Mostrando entradas con la etiqueta Entre tinieblas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entre tinieblas. Mostrar todas las entradas

miércoles, julio 03, 2013

Bocados de realidad


La mesa estaba salpicada de pétalos de rosa y deberían estar de acuerdo conmigo en que no es lo mismo la cursilería que el romanticismo. Supongo que el hacedor de semejante decoración querría conseguir un ambiente romántico y lo que consiguió fue una horterada mayúscula con pétalos de plástico y flores de tela. No sé, digo, que de dedicarse a la decoración floral mejor acudir a la madre naturaleza aún a riesgo de las manchas que las rosas pudieran dejar sobre el mantel de inmaculado hilo blanco. Últimamente me da por pensar esas cosas y divagar sobre las manchas imposibles y los difíciles planchados, los trucos caseros y la forma de evitar tanto unas como otros. Serán los años…

Pero ahí estaba, en la galería acristalada o corredor, como acá le llamamos; sentada a la mesa tras la ventana que daba a una calle empinada del Oviedo antiguo, en uno de esos lugares que parecen parados en el tiempo. Las horas, varias, tal vez un par, dan para mucho. Para conversar y beber, sonreír, divagar y soñar o tan sólo para echar una mirada más a allá de los cristales a un día de principios de un verano que se resiste a llegar y observar a los escasos transeúntes en una fría temprana tarde de domingo.

No fue el primero, recuerdo al menos otros dos antes que él. Tampoco el más rápido o el más discreto, pero sí el más minucioso, el más cuidadoso y aparente. Se acercó lentamente con dos o tres bolsas de ésas que ya no dan en casi ningún supermercado a la hora de hacer la compra de incierto contenido. Sacó un botellín de cerveza de la papelera, resquicio de la noche del sábado, probó los restos de su contenido, los bebió de un trago. Repitió la operación una y otra vez; cinco, ocho, diez o tal vez once. Sacaba la cerveza, llevaba la botella a sus labios a modo de prueba y si le daba el visto bueno vaciaba el botellín en una botella más grande que sacó de una de sus bolsas y lo posaba en el suelo una vez vacío. Sacaba otro más, un trago, dos, tres; no parecía de su agrado o tal vez no daba para más. Lo colocaba igualmente en el suelo al lado del anterior. Hurgaba de nuevo en la papelera y repetía la operación hasta que finalmente guardó su botella en la bolsa de plástico finalizada y agotada su búsqueda.

Imaginé que emprendería su marcha tambaleante hasta la siguiente papelera ya fuera del alcance de mi visión, pero no, conmovida hasta los huesos vi como recogía una a una las botellas del suelo y las depositaba de nuevo en la papelera. Parece ser que la dignidad, el civismo y la educación ni en los momentos más adversos se pierden.

jueves, octubre 04, 2012

Sucesión de sí mismo


Desde acá, donde la distancia no es olvido, hablamos de infidelidades e inseguridades varias. Y qué se yo, que nunca he sido infiel, o tan sólo un poco una vez, si es que se puede serlo a ratos. Aunque aquello fuera el preludio del fin o el anticipo de lo que vendría después y me colocaría a mí de víctima y culpable. Tantas vidas pasadas desde entonces y como decía el poeta careciendo ante ti de todos los recursos.

Lo recuerdo porque en un rato perdido leo a Lady Tea (que sí, os leo, a ti y a todas las demás aunque ya no lo parezca) y en un comentario afirmo (y reafirmo) que se puede ser hombre infiel y feliz en su matrimonio. Y digo/dije hombre, porque hablábamos de hombres. Y generalizo, claro, aunque generalizar siempre sea injusto y falso y probablemente poco apropiado y aquella vez todas, porque todas eran mujeres, me miraran horrorizadas. Especialmente ella, que sigue ignorante y feliz tantos años después… Hacía tan sólo un rato que él me hablaba por enésima vez de su última conquista. Que no, que a quien quería era a su mujer; pero lo poníamos tan fácil. Tantas horas perdidas en el despacho es lo que tienen, la tentación al otro lado de la pantalla. Demasiadas carencias afectivas disfrazadas de porqué lo llaman amor cuando quieren decir sexo. Que el amor es otra cosa, no así el engaño, supongo.

martes, enero 10, 2012

Envenenándome de azules


A veces, de rato en rato, de tarde en tarde siento el irrefrenable deseo de volver a tener 15 años, o 20, o incluso 25; cualquier edad racionalmente irracional. No por parecer más guapa, más mona, más joven o más delgada. Ni siquiera más ingenua, que eso viene conmigo de serie. No por deseo de volver atrás con todo lo vivido y lo poco aprendido, eso me es indiferente pues sigo tropezando con las mismas piedras con las que tropezaba hace veinte años... Hubo un tiempo en el que decir veinte años era un mundo; hace veinte años no eras nada, no tenías apenas recuerdos. Ahora, hace veinte años ya había una vida. Y eso da un poco de vértigo.

Si ahora estuviera aquí con 23 todo sería absurdamente más fácil. Tendría eso que algunos llaman 'la vida por delante', generalmente escasas preocupaciones más allá de que no se me fuera a correr el rímmel o que mis vaqueros favoritos estuviesen disponibles para la noche de viernes. Probablemente estaría planeando ir al cine, no le quitaría ojo al teléfono esperando una llamada que puede que sí o que puede que no se fuera a producir. Incluso puede que fuera yo la que llamase. Estaría echando de menos a alguien, a lo mejor a quien nunca tuve. Me habría peleado con Sal con motivo de su último 'buenoparanada', tendría cervezas enfriando en la nevera y un curso de idiomas a medio terminar.

No recuerdo dónde estaba yo a los 23, tendría que hacer sumas y restas vitales. Puede que en un pueblo con mar o puede que a muchos cientos de kilómetros de donde estoy ahora. Tampoco recuerdo la vida que llevaba entonces, con quién me relacionaba y ni siquiera sé de cierto que la vida fuese más fácil, que la vida mancha y eso lo sabemos todos. Pero todo encajaba. Podía pasarme una tarde entera encerrada en mi habitación escuchando música sin saber qué hacer, o encadenar películas en blanco y negro y helado. Podía ser huraña e ingrata, soberbia e insegura. Eran cosas de la edad, de una vida a medio hacer. Podía llorar, y no sólo en los cines y engancharme de cualquier tipo que me prometiera la eternidad que dura una fin de semana.

Eran cosas de la edad, de una vida a corto plazo. Eran lujos que una podía permitirse; emborracharse de tristeza, modificar la realidad a nuestro antojo, soñar despierta y trazar senderos de baldosas amarillas. Conducir toda la noche y calificar de gilipollas a todos los tíos del mundo mundial que preferían a cualquier camarera que jamás les miraría a los ojos antes que a mí. Los duelos duraban menos y los estados idiotizantes eran pasajeros, nunca faltaba un roto para un descosido y siempre había alguien dispuesto a hacer causa común conmigo.

Pero ahora no, ahora no es de recibo sentirse como una recién estrenada veinteañera en guerra con el mundo y parte de sus habitantes, con ganas de llorar a cada paso que doy para retroceder. No tiene sentido sentir y pensar, y querer y desear; no querer o poder o saber aceptar. No es posible saber pero no creer y estar sentada delante de una pantalla en blanco un día cualquiera a la tarde y enfadarse pero no gritar, y no perdonarse; y caer y no querer levantarse como si todavía tuviera 20 años y todo nos estuviese permitido. Por creer que los sueños que se tienen a los 15 se harán realidad pasados los 30.


lunes, diciembre 12, 2011

Si yo sólo pasaba por aquí... y es lo que tiene, no me pude resistir



Iba a hablar de fútbol... tenía (tengo) una foto y una canción en la recámara; pero al modo de el joven Marías no quise saber pero supe y la curiosidad mató al gato, que ojos que no ven, corazón que no siente... y no es que no sepa qué decir, es que no sé qué pensar. Acostumbrada estoy a quedarme sin palabras, pero no sin ideas.







P.D. Laura Antonelli

lunes, noviembre 07, 2011

Don't let us get stupid...





A mí es muy fácil engañarme. Si alguien se lo propusiera, digo... que no creo que nadie pierda parte de su tiempo contándome milongas paraguayas. Pero de hacerlo, de tener la intención, la necesidad o la querencia, les resultaría insultantemente fácil porque yo me creo todo lo que me cuentan a la manera de mi sobrina de apenas tres años cuando se aburre en el coche y se cansa y decide reclamar su cuota de atención y se pone a lloriquear. Su hermana de casi cinco, para distraerla, le dice que mire por la ventana, que hay un burro volando... ella deja de gimotear, estira el cuello y pega la nariz al cristal con la obstinación en su gesto. Si su hermana mayor le dice que los équidos vuelan, ella no será quién lo ponga en duda.

Me sucede un poco lo mismo. No importa si eres el amigo más fiel, mi amienemiga favorita, el cuñado que no es familia, el mejor de los amantes, la vecina del sexto que siempre riega sus plantas cuando yo acabo de limpiar los cristales, el ilustre desconocido con el que me cruzo en los semáforos o el más enconado enemigo. Tú cuentas y yo te creo y no dudo ni discuto lo contado. Puede que no le de importancia, ubicación o interés. Puede que te tenga en tan alta estima que ni se me ocurra que faltes a la verdad. Puede que allá tú, que la vida son dos días y la imaginación es libre, que ya otros levantaron los adoquines.

Puedes por tanto revolver la verdad, agitarla a la manera de la pequeña Violeta; ella que dice que las verdades siempre sobran y a mí el tiempo nunca me falta... yo la escucharé impertérrita y asentiré cuando proceda.

Sí, es fácil mentirme, y las más de las veces ni siquiera sé que me mienten. Porque aceptar una mentira como verdad no siempre implica aceptar una verdad como mentira; aceptar que el que cuenta no fabula, no imagina, no inventa... porque yo acepto, pero no entiendo. Y no entiendo la cobardía, que es la madre de todas las mentiras.




[Y aún no he decidido qué habrá de sonar aquí]




P.D. Peggy Dow






[Para los suspicaces, siempre al acecho, que haberlos haylos. 
No, ésta no es la crónica de una mentira..
.
O tal vez sí... 
Ayer, un gesto cotidiano, sin nombre y apellidos, sin importancia,
 me llevó a otro gesto de hace mucho tiempo atrás, más de un año sin duda;
 con iniciales, vocales y consonantes;
en otra vida; en otra ciudad, siempre de paso.
Y volví a recordar la inutilidad de la mentira, de mentirme a mí, que todo me lo creo... 
incluso cuando yo no me importa].








viernes, octubre 21, 2011

Nadie dijo que fuera fácil...

... y exactamente eso es lo que hubiese agradecido. Que alguien me lo hubiese dicho.


Pero ni modo...

martes, mayo 24, 2011

Matando moscas a cañonazos



Supongo que enfadarse con alguien y que esta persona no sepa que estás enfadada con ella porque tú no se lo has dicho no sirve de nada, ¿no?




P.D. Vivien Leigh

martes, abril 19, 2011

Supongo que si esta mañana sonreía porque me gustaba la niebla y no se veía ni lo que tenías dos pasos delante, y esta tarde al ver salir el sol me he puesto triste...

Supongo que si el único motivo que tengo para sonreír, bien chiquito y esquivo, más que sonrisas me provoca muecas...

Supongo... hace cierto tiempo que supongo, pero es que las certezas me dan miedo. Y me dan tanto miedo y este miedo ocupa tanto que no deja sitio libre para nada... ni libros, ni canciones... ni siquiera fotografías o títulos... y por primera vez en mucho tiempo huir no es la respuesta.

jueves, marzo 10, 2011

En blanco



Hace unos cuantos días veía "Entre les murs", película francesa que se estrenó hace un par de años y ganó en su momento la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Aplaudida y aclamada por crítica, desconozco su impacto en la taquilla, a mí me ´gustó, pese a dejarme la sensación de estar ante una película en exceso pretenciosa y especialmente muy, pero que muy tramposa en la que ficción y realidad se entremezclan, y a una no le queda de todo claro si es película o falso documental (aunque este último hecho carezca de importancia).

En un momento dado, al final de la película, cuando Monsieur Marin pregunta a sus alumnos qué han aprendido a lo largo del curso, Esmeralda, y Esmeralda es bien, dice algo así como que no ha aprendido nada, pero que durante unas vacaciones leyó "La República", de un tal Platón, lo encontró por la casa. Y teniendo en cuenta que Esmeralda es una alumna de catorce años de un instituto de la periferia de París, en un barrio deprimido y multicultural, con problemas de aprendizaje, déficit de atención y un largo etc, suena poco, muy poco creíble, especialmente cuando empieza a desgranar el argumento.

Supongo que el guionista-director-actor protagonista pretende vender, entre otras, la idea de que la educación está más allá de los muros del colegio, y demostrar que en "la calle" también se aprende, como confrontación a la perversidad del sistema educativo (en este caso el francés). Y eso me ha hecho pensar en mi incapacidad para aprender nada que no estuviera en los libros. desde que tengo uso de razón y fui escolarizada a los tres años (e incluso antes).

Me comunico mejor por escrito, me expreson con mayor claridad y coherencia. Recito de memoria. Razono fórmulas matemáticas. Enumero listas y clasificaciones. Leo, subrayo y analizo. Pero nada existe para mí más allá de la palabra impresa. Ni siquiera los sentimientos o las emociones. Siempre son otros los que viven, van y lo cuentan... yo lo leo y lo hago mío, pero nunca en primera persona.

P.D. Anne Bancroft en "El milagro de Anna Sullivan"

jueves, febrero 10, 2011

Si ya lo cantaba la Arrolladora Banda el Limón... todo depende de mí



Puede que sea más ingenua de lo que yo misma creo...

Pero lo soy mucho menos de lo que la gente piensa. Lo stesso...





P.D. Elaine Stewart

miércoles, febrero 09, 2011

No es que las cosas no sean lo que parezcan. Es que nosotros, es que yo, no queremos, no quiero, que lo sean.


Claro que es sólo una suposición y qué sabré yo... que nunca sé nada.



P.D. Sonja Henie

viernes, enero 28, 2011

Me reafirmo... yo sólo pasaba por allí.


Intento leer, tengo dos libros sobre la mesilla de noche. Me aburrren, no digo que no me gusten o que sean malos, tan sólo que yo no puedo. Me gusta Henry Roth, pero no soy capaz de pasar de la página 40 de "Redención". Y del otro, le estoy prestando tanta atención que ni capaz soy de recordar su título (¿Matar de amor?), ni el nombre de su autora, sí recuerdo que es una mujer.

Tengo tanto volumen de trabajo, hoy está resultando una excepción en este mes de enero, y espero que se quede en eso, en excepción, que he tenido que abandonar las buenas malas costumbres de actualizar el blog por las mañanas. Y cuando llego a casa, pues ni modo, ni ganas, de sentarme de nuevo delante del ordenador y contar lo que no me apetece contar. Que probablemente ahora debería estar dando explicaciones... sólo probablemente, que no posiblemente. Considero que ya he hablado suficiente, que no tengo más que decir, que contar, que explicar, que aclarar, que ya sólo me queda el silencio como la más elocuente de las respuestas.

Me cansa, me cansa mucho la pretendida ingenuidad ajena, los viejos trucos que nadie conoce mejor que yo, que yo los inventé, repito y reitero. Que quiero vivir mi vida, disfrutar de lo poco o mucho que tengo, de lo que vendrá, si es que está por venir. De pasar delante de Cervantes, ver un libro de Cortázar y ponerme contenta, y fíjeseustedquetontería, con eso me conformo... al menos de momento.






P.D. Esta noche me voy a ver a Gastelo. Le tengo muchas, muchas ganas. No sé si a este blog, tan de capa caída últimamente le queda algún lector o lectora, pero de haberlo y si es ovetense o en su defecto asturiano o asturiana, que sepa que toca esta noche a las 21:30 en el Clandestino, en la calle Cabo Noval, y que es más que recomendable.

miércoles, enero 12, 2011

II

Es tan simple como que no sé disfrutar del momento. No estoy acostumbrada a las cosas buenas. A mí nunca me vienen bien dadas. Pienso que hay truco, trampa, trato y caducidad; y me la paso dándole vueltas, girando sobre mí misma buscando justificaciones y razones y motivos... porque no, porque no creo, porque no puede ser cierto... y ahí me quedo, perdiendo el tiempo una vez más...

lunes, enero 10, 2011

Todo el mundo lo sabe, aunque a veces se nos olvide... todo el mundo la tiene, una reason to believe, de nuevo



Estoy descubriendo estas últimas semanas algo de mí que no me gusta, que no me gusta nada, que me da miedo y asusta. Mi falta de confianza, no ya en mí, que eso viene de serie y ya no va a sorprenderme a estas alturas; la tengo asumida, convivo pacíficamente con ella. Pero sí con los otros, hacia los demás, hacia ellos.

Nunca me supuso un problema, yo siempre he estado de paso, lo llevo escrito en la frente. Yo siempre he vivido en mi burbuja de irrealidades y sueños chiquitos, siempre pensando que la realidad era tan fea que no me quedaba otra, me merecía hacerme una a medida. Y así han ido pasando los años, como el personaje de Jon Hamm, Don Draper pa'los restos, cuando en unos cuantos capítulos se ennovia con Tina Fey en "30 rock". Es un tipo tan perfecto, tan guapo, que vive en un mundo aparte, alternativo, en una burbuja al que le condenan los otros, los que no son capaces de negarle nada, de contradecirle, de mostrarle la fealdad de la realidad que le rodea, no vaya a contaminarle. Yo no soy guapa, y disto bastante de ser perfecta, aunque como me decía hace poco parafraseando a Russel Crowe en "LA confidential", por mucho que lo pretendas no eres Veronica Lake, you look better than Veronica Lake. Y ésa es la vaina, que si me dan a elegir, me quedo con la ficción, con dibujar un mundo a medida, a mi medida, donde no cabe nadie y sólo de cuando en cuando asomo la patita fuera de de la burbuja del blanco y negro y la distancia, el tiempo necesario, nunca suficiente, para darme cuenta de que hace demasiado frío y mi gabardina se ha quedado colgada en el armario.

Aunque ahora haya dejado de llover...






P.D. Veronica Lake y Joel McCrea

viernes, diciembre 17, 2010

Hagamos un trato a la manera de Benedetti y construyamos un futuro a medida, pero no a plazos



Anoche tuve un sueño extraño, o más bien curioso, o raro. Tal vez lo recuerde, a diferencia de otras veces, porque el despertador sonó en el medio de muchas risas, conversaciones y canciones regadas con cervezas, las que sonaban en él. Se quedó inconcluso, por tanto. No tuvo final, ni meta alcanzada. Tampoco es que sea especialmente digno de recuerdo, no fue especialmente extravagante, ni exótico, ni al despertarme mi corazón latía más de 13 veces por minuto, para ser a la manera del poeta.

Soñé con alguien que ni siquiera conozco, aunque aparecían otros, otras personas. Sonaba Bruce, de vuelta a los viejos bares de siempre, aunque también los Burning y Rammstein. Y aparecía yo, claro, con ese vestido gris y una cazadora de cuero negro caminando por la calle Mon, y frente a mí, acercándose, caminaban tres tipos.

No puedo recordar ni reconocer al primero de ellos, aunque en el sueño le conocía, parece ser, y era una cara que en realidad he visto en algún sitio, pero que no logro identificar. Al segundo, sí, el segundo era o es real, o bueno, más o menos, o lo fue, supongo, y curiosamente por él demostraba una indiferencia absoluta, no fingida, como si estuviese de paso o fuese el sobrante. Y después estaba él, un completo desconocido que me abrazaba y al que yo abrazaba como si se nos fuese el mundo en ello, como si hiciese siglos que no nos veíamos y el mundo dejase de girar a nuestro alrededor al encontrarnos y todo estuviese de más. Alguien a quien no he visto en mi vida, del que no sé prácticamente nada, sólo me hablaron en alguna que otra ocasión de él. He visto más por casualidad que otra cosa un par de fotos suyas, algún vídeo en el que sale, alguna que otra referencia... que se parece mucho a alguien, pero siendo más alto y más guapo.

Entrábamos los cuatro en el Diario Roma, o al menos en el Diario Roma de hace diez años, porque creo que no hace menos de diez años que lo piso. Y pasábamos hasta el fondo, en la planta baja, hasta esa especie de bancos y taburetes que al menos entonces había allí, entre las sombras. Y estaban todos, los de entonces, Jorge Ilegales y Charly y aquel tipo pelirrojo que nunca me hizo caso, y la chica que tenía aquel programa de radio, y Chus y la acompañante de turno, y su hermano, que nunca decía nada; y comenzaban a circular las cervezas y sonaba la música demasiado alta aunque no conseguía opacar nuestras voces. Y el real desconocido y yo hablábamos encantados de habernos conocido, como si tuviéramos mucho que contarnos, aislados del resto, ignorando su existencia... ignorándote a ti.

Curiosos los caminos que divergen de una realidad para confluir en los sueños.






P.D. Rita Hayworth y Glenn Ford en "Gilda"


[Y en realidad tendría que sonar otra canción, de Clem Snide igualmente, pero va a ser que no]

jueves, diciembre 16, 2010

Incidencia nº 13



Llevo más de media hora peleándome con el escasamente intuitivo programa informático que manejamos aquí. Algo falla, no sé si soy yo la que hago algo mal, pero me he atascado con un expediente, en una mañana de montañas de expedientes y de sol, que a mi derecha entra entre las cortinas a medio correr, no dan más de sí, y me está comenzando a irritar. Como me irrita no encontrar solución alguna, no saber si soy yo, o es él, el programa, digo; y son más de las dos y nadie del departamento informático, supuestamente desfacedor de este tipo de entuertos va a atenderme. Da igual, poco importa, se ha acabado el papel con membrete, aunque lo arreglaran, no podría imprimir nada...

Vuelvo a teclear por enésima vez, ejecutar, grabar, datos incorrectos, mensaje de error nuevamente. Me doy por vencida. Cierro, vuelvo a abrir, olvido la contraseña. Tropiezo de nuevo, pero vuelvo a empezar. Con lo fácil que sería decir bye, bye, hasta mañana, me doy por vencida, hoy no me esfuerzo más, estoy cansada, me planto, no peleo, no lucho, lo dejo pasar...

Y pienso que tengo miedo de nuevo, pensé que iba a tardar más en sentirlo, pero no, tengo miedo de quedarme anclada de nuevo frente a una pantalla en la que aparezca error, y yo siga persistiendo, intentando meter una y otra vez los mismos datos, aún sabiendo que hay algo incorrecto. Acado de darme cuenta ahora, supongo, porque acabo de saber aunque en realidad supiera, sí, tengo miedo. Y ojalá fuera todo tan simple como apagar, dejar la pantalla en negro y un aviso a los informáticos; coger el abrigo y colgarme el bolso e irme y olvidar, al menos hasta mañana. Pero no, no lo es, ¿verdad?... ¿o sí?






P.D. Veronica Lake y Alan Ladd en "Saigon"

martes, diciembre 14, 2010

Cantaba Enrique Morente que el hombre desea una cosa, parece un mundo, luego que la consigue, tan sólo es humo...




La tarde-noche del segundo domingo de adviento fue especial, en parte. Encendí la segunda vela de mi corona y apagué a cambio y de un solo soplido las que iluminaban el corazón de alguien. Me acuerdo ahora de Jorge Drexler cantándole a Ana Laan y diciéndole que su corazón va a sanar. Yo no supe decirlo tan bonito, ni siquiera de forma tan desinteresada, porque aunque eso es lo que deseo ni siquiera puedo decir que lo desee de corazón. Me palpé el pecho en busca de él, de un latido que denotara su presencia y no fui capaz de encontrarlo. Tendré que pedirle uno nuevo a los Magos de Oriente.

En otro orden de cosas, o casi, olvidé que ayer, 13 de diciembre, fue Santa Lucía; como olvidé que el lunes pasado fue San Nicolás; pero es fácil olvidar cuando no tienes nadie que te regale y una siga moviéndose entre sombras. No sé, a lo mejor no es casualidad y él tuviera razón y el lunes fuera menos lunes y fuera más Santa Lucía que nunca, porque aunque siempre diga que adoro los otoños y que las cosas buenas siempre suceden en otoño, también recuerdo que el 13 de diciembre llega la luz y por tanto tengo hasta el 2 de febrero para encontrar la salida a este laberinto a la luz de las candelas.





P.D. Greta Garbo y John Barrymore en "Grand Hotel"

sábado, diciembre 11, 2010

Todo el mundo sabe que Bruce hubiese conducido toda la noche tan sólo para comprarle unos zapatos (II)

Estaba revisando la chorrada que escribí antes, aunque en realidad no lo sea, y sí, conduciría toda la noche para verte, y te buscaría y te desafiaría... Pero es que me había sentado frente a la pantalla con ganas de desahogarme y llorar un rato, al menos en sentido metafórico, y sonaba el "Drive all night" y sonó el teléfono y acabé disculpándome una vez más y sintiendo no sentir y se me fueron las ideas a habitar el olvido y sólo pensé que tendría entonces que haber desplegado un mapa ante mí y calcular hasta donde me llevarían 250 km en línea recta por la autovía, y marcar un punto, una gasolinera, una vía de servicio, en medio de ningún lado, en la madrugada de un día laborable... Aunque al final tan sólo se trate de evitar caer en el tremendo error de la nostalgia por lo que nunca jamás ocurrió... y porque querría salir ahí y encontrarme con cualquiera a quién no le importara mi nombre, ni quién soy o hacia dónde me dirijo, alguien que no me contase su vida, ni me hiciese preguntas y me llevase a su casa al filo de la madrugada tras muchos tequilas y un par de cervezas entre frases incoherentes y risas incontroladas. Porque esta noche no querría ser yo, pero querría follar como si lo fuera.

martes, diciembre 07, 2010

Dirty realism




Lo malo de construirse un mundo a medida donde sólo una tiene cabida es que cuando te das cuenta de haberlo conseguido tienes exactamente eso, un mundo a medida donde sólo tú tienes cabida.



miércoles, diciembre 01, 2010

A veces pienso que si fuera feliz no tendría nada sobre lo que escribir aquí... y lo que ustedes se ahorrarían



Tal vez por eso hoy he cubierto mi cabeza con mi boina granate de burdeos y ayer compré un puñado de polvorones de chocolate, de esos cutres y a granel. Para conservar, pese a todo, las ideas y mantener la ilusión de una calidez inexistente, que como dicen en Downton Abbey, I don't have a heart, everyone knows that.





P.D. Greta Garbo

Related Posts with Thumbnails