en contra de los que van presumiendo por ahí de tener un blog (yo siempre he negado la mayor), que enlazaba con el mío... en fin, una historia sin importancia, pero me volví tan paranoica que lo quité, prefería la ignorancia absoluta que algunos dicen da la felicidad y no quería pasarme la mañana mirando si había entrado alguien desde el Principado de Asturias (aunque entrar, entran)... La curiosidad me pudo de nuevo, supongo, aunque siga sin saber cómo funciona y la última vez que traté de discernir qué carajos querían decir las estadísticas ésas, sólo me encontré con que alguien había llegado hasta aquí odiando a Leonor Watling.

Y sí, querida mía (porque no dudo que seas mujer), yo también odio a Leonor Watling... y si quieres nos sentamos juntas a esperar a la puerta de su casa, que todo es cuestión de tiempo... el mismo que pierdo planeando y escogiendo cuidadosamente las palabras... que nunca acaban por salir. Seré cobarde... ni me imagino si te tuviera frente a frente o al otro lado del teléfono, aún peor, soy un desastre con ese invento que si de mí dependiera sólo serviría para transmitir noticias breves y contundentes. De hecho por eso quise un contestador automático, para no tener que contestar, you know... no contaba con el pequeño inconveniente de que nadie fuera a llamarme...



De la belleza y otros demonios (The man who would be king, y dos)



Bueno... esto... un mal día lo tiene cualquiera... ¿no?







Aunque luego canta esto... o cualquier otra cosa... y se le perdona todo.






P.D. En color... porque él lo vale.

De la belleza y otros demonios (The man who would be king)





¿Quién osa decir que a punto de cumplir los 61 tacos,
ésta no es la cosa más guapa del mundo mundial?






[Y ni que decirlo hay... hoy es un día muy 'Fire'... minuto 4:35]




Nada que contar


Escribía ayer Diego A. Manrique en la edición impresa de 'El País' un largo listado de tópicos llamado "Guía del rock para idiotas". Y yo, no crean, no me di por aludida. Aunque el artículo me pareció una sarta de tonterías indignas de alguien con más que sobrado talento, me hizo gracia. No recuerdo todos los puntos expuestos, pero sí algunos; como que las críticas no importan porque los artistas no leen (en algunos casos ni sus propios contratos); o esos en los que me vi terriblemente reflejada, yo sólo escucho al X de los primeros tiempos, que ya sabemos que el éxito degenera; o ya no se hace música como en los 70 (o los 60 o los 80)... y el que más me gusta de todas, yo sólo escucho música en vinilo... aunque ésa no la cumplo, aún... pero me gustaría ser una chica de esas que sólo escucha discos de vinilo y tiene las paredes de su casa empapeladas con portadas (esto ya lo dije hace tiempo, creo)... Aunque la única vez que tuve las paredes empapeladas, en fin, además de Bruce, obvio, tenía a Nacho Duato... sí, mirar hacia atrás a veces es muy duro.

lunes, septiembre 13, 2010

Libertad para ser sólo ceniza... (una vez apagado el fuego)




Hoy ha sido un buen día... de esos en los que no ha sucedido nada especial, pero que ha estado lleno de risas y sol, un sol que se resiste a abandonarnos y al que una, a la que le gusta especialmente el otoño, está deseando despedir, los tacones con calor son insufribles, estoy deseando que llueva y vuelva el frío, y toque ponerse medias y calcetines (oigan, deseos más raros se han visto).

Comenzó bien la mañana pese al madrugón. [No sé cómo me las arreglo para ser siempre la primera en llegar y la última en irme. Hoy a las siete, puntual, a la puerta. O bueno, sí lo sé, que el tiempo que pierdo allí es inversamente proporcional al trabajo realizado... si alguna vez les hablara de esos entes desconocidos que son la carpeta de firmas y el registro de salida...] Y comenzó bien porque apareció L. tras dos semanas de vacaciones y aunque no me gusta el café me invitó a uno de la máquina y bajó dos plantas sólo para saludarme incluso antes de llegar, a eso de las ocho. Y poder tener una charla adulta en la que no se hable ni del Sporting, ni de Fernando Alonso, siempre se agradece. Además me dice que estoy muy guapa, aunque yo no me lo crea (que yo no soy de las guapas) y busco desesperadamente un espejo, y sólo veo mis ojeras de siempre y mi pelo a lo león de la Metro especialmente fuera de sí en esta mañana en la  que tuve que pasarme más de media hora con el secador, y ese cuasi imperceptible tono dorado que me ha regalado mi playa favorita en las tardes de este verano que afortunadamente ya se acaba... bueno, y sí, mi sonrisa... supongo que eso es lo que encuentra diferente.

Y a las nueve llega el temido encuentro mensual en la Junta. Había puesto una vela a mi santo Malverde para que los mineros hubiesen cortado, al igual que ayer, la carretera; o tuviese un gripazo de campeonato o un esguince que le impidiera desplazarse o que ese día no hubiese sonado el despertador... pero no, allí estaba él. Con su sonrisa y sus preguntas atropelladas, y su abrazo y el par de besos de rigor que nunca son tan cálidos cuando no es él el que los ofrece. Y yo, como todos los meses, vuelvo a sentirme chiquita en su presencia y aunque lo he intentado no puedo evitarlo, su presencia me intimida. A la manera que a mí me intimidan los hombres que me gustan, aunque él en realidad no me guste y además esté casado y yo esas cosas he aprendido a respetarlas, que es más fascinación que querencia lo que ejerce sobre mí. Pero es que me hace reír como casi nadie lo hace, y me mira a los ojos cuando me habla, cuando se dirige a mí y me hace sentir importante y el centro de atención, y me toca, siempre tiene un gesto cálido al posar su mano sobre mi hombro para franquearme el paso hacia el ascensor; y a mí, que no me gusta que los desconocidos me toquen no me molesta en absoluto que él lo haga. Y me sonrojo cuando lo descubro mirándome y me invita a un café aunque sabe que no me gusta el café, pero tan sólo es una excusa para acercarnos a la máquina y alejarnos del aburrimiento, y seguir contando y riendo, aunque nunca cuente chistes.

Sí, ha sido un buen día con sabor a coca-cola light, y hasta he comprado toallas, y sé que el martes no me puede fallar, y que esta semana tampoco lo hará, aunque no pase nada, o nada especial, porque tan sólo con que pase será suficiente...

Y vuelvo a 'Sherry darling', como si no hubiera canciones suficientes... porque hay días 'Drive all night'  (suelen caer en domingo) y días 'Tougher than the rest' (las más los viernes) y días 'Point blank' (muy apegados a los lunes), y días 'Racing in the street' (los miércoles son muy así)... y sí,  días 'Sherry darling' que me pillan por sorpresa y a su antojo... y hasta días 'Fire', pero ésa es otra historia...








P.D. Mary Anderson

Another calling: my own words coming back





"Maniquí desnudo entre escombros.
 Incendiaron la vidriera, te abandonaron en posición de ángel petrificado.
 No invento: esto que digo es una imitación de la naturaleza muerta. 
Hablo de mí,
 naturalmente".

'Se prohíbe mirar el césped' de Alejandra Pizarnik




Para qué vamos a engañarnos, yo no soy de las que dice lo que siente. Digo lo que pienso, que aunque parezca lo mismo, no lo es, porque trato, a veces lo consigo, de no ser irracional, y no me importa que otros se enteren, que otros sepan lo que pasa por mi cabeza; pero si hablamos de emociones, aunque los gestos me traicionen; si hablamos de sentimientos, aunque mi corazón lata más deprisa; ni modo.

Nunca le he dicho a nadie eso de 'si tú me dices ven lo dejo todo', en cambio 'que te vaya bonito y devuélveme el rosario de mi madre' una infinidad de veces. Nunca le he dicho a nadie 'te quiero'. Bueno, bien, vale, tampoco lo he sentido, pero eso no es óbice. Se puede mentir, igual que se fingen los orgasmos, conozco montones de personas que fingen ambas cosas, que dicen sentir cuando no sienten, que parecen creer lo que saben que no es cierto... Yo no, hace mucho que me quité de lo primero y nunca he sabido mentir, o no del todo, o no tan bien. Nunca he sabido jugar con las emociones ajenas, menos con las propias. Y no se crean, la honestidad no está siempre bien valorada. Yo misma le pedí a un tipo que me mintiera antes de irse, que me dijera que me quería y que me había esperado a través de los océanos... no fue tan convincente como Joan Crawford, yo aprendí que no había que darle nunca la mano a un pistolero zurdo y descubrí a Benjamín Prado.



Y de repente, ahora, en estas últimas lunas, he perdido la cuenta de cuántas... me despierto echando de menos. Y no, tampoco le he dicho nunca a nadie 'te echo de menos', puede que ni siquiera lo haya sentido nunca... puede, hasta ahora. Y de repente lo digo, you know, y por primera vez siento que es cierto,  'te echo de menos', aunque no acabe de comprender del todo cómo es eso de echar de menos a alguien a quien nunca has tenido...

Y keep on dreamin'








P.D. Maureen O'Hara y John Wayne en "The quiet man".


Miss you...

Esas cosas que juraría me pasan sólo a mí



Lo he repetido hasta la infinidad, no me gusta mi cocina. Es más, la odio, y juro que mi sueño más recurrente (y eso que últimamente no ando falta de sueños) pasa por tirar hasta el último azulejo y hacer una nueva. Y como la odio, no la uso, aunque les aseguro que sé cocinar e incluso algunas cosas hasta las hago bien, me he declarado en huelga. Y quien dice cocinar dice llenar la nevera o usar la lavadora, integrada en la cocina. Así que de fin de semana en fin de semana, como los recién emancipados, aunque yo me fuera hace exactamente 17 años de casa de mis padres (aunque luego volviera y me fuera de nuevo y acabara volviendo para volver a irme), cojo el cesto de ropa sucia, lo meto en el coche y lo llevo a lavar a casa de papá y mamá. Pero no se confundan, en el servicio sólo va incluido el uso de la lavadora, es decir, soy yo la que mete, saca, ordena el programa, cuelga, recoge y plancha. Y este fin de semana pasado, no iba a ser menos...

Volví ayer tarde con toda la ropa sin planchar, de mala manera metida en una bolsa en el maletero, lo que provocó un doble planchado, y con lo que me gusta y lo bien que se me da, en fin, que ese no es el tema. No suelo hacer una lista con lo que llevo, para comprobar si lo traigo todo de vuelta, aunque debería, que en el trayecto de ida y vuelta siempre se me pierde y/u olvida algo. Así que esta mañana a eso de las 6:10 me meto en la ducha y cuando diez minutos aproximadamente después salgo, o más bien estiro la mano para coger la toalla, no hay toalla. Y en una casa normal hay toallas de respuesto, en la mía, que no es ni medio normal, no. Como no tengo armarios, sólo tengo un juego de toallas, las lavo con relativa mucha frecuencia, no se vayan a pensar ustedes cosas raras relativas a mi supuesta mala praxis higiénica. Sí, sólo tengo tres toallas, justo las que necesito para mi ducha diaria y las tres se habían quedado en el ranchito durmiendo el sueño de los justos en algún armario, imagino. Y como suponen bien, en la casas normales no sólo hay toallas de más, sino albornoces, o mantas, o sábanas de más o lo que sea que llegado el caso sirva para secarse. Pero no olviden, la mía no es una casa normal... Y con qué se seca una cuando ni siquiera son las seis y media de la mañana y no tiene absolutamente nada a mano... Consejo, el secador no es la solución...

Plan para esta tarde... comprar toallas y recoger todo el agua del suelo del baño...

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