Ayer regresaba a casa envuelta en esa nebulosa que produce la comida de más regada con el vino que no me gusta, pero del que es imposible abstraerse… Pero cómo no vas a probarlo, pero si por una copa, pero con lo bueno que está, pero si la tienes vacía, pero si da mala suerte brindar con agua, pero… que al final pierdes la cuenta de las que llevas, aunque en todo caso tampoco hayan sido tantas, y nada de café ni licores cuando comienza a desfilar ante mí la botella de güisqui, que una sigue teniendo sus principios aunque a veces se le olvide.
Subía por la calle, que en Oviedo siempre toca ir cuesta arriba o cuesta abajo, y pasaba ante el escaparate de una de las pocas, poquísimas, tiendas que aún malviven vendiendo vinilos. Sonaba la canción de abajo, la de más abajo, la de ‘Gin Blossoms’, en mis oídos, y me acordé de ti. Tal vez porque tú eres aún de esos tipos que aún compran vinilos o que sólo compran vinilos, tal vez porque a veces no se necesitan excusas aunque ciertos recuerdos no tengan demasiado sentido.
Y traté de imaginarte. Dónde estarías, qué estarías haciendo, con quién. Y te imaginé feliz y sonriente, happy, que bien dirías tú. Y me salió una sonrisa, de ésas que se dibujan por dentro, por debajo del pecho y que en realidad te oprimen un poco; pero sonrisa al fin y al cabo, que siempre es bueno que la gente a la que aprecias, aunque sea de rara y extraña manera, lo sea. Te imaginé con esta canción de fondo, la que se colaba en ese preciso instante en mis orejas, y encendiendo un cigarrillo, como la primera vez que te vi, ligeramente encorvado, como protegiéndote del frío o del viento, aunque no recuerdo que ese día hiciera frío en la ciudad, o tal vez lo haya olvidado.
Y pensé que un día de estos me gustaría hablar contigo, llamarte y preguntarte, hey, qué tal te van las cosas, y que tú me digas que bien, que estás feliz y en calma y con optimismo y futuro. Aunque sé que no lo haré, que hay cosas que dejaron de tener sentido hace mucho tiempo aunque otras no vayan a cambiar nunca. Porque ahora debería decir que aunque te pareciera increíble si leyeses esto, o absurdo o sin sentido, que sigues siendo mi chico raro preferido, pero bueno, qué más da, que al fin y al cabo no lo vas a hacer y al resto menos que les importa o debería importarles.
"I'd heard rumors and I'd heard talk
About the trail you'd left of broken hearts
About the sea of tears too wide to cross
But a little bad press has never scared me off
So I burned a path to figure out
How to get me some of what you got
I've got a red hot heart
If the talk is true your's is the same
And we should be together
And let our passions fan love's flame
When I looked for you I almost passed you by
You were so cool and calm I thought my friends had lied
But I thought so much reserve must make you wild inside
It was there and then that I knew I had to get some of what you got
I've got a red hot heart
If the talk is true your's is the same
And we should be together
And let our passions fan love's flame
I thought I'd won your heart when I held you hand in mine
I thought it was true love the way we complemented each other
But my right is your wrong
And when you're right then I'm left with nothing
Your light and your heat have all been spent
Leaving only smoke and ashes
Only smoke and ashes baby
I've got a red hot heart
Any your heart's as blue as the blood in your veins
I say there's fire down below
You say it's only smoke and ashes baby
I'm crying all the time
Salty stinging tears
And mourning for the past carbon-dated years
But knowing now for certain that you were always right
Because if a breeze could blow you out of my life
It's only smoke and ashes baby
Only smoke and ashes baby
I've got a red hot heart
And your heart's as blue as the blood in your veins
I say there's fire down below
You say it's only smoke and ashes baby
I was blinded by devotion
My unwavering love for you
So blinded that I thought all your lies were true
But now I know for certain since you've gone away
It was just a smoldering fire I mistook for a blaze
Only smoke and ashes baby
I've got a red hot heart
And your heart's as blue as the blood in your veins
Pensaba que había conseguido mucho más de lo que me hubiera propuesto, de haberme propuesto algo; le había regalado a Lucinda. Sabía bien, en todo caso, que poco más podría haberle ofrecido, y que eso nunca resultaría ni resultará suficiente. Porque sabía y supe desde el principio aunque nunca quise, porque una sabe de estas cosas, poque nunca he dejado de saber y no acabo de entender porque me resulta tan claro, tan evidente, cuando soy yo la que está a este lado y en cambio me cuesta tanto aceptarlo, que no verlo, que una siempre ve y sabe aunque no quiera, cuando estoy al otro.
Últimamente he cruzado demasiadas veces la frontera en plena noche, a la sombra de la luna y ocultándome en las sombras, no queriendo saber, pero sabiendo y sin poder fingir, que nunca fui capaz de aprender a hacerlo aunque probablemente nunca tampoco lo intenté. Y no me gusta, y no quiero, porque acepto y encajo con mayor o menor dignidad el dolor propio. Bueno, para qué vamos a engañarnos, con muy poca dignidad, cierto, pero es el mío, y yo me lo guiso y yo me lo como, o me lo guardo y lo revuelvo, o me lo trago o lo vomito. Pero no con el ajeno, no con el que yo provoco de forma involuntaria pero consciente. Porque no quiero aunque sé que lo voy a despertar y la balanza va a acabar desequilibrada, tres contra uno en estas últimas semanas. Porque aunque quiera no puedo evitarlo, aunque supiera no puedo mentir y ofrecer falsas esperanzas y mentiras a medias que algunos llaman piadosas, porque yo siempre digo la verdad, incluso cuando miento. Aunque puedo mentirle a mi dolor, puedo acallarlo, maquillarlo y fingir que no lo siento. Pero no puedo mentir al de otro, porque no merezco esas lágrimas, porque tú no sabías, cuando encontraste tu camino, que éste te llevaría a aquí, precisamente a mí.
-¿Para qué ha venido? -No lo sé. Quería verla. -Claro... y para bajarse los pantalones. -¿Qué quieres que diga? Llevas meses flirteando. -¿Y qué? -Que no dejo de pensar en ti. -Porque soy nueva y distinta... o porque soy como las demás. -Dime que cuando has salido a correr estas semanas no has pensado en mí... No me buscabas. -Pero en los últimos metros del recorrido atisbaba en mis pasos el futuro que acaba. Sé de sobra cómo acaba. -¿Y qué? -Vives a tres kilómetros. Tu hija fue mi alumna. Veo a tu esposa en el mercado. No creo que nunca hayas hecho algo así. -Te deseo... Me da igual. ¿No significa nada para alguien como tú?
Acaba de llegar la calma, laboralmente hablando. Tengo casi 300 entradas nuevas en el Google Reader que sinceramente no creo vaya a leer. Aunque para mí Santísima Trinidad de blogueras siempre haya tiempo. Aún no he llevado al Registro la instancia para los traslados porque creo que voy a pedir absolutamente todas las plazas, vacantes o no, por pedir que no sea, así que debo de seguir rellenando la quiniela. Mañana tengo una comida de confraternización laboral a la que no quiero ir pero a la que sé que debo ir, que dado que he iniciado un proceso de socialización galopante no voy a abandonarlo a las primeras de cambio; y a mi lado reposan los tropecientos folios de un curso sobre el Procedimiento Sancionador que debería, como poco, leer. Ayer me compré una tableta de turrón de chocolate rompiendo todos mis esquemas nutricionales, porque yo lo valgo... que nada viene a cuento de nada, que detrás de mis armarios P. está cantando por Victor Manuel eso de que 'sólo pienso en ti'... Y como Greta Garbo, por momentos querría obviar la realidad, manipularla a mi antojo, y esta vez, para variar, no es contigo, aunque también... que me temo me acabo de convertir en un regalo envenenado.
Estoy a punto de irme, así que cojo el bolso que he dejado tirado en algún punto intermedio entre las montañas de expedientes que he ido acumulando estos dos últimos días sobre el armario y ese par de plantas que nunca me acuerdo de regar. Estoy hablando con Mony Penny y Doble M, que se diría que las tardes funcionariales son cosa de chicas, y Doble M, siempre tan parca en palabras se queda mirándolo y dirigiéndose a Mony Penny hace un gesto hacia él alabándolo, diciendo algo parecido a 'qué monada', mientras ésta última asiente, como yo asiento sin nada que añadir.
Pero Doble M parece esperar algo más de mí, y a mí sólo se me ocurre que tal vez puedo decir que es la primera vez que ve la calle desde que lo comprara allá por junio, fíjese Vd. que tontería, gastarse una pasta indecente en un bolso para mantenerlo casi seis meses guardado en un armario. Pero pienso que no es más que un bolso, una monada de bolso, cierto, pero no más, que lo que quiero es irme a casa y no comenzar una conversación intrascendente, así que no digo nada. Y Mony Penny con su oportuno sentido del humor me echa un cable, 'que digo yo que le podrás dar las gracias por el cumplido'...
Y yo no entiendo que el que alguien te alabe el gusto en elegir un bolso, o más bien en pagarlo, sea digno de mérito; y ellas no deben entender que yo no sea capaz de entender, así que deciden pasar a lo siguiente, que es preguntar dónde lo he comprado, y después de lo anterior dudo si mentir e inventarme cualquier tienda o lugar, porque lo cierto es que no recuerdo dónde lo compré, y descarto Zara, H&M, Mango y hasta Hazel, y a punto estoy de decir que en una minúscula tienda de la calle Fuencarral, que al fin y al cabo ha sido testigo habitual de mis compras, pero no, lo encuentro demasiado pretencioso; aunque sea tanta su insistencia que acabo por contar que no recuerdo el nombre de la tienda, que lo compré en junio, que es el día de su estreno, que no, que no fue en Oviedo, que no fue en Madrid, que no, que no fue en Gijón, que sí, que fue en Düsseldorf, que no, que no recuerdo dónde, que no, que yo no opino que sea una de las ciudades más elegantes de Alemania, y que sí, que hace juego con mis zapatos... aunque hasta que ella lo menciona no me había dado cuenta, que odio ir conjuntada, aunque las más de las veces lo acabe haciendo, que es lo que tiene que ser the girl in black, aunque últimamente sea más bien the girl in grey, pero más allá del negro no me gusta que bolso y zapatos sean del mismo color o tono... que no sé si eso es o no es tendencia, que me da igual, que no me gustan los uniformes, será eso... que no se me puede olvidar regar las plantas...
Supongo me dejan por imposible, a ver quién va a ser el valiente o la valiente que se vaya a sentar a mi lado en la comida de confraternización laboral de jueves, vista mi incapacidad para mantener la más elemental de las conversaciones. Así que echo mano de mi gabardina, me cuelgo la monada de bolso en bandolera y chequeo la calle en busca de rastros de lluvia tras el cristal, que para variar estoy sin paraguas, pero no, no sólo no llueve, sino que luce el sol. Y en ese preciso instante, más allá de llevar bolso y zapatos a juego de color camel, me doy cuenta de que voy vestida de azul, que gracias a la casualidad y a mi blue raincoat y a mis vaqueros, azules, obviamente, soy the girl in blue. Y se me despejan las dudas.
Y sí, de repente todo es posible. Bien lo dijo Cohen, que nunca deberíamos olvidarlo, que siempre nos quedarían los sueños, bueno, en realidad él dijo la música, pero al fin y al cabo no sólo el cine, sino también las canciones, son una fábrica de sueños, you know. Y quién sabe, tal vez llegue a la tienda y en la cola alguien me mire, alguien dipuesto to walk the line.
Y justo ahora suenan una y otra vez The way, y Racing in the street, y Candy's boy, y The breakaway, y de nuevo The way y The promise y The brokenhearted y de nuevo Candy's boy... y The little things (my baby does) y... y todavía no he llorado... aún... Y sé que tú, estés donde estés, estés con quién estés... estarás sintiendo lo mismo.
Primer momento de pausa en dos días, en realidad cuatro contando el fin de semana, aunque la tarde del domingo sí fue de 'dominguear', que había que compensar el madrugón, que levantarse a las siete un domingo debería estar prohibido a no ser que a una le espere la montaña, que no era el caso.
Y que ya sé que nadie echará de menos mis letras, que últimamente iba a una media de tres entradas diarias. Gran mérito para acabar contando lo mismo una y otra vez. Y que tengo cosas pendientes, al hilo de lo anterior y lo anterior a lo anterior, cuyos comentarios aún tengo pendientes y prefiero casi contestar con una segunda parte, de lo contrario me extendería mucho. Que hoy sale publicado en el BOPA el concurso de traslados y yo, que la esperanza es lo último que se pierde, ya he cubierto mi instancia aunque hasta mañana no pueda llevarla al Registro, y que no puede ni debe ser coincidencia, que Bruce tiene que darme suerte.
Aunque ayer cuando llegara a las tantas a casa (a las tantas para el horario funcionarial, se entiende) y tan, tan cansada no fui capaz ni de subir al coche y acercarme al Fnac aunque ya estaba a la venta 'la caja l'Darkness'. Supongo que lo haré hoy en cuanto consiga escaparme de aquí y que me encerraré en casa, pero no sé, me pasa algo raro, aunque me encanta la idea, no me apetece. Sé que me voy a poner triste, sé que me va a hacer llorar, sé que querría compartir ese momento con alguien que lo viviera tan intensamente como yo, sé que he's got a style he's trying to maintain y que lo único que me queda es decirle que si quiere verme I'm easily found y sé que vuelve a haber oscuridad on the edge of town.
C. me presenta a Eme, una ecuatoriana bajita, morena y relinda. Tres pasos más atrás caminan sus respectivos chicos. Nos encontramos con mi hermana, una de ellas, la única que vive aquí, y sus adláteres. Ellos se enredan a hablar sobre Alonso (estamos a sábado a media tarde) y la próxima carrera del domingo. Nosotras nos adelantamos y hablamos de acentos, del suyo propio, del de C., tamizado tras tantos años madrileños; del mío, casi inexistente, dicen, que no lograrían ubicarme. Y hablamos de la belleza y otros demonios mientras Eme me enseña en su iPhone las fotos de sus niñas. Dos chiquillas sonrientes, rubísimas y de ojos claros que tienen la misma cara de su madre y que lógicamente son igual de guapas, si cabe, que ella. Y miro a su chico, que ya se ha quedado atrás, y lo digo, que sus hijas son guapísimas, que es lógico, que ambos progenitores lo son. Y ella contesta que las rubias están sobrevaloradas, que muchas veces, cuando las va a recoger a la salida del colegio las otras madres la toman por la niñera, por la mucama, por 'la chica'; nunca por la madre. Que eso no le pasa al padre, que a él sí le toman por el progenitor, que nadie se confunde, que al fin y al cabo es un adusto y recio castellano, de los míos. Y C. bromea diciendo que es lógico, que las ecuatorianas, en fin, que por qué tienen esos cuerpos, pregunta. Y Eme nos cuenta que allá la mujeres se dividen entre costeñas y serranas, y que ella, de Guayaquil, es costeña, obvio. Que su padre, allá, vendía pantalones vaqueros, y siempre tenía a punto dos modelos distintos para unas y para otras, las primeras de cintura marcada y caderas prominentes, las segundas de trasero plano y sin formas. Y C. vuelve a la carga de nuevo sobre la presunta fealdad, en este caso, de ellos, y yo digo que exagera, que una vez conocí, en otra vida, en otra lengua, a un ecuatoriano guapísimo, que era alto, moreno y de ojos verdes, que un día le perdí la pista y que porque no recuerdo, probablemente nunca supe, su apellido (una vez alguien me dijo que le gustaba conocer los apellidos de la gente con la que hablaba, debería haber tomado buena nota entonces), que si no trataría de ejercer con él la teoría de los seis grados de separación; y cuando a punto estoy de poner los ojos en blanco y sufrir una auténtica regresión al pasado, C. me interrumpe diciendo que claro, que yo ya lo he dicho todo, que UNA vez conocí a UN ecuatoriano guapo, pero que le diga, a ver, cuántos españoles guapos conozco; y yo casi sin pensar y en modo reflejo on le digo que a uno, que sólo conozco a un chico guapo... y es entonces cuando me doy cuenta de que la memoria, esa puta traicionera, acaba de colarse, una vez más, en ésta, mi esquina de tiempo.
Tomaba un café hace unos días, la semana pasada, creo, con un amigo; aunque no sé por qué digo café si en realidad yo nunca tomo café, no me gusta, y no recuerdo si él efectivamente lo hizo... creo que sí, pero vamos, poco importa. Lo cierto es que la conversación iniciada entonces siguió días más tarde en un breve y raudo intercambio de correos al filo del anochecer. Bueno, que estábamos dilucidando una cena con el si tú vas yo voy, si tú no vas yo tampoco voy, etc, etc... Sonaba "Racing in the street" (la versión de "The Promise")... entre otras cosas, y yo, en fin, tampoco importa, no sé por qué me entra ese furor por tener que contarlo todo. Y en definitiva, que acabamos o más bien acabé por retomar la conversación mantenida días atrás.
Hablábamos, hablé, cómo no podía ser de otra forma, de relaciones, o de la ausencia de ellas, o de la búsqueda. De que yo no he sido nunca una chica 2.0, de ésas que se recorren media España para quedar con un tipo con el que lleva 'chateando' dos meses y al que no ha visto nunca, entre las cuatro paredes de una habitación de hotel. Algo que sin duda me parece estupendo, y más habitual, de eso me estoy dando cuenta últimamente, de lo que parece. Aunque no pueda evitar pensar que la gente es muy osada o muy inconsciente o muy ingenua o no sé, y que yo no soy nada de eso o puede que todo lo contrario. Y que tampoco entiendo por qué si normalmente no suele haber pudor alguno en reconocer que has ligado con tal o cuál muchacho que conociste en la cola del cine o en la barra del último bar, se guarde en secreto bajo sumario que te subiste a un tren a seis horas de distancia para quedar con alguien y ponerle cara por primera vez a unas letras. No juzgo, no critico, sólo opino, a lo mejor yo también lo guardaría como el mayor de mis secretos, no sé, quién sabe. Me sorprende, en todo caso...
Y me sorprende él, que me dice que también se ha subido al carro de las nuevas tecnologías como medio no sólo de comunicación, sino de ligue. Y no puedo evitar preguntar asombrada que si es cierto, que si se liga de verdad de la buena. A preguntar cómo era eso del ciber-sexo, pues como que no, básicamente porque me parecen dos palabras tan incompatibles y contradictorias y excluyentes entre sí, que descarto el tan sólo imaginar cómo tiene que ser eso. Pero lo otro sí me interesa, porque últimamente me estoy planteando más que seriamente la virtualidad como vaso comunicante. Y tiene gracia que esa incierta decisión me llegue ahora, recién salida de mi letargo existencial y cuando más he socializado y comunicado e interactuado, que es verdad que es la falta de amor la que llena los bares, o tal vez por eso, porque en estos últimos meses he conocido y presuntamente ligado con más personas que en el último año y les aseguro que nunca me he sentido tan sola como ahora, rodeada de gente.
Y hablo del blog, que a lo mejor podría ser un medio, ¿no? Que ahí aparece mi dirección y hasta mis fotos y mis miserias, que dejad que se acerquen a mí. Pero no, llegamos a la conclusión de que este medio no es el medio adecuado. Y él opina que quizás debería abrir uno alternativo, tal vez más anónimo, más cerrado a las tristezas y a mis verdades y anhelos y sueños truncados y todo eso de lo que éste se alimente. Con otro tipo de historias, más insinuantes o pícaras o no recuerdo exactamente el adjetivo que utiliza, que de seguro entonces despierto las curiosidades masculinas ajenas, dice. Y yo pienso, qué poco me conoce, que no sólo es que no tenga talento alguno para el relato semierótico o insinuante o con doble vertiente o cómo se le quiera llamar, es que tampoco tengo ningún interés en algo así, pero ninguno, de verdad de la buena. ¿Que acaso no me quejaba yo hace días de que de pronto y sin venir a cuento y sin yo pretenderlo ni buscarlo, en cierta parte masculina de mi entorno se ha instalado la primavera? Y ya conté aquí que no es que me molestara, ni me ofendiera, que en todo caso me desconcertaba y para nada halagaba, aunque pocos lo entiendan. Y él parece no entender entonces de qué me quejo, si ya tengo eso, hombres dispuestos a ofrecerme sexo a cambio de un rato de compañía, conversación y tal vez una cena sentados entre cojines viendo "Carta a tres esposas". Cómo si no hubiera más que eso, o yo no tuviera derecho a aspirar a otra cosa, a algo que parece sólo existe en mi imaginación, en mi universo paralelo, porque entonces me pregunta qué es lo que tú quieres entonces, como sin comprender que alguien rechace eso o no lo valore o lo aprecie. Y no sé qué contestar, no sé cómo explicar, me resulta tan obvio... que me tomen en serio digo, y nada más pronunciarlo me doy cuenta de lo raro, de lo mal que ha sonado.
Y de repente se me ha ocurrido algo, una estupidez, un desvarío de los míos, al margen del blog, de las barras de los bares, de las redes sociales y el Meetic. Que ya hablé alguna vez del atractivo, de la fascinación que siento por las bibliotecas, por los anaqueles llenos de libros, por la H de Hornby, la A de Auster, la M de Marías y McCarthy, la R de Roth. Elegir una letra, elegir un día, elegir una hora, y bienvenidos al bookcrossing humano tirando del hilo de Ariadne...
Es curioso que yo, adicta a la última palabra, y entiéndanme, no necesariamente quiere decir eso que tenga que ser yo la que cierre la puerta, sino que quiero que ésta siempre quede cerrada independientemente de quién lo haga, esté dejándolo pasar no una, ni dos, sino tres veces, con tres personas distintas... A lo mejor es que por fin he aprendido, va a ser que no, que si una no está segura de que lo que va a escuchar le va a gustar, mejor dejarlo pasar y que quede en suspenso hasta que caiga por su propio peso y el del paso del tiempo que todo lo cura y a todo le pone remedio... Pero es que a mí siempre me gustó escuchar aunque las palabras que fuera a oír no me gustaran... y siempre que el último cierre la puerta, que no puedo dormir con puertas abiertas, ni siquiera las de los armarios. Y no sé... aunque sepa.
P.D. Barbara Harris
[La canción de Jorge Drexler, que cada cuál la interprete como le venga bien en gana,
que al fin y al cabo nadie escucha las canciones ajenas, ¿verdad?...]
Llevo demasiado tiempo durmiendo mal, demasiado tiempo recordando mis sueños. Algo que nunca me había pasado, que yo siempre he sido de dormir de un tirón, de no recordar lo soñado; que dicen que soñar, soñamos todos aunque no siempre lo recordemos. Será que mi buena conciencia se ha ido por patas, y puede que haya algo de eso, que últimamente no logro librarme de la sensación de haberlo hecho todo mal, y en algunos casos, de seguir haciéndolo.
Así que he vuelto a soñar y a despertarme sobresaltada y a escuchar a Lucinda que me dice que everything has changed. Y es curioso, porque fue uno de ésos que puede calificarse como un buen sueño, rozando lo erótico, pero sin caer de lleno en ello, con un ilustre viejo desconocido. Extraños los recovecos de las casualidades y la memoria. Buceaba esa tarde en el Facebook, en plena fase de aburrimiento agudo, jugando al juego de 'quién no esté en Facebook no existe' y siguiendo sus propuestas de 'tal vez conozcas a esta persona', consejo que yo nunca hago caso aunque durante cierto tiempo, antes de que fuera otro el que cometiera el "error", tuve que ignorar con todas mis fuerzas, como si el Facebook fuese a unir lo que nunca estuvo unido. Pero en ésas estaba cuando aparece un nombre y un primer apellido que me suena a algo, aunque tardara en etiquetar e identificar, y una foto de ésas, pequeñitas, tamaño carné, y una cara sonriente que me persiguió hasta la cama y se acostó conmigo colándose en mis sueños. Y juraría que yo jamás le hubiese dibujado con esa sonrisa... cosas veredes.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.