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lunes, septiembre 03, 2012

La educación perdida... y nunca encontrada



Estamos tan acostumbrados al griterío injustificado y a las sinrazones varias, al estás conmigo o contra mí y por tanto obra en consecuencia porque eres un facha o un rojo de mierda, al porque yo lo valgo y soy yo quien lo digo, al no te escucho porque sólo me oigo a mí mismo... que de repente llega no una, sino dos personas, que atienden pacientemente a tus explicaciones, asienten y escuchan con atención; te rebaten educadamente pero suavecito, como quien no quiere la cosa y sin darte la razón no te la quitan, que una, sabiendo que en absoluto están de acuerdo con lo que están escuchando y ante esa diríase pasiva actitud siente que le están dando la razón como a los tontos… Y qué pena, ¿no?


P.D. Ivonne de Carlo

lunes, julio 23, 2012

La Navidad, al menos la mía -tan lejana, la de todos- huele a Spekulatius. Todo el mundo lo sabe.




Trato de hallar la fórmula, la combinación perfecta. La mezcla adecuada entre la canela y el cardamomo, el jengibre y el clavo. Ensayo, prueba y error. Como las marshmallows, de Mercadona, of course, de mis demonios.

La repostería es ingrata. Como algunas mujeres. Aunque no todo se base en la apariencia, casi, quién lo diría.


El aroma de las fresias, las hortensias y las peonías marchitándose en la ventana se confunde con el de la pimienta y la nuez. ¿Acaso hay flores más hermosas? Supongo que si le preguntara diría que sí, los jazmines, tal vez los lirios; y sin duda las gardenias. Perfectas para lucir en el pelo en una noche cualquiera de verano. 


Pero aquí no hay verano, todo el mundo lo sabe.

jueves, mayo 31, 2012

(In)certidumbre



Hace un tiempo, tal vez un par de semanas, tal vez tres, un compañero de trabajo a escasos metros de mí ilustraba a otro sobre el uso y el disfrute del What's up. El instructor afirmaba rotundamente que dicho invento había cambiado su vida porque le había hecho distinguir entre dos tipos de amigos, los caros y los baratos. De modo que si quería ir a un concierto, pongamos el de Rebeca Jiménez (tan sólo unas 20 personas entre el público, aunque todo hay que decirlo algunas de ellas muy entusiastas) y no tenía acompañante, no había dudas, enviaba un pseudo mensaje a un amigo de los baratos, que no iba a gastarse él las pelas en un SMS para invitar a un improbable concierto de una tipa a la que nunca había escuchado por mucho que su compañera Dae, la del gusto exquisito e impecable, la hubiera recomendado. Si tenía que avisar a alguien de que llegaría (muy) tarde porque una vez más los mineros habían cortado la carretera, que ese alguien fuera de los baratos, porque como fuera de los caros se quedaría esperando sine die, al igual que se quedaron esperando las cuencas mineras por una reconversión industrial que nunca acabó de llegar.

A mí personalmente esa aplicación, y a diferencia de él, no me ha cambiado la vida, aunque sí he de reconocer que ha supuesto un gran ahorro en mi factura telefónica y que le ha dado otra vuelta de tuerca más a mi escasa sociabilidad. 

De pronto me llegan mensajes de gente que no conozco, recuerdo, ubico o identifico. Supongo estaré catalogada como una amiga barata "por fin" y los que permanecieron en silencio durante meses, tal vez años, ante la gratuidad de la comunicación se acuerdan de mí y de mi existencia. Es enternecedor, halagador, conmovedor, turbador e incluso emotivo (añadan todos los -or que les plazcan) que la gente se acuerde de ti, te invite a fiestas y a saraos varios a los que nunca asistirás con la convicción de que has sido invitada porque saben que nunca harás acto de presencia, que te recuerden tal concierto, aquella exposición, una película del ciclo de los lunes en el Teatro Filarmónica o que los U.S Rails tocarán en otoño en Avilés (las cosas buenas siempre suceden en otoño, todo el mundo lo sabe, y sí, el mes de diciembre también puede ser otoño).

Que todo eso es genial, que te pregunten qué tal, cómo andas y te cuenten su vida en tres palabras, todo muy bien sin ni siquiera dar las gracias. Todo el mundo lo sabe; todo muy bien, gracias. Pero es que yo no recuerdo, no sé, no reconozco... y no voy a peguntar, y tú quién eres, me he olvidado de ti, ya no te recuerdo. ¿Cómo es posible que conserves mi número después de tantos años, de tanta distancia, de tantos silencios?

Yo borro números. Yo olvido, memoria selectiva sin retorno... pero permanezco en los teléfonos ajenos sin hacer ruido ni céntimos de gasto




[Y acá deberían sonar los U.S. Rails, "Gonna Shine", por ejemplo...

Donosti, here we go...]

miércoles, mayo 09, 2012

No hemos venido al mundo a ser felices



Leo... leía. Leí, "Yo confieso", de Jaume Cabré. Alguien me lo recomienda entusiasmadamente. Hacía mucho tiempo que no oía hablar con tanta vehemencia de un libro. No le ha cambiado la vida al modo de Paulo Coelho, pero le ha descubierto, vayan ustedes a saber en base a qué, a Anne Sophie Mutter y a Karajan, que tanto le recuerda, que tanto me recordaba a mí, al otro von.

No digo que ya conozco a Jaume Cabré. No quiero romper la ilusión de su "descubrimiento". Un tipo, reitera sin tregua, que merece todo el reconocimiento del mundo; el que no tiene a cambio de que otros sí lo posean. Los Ruiz Zafón, los Vila Matas, los Rivas y hasta el joven Marías.

Yo había leído "Las voces del Pamano" hacía tiempo, tal vez dos años atrás. Unas Navidades cualquiera en familia cuando el que más o el que menos había incluido en su equipaje no menos de dos libros, tal vez para tener excusa para ausentarse de las largas sobremesas con el cuñado divagando sobre música escandinava contemporánea (me acordé de él esta mañana leyendo en el periódico que Arvo Pärt es posible, no sé si probable, candidato a los premios Príncipe).

Me lo encontré reposando sobre el brazo de una butaca. Iba a sentarme y lo aparté sin fijarme demasiado en el título, "Die Stimmen des Flusses"; aunque me llamó la atención el autor, un nombre catalán. Así que comencé a hojearlo y acabé leyéndolo quedándome con la duda, a la manera de Joan Sebastian, o con la curiosidad o la intriga, por su éxito y reconocimiento en Alemania. De hecho la publicación de su siguiente novela, “Yo confieso”, fue un auténtico fenómeno editorial y mientras aquí se vivía entre mayor o menor indiferencia allá se formaban grandes colas en las librerías y hasta se organizaron sesiones de lectura a cargo de actores consagrados. Puede que al público alemán le conmuevan tanto las españolas novelas guerracivilistas como a mí las que versan sobre la Gran Guerra sean de la nacionalidad que sean.

Debo confesar que no me gustó demasiado. Tal vez poco, nada. Un autor español más que salda su deuda de escribir sobre la guerra civil, supongo. Me divirtió al principio y me aburrió al final. No despertó en mí la curiosidad por seguir leyendo a Cabré y acabé meciéndome “En el nombre del viento” de Patrick Rothfuss. Novela que se suponía debía de subyugar a una pertinaz seguidora de “Canción de hielo y fuego” como, yo pero que acabó aburriéndome aún más que la anterior.

Con “Yo confieso” me ocurrió algo parecido a con “Las voces del Pamano”.  Me gustó al principio. La otra simplemente me había divertido las primeras doscientas páginas. Me enterneció, y mucho, el pequeño Adrià Ardèvol con su jersey de canalé color Burdeos, el que quería aprender alemán y hablar arameo. Me gustó la Trullols y la señorita Cecilia a la que imaginaba en sus años mozos como una Verónica Lake venida a menos. El valeroso y astuto jefe arapaho Águila Negra y el sheriff Carson, la Universidad Gregoriana y Túbingen me trajeron ecos de otras vidas, aunque fueran mías.

Pero Adrià Ardèvol crece y conoce a Sara Voltes.Epstein en París, y Bernat Plensa se casa con Tecla (qué nombre tan absurdo para una pianista)  y Lola Xica deja de serlo. Y yo comienzo a odiar al ya no tan pequeño Adrià que ya no usa jerseys de canalé color burdeos, que es un violinista mediocre y un coleccionista obsesivo. Tengo que llegar a la página 757 para darme cuenta de que no puedo disfrutar de la que sin duda es una gran novela porque hace un puñado de cientos de páginas en las que no se habla de Adrià Ardévol i Bosch, se habla de ti.

No me había dado cuenta hasta ahora y tenía que decírtelo.


viernes, marzo 23, 2012

Días extraños




Recuerdo estas palabras de Ray Loriga, de 'Tokio ya no nos quiere':  "Los días son a veces tan tristes que sencillamente no merecen la pena. No merece la pena correr, ni esperar, ni vigilar. Días tan tristes que no merecen ni un esfuerzo, ni el más pequeño movimiento. Los días así hay que dejarlos correr, como los trenes nocturnos..."

Siempre me gustó Ray Loriga. Siempre pensé que era guapo. Y me gustaba más por guapo que por escritor.

P.D. Natalie Wood

jueves, febrero 02, 2012

La importancia de ser bellas


Pues va a ser que sí, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, o precisamente por eso.

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/01/31/actualidad/1328026312_166358.html


P.D. Hildegard Knef

lunes, diciembre 12, 2011

Try (just a little bit harder)



Sobre el papel sé reconocerlo, sé expresarlo. La felicidad no es más que adaptarse a las circunstancias, por adversas que sean. No ya conformarte si te vienen mal dadas, sino saber darles la vuelta. Ver la botella medio llena. No lamentar lo que no fue porque probablemente nunca pudo haber sido. Sacar alguna lectura, no siempre evidente, de los errores del pasado, aunque sin mirar atrás; no vaya a convertirme en estatua de sal y muchas veces, las más, sea inevitable repetirlos. Saber cambiar de dirección y velocidad, cruzar la calle y si es necesario no esperar a que cambie el semáforo o subirse a un tren, aunque éste ya esté en marcha. Tener siempre a punto aguja e hilo para remendar un corazón y un alma que se escudan en estar hechos jirones y no tener remedio. El laberinto siempre tiene una salida, sólo se trata de errar y rectificar el suficiente número de veces hasta encontrarla.





P.D. Jane Wyman

jueves, noviembre 24, 2011

Haciendo memoria





Este lunes de mañana, de camino al trabajo, hablaba y recordaba un libro. Recuerdo ahora que en su momento hablé aquí de él. Recuerdo que tengo que llamar a Blancanieves, que seguro se alegrará de saber. Tengo que releerlo:


http://daeddalus.blogspot.com/2008/10/busque-las-siete-diferencias.html


P.D. Viveca Lindfors

viernes, noviembre 18, 2011

Todo sucede en domingo




Pertenezco a una generación en la que aún el fútbol era cosa de hombres. No recuerdo a mis compañeras de infancia dándole patadas al balón, preocupadas por conseguir la camiseta del equipo de turno o paseándose los domingos de la mano de su abuelo camino del estadio. Había reparto de tareas, de colores y de posiciones vitales. El fútbol era cosa de ellos. Habría que esperar a la adolescencia para que tímidamente, generalmente en forma de fotos pegadas en las carpetas, alguna que otra comenzara a sentir cierto interés, más que por el fútbol, por los futbolistas.

A día de hoy, supongo, mayoritariamente sigue siendo masculino aunque la presencia de mujeres en los campos sea notoria; sea habitual que las niñas le den al balón y hasta periodistas deportivas con méritos propios y no cara bonita, haberlas, haylas.

A mí no me interesó nunca el fútbol. Me crié en una suerte de asepsia futbolera sin abuelos, padre o hermanos enganchados los domingos al transistor que me transmitieran la pasión por unos colores. Curiosamente en mi casa la única que tenía una cierta y poco definida afición era mi madre. Aunque generalmente tan sólo se manifestaba cuando jugaba la selección española o en alguna final importante de lo que entonces se llamaba Copa de Europa, hoy Champions, y a poder ser con el Madrid de protagonista.

Por mi parte y a pesar de todo, en su momento sentí cierta debilidad impostada por el Atlético de Madrid. Que al fin y al cabo era el equipo de los perdedores y adictos a las causas perdidas. Más por pose, por tener algo de lo que hablar, por impresionar con unos conocimientos que no tenía al tipo de turno a cuyos ojos una chica que entendiera de fútbol ganaba enteros.

Durante un tiempo y con ese objetivo me sentaba puntualmente lunes tras lunes delante de la pantalla del televisor para tomar buena nota de “El día después”. El mítico programa de Canal + presentado por Michael Robinson y el partenaire de turno. En otra vida había llegado a pasearme día tras día con toda la bibliografía de Erich Fromm bajo el brazo. Y es que a veces se nos olvida que somos lo que somos, no lo que creemos que los demás quieren que seamos.

Aprendí entonces, y aún hoy sé reconocerlos, lo que era un fuera de juego, un corner, una vaselina, un penalti de Panenka, una chilena, la folha seca… Conocimientos que como podrán imaginar no me fueron especialmente útiles aunque de cuando en cuando efectivamente cumplieran su objetivo y algún incauto se creyera que se encontraba ante una chica lista.

Mi bautismo fue en un momento impreciso entre los 18 y 19. Guardiola era el chico de moda y las fotografías que ilustraron un reportaje de la revista Woman empapelaban todas las paredes de la residencia femenina para estudiantes donde por entonces vivía; excepto las de la habitación de S., de las que colgaban toda suerte de banderas, bufandas, posters, fotografías y hasta calcetines del equipo de sus amores, el Real Madrid. Y como no podía ser de otra manera el sueño de su vida era ver a su Real en vivo y en directo. Oportunidad que no le llegó hasta la temporada ¿92/93, 93/94? (si fuera una auténtica futbolera recordaría este dato) en el antiguo Carlos Tartiere frente a un Real Oviedo aún en primera división.

Recuerdo poco o nada de ese partido. Tan sólo que frente a todo pronóstico ganó el Oviedo, y lo recuerdo especialmente por el disgusto que se llevó S. La recuerdo a ella vestida de pies a cabeza (ropa interior incluida) con el uniforme del Real Madrid y como en nuestro paseo hasta la estación de tren para tomar el cercanías que nos llevara de Gijón a Oviedo era vitoreada por los gijoneses. Recuerdo que no era capaz de convencer a nadie para que la acompañara al partido, empecinada en aludir a méritos y razones deportivas. Yo lo hice por solidaridad. Las demás ante el convencimiento de que un estadio de fútbol lleno de exaltados jóvenes madrileños podía ser el paraíso.



[...]






lunes, noviembre 14, 2011

De miedo y arrepentimientos






El mundo está lleno de estúpidos. De estúpidos que no se arrepienten nunca… de nada. De esos que siempre dicen:

-“Yo sólo me arrepiento de que dejo de hacer, no de lo que hago”.

Pues no, señores, yo me arrepiento, y lo hago a menudo sin importarme un carajo si el arrepentimiento está de moda o es políticamente correcto.

Me arrepiento cuando dudo si doy dos pasos atrás por uno adelante. Me arrepiento de las veces en que dije sí cuando quería decir no. Me arrepiento de las soluciones erradas, de los caminos que me llevaron a perderme en círculos, de los espejos donde sólo se refleja lo que yo quiero ver. Me arrepiento de mis miedos… miedo a los cambios, a no dar la talla, a los peldaños de su escalera, al dolor, al hombre que se refugia tras esas manos, a las verdades, a la soledad, a ser yo misma, a las pa
siones, a las piedras con las que tropiezo, a los fantasmas, a las puertas cerradas, a la rutina. 



P.D. Joan Woodward en "The three faces of Eve".



viernes, noviembre 11, 2011

Ya Bruce me lo había advertido... you're all dressed up in blue.




Nunca me imaginé a mi misma aficionándome al fútbol. Siguiendo la clasificación domingo tras domingo. Haciendo cálculos, sumando y restando puntos. 

Y lo curioso es que sí, que me gusta y me divierte. Que no es por complacer, ceder o acompañar... Tal vez sea mi tendencia y querencia hacia las causas perdidas. Que digo yo que si a mis años descubro una filiación futbolera al menos que sea hacia un equipo decadente, venido a menos y eso sí, con solera. Sin olvidar, obvio, que sus colores me sienten bien.

Claro que tampoco me imaginé a Paquirrín convirtiéndose en padre de famila...

Ni a Terelu en la portada del Interviú... 

Pa'habernos matao'.







P.D. Nancy Kovack, Donna Douglas y Sua Ann Langdon

La vida sin usar




Hasta hace no demasiado tiempo, aunque ahora éste parezca tan lejano que incluso a veces dudo de su existencia, cuando aún amanecía en las barras de los bares y las esquinas se quedaban desiertas, jugábamos a ser otras e imaginar nuevas vidas. Fantaseábamos, que no soñábamos, y es que no, no es lo mismo; porque deseos más o menos irreales tenemos todos y hasta llegamos a rozar con los dedos algún que otro sueño chiquito o nos dormimos pensando en lo bueno que sería que se hicieran realidad... que sonase ese teléfono que hace tiempo dejó de soñar, que el que fuera el amor de tu vida lo recordara o que no se dibujasen más horizontes y fronteras, que cada uno ya tenga los suyos...


Y no, tampoco valía eso de si nos tocase la lotería qué haríamos, entre otras cosas porque por ejemplo yo no juego, ni siquiera en Navidad. Pero abríamos el Hola, que puntualmente compraba todos los miércoles la madre de Sal, y hojeándolo, que nunca leyéndolo (como si nos importasen las declaraciones exclusivas de la señá Duquesa y su funcionario o las de la Genoboba de turno), en esas primeras páginas donde el aristócrata correspondiente, imagino que venido a menos y por consiguiente previo pago, mostraba su mansión de la nieve en Saint Moritz, su residencia de invierno en Martinica, su casa a orillas del Garda, en Kenia o en la costa de Amalfi; fantaseábamos con la idea de que eran nuestras y con el tipo de vida que elegiríamos.


Hay quién decía ser una Carrie Bradshaw, armario incluido, un Mr. Big a medida y su apartamento en el 66 de Perry St. Una escritora de frívolo éxito en un New York que nunca duerme. Otra, en cambio, prefería ser Samantha por motivos obvios, o ser una fotógrafa de moda free-lance con apartamento en la calle du Four y un amante no menos de 30 años mayor, con acento francés, obvio.


Yo, como imaginarán, nunca tuve problemas para inventarme otras vidas. Pirata en los mares del sur o concubina de un corsario. Corresponsal de guerra en la guerra de los Siete días o entre los cedros del Líbano. Expatriada rusa en el París de los años 20 o rica heredera norteamericana en el Sorrento de los 50. Scarlett O'Hara en los brazos de Rhet Buttler o si me apuran hasta la sosainas de Melanie Hamilton. Judía amante de un general nazi en el ghetto de Cracovia o hija de emigrantes de Galitzia en el Nueva York de principios de siglo y fundadora de los grandes almacenes Menken, Eleanor Parker en "Cuando ruge la marabunta" o Ava Gardner en "Mogambo", Ninotchka o Mrs. Muir, Rebeca o Mrs. Winter. Dueña de una plantación en la Indochina colonial o activista en la Sudáfrica del apartheid, antagonista en telenovelas venezolanas o estrella de rock con portada en la "Rolling Stone". Top-model en los años dorados, de las que no se levantaban de la cama por menos de 10.000 dólares diarios o descubridora de la penicilina. Amante circunstancial de Don Draper o de Sherlock Holmes en "El perro de los Baskerville", la Luisa de las novelas del joven Marías o protagonista de una novela de Antonio Gala. Sissi Emperatriz de Austria y Reina de Hungría o Erzsébet Báthory, la condesa sangrienta; buscadora de oro en California o pionera en Alaska... y de este modo un largo etc, desde premio Nobel de la Paz a Illsa Lazlo, Tamara de Lempicka, Cersei Lannister, trasunto de Barbra Cartland, Anna Karenina, personaje en "El gran Gastby", la mujer del cuadro, sobrina de Joseph Cotten, Ellen Ripley, superheroína de cómic o señorita de compañía novelada por Jane Austen...


De este modo cuando hace unos días me llama alguien muy entrada la madrugada, para leerme en voz alta una lista puesto que cree firmamente en el poder sanador de éstas y les tiene tanta fe como yo a mi santo Malverde... no puedo evitar recordar cuando jugábamos a otras vidas y descartando que jamás seríamos el objeto de deseo de Marlon Brando, bailarinas del Bolshoi tras el telón de acero, Leonor de Aquitania o Margo Channing; que ya nunca nos amotinaríamos en el Bounty o descubriríamos las Galápagos o bailaríamos como Silvana Mangano, que ya nunca Jacques Brel cantaría para nosotras, ni Mikjail Baryshnikov crecería unos centímetros; volvíamos a nuestras irrealidades preferidas y a nuestros sueños chiquitos, ésos que nos decían que vistiéndonos de azul o esbozando una sonrisa o tendiendo una mano, cambiarían nuestras vidas.


Porque hace mucho que no fantaseo cerrando los ojos viviendo vidas paras las que no nací ni jamás estuve predestinada, y en cambio vivo sin vivir en mí soñando con que soy yo, siendo otra, aunque sea la misma y ya ni siquiera me pongo centímetros, ni me cambio el nombre o el lugar de residencia. Sí podría ser un poco más rubia o tal vez pelirroja, sí, esto último mejor, y quitar un poco de aquí y poner allá y una buen chute de autoestima y de seguridad en mí misma, y librarme de parte de mis miedos y haber leído ese par de libros que se me resisten y esa película de Bergman que nunca consigo terminar, y tener talento y un blog en el que escribiera deliciosos relatos cortos de pura ficción, y una casa dos habitaciones de más con estanterías de suelo a techo llenas de libros y discos, y posters en las paredes, llena de instrumentos, incluido un cello, porque sin llegar a ser una virtuosa yo sabría tocar el cello, y un piano de pared, y un nuevo ordenador...


Pero a mí ya no me urge hacer esa lista... sé que la cara B se va a quedar vacía.














P.D. Hope Lange y Natalie Wood

martes, noviembre 08, 2011

It takes two when it used to take one



Del mismo modo que existe el día sin humo, aunque éste ya casi carezca de sentido con todo este afán prohibicionista (y yo diría que inútil); o el día sin coche y los centros de las ciudades se cierran al tráfico (medida que a mi juicio debería extenderse a todos los días del año y a a hacer uso, y abuso, de los transportes públicos, a caminar sin fin por las aceras o a pedalear hasta la extenuación), deberían instaurar el día sin reloj (tal vez exista y yo no me haya enterado)... y deberían prohibir salir a la calle con él en la muñeca y permitir llegar tarde a las citas, y saltarnos las comidas y los horarios...

Y lo dice alguien que es extremadamente puntual. Que casi nunca llega tarde, que casi siempre con los cinco minutos de antelación de rigor, que casi siempre espera... y que por vez primera en mucho tiempo, no desespera.














P.D. Audrey Herpburn y Gregory Peck en "Roman holiday".

jueves, noviembre 03, 2011

(Este)aquel añu nin siquier hubo tormentes



"Llevantar una casa que seya como
un árbol, como Dafne crecer peles
sos rames, sentir les estaciones, la fueya
nuevo depués de la ivernera, les frutes primeres
del veranu. Una casa que seya como un árbol,
qu’aguante los rellampos, qu’escample
la pedrisca, qu’espante lloñe la ventolera xélido
del tiempu.

Llevantar una casa que seya como
un ríu, navegable y llixera, mudable,
pasaxera, beber de les sos fontes, parame peles
poces, correr colos regatos. Una casa que seya
como un ríu, qu’arrastre la derrota,
qu’arranque’l dolor de les sequeres y lu lleve,
pel rabión, agües abaxo.

Llevantar una casa que seya como
un mundu, andar les xeografíes de pasiellos,
cordales d’escaleres, les ventanes abiertes,
les pontes, los caminos. Sentame na antoxana
a ver andar la vida, una amiga, un país,
una llingua, saludar un instante
cuando pasen".

"Una casa" de Berta Piñán





Llevo hora y media sentada en la oficina. Ha merecido la pena madrugar y ver amanecer, como el sol va despejando un cielo azuloscurocasinegro tornándolo hacia el gris desvaído. He puesto orden, papeles, firmas, reuniones; revisado el correo, dados los buenos días y echado un vistazo a las últimas novedades sobre Tomasín. He comenzado a aburrirme...


He abierto el blog, he comenzado a leer y me ha dado por echar la vista atrás. Qué vergüenza en ocasiones, qué desmemoria la mía en otras... Trato de recordar dónde estaba hace un año, en noviembre del 2010, como si se me hubiese olvidado, me digo. Y compruebo que sí, que efectivamente se me ha olvidado, que debo de hacer arqueología emocional para alcanzar ese 3 de noviembre de un año atrás.

Me encuentro sin embargo con algo que nunca olvido, las primeras palabras del ya no tan joven Marías en el que fuera su primer libro, "Corazón tan blanco" (su primer libro para mí, aclaro, que tras él llegarían "Todas las almas", "El hombre sentimental", "Los dominios del lobo", "Travesía del horizonte" y un viaje a Oxford con el único propósito de recorrer sus pasos hacia All souls). Uno de mis libros preferidos, uno de mis comienzos favoritos:

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados".


Y es curioso, porque yo tampoco quería saber, y aquel 23 de noviembre del 2010, supe... aún sin saber. Y fíjeseustedquétontería, sigo contenta.










P.D. Suzanne Pleshette y Ben Gazzara en "A rage to live".

miércoles, noviembre 02, 2011

Acuse de recibo



Mis propósitos de año no nuevo... contestar a los comentarios, contestar a los comentarios, contestar a los comentarios, contestar a los comentarios, contestar a los comentarios...




P.D. Csrole Landis

lunes, octubre 10, 2011

El caso es andar...



... y si eso, ya nos tropezamos en el camino.

jueves, octubre 06, 2011

Los pasos perdidos





"Un agujero en la noche
súbitamente invadido por un ángel".

Alejandra Pizarnik





P.D. Quizás ha llegado el momento de terminar lo que nadie ha comenzado.




[Gene Tierney y Oleg Cassini]

viernes, junio 10, 2011

La brújula


Supongo que a todos en determinados momentos nos gusta que nos den la razón. Todos en mayor o menor medida encajamos las críticas, las opiniones ajenas y contrarias a las nuestras y los desaires.

Entiendo que pese a mi nula capacidad empática me llevo bien con lo opuesto. En ocasiones la indiferencia es un arma, pero a ratos, igual que nos gusta mirarnos en el espejo y que éste nos devuelva un guiño, necesitamos que nos refrenden. O tal vez no es necesidad, sino capricho, pero poco importa. Que si dice que su opinión no cuenta, la de él; porque a él le cae bien todo el mundo, porque tiene la capacidad de ver el lado bueno de todo y de todos... pues qué quieres que te diga, que yo acepto esa opinión, la suya, tal vez en exceso ingenua y benevolente. Y lo dice alguien, yo, a quien el 99,9% de la población mundial le parece fea, atrofiada y cero interesante. Así que qué bueno que al menos alguien piense en este caso así, pese a que otros no le crean o le tomen en serio.



viernes, mayo 20, 2011

Todo depende del color del cristal con el que se mira... supongo.


Estaba leyendo "Libertad digital", tenía curiosidad por conocer su punto de vista sobre "los indignados". Tuve que cerrar de golpe la página, me asusté muchísimo cuando comencé a asentir, a darme cuenta que compartía algunas de las opiniones allí expuestas... que no todas, aclaro.

Después leyendo a Carmen Posadas en "El confidencial" me reconcilié conmigo misma. Siempre me había parecido una señora estupenda y ahora más, si cabe.



P.S. El que no se consuela es porque no quiere.

martes, mayo 17, 2011

La política no es aburrida. Los políticos son los aburridos.Y lo que puede pasar el domingo 22 aquí, en esta Asturias nuestra, va a ser aún más divertido.


No voy a hablar de mis inclinaciones políticas, que tenerlas, las tengo; entre otras cosas porque no interesan a nadie y en todo caso es complicado que se ajusten a unas siglas en concreto. Creo que nunca he votado a un mismo partido en dos legislaturas seguidas, y generalmente mi voto autonómico, estatal y local nunca coincide, pasando de un extremo a otro, siempre fiel a mi cita con las urnas, aunque mi voto vaya a ir en blanco.

Se supone que Asturias tradicionalmente es un feudo socialista, aunque las apariencias a veces engañan y por ejemplo en Oviedo tenemos un alcalde popular que encadena legislaturas y mayorías absolutas, el insigne Don GaVino. Más por (de)méritos de una ¿oposición? ineficaz que por los suyos propios. Y en todo caso si se analizan los resultados electorales de las últimas elecciones, la diferencia entre los dos grandes partidos fue, si no recuerdo mal, de uno o dos diputados. Y sin tener en cuenta al voto emigrante, que en una región como esta supone unos cuantos miles de votos y tiene su incidencia (generalmente escorado a la izquierda), tal vez aún estarían más igualados. Porque esa es otra historia que por mucho que lo intente sigo sin entender del todo. ¿Por qué tiene que votar a la presidencia de una comunidad autónoma alguien que en el mejor de los casos es hijo de o nieto de y jamás ha pisado Asturias y cuya única vinculación es formar parte de la banda de gaitas del Centro Asturiano de Buenos Aires, Valparaíso o Salinas?

Entiendo que la tentación de quedarse en casa o dedicar la tarde o la mañana de un soleado domingo de mayo a cualquier otra actividad que eluda el acercarse a su colegio electoral es más que tentador con la que esté cayendo. Y no, no es mi intención adoctrinar a nadie no ya con el sentido del voto, pero no olvidemos que la grandeza de la democracia (a pesar de sus muchas miserias) es precisamente ésa, que nosotros elegimos a quienes presuntamente nos van a (des)gobernar.

Aunque entre las opciones a elegir esté el imputado Sr. Camps, o la desfachatez de Ana Rosa, Migoya, que no Quintana, no tenga límites; por vez primera la incertidumbre planea sobre la calle Suárez de la Riva (sede de la Presidencia autonómica), y eso señores, no tiene precio... que se lo tengamos que ¿agradecer? a Álvarez Cascos, como que tampoco. 


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