miércoles, noviembre 10, 2010

¿Se pensaban que iban a librarse de la no crónica de la boda del año de la semana...? Pues va a ser que no...

[Podría hablar de muchas cosas, o lo que es lo mismo, de la nada absoluta, que es en lo que soy experta. Salir de nuevo con una de ésas, mis entradas moñas, sobre abismos y circunstancias. Pero no, hoy no me apetece, mañana sin duda volverán, pero lo prometido, a veces, es deuda, y es que me he reído tanto, que considero es injusto, aunque ustedes no quieran, no acabar compartiéndolo.. Y no se quejen, con no leerlo, basta y sobra. Al margen de que les compenso con los Drive by Truckers... que me gusta a mí esa canción. Y no, no me den las gracias]








(En construcción...) Y ahora suena el Dream, baby, dream... y sobran los motivos.








Una se creía que las mató el tiempo y la ausencia... no, que no era esto. Una creía que no podía haber otra boda-exclusiva (el pack es indisociable), patrocinada y financiada por la revista Hola, a partir de acá el Trola, más ridícula y hortera de bolera que la del Duque de Feria, Rafa 'Scalpers' Medina, alias El Zapatillas. Pero me equivocaba, como casi siempre y en tantas cosas.

Seguro que la inmensa mayoría de ustedes desconocen quién es el actual Duque de Feria, y menos que nos importa, pensarán, pero da igual, yo se lo explico, que de seguro eso del Ducado de Feria les suena; y les suena a un oscuro asunto de pederastia, drogas y prostitución que conmocionó a la sociedad sevillana de hace unos años y a Jesusito Vázquez, no hace tanto, cuando el sin par Paradita (José Manuel) se lo quiso recordar en vivo y en directo en no sé cuál programa de Telecinco (Telecirco pa'los restos). El de la escandalera por las calles de Triana fue el anterior duque, padre del actual, de los Medinaceli de toda la vida y residentes en la Casa de Pilatos, de la que actualmente sigue siendo dueña y señora la abuela Mimí, madre de uno y abuela del otro, y evidentemente ex-suegra de la gran Naty Abascal. Y por si tampoco saben quién es Naty, yo se la presento, que borracha es casi tan divertida y cariñosa como yo:




Porque a diferencia de cualquier boda convencional, donde la que brilla y resta protagonismo y opaca al resto  (y así debe ser) es la novia, en la boda del hijo de Naty, la protagonista, como no podía haber sido de otra manera fue ella, la madrina, y tal parecía que los que se casaban era madre e hijo y que la novia estaba de atrezzo, como de atrezzo parecía la presunta novia del otro hijísimo, Luis Medina, Amanda Hearst, de los Hearst de toda la vida, que seguro les suena el apellido, rica heredera de los States y a la que parece contrataron para figurar en las páginas del Trola, porque días después de la boda, la presunta relación, oh, desolación, se rompió.

Pero aunque esta boda dejara momentos impagables, como que fuera imposible distinguir quién era Naty Abascal y quién era Valentino (hagan la prueba y busquen las siete diferencias), o se cuente y se rumoree que a los invitados se les exigió por adelantado 150 euros para pagar el cubierto de un catering que ponía una empresa de los padres de la novia o que entre las más elegantes se encontrara la señá Duquesa (de Alba, se entiende) del brazo de su funcionario (imagínense cómo luciría el resto); no voy a hablar de ella, porque ha habido otra que la superado en ridiculez, si cabe, y parecía tarea difícil, por no decir imposible.

Ubicar a los protagonistas de esta segunda boda hortera de bolera, cateta y toreril va a resultar un poco más complicado. Pero vayamos por partes. ¿Se acuerdan de Carmina "sóis unos desahogaos' Ordóñez? Hija (Antonio Ordóñez), sobrina (Dominguín), mujer (Paquirri) y madre (Fran, de acá en adelante el Agropecuario, y Cayetano) de toreros. Pues bien; se dijo, se rumoreó, se comentó, que Carmina, mujer bella donde las hubiera en sus años mozos y no tan mozos, tuvo un amor imposible con un matatoros, a la sazón casado, con otra se entiende. Y lo del amor imposible venia porque parece ser que el matatoros en cuestión se resistía a abandonar a su mujer e hijos por ella.

Cuenta la crónica rosa que fue uno de los pocos secretos que se llevó a la tumba y de los escasos aspectos de su vida que no vendió al mejor postor, pero claro, fue morirse y a sus representantes, los hermanos Malasombra, digo, Matamoros, les faltó tiempo para contarlo, cobrando, obviamente, el subsiguiente cheque. Entre los nombres del presunto infiel se barajó el de Espartaco, respetablemente casado, entonces, con la mística de Patricia Rato, de los Rato de toda la vida; y a la que recientemente abandonó en uno de los casos de divorcio más fascinantes del cuore actual; que hay gente que no acaba de entender que cambiara a la Patri, niña mona y rica, señora de su casa y de las estaciones de AVE y aeropuertos que en este mundo son y han sido, siempre con una media sonrisa en los labios y un gracias, gracias y un bolso CH colgado del brazo, por una tal Macarena, ni tan guapa, ni tan mona, ni tan niña, ni tan señora de su casa.

Pero olviden al de Espartinas, sólo era un inciso, y es que ese divorcio me resulta tan fascinante como el increíble caso de Adriana Carolina Herrera casada con el Litri. Y vayamos al lío, que otro de los nombres de  matatoros que se barajó como el amor imposible de Carmina Ordóñez fue el de Jose María Manzanares. Y ahí es a dónde yo quería llegar. Porque la boda de la que quiero hablar es precisamente de la de un hijo de éste, el nombre de la novia, tendrán que disculparme, lo ignoro; el del novio es igual al del padre, Jose Mari Manzanares Jr., de profesión, para seguir con la tradición, matatoros. Dicen que el chiquito en cuestión es mono, y él parece creérselo, que alguien le debió decir alguna vez que si ponía morritos y cara de malo se parecería a Marlon Brando, y en fin, va a ser que no... o sí, que en realidad, qué sabré yo, porque a mí es verdad que me gustan los guapos, y las chaquetas de cuero y las camisas de cuadros y las barbas cuidadosamente descuidadas (aunque no venga a cuento lo digo por si hay por ahí algún lector o un pasaba por aquí que reúna los requisitos y me considere fascinante, lo sé, es improbable, peeero...), me temo en todo caso que no son el tipo de guapos que salen en la portada de la edición española del Vanity Fair... y este chico ha aparecido hasta en Vogue (edición española, se entiende)... pero que me disperso...

Del nombre de la novia no me acuerdo, de la madrina no se acuerda nadie, el padre del novio, que se supone que era el famoso, no asistió o no fue invitado, el novio se limitó a posar poniendo cara de malo... En fin un horror y una pereza sino fuera por los 'ilustres' invitados y sus andanzas. Porque, ¿qué pasa cuando invitas al Agropecuario a una boda donde hay mujeres casadas y en edad de merecer?, pues que los maridos y él se acaban liando a mamporrazo limpio por la virtud y los quereres de las buenas señoras. Y se dice, se cuenta y se rumorea que en pleno baile nupcial el Agropecuario sacó a bailar a Mariló Montero, la mujer de Carlos Herrera, ex-chica Hermida y Maja de España, que creo ahora presenta un programa en la teuve, y éste último no le debió sentarle nada bien y aunque parece que la cosa no llegó a las manos, sí le dieron a la dialéctica del insulto. Ahorro fotos de los susodichos porque el Agropecuario me produce urticaria y la Mariló, en fin, sólo puedo decir, qué daño está haciendo 'Mad men', que Grace Kelly sólo hubo una. Pero como el Agropecuario tiene para dar y repartir, también tuvo sus más y sus menos con otro matatoros, de nombre Pepín Liria, parece que íntimo del de Espartinas, y ya saben, que en todo caso yo les cuento, que aunque eran íntimos, desde que el Agropecuario ronda a Patricia Rato y a la hija mayor de ambos, la relación, lógicamente, se ha vuelto tensa. Que le van las madres y las hijas por igual, según parece, y las lealtades en el mundo del toro dícense inquebrantables. Se adjunta foto del batacazo de la mujer de Pepín Liria en la entrada en la iglesia, que los tacones pueden ser un arma muy peligrosa.





¿Y qué pasa cuando invitas a Cristina Tárrega, de profesión Cristina Tárrega, a una boda? Pues que le falta tiempo para llamar a un programa de televisión y contar que en plena madrugada tuvo que acudir la policía al hotel donde estaban alojados los invitados a la boda, porque esa extraña pareja, la formada por Estrella "Ojú qué arte tengo y cómo lo desperdicio por mi afán de salir en los papeles" Morente y Javier "qué cara de cabreo permanente me gasto" Conde, que dormían tres habitaciones más allá de la suya, montaban el escándalo padre, no sé si sabe si hubo o no más que palabras. Y tampoco se aclara si él ciertamente pasó o no la noche en los calabozos.

¿Y si invitas a Fiona Ferrer sin su waitress en zapatillas, y acá me disculparán, pero me da tanta pereza explicar quién es Fiona Ferrer, insigne y sin par rubia natural que pretende no tener un pelo de tonta, qué pasa? Que se piensa que es la sosa de Laura "de profesión mi suegra y tal y tal" Ponte, y se viste de musa de Miguel Palacio haciendo el mayor de los ridículos.






¿Y si invitas a Rosario Domeq, de los Domeq de toda la vida y a la sazón mujer de el Juli, aunque el Juli a su lado parezca un recortable en papel cartón a su vera? Pues que eclipsa al resto de las invitadas, novia incluida, y se convierte en la reina de la fiesta. Sudores fríos debieron entrarle a Naty (para muestra la foto de abajo, de rojo) cuando le robó el protagonismo en la boda de su hijo Rafael 'Scalpers' Medina, alias el Zapatillas. Y en la boda del Manzanares Jr., obvio, volvió a hacerlo, que va a ser verdad que la clase ni se compra ni se vende.




Moraleja, no invites a Cristina Tárrega a tu boda, mantente alejada del Agropecuario y asegúrate de que no haya ningún matatoros en tu lista de invitados, ni ninguna otra mujer que sea más guapa, más alta y más elegante que tú. Nada más triste para una novia que no ser la protagonista de su supuesto gran día (aunque a mí se me ocurran como mínimo otro par de cosas)... Me voy a escuchar a Imelda May para desintoxicar.








Nota mental... se llevan los guantes largos... qué me gustan.



El título no es necesario... ¿verdad?



Acabo de llegar de una reunión interminable, son casi las cuatro y cuarto y ni siquiera he comido todavía, acaba de salir el sol y no encuentro la canción que prometí... 'Sweet old world' - Tampoco he buscado a fondo, todo hay que decirlo...

Debería, debería tantas cosas, pero no... creo que me voy a casa a seguir leyendo "Tormenta de espadas" y a meterme entre pecho y espalda un filete, que no se queje mi médico que no hago progresos, aunque no los haga, contra mi anemia galopante...

Feliz tarde... y joder, acabo de confirmar mi asistencia a una comida laboral la semana que viene que no me hace ninguna, pero ninguna gracia, ni siquiera me gusta el menú... todo sea por socializar y no quedar como la única que no se apunta... aunque ese honor se lo lleva mi compañero A... no sé si es consuelo ver que hay seres más asociales que yo. ¿Y saben? Pienso divertirme aunque no vaya a comer nada... Juro por mí, que sí, que será...





[No era la canción que yo quería... pero Lucinda la canta aún mejor, aunque parezca imposible, sin que lo sea, porque al fin y al cabo viene de ella... y como imagino que en realidad nadie escucha las canciones... Aunque si no conocen esta canción no sé a qué están esperando...]



Ya lo cantaba Olvido... a quién le importa... a mí, desde luego, un bledo



Tengo un compañero que casi a diario llama por teléfono a su madre para pedirle instrucciones sobre el menú qué va a realizar ese día; ya sean boquerones en vinagre o lechazo al horno. No sólo toma notas, sino que transmite la información a quién pudiera interesar, iniciándose de ese modo una suerte de debate culinario-gastronómico acerca de las bondades del azafrán o del arroz bomba.

Hace no demasiado tiempo su madre le falló, no estaba disponible al otro lado del hilo telefónico y él parecía necesitar con urgencia una receta para hacer un potaje de lentejas. Echa un vistazo a su alrededor, en torno a las dos de la tarde la mayoría del personal estaba de tertulia, unas diez personas, y como si de repente hubiese sido iluminado por la luz eterna, se dirige a mí. A mí, que jamás he presumido ser ser buena cocinera, porque entre otras cosas, no lo soy y mis lentejas son lo más parecido a un caldo vegetariano. A mí, que siempre me inhibo y no entro en la discusión sobre el punto de las frituras. A mí, que soy la única mujer en metros a la redonda.

Y vuelta la burra al trigo. Hace un rato discuten sobre no se qué, hace tiempo que perdí el hilo y le estoy contando emocionada a mi compañero por qué tengo pintado de rojo en el calendario el martes 16 de noviembre, que cada loco con su tema. Cuando de repente oigo por detrás que alguien se dirige a mí con un: 'esto seguro que Dae lo sabe'... y lo que Dae supuestamente debe saber es cómo se llama la nuera de la baronesa Thyssen. Obviamente vuelvo a ser la única mujer en varios metros a la redonda y me temo que eso ha sido condición más que suficiente para que me hagan a mí la pregunta.

Y sí, ciertamente sé cómo se llama la nuera de la baronesa Thyssen, o lo que es lo mismo, Tita, de soltera Cervera. La mujer de su hijo, el esgarramantas de Borja Thyssen, se llama Blanca Cuesta, y también sé que es esa versión de barbie geriátrica patentada por Anita Obregón, en este caso con unos cuantos años menos y el pelo igual de frito, aunque apareciera hace dos semanas en la portada del Trola travestida de señora respetable con un moño a lo Audrey, en el bautizo-exclusiva de su segundo hijo, el segundo nieto de Tita Thyssen y al que ésta aún no conoce porque no se habla con el maromo de Borja. Lo cuál es fácilmente entendible, que una no se gasta el dinero en colegios en Suiza para que el niño se acabe liando con la versión 2.0 de su madre y con un único interés vital, que pasa por las motos, los tatuajes y los gimnasios (intereses, todo hay que decirlo, muy loables, siempre que no se reduzcan sólo a eso). Aunque imagino que cuando el dinero entra por la puerta, la dignidad sale por la ventana. Máxime si viene acompañado de un par de gemelas que dicen los rumore, rumore, son hijas del propio Borja, con lo que Borja sería padre y hermano a un tiempo... No me digan que no es fascinante la historia. Casi tanto como lo del carrete, que tras más de diez años escuchándolo sigo sin saber exactamente qué significa... no me hagan caso, divagaciones mías.

Sí, ahora pueden decirlo y asombrarse de la cantidad de información absurda e inútil que soy capaz de retener en mi cerebro. ¿Imaginan por qué nunca enciendo la tele? Sería carne de cañón, acabaría enganchada con todos esos programas que monta Telecirco, donde propios y ajenos airean sus vidas y sus miserias, aunque al fin y al cabo es lo que yo hago aquí. Sólo que esto es más divertido, porque aquí se habla de mí... Pero esto, ellos, mis compañeros, no lo saben... No saben que puntualmente, semana a semana hojeo, que no leo, el Trola (ya lo conte aquí). Costumbre entrañable que conservo desde la más tierna infancia; tengo que alimentar y mantener, aunque sea a buen recaudo, mi lado más freak, cotilla y bizarro. Me gusta ser un todo de muchas cosas, ser un prisma con muchas caras, y la prensa del corazón puede llegar a ser muy, muy divertida, especialmente porque a día de hoy, y espero que durante mucho tiempo, la portada del Trola le está vedada al mostrenco ése que algunos llaman princesa de no se qué distrito madrileño.

Así que dudo si admitir que sí, que conozco ese dato y hágase la luz, o callar e ignorar la pregunta con un encogimiento de hombros y un 'no veo la tele'. Que al fin y al cabo es cierto, no veo la tele, pero no sé mentir, y digo, Blanca Cuesta, y se inicia no se qué discusión sobre Francesca, la hijastra de Tita, marchante de arte, imagino que sobre la exposición de la Laboral, aunque no llego a entender qué tiene que ver con todo eso la nuerísima.

Al fin y al cabo, el 99% de las conversaciones que mantienen mis colegas aquí pasan por el fútbol, la fórmula 1 o lo que es lo mismo, Alonso, y de cuando en cuando levantan el país. Tres temas que a mí me caen lejos, pero bien lejos, y me interesan menos que nada. ¿Debo avergonzarme yo por divertirme viendo el despliegue a todo color de la boda-exclusiva del hijísimo ése de Naty Abascal, Luis 'Scalpers' Medina, alias el Zapatillas? Pues no, ni modo, que las risas son sanas, y porque no tengo ni tiempo, ni ganas, e imagino que interés alguno ustedes no tendrían en leerlo, pero si no, crónica que les enchufaba vía Youkioske. Que si fui capaz de admitir públicamente mi devoción por Raphael y la Jurado, ya no se me resiste nada. Si eso, luego me meto algo de Linda Rondstadt en vena, para compensar, aunque igual hay quién piensa que la señorita Rondstadt es una hortera de bolera y tengo que elegir algo más intenso, no sé, tal y como está el día vendría bien Neil Young, y ahora me apetece escuchar ésa que canto con Emmylou.


[Edito porque acabo de ver las fotos de otra boda del año de la semana, que los del Trola son muy suyos en esto del cómputo del tiempo, y me he echado unas risas, que no puedo evitar compartirlas con ustedes... que sí, que ya sé, que no les interesa, pero les dejo con Linda Ronsdtadt y luego a cambio de la crónica les compenso con Neil Young]




P.D. Arleen Whelan

martes, noviembre 09, 2010

No viene a cuento de nada, pero tengo que decirlo... odio a Federico Moccia y me he leído todos sus libros... estoy muy mal.

Y le han dado el Goncourt a Houellebecq...






[Ya pongo a Lou Reed para compensar...]


P.S. ¿Y saben? Aunque a ustedes ni les vaya ni les viene, ya tengo otro motivo, para esperar con ansia que llegue el 16 de noviembre... y tiene que ser una buena señal, de seguro...














Escucho el último disco de Willie Nile, y bang, me acuerdo de aquella canción que decía que harían una estatua en tu nombre, y pienso que fue bonito mientras duró... Y aclaro, aunque no debería aclarar nada, que vayan ustedes a saber lo poco, mucho o nada que les importan mis aclaraciones, y al fin y al cabo este es el juego, que yo escribo y ustedes leen e interpretan y a veces hasta se dan por aludidos, sin que yo señale con el dedo, que ustedes solitos y su pretensión se bastan y se sobran, y que a veces aciertan, claro, y otras se equivocan, obvio... pero aclaro, que deseo que le vaya bonito a muchos más de dos, e incluso de tres, que hasta se lo deseo a mi no-compañero de fatigas laborales, que hoy me descubrí dándole consejos sobre cómo afrontar el examen de oposición al que se enfrentará el domingo y en el que por cierto yo estaré al otro lado, sobre la tarima. Pues eso, que a lo mejor es que empiezo a creérmelo, a aceptarlo y a resignarme, respectivamente. Y que les deseo a todos, de lo bueno, lo mejor, siempre que a mí me quede la mejor parte; y pidiendo un último favorcito, para no irme de vacío, que en alguna tarde de éstas que nos quedan de noviembre se acuerden un poquito de mí, aunque no hace falta que me lo digan, que ya no importa, porque probablemente yo sí que no me acuerde de ustedes...

Y ahora debería volver a sonar Lou Reed, pero no quiero correr el riesgo de tener que admitir que tú tenías razón y yo estaba equivocada... y probablemente vuelva a querer que me lo recuerdes... y vuelta a empezar, que ni modo, ¿no?

¿Acaso sabes tú cuánto mide la memoria?... Porque no olvides que ésta siempre cambia el tamaño de las cosas (I)



Si mi madre leyese esto, que no lo va a hacer, supongo, entre otras cosas porque desconoce su existencia, obviamente, y ni oportunidad va a tener, creo que se sentiría especialmente defraudada conmigo, y probablemende decepcionada consigo misma. Diría algo así como que ella no ha educado a su cuarta hija para que estuviera llena de miedos, de temores, de infelicidad, de inseguridades y abismos; y que ni modo, desde luego tampoco para que su felicidad dependa de tener o no un hombre a su lado; ni para que viviera en un cuento de le lechera permanente, haciendo planes de continuo sobre qué hacer con su vida en caso de tocarle la lotería, cuando ni siquiera se compra un mísero cupón de la Once.

Tres hermanas mayores siempre independientes y felices; y un hermano pequeño, el príncipe no precisamente destronado; y yo, la cuarta de cinco, la autónoma y autosuficiente, siempre a solas por los rincones de esa enorme casa con un padre en exceso autoritario y una madre siempre ocupada. Obediente y cabal, rodeada de libros adultos y discos robados a los novios de mis hermanas, Leonard Cohen y Mike Ríos iniciaron el camino que nunca llegaría a Itaca, sino a Atlantic city; construyéndome un mundo a medida en cualquier rincón entre las sombras, siempre pasando desapercibida y tratando de no molestar y no hacer ruido. Una vida que comenzaba al bajarme a las cinco y media de la tarde del autobús, me quitaba el uniforme del colegio mientras merendaba con Espinete de fondo y hacía los deberes sin que nadie me recordara que era mi obligación. Puntualmente a las ocho en la cama con un libro entre las manos, la luz apagada no más allá de las diez y el walkman escondido entre las sábanas. Si ese día, Pilar Miró que estés en los cielos mediante, ponían una de Gary Cooper o de Montgomery Clift, mi madre concedía la excepción que nunca confirmó la regla.

Yo sabía en todo momento lo que tenía qué hacer, cuáles eran mis deberes y obligaciones, cuándo tocaba sonreir y sentarse con la falda bien estirada y las rodillas bien juntas. Cuándo correspondía asentir y dar las gracias y dejarse peinar y subirse los calcetines para pasar revista ante las visitas, ante las tías que siempre me recordaban que yo era rubia y rizosa como ella, pero que ojalá no heredara su carácter y esa total falta de ausencia de buenos modales, sentido común y protocolo. Y mi hermana C., tres años mayor, siempre preguntaba a quién se parecía por tanto ella, y mi tía P. le decía que si mis cabellos brillaban como el oro, los suyos lo hacían como la plata, y ella asentía satisfecha, hasta que un buen día se sentó frente al espejo comparando el tono oscuro de su pelo con la fotografía enmarcada en plata de la foto de bodas de los abuelos... esa misma tarde se acabó mi infancia, que los Reyes son los padres, por si no lo sabías.



lunes, noviembre 08, 2010

Hoy no me apetece hablar con nadie, no me apetece escribir, sólo quiero escuchar esta canción y que sean otros los que hablen aunque yo no vaya a escucharlos... Sólo quiero comenzar a hacer las cosas bien, aunque probablemente ya sea tarde... aunque nunca, tal vez, no sea tarde. No sé, supongo...



"Didn’t go to work at all

Couldn’t even make the call
Skipped payments on my truck
Grabbed my last hundred bucks
Bought you a pretty dress
But still you’re not impressed
I’m sinking down on your love
Where is the god above
Sinking down on your dreams
And it’s harder than it seems
Took her to the county fair
And she didn’t even care
Like my first wife I couldn’t keep
She left me for the big sleep
We shared a bottle on Labor Day
When I’d walk you’d run away
I’m sinking down on your love
Where is the god above
Sinking down on your dreams
And it’s harder than it seems
Trying to get to you ever since I made parole
Trying to put some heaven in this basement home
Talk of going back to school
Show them all you’re not a fool
Talk of going back to bed
And we watch TV instead
And sometimes I feel like this
I need more than a kiss
She is only 12 years old
She don’t believe in God".





P.D. Betty Field






[Es más, se me acaba de ocurrir algo... Como a mí no me apetece, que sean otros los que escriban, jornada de puertas abiertas. Tú escribes, me lo mandas, y lo publicas aquí. Y como ya saben y es público, notorio y evidente que mi egocentrismo no tiene límites y primero ha sido lo de las preguntas anónimas vía Formspring, ahora se me ocurre por un lado no sólo que escribas tú, sino que de hacerlo yo, escriba sobre lo que tú quieras. Bien de forma anónima o al email o a los comentarios... Bien, lo sé, queda inaugurada la primera gilipollez del día... tiene mérito que haya llegado a las 14:14 del mediodía y no antes. Y supongo que esto se autodestruirá... no sé, más temprano que tarde]

domingo, noviembre 07, 2010

Y para el Loco, por supuesto, siempre hay tiempo



Que cada vez tengo más claro que ésta es la mejor de las edades... entre otras cosas por ser la mía.

Podría dibujar sobre la palma de tu mano tres de los cuatro puntos cardinales



"El ríu arrastraba la vida y a veces,
dexábanos solos".

Berta Piñán




No sé cómo, ni por qué, pero acabamos hablando de calles, de sus nombres, del número en las que hemos vivido. Gana J. que ha vivido en tres continentes, en el doble de países y casi el triple de ciudades y por tanto de calles. Pierde Jota, que a lo largo de sus casi cuarenta años, sólo ha conocido una dirección.

Elegimos el nombre de una calle, de todas ellas, el que más feo, más redundante, nos parezca, y gana S., que de niña vivió en la calle Milicias Nacionales. Elegimos el más hermoso, el más sonoro, y gano yo, que un tiempo viví en el Camino al Valle de los Abedules (Birkentalweg), aunque, y esto ellos no lo saben, ni era un camino, ni conducía a un valle, más bien acababa en bosque cerrado, y por supuesto no había abedules, sino abetos; y un pequeño lago con barcas de remos, el Bärensee o Lago del Oso, que puntualmente cada invierno se helaba y me despertaba el que alguien calificaba como el más irracional de los miedos, aunque para mí fuera completamente coherente temer que el hielo se resquebrajase bajo mis pies.

Cuando ya agotado el repaso por nuestras respectivas geografías privadas y alguien bromea con que su próxima e inminente mudanza le llevará a cohabitar la calle número trece, yo pregunto cuál podría ser nuestra calle favorita, al margen de nombres, que eso ya lo hemos dilucidado. Y no entienden, y tengo que explicar que hay muchos motivos por los que te puede gustar una calle. Porque te gustan sus edificios, o el estado del tráfico, o sus escaparates; o porque te lleva todo los días de vuelta a casa, a la tuya, o a la suya; o porque en ese semáforo te cruzaste con tu amor una tarde de noviembre o alguien te saludó al pasar desde el coche con la ventanilla bajada; o por ser la que tiene más chigres por metro cuadrado, o tiendas de Tous, o más bancos donde sentarte a tomar el sol, o más terrazas o estudios de baile, o tiene esa tienda de vinilos a medio desahuciar; o por ser la única calle empinada en una ciudad horizontal, o porque fue en la que encontraste un billete de cincuenta euros tirado en la acera o te gusta el dibujo de sus baldosas... Vamos, que motivos hay miles, incluso la ausencia de motivos es un buen motivo en sí.

Así, tras L., que nombra a la Quinta Avenida a la altura del escaparate de Saks, voy yo... la calle Leganitos, y se inicia una discusión sobre si está o no está en Malasaña, aunque para mí no haya nada que discutir, que soy de la opinión, y que alguien me corrija si me equivoco, que por poquito se queda fuera. Y con el si sí y el si no, se olvidan preguntarme los motivos de mi elección, y casi mejor así, porque razones, lo cierto es que no las tengo, o no las tenemos, porque fue una decisión a dos, tomada en común con mi amiga C., que lástima, en ese preciso instante deba estar en no sé qué centro social de Rivas o de Alcorcón o de Colmenar, no recuerdo, representando una obra; así que no sería propio llamar para preguntarle por qué aquella madrugada de regreso, bajando por Leganitos, cogidas del brazo y tambaleándonos sobre nuestros tacones, tomamos la deteminación de que debíamos elegir cuál iba a ser nuestra calle y por qué decidimos que precisamente fuese ésa y no por ejemplo María de Molina, Salitre, la calle de Mira el Sol o aquella en Puente de Vallecas en la que pasamos una noche y de cuyo nombre no quiero acordarme. O por qué no elegimos el Templo de Nebod (sic), que a ella tanto le gusta, o el Parque Berlín, que tanto me gusta a mí. Que en el caso de que hubiera habido motivos, o bien los ignoro o los he olvidado.

Así que ya saben lectores míos, sean madrileños de adopción, circunstanciales, visitantes, paseantes o residentes; acuérdense de una cuando pasen por la calle Leganitos y no olviden transmitirle mis recuerdos y decirle que en mi próxima visita, en breve espero, le llevaré unas flores. Espero que le gusten las violetas.



"Oh, the city was changing
The cigarette hit the spot
Oh, a simple distraction
From to have and have not

And the radio went silent
And all our heroes had died
Now you can buy revolution
In any color or size

Standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Oh, she never got famous
She was the star in my life
'Til we drifted like runoff
Or two ships in the night

Standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on

And I hope she's happy
And I hope she's free
Somehow we choose our own destiny

From the eve of destruction
To the valley of tears
Before it all went to voice mail
And we rang in the year

And the midnight martyrs
Well, they still hang on the cross
You can die in the gutter baby
Or learn to live with the loss

Well, I've standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Well, I keep standing on a corner, everybody's talking
Remember when we used to laugh?
How so many people choose a lesser evil?
Never giving peace a chance

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on, boys
To hold on and hold on till it's gone".

Ésta va a ser la semana de Jesse Malin...



Extraña, como un barco a la deriva sobre las olas del diluvio



Ayer me vestí de domingo, pero sólo cinco minutos antes de salir por la puerta cambié de idea y haciendo malabarismos, he llegado a ser una experta en recorrer cremalleras por mi espalda, me quité el vestido, me puse los jeans de diario y me vestí de negro y plata, consiguiendo, pese a todo, ser fiel a mi puntualidad casi británica.

Ayer me peiné, y hasta me sequé el pelo, y supongo por eso volvieron a besarme, no una, ni dos, sino varias veces; pero tuve que hacerlo con los ojos abiertos, porque si los cerraba sentía que eran otros labios los que lo hacían; diez años y un mes después. Y sentía que los dos últimos abrazos que di o recibí en este otoño que tan esquivo me está resultando, dos ciudades distintas, dos escenarios distintos, dos personas diferentes en diferentes aceras, dos chaquetas de cuero casi iguales; duraron segundo y medio más de lo preciso, y que ninguno de los dos se dibujó con un beso; que me hubiera gustado, que me besara como nadie lo ha hecho en diez años desde la última vez que él lo hizo, que me hubiera gustado despedirme con un beso de ti.

Y anoche, mientras otro lo hacía bajo la lluvia de madrugada, siempre oportuna para camuflar mis lágrimas negras, abría los ojos para evitar sentir y querer y pensar y desear que eras tú el que lo hacías con lo besos que hace una década él me brindaba.

Que el mundo es injusto, chaval, bien lo decía Sabina... que yo también sé jugarme la boca, yo también sé besar.





"No lo digas, no levantes la voz
No me pares, no lo quiero ni oír
No me pidas que contemple esa opción
No he venido para verme llorar al espejo
Esta noche

No entra en mis planes remover el baúl
Sólo aguardo a poder recordar
Calendarios que un día guardé bajo llave
Y hoy vuelven a estar en mis sueños
De esta noche

No contaba con verme caer
No contaba con precipitarme
No contaba con aparecer,
tras volatilizarme
No contaba con esto

Ahora es tarde, tú ya debes dormir
No me esperas, al menos por hoy
Mis promesas siguen en pie
Mis recuerdos no dejan de hablarme de ti
cada noche

No contaba con verme caer
No contaba con precipitarme
No contaba con aparecer,
tras volatilizarme
No contaba con esto
No contaba con eso".



P.D. Whitney Blake

sábado, noviembre 06, 2010

Colgando en el perchero el disfraz de ayer, planchando el de hoy y desempolvando el de mañana




Tengo asumido, y hace tiempo que he aceptado, que al 99,99% de las personas de mi entorno no les importo, y teniendo en cuenta que en el 0,01% restante está incluida mi gran familia, soy consciente de lo que me queda. Que es todo cuestión de elección y que no me han elegido a mí; pero porque yo le deje de importar a alguien, ése alguien no tiene por qué dejar de importarme a mí, al menos por el momento. He dicho... ¿no?




P.D. Julie Christie

viernes, noviembre 05, 2010

El tiempo se columpia y se disfraza de impostura


Si me dijeran, pide un deseo, no, no pediría un rabo de nube, que yo nunca he sido muy de Silvio, aunque sea escuchar los primeros acordes de "La gota de rocío" y por inexplicables razones, comenzar a tararear sin piedad. Pero no, haría trampa, y pediría que se me concediesen todos los deseos que fuese capaz de dibujar, como único deseo, y después ya decidiría qué hacer con ellos y por donde empezar. Tal vez celebrar un amagüestu contigo, que seguro que ni sabes lo qué es y a mí ni siquiera me gusta... pero noviembre es lo que tiene, que me gustan sus días que se acortan; y las noches largas es lo que tienen, que dan cabida a los sueños.






P.D. Henry Fonda y James Stewart

Vestida con la desnudez de corazones sin horario



Apenas pasaban de las nueve y ya era noche cerrada al salir a la plaza de Alfonso II 'El Casto'... 'Esto parece Londres', dice alguien a mi lado mientras nos vemos envueltos por la neblina y las sombras que rodean a Ana Ozores. Siempre he pensado que en noches de otoño como ésta, más de un turista desubicado debe haberla confundido con una señorita decimonónica despistada en el transcurso del tiempo. Y es precisamente por esto, por noches así, por las que me gusta noviembre. Por noches perdidas entre la niebla y la humedad de las aceras mientras subo El Rosal y enfilo Pérez de la Sala, ya a solas, apenas distinguiendo la vida entre las sombras, y ya en las cercanías del Auditorio, a lo lejos, aunque cada vez más cerca, la brasa de un cigarrillo apurado entre los labios de alguien que camina frente a mí. Y la sorpresa envuellta en su cuero negro y mi gris, que últimamente siempre visto de ese color, aunque sea de forma involuntaria y él me diga que no he cambiado nada aunque hayan pasado, cuántos, ¿diez años?, casi, probablemente, que sigo siendo the girl in black, aunque ya no vaya de negro, o no siempre, y ya no sea pelirroja y él en cambio sí siga fiel a sus costumbres, que enciende otro cigarro y se refugia en el cuello subido de su chaqueta de cuero, aunque ya asomen las canas y su sonrisa tiña de arrugas sus ojos. Y nos quedamos en silencio, sin nada que decirnos, escrutando el paso del tiempo, siempre victorioso, en nuestras miradas.




jueves, noviembre 04, 2010

Sólo quiero saber si detrás si al otro lado del espejo me esperan tus labios




Debería, supongo, ocupar el compartimento estanco de mi cerebro que vuelco en este rincón, la estantería superior izquierda esquina frivolidad, en pensar qué ponerme el viernes, por ejemplo. Si es que finalmente viene, que está por ver, que ayer me reprimí y no dije nada cuando me recordó que fuera eligiendo película; pero dudo que termine el día de hoy sin que le diga que en mi invitación no hay ninguna intención oculta de acabar en la cama. Que yo sólo quiero que las palabras signifiquen exactamente lo que significan, y punto. Y esto debería ser fácil, ¿no?. Así que debería estar ahora haciendo la lista de la compra, eligiendo película, un plan de actuación de mejora y limpieza, y muy especialmente qué ponerme; porque digo yo, qué se pone una en estas circunstancias. No es plan de maquillarse como una puerta para sentarse en el sofá, aunque yo sea de 'no sin mi rímmel', encaramada a unos tacones.

Y aunque me apetece, que sí, que no es que no tenga ganas de "ir conociéndonos", que si no me apeteciese no le hubiese reservado el sábado (si es que llegamos después de lo del viernes), ni parte del viernes si finalmente la invitación llega a buen puerto; mi mente baja dos estanterías más abajo, también a la izquierda, en ese compartimento estanco de mi cerebro volcado en este rincón, esquina sueños chiquitos e inalcanzables e irrealizables e irreales e imposibles y métanle ustedes todas las "i" que les plazcan. Que no sé si es que no puedo, o simplemente que no quiero; que no viene a ser lo mismo aunque acabe por ser igual. Y es tan absurdo, y tan estúpido, y obsesivo, e idiota, que me asusta un poco, tal vez demasiado, lo justo, lo necesario.

Y Sal acaba de enviarme el segundo correo de la mañana. El primero trata de disquisiciones laborales que no vienen a cuento y que aquí no tienen cabida. En el segundo me hace prometer lo que sabe que no cumpliré más temprano que tarde, dejar las cosas como están; y me pregunta si ya he hecho la lista, que ya les comenté que ella cree firmemente en el poder sanador de las listas, que ya lo cantaba Drexler, ya saben, tu corazón va a sanar. La lista en la que inicialmente debía recoger a dos columnas los pros y los contras del que según ella sería el perfecto padre de mis hijos, que en segunda instancia debía recoger las virtudes y fallos de mi expediente X y que finalmente anoche, desvelada, desde la cama, mirando la lámpara del techo recién comprada en Ikea, apoyada en la pared pintada de color plata; mentalmente recogió todas las bondades y defectos que debe presentar un hombre para que me interese, teniendo en cuenta que el 99'99% de los hombres no me interesan y que en ese 0,01% ya están incluidos Bruce Springsteen, Hugh Jackman y Quique González; me di cuenta de algo que ya sabía, que en realidad te estaba describiendo a ti, a tu chaqueta de cuero y a tu mal café, y a tu sonrisa y a tu voz cada vez más ronca... y no, juro que no quiero, pero no puedo, que no viene a ser lo mismo aunque acabe por ser igual.







P.D. Vivien Leigh y Rex Harrison en "Storm in a tea cup"

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