Hay días luminosos pese al gris del cielo tan sólo porque una canción se cuela en tus oídos y va marcando tus pasos mientras conjuras la siempre esquiva suerte frente al espejo de los buenos días.
Aunque a medida que mi tiempo devora las horas que ya no volveré a vivir y me he dedicado a malgastar entre ensoñaciones, dedicando demasiado tiempo a imaginar cómo sería todo si todo no fuese como es, mi cielo vuelve a teñirse de gris mientras me llega un mensaje de alguien que me dice que no desea en absoluto, nada más lejos de su realidad, que piense que se ha olvidado de mí. Me fascina el sentido del humor de alguna gente y me importaría si me importara.
A la que nunca tuve valor de decirle que dejara de serlo.]
No me gustan las mentiras. No soporto que me mientan. Me considero una persona lo suficientemente cabal y con cierto encaje para la verdad, por desagradable, impulsiva o dolorosa que pueda llegar a resultarme. No comulgo con las personas que hacen uso y abuso de la impostura, de los fuegos de artificio para llegar a sus metas. Si quieren algo de mí sólo tienen que pedirlo, aún a riesgo de que les niegue; pero no, estas personas prefieren las carreteras secundarias, los caminos no transitados para alcanzar lo que persiguen justificándose a sí mismas cuando tienden la mano izquierda en lugar de la derecha; cuando exhiben su falta de principios y hacen gala de la más infame cobardía. Claro que ellas consideran que SU fin justifica SUS medios y aunque no lleguen a creerse sus propias mentiras venden su “verdad” a precio de saldo; orgullosas de sí mismas, sin fisuras; seguras de su determinación, de que la pobre imbécil del otro lado, la presunta ingenua que pasaba por aquí, se las creerá a pie juntillas, sin dudas ni cuestiones.
Pues no, señores, que sepan que abomino de toda esa panda de idiotas que consideran ser merecedores de reverencias a su paso. Que te detesto a ti, a ti, al otro también, a ti y a usted que posiblemente me leas o pases por aquí. Y no, no confundas mi silencio, mi gesto de asentimiento o mi forzada sonrisa (sonrío mejor cuando no quiero sonreír) con una mala entendida buena educación o una meditada hipocresía por tanto. No, te desprecio tanto que no tengo el menor interés en demostrártelo.
P.D. Carole Lombard y Robert Montgomery en "Mr. and Mrs. Smith"
"Yo al principio pensaba que la vida era una de esas fiestas con piscina donde todo el mundo se baña desnudo pero alguien se queda vestido, o sea, yo. Pero últimamente he estado sintiéndome al revés: me había quitado la ropa, me había tirado al agua en bolas tan confiada y resulta que todos seguían vestidos, y alguno como mucho parecía dispuesto a venirse al agua conmigo pero con un superbañador bermudas o un bikini blanco. Así que me he largado, ¿sabes? O sea, no he vuelto a salir y he pedido una toalla y he puesto cara de pues qué buena el agua y aquí estamos. No. Lo que he hecho ha sido coger mis cosas, secarme sí, vestirme, pero luego coger mis cosas y pirarme; ahora voy por ahí con el pelo mojado y el verano en el cuerpo aunque nieve".
"Now I live my life in silence
Though I'm not quite in a shell
I drink and listen to that song"
'A Whiter Shade of Pale' "
Una vez quise ser Albania, vivir en la autarquía. Acabando por ser mi corazón el país más derrotado, porque el tiempo, ya se sabe, no respeta los deseos y se olvida de los sueños.
Este lunes de mañana, de camino al trabajo, hablaba y recordaba un libro. Recuerdo ahora que en su momento hablé aquí de él. Recuerdo que tengo que llamar a Blancanieves, que seguro se alegrará de saber. Tengo que releerlo:
Aunque ahora todo sean rumores de ida y vuelta, bailes de fechas y ciudades, que Bruce saque nuevo disco y anuncie gira siempre es más que una buena noticia. Aunque lo mejor sea poder compartir esos conciertos, I hope, con el que sí fue la mejor de las noticias.
Sun 13 MAY - SEVILLA
Thu 17 MAY - BARCELONA, Estadi Olímpic
Fri 25 MAY - FRANKFURT - Commerzbank-Arena
Sun 27 MAY - KÖLN - Rhein Energie Stadion
Wed 30 MAY - BERLIN - Olympiastadion Sat 02 JUNE - SAN SEBASTIÁN - Anoeta
Sun 03 JUNE - LISBOA - Rock in Rio [festival]
Thu 07 JUNE - MILAN - San Siro
Sun 10 JUNE - FIRENZE - Stadio Franchi
Mon 11 JUNE - TRIESTE - Nereo Rocco Sun 17 JUNE: MADRID, Estadio Santiago Bernabéu
Tue 19 June - MONTEPELLIER - Park & Suites Arena
Thu 21 JUNE - SUNDERLAND - Stadium of Light
Fri 22 JUNE - MANCHESTER - City of Manchester Stadium
Sun 24 JUNE - ISLE OF WIGHT - Isle of Wight [festival]
Wed 04 JULY - PARIS BERCY
Thu 05 JULY - PARIS BERCY
Thu 12 JULY - VIENA - Ernst Happel Stadium
Sat 14 JULY - LONDON - Hyde Park [festival]
Tue 17 JULY - DUBLIN - RDS Arena
Sat 21 JULY - OSLO - Valle Hovin Stadium
Mon 23 JULY - BERGEN - Koengen
Fri 27 JULY - GOTHENBURG - Ullevi -
Como una es pobre de solemnidad habrá que conformarse con esas dos.
P.D. Jane Powell, Ruta Lee, Julie Newmar, Nancy Kilgas, Betty Carr,Norma Doggett y Virginia Gibson en Seven Brides for Seven Brothers.
Una de las cosas buenas (o malas, según se mire) de escribir sobre las rutinas vitales es que pasado el tiempo es fácil echar la vista atrás y releer lo escrito si la memoria comienza a fallarnos. A mí me ha sucedido más de una, de dos o de tres veces; releyendo he recordado cosas, personas y situaciones que de alguna forma había olvidado. He revivido fantasmas cuyas cadenas ya ni ruido hacen al arrastrarse. He esbozado sonrisas aunque las más de las veces muecas forzadas por el pudor y la vergüenza. Me he indignado un poco, enfadado nunca.
Y de pronto me he dado cuenta de que he escrito poco, muy poco, en este último año. Aunque no tema que los recuerdos creados estos doce meses pasados vayan a esfumarse como lágrimas en la lluvia. Si algo recordaré algún día, sin necesidad de palabras escritas, será todo esto.
No era 20 de noviembre, aunque podría haberlo sido. Día en el que comenzó todo, aunque no lo supiéramos. Aunque en realidad hubiese comenzado mucho tiempo atrás.
Sonaba Thunder road, pero podría haber sido cualquier otra. Drive all night, Racing in the street o Point blank. Cualquier canción lo suficientemente triste. Cualquier canción que justificase mis lágrimas.
Ahora toca salir a la calle y regresar a casa tras una infernal mañana laboral (mañana aún pese a que el reloj marca exactamente las 16:39). Llueve, y probablemente en una hora la noche haya caído casi tanto como los termómetros. Noviembre ha llegado y con él el mejor de los otoños.
Entonces ni siquiera estaba triste... o tal vez sí. Sólo un poco. Tal vez porque aún no he aprendido del todo a estar de otra manera.
No sé cómo acabamos allí. La ciudad entera se sumerge en la fiesta entre idas y venidas, conciertos varios y reencuentros, pero él me propone huir. Escondernos hasta de nosotros mismos, cómo si fuese posible, y acabo aceptando su propuesta, al lado del mar, al filo de la madrugada recorriendo los viejos bares, testigos de tantas de nuestras noches cuando aún creíamos en el futuro…
-“Las madrugadas son azules.” -Dice de pronto, tras un largo tiempo sumido en el silencio.
¿Azules?, ¿cómo tus ojos?, ¿cómo mi ginebra?, interrogo con la mirada (hay demasiado ruido).
Miro por encima de su hombro tras la cristalera que nos separa, aísla y protege del exterior. Está amaneciendo y la bruma se extiende sobre las inquietantes gaviotas que sobrevuelan las olas rompiendo contra el muro y pienso en cuál sería el color de mis madrugadas. Sin duda oscilaría entre el gris de los asientos traseros de mi coche y el rojo de su carrocería, el sombrío amarillo de las farolas iluminando la avenida donde me salto los semáforos y el lívido naranja de los besos con los que esa pareja, noche tras noche, se despide en la oscuridad del portal. Entre el violeta, color del que alguien me dijo se disfrazaba mi olvido y el azuloscurocasinegro en el que envuelvo mis sueños y deseos. Entre el verde desvaído con el que vistes tu mirada... Decididamente mis madrugadas no son azules. Claro está que el daltonismo vital nunca ha sido óbice para nuestra amistad.
Da un último trago a su cerveza y se levanta sin decir nada. Simplemente coge la cazadora que reposa colgada haciendo equilibrios en el respaldo de la silla y con uno de esos autoritarios gestos, señas de su identidad, me indica que quiere irse y me invita, ordena más bien, a acompañarlo. También yo con un gesto, inútil echar mano de las palabras entre el volumen de música y conversaciones, le digo que se vaya, que yo me quedo. Se encoge de hombros, como diciendo “allá tú si prefieres quedarte sentada sola en un bar a las siete de la mañana”.
Cuando llega a la puerta aún lanza una última mirada hacia mi rincón para comprobar, supongo, si sigo allí. Lo despido con un gesto. Conozco el segundo acto de la noche que ya ha dejado de ser noche y hoy no me apetece representar mi papel, son más de diez años ya, creo que va siendo hora de retirarme del escenario.
P.D. Alida Valli y Joseph Cotten en "The third man"
-"Así es como lo llevo cuando puedo ser yo misma."
The way we were
Decía Carrie "Sex and the city" Bradshaw (y mucho antes que ella lo dije yo) que en el mundo había dos tipos de mujeres, las mujeres de pelo liso, y las mujeres de pelo rizado. Las primeras eran las que acababan por ser felices con tipos como Hubbel (Robert Redford en 'The way we were'-Tal como éramos). Él sólo quería ser feliz y encontrar a alguien que se sentase a su lado a ver 'Friends' y se ríese de los mismos chistes al modo de Tina "I can see Russia from my home" Fey. Y yo, en fin, yo era (soy) una chica de pelo rizado...
Durante mucho tiempo y fíjeseustedquétontería, yo me creí eso de que fútbol y letras eran incompatibles. Que la intelectualidad estaba reñida con la elección de uno o varios colores, aunque luego llegaran Ángel Kappa o el joven Marías a contradecirme. O leía a Camus, que llegó a jugar de portero en sus años mozos, que sostenía haber aprendido del fútbol cuanto sabía de la moral humana.
Asociaba el fútbol con una panda de jóvenes descerebrados más interesados en insultar al árbitro, al contrario o a la madre del que pasaba por ahí en busca de broncas, peleas y lo que se terciara. Con toda esa panda de progenitores energúmenos creyendo que tienen un futuro Messi o Cristiano Ronaldo por hijo, las afinidades son libres, que pueblan los fines de semana los campos de fútbol infantil amenazando a propios y extraños con toda suerte de improperios y amenazas, llegando incluso a las manos, que con estos ojos que se comerán los gusanos lo he visto. Con todos esos clásicos a pie de barra en el chigre o la sidrería de turno, fichando jugadores, despidiendo entrenadores, dibujando jugadas, sentando cátedra en definitiva sobre todo lo divino y humano; pinta de vino en la mano, culín de sidra va y viene; con un tono de voz, que pa’eso soy un paisano, cagun' mimanto, diez decibelios por encima de lo que sería razonable. Con esa especie en peligro de extinción sentada en la grada de hormigón, transistor en ristre y farias humeante, será por perres, ho, mentando a la madre de todos los árbitros que en este mundo son y han sido. Con todos los adoradores de José Ramón de la Morena, de José María García, de Pepe Domingo Castaño, con las tardes aburridas de domingo, con la inercia de la multitud, de formar parte de un grupo, de reconocerte en el contrario. Con una visión simplista de la vida, Madrid o Barcelona. Con rivalidades absurdas, provincianas y baratas, Gijón y Oviedo. Con toda esa gente pobre de espíritu, huérfanos de letras. Con personas de segunda, aunque militaran en primera.
Pertenezco a una generación en la que aún el fútbol era cosa de hombres. No recuerdo a mis compañeras de infancia dándole patadas al balón, preocupadas por conseguir la camiseta del equipo de turno o paseándose los domingos de la mano de su abuelo camino del estadio. Había reparto de tareas, de colores y de posiciones vitales. El fútbol era cosa de ellos. Habría que esperar a la adolescencia para que tímidamente, generalmente en forma de fotos pegadas en las carpetas, alguna que otra comenzara a sentir cierto interés, más que por el fútbol, por los futbolistas.
A día de hoy, supongo, mayoritariamente sigue siendo masculino aunque la presencia de mujeres en los campos sea notoria; sea habitual que las niñas le den al balón y hasta periodistas deportivas con méritos propios y no cara bonita, haberlas, haylas.
A mí no me interesó nunca el fútbol. Me crié en una suerte de asepsia futbolera sin abuelos, padre o hermanos enganchados los domingos al transistor que me transmitieran la pasión por unos colores. Curiosamente en mi casa la única que tenía una cierta y poco definida afición era mi madre. Aunque generalmente tan sólo se manifestaba cuando jugaba la selección española o en alguna final importante de lo que entonces se llamaba Copa de Europa, hoy Champions, y a poder ser con el Madrid de protagonista.
Por mi parte y a pesar de todo, en su momento sentí cierta debilidad impostada por el Atlético de Madrid. Que al fin y al cabo era el equipo de los perdedores y adictos a las causas perdidas. Más por pose, por tener algo de lo que hablar, por impresionar con unos conocimientos que no tenía al tipo de turno a cuyos ojos una chica que entendiera de fútbol ganaba enteros.
Durante un tiempo y con ese objetivo me sentaba puntualmente lunes tras lunes delante de la pantalla del televisor para tomar buena nota de “El día después”. El mítico programa de Canal + presentado por Michael Robinson y el partenaire de turno. En otra vida había llegado a pasearme día tras día con toda la bibliografía de Erich Fromm bajo el brazo. Y es que a veces se nos olvida que somos lo que somos, no lo que creemos que los demás quieren que seamos.
Aprendí entonces, y aún hoy sé reconocerlos, lo que era un fuera de juego, un corner, una vaselina, un penalti de Panenka, una chilena, la folha seca… Conocimientos que como podrán imaginar no me fueron especialmente útiles aunque de cuando en cuando efectivamente cumplieran su objetivo y algún incauto se creyera que se encontraba ante una chica lista.
Mi bautismo fue en un momento impreciso entre los 18 y 19. Guardiola era el chico de moda y las fotografías que ilustraron un reportaje de la revista Woman empapelaban todas las paredes de la residencia femenina para estudiantes donde por entonces vivía; excepto las de la habitación de S., de las que colgaban toda suerte de banderas, bufandas, posters, fotografías y hasta calcetines del equipo de sus amores, el Real Madrid. Y como no podía ser de otra manera el sueño de su vida era ver a su Real en vivo y en directo. Oportunidad que no le llegó hasta la temporada ¿92/93, 93/94? (si fuera una auténtica futbolera recordaría este dato) en el antiguo Carlos Tartiere frente a un Real Oviedo aún en primera división.
Recuerdo poco o nada de ese partido. Tan sólo que frente a todo pronóstico ganó el Oviedo, y lo recuerdo especialmente por el disgusto que se llevó S. La recuerdo a ella vestida de pies a cabeza (ropa interior incluida) con el uniforme del Real Madrid y como en nuestro paseo hasta la estación de tren para tomar el cercanías que nos llevara de Gijón a Oviedo era vitoreada por los gijoneses. Recuerdo que no era capaz de convencer a nadie para que la acompañara al partido, empecinada en aludir a méritos y razones deportivas. Yo lo hice por solidaridad. Las demás ante el convencimiento de que un estadio de fútbol lleno de exaltados jóvenes madrileños podía ser el paraíso.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.