domingo, octubre 10, 2010

Pablito clavó un clavito




Regresando a mi norte, en el que para no variar está lloviendo tras el diluvio madrileño del sábado, con un único disco en la guantera, casualidades te ofrece la vida, "Personal", de Quique González, su primer disco, el que me lo descubrió y al que más apego le tengo. Algo más de cuatro horas a solas, conduciendo un coche que no es el mío dan para mucho, incluso para escuchar repetidamente esas 11 canciones y elegir una como banda sonora del comin' home. También, obvio, para hacer repaso de estos tres escasos días que se han quedado cortos y que ganas tiene una de alargar, teniendo en cuenta que tengo por delante una absurda semana en la que sólo trabajaré el lunes, extraños privilegios del funcionariado. O tal vez convertir en permanentes, que vente pa Madrí, me repitieron insistentemente. Según C. es mi hábitat natural, yo, que no sé ni cruzar la Gran Vía con el semáforo en rojo y acabé perdiéndome por la Latina a una hora incierta de la tarde a pesar de llevar pulcramente dibujadas y escritas las esquinas a doblar. Tras recorrer tres veces arriba y abajo la calle Cuchilleros y no menos de cuatro la plaza de la Cebada, y sin preguntar; que ya se sabe que preguntando se llega a todos lados, no por cuestión de orgullo, sino de oportunidad, nadie sobrio pese a la hora no especialmente tardía en tres metros a la redonda, llegué a mi objetivo. La fiesta había empezado sin mí aunque tuve la recompensa de las sonrisas y los sonoros besos de J., las risas y la compañía del artisteo circundante y hasta los codazos de R. señalándome la puerta por donde entraba un tipo alto, aparente y según supe pronto soltero, sin compromisos y con un sonoro nombre vasco. Bueno, más que aparente, era guapérrimo, y más que alto, era muy, muy alto; y yo, mala sea mi suerte, sin tacones, en vaqueros desvaídos y sin peinar (lo que tiene dormir en los sofás de casas ajenas donde no se estila el uso del secador). Pero el guapérrimo y altísimo vasco resultó ser tan encantador que se creyó que la belleza estaba en el interior y debió hallarla en mis entretelas, porque tres horas después parecía que sólo habían pasado cinco minutos y un buen número de cervezas. Y ya se sabe que el alcohol es lo que tiene, que te hace buscar taxis con luz verde y ponerte Chanel Nº 5; aunque también traiciona, especialmente cuando te sorprende con el estómago vacío y el rímmel corrido; o será que tienen razón los que dicen que los géminis tenemos personalidad bipolar, porque me niego a pensar que fuera un acto de lucidez que de pronto me diera cuenta de que no quería compartir ese asiento trasero con un tipo alto, guapérrimo y de nombre sonoro; que sin duda sí en cualquier otro momento, pero no entonces. Tan encantador como educado se bajó del coche con la perplejidad en su hermoso rostro (era condenadamente guapo), pensando, imagino, cosas horribles sobre mi persona y mi comportamiento, probablemente no del todo inciertas y ante el desconcierto del taxista que no acababa de entender quién subía, quién bajaba y quién permanecía... Fui yo la que me quedé, aunque sólo el tiempo justo para enviar un mensaje que probablemente no sería leído, a un tipo no tan guapo, ni tan alto, ni con un nombre tan sonoro; para decirle precisamente eso... que el taxi tenía luz verde y yo Chanel Nº 5.







P.D. Helen Mack


[Pregunta técnica para lectores-blogueros-usuarios del Facebook,
¿por qué no consigo que las entradas del blog salgan en el muro de Facebook?]

sábado, octubre 09, 2010

Qué lujazo de concierto el de Blue Rodeo... Qué mierda de tiempo la de este Madriz en el que no para de llover...

Me he enamorado de Jim Cuddy, de su camisa y de alguna cosa más...

Qué raro fue... pero qué bueno. Mejor... y eso no sé si es bueno.

Corto y cierro...

jueves, octubre 07, 2010

La vida huele a crepúsculo






Me he reído mucho esta mañana en la que se han parado los relojes.

Estoy francamente cansada...

He dejado de saber lo que quiero. Aunque sé, eso si lo sé, que la incertidumbre durará poco, nunca se queda a mi lado. Hacemos mala pareja...










En media hora comienza mi fin de semana... y me voy...







P.D. Andrea Rau




[Edito: Acabo de saber que el Nobel de este año se lo ha llevado Vargas Llosa...
consuelo de que no fuera Murakami]]

Stolen kisses are the sweetest




Que la vida es corta, dicen algunos...







P.D. Sylva Koscina y Dirk Bogarde



[A veces me asusta lo estúpidamente egoísta que puedo llegar a ser...
aunque no sé si lo suficiente como para cambiarlo]

miércoles, octubre 06, 2010

One light left in heaven




Hay canciones... pues eso, que hay canciones que se te meten en las tripas y ya no te sueltan...





"Pulled myself out of the mess so everyone could breathe. 
Took the red-eye home I was the only one to leave. 
When Looks are daggers words are guns. Every hope is gone. 
The sadness in your eyes just lingers on and on 

Away One light left in Heaven 
Away High above the clouds 
Away The light goes on forever 

I wish we'd stay up here never come down 
You know I wait here for you I wait here for you 
No matter where you go or what you put me through 
I don't know if you'll come back to me but baby if you do 
I'll be waiting for you 

I Moved myself around a bit thought I'd landed safe 
Then I caught a glimpse of what was hidden in your face. 
You looked me in the eye and told me everything was true 
Now we know the distance between me and you 

CHORUS 

Summer makes me restless and I can't get by alone 
I know that's you that's calling but I don't pick up the phone. 
The day you started wandering I guess I lost my faith 
I sit here now to wait and see what's coming in its place 

CHORUS 

Away One light left in Heaven 
Away High above the clouds 
Away The light goes on forever 

I wish we'd stay up here never come down 
You know I wait here for you I wait here for you 
No matter where you go or what you put me through 
And I have walked this floor for hours and hours underneath the moon 
And I am slowly disappearing here just a ghost that's shinin' through 
I don't know if you'll come back to me or if I want you to 
I'll be waiting for you 
I don't know if you'll come back to me or if I want you to 
I'll be waiting for you"

No merece la pena dramatizar las cosas... aunque yo lo haga continuamente




En días como el de hoy en los que no pasa nada y todo parece estar en su lugar me acuerdo de ti. Leo lo que escribí sobre nosotros, aunque nunca llegara a haber un nosotros, o no del todo... Y pienso que tal vez debería echarte de menos, o que tal vez debería querer que un buen día volvieras, como si no hubiese transcurrido el tiempo ni nuestras vidas. Aunque sean otros los que me añoren a mí y yo ya no tenga a quién extrañar... o tal vez sí.









"Once we rode together
In a metal firecracker
You told me I was your queen
You told me I was your biker
You told me I was your everything
Once I was in your blood
And you were obsessed with me
You wanted to paint my picture
You wanted to undress me
You wanted to see me in your future
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you

Once you held me so tight
I thought I'd lose my mind
You said I rocked your world
You said it was for all time
You said that I would always be your girl
We'd put on ZZ Top
And turn em up real loud
I used to think you were strong
I used to think you were proud
I used to think nothing could go wrong
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
I told you"




[Qué habríamos hecho de no existir Lucinda]

¿Dónde está la puerta de salida al país de la vida?





Es fácil, extraño, hablar contigo, porque en realidad no sabes de mí, no me conoces; porque me intuyes o imaginas. Y es fácil porque callo y oculto y sólo muestro lo que muestro, you know, que el resto es humo. Porque no soy sino palabras encadenadas con mayor o menor fortuna, y las palabras, ya se sabe, no son incómodos testigos, como las miradas o los gestos.

Es fácil jugar a alejarse, a acercarse y volver a irse; llenar el corazón de nostalgias de algo que en realidad no existe, de ausencias; de palabras, siempre inoportunas; la torpeza nunca me abandona.



Como sería fácil acostumbrarme a tu cuerpo en este otoño distraído.




Siempre he sabido que existías, en algún lugar, no importaba donde; lejano, entre las sombras, envenenándote de azules






Hace un rato que debería haberme ido a casa, incluso han apagado las luces y he tenido que levantarme para encenderlas de nuevo apretando todos los botones porque nunca sé exactamente cuál es el interruptor que enciende las que hay sobre mi cabeza. Al lado de mi sempiterna botella de agua tengo un vaso de ésos de plástico, con un vino no del todo malo, del Somontano; aunque a mí precisamente no me gusta demasiado el vino, así que mi opinión sobre su calidad es más que dudable.

Era, o es, el cumpleaños de alguien y se les ha ocurrido festejar aquí. Apartar papeles, sacar embutidos como por arte de magia de un armario, comprar pan en el supermercado y agenciarse con un buen número de botellas de vino que estaban a buen recaudo en el despacho del jefe desde las navidades pasadas. Aunque el salchichón de La Alberca no ha tenido demasiado éxito, se han vaciado las botellas y las barras de pan han desaparecido. Y debo confesar que yo he contribuido, que he puesto de mi parte aunque no probara el pan y menos el salchichón, aunque dijera y repitiera eso de que a mí no me gusta el vino y que sólo lo probaría como deferencia. Ustedes no conocen a los asturianos; "venga, ho, un poquitín más... que tienes el vasu vacío"... en fin, que he debido tener el vaso vacío más veces de lo recomendable y ahora todo me da vueltas, aunque siga sin gustarme el vino y haya acabado por reirme de los malos chistes ajenos. Es curiosa la capacidad que tiene el alcohol para derribar barreras que una juraría infranqueables. Tal vez debería aprovechar este momento de euforia impostada para descolgar el teléfono, o salir a la calle, para hacer o decir algo... algunas de esas cosas que tanto me cuestan... actos y/o palabras.








Podría, supongo... pero no, no quiero que tu piel se reduzca a cenizas.

Es entonces cuando se abandona todo




No ha dejado de llover en toda la mañana, y probablemente en parte de la noche, aunque esto no lo sé de cierto. Dormí tan profundamente, por primera vez en muchos días, que sólo al despertarme al son del despertador me percaté de las gotas de lluvia golpeando los cristales. El cielo está encapotado, de un gris perlado; la niebla tan baja que no permite divisar el Aramo. Me gustan estos días, lo he dicho tantas veces... lo sé. Ni siquiera hace frío, aunque también me guste el frío. A veces pienso que debería mudarme a Laponia y dedicarme a leer toda la literatura criminalista sueca actual, descartando a Mankell, para documentarme. Aunque no me guste la carne de reno... y en este preciso instante mate por comerme un regaliz rojo... o unos cuantos.


Me pregunto si en Laponia también habrá regalices y sugus de cereza.







P.D. Hildegarde Neff

Te escribo en voz baja desde un seis de octubre




Acabo de colgar el teléfono tras una conversación de 20 minutos con ella. Confesaré no haberle prestado atención, o al menos no demasiada. Hice las preguntas corteses; las adecuadas, indicadas y esperadas. Le dije que bien, que estaba bien. Yo siempre estoy bien. Y prometí que la semana que viene, que tengo unos días libres, sólo trabajo el lunes, para llevar la contraria a la media España que se va de puente, encontraría un hueco para vernos. Cuando le digo que este viernes no podrá ser, que estaré fuera, me pregunta por ti. Siempre lo hace, siempre encuentra un motivo o una excusa para hacerte presente y sacarte de entre las sombras donde involuntariamente habitas, que para olvidar no hay fechas. No sé qué contestarle... Que no sé nada de ti, que ni siquiera sé dónde estás ahora o con quién, si es que tienes a alguien a tu lado, alguien que te quiera como te mereces, como yo no supe hacerlo. Y no, claro que es porque no quiero, o porque me falta el interés o las ganas o me puede la apatía; me adelanto a sus palabras, inevitablemente siempre repite lo mismo. Me recuerda aquellos días en Barcelona 'borneando', el billete de ida que se quedó sin vuelta en las calles de Beacon Hill y los insufribles chilaquiles de la Casa de México. No entiendo por qué trata de brindarme motivos. Ni los necesito, ni los quiero, ni los he pedido. Los recuerdos, incluso a veces los no tan buenos, no son aristas que corten mi presente; que como decía el poeta, aunque yo quisiera contarlo como una historia triste, no es posible, porque el tiempo cicatriza con días las heridas.










P.D. Goldie Hawn

martes, octubre 05, 2010

Quiero que en mi cumpleaños me regales flores amarillas





"Hay demasiadas cosas
de las que preocuparse,
siempre distintas, siempre imprescindibles,
y nunca se termina,
y apenas se respira... Y además
está el muchacho que jamás nos mira,
la chica que no sabe que la amamos
Y Platón predicando represiones...
Y a esto le llaman vida..."











[Lo último que recuerdo son las palabras de Anna Gavalda... la vulgaridad de corazón es algo indecible... y de pronto abro los ojos, suena el teléfono, publicidad... no podia ser de otra manera; pasan de las siete y llevo algo así como una hora durmiendo. Las gafas sobre la punta de la nariz y el libro aún entre las manos. No soy consciente de haberme quedado dormida... esta noche lo recordaré, sin duda. Cuando vuelva a meterme en la cama y me quede mirando de nuevo al techo, dibujando sombras con mis manos y redecorando mi vida.]








Siempre lo digo, lo sé, me repito, es irrenuciable...
jamás respetaré a un tipo al que le guste Sabina... pero, de cuando en cuando...


Igual que se tienen sueños... y una acaba despertando, abriendo los  ojos y viendo que en realidad todo sigue en el mismo lugar,
que se sigue siendo la misma aunque se sea distinta,
que tenemos las canciones,
que ya lo cantaba el gran Leonard,
we'll never mind we are ugly, but we have the music,
 que aún nos quedan las personas curvas,
y que aún tenemos las flores.








Tiene que llegar el momento de volver a ser lo que nunca debí dejar de ser

Todo es mentira en las películas... aunque yo siempre me lo crea y quiera que mi vida sea una de ellas





No me gusta la gente que siempre es amable y tiene una sonrisa en los labios, que se diría ocultan un as en la manga y parecen caer bien a todo el mundo. Creo que esa actitud tiene que ser calculada, fingida, buscada e impostada. Desconfío de la gente que a todo tiene que sacarle punta, que a todo le encuentra la gracia, y de la que se ríe de los chistes ajenos aunque a leguas se vea que no le hacen ni la más mínima gracia. Y con lo que a mí me gusta reírme. Bueno, en realidad me gustan muchas otras cosas...

Uno puede pisar un charco y echarse a reír, incluso tropezar y bajar unas escaleras a trompicones y acabar estampada contra el suelo, los papeles volando hasta el menos 3... y echarse a reír. Yo misma, esta mañana, entre los gritos de P.: "Ay, por Dios, Dae, que te escoñas". Y claro, fue escuchar eso de "te escoñas" y no poder parar de reír. Por si les interesa, estoy bien, algo magullada y avergonzada, todo hay que decirlo; pero una no puede escoñarse y no reírse. Que al fin y al cabo si no lo haces tú, otros lo harán por ti.

Me venía bien echarme unas risas, aunque fueran a mi costa. Quiero reírme, de esas veces en las que no puedes parar, que encadenas unas risas con otras. Y aunque últimamente he sonreído bastante, casi tantas como llorado, hace demasiado tiempo que no me río, de veras, con ganas, aunque no tenga demasiado sentido, aunque no tenga motivos... tengo que encontrarlos y supongo que antes, obvio, buscarlos.

Cuando me río soy otra, probablemente si estuviera frente a un espejo no me reconocería. Y al contrario de lo que dicen muchos, que la risa sienta bien, no estoy más guapa (suponiendo que lo fuera... guapa, digo). Veo mis fotos en las que salgo riendo y no me gustan, no me reconozco, no soy yo.

Ahora, por ejemplo, en lugar de estar concentrada en la pantalla debería estar riéndome a mandíbula batiente con el último chiste que circula y en este preciso instante un compañero está escenificando con todo lujo de detalles. Entenderán que se lo ahorre, va de mujeres y sus atributos. Culo, tetas y ¡ay. Omá, qué rica! Se agradecería que un día de estos, una de dos, o cambiaran de repertorio o se acabasen los chistes.

Bien, vale, a lo mejor es que soy una hipócrita. No soporto los chistes con alusiones racistas, escatológicas y sexuales. Y no, no soy racista, o eso creo. Las visicitudes intestinales ajenas deberían sufrirse en silencio y sobre sexo, qué decir, que es estupendo hablar sobre él, pero como seres adultos, no en plan post-adolescentes en plena efeverscencia hormonal. Pero lo segundo mola y lo primero asusta, parece. Que es como reírse de los chistes malos, uno se ríe aunque no tengas ganas y menos gracia te hace; y uno bromea y hace alusiones más o menos explícitas y siempre graciosas, o eso se pretende, de su vida sexual, aunque el único polvo que conozca sea el que se acumula sobre la mesilla de noche. Pero  mis favoritos y aclaro, modo generalización-meter-a-todos-los-tíos-en-el-mismo-saco-y-todos-los-romanos-son-iguales on, son aquellos que te abren la puerta, autoinvitan a su lengua a darse un paseo por tus amígdalas y no dejan de quejarse de que ellos sigan siendo los que tienen que tomar la iniciativa. Curiosa expresión que nunca he acabado de llegar a entender del todo, porque siempre que he llevado a cabo lo que yo entiendo por eso, me he visto envuelta en una película que podríamos titular "El cazador cazado", donde a la manera de Bette Davis en "Qué fue de Baby Jane" me quedo de protagonista absoluta, y claro, sin tener a una Joan Crawford al lado para que me conceda la réplica. A lo mejor es que la noche me confunde... sí, va a ser eso.













P.D. Janet Margolin




[No viene a cuento... pero no es justo para los que vivimos en provincias que un concierto sea un miércoles y en la capital]

Crónica del laberinto


[Anoche me pasé dos horas y media (por reloj) dibujando sombras en el techo desde la cama, donde me dio tiempo tiempo a repasar mi vida, obra y milagros de los últimos meses. Consecuencia, he redecorado mis ideas.

Tras la ventana, siempre abierta, no entraban las sombras; ni el rumor del viento entre las hojas del sauce; sino las voces de una radio con José Ramón de la Morena a la cabeza (si al menos hubiese sido el "Hablar por hablar", que ni siquiera sé si sigue existiendo). Consecuencia, no volví a tener sueños extraños, no me dio tiempo o en todo caso no lo recuerdo.

Cuando parecía que acababa de dormirme, sonó el despertador, lo apagué y acabé por levantarme tarde, siempre tarde. No he desayunado, me duele la cabeza (a mí que nunca me duele absolutamente nada y por tanto nunca tengo ni una mísera aspirina) y estoy en esos días en los según ciertos anuncios es maravilloso ser mujer. Consecuencia, muerdo.

Llego a la oficina, el jefe brilla por su ausencia, en el registro de salida hay atasco, como ayer me quedé hasta relativamente tarde, para mis horarios, no tengo ningún pendiente. Y hoy no quería escribir, quería darles un respiro a mis sufridos lectores (en todo caso si un día me voy me iría sin despedirme, pero este no es el caso), se me presenta una mañana absolutamente vacía (por el momento). Leo vuestros comentarios. Consecuencia...]




Es la segunda o tal vez tercera vez que digo lo mismo. No tengo ni la más mínima intención de moderar los comentarios, ni la he tenido nunca. En términos generales no me importan, ni me molestan, ni me resultan desagradables. No podría ser de otra manera, si una expone públicamente sus miserias debe entender que éstas pueden ser replicadas por otras; aunque se parta de la idea de que la buena educación deba estar siempre presente, parece que que no todos lo comparten, y que quién voluntariamente, se supone, lee esto, lo hace porque por el motivo que sea le entretiene, para lo bueno y parece ser que también para lo malo.

Será que me he levantado con el pie izquierdo del lado derecho de mi cama, y lo que normalmente no me molesta y me resulta indiferente, hoy sí me duele. No sabría explicar por qué hoy sí y otros días no, en fin, poco importa. Dudo ser tan importante como para que tú busques aquí cinco minutos de fama, no creo que ése sea tu objetivo, en el caso que tengas alguno; pero el mal humor me hace ser generosa, así que te los brindo.

No sé quién eres, y me repito, tampoco importa, tú tampoco sabes quién soy yo; aunque parezcas haberte formado una estupenda y profunda opinión sobre mí. Bien, como este mi universo paralelo, mi realidad alternativa, pongamos que te imagino mujer (puede que seas hombre o mediopensionista); que estás, digamos, en Sevilla (a lo mejor es Cuenca o Tetuán); que te dedicas a la docencia (aunque puede que seas recolectora de naranjas o conductora de autobús) y que tu profesión frustrada es la de médico psiquiatra, on line y gratuito, se presupone.

Tengo un gran defecto, tengo muy buena memoria, para lo bueno y para lo malo. Y esto es especialmente peligroso con las cosas buenas, porque las recuerdo y siempre me las creo. Suele olvidárseme que ante ellas hay que contar hasta 100 antes de tomártelas por ciertas, y no digo que mientan, los otros, los que dicen; no, seguro que son sinceros o creen serlo al menos en el preciso instante en el que pronuncian esas palabras. Pero de mi ingenuidad galopante que renace de sus cenizas cual ave fénix ante un nuevo desafío, ya hablaré en otro momento.

Porque también recuerdo las malas, aunque me las tome con mayor distancia y crea encajar bien las críticas. Pero qué quieres que te diga, chica (ya he dicho que lo seas o no, he decidido que seas mujer), no considero que como críticas u opiniones puedan considerarse tus comentarios. Unos pocos ejemplos de los últimos tiempos: estoy como una regadera, si soy más tonta no llego a nacer, estoy tarada, sufro bipolaridad y estoy maniaco-depresiva, mi mente es insana, soy una guarra, sufro de diarrea mental y por supuesto soy una ninfómana.




"la uña de mi pie dijo...
Entre las uñas de los pies, y la regadera que tienes por cabeza, tu blog queda reducido a un batiburrillo de incoherencias dirigidas al tío que te dejó(o dejaste, lo mismo da que da lo mismo)"

4 DE OCTUBRE DE 2010 21:50



¿Y soy yo la que debo hacérmelo mirar? Probablemente... pero ni te imaginas lo equivocada que estás, aunque agradezco sin duda el tiempo que dedicas a leerme, que sin duda no merezco, y tus buenos deseos agenciándome un tipo al que echar de menos. Con lo lista que debes de ser y no te hayas dado cuenta de que todo es humo...

Y no, precisamente ninfómana no soy; ni de pensamiento ni de obra; que no habré repetido por activa y por pasiva mi atrofia sexual y emocional.








P.D. Joan Crawford

lunes, octubre 04, 2010

El último en irse que apague la luz




Quería hacer una lista de cositas buenas. Coger papel y pluma, si la encontrara entre el desorden, y apuntar buenos deseos tratando de contrarrestar lo malo de este día que se está yendo un poco por el lado equivocado.





He comenzado a hacerla mentalmente y me he dado cuenta de que es infinita, porque resumiendo, lo quiero todo, aunque apenas tenga nada y me conforme con menos... Quiero escuchar todas las buenas canciones y algunas de las malas; quiero aprender a bailar tangos, que la última vez que lo intenté me echaron de la clase; quiero aprender a viajar sola aunque quiero irme de vacaciones acompañada; quiero comer arroz a banda y langosta; quiero pasear contigo por Madrid y emborracharme a tu lado; quiero hablar francés y tocar el cello; quiero irme a vivir a Berlín y ser capaz de pagar la hipoteca de mis 50 metros todos los meses; quiero tomar cervezas heladas y compartir una puesta de sol; quiero verte sonreír, pero también quiero verte llorar; quiero leer todos los libros y  abandonar sin terminar los que no me gustan; quiero reírme con "The big band theory"  aunque sólo tú me hagas sonreír; quiero aprender a planchar y que alguien cocine para mí; quiero perderme en Montevideo y que me encuentren en  Guatemala; quiero que me gusten un poco más "The Beatles" y un poco menos Rocío Jurado; quiero que tú, tú y el de más allá dejéis de llamarme los domingos por la tarde con la excusa de un polvo disfrazado de café y tostadas quemadas y quiero que tú me llames con la excusa de un café servido sobre tu almohada; quiero dejar de odiar a Leonor Watling, Patti Scialfa y a la mujer de Hugh Jackman y quiero aprender a perdonarme; quiero que me mires con los ojos de Jackob Dylan y me digas que te gustan mis zapatos; quiero que la gente no me parezca tan fea y quiero que me gusten las persona que me recuerdan a mí; quiero volver a New York y quiero recorrer la ruta 66; quiero dormir sola pero irme a la cama acompañada; quiero saber que soy capaz y que todo va a salir bien; quiero que sepas que existo y que estoy aquí, en una esquina; quiero parafrasear al Sabina y decir que puedes tomar mi dirección y cuando te canses de amores baratos de un rato, me llames; aunque quiero que no te guste el de Úbeda porque no podría respetarte; quiero ser feliz y quiero que seas feliz aunque yo no vaya a estar a tu lado... quiero decirte algo, pero tendrás que preguntármelo...



Sí, tú, no mires hacia otro lado... no hay nadie más, es a ti... siempre va por ti, aunque lo dudes... no sé cómo me aguantas.








P.D. Joan Collins


[Y esto sólo es la parte políticamente correcta...]

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