"Si alguien hubiera venido para llevarme al patíbulo, hubiera permitido tranquilamente que me ocurriera lo que fuera sin decir palabra, sin abrir los ojos, lo mismo que las personas sumamente mareadas, cuando, por ejemplo, van en vapor por el Mar Caspio, tampoco oponen la menor resistencia si alguien les comunica que las van a tirar por la borda".
Dice W.G. Sebald en 'Austerlitz'
"I want to disappear
Far from the folks I know
I want to get an answer
To why I was even born
No one here can tell me
What's been haunting me all my life
Well this rat race has left me limping
Cause I balanced on the edge of the edge of the knife
Why am I here?
Oh what should I do?
Well is this the point I'm trying to prove?
If there's a god in my head
Then there's a devil too
How can I tell the difference
When they both claim to be true
Maybe God is God
Maybe the Devil is me
Well I just throw my chains on
And tell myself that I'm free
Chains - are they really there?
Is this just in my head?
Well I'll just stay in bed
Life sure has its meaning
Over years I have postured the sun
Thieves and preachers robbed me
For many hat that I've hung
Now with my heart wide open
I listen to the wind just for a word
Sure, I know it's futile
But that's all I have in this world
To look down from the hill
And howl at the moon
All the tears I cried never salted any wounds
Well the earth is so tender and cruel
Well if you're not there it's still so beautiful ".
P.D. Virginia Huston y Robert Mitchum en "Out of the past"
No sé si sonará esta noche... me daría un alegrón, que tengo una deuda pendiente con esta canción. Por lo demás keep on rockin', que esta noche me espera el Loco, por no olvidar a los Burning... qué ganas, pero qué ganas.
Si el que no se consuela es porque no quiere... creo que voy a teñirme el pelo.
Ya sabemos que diciembre es el mes de los reencuentros, de las vueltas a casa y las celebraciones varias con gente que ves un par de veces al año como mucho. En agosto, si este mes te pilla en la ciudad, y ahora, siempre en torno a una mesa de celebración anual. Y yo, como buena asocial, tiendo a huir en dirección contraria, pese a que no siempre lo consiga, y pese a que las Navidades me gusten o me sigan gustando. Más por el rollo retiro espiritual y familiar que para mí siempre conllevan, que por la celebración en sí. De hecho ya tengo, aunque con un poco de retraso, mi corona de adviento casi lista.
Pero ahora lo que toca es ver a gente de la que has olvidado los motivos por los que dejaste de verla, y cuadrar agendas, y planchar el vestido y la mejor de tus sonrisas para aguantar estoicamente la batería de preguntas que se te vendrán encima.
De este modo, hace un par de días, en la media hora del café, que se convirtió en una hora, el reencuentro bien lo merecía y ante un chocolate bien caliente (el mío) y cinco tazas de café, hablamos de niños (los suyos), de oposiciones, del auto del juez Chaves, de traslados, de mi compañero A. que cada día que pasa se esfuerza más por resultar simpático consiguiendo justo el efecto contrario, de elecciones, celebraciones de Nochevieja y Reyes Magos que vienen del lejano Oriente.
Y cuando ya nos levantamos y nos dirigimos a la puerta, en un aparte, mientras el resto camina ya en dirección a la calle, me pregunta qué tal estoy. Y evidentemente yo estoy bien, siempre estoy bien. Pero esa respuesta no la da por válida, que eso se sobreentiende, que ya se ve, pero que ella se refiere a qué tal estoy de amores, que lo demás no cuenta, ni importa, que carece de importancia. Y no sé qué contestar, porque no puedo decir que esté bien, no tengo amor en mi vida, no al menos en el sentido en el que ella lo pregunta. Pero tampoco estoy mal, supongo, que la ausencia de éste tampoco supone el abismo, aunque se echen de menos muchas cosas e incluso a algunas personas. Así que me encojo de hombros, ni bien ni mal, ya tú sabes, a verlas venir. Y ella asiente y poniéndose seria me dice que tal vez ha llegado el momento de que deje de correr, de huir siempre hacia delante... Y yo la corto antes de que siga, que conozco el discurso, que lo he repetido cientos de veces, que nunca aprendí a conjugar el verbo "conformar".
Más tarde, mucho más tarde, y ya en casa, suena el teléfono. Es Blancanieves con dos noticias. La primera un cambio en la fecha de la cena prevista de reencuentro trianual, la segunda el motivo del cambio. Una de esas noticias que te dejan muda y que una vez más te dan la medida de la realidad. Y hablamos de todo un poco y de nuevo tras preguntarme qué tal estoy y como tampoco le satisface mi respuesta, incide en lo de siempre, qué fue de aquél, y de ese otro, y del anterior y del penúltimo... para acabar una vez más diciendo que al fin y al cabo siempre le tendré a él esperándome. Pero la corrijo, no, hace mucho que dejó de esperarme, y aunque lo estuviese o siguiese haciéndolo, estaría perdiendo el tiempo. Nadie espera a nadie más de dos años... O no, porque ahora que lo pienso, puede que yo lleve diecisiete años esperando a alguien y me he acostumbrado tanto, que cuando me lo cruzo, cambio de acera, para poder seguir esperando.
Está nevando de nuevo, bueno, algo parecido, que para mí nevar es otra cosa. Y alguien a mi lado se queja y opina que esto es un asco de tiempo... qué frío, qué humedad, de ésa que cala hasta los huesos, y qué pérdida de tiempo.
Creo que sólo estoy de acuerdo con lo último. Porque por lo demás ni el tiempo me parece tan malo, ni encuentro que sea un asco. Pero sí, estoy desarrollando una elevada intolerancia a las pérdidas de tiempo, tanto a las propias como a provocarlas en otros. Pereza y mucho cansancio serían las palabras adecuadas.
Y no sé por qué estoy hablando de esto si de lo que en realidad quería yo hablar era de blogs y sus lectores, a raíz de los pequeños contratiempos con ciertos comentarios de hace unos días. De programas que te ofrecen estadísticas detalladas de las visitas que recibe una página web y que yo ni sé leer ni interpretar, tampoco es que haya puesto mucho interés, que jugar a las adivinanzas nunca ha sido lo mío.
Y todo esto lo cuento porque hace un rato, de regreso a casa, mojándome bajo una incipiente nieve, y ahora toca corregirme, porque ahora sí está nevando de verdad, me crucé con alguien que en realidad no era nadie. Quiero decir que me recordó o se parecía a alguien que conozco o conocí, aunque en realidad creo que no nos vimos más que un par de veces o algo así, pero que en todo caso no era él, creo.
Eso me hizo acordarme de nuevo de un tema al que todos los que de una u otra forma nos mostramos públicamente, volvemos cada cierto tiempo. A nuestros lectores, a quién nos lee, por qué, cuántos de ellos son "reales" o la oportunidad o no de mostrar este espacio a la gente de nuestro entorno más inmediato, que evidentemente lo desconoce. Y esto viene a cuento porque esta persona a la que probablemente y si no recuerdo mal no vi más que un par de veces en mi vida, y a la que apenas conozco y de la que apenas sé (y de esto puede que haya pasado un año, tal vez más, o menos, no recuerdo), me dijo tiempo después de llegar a la conclusión de que entre nosotros no había química o algo así (en aquellos días yo no habría tenido química ni con una tarta de chocolate, rellena de dulce de leche y adornada con sugus de cereza) que seguía entrando aquí y leyendo todo lo escrito. Y no, jamás hablé de él, aunque puede que alguna vez haya hecho alusión a la H, de Hornby, "High fidelity", por supuesto. Ni siquiera sé si sigue haciéndolo, tampoco es que tenga importancia alguna, ni sabría como comprobarlo de querer hacerlo, que no quiero.
Y lo recuerdo ahora y sigue sorprendiéndome que tantos meses después siguiera encontrando divertido o interesante o entretenido, no sé qué adjetivo hubiera empleado él para describirlo, lo aquí escrito, y perdiera el tiempo perdiéndose, valga la redundancia, entre las palabras y consonantes de alguien que en la vida real puede llegar a ser completamente vulgar, aburrida, anodina y asocial. Y en realidad no era de esto de lo que quería hablar... y allá afuera sigue nevando. Así que mejor corto y cierro... por hoy.
No quiero que nadie me de las gracias por méritos que no me corresponden, porque yo simplemente me limitaba a pasar por allí. No quiero ser la causante de las lágrimas ajenas, pero tampoco de su felicidad, porque será el primer paso para serlo de su infelicidad.
Y como no me apetece contar lo que querría contar; ya saben, eso de me encantaría, pero no me apetece; y tampoco tengo tiempo, que el hecho de que una se baje del mundo no implica que no tenga que seguir girando en su propia órbita, me ha dado por mirar donde estaba hace exactamente un año en este rincón... y qué bueno, y que curioso (de nuevo), y qué raro (por enésima vez), porque esto lo podría haber escrito perfectamente esta mañana, fíjeseustedquétontería...
Tal vez por eso hoy he cubierto mi cabeza con mi boina granate de burdeos y ayer compré un puñado de polvorones de chocolate, de esos cutres y a granel. Para conservar, pese a todo, las ideas y mantener la ilusión de una calidez inexistente, que como dicen en Downton Abbey, I don't have a heart, everyone knows that.
Me leía a mí misma, el comentario a un comentario, la respuesta... escrito esta mañana, creo; que mido muy mal los tiempos. Y como por todos es sabido que mi egocentrismo y vanidad no tienen límites, me decía, porque yo a veces me hablo en voz alta a mí misma y en tercera persona, qué carajos, si tiene Vd. mucha razón, señorita Daeddalus, mucha razón... y qué bien sienta quedarse una en propiedad y minoría absoluta con el absurdo de ponerse de acuerdo con uno mismo.
Y tengo también que darle la razón a quién me ha repetido estos días que lo estaba haciendo bien, porque hacerlo bien no es fingir ser otra, porque fingir ser otra es renunciar a lo que se siente, porque renunciar a lo que se siente es mutilar una parte de ti sino esencial, al menos sí auténtica.
Y no sé mañana, tal vez no, pero hoy sí, hoy voy a aceptarlo y a gritarlo o a decirlo. Por hoy no voy a sentirme estúpida, no voy a tratar de hacerme la digna, no voy a buscar explicaciones donde no las hay, ni apelar al sentido, a la lógica, a lo real, razonable, realizable y a todas las "r" que a ustedes les plazcan.
Aunque no sirva de nada, aunque no conduzca a ningún lado, aunque no tenga sentido alguno... Te echo de menos... sí a ti, y no me importa.
Ni siquiera me importa que leas esto o que no lo hagas, que camines dos palmos por encima del suelo o te resulte indiferente. Ni siquiera me importa que no te importe.
Aunque en realidad esto último un poco menos... pero eso... eso ya lo sabes.
"Summer time the sun would shine
We'd lay acrossed the field
Sheltered in the shadow of a tree
We'd write our poems to take along
And sing out on the road
And this is what you always used to sing
May the road rise to meet you
May the wind be at your back
May the sun shine down warm upon your land
May the rain fall soft upon your face until we meet again May god hold you in the palm of his hand
Autumn leaves would change our trees to colors on the ground
Swirling patterns beautiful to see
I'd lay my head down on your lap
I would not make a sound
And you would always sing this song to me
May the road rise up to meet you
May the wind be at your back
May the sun shine down warm upon your land
May the rain fall soft upon your face until we meet again May got hold you in the palm of his hand
Through the winter days our tree would shiver in the wind
Waiting for the warming touch of spring
I hold you in the firelight
We'd stare into the flame
And this is what you always used to sing
May the road rise to meet you
May the wind be at your back
May the sun shine down warm upon your land
May the rain fall soft upon your face until we meet again
May god hold you in the palm of his hand (x2)
May the rain fall soft upon your face until we meet again
May god hold you in the palm of his hand".
Y dos por el precio de uno... te regalo esta canción.
"¿Qué te parece que hoy desvelemos detalles de la verdad?
La bruja era guapa, el lobo era bueno,
y del príncipe azul... no ha vuelto a saberse jamas".
"De sombras y sueños" de José Ignacio Lapido
Ha sido un fin de semana tan, tan raro... de ésos de querer huir de todo y esconderme, principalmente de mi misma, aunque sea tarea que cualquiera sabe que es imposible. Pero que a mí, inmersa en esta fase de olvido inducido, se me olvida. Así que cuando G. me pregunta si les acompaño al cine no lo dudo ni durante un instante, y hablando de esto y de lo otro (la exposición de Renoir que no se me puede escapar, el concierto del Loco del próximo viernes, la cena del trabajo y la comida con las ex-compañeras, y la otra cena y la de más allá, y otro montón de historias que nada tienen que ver con la gastronomía) ni siquiera se me ocurre preguntar qué película vamos a ver, porque es tal mi empeño de alejarme de la realidad, que ni me importa. Y sólo cuando se han apagado las luces y comienzan las primeras imágenes a desfilar por la pantalla pregunto que esto de qué va, y él me contesta que de marcianos.
Pues vale, pienso yo, y me acomodo en la butaca pensando que jamás pagaría por ir al cine a ver una peli de palomitas y marcianos, porque las primeras no me gustan y los segundos tampoco, que si al menos fueran selenitas, compatriotas, por tanto... Pero al mismo tiempo pienso que es perfecta, una película intranscendente con final feliz y muchos efectos y seguro que con una pareja de jóvenes y guapos y atléticos y atractivos que tardarán no más de diez minutos en convertirse en los superhéroes que salvarán al mundo mundial matando bichajos verdes a diestro y siniestro y siendo los casi únicos supervivientes. Y además sale David Zayas, el sargento Batista para los restos.
Que tal vez me olvide de todo, aunque sea durante escasas dos horas, y consiga frenar las ganas de descolgar el teléfono o de enviar un triste SMS y desear suerte o lo que sea adecuado en estos casos, aunque lo adecuado es el silencio, bien lo sé, y puede que debido a todo mi empeño en olvidar, lo único que se me olvide es mi don la de inoportunidad. Y además la película acaba siendo tal monumental despropósito que no son menos de cinco las veces que me siento tentada a levantarme e irme y si no lo hago es por no molestar al resto y tener que levantar a toda la fila, que mi sentido de la educación es igual de inoportuno. De modo que me paso hora y media con la vista fija en la pantalla y mi mente viaja un par de cientos de kilómetros hacia el sur, hacia otro escenario y otra banda sonora y vuelvo a recordar el concierto de los Whybirds en la sala Savoy de la noche anterior, del que (me) prometí hacer una crónica si en este blog hubiera talento.
Pero no puedo negar lo evidente, y de seguro que me encantaría ser capaz de hablar de otras cosas que no fueran yo misma, y hablar de música, de libros o de películas; de viajes que no sean de ida y vuelta y hacer crónicas de las vidas de otros más allá de la mía. Y lo intento, y me siento en esta mañana laboral de lunes ante la pantalla en blanco y me reitero, porque en cuatro párrafos todavía no he sido capaz de hacer mención alguna a la presumible crónica y las ideas que se me agolpan entre las manos y se deslizan sobre el teclado poco o nada tienen que ver con esos cuatro chicos que se subieron al escenario de la sala Savoy en Gijón la noche del viernes con puntualidad británica para presentar ese "Cold blue sky" más que recomendable, que llegaban de telonear el miércoles en Madrid a los "Drive by Truckers".
No sabría decir cuántas personas estábamos allí, al menos al inicio del concierto, que al final la sala ya había comenzado a llenarse con la inercia del viernes noche y la heterogénea fauna habitual del Savoy, aunque cuando como punto final hicieron un más que decente cover de 'Rosalita', nadie pareció ni inmutarse ni reconocer la canción. Bien por mí, yo sí la disfruté. En todo caso no habría más de 25 personas, y siendo generosa; un panorama absolutamente desolador pese a las ganas y el entusiasmo que le pusieron. Que imagino que llegarían a la conclusión que de tener que hacerlo, al menos disfrutar con el concierto y tocar para ellos mismos, porque lo que iba a ser tocar para los presentes, iba a ser que no, que de los más o menos 25, intuyo que sólo tres estábamos allí a lo que estábamos. Yo, me pongo en primer lugar, no vaya a olvidarme de mí; una pareja en la que era evidente que la chica estaba alli por su chico y su chico por los Whybirds; y otro, el otro.. El resto, acodados en la barra y sentados en sus respectivos taburetes mirando de refilón el escenario y a verlas venir. Je suis désolé...
Podría enumerar el set list, el entusiasmo del batería, la amabilidad de los cuatro y su tan bien repartido ego, que todos cantaban; que me llevé su disco a casa (creo que vendieron tres), la estupenda versión que hicieron de 'Rosalita' (que ya he mencionado), lo bien que sonó 'Rainwater', que me encanta, e hilar todas esas ideas que se supone deben componer una crónica. Pero no, no por falta de talento, que también; sino porque en realidad y pese a lo mucho que disfruté del concierto, sí, yo fui una de los tres que lo hizo, no puedo evitar que mi crónica particular derive hacia lo mismo, lo de siempre, a que te colocaste en un rinconcito de mi cabeza durante todo el concierto, en ese compartimiento estanco de mi cerebro en permanente modo on, en la estantería inferior izquierda, esquina sueños chiquitos e inalcanzables e irrealizables e irreales e imposibles y ya saben, métanle ustedes todas las "i" que les plazcan.
Y lo siento, lo siento mucho por la persona que me acompañaba, con la que compartí concierto, cervezas y cigarros. Porque sentí que me estaba comportando como una auténtica cabrona. Porque él no fue al concierto a disfrutar de él, ni siquiera fue por acompañarme, no... fue por mí, sólo por mí, que no es exactamente lo mismo, y probablemente de no ser por mí hubiese preferido estar en cualquier otro lugar, tal vez en la sala Acapulco, la del Casino, donde esa misma noche tocaba en el marco del Festival Edwin Moses, con una soberbia sección de viento, cuentan las crónicas, incluido un saxo barítono. Y mientras él, que no se lo merece, ni se lo merecía, estaba a mi lado, yo estaba a cientos de kilómetros pensando en ti. Y podría echarle la culpa a uno de los tres presentes no ausentes, a el otro, a ese chico moreno que apenas unos pasos más allá parecía disfrutar de veras, de verdad de la buena, del concierto. Como si necesitara excusas para olvidar que no te olvido y pudiese justificar ese recuerdo diciendo que él me recordaba a ti.
Porque sí, me recordaba a ti, aunque supongo que si lo hubiese mirado detenidamente no podría decir que en realidad os parecieseis tanto, o tal vez yo quise verlo así. Porque de seguro tenía la misma actitud que tú hubieses tenido, y probablemente ni siquiera era tan guapo o tal vez sí e incluso un poco más, o más alto o no tanto, e iba vestido como tú probablemente irías vestido esa noche en otro lugar y en otro concierto. Y supongo que ni siquiera él se percató del rato que pasé mirándolo sin verle, porque en realidad a quién veía era a otro, y tampoco hubiese sido justo, imagino, que llegase a pensar que tal vez le gustaba a esa chica que no dejaba de mirarle, porque en realidad no era él, no era por él...
[Y ahora tendría que sonar la canción* (in)oportuna, pero el condicional es lo que tiene,
así que me quedo con 'Girls in fire', que sonó más que estupendamente el viernes...]
-¿Me echarás de menos? - Intenta no echarme tú de menos a mí. Será una buena práctica.
[...]
-Me has enseñado que he estado viviendo en un sueño y ya es hora de volver a la realidad. Deséame suerte, Mary. Bien sabe Dios que te deseo lo mejor.
Downton Abbey
[Me dice G. que no hace falta que le acompañe, que coge el cercanías; pero ni modo, que le prometí acercarle a la estación. Y él insiste, que parece que tengo prisa y tal vez alguien me espera o he quedado con alguien o tengo planes, y yo digo que no, que bueno, que estoy cansada y quiero regresar a casa, que se termine el fin de semana y poder dormir de nuevo en mi cama. Que en realidad no me atrevo a decirle que sí, que tengo prisa, que tengo planes (a solas), que me espera el capítulo número siete de Downton Abbey, final de la primera temporada, serie que me ha enamorado desde el minuto uno (gracias K, por enésima vez). No sé, tal vez es que estoy más agilipollada así de lo que imaginaba...]
Aunque a veces se nos olvide Lyle Lovett siempre fue mucho más que ese tipo raro y feo con el que se casó Julia Roberts en el principio de los tiempos.
Aunque a veces se me olvide, me asusta pensar que tal vez nunca más volveré a sentir lo mismo...
Aunque a veces olvide no puedo dejar de echarte de menos...
[Y si en este blog hubiera talento, tal vez haría una crónica del concierto de los Whybirds de esta noche en el Savoy]
"I Think I'll look around for a whooping crane
I Think I'll look around for a whooping crane
What do you think this pain has got me?
You think I'm uptight but I'm not
It's just that, I look around for a whooping crane
and I can't find one...
So, I Think I'll look around for a drinking stream
I think I'll look around for a drinking stream
They say you turned the water to wine
And they must have been right this time because
I look around for a drinking stream but I can't find one...
Mighty red man painted ponies brown
Fallen Eagle, feathers on the ground
and the bulletts they spin your dreams around
and they paint your face on the penny brown
So, I think I'll look around for the Yellowstones
I think I'll look around for the Yellowstones
Set your eyes on the eagle's flight,
Cause the, the eyes of God have lost their sight
I look around for the Yellowstones, but I can't find one...
Mighty red man painted ponies brown
Fallen Eagle, feathers on the ground
And the bulletts they spin your dreams around
And they paint your face on the penny brown
Think I'll look around for a whooping crane
I Think I'll look around for a whooping crane
What do ya think this pain has got me?
You think I'm uptight but I'm not,it's just that
I look around for a whooping crane and I can't find one..."
P.D. Jennifer Jones y Gregory Peck en "Duelo al sol"
No viene a cuento de nada, pero hoy huelo a vainilla y no me gusta...
Y viene tampoco a cuento de nada, al margen de recordar que ya conté algo parecido hace más o menos un año (http://daeddalus.blogspot.com/2009/12/incidencia.html), cuando la letra E me perseguía y yo no conseguía ser más rápida.
Y es que si hay algo que me aterra, y pensarán ustedes que qué vida más plácida y sosa y aburrida la mía si en el top ten de terrores nocturnos (o diurnos), se encuentran cosas como ésta, la de enviar un mensaje telefónico nocturno (o diurno) no siempre irónico, procaz o divertido, incluso a veces convencional, a la persona equivocada, por eso de compartir inicial.
Aunque ahora sea otra letra la que me persiga, que he avanzado unas cuantas en el abecedario dejando atrás la E. Y no, no haya conseguido de nuevo ser más rápida.
A veces hago cosas raras... que una tiene que mantener su imagen. Aunque parta de la idea de que la frontera entre normalidad y excentricidad es muy difusa, por no decir inexistente, que al fin y al cabo todos la establecemos en función de nuestra propia realidad. Pero supongo que sí, que a veces lo hago, y digo cosas que otros callarían por considerar impropias. O siento y vivo y percibo; y a lo mejor los demás también lo hacen, pero no lo dicen, no sé. Tampoco tiene importancia, supongo.
Así que el sábado pasado cuando subía los cinco pisos a pie obviando el ascensor, tatareaba eso que canta Coque Malla. No sé, tal vez porque era sábado y hacía frío y creo recordar que llovía y era ya de madrugada. Sí, eso de recorrer la ciudad hasta llegar al mar, porque el mar cura las heridas, y saltar y nadar hasta otro lugar, tal vez hasta Berlín, quizás para toda la vida. Y cuando me quito los zapatos y me recojo el pelo y apago todas las luces y subo la persiana para que la única luz que me ilumine sea la de las farolas más allá de mi ventana y veo mis ojeras reflejadas en el cristal, siento que el frío y los recuerdos me envuelven de nuevo. Y recuerdo su voz, que me susurraba al oído que nunca sería tarde, aunque nos traicionara la noche, que ya lo decía Battiato, sai che d'Inverno si vive bene come di Primavera.
Y suena Gastelo diciendo que nadie se queda, que probablemente tenga tanto miedo a perder que por eso siempre pierda... Y alguien me recuerda a Juan Pardo, y de nuevo pienso que es curioso, casualidades, que hace tan sólo una semana me encontré de nuevo, tras bastante tiempo sin verlo, con ese tipo que tanto se le parece. Ése que no sabe que existo y con el que me he cruzado en ¿cuántos?, ¿dos años?, tan sólo un escaso puñado de veces en interminables reuniones en las que yo nunca tengo nada que decir. Sí, estábamos allí sentadas Mony Penny, esa señora del Jurídico tan divertida y yo. Y la del Jurídico en cuanto lo ve entrar y sentarse y tomar la palabra me da un codazo y entre susurros me pregunta quién es ese tipo tan aparente. Y yo entre susurros le cuento, y le explico y hasta sobre el papel le dibujo un organigrama jerárquico, mientras ella asiente embobada sin quitarle la vista de encima, hasta que cuando por fin se termina y salimos y nos tomamos un café, bueno, en realidad ellas se lo toman, de pie ante la máquina, ella vuelve a preguntar por el tipo aparente con un aire a lo Juan Pardo. Y dice exactamente eso, que se parece a Juan Pardo, pero que claro, cómo voy a saber yo quién es Juan Pardo, que soy demasiado joven.
Sí, claro, el de Juan y Junior... contesto. El Junior de Rocío Dúrcal. Ése que nació en Filipinas, como Aute, ¿o era Miguel Bosé?. No, era Aute, creo que Miguel Bosé donde nació fue en Panamá. El que está enfrentado a los hijos por temas de la herencia desde que se murió la Dúrcal, la del "me gustas mucho" y eso de "así son los hombres, todos son iguales". Sí, los mismos hijos que rivalizaban con los Parchís compartiendo una sopa de ¿amor? para dos... Y ella me mira un poco entre el asombro y la diversión y nos olvidamos por momentos de nuestro doble particular de Juan Pardo, que pasa a nuestro lado dejando atrás nuestras risas, sin amago de saludo alguno, y hablamos de la boda de Shaila, que fue portada del Trola y se casó con un tipo cuyo nombre no recuerdo pero que a mí me recuerda a Juan Gabriel cuando era joven, suponiendo, que es mucho suponer, que Juan Gabriel alguna vez haya sido joven.
Y como no hay una sin dos... sí, lo sé, en realidad no hay dos sin tres, y puede que hasta sea cierto, pero como soy rara y oportunista, yo digo que no hay una sin dos... ayer me vuelvo a cruzar con mi doble preferido de cantante venido a menos. Yo bajo y él sube por Pérez de la Sala y ambos nos miramos, él con esa mirada que dibuja la insistencia de una parte del cerebro puesta en funcionamiento, ésa que te dice de qué conozco yo a esta chica; y yo, bueno, porque está arrebatadoramente guapo, cómo no podía ser de otra manera. Porque una tiene sus contradicciones, que aunque a mí mayoritariamente me gusten las chaquetas de cuero y las barbas cuidadosamente descuidadas y las camisas de cuadros (nota mental, tengo una foto de mi Bruce con camisa de cuadros que quita el sentío y debería colgar aquí para compartir mis alegrías con quién quiera, sepa o pueda apreciarla), también me gustan eso que algunas llamamos maduros interesantes, y esos ojos verdes enmarcados en una barba canosa, y ese jersey negro de cuello vuelto al más puro existencialismo francés. Y de nuevo una nota mental y estética, que Bernard-Henry "no sin mi camisa blanca abierta hasta los límites de la decencia" Lévy debería tener en cuenta. Y una parte de mí que no controlo hace un vago saludo, un gesto con la cabeza a modo de reconocimiento que se ve recompensado por una luminosa sonrisa y un 'hasta luego' entre dientes.
Y cuando mucho rato después soy yo la que subo por Pérez de la Sala, y tras subir los cinco pisos a pie pese a los dos ascensores, y tras quitarme los zapatos y recogerme el pelo y encender las luces y bajar las persianas, no queda otra, comienza a sonar Juan Pardo y no,no es que me moleste que me sigan, porque a fín de cuentas ¿quién soy yo?
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.