Estoy a punto de irme, así que cojo el bolso que he dejado tirado en algún punto intermedio entre las montañas de expedientes que he ido acumulando estos dos últimos días sobre el armario y ese par de plantas que nunca me acuerdo de regar. Estoy hablando con Mony Penny y Doble M, que se diría que las tardes funcionariales son cosa de chicas, y Doble M, siempre tan parca en palabras se queda mirándolo y dirigiéndose a Mony Penny hace un gesto hacia él alabándolo, diciendo algo parecido a 'qué monada', mientras ésta última asiente, como yo asiento sin nada que añadir.
Pero Doble M parece esperar algo más de mí, y a mí sólo se me ocurre que tal vez puedo decir que es la primera vez que ve la calle desde que lo comprara allá por junio, fíjese Vd. que tontería, gastarse una pasta indecente en un bolso para mantenerlo casi seis meses guardado en un armario. Pero pienso que no es más que un bolso, una monada de bolso, cierto, pero no más, que lo que quiero es irme a casa y no comenzar una conversación intrascendente, así que no digo nada. Y Mony Penny con su oportuno sentido del humor me echa un cable, 'que digo yo que le podrás dar las gracias por el cumplido'...
Y yo no entiendo que el que alguien te alabe el gusto en elegir un bolso, o más bien en pagarlo, sea digno de mérito; y ellas no deben entender que yo no sea capaz de entender, así que deciden pasar a lo siguiente, que es preguntar dónde lo he comprado, y después de lo anterior dudo si mentir e inventarme cualquier tienda o lugar, porque lo cierto es que no recuerdo dónde lo compré, y descarto Zara, H&M, Mango y hasta Hazel, y a punto estoy de decir que en una minúscula tienda de la calle Fuencarral, que al fin y al cabo ha sido testigo habitual de mis compras, pero no, lo encuentro demasiado pretencioso; aunque sea tanta su insistencia que acabo por contar que no recuerdo el nombre de la tienda, que lo compré en junio, que es el día de su estreno, que no, que no fue en Oviedo, que no fue en Madrid, que no, que no fue en Gijón, que sí, que fue en Düsseldorf, que no, que no recuerdo dónde, que no, que yo no opino que sea una de las ciudades más elegantes de Alemania, y que sí, que hace juego con mis zapatos... aunque hasta que ella lo menciona no me había dado cuenta, que odio ir conjuntada, aunque las más de las veces lo acabe haciendo, que es lo que tiene que ser the girl in black, aunque últimamente sea más bien the girl in grey, pero más allá del negro no me gusta que bolso y zapatos sean del mismo color o tono... que no sé si eso es o no es tendencia, que me da igual, que no me gustan los uniformes, será eso... que no se me puede olvidar regar las plantas...
Supongo me dejan por imposible, a ver quién va a ser el valiente o la valiente que se vaya a sentar a mi lado en la comida de confraternización laboral de jueves, vista mi incapacidad para mantener la más elemental de las conversaciones. Así que echo mano de mi gabardina, me cuelgo la monada de bolso en bandolera y chequeo la calle en busca de rastros de lluvia tras el cristal, que para variar estoy sin paraguas, pero no, no sólo no llueve, sino que luce el sol. Y en ese preciso instante, más allá de llevar bolso y zapatos a juego de color camel, me doy cuenta de que voy vestida de azul, que gracias a la casualidad y a mi blue raincoat y a mis vaqueros, azules, obviamente, soy the girl in blue. Y se me despejan las dudas.
Y sí, de repente todo es posible. Bien lo dijo Cohen, que nunca deberíamos olvidarlo, que siempre nos quedarían los sueños, bueno, en realidad él dijo la música, pero al fin y al cabo no sólo el cine, sino también las canciones, son una fábrica de sueños, you know. Y quién sabe, tal vez llegue a la tienda y en la cola alguien me mire, alguien dipuesto to walk the line.
Y justo ahora suenan una y otra vez The way, y Racing in the street, y Candy's boy, y The breakaway, y de nuevo The way y The promise y The brokenhearted y de nuevo Candy's boy... y The little things (my baby does) y... y todavía no he llorado... aún... Y sé que tú, estés donde estés, estés con quién estés... estarás sintiendo lo mismo.
Primer momento de pausa en dos días, en realidad cuatro contando el fin de semana, aunque la tarde del domingo sí fue de 'dominguear', que había que compensar el madrugón, que levantarse a las siete un domingo debería estar prohibido a no ser que a una le espere la montaña, que no era el caso.
Y que ya sé que nadie echará de menos mis letras, que últimamente iba a una media de tres entradas diarias. Gran mérito para acabar contando lo mismo una y otra vez. Y que tengo cosas pendientes, al hilo de lo anterior y lo anterior a lo anterior, cuyos comentarios aún tengo pendientes y prefiero casi contestar con una segunda parte, de lo contrario me extendería mucho. Que hoy sale publicado en el BOPA el concurso de traslados y yo, que la esperanza es lo último que se pierde, ya he cubierto mi instancia aunque hasta mañana no pueda llevarla al Registro, y que no puede ni debe ser coincidencia, que Bruce tiene que darme suerte.
Aunque ayer cuando llegara a las tantas a casa (a las tantas para el horario funcionarial, se entiende) y tan, tan cansada no fui capaz ni de subir al coche y acercarme al Fnac aunque ya estaba a la venta 'la caja l'Darkness'. Supongo que lo haré hoy en cuanto consiga escaparme de aquí y que me encerraré en casa, pero no sé, me pasa algo raro, aunque me encanta la idea, no me apetece. Sé que me voy a poner triste, sé que me va a hacer llorar, sé que querría compartir ese momento con alguien que lo viviera tan intensamente como yo, sé que he's got a style he's trying to maintain y que lo único que me queda es decirle que si quiere verme I'm easily found y sé que vuelve a haber oscuridad on the edge of town.
C. me presenta a Eme, una ecuatoriana bajita, morena y relinda. Tres pasos más atrás caminan sus respectivos chicos. Nos encontramos con mi hermana, una de ellas, la única que vive aquí, y sus adláteres. Ellos se enredan a hablar sobre Alonso (estamos a sábado a media tarde) y la próxima carrera del domingo. Nosotras nos adelantamos y hablamos de acentos, del suyo propio, del de C., tamizado tras tantos años madrileños; del mío, casi inexistente, dicen, que no lograrían ubicarme. Y hablamos de la belleza y otros demonios mientras Eme me enseña en su iPhone las fotos de sus niñas. Dos chiquillas sonrientes, rubísimas y de ojos claros que tienen la misma cara de su madre y que lógicamente son igual de guapas, si cabe, que ella. Y miro a su chico, que ya se ha quedado atrás, y lo digo, que sus hijas son guapísimas, que es lógico, que ambos progenitores lo son. Y ella contesta que las rubias están sobrevaloradas, que muchas veces, cuando las va a recoger a la salida del colegio las otras madres la toman por la niñera, por la mucama, por 'la chica'; nunca por la madre. Que eso no le pasa al padre, que a él sí le toman por el progenitor, que nadie se confunde, que al fin y al cabo es un adusto y recio castellano, de los míos. Y C. bromea diciendo que es lógico, que las ecuatorianas, en fin, que por qué tienen esos cuerpos, pregunta. Y Eme nos cuenta que allá la mujeres se dividen entre costeñas y serranas, y que ella, de Guayaquil, es costeña, obvio. Que su padre, allá, vendía pantalones vaqueros, y siempre tenía a punto dos modelos distintos para unas y para otras, las primeras de cintura marcada y caderas prominentes, las segundas de trasero plano y sin formas. Y C. vuelve a la carga de nuevo sobre la presunta fealdad, en este caso, de ellos, y yo digo que exagera, que una vez conocí, en otra vida, en otra lengua, a un ecuatoriano guapísimo, que era alto, moreno y de ojos verdes, que un día le perdí la pista y que porque no recuerdo, probablemente nunca supe, su apellido (una vez alguien me dijo que le gustaba conocer los apellidos de la gente con la que hablaba, debería haber tomado buena nota entonces), que si no trataría de ejercer con él la teoría de los seis grados de separación; y cuando a punto estoy de poner los ojos en blanco y sufrir una auténtica regresión al pasado, C. me interrumpe diciendo que claro, que yo ya lo he dicho todo, que UNA vez conocí a UN ecuatoriano guapo, pero que le diga, a ver, cuántos españoles guapos conozco; y yo casi sin pensar y en modo reflejo on le digo que a uno, que sólo conozco a un chico guapo... y es entonces cuando me doy cuenta de que la memoria, esa puta traicionera, acaba de colarse, una vez más, en ésta, mi esquina de tiempo.
Tomaba un café hace unos días, la semana pasada, creo, con un amigo; aunque no sé por qué digo café si en realidad yo nunca tomo café, no me gusta, y no recuerdo si él efectivamente lo hizo... creo que sí, pero vamos, poco importa. Lo cierto es que la conversación iniciada entonces siguió días más tarde en un breve y raudo intercambio de correos al filo del anochecer. Bueno, que estábamos dilucidando una cena con el si tú vas yo voy, si tú no vas yo tampoco voy, etc, etc... Sonaba "Racing in the street" (la versión de "The Promise")... entre otras cosas, y yo, en fin, tampoco importa, no sé por qué me entra ese furor por tener que contarlo todo. Y en definitiva, que acabamos o más bien acabé por retomar la conversación mantenida días atrás.
Hablábamos, hablé, cómo no podía ser de otra forma, de relaciones, o de la ausencia de ellas, o de la búsqueda. De que yo no he sido nunca una chica 2.0, de ésas que se recorren media España para quedar con un tipo con el que lleva 'chateando' dos meses y al que no ha visto nunca, entre las cuatro paredes de una habitación de hotel. Algo que sin duda me parece estupendo, y más habitual, de eso me estoy dando cuenta últimamente, de lo que parece. Aunque no pueda evitar pensar que la gente es muy osada o muy inconsciente o muy ingenua o no sé, y que yo no soy nada de eso o puede que todo lo contrario. Y que tampoco entiendo por qué si normalmente no suele haber pudor alguno en reconocer que has ligado con tal o cuál muchacho que conociste en la cola del cine o en la barra del último bar, se guarde en secreto bajo sumario que te subiste a un tren a seis horas de distancia para quedar con alguien y ponerle cara por primera vez a unas letras. No juzgo, no critico, sólo opino, a lo mejor yo también lo guardaría como el mayor de mis secretos, no sé, quién sabe. Me sorprende, en todo caso...
Y me sorprende él, que me dice que también se ha subido al carro de las nuevas tecnologías como medio no sólo de comunicación, sino de ligue. Y no puedo evitar preguntar asombrada que si es cierto, que si se liga de verdad de la buena. A preguntar cómo era eso del ciber-sexo, pues como que no, básicamente porque me parecen dos palabras tan incompatibles y contradictorias y excluyentes entre sí, que descarto el tan sólo imaginar cómo tiene que ser eso. Pero lo otro sí me interesa, porque últimamente me estoy planteando más que seriamente la virtualidad como vaso comunicante. Y tiene gracia que esa incierta decisión me llegue ahora, recién salida de mi letargo existencial y cuando más he socializado y comunicado e interactuado, que es verdad que es la falta de amor la que llena los bares, o tal vez por eso, porque en estos últimos meses he conocido y presuntamente ligado con más personas que en el último año y les aseguro que nunca me he sentido tan sola como ahora, rodeada de gente.
Y hablo del blog, que a lo mejor podría ser un medio, ¿no? Que ahí aparece mi dirección y hasta mis fotos y mis miserias, que dejad que se acerquen a mí. Pero no, llegamos a la conclusión de que este medio no es el medio adecuado. Y él opina que quizás debería abrir uno alternativo, tal vez más anónimo, más cerrado a las tristezas y a mis verdades y anhelos y sueños truncados y todo eso de lo que éste se alimente. Con otro tipo de historias, más insinuantes o pícaras o no recuerdo exactamente el adjetivo que utiliza, que de seguro entonces despierto las curiosidades masculinas ajenas, dice. Y yo pienso, qué poco me conoce, que no sólo es que no tenga talento alguno para el relato semierótico o insinuante o con doble vertiente o cómo se le quiera llamar, es que tampoco tengo ningún interés en algo así, pero ninguno, de verdad de la buena. ¿Que acaso no me quejaba yo hace días de que de pronto y sin venir a cuento y sin yo pretenderlo ni buscarlo, en cierta parte masculina de mi entorno se ha instalado la primavera? Y ya conté aquí que no es que me molestara, ni me ofendiera, que en todo caso me desconcertaba y para nada halagaba, aunque pocos lo entiendan. Y él parece no entender entonces de qué me quejo, si ya tengo eso, hombres dispuestos a ofrecerme sexo a cambio de un rato de compañía, conversación y tal vez una cena sentados entre cojines viendo "Carta a tres esposas". Cómo si no hubiera más que eso, o yo no tuviera derecho a aspirar a otra cosa, a algo que parece sólo existe en mi imaginación, en mi universo paralelo, porque entonces me pregunta qué es lo que tú quieres entonces, como sin comprender que alguien rechace eso o no lo valore o lo aprecie. Y no sé qué contestar, no sé cómo explicar, me resulta tan obvio... que me tomen en serio digo, y nada más pronunciarlo me doy cuenta de lo raro, de lo mal que ha sonado.
Y de repente se me ha ocurrido algo, una estupidez, un desvarío de los míos, al margen del blog, de las barras de los bares, de las redes sociales y el Meetic. Que ya hablé alguna vez del atractivo, de la fascinación que siento por las bibliotecas, por los anaqueles llenos de libros, por la H de Hornby, la A de Auster, la M de Marías y McCarthy, la R de Roth. Elegir una letra, elegir un día, elegir una hora, y bienvenidos al bookcrossing humano tirando del hilo de Ariadne...
Es curioso que yo, adicta a la última palabra, y entiéndanme, no necesariamente quiere decir eso que tenga que ser yo la que cierre la puerta, sino que quiero que ésta siempre quede cerrada independientemente de quién lo haga, esté dejándolo pasar no una, ni dos, sino tres veces, con tres personas distintas... A lo mejor es que por fin he aprendido, va a ser que no, que si una no está segura de que lo que va a escuchar le va a gustar, mejor dejarlo pasar y que quede en suspenso hasta que caiga por su propio peso y el del paso del tiempo que todo lo cura y a todo le pone remedio... Pero es que a mí siempre me gustó escuchar aunque las palabras que fuera a oír no me gustaran... y siempre que el último cierre la puerta, que no puedo dormir con puertas abiertas, ni siquiera las de los armarios. Y no sé... aunque sepa.
P.D. Barbara Harris
[La canción de Jorge Drexler, que cada cuál la interprete como le venga bien en gana,
que al fin y al cabo nadie escucha las canciones ajenas, ¿verdad?...]
Llevo demasiado tiempo durmiendo mal, demasiado tiempo recordando mis sueños. Algo que nunca me había pasado, que yo siempre he sido de dormir de un tirón, de no recordar lo soñado; que dicen que soñar, soñamos todos aunque no siempre lo recordemos. Será que mi buena conciencia se ha ido por patas, y puede que haya algo de eso, que últimamente no logro librarme de la sensación de haberlo hecho todo mal, y en algunos casos, de seguir haciéndolo.
Así que he vuelto a soñar y a despertarme sobresaltada y a escuchar a Lucinda que me dice que everything has changed. Y es curioso, porque fue uno de ésos que puede calificarse como un buen sueño, rozando lo erótico, pero sin caer de lleno en ello, con un ilustre viejo desconocido. Extraños los recovecos de las casualidades y la memoria. Buceaba esa tarde en el Facebook, en plena fase de aburrimiento agudo, jugando al juego de 'quién no esté en Facebook no existe' y siguiendo sus propuestas de 'tal vez conozcas a esta persona', consejo que yo nunca hago caso aunque durante cierto tiempo, antes de que fuera otro el que cometiera el "error", tuve que ignorar con todas mis fuerzas, como si el Facebook fuese a unir lo que nunca estuvo unido. Pero en ésas estaba cuando aparece un nombre y un primer apellido que me suena a algo, aunque tardara en etiquetar e identificar, y una foto de ésas, pequeñitas, tamaño carné, y una cara sonriente que me persiguió hasta la cama y se acostó conmigo colándose en mis sueños. Y juraría que yo jamás le hubiese dibujado con esa sonrisa... cosas veredes.
[Podría hablar de muchas cosas, o lo que es lo mismo, de la nada absoluta, que es en lo que soy experta. Salir de nuevo con una de ésas, mis entradas moñas, sobre abismos y circunstancias. Pero no, hoy no me apetece, mañana sin duda volverán, pero lo prometido, a veces, es deuda, y es que me he reído tanto, que considero es injusto, aunque ustedes no quieran, no acabar compartiéndolo.. Y no se quejen, con no leerlo, basta y sobra. Al margen de que les compenso con los Drive by Truckers... que me gusta a mí esa canción. Y no, no me den las gracias]
(En construcción...) Y ahora suena el Dream, baby, dream... y sobran los motivos.
Una se creía que las mató el tiempo y la ausencia... no, que no era esto. Una creía que no podía haber otra boda-exclusiva (el pack es indisociable), patrocinada y financiada por la revista Hola, a partir de acá el Trola, más ridícula y hortera de bolera que la del Duque de Feria, Rafa 'Scalpers' Medina, alias El Zapatillas. Pero me equivocaba, como casi siempre y en tantas cosas.
Seguro que la inmensa mayoría de ustedes desconocen quién es el actual Duque de Feria, y menos que nos importa, pensarán, pero da igual, yo se lo explico, que de seguro eso del Ducado de Feria les suena; y les suena a un oscuro asunto de pederastia, drogas y prostitución que conmocionó a la sociedad sevillana de hace unos años y a Jesusito Vázquez, no hace tanto, cuando el sin par Paradita (José Manuel) se lo quiso recordar en vivo y en directo en no sé cuál programa de Telecinco (Telecirco pa'los restos). El de la escandalera por las calles de Triana fue el anterior duque, padre del actual, de los Medinaceli de toda la vida y residentes en la Casa de Pilatos, de la que actualmente sigue siendo dueña y señora la abuela Mimí, madre de uno y abuela del otro, y evidentemente ex-suegra de la gran Naty Abascal. Y por si tampoco saben quién es Naty, yo se la presento, que borracha es casi tan divertida y cariñosa como yo:
Porque a diferencia de cualquier boda convencional, donde la que brilla y resta protagonismo y opaca al resto (y así debe ser) es la novia, en la boda del hijo de Naty, la protagonista, como no podía haber sido de otra manera fue ella, la madrina, y tal parecía que los que se casaban era madre e hijo y que la novia estaba de atrezzo, como de atrezzo parecía la presunta novia del otro hijísimo, Luis Medina, Amanda Hearst, de los Hearst de toda la vida, que seguro les suena el apellido, rica heredera de los States y a la que parece contrataron para figurar en las páginas del Trola, porque días después de la boda, la presunta relación, oh, desolación, se rompió.
Pero aunque esta boda dejara momentos impagables, como que fuera imposible distinguir quién era Naty Abascal y quién era Valentino (hagan la prueba y busquen las siete diferencias), o se cuente y se rumoree que a los invitados se les exigió por adelantado 150 euros para pagar el cubierto de un catering que ponía una empresa de los padres de la novia o que entre las más elegantes se encontrara la señá Duquesa (de Alba, se entiende) del brazo de su funcionario (imagínense cómo luciría el resto); no voy a hablar de ella, porque ha habido otra que la superado en ridiculez, si cabe, y parecía tarea difícil, por no decir imposible.
Ubicar a los protagonistas de esta segunda boda hortera de bolera, cateta y toreril va a resultar un poco más complicado. Pero vayamos por partes. ¿Se acuerdan de Carmina "sóis unos desahogaos' Ordóñez? Hija (Antonio Ordóñez), sobrina (Dominguín), mujer (Paquirri) y madre (Fran, de acá en adelante el Agropecuario, y Cayetano) de toreros. Pues bien; se dijo, se rumoreó, se comentó, que Carmina, mujer bella donde las hubiera en sus años mozos y no tan mozos, tuvo un amor imposible con un matatoros, a la sazón casado, con otra se entiende. Y lo del amor imposible venia porque parece ser que el matatoros en cuestión se resistía a abandonar a su mujer e hijos por ella.
Cuenta la crónica rosa que fue uno de los pocos secretos que se llevó a la tumba y de los escasos aspectos de su vida que no vendió al mejor postor, pero claro, fue morirse y a sus representantes, los hermanos Malasombra, digo, Matamoros, les faltó tiempo para contarlo, cobrando, obviamente, el subsiguiente cheque. Entre los nombres del presunto infiel se barajó el de Espartaco, respetablemente casado, entonces, con la mística de Patricia Rato, de los Rato de toda la vida; y a la que recientemente abandonó en uno de los casos de divorcio más fascinantes del cuore actual; que hay gente que no acaba de entender que cambiara a la Patri, niña mona y rica, señora de su casa y de las estaciones de AVE y aeropuertos que en este mundo son y han sido, siempre con una media sonrisa en los labios y un gracias, gracias y un bolso CH colgado del brazo, por una tal Macarena, ni tan guapa, ni tan mona, ni tan niña, ni tan señora de su casa.
Pero olviden al de Espartinas, sólo era un inciso, y es que ese divorcio me resulta tan fascinante como el increíble caso de Adriana Carolina Herrera casada con el Litri. Y vayamos al lío, que otro de los nombres de matatoros que se barajó como el amor imposible de Carmina Ordóñez fue el de Jose María Manzanares. Y ahí es a dónde yo quería llegar. Porque la boda de la que quiero hablar es precisamente de la de un hijo de éste, el nombre de la novia, tendrán que disculparme, lo ignoro; el del novio es igual al del padre, Jose Mari Manzanares Jr., de profesión, para seguir con la tradición, matatoros. Dicen que el chiquito en cuestión es mono, y él parece creérselo, que alguien le debió decir alguna vez que si ponía morritos y cara de malo se parecería a Marlon Brando, y en fin, va a ser que no... o sí, que en realidad, qué sabré yo, porque a mí es verdad que me gustan los guapos, y las chaquetas de cuero y las camisas de cuadros y las barbas cuidadosamente descuidadas (aunque no venga a cuento lo digo por si hay por ahí algún lector o un pasaba por aquí que reúna los requisitos y me considere fascinante, lo sé, es improbable, peeero...), me temo en todo caso que no son el tipo de guapos que salen en la portada de la edición española del Vanity Fair... y este chico ha aparecido hasta en Vogue (edición española, se entiende)... pero que me disperso...
Del nombre de la novia no me acuerdo, de la madrina no se acuerda nadie, el padre del novio, que se supone que era el famoso, no asistió o no fue invitado, el novio se limitó a posar poniendo cara de malo... En fin un horror y una pereza sino fuera por los 'ilustres' invitados y sus andanzas. Porque, ¿qué pasa cuando invitas al Agropecuario a una boda donde hay mujeres casadas y en edad de merecer?, pues que los maridos y él se acaban liando a mamporrazo limpio por la virtud y los quereres de las buenas señoras. Y se dice, se cuenta y se rumorea que en pleno baile nupcial el Agropecuario sacó a bailar a Mariló Montero, la mujer de Carlos Herrera, ex-chica Hermida y Maja de España, que creo ahora presenta un programa en la teuve, y éste último no le debió sentarle nada bien y aunque parece que la cosa no llegó a las manos, sí le dieron a la dialéctica del insulto. Ahorro fotos de los susodichos porque el Agropecuario me produce urticaria y la Mariló, en fin, sólo puedo decir, qué daño está haciendo 'Mad men', que Grace Kelly sólo hubo una. Pero como el Agropecuario tiene para dar y repartir, también tuvo sus más y sus menos con otro matatoros, de nombre Pepín Liria, parece que íntimo del de Espartinas, y ya saben, que en todo caso yo les cuento, que aunque eran íntimos, desde que el Agropecuario ronda a Patricia Rato y a la hija mayor de ambos, la relación, lógicamente, se ha vuelto tensa. Que le van las madres y las hijas por igual, según parece, y las lealtades en el mundo del toro dícense inquebrantables. Se adjunta foto del batacazo de la mujer de Pepín Liria en la entrada en la iglesia, que los tacones pueden ser un arma muy peligrosa.
¿Y qué pasa cuando invitas a Cristina Tárrega, de profesión Cristina Tárrega, a una boda? Pues que le falta tiempo para llamar a un programa de televisión y contar que en plena madrugada tuvo que acudir la policía al hotel donde estaban alojados los invitados a la boda, porque esa extraña pareja, la formada por Estrella "Ojú qué arte tengo y cómo lo desperdicio por mi afán de salir en los papeles" Morente y Javier "qué cara de cabreo permanente me gasto" Conde, que dormían tres habitaciones más allá de la suya, montaban el escándalo padre, no sé si sabe si hubo o no más que palabras. Y tampoco se aclara si él ciertamente pasó o no la noche en los calabozos.
¿Y si invitas a Fiona Ferrer sin su waitress en zapatillas, y acá me disculparán, pero me da tanta pereza explicar quién es Fiona Ferrer, insigne y sin par rubia natural que pretende no tener un pelo de tonta, qué pasa? Que se piensa que es la sosa de Laura "de profesión mi suegra y tal y tal" Ponte, y se viste de musa de Miguel Palacio haciendo el mayor de los ridículos.
¿Y si invitas a Rosario Domeq, de los Domeq de toda la vida y a la sazón mujer de el Juli, aunque el Juli a su lado parezca un recortable en papel cartón a su vera? Pues que eclipsa al resto de las invitadas, novia incluida, y se convierte en la reina de la fiesta. Sudores fríos debieron entrarle a Naty (para muestra la foto de abajo, de rojo) cuando le robó el protagonismo en la boda de su hijo Rafael 'Scalpers' Medina, alias el Zapatillas. Y en la boda del Manzanares Jr., obvio, volvió a hacerlo, que va a ser verdad que la clase ni se compra ni se vende.
Moraleja, no invites a Cristina Tárrega a tu boda, mantente alejada del Agropecuario y asegúrate de que no haya ningún matatoros en tu lista de invitados, ni ninguna otra mujer que sea más guapa, más alta y más elegante que tú. Nada más triste para una novia que no ser la protagonista de su supuesto gran día (aunque a mí se me ocurran como mínimo otro par de cosas)... Me voy a escuchar a Imelda May para desintoxicar.
Nota mental... se llevan los guantes largos... qué me gustan.
Acabo de llegar de una reunión interminable, son casi las cuatro y cuarto y ni siquiera he comido todavía, acaba de salir el sol y no encuentro la canción que prometí... 'Sweet old world' - Tampoco he buscado a fondo, todo hay que decirlo...
Debería, debería tantas cosas, pero no... creo que me voy a casa a seguir leyendo "Tormenta de espadas" y a meterme entre pecho y espalda un filete, que no se queje mi médico que no hago progresos, aunque no los haga, contra mi anemia galopante...
Feliz tarde... y joder, acabo de confirmar mi asistencia a una comida laboral la semana que viene que no me hace ninguna, pero ninguna gracia, ni siquiera me gusta el menú... todo sea por socializar y no quedar como la única que no se apunta... aunque ese honor se lo lleva mi compañero A... no sé si es consuelo ver que hay seres más asociales que yo. ¿Y saben? Pienso divertirme aunque no vaya a comer nada... Juro por mí, que sí, que será...
[No era la canción que yo quería... pero Lucinda la canta aún mejor, aunque parezca imposible, sin que lo sea, porque al fin y al cabo viene de ella... y como imagino que en realidad nadie escucha las canciones... Aunque si no conocen esta canción no sé a qué están esperando...]
Tengo un compañero que casi a diario llama por teléfono a su madre para pedirle instrucciones sobre el menú qué va a realizar ese día; ya sean boquerones en vinagre o lechazo al horno. No sólo toma notas, sino que transmite la información a quién pudiera interesar, iniciándose de ese modo una suerte de debate culinario-gastronómico acerca de las bondades del azafrán o del arroz bomba.
Hace no demasiado tiempo su madre le falló, no estaba disponible al otro lado del hilo telefónico y él parecía necesitar con urgencia una receta para hacer un potaje de lentejas. Echa un vistazo a su alrededor, en torno a las dos de la tarde la mayoría del personal estaba de tertulia, unas diez personas, y como si de repente hubiese sido iluminado por la luz eterna, se dirige a mí. A mí, que jamás he presumido ser ser buena cocinera, porque entre otras cosas, no lo soy y mis lentejas son lo más parecido a un caldo vegetariano. A mí, que siempre me inhibo y no entro en la discusión sobre el punto de las frituras. A mí, que soy la única mujer en metros a la redonda.
Y vuelta la burra al trigo. Hace un rato discuten sobre no se qué, hace tiempo que perdí el hilo y le estoy contando emocionada a mi compañero por qué tengo pintado de rojo en el calendario el martes 16 de noviembre, que cada loco con su tema. Cuando de repente oigo por detrás que alguien se dirige a mí con un: 'esto seguro que Dae lo sabe'... y lo que Dae supuestamente debe saber es cómo se llama la nuera de la baronesa Thyssen. Obviamente vuelvo a ser la única mujer en varios metros a la redonda y me temo que eso ha sido condición más que suficiente para que me hagan a mí la pregunta.
Y sí, ciertamente sé cómo se llama la nuera de la baronesa Thyssen, o lo que es lo mismo, Tita, de soltera Cervera. La mujer de su hijo, el esgarramantas de Borja Thyssen, se llama Blanca Cuesta, y también sé que es esa versión de barbie geriátrica patentada por Anita Obregón, en este caso con unos cuantos años menos y el pelo igual de frito, aunque apareciera hace dos semanas en la portada del Trola travestida de señora respetable con un moño a lo Audrey, en el bautizo-exclusiva de su segundo hijo, el segundo nieto de Tita Thyssen y al que ésta aún no conoce porque no se habla con el maromo de Borja. Lo cuál es fácilmente entendible, que una no se gasta el dinero en colegios en Suiza para que el niño se acabe liando con la versión 2.0 de su madre y con un único interés vital, que pasa por las motos, los tatuajes y los gimnasios (intereses, todo hay que decirlo, muy loables, siempre que no se reduzcan sólo a eso). Aunque imagino que cuando el dinero entra por la puerta, la dignidad sale por la ventana. Máxime si viene acompañado de un par de gemelas que dicen los rumore, rumore, son hijas del propio Borja, con lo que Borja sería padre y hermano a un tiempo... No me digan que no es fascinante la historia. Casi tanto como lo del carrete, que tras más de diez años escuchándolo sigo sin saber exactamente qué significa... no me hagan caso, divagaciones mías.
Sí, ahora pueden decirlo y asombrarse de la cantidad de información absurda e inútil que soy capaz de retener en mi cerebro. ¿Imaginan por qué nunca enciendo la tele? Sería carne de cañón, acabaría enganchada con todos esos programas que monta Telecirco, donde propios y ajenos airean sus vidas y sus miserias, aunque al fin y al cabo es lo que yo hago aquí. Sólo que esto es más divertido, porque aquí se habla de mí... Pero esto, ellos, mis compañeros, no lo saben... No saben que puntualmente, semana a semana hojeo, que no leo, el Trola (ya lo conte aquí). Costumbre entrañable que conservo desde la más tierna infancia; tengo que alimentar y mantener, aunque sea a buen recaudo, mi lado más freak, cotilla y bizarro. Me gusta ser un todo de muchas cosas, ser un prisma con muchas caras, y la prensa del corazón puede llegar a ser muy, muy divertida, especialmente porque a día de hoy, y espero que durante mucho tiempo, la portada del Trola le está vedada al mostrenco ése que algunos llaman princesa de no se qué distrito madrileño.
Así que dudo si admitir que sí, que conozco ese dato y hágase la luz, o callar e ignorar la pregunta con un encogimiento de hombros y un 'no veo la tele'. Que al fin y al cabo es cierto, no veo la tele, pero no sé mentir, y digo, Blanca Cuesta, y se inicia no se qué discusión sobre Francesca, la hijastra de Tita, marchante de arte, imagino que sobre la exposición de la Laboral, aunque no llego a entender qué tiene que ver con todo eso la nuerísima.
Al fin y al cabo, el 99% de las conversaciones que mantienen mis colegas aquí pasan por el fútbol, la fórmula 1 o lo que es lo mismo, Alonso, y de cuando en cuando levantan el país. Tres temas que a mí me caen lejos, pero bien lejos, y me interesan menos que nada. ¿Debo avergonzarme yo por divertirme viendo el despliegue a todo color de la boda-exclusiva del hijísimo ése de Naty Abascal, Luis 'Scalpers' Medina, alias el Zapatillas? Pues no, ni modo, que las risas son sanas, y porque no tengo ni tiempo, ni ganas, e imagino que interés alguno ustedes no tendrían en leerlo, pero si no, crónica que les enchufaba vía Youkioske. Que si fui capaz de admitir públicamente mi devoción por Raphael y la Jurado, ya no se me resiste nada. Si eso, luego me meto algo de Linda Rondstadt en vena, para compensar, aunque igual hay quién piensa que la señorita Rondstadt es una hortera de bolera y tengo que elegir algo más intenso, no sé, tal y como está el día vendría bien Neil Young, y ahora me apetece escuchar ésa que canto con Emmylou.
[Edito porque acabo de ver las fotos de otra boda del año de la semana, que los del Trola son muy suyos en esto del cómputo del tiempo, y me he echado unas risas, que no puedo evitar compartirlas con ustedes... que sí, que ya sé, que no les interesa, pero les dejo con Linda Ronsdtadt y luego a cambio de la crónica les compenso con Neil Young]
P.S. ¿Y saben? Aunque a ustedes ni les vaya ni les viene, ya tengo otro motivo, para esperar con ansia que llegue el 16 de noviembre... y tiene que ser una buena señal, de seguro...
Escucho el último disco de Willie Nile, y bang, me acuerdo de aquella canción que decía que harían una estatua en tu nombre, y pienso que fue bonito mientras duró... Y aclaro, aunque no debería aclarar nada, que vayan ustedes a saber lo poco, mucho o nada que les importan mis aclaraciones, y al fin y al cabo este es el juego, que yo escribo y ustedes leen e interpretan y a veces hasta se dan por aludidos, sin que yo señale con el dedo, que ustedes solitos y su pretensión se bastan y se sobran, y que a veces aciertan, claro, y otras se equivocan, obvio... pero aclaro, que deseo que le vaya bonito a muchos más de dos, e incluso de tres, que hasta se lo deseo a mi no-compañero de fatigas laborales, que hoy me descubrí dándole consejos sobre cómo afrontar el examen de oposición al que se enfrentará el domingo y en el que por cierto yo estaré al otro lado, sobre la tarima. Pues eso, que a lo mejor es que empiezo a creérmelo, a aceptarlo y a resignarme, respectivamente. Y que les deseo a todos, de lo bueno, lo mejor, siempre que a mí me quede la mejor parte; y pidiendo un último favorcito, para no irme de vacío, que en alguna tarde de éstas que nos quedan de noviembre se acuerden un poquito de mí, aunque no hace falta que me lo digan, que ya no importa, porque probablemente yo sí que no me acuerde de ustedes...
Y ahora debería volver a sonar Lou Reed, pero no quiero correr el riesgo de tener que admitir que tú tenías razón y yo estaba equivocada... y probablemente vuelva a querer que me lo recuerdes... y vuelta a empezar, que ni modo, ¿no?
Si mi madre leyese esto, que no lo va a hacer, supongo, entre otras cosas porque desconoce su existencia, obviamente, y ni oportunidad va a tener, creo que se sentiría especialmente defraudada conmigo, y probablemende decepcionada consigo misma. Diría algo así como que ella no ha educado a su cuarta hija para que estuviera llena de miedos, de temores, de infelicidad, de inseguridades y abismos; y que ni modo, desde luego tampoco para que su felicidad dependa de tener o no un hombre a su lado; ni para que viviera en un cuento de le lechera permanente, haciendo planes de continuo sobre qué hacer con su vida en caso de tocarle la lotería, cuando ni siquiera se compra un mísero cupón de la Once.
Tres hermanas mayores siempre independientes y felices; y un hermano pequeño, el príncipe no precisamente destronado; y yo, la cuarta de cinco, la autónoma y autosuficiente, siempre a solas por los rincones de esa enorme casa con un padre en exceso autoritario y una madre siempre ocupada. Obediente y cabal, rodeada de libros adultos y discos robados a los novios de mis hermanas, Leonard Cohen y Mike Ríos iniciaron el camino que nunca llegaría a Itaca, sino a Atlantic city; construyéndome un mundo a medida en cualquier rincón entre las sombras, siempre pasando desapercibida y tratando de no molestar y no hacer ruido. Una vida que comenzaba al bajarme a las cinco y media de la tarde del autobús, me quitaba el uniforme del colegio mientras merendaba con Espinete de fondo y hacía los deberes sin que nadie me recordara que era mi obligación. Puntualmente a las ocho en la cama con un libro entre las manos, la luz apagada no más allá de las diez y el walkman escondido entre las sábanas. Si ese día, Pilar Miró que estés en los cielos mediante, ponían una de Gary Cooper o de Montgomery Clift, mi madre concedía la excepción que nunca confirmó la regla.
Yo sabía en todo momento lo que tenía qué hacer, cuáles eran mis deberes y obligaciones, cuándo tocaba sonreir y sentarse con la falda bien estirada y las rodillas bien juntas. Cuándo correspondía asentir y dar las gracias y dejarse peinar y subirse los calcetines para pasar revista ante las visitas, ante las tías que siempre me recordaban que yo era rubia y rizosa como ella, pero que ojalá no heredara su carácter y esa total falta de ausencia de buenos modales, sentido común y protocolo. Y mi hermana C., tres años mayor, siempre preguntaba a quién se parecía por tanto ella, y mi tía P. le decía que si mis cabellos brillaban como el oro, los suyos lo hacían como la plata, y ella asentía satisfecha, hasta que un buen día se sentó frente al espejo comparando el tono oscuro de su pelo con la fotografía enmarcada en plata de la foto de bodas de los abuelos... esa misma tarde se acabó mi infancia, que los Reyes son los padres, por si no lo sabías.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.