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jueves, noviembre 19, 2015

Back in november



Compartíamos mesa y mantel, unas chelas bien frías, agua de jamaica y tamarindo (no puedo evitar entonar, mientras escribo,  aquella coplilla que decía: “Tamarindo, pa' las mujeres que están deseosas de maridito”, y recuerdo a N. tarareándola en aquellas noches de parranda y reventón). No recuerdo cuántos éramos, tal vez seis o siete; ni siquiera quién tenía a mi lado, esquinada, cerca de la puerta y la espalda apoyada en la pared siempre dispuesta a la huida. Tampoco qué comíamos exactamente, lo supongo en todo caso; tal vez tacos al pastor, enchiladas de mole, tulancingueñas;   los más osados gusanos de maguey y escamoles, tal vez chapulines, queso de Oaxaca.

Estaba sentado frente a mí monopolizando la conversación de toda la mesa, seis o siete cabezas giradas hacia él, escuchando atentamente o tal vez fingiendo un interés que realmente no sentían. Poco probable en todo caso. Era divertido, inteligente e ingenioso; el perfecto anfitrión o invitado; el tipo de hombre por el que todas las mujeres suspiraban, el hombre al que todos sus colegas admiran.  

Recuerdo que dejé de comer, el plato aún medio lleno, o medio vacío, con restos o sobras, el huitlacoche nunca ha sido lo mío. Empujo el plato ligeramente hacia el centro de la mesa, coloco sobre él los cubiertos, doy por finalizada mi comida. Él, frente a mí, me pregunta si no voy a comer más, si he terminado, si no voy a seguir. Afirmo con la cabeza, tal vez hago alguna broma sobre un futurible postre, crema de cajeta probablemente. Él en ningún momento ha dejado de hablar pasando de un tema a otro, siempre brillante, siempre ingenioso, quién sabe si fabulando sobre viajes por Alaska o su vida en Noruega, el Norte y el Sur. Acerca mi plato, medio lleno aún o medio vacío, y comienza a comer mis restos, lo que yo he despreciado. Si las miradas matasen o fulminasen, consiguieran que se abriera la tierra bajo los pies, su vida se hubiera esfumado en ese preciso instante.
  
No fui consciente de mi gesto que en todo caso duró apenas unos segundos; ese afán territorial y posesivo, desconocido hasta entonces en mi persona. Mi plato y su contenido es mío y da igual que yo no lo quiera, que vaya a ir directo al tacho de la basura; no lo comparto con nadie. Él se disculpa, yo pensaba, yo creía, tú habías dicho… sí, pensabas, creías bien, yo había dicho; no importa, puedes seguir comiendo si es de tu gusto,  pasada ya mi enajenación mental no tan transitoria mientras comienzan a cantar Los Tigres queriendo brincar la raya. 

Recuerdo que esperé por si de veras volvía, y que rumbo a la Rumorosa dejamos todos de esperar, porque el que se va se olvida.

lunes, julio 30, 2012

EL PLAGIO ESTÁ FEO

REPITA USTED CONMIGO...

Palabras a (des)tiempo







En los últimos tiempos asisto estupefacta a la lectura ajena de cuitas y desgracias amorosas ajenas. Entiendo que cada cual escribe de lo que bien le viene en gana y no soy yo la más indicada para dar lecciones de pudor a nadie cuando aquí y ahora he contado todo lo contable…

No sigo demasiados blogs, al menos no de forma rutinaria y constante, más allá de unos cuantos de cocina y otros tantos de moda con outfits imposibles. Me fascinan tanto los delantales almidonados como los zapatos de Prada, pero de cuando en cuando sí visito a los y las habituales y aunque sólo sea tirando del hilo voy descubriendo nuevas lecturas. En ocasiones de escasos minutos, otras pueden durar horas.

Parto de la idea de que el exhibicionismo es ingrediente necesario, nunca suficiente, para crear un blog; y reitero lo anterior, que cada cual hable de lo que quiera y allá sus lectores si lo encuentran ameno y/o interesante. Mismamente me sorprende que alguien pueda llegar a leer lo que aquí está escrito, pero ya se sabe, hay gente pa’to, y agradecida que está una, no lo duden.

Otro ingrediente fundamental es la mentira. Nuestras vidas son rutinarias, aburridas, predecibles, en la mayor parte de los casos faltas de sensibilidad y menos gusto. Desde luego tampoco poseemos el armario de Olivia Palermo o la cocina de Martha Stewart, y ni falta que nos hace, oigan; que para eso está la imaginación, para cubrir los huecos que una realidad si no triste, sí gris, nos deja.

Se puede mentir, adornar la realidad o directamente inventársela. Ejemplos hay a montones y no seré yo quien abra la caja de Pandora. No hay que olvidar que el primer gran blog era el diario de una mujer gorda que ni era mujer ni estaba gorda, pero que tenía talento. No es lo mismo que quien cuelga fotos, entre otras, de la hermanísima Pippa Middelton y las hace pasar por su persona, ¿acaso sus lectores no hojean el Hola?

Mientan, desahóguense y cuenten sus miserias, pero no lo olviden; háganlo con elegancia.

Y por favor, que no se les note…



Un consejo por cierto que nadie ha pedido…Ésta no es la vida real, ésta es la vida que yo cuento que vivo, no la revuelvan y la mezclen con la que se vive una vez se aleja uno de la pantalla del ordenador.






P.D. Vilma Banky.

jueves, diciembre 01, 2011

No es oro todo lo que reluce


[Para C., ahora que ya no es C. 
A la que nunca tuve valor de decirle que dejara de serlo.]


No me gustan las mentiras. No soporto que me mientan. Me considero una persona lo suficientemente cabal y con cierto encaje para la verdad, por desagradable, impulsiva o dolorosa que pueda llegar a resultarme. No comulgo con las personas que hacen uso y abuso de la impostura, de los fuegos de artificio para llegar a sus metas. Si quieren algo de mí sólo tienen que pedirlo, aún a riesgo de que les niegue; pero no, estas personas prefieren las carreteras secundarias, los caminos no transitados para alcanzar lo que persiguen justificándose a sí mismas cuando tienden la mano izquierda en lugar de la derecha; cuando exhiben su falta de principios y hacen gala de la más infame cobardía. Claro que ellas consideran que SU fin justifica SUS medios y aunque no lleguen a creerse sus propias mentiras venden su “verdad” a precio de saldo; orgullosas de sí mismas, sin fisuras; seguras de su determinación, de que la pobre imbécil del otro lado, la presunta ingenua que pasaba por aquí, se las creerá a pie juntillas, sin dudas ni cuestiones.


Pues no, señores, que sepan que abomino de toda esa panda de idiotas que consideran ser merecedores de reverencias a su paso. Que te detesto a ti, a ti, al otro también, a ti y a usted que posiblemente me leas o pases por aquí. Y no, no confundas mi silencio, mi gesto de asentimiento o mi forzada sonrisa (sonrío mejor cuando no quiero sonreír) con una mala entendida buena educación o una meditada hipocresía por tanto. No, te desprecio tanto que no tengo el menor interés en demostrártelo.


P.D. Carole Lombard y Robert Montgomery en "Mr. and Mrs. Smith"


[Acá tendría que sonar la gran Paquita... 
o aquello de teatro, lo tuyo es puro teatro] 

jueves, noviembre 10, 2011

Pa'puras vergüenzas




Decía, cantaba, el cansautor Ismael Serrano hace cierto tiempo “... como todas las historias de amor, al menos las más bellas, la nuestra por supuesto también acabó en tragedia”. Y es que es tópico extendido y aceptado que las grandes historias de amor deben de ser trágicas. Aunque a mí sinceramente me parezca una bobería. Siempre he considerado que eso del amor era algo hermoso, probablemente la boba por tanto sea yo, pensarán ustedes. Aunque más temprano que tarde llegaran las rebajas y acabáramos en saldos de compra-venta (depende de la opción que cada cual eligiera o le tocara); que está muy bien eso del cariño, cantaba el otro. En todo caso de vez en cuando y sin plantearme ni de lejos eso de matar o morir por amor si me gustaría vivir una pasional, que no trágica, historia de amor. Ese ni contigo ni sin ti al estilo  Richard Burton vs. Elisabeth Taylor, y no como la boba de Julieta que acabó suicidándose por Romeo. Al menos Liz, la de los ojos violeta,  se volvió a casar otras siete veces (¿o fueron seis?).

Creo que a todos nos debería corresponder al menos vivir una a lo largo de nuestra vida, como aquellos cinco (¿o eran quince?) minutos de fama. Seguramente, o no, aprenderíamos lo suficiente como para no repetir los míseros errores que arrastramos una y otra vez. La mía incluso tendría banda sonora, la discografía completa de esa inconmensurable dama llamada Paquita la del Barrio, a ella pues, en cuestiones de despechos no le gana nadie.

Recién sonaba “Tres veces te engañé”, mítica canción entre muchas de las suyas, y a mí que siempre he cerrado puertas y heridas en la más absoluta de las discreciones me entran tremendas ganas, tras unas Pacífico de más, de tener a un tipo delante y cantarle con auténtico sentimiento todas esas lindezas. Pero no tengo a nadie, por no tener no tengo ni oído, ni voz, ni sentimiento... y aunque busque y rebusque en mi pasado no lo encuentro, nadie se ganó mi odio, ni mi rencor eterno; nadie se ha hecho merecedor de ser tildado como una rata de dos patas, y qué lástima, que el mío haya sido el único corazón de hotel.





miércoles, noviembre 02, 2011

Última palabra




"Por favor, 
no me hables de placeres 
cuando estoy 
viviendo en un pesebre. 
Ya está bien, 
quita eso de delante 
para mí 
demasiado elegante... 

Mira bien, 
porque las cosas buenas 
suelen ser 
demasiado pequeñas. 
Es verdad, 
no pienses que estoy loco 
ven aquí 
te prestaré mis ojos. 

Me jugaré la vida 
a ver si tengo suerte 
no me asusta el fracaso 
porque eso me hace más fuerte. 
Te sacaré la cara 
me dormiré en tus brazos 
nos reuniremos todos 
bebiendo del mismo vaso. 

El disfraz 
esconde tus temores 
mi verdad 
no viste de uniforme. 
Seguiré 
aunque me sienta solo 
todo lo que tú me ofreces 
para mí puede ser poco. 
 
Me jugaré la vida 
a ver si tengo suerte 
no me asusta el fracaso 
porque eso me hace más fuerte. 
Te sacaré la cara 
me dormiré en tus brazos 
nos reuniremos todos 
bebiendo del mismo vaso".

viernes, octubre 21, 2011

He dicho

Supongo que así es el juego. Tú me visitas y yo te devuelvo la visita. Tú me comentas y yo te devuelvo el comentario. Son normas de cortesía blogueras o algo así. Si no las cumples, no es que caigas en desgracía, pero sí en mala cibereducación.

Hay personas que exigen que se les comente siempre, y entiéndase el verbo exigir no ya como obligación sino como cortesía. Hay quien piensa que pasar de puntillas sin dejar un hola está de más. Y qué vamos a hacerle si yo soy de las que visito los blogs que me apetece visitar y comento en las entradas en las que me apetece comentar. Aunque cierto es que tanto unos como otras, lamentablemente, van disminuyendo en número.

Y todo esto viene a cuento de nada, para no variar. Y no seré yo quien le diga a la gente como tiene que gestionar su espacio virtual, si exigir o no comentarios, si devolver o no las visitas, si tildar de descorteses a los que no cumplimos, si moderar las entradas o no permitir comentarios anónimos (algo que nunca he entendido del todo, como si llamarse Srta. Pepis fuese menos anónimo que llamarse Anónimo)... pero es que a veces tengo que morderme la lengua, y si no comento, y si no escribo, y si no digo es porque lo que me gustaría decir no va a gustar al destinatario destinataria y pocas cosas he aprendido en esta vida tan bien como saber que a nadie o casi nadie le gusta oír lo que no quiere escuchar. Y qué quieren que les diga, a mí esos blogs de autocomplacencia y buenas palabras, elogios y halagos sin cabida para la crítica me aburren soberanamente, y si lo que yo tengo que decir ni siquiera va a ser publicado porque no tiene cabida en el listado de buenas palabras (yo jamás moderaría los comentarios), mejor quedarse callado.

Aunque también sea cierto que la mayoría de las veces no tenga nada que decir y que cada cual haga de su capa un sayo.

lunes, julio 25, 2011

Me aburres tanto... que me siento en la necesidad de decírtelo. Tu pretenciosidad, tu falsa vanidad mal entendida y la cadena de mentiras con las que adornas tu vida. Que no debería importarme, que a mí ni me va ni me viene, que es tu vida tan ajena a la mía... pero no puedo evitarlo, ni callarlo.

He dicho. Que alguien tenía que hacerlo.

viernes, junio 17, 2011

Knocking on heaven's door


Hoy va a ser un gran día, o debería serlo o tendría que... Y conjugo el futuro porque hasta que no sean las 15:15 y salga por la puerta de la oficina mi día no comienza. Este viernes que tiene motivos, algunos, aunque en realidad sean accesorios, en el que se conjuga ser día 17 del mes 6 con otro seis, batiendo mi propio record y un salto mortal hacia delante; aunque como alguien me dijo esta madrugada, la segunda mitad suele ser mejor... Veremos, incluso a lo mejor me entran ganas de contarlo.

jueves, junio 09, 2011

Nunca es tarde si todavía estás a tiempo


Ayer nos sentamos los tres. Uno al lado del otro. Enfrente yo. Cuatro botellas de sidra para ellos y una coca-cola para mí. Me sentí rara. Me gustó. Dos partes de mi vida unidas por primera vez. De las más importantes, una desde hace 19 años, la otra no llega apenas a los seis meses.

Es un encanto, dijo...

Habrá que repetir... y que Don Julio hable por él.

martes, abril 26, 2011

Suspicious mind



A veces, en realidad muchas veces, de ser sincera casi siempre o siempre, me pregunto qué haces aquí. Una vez dijiste que te divertía. Supongo que a mí me hubiera gustado más otra respuesta. No sé, que de cuando en cuando te acordabas de mí y te hubiera gustado que aquello hubiese resultado diferente; y en realidad ni siquiera sé por qué, siendo yo parte contratante; más allá de una vanidad mal entendida, la misma que ahora me persigue sabiendo que tanto tiempo después sigues aquí. Imagino que te sigues divirtiendo y que al leer esto ni siquiera te darás cuenta que me estoy dirigiendo a ti.

Iba a dedicarte una canción de los Burning... pero ni siquiera sé cuál te gustaría. De gustarte alguna, digo.

domingo, abril 24, 2011

A veces... sólo a veces...

jueves, febrero 10, 2011

A veces la diferencia entre estar y no estar no es precisamente alargada.



Tendría que escribirte, y hoy, esta mañana de asueto laboral, brinda una buena oportunidad. Y fíjate que hablo de escribir, no de descolgar el teléfono, no de concertar una cita ante un café y unas cervezas y tus ojos; como si la cobardía me pudiese y la distancia y las palabras escritas me amparasen. Pero no, tan sólo es que no tengo nada que decir, nada que decirte, y si me sentara frente a ti, si desolgase el teléfono, me quedaría sin palabras. Si en cambio me siento aquí, frente a una pantalla en blanco, soy capaz de hilvanar palabras y frases, aunque no tengan demasiado sentido, aunque al final no diga ni transmita nada. Y no, tampoco voy a hacerlo en realidad, por eso lo que debería ser un encuentro que no se convertirá en llamada trasmutado de email se va a quedar en esto, en un post sin demasiado sentido y con la respuesta a la pregunta que tú me harías... Estoy bien, supongo, aunque en realidad no sé como estoy, si es que estoy de alguna manera.




P.D. Ava Gardner

viernes, enero 21, 2011

Mis buenos deseos nunca serán suficientes


Estoy comenzando a cabrearme, ligeramente. Mi estado anímico comienza a ser de un enfado subido. No me gusta sentir que alguien, aunque sea inconscientemente, me esté volviendo culpable. Porque no, porque no tengo remordimientos, ni considero haberme equivocado, ni hablado de más, ni tomado partido. Y ni me siento así, ni quiero sentirlo; ni lo considero necesario, ni oportuno, ni urgente.

Y lo sé, que yo soy la experta en vivir realidades alternativas. Pero porque me retiro a mi burbuja, a mi mundo, a mi vida paralela, y nunca implico, o trato de no hacerlo, a los demás. Carezco de empatía, una vez más, pero es que estoy demasiado ocupada en estos momentos tratando de salir de ella, tanto que hasta por momentos lo he conseguido, que no quiero perder el tiempo. Al margen de que me conozco todos los trucos... si fui yo quien los inventó. La vida no es justa, pero esta sí que no la he inventado yo.

Feliz fin de semana... que por mi parte intuyo que va a serlo, y mucho.



P.D. Fay Wray

jueves, enero 06, 2011

Ya lo cantaba Lucinda... world without tears



La normalidad vuelve, afortunadamente, y las luces de navidad se apagan, aunque para mí la Navidad terminó extraoficialmente hace días y el día de Reyes amaneció entrada la mañana sin roscón ni regalos. No hubo carta alguna con peticiones ni buenos deseos, aunque anoche, de madrugada, algo me esperara sobre la almohada, justito al volver de la improvisada parranda, aunque yo sólo quería un café... y es que Don Julio habló por él. Y yo, claro, no supe agradecer, porque aunque me gusten las sorpresas, las que te traen cosas buenas; nunca he acabado por aprender del todo cómo mostrar mi agradecimiento.

Como tampoco he aprendido a comportarme. En realidad sé que no hay normas o reglas en este juego, aunque a mí me gustaría que las hubiera, todo sería más fácil. Tener un manual que indicara cuándo hablar y qué decir, cuándo callar y cuándo desnudarse. Que no tenga que venir Aute a recordármelo.


jueves, diciembre 30, 2010

Como alguien me dijo una vez... tú y yo somos una mentira que se encuentra todas las tardes



Ya que no he enviado ni una sola felicitación navideña, estaba pensando que tal vez estaba a tiempo de corregir el mal rumbo de mi sociabilidad menguante y desear al mundo mundial una buena entrada y salida de año. Pero sigue sin apetecerme demasiado enviar un email o un SMS colectivo, que ya se sabe que las nuevas tecnologías se imponen. Y en parte es porque no me apetece cribar o determinar a quién sí y a quién no, que nada me gusta menos a mí que recibir impersonales felicitaciones navideñas de gente a la que no has visto en un largo tiempo y de repente, por obra y gracia de la magia de la Navidad, aparecen en tu bandeja de entrada. Como aquél que te felicita por tu cumpleaños y una sospecha que más bien se trata de figurar en la agenda que maneja su secretaria que en su conciencia.

También descarto los propósitos de año nuevo, que al fin y al cabo con el propósito que tengo para esta noche ya me resulta suficiente.

Lo que me queda, claro, es hacer un resumen del año que se está acabando. Aunque para eso bastaría con coger este blog y ponerse a leer la infinidad de tonterías escritas a lo largo de estos doce meses que comenzaron con la H de Hornby y están acabando en la X, regodeándose en la E que siempre me ha perseguido y pasando por chicos raros desaparecidos. 

Qué pereza, por cierto... si yo sólo quería que pareciese un accidente.





P.D. Jean Harlow y Primo Carnera

jueves, diciembre 02, 2010

Dice Ryan Adams en su nuevo disco que deberías dejar de playing con my heart... pero qué dejar de hacer cuando es una misma la que juega con el suyo...




Está nevando de nuevo, bueno, algo parecido, que para mí nevar es otra cosa. Y alguien a mi lado se queja y opina que esto es un asco de tiempo... qué frío, qué humedad, de ésa que cala hasta los huesos, y qué pérdida de tiempo.

Creo que sólo estoy de acuerdo con lo último. Porque por lo demás ni el tiempo me parece tan malo, ni encuentro que sea un asco. Pero sí, estoy desarrollando una elevada intolerancia a las pérdidas de tiempo, tanto a las propias como a provocarlas en otros. Pereza y mucho cansancio serían las palabras adecuadas.

Y no sé por qué estoy hablando de esto si de lo que en realidad quería yo hablar era de blogs y sus lectores, a raíz de los pequeños contratiempos con ciertos comentarios de hace unos días. De programas que te ofrecen estadísticas detalladas de las visitas que recibe una página web y que yo ni sé leer ni interpretar, tampoco es que haya puesto mucho interés, que jugar a las adivinanzas nunca ha sido lo mío.

Y todo esto lo cuento porque hace un rato, de regreso a casa, mojándome bajo una incipiente nieve, y ahora toca corregirme, porque ahora sí está nevando de verdad, me crucé con alguien que en realidad no era nadie. Quiero decir que me recordó o se parecía a alguien que conozco o conocí, aunque en realidad creo que no nos vimos más que un par de veces o algo así, pero que en todo caso no era él, creo.

Eso me hizo acordarme de nuevo de un tema al que todos los que de una u otra forma nos mostramos públicamente, volvemos cada cierto tiempo. A nuestros lectores, a quién nos lee, por qué, cuántos de ellos son "reales" o la oportunidad o no de mostrar este espacio a la gente de nuestro entorno más inmediato, que evidentemente lo desconoce. Y esto viene a cuento porque esta persona a la que probablemente y si no recuerdo mal no vi más que un par de veces en mi vida, y a la que apenas conozco y de la que apenas sé (y de esto puede que haya pasado un año, tal vez más, o menos, no recuerdo), me dijo tiempo después de llegar a la conclusión de que entre nosotros no había química o algo así (en aquellos días yo no habría tenido química ni con una tarta de chocolate, rellena de dulce de leche y adornada con sugus de cereza) que seguía entrando aquí y leyendo todo lo escrito.  Y no, jamás hablé de él, aunque puede que alguna vez haya hecho alusión a la H, de Hornby, "High fidelity", por supuesto. Ni siquiera sé si sigue haciéndolo, tampoco es que tenga importancia alguna, ni sabría como comprobarlo de querer hacerlo, que no quiero.

Y lo recuerdo ahora y sigue sorprendiéndome que tantos meses después siguiera encontrando divertido o interesante o entretenido, no sé qué adjetivo hubiera empleado él para describirlo, lo aquí escrito, y perdiera el tiempo perdiéndose, valga la redundancia, entre las palabras y consonantes de alguien que en la vida real puede llegar a ser completamente vulgar, aburrida, anodina y asocial. Y en realidad no era de esto de lo que quería hablar... y allá afuera sigue nevando. Así que mejor corto y cierro... por hoy.





P.D. Patricia Neal

lunes, noviembre 22, 2010

[Aunque ya sé que lo has leído, para que quede bien clarito... Y es que si hay algo que me saca de quicio es que me traten como una completa imbécil, aun siéndolo. Se puede ser cobarde, pero no tan mezquino, por favor]

Anónimo: Simplemente has tenido mala suerte. En condiciones normales tus comentarios me hubiesen dado exactamente igual. Pero como bien decía Aida más arriba existen las estadísticas, que nunca mienten y a diferencia de mi imaginación nunca fallan. Y digo mala suerte por dos motivos, el primero porque yo raramente las miro, no suele importarme quién entra aquí ni por qué motivo ni de donde viene. Siento que no tengo derecho, que es invadir en cierta forma la intimidad ajena. Pero el otro día lo hice y por motivos, todo hay que decirlo, que nada tenían que ver contigo. Mala suerte reitero, que si no hubiese sido por eso no me hubiese molestado, pero es que al margen de eso me pillaste en un mal día, de esos de hormonas revueltas donde me pongo un tanto irascible y ya puestos la curiosidad me pudo, que al fin y al cabo ciertos comentarios anónimos me sonaban a ti, no todos, que al margen de ti hay otros, pero no me molestan porque parto de la idea de que efectivamente son desconocid@s. y no me preguntes por qué, por qué intuía que podías ser tú, que aunque me desconcertaba un poco, que no entiendo del todo tus motivos, más allá de que imagino te divierte, una coñita marinera, seguro la llamarías tú. Que al fin y al cabo todos tenemos nuestra firma, nuestra forma de escribir y hasta nuestras propias faltas de ortografía. Pero vamos, más allá de la duda o de la intuición, nunca le hice demasiado caso, fíjate lo que me importa. Hasta hace dos días en el que por motivos ajenos a ti, reitero, mala suerte, lo miré.

Puede que tú no sepas que hay un invento que por cierto yo manejo bastante mal pero sí lo suficiente que te ofrece una serie de datos sobre la gente que vista tu página. Te lo digo porque igual te interesa instalarlo en tu blog, ése que tú abriste a raíz de leer el mío, ¿recuerdas? Pues eso, que yo estaré más perdida que un pulpo en un garaje, que no lo niego, y que puede que mi intuición falle, pero va ser que éste no es el caso.

¿Y qué dicen esas estadísticas? Pues por ejemplo que tal día, cual día y unos cuantos días más, a determinada hora, minuto y segundo alguien que tiene un blog y un nombre y todo eso dejó comentarios amables en el mío, y llegó hasta aquí a través del suyo. Y que esa misma persona pues tal día y cual día y el de más atrás y el de más adelante escribió comentarios bajo el formato anónimo a tales horas, minutos y segundos. Y es que esto es lo bueno del invento, no sólo que cronometra y clasifica y te indica el origen de la visita, no, dice mucho más. Pero claro, como dices que estás a 500 km de Oviedo igual es que se equivoca, uy, pero va a ser que no, que no se equivoca. Porque entre otras informaciones te dice con qué compañía de telefonía se conecta esa persona. Así que igual deberías asomarte a la ventana y reubicarte geográficamente rápidamente, porque creo que Telecable no opera fuera de Asturias, y a 500 km, fuera de Asturias, como que no. Aunque tampoco importa, porque entre otras cosas también te dice la ciudad en concreto... y hasta la dirección Ip y... ¿quieres que siga?

Con lo fácil que es decirme a mí las cosas, si es que... pero en fin, puedes seguir negándolo, soy bastante más educada que tú y no pienso dejarte públicamente en evidencia, y que conste que no lo hago por ti. En todo caso te invito que a partir de ahora lo que tengas que decir, bueno o malo, me lo digas directamente, y eso así, que te abstengas de insultar, molestar y ofender a otras personas en otros blogs. Que ni se lo merecen ni puede que tengan tanta paciencia como yo.

jueves, noviembre 11, 2010

Hoy me gustaría escribir algo bueno, algo de verdad de la buena, de eso que ustedes digan, joder, cómo me ha gustado. Sacarme de la manga una historia que nunca antes nadie haya contado, arrancar sonrisas, que no carcajadas, complicidad y deseos. Pero no, no para compensar lo de ayer, aunque nadie se haya enterado de nada, que al fin y al cabo yo me divertí y eso es lo único que cuenta de momento. Sólo porque sí, porque me apetece, porque quiero imaginarte de nuevo pegado a la pantalla, enredándote con mis letras, perdiéndote en el laberinto, aunque al final de tu día hayas encontrado de nuevo la salida hacia tu vida.




"If we lived in a world without tears
How would bruises find
The face to lie upon
How would scars find skin
To etch themselves into
How would broken find the bones

If we lived in a world without tears
How would heartbeats
Know when to stop
How would blood know
Which body to flow outside of
How would bullets find the guns

If we lived in a world without tears
How would misery know
Which back door to walk through
How would trouble know
Which mind to live inside of
How would sorrow find a home

If we lived in a world without tears
How would bruises find
The face to lie upon
How would scars find skin
To etch themselves into
How would broken find the bones

If we lived in a world without tears
How would bruises find
The face to lie upon
How would scars find skin
To etch themselves into
How would broken find the bones

How would broken find the bones
How would broken find the bones".



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