martes, diciembre 04, 2007
domingo, diciembre 02, 2007
Puedo ser o no ser yo
Aunque yo prefiera decir:
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Afinidades electivas
Alta traición

Llevamos toda la mañana peleándonos con la máquina de fax. Alguien al otro lado de la línea telefónica intenta infructuosamente una y otra vez enviar un documento. Ya he perdido la cuenta de las veces que me he levantado y acercado comprobando que hay papel, que éste está bien introducido, que el problema no es de nuestro fax puesto que hemos recibido y enviado otros a lo largo de la mañana.
El teléfono sigue sonando implacable. Ya se hacen apuestas. ¿Entrará esta vez?, ¿Se dará por vencid@ sea quién sea el que está al otro lado?... seguro que es del S. L. que Floricienta no sabe ni mandar un fax.
Vuelve a sonar el teléfono. La Viudita alegre contesta. Pero ella, que es eficiente como no lo llegaré a ser yo nunca en mi condición de funcionaria de ventanilla y vuelva usted mañana. La “princesita” del Jefe como suele llamarla Blancanieves sin los siete enanitos, extremadamente educada y correcta, frente a terceros fundamentalmente y a la que nunca le faltan sonrisas hacia el atribulado usuario con un “déjelo en mis manos”, consejos varios y alguna que otra solución ha debido de dejarse olvidadas esta mañana las buenas maneras sobre la mesilla de noche.
Ante la incrédula mirada de cuantos la rodeamos cuelga el auricular con mirada asesina y mascullando un “qué gilipollas llega a ser la gente…, ni siquiera sabe enviar un fax”. Al instante nos dice que la supuesta gilipollas es la tipa, porque es mujer, aclara, que lleva toda la mañana intentando enviarlo. Y como el teléfono sigue sonando y el ya famoso fax sigue sin hacer acto de presencia nos regala no menos de 20 minutos de improperios varios dirigidos a la presunta gilipollas, que resulta ser una funcionaria interina (esta información también nos la brinda) que trabaja para los exiliados de la tiza, esto lo sabré a la mañana siguiente cuando finalmente el fax en cuestión llegue a nuestras manos.
Nadie le prestó demasiada atención al incidente, pero yo no pude evitar darle vueltas a la idea de qué algo más habría de haber tras esa tensa conversación telefónica. No es propio de ella perder la compostura de esa forma a causa de una desconocida o de un fax que nadie reclama y no acaba de llegar. Claro que mi malsana curiosidad laboral dura hasta las tres de la tarde, hora de salida, que ese día por cierto se adelantó a las dos. Cuando me montaba en el coche ya ni me acordaba de su salida de tono.
Por una vez la intuición, que tan esquiva me resulta, no iba a fallarme.
Un buen día ella decidió renunciar a su reciente condición de viuda, que no a su alegría. Esa determinación, que como viene a ser lógico a nadie en su entorno laboral debería haber importunado, causó un auténtico terremoto en la oficina cuyos efectos, años después, aún perduran.
Por aquel entonces yo aún no trabajaba allí, pero ya en mi primer día de trabajo se me informó puntualmente acerca de su estado civil y sentimental, por este orden. Había cometido el grandísimo atrevimiento de enamorarse de un colega casado, aunque algunas sostienen que en realidad lo suyo no es ni fue amor, sino “encoñamiento”. Ni que a mí me importara, digo.
Podría importarme, en todo caso, si me importasen las vidas ajenas, dado que trataba con cierta asiduidad y cordialidad a la por entonces sufrida esposa, actual exmujer y había tenido noticias precisamente por boca de ella sobre ese presunto “affaire”, que resultó ser no tan presunto y acabó con una demanda de divorcio o separación o lo que fuera (no manejo bien yo determinados asuntos legales) y las maletas del colega en la puerta. Ambas acciones emprendidas por su señora esposa, que si por él fuera, me temo, aún seguiría con su santa sirviéndole la cena todos los días. No siendo precisamente primerizo en aventuras laborales extraconyugales desconozco la razón por la que esta vez fue la definitiva y no ninguna de las anteriores. O más bien por qué ella tardó tanto en tomar esa decisión, o no la tomó él. O tal vez por qué un matrimonio evidentemente roto se mantiene unido año tras año sin tener nada que decirse. En todo caso no es mi intención entrar a diseccionar matrimonios ajenos ni analizar las políticas de convivencia de una pareja. Acepto que cada cuál vive según sus códigos que evidentemente a mí se me escapan.
A él siempre le he mirado con cierta curiosidad tratando de adivinar o más bien de ver lo que ella debe encontrar en él. Será que es más bajito que yo y no suelo fijarme en hombres a los que tenga que mirar por encima del hombro, pero lo cierto es que no acabo de encontrarle yo el “punto”, o tal vez como dice la Reina del Sur, éste no esté a la vista. En cambio a ella, a ellas, a la viuda y a la ex siempre les he tenido afecto. Con una convivo laboralmente, con la otra me encuentro de cuando en cuando, con ambas mantengo una relación afectuosa y no suelo preguntar demasiado, ni ellas contar, acerca de esa circunstancia que las une.
Algunos dicen que las victorias pueden resultar muy amargas...
Publicado por
Daeddalus
1 perdidos en el laberinto
Etiquetas: Anatomía de la señaldá
miércoles, noviembre 21, 2007
Cuando fuimos los mejores
Nos vemos en la próxima huida.
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Despedida y cierre, High fidelity
lunes, noviembre 19, 2007
On the bright side of the street

Me jode, y me jode decir me jode, pero me jode, y además terriblemente los tipos esos, porque siempre son hombres, que a bordo de sus coches te deslumbran con ráfagas de luz para tratar de digamos "comunicarse" con el conductor, en este caso conductora, del coche que les viene enfrente.
Salida del trabajo a eso de las tres en un día gris, lluvioso, sombrío y con niebla. Enciendo las luces de cruce y en menos de cinco minutos 6 coches me hacen señales. Cómo explicar que si a mí me viene en gana conducir con las luces encendidas en un día así no cometo una infracción de tráfico. Es más, deberían obligarnos a todos como en determinados países europeos donde se conduce siempre con las luces encendidas. Así que la próxima vez que vean un humilde utilitario de color fucsia con las luces encendidas ahórrense el gesto señores (y el comentario/pensamiento de "mujer tenía que ser").
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Área de prioridades
domingo, noviembre 18, 2007
Espejismo
"Aunque tú no lo sepas
me he acostado a tu espalda
y mi cama se queja
fría cuando te marchas."
Q. González/E. Urquijo
Cuando aprendas a estar solo, cuando sepas lo que quieres. Cuando me escuches...Ejercicio inútil. Buscando maneras de aprender. Y todo lo demás, también...
Extraños acercándose demasiado...
Publicado por
Daeddalus
3
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Te debo una canción
Nostalgia del felpudo
Presupongo que nadie cuestiona la depilación de las piernas o de las axilas y con ese nadie me refiero a los hombre heterosexuales, pero lo cierto es que nunca me he planteado si estos prefieren o no un pubis completamente depilado. De ahí mi sorpresa cuando un buen día y a altas fiebres de la madrugada entre amigos mayoritariamente del género masculino y heterosexual surge el tema de la depilación femenina cuando Mar en el último momento y para nuestra sorpresa decide no alejarse con su ultimisima conquista nocturna con la excusa o disculpa de no estar depilada ante mis risas estupefactas y los comentarios de los chicos restándole importancia a ese detalle.
Incluso uno de ellos va más allá e inicia un auténtico alegato a favor de eso que algunos llaman felpudo, según él injustamente denostado y desterrado del cuerpo femenino. Será que no frecuenta los vestuarios femeninos de la piscina municipal y en todo caso aunque él acabe de superar los cuarenta no ponga sus ojos (entre otras cosas) en cuerpos que apenas superan los 20.
Lamentaba que a sus particulares lolitas les horrorizara el vello púbico, que para ellas fuera sinónimo de falta de higiene y falto de erotismo, reivindicando desde ya el felpudo.
Yo desde luego no me uno a su causa.
Publicado por
Daeddalus
8
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Área de prioridades
jueves, noviembre 15, 2007
The devil wears Zara
Cuando una mañana la viudita alegre apareció con algo parecido colgado del brazo no podía creerlo. Afortunadamente el estupor duró breves segundos, tiempo suficiente para acercarme a una distancia antimiopía y distinguir que era de palo. Nos lo mostró orgullosa con un "mira qué pasada de bolso" y apuntando que era igual que el de Vicky Posh Beckham y que se había comprado dos, ése en color chocolate, y otro verde manzana.
Desde ese día hasta hoy, al menos cuatro de mis colegas se han agenciado uno, en Blanco, of course, esa especie de tienda de los horrores donde las imitaciones campan a sus anchas. Si las apreciara en algo les diría que su pose me parece absurda, que es un bolso tremendamente difícil de llevar que requiere cierta altura y cierto garbo, del que ellas sin duda carecen, que no es el bolso de la tal Mari Vicky, sino de una inglesita ganada para la República por un tal Monsieur Gainsborug, que la Sartorius, Isabel, ha copiado, digo diseñado uno bastante más asequible económicamente y que si juntasen los 20 euros que todas las semanas se gastan en un nuevo bolso plasticoso (la Carola dixit) de imitación tendrían para comprarse uno de piel, aunque no fuera de diseño, que en cuestiones de zapatos, cinturones y bolsos una deja sus convicciones vegetarianas a un lado.
Supongo que todos conocen la serie Sexo en Nueva York, o lo que es lo mismo Sex and the city (sigo esperando que alguien me explique a qué se debe tan libre traducción), que algunos llaman de culto y otros consideran tan innovadora. Ya saben, la de Sarah Jessica Parker o lo que es lo mismo Carrie Bradshaw luciendo palmito encaramada en unos tacones imposibles; culpable de que muchas mujeres y algunos hombres se hicieran adictos a los Cosmopolitan, los Manolos y al mantric bunny, no necesariamente por este orden. En la que a las protagonistas jamás se les ve con un libro en la mano excepto cuando Carrie se lía con un presunto escritor (lo que tampoco tiene excesiva importancia a pesar de que la prota es escritora o su mejor amiga es una abogada de prestigio) ocupadas como están en desayunos interminables (ya me gustaría a mí tener sus horarios laborales sin renunciar a su fondo de armario ni a la vida sexual de Samantha, que para ser sinceros parece ser la única que folla y se pone la vida por montera, aunque acabe con un cáncer cual castigo divino por fornicadora). Donde la redención final se alcanza además de sufriendo un cáncer de mama con una casita en Brooklyn (algo así como el destierro) y una suegra con alzheimer. Quién lo diría para una serie tan presuntamente libertaria. Y que una, pese a todo, ha visto completita, a vuelto a re-ver, también completa, e incluso se ha tragado el making-off (asumo mis grandes contradicciones).
Recuerdo la serie porque en uno de sus capítulos Samantha se compra un Fendi falso del que está hiperorgullosa aunque tenga que pelearse por él con una conejita en la mansión playboy (véase capítulo de la sexta temporada). Alucinada Carrie por el realismo del bolso en cuestión decide comprarse uno y acompañada por Samantha se presenta en el puesto de venta, el maletero de un coche, donde se da cuenta de lo cutre, triste y patético que es comprarse una falsificación para tratar de hacerla pasar por auténtica. Aunque Samantha no se de por aludida y haya que esperar al final del capítulo para que nos llegue la moraleja (ésta nunca falta).
Hace escasos días yo me sentí igual que Carrie. A pesar de que excepto de algunos hombres, yo no he hecho uso de imitaciones.
Soy clienta asidua del imperio Inditex, bien lo dice Evinchi, a la fuerza y sin alternativas. Y de Zara a Mango y de Mango a Zara pasando a veces por Sfera y H&M (aún sigo achicopalada, que diría mi Chava, con la revolución Cavalli, que a mí me parece un hortera, todo hay que decirlo, entre tanto print de leopardo).
Como decía antes en mi entorno femenino y laboral abundan las imitaciones. Primero fue el Birkin, pero luego llegó el Gaucho de Dior, el Spy de Fendi, uno de flecos que creo que es de Prada, el Muse de YSL y un largo etc. Y eso en cuestión de bolsos, porque las camisetas con el logo CH me consta son un hit en los mercadillos.
Un buen día, una colega, y sin embargo no amiga, apareció con un nuevo bolso colgado del brazo. Es de las que se gastan sus buenos 20 euros semanales en uno nuevo, en la variedad está el gusto, debe pensar. Lo cierto es que no estaba mal del todo a pesar de ser una imitación de un Gucci si mi ojo vogueano no me fallaba. No es que no estuviera mal, es que estaba muy bien. Vamos que el bolso me gustaba, fuera de Gucci, de Pucci o de quién fuera. Curiosamente no tuvo éxito y a la semana siguiente nadie llegó con el mismo bolso (la aparición de uno nuevo en escena suele ser origen de una reacción en cadena).
La Carola si le echó un ojo. Claro que su buen gusto sólo es comparable al mío, aunque eso sea lo único que tengamos en común porque mientras yo me conformo con pasar las páginas del Vogue ella hace trizas la tarjeta de crédito de su respectivo comprando básicamente en Carolina Herrera (Oviedo es un tanto limitada en cuanto a tiendas de grandes firmas). Y a los escasos días apareció con el Gucci bajo el brazo. Y digo Gucci porque no dudé ni por un instante de que fuera auténtico.
Pues no, no lo era. Supongo que debía haberlo adivinado. No creo que sea fácil comprarse un Gucci auténtico en Oviedo, y a ella no le había dado tiempo a viajar a Madrid (cada cierto tiempo se va de compras a la capital).
Me lo confesó sin pudor. Claro que como iba vestida de arriba a abajo de Antonio Pernas cualquiera hubiera dicho que el bolso no era auténtico. 25 euros regateando en el mercadillo. Yo lo miraba y lo remiraba y cada vez me gustaba más, el diseño, los colores, el asa y pensé que por 25 euros por qué no caer en la tentación.
Nunca he comprado absolutamente nada en un mercadillo, en "la plaza" como lo llaman aquí, o el rastro... bueno, si he comprado flores e incluso algún libro. Pero nunca ropa o bolsos o zapatos. Para todo hay una primera vez, supongo. Así que con la idea de los 25 euros regateando, 30 sin regatear, ya había decidido que yo no sirvo para eso, madrugué el domingo y me dirigí a la búsqueda y captura de mi falso Gucci.
Lo primero con lo que me encontré no fue con un puesto de bolsos, sino de ropa interior y lencería donde una rolliza gitana moño en alto vendía a gritos su mercancía entre la que abundaban los tangas con motivos de leopardo y cebra, muy Just Cavalli y por donde obviamente pasé de largo para darme de bruces con un maravilloso vestido que parecía fuera de lugar y situación. Busqué infructuosamente una etiqueta con el precio, aún no había aprendido la primera lección de compradora de mercadillos, nada tiene etiquetas ni precio, hay que preguntar directamente al vendedor y supongo que midiendo la cara de la pardilla que tenga enfrente éste le dará un precio u otro. En mi caso debí de parecerle mucho porque me dijo que costaba 90 euros, lo que me pareció una barbaridad dadas las circunstancias.
Cuando por fin descubro un puesto de bolsos una de las grandes incógnitas de mi vida se resuelve. Está plagado del logo de Carolina Herrera. Ya entiendo el por qué de ver a tantas mujeres en todo momento y condición con ellos. Ni rastro de mi Gucci. Tras pasar por varios stands, horrorizada por ver hasta qué límites llega el mal gusto y cuando ya estoy planteándome irme a casa lo diviso en el último puesto de bolsos que me queda por revisar. Una mujer lo sostiene en alto y en el momento que lo veo sé que tiene que ser mío, me entra un furor de rebajas marujil a la puerta del Corte Inglés y me dirijo hacia allí. Busco y revuelvo, pero no hay ni uno más, sólo el que la mujer sostiene entre sus manos, mira y remira, le da vueltas, se lo cuelga, abre y cierra, duda. Aguanto la respiración. Por fin lo suelta y yo lo cojo en el aire casi arrancándoselo de las manos ante la mirada atónita del vendedor que debe de tomarme por una loca. ¿Cuánto? le pregunto casi fuera de mí... 55... ¿55 euros? ¿Pero qué me está diciendo este romano?
Justo en ese momento me doy cuenta de lo absurdo de mi comportamiento. Es obvio que no voy a pagar 55 euros por él y ante la desconcertación del vendedor me alejo. Él me reclama, supongo el regateo forma parte del juego, pero ni 55 ni 20... Al igual que Carrie cuando le abren el maletero del coche y ve todo ese batiburrillo de bolsos y bolsas de plástico. El lunes fui a Zara y me compré un bolso anónimo, pero de piel.
Publicado por
Daeddalus
13
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Desayunando en Tiffany's
domingo, noviembre 11, 2007
Distancias atravesadas por la ira
Al instante de decir “sí” supe que me había equivocado. Estaba mintiendo aunque mi intención no fuera mentir. Simplemente quería dar por finalizada la conversación, no me apetecía dar explicaciones. Técnicamente yo no mentí, yo no creé la mentira.
Al fin y al cabo tú me habrás mentido tantas veces… ni que me importara. Estoy demasiado cansada.
Como alguien me dijo una vez… hay días con flores frescas en el jarrón y otros en los que sólo tienes agua fría…
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Área de prioridades
¿Soy yo la única que piensa que el Rey no defendía a Aznar sino el derecho de Zapatero de no ser interrumpido en su intervención con esa salida más propia de un "que te calles Karmele" un tanto impropia de un Jefe de Estado?
Publicado por
Daeddalus
4
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Área de prioridades
sábado, noviembre 03, 2007
Tal vez fue ella la que me eligió a mí.
El barro invadía los estrechos caminos, herencia de la torrencial lluvia que me había acompañado durante mi búsqueda de refugio y sobre él se distinguían unas huellas recientes que se adentraban en la oscuridad y llegaban hasta su puerta.
Mientras buscaba infructuosamente un timbre o un picaporte que la casa no parecía tener la puerta se abrió suavemente y una tenue luz dibujó la figura de una mujer que me hizo pasar con un ligero asentimiento de cabeza tras mis explicaciones y disculpas. La seguí en silencio a través del zaguán donde reposaban varios pares de abarcas extrañamente impolutas pese al barro de afuera, de distintos tamaños, que supuse pertenecerían a los habitantes de la casa.
Me condujo a través de un largo pasillo hasta hacerme entrar en una sala de grandes ventanales tan sólo iluminada por el fuego que ardía en la chimenea. Con gestos me indicó que me quitara mi abrigo y los zapatos, humedecidos y llenos de barro. Los colocó cerca del fuego, arrimó una silla a éste y me hizo sentarme para calentarme. Ella salió hacia el cuarto continguo que supuse sería la cocina porque oí estrépito de platosy a los pocos minutos reapareció con una sopera humeante que colocó sobre una mesa que hasta entonces me había pasado desapercibida. De nuevo sin mediar palabra me indicó que me acercara y me sentara a ella.
Sobre la mesa, como si hubiera estado esperándome, había dos platos con sus respectivos cubiertos. Se sentó frente a mí, sirvió la sopa, y en el más absoluto de los silencios comenzamos a comer.
Publicado por
Daeddalus
7
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Afinidades electivas
lunes, octubre 29, 2007
A nadie has conocido
Publicado por
Daeddalus
2
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Tiempo de habitaciones separadas
sábado, octubre 27, 2007
Ente nós
Te hubiera gustado Oviedo a pesar del ruido atronador de las gaitas, de la prinzesa y el vaporoso vestido de Soledad[1] .A pesar de él, al que seguramente todavía detestas, que soportaba a pie firme como cada viernes de octubre desde hace un buen puñado de años en una esquina de Uría gaita al hombro y montera bajo el brazo; que me llamó a gritos para hacerse oír entre tanto peinado imposible de rubio gabiniano.
Te hubiera gustado porque nada ha cambiado aunque ya no seamos los mismos. La ciudad sigue ahí, como la dejaste, si acaso un poco más vieja, mientras nosotros olvidamos bautizando un nuevo deseo.
Publicado por
Daeddalus
12
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Anatomía de la señaldá
jueves, octubre 25, 2007
101 ".............................."
Publicado por
Daeddalus
6
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Tiempo de habitaciones separadas
Francamente querido, eso no me importa
Ya saben, Nacho Vegas ex Manta Ray (altamente recomendable también el hermanísimo Xabel Vegas) y ella es Christina la ex de Alex, de los Subterráneos y de Ray Loriga (imperdonable que la dejara por la modeluqui ésa de brazos interminables) y cuñada de Benjamín Prado, además de hacedora de un puñado de discos más que interesantes hace ya un tiempo.
Publicado por
Daeddalus
11
perdidos en el laberinto
Etiquetas: High fidelity








