Supongo que cierta dosis de vanidad es condición inherente a ser blogger. Vanidad, exhibicionismo (aunque al final contemos menos de lo que realmente queremos contar) y un largo etc acabado en -ismo unido sin duda a la curiosidad por saber quién, cómo, desde dónde y por qué somos visitados. Esto último está al fácil alcance de todos con cualquiera de esos programas que te envían estadísticas, nº de visitas, localizaciones y hasta rutas de búsqueda. Siendo estas últimas una auténtica caja de Pandora.
La gran mayoría de los internautas que llegan aquí por casualidad vía google, generalmente y sin quererlo lo hacen bien precisando información, vídeos o fotos de la famosa en su momento orgía de Laviana (famosa en el internet al menos), condenados por tanto a la decepción, bien buscando datos sobre Rafael Arboleda, insigne locutor que fue, desconozco si sigue siendo, por un comentario que hice hace mucho tiempo, http://daeddalus.blogspot.com/2007/07/das-de-radio-i.html.
Y hoy, por extrañas casualidades he acabado en Youtube con un viejo anuncio de Larios al que él le ponía voz, esa voz por la que tantas noches suspiramos y que Abellán reclamaba en las mañanas de jungla, Rafita, pon la voz del anuncio de Larios, y él abandonaba su ligero acento andaluz, sevillano tal vez y nos transportaba de nuevo a las noches de cigarros encendiendo la noche.
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domingo, abril 05, 2009
domingo, julio 08, 2007
Hablemos del ¿milenarismo?
Han pasado meses ya desde la tan comentada aparición del sin par Sánchez-Dragó en su ¿informativo? nocturno con un par de bien colocadas orejas de burro. Desde entonces hasta el día de hoy sigue generando titulares con sus excentricidades y sandeces, a partes iguales.
Despliega Dragó una cuidada puesta en escena para sus apar¡ciones televisivas, desde el atril, a priori tan impropio para presentar un noticiero y herencia, supongo, de aquel Blanco sobre negro en La 2, hasta la omnipresente rosa amarilla.
Sánchez Dragó, que ante todo es un bufón, acomete muy bien su papel. Lo que no tengo claro es qué rey sirve, pero no le negaré momentos de hilaridad absoluta como cuando una noche de lunes se negó a leer al uso los resultados de la jornada liguera con el pretexto de que ya aparecían en pantalla y el presuponía que todos los que en ese momento le veían sabían leer.
Sí, lo confieso, mea culpa, a mí me divierte Sánchez Dragó. Lo encuentro adorable, tan pedante y tan pagado de si mismo con sus kimonos. Le debo gratitud eterna por ser el impulsor de uno de los momentos más memorables de la historia de la televisión española: -“ Fernando (Arrabal), no te sientes en la mesa, que la tiene que sujetar Campillo, si no se vence".
También recuerdo especialmente una entrevista hace años a Eduard Punset (Redes), más que un plató aquello parecía un ring de boxeo donde dos egos luchaban a muerte frente a frente.
Aunque diga poco a mi favor, y nada más lejos de mi intención que calificarle como un revulsor de conciencias o buen escritor, ni lo uno, ni lo otro, insisto en que me divierte, desde tiempos inmemoriales, para que mi pecado sea aún mayor. Desde la primera vez que lo escuché hace un buen puñado de años en la Radio de Julia (Otero, antes de que la echaran de Onda Cero), donde ya hacia gala de una desfachatez sin complejos frente al insigne profesor Manuel Delgado.
Despliega Dragó una cuidada puesta en escena para sus apar¡ciones televisivas, desde el atril, a priori tan impropio para presentar un noticiero y herencia, supongo, de aquel Blanco sobre negro en La 2, hasta la omnipresente rosa amarilla.
Sánchez Dragó, que ante todo es un bufón, acomete muy bien su papel. Lo que no tengo claro es qué rey sirve, pero no le negaré momentos de hilaridad absoluta como cuando una noche de lunes se negó a leer al uso los resultados de la jornada liguera con el pretexto de que ya aparecían en pantalla y el presuponía que todos los que en ese momento le veían sabían leer.
Sí, lo confieso, mea culpa, a mí me divierte Sánchez Dragó. Lo encuentro adorable, tan pedante y tan pagado de si mismo con sus kimonos. Le debo gratitud eterna por ser el impulsor de uno de los momentos más memorables de la historia de la televisión española: -“ Fernando (Arrabal), no te sientes en la mesa, que la tiene que sujetar Campillo, si no se vence".
También recuerdo especialmente una entrevista hace años a Eduard Punset (Redes), más que un plató aquello parecía un ring de boxeo donde dos egos luchaban a muerte frente a frente.
Aunque diga poco a mi favor, y nada más lejos de mi intención que calificarle como un revulsor de conciencias o buen escritor, ni lo uno, ni lo otro, insisto en que me divierte, desde tiempos inmemoriales, para que mi pecado sea aún mayor. Desde la primera vez que lo escuché hace un buen puñado de años en la Radio de Julia (Otero, antes de que la echaran de Onda Cero), donde ya hacia gala de una desfachatez sin complejos frente al insigne profesor Manuel Delgado.
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Fue el mundo el que envejeció en torno a él. Él nunca se hizo mayor.
Anoche llegué tarde a casa. Tarde al menos para ser un lunes. Tarde para tener que estar puntualmente en el trabajo a las ocho. Tarde para hacer sonar el despertador a las siete menos cuarto. Tarde para apurar un apático desayuno, zumo y yogurt.Tarde para mi cita.Pero hay citas que saben esperar. Anoche llegué tarde a casa. Tarde y sin sueño. Helado de chocolate belga y Orson Welles. Zapeo mientras el dvd se acomoda. Aparece en pantalla Nuria “Waku waku” Roca con su ¿encantadora? sonrisa. Un estúpido programa remedo del aun más estúpido Operación Triunfo. Por un lado asoma un tupé imposible. ¿Alguien recuerda a Miqui “Los sencillos” Puig y su Bonito es? ¿No era en este vídeo donde Javier Bardem hacía una aparición estelar? Parece que los petos vaqueros se han vuelto a poner de moda. Muy a mi pesar (no puedo evitar callármelo).
En la otra esquina una tipa con exceso de rímmel. Y de repente una voz. No reconozco esa cara. Pero esa voz… ¿Jorge Flo? ¿Quién ha teletransportado a Jorge Flo desde su Música privada a ese estúpido (lo sé, me reitero) concurso? La radio, por no decir la tele, ya no es lo que era… aunque el señor Flo haya acabado, al cabo de tantos años, resultando ser tan atractivo. De haberlo sabido...
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sábado, julio 07, 2007
Si la voz de la radio te enamora
¿Patrick de Frutos? ¿Patric D. Frutos? Nunca supe su nombre con seguridad.
Hace tiempo recordaba a Rafa Arboleda, y hoy recuerdo a Patrick de Frutos (que así era como me imaginaba yo que se escribiría su nombre), también desaparecido del mapa (radiofónico) y al que hace al menos diez años que no escucho (¿tanto tiempo ha pasado?).
Me he pasado una buena parte de la mañana buzeando en internet, en ese google que todo lo puede, pero no ha habido suerte, como con Rafael Arboleda otra vez que ha fallado.
P.D. Parece ser que es Patrick D. Frutos...
Hace tiempo recordaba a Rafa Arboleda, y hoy recuerdo a Patrick de Frutos (que así era como me imaginaba yo que se escribiría su nombre), también desaparecido del mapa (radiofónico) y al que hace al menos diez años que no escucho (¿tanto tiempo ha pasado?).
Me he pasado una buena parte de la mañana buzeando en internet, en ese google que todo lo puede, pero no ha habido suerte, como con Rafael Arboleda otra vez que ha fallado.
P.D. Parece ser que es Patrick D. Frutos...
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Sin luz con Rafa Arboleda
"... ya tengo por fin en casa el telescopio japonés.
Es el último modelo.
Ideal para mi nueva perversión.
La causa de mi desvelo.
Mi vicio inconfesable.
La conducta más reprobable.
No sé lo que me pasa últimamente.
No dejo de espiar a mi vecina de enfrente..."
Es el último modelo.
Ideal para mi nueva perversión.
La causa de mi desvelo.
Mi vicio inconfesable.
La conducta más reprobable.
No sé lo que me pasa últimamente.
No dejo de espiar a mi vecina de enfrente..."
Hoy me he acordado y no sé muy bien por qué de Rafael Arboleda, o Rafa Arboleda. Era un locutor de radio que con una seductora voz combinaba las ondas radiofónicas con la publicidad; aún resuena en mi cabeza su voz en un anuncio de la ginebra Larios y habrán pasado unos 12 o 13 años desde las veces en que su voz acompañaba mis primeras noches de estudio universitario. Eran tiempos en los que aún escuchaba la radio.
Creo recordar que la primera vez que escuché su voz fue en el programa La Jungla, de Cadena 100, con un Abellán por aquel entonces inspiradísimo y acertado. Y no deja de ser curioso que hace poco descubriera una noche luciendo palmito en la televisión autonómica del Principado (de Asturias), la TPA (todo por Areces) a un tal Alfredo García, que en su momento también formó parte de la fauna junglera. Aunque hoy resulte difícil de creer la Jungla era entonces y estoy hablando aproximadamente del año 94, un programa innovador e irreverente. Al menos a mis oidos bastante inexpertos en cuestiones radiofónicas en particular y en la vida en general (aún no conocía a Gomaespuma y eso que llevaban ya más de 15 años en el medio).
La definición que mejor le cuadraría a Arboleda era la de tremendo reloco, que diría Andrés. Anárquico, sin orden ni contenidos (ni concierto). Brilló con luz propia en las madrugadas con un programa que se titulaba "Enciende la noche" y creo recordar que aunque pasó por varias emisoras él mantenía el formato del mismo, cual el sempiterno Luis del Olmo y su "Protagonistas". Acabé perdiéndole la pista, tal vez fui yo quien dejó de escuchar la radio.
Viendo en TVE al resucitado para los medios Jesús Quintero tras su largo exilio andaluz me viene a la memoria que tal vez el estilo de Rafa Arboleda era precisamente el de Quintero. A saber, protagonismo absoluto de los silencios, interrumpidos de cuando en cuando por canciones, monólogos y delirios varios donde siempre había chicas, cigarros y cervezas, el clic del zippo al encenderse, el sonido de su respiración o el exhalar al expulsar el humo del tabaco mientras murmuraba, qué calor.
Recuerdo sus susurros pegada a la radio con la certeza de que era a mí únicamente a quién se dirigía. Conseguía que el oyente, la oyente, se sintiera protagonista absoluta de sus delirios y discursos.
Pero lo que todas esperábamos impacientes noche tras noche era una sección, por llamarlo de alguna manera, que a hora incierta y sin previo aviso se colaba en nuestros cuartos. Un juego un tanto pueril al que todas sucumbíamos. Sonaba una vieja canción "Espiando a mi vecina", de un Pingüino en mi ascensor (un grupo un tanto estúpido que vió la luz al amparo de la hoy magnificada movida madrileña) y todas y todos debíamos encender y apagar la luz del flexo 3 veces seguidas con el objetivo de vislumbrar a algún vecinito o vecinita, allá con los intereses de cada cual, en el vecindario.
Me encantaría decir que en una de esas noches vi encenderse y apagarse una luz al mismo tiempo que la mía, a través de la ventana, pero no fue así. Las únicas que entraban en el juego eran las de mi propio edificio, a la sazón una residencia de estudiantes, plagada por tanto de chicas insomnes enchufadas a la radio. No sirivó nunca como reclamo para atraer a algún vecino, sino a un exhibicionista que le cogió querencia a visitarnos noche tras noche. Pero ésa es otra historia.
Creo recordar que la primera vez que escuché su voz fue en el programa La Jungla, de Cadena 100, con un Abellán por aquel entonces inspiradísimo y acertado. Y no deja de ser curioso que hace poco descubriera una noche luciendo palmito en la televisión autonómica del Principado (de Asturias), la TPA (todo por Areces) a un tal Alfredo García, que en su momento también formó parte de la fauna junglera. Aunque hoy resulte difícil de creer la Jungla era entonces y estoy hablando aproximadamente del año 94, un programa innovador e irreverente. Al menos a mis oidos bastante inexpertos en cuestiones radiofónicas en particular y en la vida en general (aún no conocía a Gomaespuma y eso que llevaban ya más de 15 años en el medio).
La definición que mejor le cuadraría a Arboleda era la de tremendo reloco, que diría Andrés. Anárquico, sin orden ni contenidos (ni concierto). Brilló con luz propia en las madrugadas con un programa que se titulaba "Enciende la noche" y creo recordar que aunque pasó por varias emisoras él mantenía el formato del mismo, cual el sempiterno Luis del Olmo y su "Protagonistas". Acabé perdiéndole la pista, tal vez fui yo quien dejó de escuchar la radio.
Viendo en TVE al resucitado para los medios Jesús Quintero tras su largo exilio andaluz me viene a la memoria que tal vez el estilo de Rafa Arboleda era precisamente el de Quintero. A saber, protagonismo absoluto de los silencios, interrumpidos de cuando en cuando por canciones, monólogos y delirios varios donde siempre había chicas, cigarros y cervezas, el clic del zippo al encenderse, el sonido de su respiración o el exhalar al expulsar el humo del tabaco mientras murmuraba, qué calor.
Recuerdo sus susurros pegada a la radio con la certeza de que era a mí únicamente a quién se dirigía. Conseguía que el oyente, la oyente, se sintiera protagonista absoluta de sus delirios y discursos.
Pero lo que todas esperábamos impacientes noche tras noche era una sección, por llamarlo de alguna manera, que a hora incierta y sin previo aviso se colaba en nuestros cuartos. Un juego un tanto pueril al que todas sucumbíamos. Sonaba una vieja canción "Espiando a mi vecina", de un Pingüino en mi ascensor (un grupo un tanto estúpido que vió la luz al amparo de la hoy magnificada movida madrileña) y todas y todos debíamos encender y apagar la luz del flexo 3 veces seguidas con el objetivo de vislumbrar a algún vecinito o vecinita, allá con los intereses de cada cual, en el vecindario.
Me encantaría decir que en una de esas noches vi encenderse y apagarse una luz al mismo tiempo que la mía, a través de la ventana, pero no fue así. Las únicas que entraban en el juego eran las de mi propio edificio, a la sazón una residencia de estudiantes, plagada por tanto de chicas insomnes enchufadas a la radio. No sirivó nunca como reclamo para atraer a algún vecino, sino a un exhibicionista que le cogió querencia a visitarnos noche tras noche. Pero ésa es otra historia.
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