martes, noviembre 15, 2011
jueves, septiembre 22, 2011
Cruzando la frontera
¿Por dónde empezar? Por la verdad, dirás tú; tan manida, añadiré yo. Pero he prometido hacerlo, por vez primera, porque si nunca la dije fue porque siempre la verdad ha sido una mentira. Y la verdad es que te echamos de menos, así en plural, y no me refiero precisamente a mi yo, mi ego y mi super-yo. Sino a todos (y todas) o a todas (y todos)... Y que mejor forma de inmortalidad, chale (y sé que no estás muerto, pero estar a 20.000 km en la costa del Pacífico no deja ser una forma de óbito) que la de permanecer en el recuerdo de aquellos que te conocieron, independientemente de que te hayan querido, envidiado u odiado.
Cuídate, dale a los tragos con moderación, que la risa te atraviese y te abrase como el sol de tu desierto, agarra bien fuerte y de veras a tu boricúa y manda aviso cuando cruces la frontera, que la Quela allá por el norte se siente muy sola entre tanto gringo mal nacido. No tiene como otros el don de la adaptación a los territorios hostiles, eso es de lo poco bueno que tiene haberse criado entre alacranes.
El resto de verdades las dejamos para el próximo encuentro, ya lo decía la pequeña Violeta, las verdades siempre sobran y a nosotros tiempo nunca nos falta. Hasta que vuelvas te iré guardando un buen puñado de ellas pa' echártelas bien directitas a la cara como el humo de tu mota... por si no te resultaron suficientes las hasta ahora escuchadas, añade Chava, que revolotea por aquí vigilando las notas desafinadas del mariachi que has dejado incompleto, persianas bajadas en la calle Jazmín, insomne y como decía el poeta, careciendo, ante ti, de todos los recursos.
Fdo. Tus carnales.
Y recuerda... morir matando es la Ley, así comienza el corrido...
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miércoles, diciembre 22, 2010
Ya lo cantaba Gastelo, te vas a quedar con las ganas, o no... y ni siquiera sé si es afirmación o pregunta
Podría decir que no me gusta caminar de la mano por la calle. Que no me gusta dormir acompañada, que será la falta de costumbre, y aunque sólo ocupe el lado derecho de mi cama y nunca invada el izquierdo, lo prefiero vacío. Que la ducha mejor a solas y no tener tras de mí mientras me aplico el eye liner, a alguien ajustándose la corbata, que ni siquiera sé hacer nudos de corbata. Que nunca desayuno y no sé hacer café, que me levanto con prisas, tarde, mal y nunca y cinco minutos más en la cama sólo si voy a dormirlos... Podría decir que mi cuerpo es prisionero del miedo...
P.D. Romy Schneider
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lunes, diciembre 13, 2010
Habitando la escarcha, que alguien me dijo una vez que es la que incendia los labios, aunque ahora simplemente se dedique a colarse entre las grietas envenenándolo todo de violetas, que ya saben, es el color de mi olvido
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sábado, diciembre 11, 2010
Pepe Risi, que estés en los cielos, hace mucho que se lo preguntaba... ¿a quién voy a cazar?
P.D. Joan Blondell
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viernes, diciembre 10, 2010
Nada puedes perder, te digo... porque no tienes nada....
Nada puedo perder, por tanto... yo tampoco tengo nada. Pero... siempre hay un pero.
P.D. Montgomery Clift
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viernes, diciembre 03, 2010
A veces creo que me lo merezco. Otras en cambio creo que son los demás los que no se lo merecen...
Pero ahora lo que toca es ver a gente de la que has olvidado los motivos por los que dejaste de verla, y cuadrar agendas, y planchar el vestido y la mejor de tus sonrisas para aguantar estoicamente la batería de preguntas que se te vendrán encima.
De este modo, hace un par de días, en la media hora del café, que se convirtió en una hora, el reencuentro bien lo merecía y ante un chocolate bien caliente (el mío) y cinco tazas de café, hablamos de niños (los suyos), de oposiciones, del auto del juez Chaves, de traslados, de mi compañero A. que cada día que pasa se esfuerza más por resultar simpático consiguiendo justo el efecto contrario, de elecciones, celebraciones de Nochevieja y Reyes Magos que vienen del lejano Oriente.
Y cuando ya nos levantamos y nos dirigimos a la puerta, en un aparte, mientras el resto camina ya en dirección a la calle, me pregunta qué tal estoy. Y evidentemente yo estoy bien, siempre estoy bien. Pero esa respuesta no la da por válida, que eso se sobreentiende, que ya se ve, pero que ella se refiere a qué tal estoy de amores, que lo demás no cuenta, ni importa, que carece de importancia. Y no sé qué contestar, porque no puedo decir que esté bien, no tengo amor en mi vida, no al menos en el sentido en el que ella lo pregunta. Pero tampoco estoy mal, supongo, que la ausencia de éste tampoco supone el abismo, aunque se echen de menos muchas cosas e incluso a algunas personas. Así que me encojo de hombros, ni bien ni mal, ya tú sabes, a verlas venir. Y ella asiente y poniéndose seria me dice que tal vez ha llegado el momento de que deje de correr, de huir siempre hacia delante... Y yo la corto antes de que siga, que conozco el discurso, que lo he repetido cientos de veces, que nunca aprendí a conjugar el verbo "conformar".
Más tarde, mucho más tarde, y ya en casa, suena el teléfono. Es Blancanieves con dos noticias. La primera un cambio en la fecha de la cena prevista de reencuentro trianual, la segunda el motivo del cambio. Una de esas noticias que te dejan muda y que una vez más te dan la medida de la realidad. Y hablamos de todo un poco y de nuevo tras preguntarme qué tal estoy y como tampoco le satisface mi respuesta, incide en lo de siempre, qué fue de aquél, y de ese otro, y del anterior y del penúltimo... para acabar una vez más diciendo que al fin y al cabo siempre le tendré a él esperándome. Pero la corrijo, no, hace mucho que dejó de esperarme, y aunque lo estuviese o siguiese haciéndolo, estaría perdiendo el tiempo. Nadie espera a nadie más de dos años... O no, porque ahora que lo pienso, puede que yo lleve diecisiete años esperando a alguien y me he acostumbrado tanto, que cuando me lo cruzo, cambio de acera, para poder seguir esperando.
P.D. Vittorio Gassman
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martes, noviembre 30, 2010
Alguien me dijo una vez que el olvido tenía el color de las violetas, como algunos amaneceres o su mirada al fondo de un vaso de ginebra

[En permanente deconstrucción]
P.D. Mary Lee Eppling y Douglas Fairbanks Jr
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sábado, noviembre 20, 2010
Miss U (too much)...
Me siento muy vacía... pero bien, supongo. Me he ido quitando envoltorios y miserias y me he sentado frente al espejo dispuesta a aceptar lo qué soy y quién soy, algo a lo que me he negado desde que tengo uso de razón, siempre haciendo y deshaciendo maletas y huyendo hacia delante. Tiene por cierto bastante que ver con temas laborales, esta especie de calma imprecisa que me envuelve; para que luego piensen algunos de ustedes que mi vida sólo gira en torno a los hombres o a la presunta ausencia de ellos en mi vida. Aunque curiosamente hace bastante tiempo que no me sentía tan sola rodeada de tanta gente y con tantos planes y tantos compañeros circunstanciales, aunque advierta que yo, como siempre, sólo estoy de paso. Lo que no deja de volver a ser de nuevo una huida para no estar nunca a solas y no tener que pensar y replantearme, para no respirar por mí misma. Aunque ésa sea otra historia.
Apenas queda algo más de un mes para que finalice este año. Podría borrarlo perfectamente de mi autobiografía. No me ha hecho más sabia, ni más alta, ni más guapa, ni mejor persona. No me ha pasado nada digno de ser recordado, enmarcado y colgado en la pared. Sólo que soy un año más vieja, que hay metas cada vez más improbables, ser madre, por ejemplo, que he acumulado de nuevo un montón de números en mi agenda que tendré que borrar, fiel al ritual, la noche de fin de año, cuando en la mayoría de los casos ya ni recuerde esas caras ni qué fue lo que nos unió, si es que alguna vez hubo algo. Tal vez haya llegado el momento de tomarme en serio a mí misma, tal vez de hacer algún tipo de terapia que reconduzca mi conducta, valga la redundancia, por qué disocio siempre, porque separo y clasifico y establezco fronteras. Y no soy capaz de valorar a quién me quiere, me aprecia y me valora, como si no me considerada merecedora de ello y en cambio me arrastre e idolatre a quién nunca va a hacerlo, por el motivo que sea, que eso siempre será lo de menos, a modo de refrendo de mi incapacidad para querer y ser querida.
Porque le dije a mi expediente X que yo ya no me acuesto con alguien con el que no estoy dispuesta a compartir el desayuno y luego le pedí que se fuera antes de que yo me despertara. Porque cuando él se disculpa y dice que me echa de menos, que qué lástima que justo ahora tras apenas dos semanas juntos haya tenido que irse fuera, fines de semana incluidos, a mí me de exactamente igual que sea cierto o no, que lo es, porque no he perdido ni un sólo momento pensando en él y en realidad la idea de que vuelva es lo último que me apetece; y tendré que decírselo, claro, o más bien recordarlo o repetirlo. Que no necesito frases hechas, ni excusas, ni promesas, que no quiero nada de eso, que no le quiero en realidad, que nunca prometí nada. Que no soy como las otras, aunque eso fuera él el que me lo dijera, y en realidad no es cierto, no lo soy con él, ni lo fui con el otro, ni probablemente vaya a serlo de nuevo, porque ellos no son él, sea quién sea ese él, que probablemente no exista, aunque sí sea real y de carne y hueso, que yo una vez lo vi, y le di dos besos, dos, uno por mejilla, y me abrazó en medio de un espejismo que duró, no sé, cuánto, tal vez tres segundos de un 'me gustaría', sabiendo que en realidad aquello era una despedida o más bien el comienzo de algo, pero por separado.
Y es que no quiero empezar de nuevo, porque estoy terriblemente cansada. Aunque tampoco me apetezca salir a la calle y en breve tendré, me obligaré a hacerlo. Y bajaré al mercado del Fontán y compraré flores, y devolveré el libro de Kirmen Uribe en la biblioteca y me compraré regalices rojos, y seguiré buscando una chaqueta de cuero que haga juego con mis ojos tristes y estaré un rato ante la A de Auster echando un vistazo a los libros con mi gabardina azul, y probablemente coma con P. que está tan sola como yo y además arrastra un gripazo de mil demonios, que todo es susceptible de empeorar. Le echaré un vistazo a los portátiles, a ver si definitivamente compro uno nuevo y tomaré medidas en la cocina, que debería comenzar a decidir cómo quiero que sea la nueva. Luego regresaré a casa, y me lavaré el pelo y hasta me pondré guapa, o al menos lo intentaré, que tengo una conversación pendiente esta tarde, y me tomaré unas cuantas cervezas, que a la segunda ya paso a ser simpática, a la tercera divertida y si llego a la cuarta, quién sabe... aunque quiero que termine pronto este sábado, y que el domingo pase a ojos cerrados y de nuevo sea lunes, y de nuevo estar ocupada con el trabajo y con mis discusiones con A. y con esos días de vacaciones a la vuelta de la esquina que en realidad no necesito porque no tengo dinero para largarme a cualquier sitio donde fuera a ser bien recibida.
Y me gustaría sentirme más triste, tanto que no fuera capaz de salir de la cama. O enfadada, con quién fuera, conmigo misma, con los demás, con alguien, que siempre es más fácil poder echarle la culpa de todo a alguien. Pero no estoy enfadada, y ojalá, porque saldría a correr por el Parque de Invierno con los Jayhwaks retumbando en mis oídos, que hoy es un día muy de ellos, sopla el viento y probablemente acabe lloviendo. Pero no puedo, porque nadie ha hecho nada malo, nadie se ha equivocado, ni ellos, ni yo. Sólo son caminos que divergen, sueños chiquitos que se desvanecen, los suyos y los míos. Sólo son silencios en los que no hay nada que decir. Porque yo ya no tengo nada que decir y a lo mejor ha llegado el momento de callarme.
P.D. Douglas Fairbanks Jr.
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viernes, noviembre 19, 2010
Hay días, hay momentos, como éste, en los que nunca fueron tan ciertas mis palabras de que me encantaría besarte, pese a acabar de lavarme el pelo... pese a todo lo demás, que ya sería más que suficiente
Y pensé que un día de estos me gustaría hablar contigo, llamarte y preguntarte, hey, qué tal te van las cosas, y que tú me digas que bien, que estás feliz y en calma y con optimismo y futuro. Aunque sé que no lo haré, que hay cosas que dejaron de tener sentido hace mucho tiempo aunque otras no vayan a cambiar nunca. Porque ahora debería decir que aunque te pareciera increíble si leyeses esto, o absurdo o sin sentido, que sigues siendo mi chico raro preferido, pero bueno, qué más da, que al fin y al cabo no lo vas a hacer y al resto menos que les importa o debería importarles.
P.D. Lauren Bacall
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viernes, noviembre 12, 2010
De cien manos tendidas, cómo saber cuál es la que me lleva a ti...
P.D. Louise Brooks
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miércoles, noviembre 03, 2010
Es la vida... la tuya, la suya, la nuestra... pero ha podido ser un sueño
Si hay algo que a Sal le gusta tanto como las listas, es hacer miniencuestas en su entorno más inmediato sobre cuestiones propias. Que no sabe qué camino seguir, qué decisión tomar o qué color le sienta mejor a su tono de piel, pues pregunta aquí, allí y más allá y suma, resta, y multiplica dibujando tablas a dos columnas y concluye.
De este modo, esta mañana, decide preguntar en su entorno laboral, eminentemente masculino, sobre mi invitación de este viernes. Evidentemente sin permiso, el mío, se entiende. Poco importa, porque aunque me hubiera preguntado y le hubiese dicho que no, que ni se le ocurriera, lo habría hecho igualmente.
Así que en su quinto email de la mañana -el primero fue para enviarme un enlace sobre una noticia de Bruce en Roma que ya había leído, el segundo para decirme que habían salido las notas (corte en 70 con 80 aprobados en el turno libre y de 35 con 26 en la promoción), el tercero para confirmar que sí, que está embarazada quién yo sé, que ya es oficial y que tiene 41 (los correos son más discretos que las llamadas telefónicas extensión a extensión), el cuarto para decir que el café a las 11:10- me envía un estudio pormenorizado del resultado de su breve encuesta, las respuestas del respetable masculino a la pregunta: ¿Si una chica te invita a su casa un viernes noche a ver una película del año de la polka en blanco y negro, probablemente "The gosh and Mrs. Muir" en versión original subtitulada, cómo lo interpretas, polvo o película, truco o trato?
Y yo me doy por vencida. Que luego la inmadura soy yo, la infantil e ingenua, y sigo sin entenderlo, tal vez por eso. Me he pasado media vida escuchando decir a los hombres que las mujeres somos complicadas y retorcidas, que nunca decimos lo que pensamos o que en todo caso decimos justo lo contrario, que preguntamos sólo para que nos reafirmen y escuchar lo que queremos escuchar, que ellos son más honestos (en esto estoy de acuerdo, pero sólo consigo mismos), que están cansados de los malentendidos, de los juegos de palabras, de las dobles intenciones, de que no tomemos la iniciativa y luego resulta que si invitas a alguien a casa a VER UNA PELÍCULA, te estás insinuando; pero si le dices literalmente que lo que quieres es acostarte con él, sale huyendo asustado.
Porque si yo quisiera lo segundo, que no lo quiero, lo diría sin ambages, y parece que no, que eso también es un error. Que Sal, la voz de mi conciencia me lo recuerda:
-'¿No te acuerdas, bonita, de que llamaste energúmeno a aquel tipo que se abalanzó sobre ti en el sofá al que te había invitado para el último café y tú, aunque ni siquiera te gusta el café, aceptaste porque tenías curiosidad por conocer su casa; o de aquel bombero que se empeñó en enseñarte su colección de vinilos o de lo que me contabas hace dos días, que te envía E. un SMS a eso de las diez porque se está preparando una pizza y te invita a cenar y a que te pases por su casa y como tú respondes que ya has cenado, tres SMS's después no le queda otra que decirte a las claras que lo que quieres es que te presentes con un abrigo y nada debajo... intuyo que cenó solo; o por qué crees que el que yo considero que hubiera sido el perfecto padre para tus hijos te acompañó el viernes hasta casa donde tú le despediste antes de entrar en el portal con los dos besos de rigor y un hablamos? ¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que le dijiste a un tipo, al extraño, ¿follamos? o quiero follar contigo", que no recuerdo, desde un taxi y a altas fiebres de la madrugada?... Pues eso, métete en esa linda cabecita que nunca peinas, que la última copa nunca es la última.
Lo asumo, mi mente es plana, hablo un lenguaje diferente, tendré que agenciarme un diccionario Daeddalus-Resto del mundo/Resto del mundo-Daeddalus... y o anulo la cita o a ver cómo le explico a mi expediente X que sólo habrá película en blanco y negro y en versión original...
P.D. Kim Novak y William Holden en "Picnic"
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martes, noviembre 02, 2010
Confusas salidas convergen en este laberinto.
¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No... ¿Me siento halagada? Tampoco... ¿Desconcertada? Puede... pero no. ¿Indiferente? Probablemente sea indiferencia lo más cercano a lo que me provocan estas situaciones. ¿De qué situaciones hablo? Se preguntarán... o no; en todo caso yo les cuento y ustedes deciden si quieren seguir leyendo o no.
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miércoles, octubre 27, 2010
I want my soul to feel brand new
Supongo que aunque debe de ser una buena catarsis, al margen de cuestiones de espacio, virtual, y sin atender a la higiene mental; yo nunca lo he hecho, básicamente porque soy de efectos más inmediatos, sin criterio alguno saco la goma y fijo, limpio y doy esplendor sobre la marcha. Si no voy a contestar, para qué mantenerlo, y si voy a hacerlo, una vez hecho, para qué mantenerlo.
Bueno, venga, sí, que alguno o algunos conservo, y quién no, pero esto no se lo cuenten a nadie... pero no es norma, es excepción, que de cuando en cuando llega un puñado de frases dignas de ser recordadas, atesoradas durante un tiempo para ser releídas, o no, que a veces sólo cuenta que estén ahí. Aunque inevitablemente siempre, más temprano que tarde, llegue el momento en el que mantenerlos sea absurdo y no quede más remedio que la purga. Por mucho que
Por ejemplo tengo un email en mi bandeja de entrada fechado el 8 de julio de 2010. Es el más antiguo del puñado de ellos que conservo, que sí, que conservo unos cuantos pese a todo, y ahí se quedarán una buena temporada. No sé por qué no lo borro, si ni siquiera lo contesté. Una felicitación de cumpleaños, mi respuesta, la respuesta a mi respuesta... y ahí se quedó, testigo mudo de una comunicación truncada. No dice nada importante, ni digno de recuerdo, ni siquiera de alguien que lo sea. Pero supongo que de alguna forma el día que lo borre habré borrado una parte de mí, que si bien yo mutilé de mi vida, de momento, paradójicamente, quiero que siga ahí.
Con los SMS me ocurre algo parecido. En cuanto envío uno, lo borro ipsofactemente, como diría Fever; de forma compulsiva e irreflexiva. Y claro que hay excepciones, muchas, tal vez demasiadas; aunque a día de hoy, y ni siquiera tengo que coger el teléfono y mirar para comprobarlo, sólo conservo un
En el buzón de entrada ocurre lo mismo, recibo y borro, conteste o no conteste. Y sí, conservo alguno, pocos, pero ahí están, y lo que les queda, supongo. El día que los borre habré vuelto a la normalidad, el caso es que no sé quiero despertar... o no puedo.
P.D. Helen Mack y Chester Morris
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martes, octubre 26, 2010
Dice Quique que de haberlo sabido no hubiera sido la noche en tu espalda, ni hubiera habido corazón en la garganta...
Sí, de haberlo sabido, de haberte avisado... no hubiese dejado de ser lo que nunca tuve que dejar de ser y ahora ya no quiero ser...
P.D.Gracias Amber, por descubrírmela...
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lunes, octubre 18, 2010
Para seguir tejiendo de colores una realidad a medida
Cuando ustedes lean esto será al menos lunes por la tarde, y vayan ustedes a saber por dónde andaré yo. A lo mejor seguiré delante de una pantalla en blanco en la oficina o camino de casa o en el supermercado haciendo la compra, paseando escuchando a Emmylou Harris, durmiendo la siesta, haciendo spinning, comiendo, leyendo o 'mad menizándome'. Me gusta escribir en un determinado momento y hacer que se publique en otro... ya lo he contado unas cuantas veces. Así que ahora, a una incierta hora de la tarde del domingo, escribo esto, que puede que vea la luz mañana, o tal vez no... que generalmente no releo lo que escribo, y tal vez debería...
Anoche me comporté bien, para ser un sábado. A las nueve estaba en casa, y las once en la cama, que tocaba madrugar e ir de romería a un examen con media función pública asturiana. Leí unas cuantas páginas de un libro que no me gustaba y acabé por dormirme al filo de la medianoche mecida por Schubert. Y a las 2:17 sonó el pitido de un SMS. Sé la hora exacta porque estoy ahora con el móvil en la mano borrando mensajes y tratando de entender algunas cosas que no entiendo, e imagino que nunca acabaré por entender.
Confesaré dos cosas: una, que de primeras no pensaaba contestar al "estas up?", entre otras cosas porque no lo estaba hasta que me despertó el teléfono, y dos, de segundas, la decepción; sí, lo siento, hubiese deseado que hubiese sido otro, si espero que alguien me despierte de madrugada con un mensaje, que al menos fuera con el mensaje inconveniente#2, o aunque no fuera inconveniente, incluso mejor así. Y no, no se crean, no hay tantas personas que tengan mi número y se dediquen a enviarme mensajes de madrugada (y no tan de madrugada), pero alguna, incomprensiblemente, si hay... sólo que era la equivocada... o puede, probablemente, que la equivocada sea yo...
P.D. Claudia Cardinale
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sábado, octubre 16, 2010
Heart with no companion
Probablemente, sin duda, si echara la vista atrás y leyese, por ejemplo, lo que aquí escribí hace justo un año, seguro que no me equivocaba si digo que te nombraba sin nombrarte. Hace ya un año y unos cuantos meses, verano del 2009, hiciste acto de presencia en eso que algunos se empeñan en llamar vida. No eras el más guapo, ni el más alto, ni siquiera tus chistes eran buenos, pero tu seguridad en ti mismo abrumaba y mi inconsciencia hacía juego con ella; que te lo dije a tiempo, no cariño, no es que sea valiente, es que soy una inconsciente, y tú dijiste vale y me subí a tu coche.
Desde entonces has entrado y salido tantas veces de eso que algunos llaman mi vida, que he perdido la cuenta de las veces que quise que te fueras, de las veces que te eché de menos. Incluso de que una vez te dije que creía que me estaba enamorando de ti, aunque el matiz estaba en el verbo creer, que por cierto tú no supiste o no quisiste ver... que joder, Dae, no me hagas esto, que esto no está bien... y seguiste conduciendo en una noche por carreteras sin nombre bajo la lluvia.
Que yo no sé filtrar, no sé determinar qué información es la adecuada, no sé callar si siento que tengo que contar; aunque bien sé que cualquier otra mujer con dos dedos de frente sabe retirarse a tiempo, sabe asumir lo inevitable y no dibuja una realidad paralela a su antojo. Pero no, yo no, yo hago declaración de intenciones y envío febriles SMS en plena madrugada. Lo que tú nunca entendiste es que yo no buscaba tu respuesta, yo no buscaba tu reacción, y a ti, que siempre decías que lo mejor de mí, a diferencia de otras, es que siempre era honesta, dejaba de gustarte mi sinceridad. Simplemente no entendía por qué debía callarme, por qué debía fingir una indiferencia que no sentía... que bien sé que es lo correcto, que es lo que se estila. Como siempre me decía Sal, nunca hay que dar un paso hasta estar convencida que no va a ser en falso; a la que por cierto nunca le gustaste, aunque eso fuera mutuo y se lo haya callado durante demasiado tiempo. Que ésa es otra, yo siempre defendiéndote, más por costumbre que por convicción. Incluso hace unos días, que me encontré por casualidad con el innombrable, el desaparecido, tu admirado y querido Gurb (que sí, que ya sé que es mutuo y la culpa es mía, no podía ser de otra manera). Que te nombró en la segunda frase, tras el saludo, y a partir de la quinta no dejó de hablar de ti, y ya te imaginas que no precisamente con cariño, que del amor al odio hay un paso; aunque yo permanecí inquebrantable a mi lealtad no elegida, cuestión de mal entender la educación, supongo. Pero, ¿sabes?, se acabó, y no, porque a partir de ahora cuando oiga que otros te critican, incluso tus alumnos, ¿sabes que una vez escuché una conversación en un garito de Cimadevilla entre dos chicos que hablaban sobre ti?, o con D., que jamás se atrevió a hacerlo abiertamente delante de mí, como si a mí me importase o no supiese que se callaba más de lo que contaba... No, no pienso a volver a defenderte... en realidad no pienso volver a hablar de ti. Y mañana por la tarde, cuando suene el teléfono, que ése es tu hábitat natural, los domingos por la tarde, no lo cogeré, sonará a ritmo de Mancini o lo que es peor, cortaré la llamada, y claro, como tú no lees esto tendrás que llegar tú solito a semejante conclusión.
Y el próximo en habitar el limbo será Gurb, aunque a éste no creo que le pille de sorpresa.
Y oigan, qué bien sienta sacar la goma de borrar, aunque una se quede sola, más si cabe... pero siempre me quedará Bruce, que la música nunca nos abandona... y qué ganas, y qué bien suena, y que ya queda menos... y siempre queda algún extraño, al que nunca se ha tenido y por tanto es fácil extrañar, al que apenas se conoce y por tanto es fácil imaginar, you know, que como decía el poeta, sé que existe porque yo le imagino. Aunque aún no haya aprendido a filtrar y a callar y a fingir y a limitar; aunque no deba decirlo, pero si lo siento, por qué habría de callarlo... miss you.
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miércoles, octubre 13, 2010
Cerrado por derribo
P.D. Jeanne Moreau
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lunes, octubre 11, 2010
Me echo de menos
La banda sonora deberías ponerla tú... Tampoco cuesta tanto dedicar una canción, ¿no?
P.D. Betsy von Furstenberg
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miércoles, octubre 06, 2010
No merece la pena dramatizar las cosas... aunque yo lo haga continuamente
En días como el de hoy en los que no pasa nada y todo parece estar en su lugar me acuerdo de ti. Leo lo que escribí sobre nosotros, aunque nunca llegara a haber un nosotros, o no del todo... Y pienso que tal vez debería echarte de menos, o que tal vez debería querer que un buen día volvieras, como si no hubiese transcurrido el tiempo ni nuestras vidas. Aunque sean otros los que me añoren a mí y yo ya no tenga a quién extrañar... o tal vez sí.
"Once we rode togetherIn a metal firecrackerYou told me I was your queenYou told me I was your bikerYou told me I was your everythingOnce I was in your bloodAnd you were obsessed with meYou wanted to paint my pictureYou wanted to undress meYou wanted to see me in your futureAll I askDon't tell anybody the secretsDon't tell anybody the secretsI told youAll I askDon't tell anybody the secretsDon't tell anybody the secretsI told you
Once you held me so tightI thought I'd lose my mindYou said I rocked your worldYou said it was for all timeYou said that I would always be your girlWe'd put on ZZ TopAnd turn em up real loudI used to think you were strongI used to think you were proudI used to think nothing could go wrongAll I askDon't tell anybody the secretsDon't tell anybody the secretsI told youAll I askDon't tell anybody the secretsI told you"
[Qué habríamos hecho de no existir Lucinda]
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