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jueves, marzo 15, 2012

Life is the fast lane




Creo recordar... no, creo, no... lo recuerdo a la perfección. Fue en uno de mis fines de semana madrileños. Mañana de sábado de compras con C. en la calle Fuencarral. Estaba apoyada en el escaparate de... bueno, me importa poco hacer publicidad... de Desigual. C. es fan absoluta de esta marca (y de Custo, obvio), a mí no me gusta; poco, nada; o en realidad no me disgusta en otros y me disgusta en mí. Ahora en realidad la moda me la trae al pairo; las modas, los colores, los estilos; acabo siempre poniéndome casi cualquier cosa... pero cuando aún iba de compras, leía el Vogue y hasta me compraba el Cosmopolitan; me apuntaba a todas las tendencias, que no modas, cuando ni siquiera existían las tendencias, y decidí que no me gustaban los estampados igual que no me gustan los cacahuetes, las joyas de oro (amarillo) o los tipos que van de graciosos haciendo un chiste a cada frase pronunciada.

Los estampados (y los cuadros) no son para las chicas tímidas. Y yo, no lo olviden, soy de las tímidas. Tampoco para las chicas altas, y yo estoy por encima de la media. Me costó mucho aceptar, por cierto, que yo nunca sería una de esas chicas pequeñitas, de huesos frágiles, que inspiran ternura y afán de protección, que impulsan a abrazarlas.

Pero estaba yo allí, apoyada, fingiendo mirar el escaparate y debatiendo conmigo misma la oportunidad o no de comprarme una cazadora de cuero de color verde oliva que no necesitaba para nada con un dinero que no me sobraba... Y allí estaba él, en medio de esa situación absurda que tantas veces se da y que yo nunca he acabado de entender, su chica (doy por sentado que eran pareja), comprando compulsivamente y él aguantando estoicamente a a la entrada de la tienda, cargado con las bolsas, haciendo equilibrios entre éstas y su cigarro apurado. Le sonrío casi involuntariamente con gesto de comprensión, tira la colilla y me envía una sonrisa de vuelta, intuyo que a modo de despedida, que regresará al interior de la tienda a decirle a su chica lo bien que le sienta el color morado. Pero no, sigue fuera con las bolsas en la mano, con un vago gesto de acercamiento me ofrece un cigarro y un par de sonrisas de más. Rechazo el ofrecimiento, no fumo, gracias. Y él guarda el tabaco y tampoco fuma, y sonríe de nuevo titubeando, parece que quiere decir, pero no dice... y yo, qué vamos a hacerle, no soy yo de las que liga en las puertas de las tiendas de la calle Fuencarral con desconocidos que me ofrecen cigarros mientras sus novias se prueban ropa con dos tallas de más. Además aparece C. con sus compras y me salva del Averno ofreciéndome unas cañas y presentarme al amigo del primo del hermano mayor de no sé quién, que me va a encantar, que estudió en la Sorbona y es más alto que yo, y obvio, habla francés y no cuenta chistes malos, y le gustan los pistachos y conducir en carreteras sin rumbo. Así que con una media sonrisa nos despedimos y una parte de mí que no controlo le dice "Hasta la próxima. Suerte"...

Y como yo soy de las que olvida hasta mi nombre pero jamás una cara, sentada ayer en una terraza al sol de marzo, creo reconocerle dos mesas más allás tras mis gafas de sol. Han pasado probablemente más de dos años, y la chica que le acompaña no es la misma de aquel entonces. Aunque también sea morena, de uno sesenta, de huesos frágiles y apariencia dulce. Él la mira embobado sin percatarse de nada de lo que ocurre alrededor. Ella viste una falda rosa de estampado de leopardo, los estampados de leopardo tampoco son para las chicas tímidas. Están bebiendo café (yo coca-cola light) en una de esas tazas grandes para el café con leche, no para los cafés solos ni para los cortados. Él acerca la taza a sus labios, la abraza con la mano, la izquierda, y pienso que me gustan los hombres que acarician la taza cuando beben y no puedo evitar darme cuenta de que nunca me he fijado en cómo coges tú la taza del café.


jueves, febrero 02, 2012

Para que veas que no te guardo rincón*




                                      No es que me conforme, ni me basten unos pocos minutos o apenas media hora; tampoco que me sobren los días...


       Que yo siempre he necesitado tiempo para ser certidumbre y evidencia,
para ser vaivén de palabras y silencios.


 Y como decía el poeta, 'qué pena, amor, que tu presencia dependa tanto de tu cuerpo'.







P.D. Audrey Hepburn


*Nicanor Parra

miércoles, noviembre 30, 2011

A veces me cuesta mucho decirlo, expresarlo... que no sentirlo. Por esto tal vez lo demás no lo vean, no lo noten. Pero sí... y me gustaría gritarlo en todas las esquinas, a los cuatro puntos cardinales.




"Yo al principio pensaba que la vida era una de esas fiestas con piscina donde todo el mundo se baña desnudo pero alguien se queda vestido, o sea, yo. Pero últimamente he estado sintiéndome al revés: me había quitado la ropa, me había tirado al agua en bolas tan confiada y resulta que todos seguían vestidos, y alguno como mucho parecía dispuesto a venirse al agua conmigo pero con un superbañador bermudas o un bikini blanco. Así que me he largado, ¿sabes? O sea, no he vuelto a salir y he pedido una toalla y he puesto cara de pues qué buena el agua y aquí estamos. No. Lo que he hecho ha sido coger mis cosas, secarme sí, vestirme, pero luego coger mis cosas y pirarme; ahora voy por ahí con el pelo mojado y el verano en el cuerpo aunque nieve".


'Deseo de ser punk' de Belén Gopegui


     P.D. Myrna Dell 

martes, noviembre 29, 2011

We are dust in the wind



"Now I live my life in silence
Though I'm not quite in a shell
I drink and listen to that song"



'A Whiter Shade of Pale' "


Una vez quise ser Albania, vivir en la autarquía. Acabando por ser mi corazón el país más derrotado, porque el tiempo, ya se sabe, no respeta los deseos y se olvida de los sueños.



Una vez... pero de eso hace mucho tiempo.




P.D. Tuesday Weld 

martes, noviembre 15, 2011

Y como dice Delmore Schwartz en una canción de Lou Reed, en nuestros sueños comienzan nuestras responsabilidades (*)



Una tiene un sueño, chiquito, de esos que te asaltan en plena madrugada de desvelos o cuando suena la voz rota de Bruce o te asomas al otro lado, al vacío; cuando te ahogas entre palabras ajenas. Es pequeño, pasa casi inadvertido entre las grandes esperanzas de mi vida, entre otros sueños probablemente más cabales, más lógicos y razonables. Abandonar esta ciudad e irme a Berlín, buscar otro trabajo o tener el pelo liso y encontrarme en el boardwalk de Asbury Park con Bruce y acabar casándonos en Las Vegas con Elvis de testigo, porque por si no lo saben, señores, Elvis está vivo. Pero es tenaz, y recurrente, y aparece por sorpresa, con la guardia baja, cuando menos te lo esperas y como todo buen sueño, me hace soñar y volar lejos.

Y un buen día te tropiezas con un extraño, que tendrá miles de sueños, algunos cabales, y razonables y hasta con su lógica, pero que también tiene un sueño ahí escondido, de ésos poco importantes, un personaje secundario. Y el extraño te cuenta y tú le cuentas, y descubres que ese sueño chiquito, agazapado, casi olvidado; es compartido. Y por momentos se te olvida que estás despierta, que los sueños, sueños son; que la vida real no se alimenta de ellos, sino de certezas. Pero qué más da, te dices; es mi sueño chiquito y parece estar a un paso de hacerse realidad, si quiero, si me lo propongo, aunque yo no sea una mujer de recursos o precisamente por eso.


Pero de pronto recuerdas, que sólo es un sueño, que los sueños nunca se hacen realidad. Que tu vida no es una película en blanco y negro y no eres Deborah Kerr citándote en lo alto del Empire State. Y que estás despierta, que tienes que estar despierta, aunque no quieras renunciar a tus sueños, que son los que te impulsan a cada paso, los que te hacen sonreír... los que  te hacen soñar, porque, qué es una vida sin sueños... una vida vacía.


Pero es tu vida, es la mía...




P.D. Deborah Kerr y Cary Grant






(*)Se lo he pedido prestado a Benjamín Prado

martes, septiembre 20, 2011

Our life is not a movie or maybe




Tendiendo puentes que puedan cruzarse en ambos sentidos. Volviendo a ciudades y lugares que nunca he pisado. Cruzando áridos desiertos, fértiles valles o nevadas montañas. Huyendo de un pasado que por momentos es más rápido que yo y me transporta a otros países, otras lenguas y otras vidas. A personas que ya no son más que anotaciones en tinta que el tiempo si bien no se ha encargado de borrar ha cubierto de polvo y telarañas en una memoria que se resiste a envejecer y que quiere olvidar aquella buhardilla en la Peissenbergstr., las calles de Salzburgo o un hotel de Barcelona.

El tiempo perdido entre plegarias, faldas a cuadros y escaleras bajadas mientras otros subían. Regalando sonrisas, odiando la condescendencia y callando. Egoísmo a raudales y supervivencia. Aprendiendo del no conocido rencor y apresando miradas. A veces, no siempre, hay una silla vacía.

miércoles, marzo 23, 2011

(Des)horas




He vuelto a imaginar. Había dejado de hacerlo; que no de soñar o elucubrar sobre las vidas ajenas que tanto me interesan, aunque tan poco lo hagan, en cambio, las conversaciones.

De pronto, un buen día; en realidad una madrugada, podría fechar exactamente el momento algo más de tres meses atrás; la imaginación dejó de ser poder. Una Pacífico a mi lado (esa chela que sólo beben las viejas), una castiza Mahou frente a mí, y entre medias, Don Julio. La realidad se volvió más espesa y lo envolvió todo, se instaló en la escena.

Hace unos días regresó. Quique (González) saludaba y se sentaba detrás de unos teclados. Habló, no largo rato y yo dije en voz alta algo así como "ha engordado, está más guapo"... aunque Quique nunca me haya parecido guapo, tal vez demasiado bajito y aquel concierto fuera para puritos iniciados (contabilicé más de un bostezo). Y entonces lo supe, que sería de ida y vuelta, y aunque no llegaría para quedarse, allí estaba esa parte de mí que vuela lejos sin levantarse del asiento añorando lo que nunca jamás sucedió... Esa voz, aquel acento, la forma apurada de encender un cigarro y las calles de Madrid.



P.D. Qué lujo, por cierto, y sin que venga a cuento de nada, al menos aparentemente, el ciclo de Hitchcock todos los lunes a las 20:30 en el Filarmónica.

miércoles, enero 19, 2011

Iba a ser un sueño, pero era (es) mi vida




Aquella noche en el Savoy me sentí culpable. Fue de pronto y por escasos segundos, pero lo hice. Y por eso me disculpé, o algo parecido; más por mí que por él. Aunque ahora que lo pienso no encuentro motivo alguno para haberlo hecho. Y es curioso, porque de cuando en cuando vuelve a sucederme... miro hacia otro lado y estar ahí sin estar. Aunque puede que ya no me importe, o sí, y ya sea lo de menos, que al fin y al cabo un mes ya es tiempo para tener en cuenta, ¿verdad?...








P.D. Montgomery Clift

viernes, enero 07, 2011

Y recuerda... morir matando es la ley, así comienza el corrido



Me gusta haber recuperado este espacio, que vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser y abandonar juegos absurdos de comunicación unidireccional y monólogos vacíos. Me gusta poder hablar de ti sin que tú sepas que hay un rincón virtual en el que se te nombra sin nombrarte. Aunque ahora no tenga demasiado que contar, porque todo lo que hubiese querido decirte tú ya lo sabes...

Y lo que nos queda.





P.D. Joan Bennett

miércoles, diciembre 29, 2010

Tratando de usar lo que nunca he aprendido



Me decía hace un rato, que ya saben que una se habla de vez en cuando a sí misma, que este fin de año nada de propósitos de año nuevo y enmienda, ni repaso al año saliente. Como si todos los años los hiciera y fueran norma y santo y seña. Que en realidad nunca lo hago, que las últimas noches de año llegan y se van por donde han venido, que ni siquiera me molesto en seguir el ritmo de las campanadas a base de uvas, y mi "feliz año nuevo" suele quedarse en un "igualmente", o si hay cercanía o cariño, en "lo mismo te deseo".

Se me olvida que el año se va, que el 2011 comenzará en un aeropuerto entre despedidas y que mañana es 30 de diciembre, el día en el que año tras año celebro mi particular solsticio. Y ni modo, no me queda otra que hacerlo contigo y festejar mi olvido.




P.D. Ava Gardner

martes, diciembre 28, 2010

Estoy aterrada, pero por primera vez en mucho tiempo no me importa...




...y que salga el sol por Antequera, o por donde tenga que salir, que el miedo tendrá que irse con él.

lunes, diciembre 20, 2010

Como en la canción de invierno y de verano de Ángel González, nos ¿quisimos?, pero jamás en el mismo día




Esto viene a ser como lo de los zapatos que me puse esta mañana. Los tengo desde hace por lo menos cuatro años y los habré puesto una media de tres veces en estos últimos cuatro inviernos.

Me hacen un daño insoportable, y lo sé y lo asumo. He probado todos esos trucos inútiles, absurdos y caseros, que pasan desde aplicarles crema hidratante a meterlos en el congelador, aun sabiendo que no funcionan y seguirán doliéndome los pies cuando me los quite. Pero siguen ahí, en un lugar privilegiado de mi armario, porque lo nuestro fue un flechazo instantáneo, fue verlos y saber que tenían que ser míos, aunque nada más divisarlos y enamorarme de ellos, incluso antes de probarlos en la tienda, mucho antes de pasar por caja y llevármelos a casa, supe que eran de los que harían daño y que eso nunca tendría remedio.

Podría deshacerme de ellos y así evitaría la tentación de sacarlos a pasear una vez al trimestre cuando llega el otoño, pero una, empeñada en que las cosas buenas suceden entonces, no se rinde, y tras una noche en el congelador, vuelvo a lucir su animal print, y todas en la oficina se giran al verme pasar y hacen cumplidos de tan bonitos zapatos que lucen tan bien.

No importa que antes de llegar a casa tenga que pasar a comprar tiritas, porque son tan lindos... ni que vuelvan al armario hasta no antes de marzo.

Siempre estarán ahí, supongo.

Sí, va a ser como lo de los zapatos...






P.D. Veronica Lake y Alan Ladd

miércoles, diciembre 15, 2010

Habitando los suburbios d'una inocencia en ruines, ente tiniebles, intimidaes, cristales rotos y deseos.




Hace un par de días, tal vez algo más, me encontré con alguien, o alguien se encontró conmigo o me buscó o se tropezó... no sé, tampoco importa. En realidad ni siquiera nos vimos, o yo no le vi, pero parece ser que él a mí, sí, y que no fue casualidad o azar, en fin, supongo... tampoco importa, de nuevo.

Llámenlo orgullo mal entendido, llámenlo vanidad mal intencionada, la mía, el mío, se entiende; pero supongo que tras tanto tiempo, el que me encontrara así, me encontrara ahí, como si supiera dónde y cómo iba a verme, como si me hubiera estado buscando, no me sentó bien, no me gustó. Como si lo que a mí me gustara o no, reitero, tuviera importancia, y no, no la tiene. Pero no sé, no eran las formas, no era el momento adecuado; que yo, que le vine a decir que no era lo suficientemente bueno para mí aún siéndolo para otras, que probablemente le humillé sin pretenderlo pero tampoco sin evitarlo siga así y que él haya tenido que verlo... me volvió del revés.

Una vez, entonces, le mostré este rincón. No sé por qué lo hice, por aquel momento valoraba por encima de todo el anonimato. Qué otro sentido tendría escribir aquí, tener un lugar donde vomitar miserias y miedos si dejas de convertirte en un personaje. Tardaría aún mucho en caer en el absurdo juego del yo escribo porque tú me lees, esa especie de conversación unidireccional y perversa de los últimos tiempos. Pero entonces no, entonces el juego era otro, yo escribía y nadie tenía por qué entender de qué estaba hablando o a quién estaba hablándole, y ahí estaba la vaina. Pero se lo dije, tal vez porque me asusté, porque no quise aceptar sin más que alguien me quisiese, y me quisiese tanto, y pensé que tal vez era porque en realidad no me conocía del todo, porque había partes de mí que permanecían en las sombras, así que ni modo, fui y le dije, toma esta dirección y cuando tengas un rato le echas un vistazo, lo que está ahí soy yo. Y él dijo "vale", y leyó y acabó por encogerse de hombros y decirme "qué", "qué tanto hay de malo ahí, que eras una neurótica egocéntrica ya lo sabía, pero eso no te hace menos encantadora... "

Y pasado un tiempo, corto, entonces mismo, le pedí que dejara de leerme, y se lo pedí porque sabía que lo haría si yo se lo pedía, porque hubiese hecho cualquier cosa que yo le pidiera. No sé si lo cumplió, aunque de seguro que durante un tiempo lo hizo, al menos al principio, Luego no sé, tal vez volviera, como volvió el otro día a mí por otros caminos. Entonces aún me importaba lo que la gente que me conocía podía pensar de mí al leer esto, tenía la sensación de que aquí mostraba una cara oculta aunque en realidad ahora sé que no es así, que sigo siendo yo. Aunque hable de otras cosas, uso el mismo lenguaje. Y aunque no fuera así tampoco me importaría, ya no, aunque siga siendo más fácil no hablarle a nadie, y más terapéutico, sin duda.

Por eso a ti no te voy a hablar de esta esquina, no te voy a pedir que cuando te canses de amores baratos de un rato, parafraseando a tu admirado Sabina, tomes mi dirección y te envuelvas en mis letras, miedos y miserias. No más yo escribo porque tú me lees o yo no escribo porque sé que me vas a leer. No al menos mientras dure este dèjá vu en el que desde ayer me veo inmersa, que al fin y al cabo sé que se irá de improviso, sin anunciarse, sin esperarlo, igual que ha llegado... y que eso pasará bien pronto.

Ayer me preguntaba en qué se diferenciaba este martes del martes anterior... para los que no se hayan pasado el día envenenándose de azules... en nada.





P.D. Marlon Brando

sábado, diciembre 11, 2010

Todo el mundo sabe que Bruce hubiese conducido toda la noche tan sólo para comprarle unos zapatos





Y yo podría conducir toda la noche para encontrarme contigo si me esperaras en algún lugar...

Aunque por momentos se me olvide que eso no va a suceder nunca más, que no va a haber un primer cruce a medio camino entre tu casa y la mía. 






P.D. Richard Burton

martes, noviembre 30, 2010

Lo apropiado sería parafrasear a Bruce, with every wish, there comes a curse, pero si yo dejo de ser yo, you know... en qué me convertiría entonces...




Me leía a mí misma, el comentario a un comentario, la respuesta... escrito esta mañana, creo; que mido muy mal los tiempos. Y como por todos es sabido que mi egocentrismo y vanidad no tienen límites, me decía, porque yo a veces me hablo en voz alta a mí misma y en tercera persona, qué carajos, si tiene Vd. mucha razón, señorita Daeddalus, mucha razón... y qué bien sienta quedarse una en propiedad y minoría absoluta con el absurdo de ponerse de acuerdo con uno mismo.







Y tengo también que darle la razón a quién me ha repetido estos días que lo estaba haciendo bien, porque hacerlo bien no es fingir ser otra, porque fingir ser otra es renunciar a lo que se siente, porque renunciar a lo que se siente es mutilar una parte de ti sino esencial, al menos sí auténtica.

Y no sé mañana, tal vez no, pero hoy sí, hoy voy a aceptarlo y a gritarlo o a decirlo. Por hoy no voy a sentirme estúpida, no voy a tratar de hacerme la digna, no voy a buscar explicaciones donde no las hay, ni apelar al sentido, a la lógica, a lo real, razonable, realizable y a todas las "r" que a ustedes les plazcan.

Aunque no sirva de nada, aunque no conduzca a ningún lado, aunque no tenga sentido alguno... Te echo de menos... sí a ti, y no me importa.

Ni siquiera me importa que leas esto o que no lo hagas, que camines dos palmos por encima del suelo o te resulte indiferente. Ni siquiera me importa que no te importe.


Aunque en realidad esto último un poco menos... pero eso... eso ya lo sabes.






"Summer time the sun would shine 
We'd lay acrossed the field

Sheltered in the shadow of a tree 
We'd write our poems to take along
And sing out on the road
And this is what you always used to sing 


May the road rise to meet you
May the wind be at your back
May the sun shine down warm upon your land 
May the rain fall soft upon your face until we meet again May god hold you in the palm of his hand

Autumn leaves would change our trees to colors on the ground
Swirling patterns beautiful to see 
I'd lay my head down on your lap 
I would not make a sound 
And you would always sing this song to me 

May the road rise up to meet you 
May the wind be at your back 
May the sun shine down warm upon your land 
May the rain fall soft upon your face until we meet again May got hold you in the palm of his hand

Through the winter days our tree would shiver in the wind
Waiting for the warming touch of spring
I hold you in the firelight
We'd stare into the flame
And this is what you always used to sing

May the road rise to meet you
May the wind be at your back
May the sun shine down warm upon your land
May the rain fall soft upon your face until we meet again
May god hold you in the palm of his hand (x2)

May the rain fall soft upon your face until we meet again
May god hold you in the palm of his hand".



Y dos por el precio de uno... te regalo esta canción.


P.D. Richard Burton

miércoles, noviembre 24, 2010

Quién me iba a decir a mí que le iba a tener que pedir prestada la frase al insustancial de Federico Moccia...




Esta canción me tiene enamorada...

Ojalá todo fuera tan fácil como enamorarse de una canción.

Sólo es hacer clic en el botón adecuado y la puedes revolver o mezclar y beber de un trago como el tequila, apurado y sin pensarlo.



Y sentir, asentir y repetir y regresar...
Y nunca se va o siempre vuelve, que no es lo mismo, aunque con las canciones siempre sea igual.



Y de Montgomery Clift también me enamoré o sigo enamorada, que a diferencia de con las canciones,
no, ni modo, nunca es igual.



martes, noviembre 23, 2010

La suerte siempre está a la vuelta de esa esquina que nunca llego a doblar, pero por si no lo sabía Cesar Pop me lo recuerda... y ha tenido que ser precisamente hoy




Y de nuevo vuelvo a caer... como si alguna vez me hubiera levantado... si es que, ya lo cantaba Serrat, no es triste la realidad, lo que no tiene es remedio...


miércoles, noviembre 03, 2010

Ha podido ser un sueño, pero es la vida... la tuya, la suya, la nuestra



Me pide que le reserve el sábado, que debemos hacer algo no ya especial, sino diferente. A lo mejor es que también cobra una subvención para hacer planes no ya especiales, pero sí diferentes, con las chicas raras. Y no sé si me apetece del todo aunque sé que debería apetecerme y por tanto asiento y prometo pensar en algo que sin ser excepcional sea distinto (se admiten y agradecen, por cierto, ideas). El viernes no, que se supone tengo una cena con otra gente, incluidos mi amiga Sal y el que según ella hubiese sido el perfecto padre para mis hijos ya batiéndose en retirada pero sin acabar de abandonar el fuerte. Sólo que ellos aún no saben que no tengo la menor intención de asistir, y juro que no mentí cuando confirmé mi asistencia; que un mal plan para una noche de viernes ha acabado por resultar un buen plan ante la ausencia de ellos. Aunque el plan sea cena y copas con gente estupenda, encantadora y simpática, de verdad de la buena, pero con la que no tengo nada de lo que hablar y menos ganas de hacer el esfuerzo; que al fin y al cabo las no conversaciones sean lo de menos, porque lo más probable es que acaben en algún inmundo local de salsa descoyuntándose las caderas entre palmeras de plástico a ritmo de danzón y merengue. Para una arrítimica como yo ése es un límite que ni atiborrada de dry-martinis se debe traspasar.

Así que miento sin remordimiento alguno y digo que el viernes no tengo planes. Aunque sea una mentira temporal y a corto plazo, que en un momento indeterminado de esta mañana dejó de serlo para convertirse en certeza, cuando le envié un SMS a Sal para decir que retiraran un cubierto de la mesa, y que le dijeran al cocinero que el bacalao es una buena opción, que la única a la que no le gustaba no va a asistir a la cena; y que no, que no tengo planes, que ya se me ocurrirá algo, terminar ese libro de Simonetta Agnello-Hornby, que por cierto no me está gustando nada, y "Tormenta de espadas"; finiquitar la cuarta de "Mad men", aunque me hayan 'espoileado' el final y comenzar con "The walking dead"; escuchar hasta el paroxismo "The Promise" e imaginar que estás a mi lado y lo exploramos y descubrimos juntos.

Sal increíblemente no se los cree, mi listado de posibles y/o probables planes, digo. Viene a decir algo así como que ni modo. 'Ándale, que tú a mí me estás ocultando algo... que estos días estás muy rara, más de lo normal, si cabe'. Y es que se ha vuelto muy suspicaz desde que le conté mi teoría del asburdo y de lo extraño, suspicaz y ofendida por no habérselo contado a tiempo, en su momento, y ahora se imagina cosas que no son o que tal vez sí sean, pero no como ella se imagina. Y le cuento que bueno que sí, que el expediente X ha vuelto a llamarme. Pero no se emociona demasiado, no tanto como lo hizo cuando le dije que el que según ella sería el perfecto padre para mis hijos, lo hizo. Y es que el segundo le cae mejor que bien y al primero apenas le conoce, sin que tampoco parezca tener muchas ganas de hacerlo. Y vuelta la burra al trigo, que no sé lo que quiero aunque yo sí crea saberlo y por eso me equivoco siempre y elijo lo absurdo y lo extraño frente a lo terrenal, real, realizable y no sé cuántas "r" de más. Nunca ha acabado de entender que lo que ella encuentra interesante a mí me deja fría, y viceversa. Parece haber olvidado la única vez que nuestros intereses convergieron, como ni para ti ni para mí, y eso que yo me aparté para darle a ella una oportunidad perdida para ambas y brindársela, por contra, al Holandés errante. Muy de cuando en cuando me acuerdo de aquel leonés que me susurró al oído que jamás tiraría diez años de amistad a la basura por una mujer que acababa de conocer.

Así que le cuento que volvimos a hablar, mi expediente X y yo, decidido ya que el sábado se lo reservo a él y el viernes me lo reservo a mí. Y cómo me pregunta qué haré por tanto este viernes sin planes, si me quedaré en casa a ver una película de Steve McQueen acompañada de helado de dulce de leche. Hace tan poco que me conoce y ya sabe tanto de mí... Y le digo que sí, probablemente, que Steve McQueen siempre es una buena opción, y él bromea y dice que entiende que no es competencia frente al bueno de Steve. Y yo digo que en todo caso me apetece volver a ver una vez más "El fantasma y la Sra. Muir", que es mi película favorita; o tal vez "Picnic". Que así, sin querer decir, ya puede ir tomando nota de cuál es mi película preferida, aunque en realidad no tenga menos de cien películas preferidas; y tener presente que jamás bailaré como Kim Novak, aunque imagino que él tampoco se quitará la camiseta como Wiliiam Holden. Y él dice que desde luego es un buen plan y yo le digo que si quiere le invito a compartir película y helado, pero que yo elijo ambas cosas. Y cuando se lo cuento a Sal pone el grito en el cielo sin dejar de tener los pies en la tierra.

'¿No se supone que esta vez querías hacer las cosas "bien" y tomarte tu tiempo y nada de nada antes de la tercera no-cita, etc, etc...?'. Pues sí, quiero hacer las cosas "bien", y tomarme mi tiempo, y nada de nada antes de la tercera (o la qué sea) no-cita. Lo mantengo, lo quiero y pienso intentarlo... Pero Sal no comprende, no le salen las cuentas, porque si quiero todo eso, por qué le invito a ver una película en casa un viernes por la noche. Y yo, obvio, no comprendo a Sal, porque mantener mis deseos no creo sea incompatible con ver una película en casa un viernes por la noche. 'Que no, no aprendes nada, no aprendes nunca, Dae; porque si no quieres acostarte con él (aún), por qué vas a invitarlo a ver una película en tu casa un viernes por la noche'. Pues porque no quiero acostarme con él (aún) y sólo quiero ver una película en mi casa un viernes por la noche, que para mí invitar a alguien, a un hombre en este caso, a ver una película en casa un viernes por la noche equivale exactamente a eso: película+helado sentaditos en el sofá+dos besos de buenas nochés+tú en tu casa y yo en la mía...

Y claro, me entra la duda, porque parece que hablamos dos idiomas distintos, porque cuando yo digo "ver una película", quiero decir "ver una película"; aunque según Sal cuando una dice "ver una película", quiere decir "echar un polvo", y sin el añadido de tener que discutir si en tu casa o en la mía. 'Para que luego preguntes qué equívocas señales emites, y no, que te conozco, ni se te ocurra llamarle para explicarle que cuando le has invitado a ver una película en tu casa el viernes por la noche le invitas exactamente a eso, que no vais a follar ni nada por estilo'. Y yo ya tengo el teléfono en la mano...





P.D. Natalie Wood y Steve McQueen en "Love with the proper stranger".

lunes, noviembre 01, 2010

En tren con destino errado se va más lento que andando a pie... bien lo canta Jorge Drexler




Bajábamos por la calle El Rosal sorteando a recién salidos de la adolescencia con dos copas de menos para alcanzar el coma etílico, y no podía evitar preguntarme cómo yo, cómo nosotras, a los veinte, podíamos ligar con nuestros Levi’s pesqueros, los lazos de Don Algodón y esos jerséis Privata dos tallas mayores; viendo a esas chiquillas luciendo cinturones a modo de minifalda y esos tacones imposibles desafiando a la gravedad y a la lluvia. Cómo incluso ahora y no sólo por los años de más, puedo competir yo, que no me apeo de unos vaqueros, aunque esa noche me hubiera encaramado a unos tacones y hasta me hubiese peinado… no quise tentar a la suerte y no verbalicé mis temores.

Así que seguimos rememorando nuestros años jóvenes y llegando a la conclusión de que ninguno de los dos regresaríamos por gusto a ellos, renunciando a nuestros 34 y 35 respectivamente; e íbamos enumerando nuestros locales preferidos de aquellos años, el ‘Mare Nostrum’ o ‘la Maniega’ con sus bancos corridos, el ‘Policía’ o ‘La Imprenta’, donde servían esos chupitos que llamaban ‘el semáforo’ y por los que tendrían que pagarme hoy a mí para bebérmelos. Saltamos de ciudad en ciudad y decidimos que los mejores antros están en Malasaña y que es una pena que en Cimadevilla se perdiera el espíritu canalla de lugares que probablemente habiten el olvido, como aquél en el que nos tomaron por profesionales del sexo y donde ofrecieron pagarme mil duros, o el ‘Cirigüeña’, cuyo camarero era el chico más guapo que yo haya conocido nunca; él mismo que infructuosamente trató de enseñarme a jugar al mus en aquella cafetería que había detrás de ‘peritos’, cuando aún la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales era ‘peritos’ y estaba en la calle Manuel Llaneza, y a donde nos escapábamos a la menor oportunidad, no sólo para verle a él, sino porque los tíos que estudiaban allí eran menos serios y adustos que nuestros compañeros de pupitre en Viesques.

Tanta nostalgia es lo que trae, que acabamos en el 'Ca Beleño', después de tantos años sin pisarlo y lugar al que siempre acabo volviendo en los momentos importantes. Y tal vez éste lo fuera, quién sabe, porque cuando le advertí que no me tomara en serio, que yo no era mucho más que una chica un tanto rara, él contestó que ya lo sabía, que cobraba una subvención del Principado por invitar a las chicas raras a cenar, así que no me quedaba otra más que aceptar su invitación a una cena, que necesitaba una factura que presentar.

Se levantó a pagar, él invitaba, que las cervezas también desgravan; mientras sonaba su teléfono y atendía la llamada y yo me quedaba sentada apurando mi ‘guinness’ y observando al respetable sentado en la terraza a través de los cristales. De pronto creo reconocer una cara y pienso que es imposible, improbable e indecente. Aunque en realidad ‘impossible is nothing’, que diría aquél; altamente improbable, sí, cierto; e indecente al menos para mí, el estar en mi ciudad y no habérmelo comunicado. Me pregunto qué haré yo cuando en breve y en visita lúdica, visite la suya, si también caeré en la indecencia de no reportarme y decir, hey, babe, que ando por tus calles. Pero no es él, y ni siquiera se le parece cuando paso a su lado y puedo verle de cerca. Y vuelvo a interrogarme a mí misma con un qué hubiese hecho de haber sido, si hubiese dejado plantado a mi expediente X para lanzarme a sus brazos, como aquella vez con un medio novio en el ‘Diario Roma’, al que dejé literalmente tirado cuando apareció en mi horizonte quién yo nunca quise que se perdiera en él, robándoselo a Jorge Ilegales, con el que como cada sábado a eso de las dos, compartía tragos y conversación.

Regresa a la mesa y me mira con una sonrisa a la que tal vez podría acostumbrarme, mientras yo trato de obviar a la memoria, siempre traicionera e inoportuna, dispuesta a recordarme a cualquier precio que las comparaciones son odiosas y que en ellas siempre sale alguien perdiendo; alguien que no es tan alto, ni tan guapo, ni posee tanto talento, ni una voz tan ronca, ni unos ojos de color tan indescriptible, y cuyos besos tal vez no sepan a noviembre… al mejor de los otoños.




P.D. Greta Garbo

jueves, octubre 14, 2010

La vida sin usar (V)




Esta mañana no tenía que ponerme. El abandono de la rutina es lo que tiene, la ropa sin planchar amontonada y el desorden de haberme acostado ayer a las tantas, leyendo a Daniel Davies, "La isla de los perros"... entre otras cosas. Y como hoy tenía una historia de ésas importantes en las que toca aparentar formalidad y seriedad, acabé sacando del fondo de armario el LBD que nunca me pongo y haciendo malabarismos para encontrar zapatos y algo de abrigo a juego o que al menos no desentonara en exceso. Hasta me peiné, moderé el uso del eye-liner y tiré de iluminador y corrector antiojeras. En definitiva, parecía una persona respetable y podía mimetizarme con las señoras lacadas que a tempranas horas desayunaban en la confitería Santa Cristina. De hecho me encuentro con alguien que me mira de arriba a abajo y de abajo a arriba, aunque si se sorprende de no verme en vaqueros no dice nada, de naturaleza discreta, pues. Más bien me pregunta qué hago a las diez de la mañana de un día laborable delante del escaparate de Mango, tan lejos de mi territorio laboral. Para su desgracia yo no tengo que preguntarme lo mismo, porque desde hace un par de meses está sin trabajo, así que hablamos de ofertas laborales, de hacer las maletas, de oposiciones y traslados. Y se une a la conversación un conocido suyo que se había quedado unos pasos atrás hablando por el móvil. Presentación, los dos besos de rigor, y la típica conversación que no va a ningún lado, aunque en este caso nos llevara a ambos, de forma que aún ahora no comprendo, hasta una mesa del Rialto delante de un chocolate y un cortado.

Y comenzamos a hablar de libros, de canciones y de películas. Y hasta de Tristán e Isolda, y el tío va y se sorprende cuando mezclo el rock con la ópera, como si fuesen incompatibles y una chupa de cuero no pudiese colocarse encima de un Little Black Dress. Y seguimos hablando y él dice que no le pegan algunas de las cosas que digo, que tengo un aspecto demasiado clásico, que cómo va a gustarme Loquillo si acabo de confesar que mataría por un Birkin, aunque yo no acabe de entender muy bien qué tendrá que ver lo uno con lo otro. Y cada vez que abro la boca para contar algo nuevo me da la impresión de que el piensa que vuelvo a contradecirme, cómo va a ser  Bruce la banda sonora de mi vida si canto por la Jurado en la ducha. Cómo voy a ser tímida si no tengo complejos en reconocer lo que reconozco. Cómo voy a tener sobre la mesilla de noche a Antonio Gamoneda, a Don DeLillo y a "Juego de Tronos", cómo puede gustarme "Mad men" y no perderme un capítulo de "Gossip Girl", o que no me maquille pero no salga de casa sin mis pendientes y mi rímmel, o me gusten las playas en invierno, la soledad de los bosques y el gentío de las grandes ciudades... Intento hablarle de Jesús Lizano y sus personas curvas, pero sé que ya es tarde, que se siente desconcertado porque no ha podido clasificarme, porque a mí me gustan las personas que se contradicen, los tímidos que salen respondones, los chicos tristes que sonríen, los que no saben que decir y por tanto hablan mucho y muy deprisa, los que se disfrazan de seriedad, traje y corbata para ir a la oficina, los guapos aunque la belleza esté en el interior, los macarras educados que tienen que morderse los puños cuando se sienten agraviados... Y me acuerdo de ese tipo de la biblioteca con el que siempre intercambio algo más que un saludo porque nunca se sorprende que lea a Thomas Mann al mismo tiempo que "Crepúsculo". Y pienso que es una lástima que lleve alianza de casado junto a sus pulseras de cuero.




[Últimamente le estoy comenzando a caer bien a demasiada gente, y eso me preocupa.
No estoy acostumbrada a gustar, lo confieso, y me desconcierta un poco eso de que te digan que eres encantadora, o como dicen en Asturias, qué maja eres.
Básicamente porque cuando alguien te dice algo así, y hablo del género masculino, bien sabemos que no te van a besar.
Y porque tenga su gracia, tanto gustar y no hacerlo a la única persona a la que me gustaría, aunque ésa sea otra historia]








"Hey it's me what a big surprise
Calling you up from a restaurant
Around the bend
Just got in from way up North
I'm achy and tired now
And I could use a friend
I'd be a fool
To think that you do
Want to see me again

I Know it's been awhile since I talked to you
Nothing wrong
Just nothing ever goes as planned
Many times I thought I'd call
Didn't have your number in my hand
Oh, I know it's true
You'd never do
The same thing to me

I never meant to make you cry
And though I know I shouldn't call
It just reminds us of the cost
For everything we've lost
Bad timing that's all

And maybe soon there'll come a day
When no more tears will fall
We each forgive a little bit
And we both look back on it
As just bad timing thats all

Used to have so many plans
Something always seemed to turn out wrong
Never could catch up to you
Moving on and doing all you've done
I don't know why
The harder I try
The harder it comes

I never meant to make you cry
And though I know I shouldn't call
It just reminds us of the cost
For everything we lost
Badtiming that's all

And maybe soon there'll come a day
When no more tears will fall
We each forgive a little bit
And we both look back on it
It's just bad timing that's all

We each forgive a little bit
And we both look back on it
It's just bad timing that's all".



P.D. Simone Simon

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