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martes, noviembre 15, 2011

Causa y efecto



"-¡Oh, cariño! Eres simple, eres superficial y eres una puta. Por eso somos almas gemelas."

 Karen Walker (Will & Grace)





De un tiempo a esta parte lo escucho sin cesar en conversaciones ajenas. De un tiempo a esta parte han sido ya varios los blogs en los que se habla del tema… el eterno dilema; ellos de Marte, nosotras de Venus. Lo que unas dicen y los otros piensan. Que todos son iguales o al menos todos los que me interesan son iguales. Por qué no me quiere quién yo quiero y el que me quiere me hace daño. El perpetuo miedo al compromiso, los pasos encaminados, las reglas que no deben romperse.

No soy yo un ejemplo a seguir, pero si de algo estoy segura y fíjense que en mi vida hay muy pocas certezas, es que la cobardía es la madre de todas las huidas.

Recuerdo un capítulo de Sex and the city, de la última o penúltima temporada cuando Carrie se echa por novio a un aspirante a escritor fracasado llamado Jack Berger. Las seguidoras de la serie seguro que recuerdan al tipo del coletero, el mismo que se paseaba con cara de infinito cabreo luciendo chupa de cuero. Algo por otro lado perfectamente comprensible en alguien que tuviera que aguantar las histerias y neuras de Carrie Bradshaw.

Carrie invita a Samantha, Charlotte y Miranda a cenar para presentarles a ese aspirante a escritor fracasado con cara de infinito cabreo llamado Jack Berger (o algo parecido), y como no podía ser de otra manera la conversación acaba derivando en las relaciones hombre-mujer. Y Berger, en la escena más lúcida de todos los tropecientos capítulos que conforman esta serie, les dice a unas estupefactas mujeres con cara de no creer lo que están escuchando, que las SEÑALES no existen.

No existen más allá de su propia imaginación, apostillaría yo.

Si un tipo no te llama es porque no le interesas, no porque esté sucumbiendo a esa regla no escrita de que no se puede llamar antes de dos días tras la primera cita. Si un tipo no quiere acostarse contigo no es porque lo esté posponiendo hasta la tercera. Si un tipo no contesta a tus llamadas no es porque haya que dejar espacio y tiempo. Si un tipo te dice que tiene miedo al compromiso es porque efectivamente tiene miedo al compromiso, pero al compromiso contigo. Si un tipo te dice "esto está yendo demasiado rápido", no está diciendo "estamos yendo demasiado rápido", sino "tú estás yendo demasiado rápido".

No existen designios, señales o máscaras más allá de las que impone la cobardía. La nuestra para no ver una realidad que no queremos ver y la ajena, que impide mostrar lo que realmente se piensa.

El miedo a quedarse solo. A estar solo. Las ganas de perder el tiempo. El ego que necesita cinco comidas al día. El por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. El te quiero cariño, ya te cambiaré. Construir certezas desde un quizás travistiendo de eternidad el yo pasaba por aquí. Ver señales donde sólo hay humo. Preguntarse por qué ha desaparecido, por qué se ha ido... porque nunca estuvo, niña; porque nunca llegó.




P.D. Acá debería sonar "A case of you" de Joni Mitchell. Por extrañas e inexplicables razones siempre asocio esa canción con ese tipo de historias. Y también es cierto que me la recordé hace unos días hablándole de ella, de Joni Mitchell, a alguien que no la conocía.




[Para S., que nunca leerá esto y que hoy me llegó al corazón]

jueves, septiembre 22, 2011

Cruzando la frontera






[Para M., que no siempre la distancia es el olvido]





¿Por dónde empezar? Por la verdad, dirás tú; tan manida, añadiré yo. Pero he prometido hacerlo, por vez primera, porque si nunca la dije fue porque siempre la verdad ha sido una mentira. Y la verdad es que te echamos de menos, así en plural, y no me refiero precisamente a mi yo, mi ego y mi super-yo. Sino a todos (y todas) o a todas (y todos)... Y que mejor forma de inmortalidad, chale (y sé que no estás muerto, pero estar a 20.000 km en la costa del Pacífico no deja ser una forma de óbito) que la de permanecer en el recuerdo de aquellos que te conocieron, independientemente de que te hayan querido, envidiado u odiado. 

Cuídate, dale a los tragos con moderación, que la risa te atraviese y te abrase como el sol de tu desierto, agarra bien fuerte y de veras a tu boricúa y manda aviso cuando cruces la frontera, que la Quela allá por el norte se siente muy sola entre tanto gringo mal nacido. No tiene como otros el don de la adaptación a los territorios hostiles, eso es de lo poco bueno que tiene haberse criado entre alacranes. 

El resto de verdades las dejamos para el próximo encuentro, ya lo decía la pequeña Violeta, las verdades siempre sobran y a nosotros tiempo nunca nos falta. Hasta que vuelvas te iré guardando un buen puñado de ellas pa' echártelas bien directitas a la cara como el humo de tu mota... por si no te resultaron suficientes las hasta ahora escuchadas, añade Chava, que revolotea por aquí vigilando las notas desafinadas del mariachi que has dejado incompleto, persianas bajadas en la calle Jazmín, insomne y como decía el poeta, careciendo, ante ti, de todos los recursos. 


Ya oigo los motores de la Cessna en marcha. Mejor convertirse en leyenda, güey, besando las sombras...

Fdo. Tus carnales.




P.D. No te olvides de las velas a mi bendito Malverde. Nunca faltan motivos para rezarle.



Y recuerda... morir matando es la Ley, así comienza el corrido...





miércoles, diciembre 22, 2010

Ya lo cantaba Gastelo, te vas a quedar con las ganas, o no... y ni siquiera sé si es afirmación o pregunta



Podría decir que no me gusta caminar de la mano por la calle. Que no me gusta dormir acompañada, que será la falta de costumbre, y aunque sólo ocupe el lado derecho de mi cama y nunca invada el izquierdo, lo prefiero vacío. Que la ducha mejor a solas y no tener tras de mí mientras me aplico el eye liner, a alguien ajustándose la corbata, que ni siquiera sé hacer nudos de corbata. Que nunca desayuno y no sé hacer café, que me levanto con prisas, tarde, mal y nunca y cinco minutos más en la cama sólo si voy a dormirlos... Podría decir que mi cuerpo es prisionero del miedo...

Podría decírtelo, si quisieses escucharme...




P.D. Romy Schneider

lunes, diciembre 13, 2010

Habitando la escarcha, que alguien me dijo una vez que es la que incendia los labios, aunque ahora simplemente se dedique a colarse entre las grietas envenenándolo todo de violetas, que ya saben, es el color de mi olvido




De vuelta al trabajo, casi deseando, sólo casi, que por fin llegara el lunes y la rutina laboral tras más de una semana de ausencia. Dos malas noticias nada más entrar por la puerta, una relacionada con la enfermedad reciente de un colega y otra con mi mismidad, aunque la segunda sea pasajera y nunca comparable a la primera.

He dormido fatal, de nuevo, aunque no debido a insomnios y duermevelas, simplemente ritmos cambiados tras una semana de acostarme demasiado tarde y levantarme igualmente demasiado tarde. Así que anoche no había sueño que conciliar pese a las muchas vueltas que di en la cama, y la lectura, hay libros tan maravillosamente bien escritos que te atrapan de tal modo que es difíicil desprenderte de ellos, tampoco ayudó. Vanos esfuerzos, pese a todo, y es lo que tiene esa situación de estar con los ojos abiertos como platos en una madrugada de domingo a lunes, que una no se libra de la sensación de que al día siguiente todo tiene que cambiar, que esta vez sí, que este lunes será el bueno, será el comienzo de una semana en que tomaré por enésima vez las riendas de mi vida, en la que pasará algo que cambie mi suerte... ya saben, no hay madrugada o tarde o noche de domingo en el que no confabule conmigo misma, mi pasado, mi presente y mi futuro. Y en la que no eche la vista atrás y recuerde y rememore y reviva, aunque para eso no necesite demasiadas excusas ni que sea domingo por la noche y no pueda dormir; aunque ésas sean circusntancias propicias a las ensoñaciones.

Y miro a mi izquierda, al lado izquierdo de mi cama siempre o casi, vacío. A la pila de libros que por momentos aumenta reposando sobre unas revistas y éstas, a su vez, sobre una silla. Al lado derecho, el más cercano a la puerta, el mío, hay una mesilla de noche. No me gustan los dormitorios con una cama y dos mesillas gemelas una a cada lado, así que compré sólo una, la coloqué a mi lado, y temporalmente coloqué una silla al otro hasta que decidiera qué colocar ahí. Me gusta esa silla y el efecto que hace travistiéndose de mesita de noche, y me gusta el efecto de los libros; en el lado izquierdo, el más cercano a la ventana, el que casi nadie ocupa.

Siempre pienso que si alguien viene a dormir debería quitar los libros, o al menos disminuir esa doble torre de vocales, consonantes y frases hiladas hasta una altura que no suponga un peligro para la integridad física del que eventualmente duerma a ese lado. Pero nunca lo hago y es más, sigo aumentando su número. Las escasas veces que alguien lo ocupó, pues qué decir, no me preocupó lo más mínimo. Y no, no es que me haya convertido de pronto, o tal vez es que siempre lo he sido, en una sociópata que no le importa que el amante de turno se descalabre cuando le caigan encima; aunque imagino pocos accidentes tan poéticos, y nunca mejor dicho, que abrirse la cabeza con poemas de Alejandra Pizarnik, Antonio Gamoneda, Jaime Sabines, David González y Xuan Bello, entre otros; y un par de novelitas de Somesert Maugham compradas en un mercadillo por un euro el tomo.

Ni siquiera aquella vez se me ocurrió quitarlos, y lo pensaba anoche. Sí, lo sé, fíjate de lo que me estoy acordando ahora. Y es curioso, porque cuando pensaba en ello, entonces, e imaginaba cómo sería, nunca pensaba en ti y en mí en esa cama con ideas o sentimientos o pulsiones o lo que fueran, erótico-festivas. Me veía, o nos veía, hablando de esto y de lo otro, y tal vez retirando uno a uno los libros y leyendo entre medias algún manido poema de Luis García Montero, sin duda de "Completamente viernes"; y probablemente te descubriría a David González, que te hubiera gustado y seguro no conocías, y te leería algo de Xuan Bello, tal vez eso que cuenta en "Paniceiros", que los de Buelles son franceses. Sí, no deja de ser curioso, que pese a todo... no sé, alguien ayer me hablaba de encontrar la dosis exacta entre ternura y pasión y yo le replicaba que últimamente ando sobrada de pasiones y muy falta de ternura, justo al contrario que entonces. Tal vez sea el momento de encontrar el equilibrio de nuevo, sí, tal vez...


P.D. Greta Garbo y John Gilbert en "Flesh an the Devil"

sábado, diciembre 11, 2010

Pepe Risi, que estés en los cielos, hace mucho que se lo preguntaba... ¿a quién voy a cazar?



Anoche me la pasé viendo cinco capítulos seguidos de la quinta temporada de Dexter, creo que Quinn comienza a gustarme. He perdido mi escaso sentido del humor, la única conversación que he mantenido hoy con un ser humano adulto versaba sobre recetas de cocina para ollas programables y mi sonrisa está enterrada bajo el nuevo felpudo que he colocado a la entrada; la conversación con el chino de la tienda de chinos de la esquina no cuenta como conversación adulta. ¿Puedo ayudalte? Sí, por favor, ¿tienen felpudos?. Sí, sígueme, aquí... Son cuatlo eulos con cincuenta céntimos. Gracias. Glacias. Hasta luego. Hasta luego... He estado en el centro de salud, esperando tres cuartos de hora a que llegara mi turno y como éste no llegaba me he levantado y me he ido a desayunar un croissant con mermelada de naranja amarga. Me ha llamado mi madre para preguntarme qué me había dicho el médico (esto tampoco cuenta como conversación entre adultos) y le he dicho que me ha recetado no sé qué que no pienso tomar, y oye tú, me he quedado tan a gusto con la mentira, al fin y al cabo yo nunca tomo lo que me receta el médico... bueno, bien, vale, nunca estoy enferma, o casi... By the way, dile al mariachi que agarre por su cuenta la parranda... 





P.D. Joan Blondell

viernes, diciembre 10, 2010

Nada puedes perder, te digo... porque no tienes nada....





Nada puedo perder, por tanto... yo tampoco tengo nada. Pero... siempre hay un pero.






P.D. Montgomery Clift

viernes, diciembre 03, 2010

A veces creo que me lo merezco. Otras en cambio creo que son los demás los que no se lo merecen...




Ya sabemos que diciembre es el mes de los reencuentros, de las vueltas a casa y las celebraciones varias con gente que ves un par de veces al año como mucho. En agosto, si este mes te pilla en la ciudad, y ahora, siempre en torno a una mesa de celebración anual. Y yo, como buena asocial, tiendo a huir en dirección contraria, pese a que no siempre lo consiga, y pese a que las Navidades me gusten o me sigan gustando. Más por el rollo retiro espiritual y familiar que para mí siempre conllevan, que por la celebración en sí. De hecho ya tengo, aunque con un poco de retraso, mi corona de adviento casi lista.

Pero ahora lo que toca es ver a gente de la que has olvidado los motivos por los que dejaste de verla, y cuadrar agendas, y planchar el vestido y la mejor de tus sonrisas para aguantar estoicamente la batería de preguntas que se te vendrán encima.

De este modo, hace un par de días, en la media hora del café, que se convirtió en una hora, el reencuentro bien lo merecía y ante un chocolate bien caliente (el mío) y cinco tazas de café, hablamos de niños (los suyos), de oposiciones, del auto del juez Chaves, de traslados, de mi compañero A. que cada día que pasa se esfuerza más por resultar simpático consiguiendo justo el efecto contrario, de elecciones, celebraciones de Nochevieja y Reyes Magos que vienen del lejano Oriente.

Y cuando ya nos levantamos y nos dirigimos a la puerta, en un aparte, mientras el resto camina ya en dirección a la calle, me pregunta qué tal estoy. Y evidentemente yo estoy bien, siempre estoy bien. Pero esa respuesta no la da por válida, que eso se sobreentiende, que ya se ve, pero que ella se refiere a qué tal estoy de amores, que lo demás no cuenta, ni importa, que carece de importancia. Y no sé qué contestar, porque no puedo decir que esté bien, no tengo amor en mi vida, no al menos en el sentido en el que ella lo pregunta. Pero tampoco estoy mal, supongo, que la ausencia de éste tampoco supone el abismo, aunque se echen de menos muchas cosas e incluso a algunas personas. Así que me encojo de hombros, ni bien ni mal, ya tú sabes, a verlas venir. Y ella asiente y poniéndose seria me dice que tal vez ha llegado el momento de que deje de correr, de huir siempre hacia delante... Y yo la corto antes de que siga, que conozco el discurso, que lo he repetido cientos de veces, que nunca aprendí a conjugar el verbo "conformar".

Más tarde, mucho más tarde, y ya en casa, suena el teléfono. Es Blancanieves con dos noticias. La primera un cambio en la fecha de la cena prevista de reencuentro trianual, la segunda el motivo del cambio. Una de esas noticias que te dejan muda y que una vez más te dan la medida de la realidad. Y hablamos de todo un poco y de nuevo tras preguntarme qué tal estoy y como tampoco le satisface mi respuesta, incide en lo de siempre, qué fue de aquél, y de ese otro, y del anterior y del penúltimo... para acabar una vez más diciendo que al fin y al cabo siempre le tendré a él esperándome. Pero la corrijo, no, hace mucho que dejó de esperarme, y aunque lo estuviese o siguiese haciéndolo, estaría perdiendo el tiempo. Nadie espera a nadie más de dos años... O no, porque ahora que lo pienso, puede que yo lleve diecisiete años esperando a alguien y me he acostumbrado tanto, que cuando me lo cruzo, cambio de acera, para poder seguir esperando.







P.D. Vittorio Gassman

martes, noviembre 30, 2010

sábado, noviembre 20, 2010

Miss U (too much)...




En realidad me echo de menos a mí misma... y esto lo aclaro ahora, que cuando colgué la canción debían de ser las cinco de la mañana de este sábado, más o menos. Para evitar suspicacias, básicamente, y que nadie que no sea, se de por aludido, aunque tampoco tenga importancia, si es que eso le hace feliz. Que me hacen gracia estas cosas... aunque a las cinco de la mañana sí echaba de menos a alguien... Y es curioso, porque yo nunca he sentido, leyendo a otros, que hablaran de mí... bueno, una vez, y además era algo malo, y así era ciertamente, que la intuición nunca falla. Y supongo que sí, que me hubiera gustado, que me gustaría, claro, que en cualquier rincón de este mundo 2.0 alguien en algún momento escribiera algo dirigiéndose a un "tú" y que ese "tú" fuera yo, como yo lo hago cuando hablo de ti, sea quien haya sido ese "tú", que a lo largo de cinco años ha habido unos cuantos diferentes y en realidad a mí me hubiese gustado que sólo hubiese sido uno, que al fin y al cabo ninguno pasó de ser una inicial escrita con letra mayúscula.

Me siento muy vacía... pero bien, supongo. Me he ido quitando envoltorios y miserias y me he sentado frente al espejo dispuesta a aceptar lo qué soy y quién soy, algo a lo que me he negado desde que tengo uso de razón, siempre haciendo y deshaciendo maletas y huyendo hacia delante. Tiene por cierto bastante que ver con temas laborales, esta especie de calma imprecisa que me envuelve; para que luego piensen algunos de ustedes que mi vida sólo gira en torno a los hombres o a la presunta ausencia de ellos en mi vida. Aunque curiosamente hace bastante tiempo que no me sentía tan sola rodeada de tanta gente y con tantos planes y tantos compañeros circunstanciales, aunque advierta que yo, como siempre, sólo estoy de paso. Lo que no deja de volver a ser de nuevo una huida para no estar nunca a solas y no tener que pensar y replantearme, para no respirar por mí misma. Aunque ésa sea otra historia.

Apenas queda algo más de un mes para que finalice este año. Podría borrarlo perfectamente de mi autobiografía. No me ha hecho más sabia, ni más alta, ni más guapa, ni mejor persona. No me ha pasado nada digno de ser recordado, enmarcado y colgado en la pared. Sólo que soy un año más vieja, que hay metas cada vez más improbables, ser madre, por ejemplo, que he acumulado de nuevo un montón de números en mi agenda que tendré que borrar, fiel al ritual, la noche de fin de año, cuando en la mayoría de los casos ya ni recuerde esas caras ni qué fue lo que nos unió, si es que alguna vez hubo algo. Tal vez haya llegado el momento de tomarme en serio a mí misma, tal vez de hacer algún tipo de terapia que reconduzca mi conducta, valga la redundancia, por qué disocio siempre, porque separo y clasifico y establezco fronteras. Y no soy capaz de valorar a quién me quiere, me aprecia y me valora, como si no me considerada merecedora de ello y en cambio me arrastre e idolatre a quién nunca va a hacerlo, por el motivo que sea, que eso siempre será lo de menos, a modo de refrendo de mi incapacidad para querer y ser querida.

Porque le dije a mi expediente X que yo ya no me acuesto con alguien con el que no estoy dispuesta a compartir el desayuno y luego le pedí que se fuera antes de que yo me despertara. Porque cuando él se disculpa y dice que me echa de menos, que qué lástima que justo ahora tras apenas dos semanas juntos haya tenido que irse fuera, fines de semana incluidos, a mí me de exactamente igual que sea cierto o no, que lo es, porque no he perdido ni un sólo momento pensando en él y en realidad la idea de que vuelva es lo último que me apetece; y tendré que decírselo, claro, o más bien recordarlo o repetirlo. Que no necesito frases hechas, ni excusas, ni promesas, que no quiero nada de eso, que no le quiero en realidad, que nunca prometí nada. Que no soy como las otras, aunque eso fuera él el que me lo dijera, y en realidad no es cierto, no lo soy con él, ni lo fui con el otro, ni probablemente vaya a serlo de nuevo, porque ellos no son él, sea quién sea ese él, que probablemente no exista, aunque sí sea real y de carne y hueso, que yo una vez lo vi, y le di dos besos, dos, uno por mejilla, y me abrazó en medio de un espejismo que duró, no sé, cuánto, tal vez tres segundos de un 'me gustaría', sabiendo que en realidad aquello era una despedida o más bien el comienzo de algo, pero por separado.

Y es que no quiero empezar de nuevo, porque estoy terriblemente cansada. Aunque tampoco me apetezca salir a la calle y en breve tendré, me obligaré a hacerlo. Y bajaré al mercado del Fontán y compraré flores, y devolveré el libro de Kirmen Uribe en la biblioteca y me compraré regalices rojos, y seguiré buscando una chaqueta de cuero que haga juego con mis ojos tristes y estaré un rato ante la A de Auster echando un vistazo a los libros con mi gabardina azul, y probablemente coma con P. que está tan sola como yo y además arrastra un gripazo de mil demonios, que todo es susceptible de empeorar. Le echaré un vistazo a los portátiles, a ver si definitivamente compro uno nuevo y tomaré medidas en la cocina, que debería comenzar a decidir cómo quiero que sea la nueva. Luego regresaré a casa, y me lavaré el pelo y hasta me pondré guapa, o al menos lo intentaré, que tengo una conversación pendiente esta tarde, y me tomaré unas cuantas cervezas, que a la segunda ya paso a ser simpática, a la tercera divertida y si llego a la cuarta, quién sabe... aunque quiero que termine pronto este sábado, y que el domingo pase a ojos cerrados y de nuevo sea lunes, y de nuevo estar ocupada con el trabajo y con mis discusiones con A. y con esos días de vacaciones a la vuelta de la esquina que en realidad no necesito porque no tengo dinero para largarme a cualquier sitio donde fuera a ser bien recibida.

Y me gustaría sentirme más triste, tanto que no fuera capaz de salir de la cama. O enfadada, con quién fuera, conmigo misma, con los demás, con alguien, que siempre es más fácil poder echarle la culpa de todo a alguien. Pero no estoy enfadada, y ojalá, porque saldría a correr por el Parque de Invierno con los Jayhwaks retumbando en mis oídos, que hoy es un día muy de ellos, sopla el viento y probablemente acabe lloviendo. Pero no puedo, porque nadie ha hecho nada malo, nadie se ha equivocado, ni ellos, ni yo. Sólo son caminos que divergen, sueños chiquitos que se desvanecen, los suyos y los míos. Sólo son silencios en los que no hay nada que decir. Porque yo ya no tengo nada que decir y a lo mejor ha llegado el momento de callarme.




P.D. Douglas Fairbanks Jr.



[Por cierto, dado que alguien me ha preguntado de forma anónima y obvio las formas, acerca del por qué ha casi desaparecido mi blogroll lo aclaro. Decidí quitarlo y meteros a todos en el Google Reader porque cada día era más grande y de esta forma me resulta más fácil leer las actualizaciones y además hacerlo, como suelo hacerlo yo, de puntillas y sin hacer ruido. Supongo que deberíais estar todos o no estar nadie, pero si dejé a algunos y algunas fue, no sé, porque fueron los primeros, porque hay personas, aunque ellos probablemente no lo sepan, que son parte fundamental de este espacio, cada uno porque tiene un trocito de él por motivos diferentes y derecho propio. Aunque todos, todos los demás, también forméis parte de esto y no siempre lo demuestre]

viernes, noviembre 19, 2010

Hay días, hay momentos, como éste, en los que nunca fueron tan ciertas mis palabras de que me encantaría besarte, pese a acabar de lavarme el pelo... pese a todo lo demás, que ya sería más que suficiente




Ayer regresaba a casa envuelta en esa nebulosa que produce la comida de más regada con el vino que no me gusta, pero del que es imposible abstraerse… Pero cómo no vas a probarlo, pero si por una copa, pero con lo bueno que está, pero si la tienes vacía, pero si da mala suerte brindar con agua, pero… que al final pierdes la cuenta de las que llevas, aunque en todo caso tampoco hayan sido tantas, y nada de café ni licores cuando comienza a desfilar ante mí la botella de güisqui, que una sigue teniendo sus principios aunque a veces se le olvide.

Subía por la calle, que en Oviedo siempre toca ir cuesta arriba o cuesta abajo, y pasaba ante el escaparate de una de las pocas, poquísimas, tiendas que aún malviven vendiendo vinilos. Sonaba la canción de abajo, la de más abajo, la de ‘Gin Blossoms’, en mis oídos, y me acordé de ti. Tal vez porque tú eres aún de esos tipos que aún compran vinilos o que sólo compran vinilos, tal vez porque a veces no se necesitan excusas aunque ciertos recuerdos no tengan demasiado sentido.

Y traté de imaginarte. Dónde estarías, qué estarías haciendo, con quién. Y te imaginé feliz y sonriente, happy, que bien dirías tú. Y me salió una sonrisa, de ésas que se dibujan por dentro, por debajo del pecho y que en realidad te oprimen un poco; pero sonrisa al fin y al cabo, que siempre es bueno que la gente a la que aprecias, aunque sea de rara y extraña manera, lo sea. Te imaginé con esta canción de fondo,  la que se colaba en ese preciso instante en mis orejas, y encendiendo un cigarrillo, como la primera vez que te vi, ligeramente encorvado, como protegiéndote del frío o del viento, aunque no recuerdo que ese día hiciera frío en la ciudad, o tal vez lo haya olvidado.

Y pensé que un día de estos me gustaría hablar contigo, llamarte y preguntarte, hey, qué tal te van las cosas, y que tú me digas que bien, que estás feliz y en calma y con optimismo y futuro. Aunque sé que no lo haré, que hay cosas que dejaron de tener sentido hace mucho tiempo aunque otras no vayan a cambiar nunca. Porque ahora debería decir que aunque te pareciera increíble si leyeses esto, o absurdo o sin sentido, que sigues siendo mi chico raro preferido, pero bueno, qué más da, que al fin y al cabo no lo vas a hacer y al resto menos que les importa o debería importarles.






"I'd heard rumors and I'd heard talk
About the trail you'd left of broken hearts
About the sea of tears too wide to cross
But a little bad press has never scared me off
So I burned a path to figure out
How to get me some of what you got
I've got a red hot heart
If the talk is true your's is the same
And we should be together
And let our passions fan love's flame

When I looked for you I almost passed you by
You were so cool and calm I thought my friends had lied
But I thought so much reserve must make you wild inside
It was there and then that I knew I had to get some of what you got

I've got a red hot heart
If the talk is true your's is the same
And we should be together
And let our passions fan love's flame

I thought I'd won your heart when I held you hand in mine
I thought it was true love the way we complemented each other
But my right is your wrong
And when you're right then I'm left with nothing
Your light and your heat have all been spent
Leaving only smoke and ashes
Only smoke and ashes baby

I've got a red hot heart
Any your heart's as blue as the blood in your veins
I say there's fire down below
You say it's only smoke and ashes baby

I'm crying all the time
Salty stinging tears
And mourning for the past carbon-dated years
But knowing now for certain that you were always right
Because if a breeze could blow you out of my life
It's only smoke and ashes baby
Only smoke and ashes baby

I've got a red hot heart
And your heart's as blue as the blood in your veins
I say there's fire down below
You say it's only smoke and ashes baby

I was blinded by devotion
My unwavering love for you
So blinded that I thought all your lies were true
But now I know for certain since you've gone away
It was just a smoldering fire I mistook for a blaze
Only smoke and ashes baby

I've got a red hot heart
And your heart's as blue as the blood in your veins
I say there's fire down below
You say it's only smoke and ashes baby
Only smoke and ashes baby, baby..."



P.D. Lauren Bacall

viernes, noviembre 12, 2010

De cien manos tendidas, cómo saber cuál es la que me lleva a ti...





Tomaba un café hace unos días, la semana pasada, creo, con un amigo; aunque no sé por qué digo café si en realidad yo nunca tomo café, no me gusta, y no recuerdo si él efectivamente lo hizo... creo que sí, pero vamos, poco importa. Lo cierto es que la conversación iniciada entonces siguió días más tarde en un breve y raudo intercambio de correos al filo del anochecer. Bueno, que estábamos dilucidando una cena con el si tú vas yo voy, si tú no vas yo tampoco voy, etc, etc... Sonaba "Racing in the street" (la versión de "The Promise")... entre otras cosas, y yo, en fin, tampoco importa, no sé por qué me entra ese furor por tener que contarlo todo. Y en definitiva, que acabamos o más bien acabé por retomar la conversación mantenida días atrás.

Hablábamos, hablé, cómo no podía ser de otra forma, de relaciones, o de la ausencia de ellas, o de la búsqueda. De que yo no he sido nunca una chica 2.0, de ésas que se recorren media España para quedar con un tipo con el que lleva 'chateando' dos meses y al que no ha visto nunca, entre las cuatro paredes de una habitación de hotel. Algo que sin duda me parece estupendo, y más habitual, de eso me estoy dando cuenta últimamente, de lo que parece. Aunque no pueda evitar pensar que la gente es muy osada o muy inconsciente o muy ingenua o no sé, y que yo no soy nada de eso o puede que todo lo contrario. Y que tampoco entiendo por qué si normalmente no suele haber pudor alguno en reconocer que has ligado con tal o cuál muchacho que conociste en la cola del cine o en la barra del último bar, se guarde en secreto bajo sumario que te subiste a un tren a seis horas de distancia para quedar con alguien y ponerle cara por primera vez a unas letras. No juzgo, no critico, sólo opino, a lo mejor yo también lo guardaría como el mayor de mis secretos, no sé, quién sabe. Me sorprende, en todo caso...

Y me sorprende él, que me dice que también se ha subido al carro de las nuevas tecnologías como medio no sólo de comunicación, sino de ligue. Y no puedo evitar preguntar asombrada que si es cierto, que si se liga de verdad de la buena. A preguntar cómo era eso del ciber-sexo, pues como que no, básicamente porque me parecen dos palabras tan incompatibles y contradictorias y excluyentes entre sí, que descarto el tan sólo imaginar cómo tiene que ser eso. Pero lo otro sí me interesa, porque últimamente me estoy planteando más que seriamente la virtualidad como vaso comunicante. Y tiene gracia que esa incierta decisión me llegue ahora, recién salida de mi letargo existencial y cuando más he socializado y comunicado e interactuado, que es verdad que es la falta de amor la que llena los bares, o tal vez por eso, porque en estos últimos meses he conocido y presuntamente ligado con más personas que en el último año y les aseguro que nunca me he sentido tan sola como ahora, rodeada de gente.

Y hablo del blog, que a lo mejor podría ser un medio, ¿no? Que ahí aparece mi dirección y hasta mis fotos y mis miserias, que dejad que se acerquen a mí. Pero no, llegamos a la conclusión de que este medio no es el medio adecuado. Y él opina que quizás debería abrir uno alternativo, tal vez más anónimo, más cerrado a las tristezas y a mis verdades y anhelos y sueños truncados y todo eso de lo que éste se alimente. Con otro tipo de historias, más insinuantes o pícaras o no recuerdo exactamente el adjetivo que utiliza, que de seguro entonces despierto las curiosidades masculinas ajenas, dice. Y yo pienso, qué poco me conoce, que no sólo es que no tenga talento alguno para el relato semierótico o insinuante o con doble vertiente o cómo se le quiera llamar, es que tampoco tengo ningún interés en algo así, pero ninguno, de verdad de la buena. ¿Que acaso no me quejaba yo hace días de que de pronto y sin venir a cuento y sin yo pretenderlo ni buscarlo, en cierta parte masculina de mi entorno se ha instalado la primavera? Y ya conté aquí que no es que me molestara, ni me ofendiera, que en todo caso me desconcertaba y para nada halagaba, aunque pocos lo entiendan. Y él parece no entender entonces de qué me quejo, si ya tengo eso, hombres dispuestos a ofrecerme sexo a cambio de un rato de compañía, conversación y tal vez una cena sentados entre cojines viendo "Carta a tres esposas". Cómo si no hubiera más que eso, o yo no tuviera derecho a aspirar a otra cosa, a algo que parece sólo existe en mi imaginación, en mi universo paralelo, porque entonces me pregunta qué es lo que tú quieres entonces, como sin comprender que alguien rechace eso o no lo valore o lo aprecie. Y no sé qué contestar, no sé cómo explicar, me resulta tan obvio... que me tomen en serio digo, y nada más pronunciarlo me doy cuenta de lo raro, de lo mal que ha sonado.



Y de repente se me ha ocurrido algo, una estupidez, un desvarío de los míos, al margen del blog, de las barras de los bares, de las redes sociales y el Meetic. Que ya hablé alguna vez del atractivo, de la fascinación que siento por las bibliotecas, por los anaqueles llenos de libros, por la H de Hornby, la A de Auster, la M de Marías y McCarthy, la R de Roth. Elegir una letra, elegir un día, elegir una hora, y bienvenidos al bookcrossing humano tirando del hilo de Ariadne...







P.D. Louise Brooks

miércoles, noviembre 03, 2010

Es la vida... la tuya, la suya, la nuestra... pero ha podido ser un sueño



Si hay algo que a Sal le gusta tanto como las listas, es hacer miniencuestas en su entorno más inmediato sobre cuestiones propias. Que no sabe qué camino seguir, qué decisión tomar o qué color le sienta mejor a su tono de piel, pues pregunta aquí, allí y más allá y suma, resta, y multiplica dibujando tablas a dos columnas y concluye.

De este modo, esta mañana, decide preguntar en su entorno laboral, eminentemente masculino, sobre mi invitación de este viernes. Evidentemente sin permiso, el mío, se entiende. Poco importa, porque aunque me hubiera preguntado y le hubiese dicho que no, que ni se le ocurriera, lo habría hecho igualmente.

Así que en su quinto email de la mañana -el primero fue para enviarme un enlace sobre una noticia de Bruce en Roma que ya había leído, el segundo para decirme que habían salido las notas (corte en 70 con 80 aprobados en el turno libre y de 35 con 26 en la promoción), el tercero para confirmar que sí, que está embarazada quién yo sé, que ya es oficial y que tiene 41 (los correos son más discretos que las llamadas telefónicas extensión a extensión), el cuarto para decir que el café a las 11:10- me envía un estudio pormenorizado del resultado de su breve encuesta, las respuestas del respetable masculino a la pregunta: ¿Si una chica te invita a su casa un viernes noche a ver una película del año de la polka en blanco y negro, probablemente "The gosh and Mrs. Muir" en versión original subtitulada, cómo lo interpretas, polvo o película, truco o trato?

Y yo me doy por vencida. Que luego la inmadura soy yo, la infantil e ingenua, y sigo sin entenderlo, tal vez por eso. Me he pasado media vida escuchando decir a los hombres que las mujeres somos complicadas y retorcidas, que nunca decimos lo que pensamos o que en todo caso decimos justo lo contrario, que preguntamos sólo para que nos reafirmen y escuchar lo que queremos escuchar, que ellos son más honestos (en esto estoy de acuerdo, pero sólo consigo mismos), que están cansados de los malentendidos, de los juegos de palabras, de las dobles intenciones, de que no tomemos la iniciativa y luego resulta que si invitas a alguien a casa a VER UNA PELÍCULA, te estás insinuando; pero si le dices literalmente que lo que quieres es acostarte con él, sale huyendo asustado.

Porque si yo quisiera lo segundo, que no lo quiero, lo diría sin ambages, y parece que no, que eso también es un error. Que Sal, la voz de mi conciencia me lo recuerda:

-'¿No te acuerdas, bonita, de que llamaste energúmeno a aquel tipo que se abalanzó sobre ti en el sofá al que te había invitado para el último café y tú, aunque ni siquiera te gusta el café, aceptaste porque tenías curiosidad por conocer su casa; o de aquel bombero que se empeñó en enseñarte su colección de vinilos o de lo que me contabas hace dos días, que te envía E. un SMS a eso de las diez porque se está preparando una pizza y te invita a cenar y a que te pases por su casa y como tú respondes que ya has cenado, tres SMS's después no le queda otra que decirte a las claras que lo que quieres es que te presentes con un abrigo y nada debajo... intuyo que cenó solo; o por qué crees que el que yo considero que hubiera sido el perfecto padre para tus hijos te acompañó el viernes hasta casa donde tú le despediste antes de entrar en el portal con los dos besos de rigor y un hablamos? ¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que le dijiste a un tipo, al extraño, ¿follamos? o quiero follar contigo", que no recuerdo, desde un taxi y a altas fiebres de la madrugada?... Pues eso, métete en esa linda cabecita que nunca peinas, que la última copa nunca es la última.

Lo asumo, mi mente es plana, hablo un lenguaje diferente, tendré que agenciarme un diccionario Daeddalus-Resto del mundo/Resto del mundo-Daeddalus... y o anulo la cita o a ver cómo le explico a mi expediente X que sólo habrá película en blanco y negro y en versión original...








P.D. Kim Novak y William Holden en "Picnic"



[Escuchando a Los Madison, que con permiso de "The Promise", ésta está siendo su semana]

martes, noviembre 02, 2010

Confusas salidas convergen en este laberinto.




¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No... ¿Me siento halagada? Tampoco... ¿Desconcertada? Puede... pero no. ¿Indiferente? Probablemente sea indiferencia lo más cercano a lo que me provocan estas situaciones. ¿De qué situaciones hablo? Se preguntarán... o no; en todo caso yo les cuento y ustedes deciden si quieren seguir leyendo o no.

Yo no he sido nunca especialmente llamativa, ni guapa, ni atractiva; no soy de ésas en las que te fijarías nada más entrar en un bar, ni te darías la vuelta para mirarme si paso a tu lado por la calle. Tengo mis días, supongo, que ya decía Coco Chanel que no hay mujeres feas, sino mal arregladas, aunque yo sí creo que hay mujeres feas, y hombres, y hasta mediopensionistas. Porque tampoco estoy de acuerdo con que a los segundos se les perdone todo si son simpáticos o si nos hacen reir, porque en todo caso serán los tipos simpáticos, pero feos. Y sí, lo sé, tengo un gran defecto y una gran tragedia (en realidad tengo muchos, pero eso ustedes ya lo saben) y es que a mí me gustan los guapos, y bueno, también los feos atractivos, que en definitiva suelen acabar por tener más de atractivos que de feos, y a mí me interesa más el atractivo que la belleza. Eso sí, sin olvidar que la belleza y el atractivo son dones muy mal repartidos y muy subjetivos, y que lo que a mí me parece bello a Vd. le puede resultar indiferente; al margen de ser ampliamente generosos, al menos en mi caso; que en el pack va la voz, las manos, los gestos y hasta ciertas ideas... y eso sólo sería el principio.

Tampoco me considero, ni creo serlo, sexy, sensual, sexual, ni ninguno de esos adjetivos que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. De hecho lo he repetido unas cuantas veces, mi atrofia emocional y mi incapacidad para la empatía hacen juego con mi atrofia sexual. Puede que sea una lesbiana reprimida, puede que sufra una anomalía, pero el sexo, al menos en este momento, compartir sudor y sábanas revueltas, me interesa menos que nada. En realidad suelen ir a la par, mis épocas de carestía emocional con las de carencia sexual, lo que me lleva a plantearme algo que no me gusta demasiado, que he acabado con el paso del tiempo y de los años y de los amantes más o menos circunstanciales, establecindo una relación inequívoca entre sexo y emociones y probablemente sentimientos; llegando el momento en el que nada se soluciona ya con un polvo en los baños masculinos de cualquier bar con un desconocido cualquiera en una madrugada de sábado cualquiera. Aunque nada se solucionase entonces, pero ustedes ya me entienden.

Por todo lo anterior me desconcierta, en parte, la hipersexualidad despertada este otoño en parte de mi entorno masculino. Y no me refiero al virtual, a que haya ciertos lectores que opinen que lo soy o que lo parezco o que se lo pregunten, sexy, sensual, sexual, todas esas palabras que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. No a que alguien, no recuerdo quién, me diga que más que sexy soy erotizante o excitante, que parece que no viene a ser lo mismo, y no sé si me gusta del todo la idea, que de poder elegir me quedaría sin duda con lo primero. No, me refiero a que amigos del género masculino, y hablo de amigos a secas, nada que ver con ese concepto del que yo apenas gasto, nombrado por cierto por una palabra que odio, "follamigos"; hombres con los que he compartido, cenas, cines, confidencias, charlas, cervezas y en algunos casos, no en todos, en realidad en los menos, intimidades varias en el principio de los tiempos; en otros, más recientemente; me vengan ahora con urgencias y deseos insatisfechos. Como si sus lindas cabecitas hubiesen resuelto la siguiente ecuación:

Follar= Chica rara triste y solitaria+vive sola+lado izquierdo de su cama vacío+evidentes síntomas de atrofia emocional, victimismo y ego y vanidad desorbitados

¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No.

¿Me siento halagada? Tampoco.

¿Desconcertada? Puede... pero no.

No creo que ser deseada sexualmente sea un motivo de halago, tampoco me ofende o me molesta, pero sí es cierto que en parte me desconcierta porque para nada es lo que yo busco, provoco o deseo y me lleva a plantearme qué tipo de "señales" transmito para que no uno, ni dos, ni tres personas en los últimos tiempos, y hablo de un período digamos de un mes, personas que me conocen y pese a todo me aprecian, de repente me hayan convertido en su obscuro objeto de deseo. Por no mencionar a la contra, que al único hombre al que yo he deseado en parte (aunque tampoco era exactamente eso lo que buscaba en él, pero vamos, que sí en determinados momentos, no tengo por qué no reconocerlo) me haya rechazado. Aunque ésa sea otra historia...




P.D. Mylène Demongeot

miércoles, octubre 27, 2010

I want my soul to feel brand new






Me cuenta Sal, en medio de su penúltima crisis erótico-senti-existencial con ese impresentable con el que comparte la parte de su vida y de su cama que él le permite compartir, que se ha pasado casi una hora llorando y borrando mensajes de móvil y correos, a modo de anticipo para borrarle de su vida. Aunque ambas sabemos que podrá borrar lo primero, pero no lo segundo. Extraño caso de dependencia el suyo, o tal vez es que todas lo sean, las dependencias, irracionales, digo.

Supongo que aunque debe de ser una buena catarsis, al margen de cuestiones de espacio, virtual, y sin atender a la higiene mental; yo nunca lo he hecho, básicamente porque soy de efectos más inmediatos, sin criterio alguno saco la goma y fijo, limpio y doy esplendor sobre la marcha. Si no voy a contestar, para qué mantenerlo, y si voy a hacerlo, una vez hecho, para qué mantenerlo.

Bueno, venga, sí, que alguno o algunos conservo, y quién no, pero esto no se lo cuenten a nadie... pero no es norma, es excepción, que de cuando en cuando llega un puñado de frases dignas de ser recordadas, atesoradas durante un tiempo para ser releídas, o no, que a veces sólo cuenta que estén ahí. Aunque inevitablemente siempre, más temprano que tarde, llegue el momento en el que mantenerlos sea absurdo y no quede más remedio que la purga. Por mucho que joda duela. Porque duele, para qué negarlo, al menos en algunos casos.

Por ejemplo tengo un email en mi bandeja de entrada fechado el 8 de julio de 2010. Es el más antiguo del puñado de ellos que conservo, que sí, que conservo unos cuantos pese a todo, y ahí se quedarán una buena temporada. No sé por qué no lo borro, si ni siquiera lo contesté. Una felicitación de cumpleaños, mi respuesta, la respuesta a mi respuesta... y ahí se quedó, testigo mudo de una comunicación truncada. No dice nada importante, ni digno de recuerdo, ni siquiera de alguien que lo sea. Pero supongo que de alguna forma el día que lo borre habré borrado una parte de mí, que si bien yo mutilé de mi vida, de momento, paradójicamente, quiero que siga ahí.

Con los SMS me ocurre algo parecido. En cuanto envío uno, lo borro ipsofactemente, como diría Fever; de forma compulsiva e irreflexiva. Y claro que hay excepciones, muchas, tal vez demasiadas; aunque a día de hoy, y ni siquiera tengo que coger el teléfono y mirar para comprobarlo, sólo conservo un primer mensaje enviado por mí, que de momento sé que no voy a borrar.

En el buzón de entrada ocurre lo mismo, recibo y borro, conteste o no conteste. Y sí, conservo alguno, pocos, pero ahí están, y lo que les queda, supongo. El día que los borre habré vuelto a la normalidad, el caso es que no sé quiero despertar... o no puedo.






P.D. Helen Mack y Chester Morris

martes, octubre 26, 2010

Dice Quique que de haberlo sabido no hubiera sido la noche en tu espalda, ni hubiera habido corazón en la garganta...



"Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido
procura tener a la mano a un amigo que cuide tu frente y tu voz.
Y que cuide de ti, para ti y tus vestidos
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano a tu amigo.

La importancia de verte y morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación.
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios
esos labios rojos y afilados
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estas contenta.
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.

Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada porque no vaya a ser yo el viento de la noche
y te mida y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí.
Porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo
tiembla mucho de miedo mujer
porque no puede ser..."



Sí, de haberlo sabido, de haberte avisado... no hubiese dejado de ser lo que nunca tuve que dejar de ser y ahora ya no quiero ser...





P.D.Gracias Amber, por descubrírmela...

lunes, octubre 18, 2010

Para seguir tejiendo de colores una realidad a medida





Cuando ustedes lean esto será al menos lunes por la tarde, y vayan ustedes a saber por dónde andaré yo. A lo mejor seguiré delante de una pantalla en blanco en la oficina o camino de casa o en el supermercado haciendo la compra, paseando escuchando a Emmylou Harris, durmiendo la siesta, haciendo spinning, comiendo, leyendo o 'mad menizándome'. Me gusta escribir en un determinado momento y hacer que se publique en otro... ya lo he contado unas cuantas veces. Así que ahora, a una incierta hora de la tarde del domingo, escribo esto, que puede que vea la luz mañana, o tal vez no... que generalmente no releo lo que escribo, y tal vez debería...

Anoche me comporté bien, para ser un sábado. A las nueve estaba en casa, y las once en la cama, que tocaba madrugar e ir de romería a un examen con media función pública asturiana. Leí unas cuantas páginas de un libro que no me gustaba y acabé por dormirme al filo de la medianoche mecida por Schubert. Y a las 2:17 sonó el pitido de un SMS. Sé la hora exacta porque estoy ahora con el móvil en la mano borrando mensajes y tratando de entender algunas cosas que no entiendo, e imagino que nunca acabaré por entender.

Confesaré dos cosas: una, que de primeras no pensaaba contestar al "estas up?", entre otras cosas porque no lo estaba hasta que me despertó el teléfono, y dos, de segundas, la decepción; sí, lo siento, hubiese deseado que hubiese sido otro, si espero que alguien me despierte de madrugada con un mensaje, que al menos fuera con el mensaje inconveniente#2, o aunque no fuera inconveniente, incluso mejor así. Y no, no se crean, no hay tantas personas que tengan mi número y se dediquen a enviarme mensajes de madrugada (y no tan de madrugada), pero alguna, incomprensiblemente, si hay... sólo que era la equivocada... o puede, probablemente, que la equivocada sea yo...










P.D. Claudia Cardinale

sábado, octubre 16, 2010

Heart with no companion





Probablemente, sin duda, si echara la vista atrás y leyese, por ejemplo, lo que aquí escribí hace justo un año, seguro que no me equivocaba si digo que te nombraba sin nombrarte. Hace ya un año y unos cuantos meses, verano del 2009, hiciste acto de presencia en eso que algunos se empeñan en llamar vida. No eras el más guapo, ni el más alto, ni siquiera tus chistes eran buenos, pero tu seguridad en ti mismo abrumaba y mi inconsciencia hacía juego con ella; que te lo dije a tiempo, no cariño, no es que sea valiente, es que soy una inconsciente, y tú dijiste vale y me subí a tu coche.

Desde entonces has entrado y salido tantas veces de eso que algunos llaman mi vida, que he perdido la cuenta de las veces que quise que te fueras, de las veces que te eché de menos. Incluso de que una vez te dije que creía que me estaba enamorando de ti, aunque el matiz estaba en el verbo creer, que por cierto tú no supiste o no quisiste ver... que joder, Dae, no me hagas esto, que esto no está bien... y seguiste conduciendo en una noche por carreteras sin nombre bajo la lluvia.

Que yo no sé filtrar, no sé determinar qué información es la adecuada, no sé callar si siento que tengo que contar; aunque bien sé que cualquier otra mujer con dos dedos de frente sabe retirarse a tiempo, sabe asumir lo inevitable y no dibuja una realidad paralela a su antojo. Pero no, yo no, yo hago declaración de intenciones y envío febriles SMS en plena madrugada. Lo que tú nunca entendiste es que yo no buscaba tu respuesta, yo no buscaba tu reacción, y a ti, que siempre decías que lo mejor de mí, a diferencia de otras, es que siempre era honesta, dejaba de gustarte mi sinceridad. Simplemente no entendía por qué debía callarme, por qué debía fingir una indiferencia que no sentía... que bien sé que es lo correcto, que es lo que se estila. Como siempre me decía Sal, nunca hay que dar un paso hasta estar convencida que no va a ser en falso; a la que por cierto nunca le gustaste, aunque eso fuera mutuo y se lo haya callado durante demasiado tiempo. Que ésa es otra, yo siempre defendiéndote, más por costumbre que por convicción. Incluso hace unos días, que me encontré por casualidad con el innombrable, el desaparecido, tu admirado y querido Gurb (que sí, que ya sé que es mutuo y la culpa es mía, no podía ser de otra manera). Que te nombró en la segunda frase, tras el saludo, y a partir de la quinta no dejó de hablar de ti, y ya te imaginas que no precisamente con cariño, que del amor al odio hay un paso; aunque yo permanecí inquebrantable a mi lealtad no elegida, cuestión de mal entender la educación, supongo. Pero, ¿sabes?, se acabó, y no, porque a partir de ahora cuando oiga que otros te critican, incluso tus alumnos, ¿sabes que una vez escuché una conversación en un garito de Cimadevilla entre dos chicos que hablaban sobre ti?, o con D., que jamás se atrevió a hacerlo abiertamente delante de mí, como si a mí me importase o no supiese que se callaba más de lo que contaba... No, no pienso a volver a defenderte... en realidad no pienso volver a hablar de ti. Y mañana por la tarde, cuando suene el teléfono, que ése es tu hábitat natural, los domingos por la tarde, no lo cogeré, sonará a ritmo de Mancini o lo que es peor, cortaré la llamada, y claro, como tú no lees esto tendrás que llegar tú solito a semejante conclusión.

Y el próximo en habitar el limbo será Gurb, aunque a éste no creo que le pille de sorpresa.

Y oigan, qué bien sienta sacar la goma de borrar, aunque una se quede sola, más si cabe... pero siempre me quedará Bruce, que la música nunca nos abandona... y qué ganas, y qué bien suena, y que ya queda menos... y siempre queda algún extraño, al que nunca se ha tenido y por tanto es fácil extrañar, al que apenas se conoce y por tanto es fácil imaginar, you know, que como decía el poeta, sé que existe porque yo le imagino. Aunque aún no haya aprendido a filtrar y a callar y a fingir y a limitar; aunque no deba decirlo, pero si lo siento, por qué habría de callarlo... miss you.







[Suena Leonard Cohen]

miércoles, octubre 13, 2010

Cerrado por derribo



Estoy intentando centrarme, bajarme de los dos palmos a ras de suelo sobre los que ando últimamente. Para no perder la costumbre no tengo sueño y no quiero perderme en la cama dando vueltas así que he abierto la ventana de par en par y me he asomado a la noche, que está fresquita y es de esos momentos en los que desearía ser fumadora. Uno es esos momentos de cigarro acodada en la ventana y con la única luz de la brasa encendiendo la noche y tener a alguien a quien escuchar, alguien a quien contarle. No sé, sé que me repito muchísimo, sé que aquí, en este rincón, desahogándome, dándole vueltas siempre a los mismos temas, mi mismidad, mi soledad y mi autocomplacencia, lo que hago es suplir esa falta, la de tener a alguien que me mire a los ojos, me escuche y me cuente. Pero también sé que no es suficiente, que no es lo mismo, que no es más que un espejismo... que yo no soy así o no lo soy todo el rato, que sé sonreír, y hasta me río aunque los chistes sean malos, y me gusta la gente, o al menos una parte de ella... Y no sé, ya no sé hacia donde mirar ni que dirección seguir.




Llevo más de diez minutos mirando una pantalla... y debería... justo lo contrario de lo que estoy haciendo.


P.D. Jeanne Moreau

lunes, octubre 11, 2010

Me echo de menos





Sólo eso...


La banda sonora deberías ponerla tú... Tampoco cuesta tanto dedicar una canción, ¿no?


P.D. Betsy von Furstenberg

miércoles, octubre 06, 2010

No merece la pena dramatizar las cosas... aunque yo lo haga continuamente




En días como el de hoy en los que no pasa nada y todo parece estar en su lugar me acuerdo de ti. Leo lo que escribí sobre nosotros, aunque nunca llegara a haber un nosotros, o no del todo... Y pienso que tal vez debería echarte de menos, o que tal vez debería querer que un buen día volvieras, como si no hubiese transcurrido el tiempo ni nuestras vidas. Aunque sean otros los que me añoren a mí y yo ya no tenga a quién extrañar... o tal vez sí.









"Once we rode together
In a metal firecracker
You told me I was your queen
You told me I was your biker
You told me I was your everything
Once I was in your blood
And you were obsessed with me
You wanted to paint my picture
You wanted to undress me
You wanted to see me in your future
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you

Once you held me so tight
I thought I'd lose my mind
You said I rocked your world
You said it was for all time
You said that I would always be your girl
We'd put on ZZ Top
And turn em up real loud
I used to think you were strong
I used to think you were proud
I used to think nothing could go wrong
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
I told you"




[Qué habríamos hecho de no existir Lucinda]

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