jueves, diciembre 16, 2010

Qué puedo esperar de un año que comenzará con una despedida en el aeropuerto...



El sábado recibiré a pie de avión a las dos personas que más quiero en el mundo. Dos benditas exactas semanas a su lado... y luego, en fin, habrá que seguir intentándolo, al menos a la manera de Quique.







P.D. Margaret Sullavan y James Stewart en "El bazar de las sorpresas" (perfecta película para ver en navidades).





[Y sí, antes de que nadie diga nada, advertidos quedan. Pienso inundar este blog con las canciones de Lapido. y es que escuchar su último disco, "De sombras y sueños", me ha hecho recordar lo mucho que me gustan su "Música celestial" y "En otro tiempo, en otro lugar", no tanto "Cartografía", que también. Dos de los mejores discos con las mejores canciones que se han escrito en este país que es y ha sido]

miércoles, diciembre 15, 2010

Por qué en un país en el que se tilda a las primeras de cambio de poeta al Sabina, a alguien como José Ignacio Lapido se le reconoce tan poco... misterio sin resolver




]

Como hoy es un día de jodidas incorrecciones políticas, aunque no venga a cuento de nada y a nadie en realidad le importe, lo digo...

https://monovisions.com/wp-content/uploads/2015/06/vintage-black-white-portrait-hollywood-movie-actress-1930s-Mae-Clarke.jpg



Prefiero los penes circuncidados...
... he dicho.



Ante un par de vasos vacíos para despistar al olvido



Puede que sean los efectos colaterales de haber pasado un fin de semana "dexterizándome", o lo que es lo mismo, metiéndome entre neurona y neurona la quinta temporada de Dexter en dos sesiones (cinco y seis capítulos), pero hoy tengo un día en el que estoy hablando (escribiendo) jodidamente mal.

Me gusta esa especie de declaración de amor de Quinn hacia Deb cuando viene a decirle algo así como que es la mujer de su vida pese a lo jodidamente mal que habla, que al fin y al cabo se comporta como un tipo, habla como un tipo, y las mujeres, parece que incluso también en la ficción, no pueden pensar y reaccionar como un jodido hombre.

Va a ser eso, que al fin y al cabo en mi mundo no hay pantalones de tergal ni tipos duros que sepan apreciar esas putas cosas.



Habitando los suburbios d'una inocencia en ruines, ente tiniebles, intimidaes, cristales rotos y deseos.




Hace un par de días, tal vez algo más, me encontré con alguien, o alguien se encontró conmigo o me buscó o se tropezó... no sé, tampoco importa. En realidad ni siquiera nos vimos, o yo no le vi, pero parece ser que él a mí, sí, y que no fue casualidad o azar, en fin, supongo... tampoco importa, de nuevo.

Llámenlo orgullo mal entendido, llámenlo vanidad mal intencionada, la mía, el mío, se entiende; pero supongo que tras tanto tiempo, el que me encontrara así, me encontrara ahí, como si supiera dónde y cómo iba a verme, como si me hubiera estado buscando, no me sentó bien, no me gustó. Como si lo que a mí me gustara o no, reitero, tuviera importancia, y no, no la tiene. Pero no sé, no eran las formas, no era el momento adecuado; que yo, que le vine a decir que no era lo suficientemente bueno para mí aún siéndolo para otras, que probablemente le humillé sin pretenderlo pero tampoco sin evitarlo siga así y que él haya tenido que verlo... me volvió del revés.

Una vez, entonces, le mostré este rincón. No sé por qué lo hice, por aquel momento valoraba por encima de todo el anonimato. Qué otro sentido tendría escribir aquí, tener un lugar donde vomitar miserias y miedos si dejas de convertirte en un personaje. Tardaría aún mucho en caer en el absurdo juego del yo escribo porque tú me lees, esa especie de conversación unidireccional y perversa de los últimos tiempos. Pero entonces no, entonces el juego era otro, yo escribía y nadie tenía por qué entender de qué estaba hablando o a quién estaba hablándole, y ahí estaba la vaina. Pero se lo dije, tal vez porque me asusté, porque no quise aceptar sin más que alguien me quisiese, y me quisiese tanto, y pensé que tal vez era porque en realidad no me conocía del todo, porque había partes de mí que permanecían en las sombras, así que ni modo, fui y le dije, toma esta dirección y cuando tengas un rato le echas un vistazo, lo que está ahí soy yo. Y él dijo "vale", y leyó y acabó por encogerse de hombros y decirme "qué", "qué tanto hay de malo ahí, que eras una neurótica egocéntrica ya lo sabía, pero eso no te hace menos encantadora... "

Y pasado un tiempo, corto, entonces mismo, le pedí que dejara de leerme, y se lo pedí porque sabía que lo haría si yo se lo pedía, porque hubiese hecho cualquier cosa que yo le pidiera. No sé si lo cumplió, aunque de seguro que durante un tiempo lo hizo, al menos al principio, Luego no sé, tal vez volviera, como volvió el otro día a mí por otros caminos. Entonces aún me importaba lo que la gente que me conocía podía pensar de mí al leer esto, tenía la sensación de que aquí mostraba una cara oculta aunque en realidad ahora sé que no es así, que sigo siendo yo. Aunque hable de otras cosas, uso el mismo lenguaje. Y aunque no fuera así tampoco me importaría, ya no, aunque siga siendo más fácil no hablarle a nadie, y más terapéutico, sin duda.

Por eso a ti no te voy a hablar de esta esquina, no te voy a pedir que cuando te canses de amores baratos de un rato, parafraseando a tu admirado Sabina, tomes mi dirección y te envuelvas en mis letras, miedos y miserias. No más yo escribo porque tú me lees o yo no escribo porque sé que me vas a leer. No al menos mientras dure este dèjá vu en el que desde ayer me veo inmersa, que al fin y al cabo sé que se irá de improviso, sin anunciarse, sin esperarlo, igual que ha llegado... y que eso pasará bien pronto.

Ayer me preguntaba en qué se diferenciaba este martes del martes anterior... para los que no se hayan pasado el día envenenándose de azules... en nada.





P.D. Marlon Brando

martes, diciembre 14, 2010

Cantaba Enrique Morente que el hombre desea una cosa, parece un mundo, luego que la consigue, tan sólo es humo...




La tarde-noche del segundo domingo de adviento fue especial, en parte. Encendí la segunda vela de mi corona y apagué a cambio y de un solo soplido las que iluminaban el corazón de alguien. Me acuerdo ahora de Jorge Drexler cantándole a Ana Laan y diciéndole que su corazón va a sanar. Yo no supe decirlo tan bonito, ni siquiera de forma tan desinteresada, porque aunque eso es lo que deseo ni siquiera puedo decir que lo desee de corazón. Me palpé el pecho en busca de él, de un latido que denotara su presencia y no fui capaz de encontrarlo. Tendré que pedirle uno nuevo a los Magos de Oriente.

En otro orden de cosas, o casi, olvidé que ayer, 13 de diciembre, fue Santa Lucía; como olvidé que el lunes pasado fue San Nicolás; pero es fácil olvidar cuando no tienes nadie que te regale y una siga moviéndose entre sombras. No sé, a lo mejor no es casualidad y él tuviera razón y el lunes fuera menos lunes y fuera más Santa Lucía que nunca, porque aunque siempre diga que adoro los otoños y que las cosas buenas siempre suceden en otoño, también recuerdo que el 13 de diciembre llega la luz y por tanto tengo hasta el 2 de febrero para encontrar la salida a este laberinto a la luz de las candelas.





P.D. Greta Garbo y John Barrymore en "Grand Hotel"

Ya lo decía Arjona, mejor vayamos aclarando este asuntico...




[Es la una de la madrugada y no puedo dormir. Me he levantado de la cama y he puesto música, bajita, muy bajita. Canta, casi susurra, Caetano Veloso y su "Fina estampa". No sé por qué me gusta ese disco en concreto, y tanto. Si en realidad me gusta más cuando canta en portugués, y no deja de ser un disco de versiones y yo no soy muy de versiones, pero éste me gusta, no importa por qué y me gusta eso que suena ahí abajo, mucho, pero mucho, de verdad de la buena... y no encuentro motivos. Tampoco hacen falta.


Y me pongo a perder el tiempo, y curioso, aunque no creo demasiado en el azar ni en las casualidades, pero me encuentro con esto, después de tanto tiempo, ¿dos años?, no sé, ya he olvidado sin olvidar. Lo escribí entonces, no recuerdo si lo publiqué aquí, tal vez, o tal vez lo borré. No importa, ahora sí lo hago, aunque ahora tampoco importe]



No pensaba hablar de ti, aunque mi propósito y como dice alguien muy querido, sea hablar de todos los desgraciados que me rodean. Pero es que me dolió y creo que especialmente por venir de quién venía.

Pongamos que te llamas F., que eres un abogado que ronda los cuarenta aunque la gente cuando te ve te situa en los 30 y cuando te conoce, en los 25.

Digamos que coincidimos de lunes a viernes unas cuantas horas todas las mañanas desde hace casi cuatro años. Que siempre nos caímos bien aunque tú ya formaras parte de la tribu de los Brady, y sus intentos de abducirme acabaran en el más absoluto de los fracasos.

Hubo un tiempo perdido en el que compartíamos cumpleaños y celebraciones varias; libros, incluso confidencias, declaración de intenciones y regalos, aquella especie de Lebkuchen de Estambul o una pequeña cruz de madera de aquel monasterio en Bulgaria (queda pendiente ese viaje). Asesoramiento legal, declaraciones de la renta y revoluciones.

Viajero, que no turista. De esos que se alquilan una autocaravana y se pasean por las Montañas Rocosas escuchando a Josh Rouse mientras Jack Kerouac reposa en el asiento de atrás. Si me hubieses invitado probablemente te hubiera acompañado, y hasta sorprendido. Pero creo que eso ya lo sabes. Siempre lo supiste. Fui yo la que tardé en darme cuenta, y ni modo, ya era demasiado tarde.

Más Holly Golightly que Carrie Bradshaw en todo caso y pese a todo, incluido mi falso Birkin, no tan falso al fin y al cabo, al menos no comparado con otros. Ni yo tan así*, supongo... comparada con otras. Pero las comparaciones siempre han sido odiosas, ¿verdad?




*De las torpes, de las ingratas, de las emocional y socialmente atrofiadas.


P.D. Rochelle Hudson y Michael Whalen

lunes, diciembre 13, 2010

Juzguen ustedes, pero yo llevo años y años defendiendo que ésta es una preciosa 'lullaby' (me encanta la palabra en inglés), aunque todos me tomen por... en fin, por una tipa más rara de lo habitual, si esto fuera posible... y sí, es Pony boy



Y aunque hoy debería ser un día dedicado por entero al gran maestro Morente y no hay una sin dos, y no hay dos sin tres y cada vez que escucho Pony boy me acuerdo de esto...






Y cada vez que me acuerdo de esto me acuerdo de lo otro...


Habitando la escarcha, que alguien me dijo una vez que es la que incendia los labios, aunque ahora simplemente se dedique a colarse entre las grietas envenenándolo todo de violetas, que ya saben, es el color de mi olvido




De vuelta al trabajo, casi deseando, sólo casi, que por fin llegara el lunes y la rutina laboral tras más de una semana de ausencia. Dos malas noticias nada más entrar por la puerta, una relacionada con la enfermedad reciente de un colega y otra con mi mismidad, aunque la segunda sea pasajera y nunca comparable a la primera.

He dormido fatal, de nuevo, aunque no debido a insomnios y duermevelas, simplemente ritmos cambiados tras una semana de acostarme demasiado tarde y levantarme igualmente demasiado tarde. Así que anoche no había sueño que conciliar pese a las muchas vueltas que di en la cama, y la lectura, hay libros tan maravillosamente bien escritos que te atrapan de tal modo que es difíicil desprenderte de ellos, tampoco ayudó. Vanos esfuerzos, pese a todo, y es lo que tiene esa situación de estar con los ojos abiertos como platos en una madrugada de domingo a lunes, que una no se libra de la sensación de que al día siguiente todo tiene que cambiar, que esta vez sí, que este lunes será el bueno, será el comienzo de una semana en que tomaré por enésima vez las riendas de mi vida, en la que pasará algo que cambie mi suerte... ya saben, no hay madrugada o tarde o noche de domingo en el que no confabule conmigo misma, mi pasado, mi presente y mi futuro. Y en la que no eche la vista atrás y recuerde y rememore y reviva, aunque para eso no necesite demasiadas excusas ni que sea domingo por la noche y no pueda dormir; aunque ésas sean circusntancias propicias a las ensoñaciones.

Y miro a mi izquierda, al lado izquierdo de mi cama siempre o casi, vacío. A la pila de libros que por momentos aumenta reposando sobre unas revistas y éstas, a su vez, sobre una silla. Al lado derecho, el más cercano a la puerta, el mío, hay una mesilla de noche. No me gustan los dormitorios con una cama y dos mesillas gemelas una a cada lado, así que compré sólo una, la coloqué a mi lado, y temporalmente coloqué una silla al otro hasta que decidiera qué colocar ahí. Me gusta esa silla y el efecto que hace travistiéndose de mesita de noche, y me gusta el efecto de los libros; en el lado izquierdo, el más cercano a la ventana, el que casi nadie ocupa.

Siempre pienso que si alguien viene a dormir debería quitar los libros, o al menos disminuir esa doble torre de vocales, consonantes y frases hiladas hasta una altura que no suponga un peligro para la integridad física del que eventualmente duerma a ese lado. Pero nunca lo hago y es más, sigo aumentando su número. Las escasas veces que alguien lo ocupó, pues qué decir, no me preocupó lo más mínimo. Y no, no es que me haya convertido de pronto, o tal vez es que siempre lo he sido, en una sociópata que no le importa que el amante de turno se descalabre cuando le caigan encima; aunque imagino pocos accidentes tan poéticos, y nunca mejor dicho, que abrirse la cabeza con poemas de Alejandra Pizarnik, Antonio Gamoneda, Jaime Sabines, David González y Xuan Bello, entre otros; y un par de novelitas de Somesert Maugham compradas en un mercadillo por un euro el tomo.

Ni siquiera aquella vez se me ocurrió quitarlos, y lo pensaba anoche. Sí, lo sé, fíjate de lo que me estoy acordando ahora. Y es curioso, porque cuando pensaba en ello, entonces, e imaginaba cómo sería, nunca pensaba en ti y en mí en esa cama con ideas o sentimientos o pulsiones o lo que fueran, erótico-festivas. Me veía, o nos veía, hablando de esto y de lo otro, y tal vez retirando uno a uno los libros y leyendo entre medias algún manido poema de Luis García Montero, sin duda de "Completamente viernes"; y probablemente te descubriría a David González, que te hubiera gustado y seguro no conocías, y te leería algo de Xuan Bello, tal vez eso que cuenta en "Paniceiros", que los de Buelles son franceses. Sí, no deja de ser curioso, que pese a todo... no sé, alguien ayer me hablaba de encontrar la dosis exacta entre ternura y pasión y yo le replicaba que últimamente ando sobrada de pasiones y muy falta de ternura, justo al contrario que entonces. Tal vez sea el momento de encontrar el equilibrio de nuevo, sí, tal vez...


P.D. Greta Garbo y John Gilbert en "Flesh an the Devil"

domingo, diciembre 12, 2010

Y aquí me disculpan, pero les ahorro el título, sólo háganme caso, vean "Sherlock"...




¿Se imaginan a Sherlock Holmes y al Dr. Watson en el Londres del siglo XXI donde Sherlock es un ex adicto a la nicotina con parches y Watson un ex-combatiente en Afganistán? Yo no, pero la Bibisi, sí se lo ha imaginado, y como todo lo que toca, oro molido, oigan. "Sherlock", sin más, mi última adicción televisiva, lástima que sólo sean tres dosis (de momento). Pero ha servido para paliar el mono de "Dexter", aunque como dijo K. (disculpa que te cite), club de fans de Lumen, YA.



El de la foto es Basil Rathbone, que para mí nunca habrá otro Sherlock Holmes igual (y juraría que esa foto ya la colgué aquí en algún momento)

Y la canción no viene a cuento de nada, o tal vez sí... tan sólo es que me encanta, y viene bien para iluminar este 'luningo', palabro que alguien me regaló hoy... 




No me den las gracias...

Pero ni modo... por eso tal vez siempre me quede con el blanco y negro y le de la espalda al technicolor (y II)

[Es que también acabo de enamorarme de esta canción...]



¿Saben?, me escribe un lector, espontáneamente, anónimamente... para decirme que en justa correspondencia ha visitado este rincón, que le ha echado un vistazo, que ha tratado de leer, y no sólo entre líneas; pero que le ha superado, que es "demasiado intelectual"... pa'habernos matao. No me decían nada que me llegara tanto desde este mediodía, en el que alguien me envió un SMS para contarme que anoche en un bar cualquiera sonaba "La mataré" y se acordó de mí...




Bueno, en realidad también sonaba, parece ser, "Una noche sin ti"...

Tengo que averiguar de qué bar se trataba...





"Your eyes they shine like the finest of silver
Your heart is pure as purest gold
And they can say that your pockets are empty
But your wealth is as deep as your soul

Don't hide it away for the love that you give is yours to gain
And don't be afraid, for you know, come what may I will remain

And so we walk through mountains and valleys
Our warm hearts against the cold
And they can say that our pockets are empty
But our lives are filled with gold

Don't hide it away for the love that you give is yours to gain
And donÕt be afraid, for you know, come what may I will remain".

Pero ni modo... por eso tal vez siempre me quede con el blanco y negro y le de la espalda al technicolor.



A veces pienso que todo sería más sencillo si allá fuera tuviera la capacidad de enamorarme de algunos hombres  como lo hago de algunas canciones, cómo la de acá abajo; de algunos libros, como el "Bilbao-New York-Bilbao" de Kirmen Uribe o de algunas personas, como de Jim Cuddy.









"There's papers scattered on the lawn, 

birds up on the line. 

There's letters left unopened here, 

that never is the time. 
There's messages I should return, 
And people I should call. 
I'm still tripping over echoes, 
left lying in the hall. 
There's a light that comes through the darkness, 
slowly to my eyes. 
You can fall back here forever, 
I just never realized. 
Oh time won't let me go, 
and every night I know 

Chorus 
That you could pull me through. 
You could always pull me through. 
Even when I'm lying here, 
drowning in my blues. 
You take the sting out of the rain, 
and bring the sun back up again, 
and you could always pull me through. 

Oh we stood outside together, 
and we laughed like ancient friends. 
Then we laid down in a field, 
just where the road begins and ends. 
Well I see you in the mirror, 
and I watch you from a far. 
My friends all think I'm crazy, 
but I know the way things are. 
Outside I hear voices underneath the moon, 
but I'm grateful for whatever, 
breaks the silence of this room. 



Oh time won't let me go, 

and every night I know 


chorus 
That you could pull me through. 
You could always pull me through. 
Even when I'm lying here, 
drowning in my blues. 
You take the sting out of the rain, 
and bring the sun back up again, 
darling you could always pull me through. 
I hope you're traveling well now, 
and there's stars over your head. 
And I hope the river carries you, 
everywhere you said. 
Well I miss the way you look at me. 
The way you wear your hair. 
And I miss the conversations we left hanging in the air. 
Oh late at night I wake up, 
wonder what's been done, 
but I know our life together will go on, and on. 

Chorus 
That you could pull me through. 
You could always pull me through. 
Wrap your arms around me, 
and chase away my blues. 
You take the sting out of the rain, 
and bring the sun back up again, 
and you could always pull me through. 
You could always pull me through."


P.D. Bing Crosby, Dorothy Lamour y Bob Hope en "Road to Bali"

sábado, diciembre 11, 2010

Todo el mundo sabe que Bruce hubiese conducido toda la noche tan sólo para comprarle unos zapatos (II)

Estaba revisando la chorrada que escribí antes, aunque en realidad no lo sea, y sí, conduciría toda la noche para verte, y te buscaría y te desafiaría... Pero es que me había sentado frente a la pantalla con ganas de desahogarme y llorar un rato, al menos en sentido metafórico, y sonaba el "Drive all night" y sonó el teléfono y acabé disculpándome una vez más y sintiendo no sentir y se me fueron las ideas a habitar el olvido y sólo pensé que tendría entonces que haber desplegado un mapa ante mí y calcular hasta donde me llevarían 250 km en línea recta por la autovía, y marcar un punto, una gasolinera, una vía de servicio, en medio de ningún lado, en la madrugada de un día laborable... Aunque al final tan sólo se trate de evitar caer en el tremendo error de la nostalgia por lo que nunca jamás ocurrió... y porque querría salir ahí y encontrarme con cualquiera a quién no le importara mi nombre, ni quién soy o hacia dónde me dirijo, alguien que no me contase su vida, ni me hiciese preguntas y me llevase a su casa al filo de la madrugada tras muchos tequilas y un par de cervezas entre frases incoherentes y risas incontroladas. Porque esta noche no querría ser yo, pero querría follar como si lo fuera.

Todo el mundo sabe que Bruce hubiese conducido toda la noche tan sólo para comprarle unos zapatos





Y yo podría conducir toda la noche para encontrarme contigo si me esperaras en algún lugar...

Aunque por momentos se me olvide que eso no va a suceder nunca más, que no va a haber un primer cruce a medio camino entre tu casa y la mía. 






P.D. Richard Burton

Pepe Risi, que estés en los cielos, hace mucho que se lo preguntaba... ¿a quién voy a cazar?



Anoche me la pasé viendo cinco capítulos seguidos de la quinta temporada de Dexter, creo que Quinn comienza a gustarme. He perdido mi escaso sentido del humor, la única conversación que he mantenido hoy con un ser humano adulto versaba sobre recetas de cocina para ollas programables y mi sonrisa está enterrada bajo el nuevo felpudo que he colocado a la entrada; la conversación con el chino de la tienda de chinos de la esquina no cuenta como conversación adulta. ¿Puedo ayudalte? Sí, por favor, ¿tienen felpudos?. Sí, sígueme, aquí... Son cuatlo eulos con cincuenta céntimos. Gracias. Glacias. Hasta luego. Hasta luego... He estado en el centro de salud, esperando tres cuartos de hora a que llegara mi turno y como éste no llegaba me he levantado y me he ido a desayunar un croissant con mermelada de naranja amarga. Me ha llamado mi madre para preguntarme qué me había dicho el médico (esto tampoco cuenta como conversación entre adultos) y le he dicho que me ha recetado no sé qué que no pienso tomar, y oye tú, me he quedado tan a gusto con la mentira, al fin y al cabo yo nunca tomo lo que me receta el médico... bueno, bien, vale, nunca estoy enferma, o casi... By the way, dile al mariachi que agarre por su cuenta la parranda... 





P.D. Joan Blondell

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