El que hubiese sido el perfecto padre para mis hijos, el mismo que hace un par de fines de semana se perdía en la mirada de una rubia en el bar de siempre, que en realidad no es el de siempre, sino que será el de siempre, acabó por reconocer que en realidad yo no le había enviado ninguna señal. Y yo callé y asentí y me abstuve de preguntar qué era eso de las señales...
Él entendió a su modo cuál era su camino y yo me quedé con la duda, cómo voy a enviar señales si ni siquiera sé lo qué son, y al mismo tiempo me pregunto si tal vez las envío o alguien cree recibirlas e interpretarlas, y ni modo, nada más lejos de mis intenciones.
Ahora me siento muy así, un tanto idiota, por no decir cobarde; porque a lo mejor lo he hecho y yo sin enterarme y alguien llegó a esperar de mí lo que nunca estuvo en mi ánimo ofrecer. Porque lo único que ofrezco son palabras. Eso se me da bien, hasta que me quedo con nada por decir o entiendo y acepto que ya no quiere escucharme.
No me queda otra, por tanto, ante la ausencia de señales, más que decirle que le echo de menos, como hice ayer y antes de ayer... y como probablemente haré mañana. Dónde habré dejado el móvil... Benditos e inoportunos SMS.
"A lovestruck Romeo sings the streets a serenade
Laying everybody low with a love song that he made
Finds a streetlight steps out of the shade
Says something like "you and me babe, how about it?"
Juliet says "hey, it's Romeo, you nearly gave me a heart attack"
He's underneath the window she's singing "hey la my boyfriend's back
You shouldn't come around here singing up at people like that"
Anyway what you gonna do about it?
Juliet, the dice was loaded from the start
And I bet that you exploded into my heart
And I forget I forget the movie song
When you gonna realize it was just that the time was wrong?
Juliet
Come up on different streets, they both were streets of shame
Both dirty, both mean, yes and the dream was just the same
And I dreamed your dream for you and now your dream is real
How can you look at me as if I was just another one of your deals?
When you can fall for chains of silver
You can fall for chains of gold
You can fall for pretty strangers
And the promises they hold
You promised me everything, you promised me thick and thin, yeah
Now you just say "oh Romeo, yeah, you know I used to have a scene with him"
Juliet, when we made love you used to cry
You said "I love you like the stars above, I'll love you 'til I die"
There's a place for us you know the movie song
When you gonna realize it was just that the time was wrong?
Juliet
I can't do the talk, like the talk on the TV
And I can't do a love song, like the way it's meant to be
I can't do everything, but I'll do anything for you
I can't do anything except be in love with you
And all I do is miss you and the way we used to be
All I do is keep the beat and the bad company
Now all I do is kiss you through the bars of a rhyme
Juliet, I'd do the stars with you any time
Juliet, when we made love you used to cry
You said I love you like the stars above, I'll love you till I die
There's a place for us you know the movie song
When you gonna realize it was just that the time was wrong?
Juliet
A lovestruck Romeo sings the streets a serenade
Laying everybody low with a lovesong that he made
Finds a convinient streetlight, steps out of the shade
Says something like "you and me babe, how about it?"
Estoy descubriendo estas últimas semanas algo de mí que no me gusta, que no me gusta nada, que me da miedo y asusta. Mi falta de confianza, no ya en mí, que eso viene de serie y ya no va a sorprenderme a estas alturas; la tengo asumida, convivo pacíficamente con ella. Pero sí con los otros, hacia los demás, hacia ellos.
Nunca me supuso un problema, yo siempre he estado de paso, lo llevo escrito en la frente. Yo siempre he vivido en mi burbuja de irrealidades y sueños chiquitos, siempre pensando que la realidad era tan fea que no me quedaba otra, me merecía hacerme una a medida. Y así han ido pasando los años, como el personaje de Jon Hamm, Don Draper pa'los restos, cuando en unos cuantos capítulos se ennovia con Tina Fey en "30 rock". Es un tipo tan perfecto, tan guapo, que vive en un mundo aparte, alternativo, en una burbuja al que le condenan los otros, los que no son capaces de negarle nada, de contradecirle, de mostrarle la fealdad de la realidad que le rodea, no vaya a contaminarle. Yo no soy guapa, y disto bastante de ser perfecta, aunque como me decía hace poco parafraseando a Russel Crowe en "LA confidential", por mucho que lo pretendas no eres Veronica Lake, you look better than Veronica Lake. Y ésa es la vaina, que si me dan a elegir, me quedo con la ficción, con dibujar un mundo a medida, a mi medida, donde no cabe nadie y sólo de cuando en cuando asomo la patita fuera de de la burbuja del blanco y negro y la distancia, el tiempo necesario, nunca suficiente, para darme cuenta de que hace demasiado frío y mi gabardina se ha quedado colgada en el armario.
la lluz dalgunos díes de seronda, la música callada
de la nieve, el so cayer incesante na memoria,
dexáime les zreces na boca cuando nena, la voz
de los amigos, la voz del ríu y esta casa, dalgunos llibros,
pocos, la mio mano dibuxando, a modo, la curvatura
perfecta del to llombu".
Berta Piñán
El día no ha podido empezar peor. Levantándome tarde, cinco minutos de más que al final se convirtieron en tres cuartos de hora. El desayuno, me he propuesto desayunar, yo, que nunca desayuno, apurado y de pie. Salir a la calle con el pelo mojado tras quedar atrapada en el ascensor, sangrando por la nariz y con una cita en el dentista esta tarde. La tranquilidad laboral perdida, hoy regresa todo el mundo de las vacaciones y llega la segunda pregunta más temida del año tras el “¿qué vas a hacer en Nochevieja?”, y es, obvio, “¿qué te han traído los Reyes?”. Decir que una es republicana y que no hace tratos con la monarquía no siempre cuela. Esos pendientes, ‘maravillisosímos’ y vintage recibidos a destiempo no cuentan; tan ‘maravillisosímos’ y tan vintage, por cierto, que no sé si tendré ocasión alguna de lucirlos. Y el libro dedicado de Cortázar, colocado sobre la almohada con premeditación y alevosía, ni modo, eso no fue un regalo de Reyes Magos, eso fue una declaración de intenciones.
En resumen, me duele la cabeza. A mí, que nunca me duele la cabeza. Aunque debemos andar en torno a los 25 grados en este inteligente edificio donde no hay ventana alguna que pueda ser abierta. Y digo yo, que en semejantes circunstancias sólo me duela la cabeza es poca cosa. El curso que tenía para mañana y en el que tenía puesto grandes esperanzas y una gran dosis de interés ha sido cancelado. Ayer, día de tiendas abiertas, fui a las rebajas, ilusa de mí, como si no supiera que en rebajas lo que a mí me gusta siempre pertenece a ese rinconcito ordenado bajo el cartelito de “Nueva temporada”. Tengo dos emails, dos destinatarios distintos, pendientes de una respuesta que no sé como afrontar, yo, la valiente, la que siempre tiene palabras y respuestas y oportunidad para todo. Pero es que sólo me apetece escribirte a ti, y sólo me apetece escribir de ti aunque no sepa por dónde empezar y por eso nunca lo haga.
Y esto también es una declaración de intenciones...
Vuelvo(volvemos) al bar de siempre, que en realidad no es el de siempre, que en realidad será el de siempre. Y me siento(nos sentamos) en esa esquina de la barra donde hace unos días se sentaba el que hace no más de un par de meses iba a ser el perfecto padre para mis hijos (según Sal; según yo no sería nada, nunca sería nada, y sí, tengo en mí todos los sueños del mundo) y su rubia; el mismo que supo irse con delicadeza y sin hacer ruido, sin montar escenas ni declaraciones incendiarias, siempre inoportunas y a deshora y con destiempo. Supongo por eso me cayó bien, tal vez porque tenía un mismo concepto de la dignidad mal entendida.
Pero ahora soy yo la que estoy allí sentada, en la Noche de Reyes, con los fumadores agolpándose a la puerta y disfrutando de un espacio libre de humos. Y debo caerle bien a J., me dice, porque ha accedido a acompañarnos, mientras pone a prueba mi incapacidad para las demostraciones públicas de afecto.
Y de pronto sé, siento, que ése es mi lugar, estar allí sentada entre desconocidos que poco a poco están dejando de serlo, tratando de ubicar Querétaro en el mapa, escribiendo con mi bolígrafo de tinta naranja en servilletas y pensando que puede que más temprano que tarde esto se acabe, pese a su firme sospecha de que seré yo la primera en cansarme, o eso al menos es lo que dice.
Y ya van tres... e incluso de tres en tres, aunque ésa sea otra historia.
Me gusta haber recuperado este espacio, que vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser y abandonar juegos absurdos de comunicación unidireccional y monólogos vacíos. Me gusta poder hablar de ti sin que tú sepas que hay un rincón virtual en el que se te nombra sin nombrarte. Aunque ahora no tenga demasiado que contar, porque todo lo que hubiese querido decirte tú ya lo sabes...
La normalidad vuelve, afortunadamente, y las luces de navidad se apagan, aunque para mí la Navidad terminó extraoficialmente hace días y el día de Reyes amaneció entrada la mañana sin roscón ni regalos. No hubo carta alguna con peticiones ni buenos deseos, aunque anoche, de madrugada, algo me esperara sobre la almohada, justito al volver de la improvisada parranda, aunque yo sólo quería un café... y es que Don Julio habló por él. Y yo, claro, no supe agradecer, porque aunque me gusten las sorpresas, las que te traen cosas buenas; nunca he acabado por aprender del todo cómo mostrar mi agradecimiento.
Como tampoco he aprendido a comportarme. En realidad sé que no hay normas o reglas en este juego, aunque a mí me gustaría que las hubiera, todo sería más fácil. Tener un manual que indicara cuándo hablar y qué decir, cuándo callar y cuándo desnudarse. Que no tenga que venir Aute a recordármelo.
Estaba ahí, en ese bar de barrio y esquina que nunca cierra, escribiendo en servilletas, sentada en la barra y pidiéndole al camarero canciones de Lucinda Williams entre el segundo y el tercer gin-tonic. Él estaba al fondo, no le vi al entrar. No sé si lo hizo detrás de mí o si ya estaba allí cuando yo lo hice, sólo recuerdo que de pronto se acerca a saludar a alguien a mi lado y me ve o me descubre con aparente sorpresa. Los dos besos y el 'feliz año' de rigor; el 'cómo tú por aquí', aunque en realidad estamos en su barrio. Las vacaciones bien, gracias. No tanto como las tuyas, los profesores, ya se sabe. La familia, los traslados y las inquietudes pasadas y perdidas. El silencio, y de nuevo los dos besos, sin más nada que decir. Me ha alegrado mucho verte. Lo mismo digo y lo mismo te deseo...
Se aleja y vuelve a su rincón al fondo de la barra donde le espera una rubia. Parece mayor. Siempre me decía que yo no aparentaba la edad que tenía, que parecía más joven. Perfectamente peinada, vestida de un negro que resalta sus mechas y manicura francesa frente a mis uñas pintadas de un burdeosocurocasinegro, mis vaqueros con camiseta remangada y brazaletes tintineantes en mis muñecas. Y será que voy por el tercer gin-tonic, pero pienso que su sonrisa es forzada, y que no, definitivamente no le va nada, que no le pega. Como si a mí me importara o me importase. Como si yo tuviese algo que decir u opinar al respecto. Como si dos mujeres tan distintas no pudiesen gustar al mismo hombre.
He perdido la cuenta de las veces que he colgado aquí esta canción. Pero es que sin duda es una de mis canciones del año, y ayer, tomándome el mejor gin-tonic que me he bebido en mi vida, me venía a la memoria y yo tarareaba... Ayer, que me sucedió algo extraordinario, increíble, deseado y hasta ahora inalcanzado...
No sé qué me deparará el 2011, pero desde luego este 2010 ha mejorado por momentos aunque haya tenido que esperar a estos últimos días de diciembre para vivirlo.
Ya que no he enviado ni una sola felicitación navideña, estaba pensando que tal vez estaba a tiempo de corregir el mal rumbo de mi sociabilidad menguante y desear al mundo mundial una buena entrada y salida de año. Pero sigue sin apetecerme demasiado enviar un email o un SMS colectivo, que ya se sabe que las nuevas tecnologías se imponen. Y en parte es porque no me apetece cribar o determinar a quién sí y a quién no, que nada me gusta menos a mí que recibir impersonales felicitaciones navideñas de gente a la que no has visto en un largo tiempo y de repente, por obra y gracia de la magia de la Navidad, aparecen en tu bandeja de entrada. Como aquél que te felicita por tu cumpleaños y una sospecha que más bien se trata de figurar en la agenda que maneja su secretaria que en su conciencia.
También descarto los propósitos de año nuevo, que al fin y al cabo con el propósito que tengo para esta noche ya me resulta suficiente.
Lo que me queda, claro, es hacer un resumen del año que se está acabando. Aunque para eso bastaría con coger este blog y ponerse a leer la infinidad de tonterías escritas a lo largo de estos doce meses que comenzaron con la H de Hornby y están acabando en la X, regodeándose en la E que siempre me ha perseguido y pasando por chicos raros desaparecidos.
Qué pereza, por cierto... si yo sólo quería que pareciese un accidente.
Me decía hace un rato, que ya saben que una se habla de vez en cuando a sí misma, que este fin de año nada de propósitos de año nuevo y enmienda, ni repaso al año saliente. Como si todos los años los hiciera y fueran norma y santo y seña. Que en realidad nunca lo hago, que las últimas noches de año llegan y se van por donde han venido, que ni siquiera me molesto en seguir el ritmo de las campanadas a base de uvas, y mi "feliz año nuevo" suele quedarse en un "igualmente", o si hay cercanía o cariño, en "lo mismo te deseo".
Se me olvida que el año se va, que el 2011 comenzará en un aeropuerto entre despedidas y que mañana es 30 de diciembre, el día en el que año tras año celebro mi particular solsticio. Y ni modo, no me queda otra que hacerlo contigo y festejar mi olvido.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.