"La fiebre y el placer, que puedo hacer, se convirtió en sucio polvo gris, quien me lo iba a decir."
Eloise
Ricardo, que era convecino suyo siempre decía que era el “punto king”. Yo cuando lo veía en la tele 20 años atrás sentado en su trono y con la lagartija moviendo la cola pensaba que era el colmo de la modernidad y no me podría creer que semejante tipo fuera de Tudela Veguín.
Probablemente no fue un gran cantante, pero dominaba la puesta en escena como nadie y si hubiera que rescatar a alguien de la tan traída y llevada movida madrileña yo le elegiría a él.
Durante muchos años ha permanecido en el olvido y de repente parece que oscuras fuerzas quieren reivindicarlo, si hasta Marta Sánchez hace una versión de Embrujada en su último disco. A mí me gustó siempre más Eloise.
Sí, Ricardo tenía razón, era el puto amo.
P.S. No deja de ser curioso que lo más grande, musicalmente hablando, en Asturias haya salido de la cuenca de Langreo, Stukas y el gran Tino Casal.
Rozando las nueve de la mañana de un ya domingo de finales de junio estábamos en uno de esos nuestros bares favoritos para terminar las noches sin futuro y acabábamos de salir a respirar un poco de aire al paseo marítimo que estaba justo al lado. En la playa ya se divisaban los primeros bañistas, asiduos visitantes algunos en cualquier época, aunque la incipiente mañana no invitaba demasiado al baño. Nunca he compartido el placer que debe proporcionar bañarse en el Cantábrico en pleno mes de febrero, por ejemplo, pero mañana tras mañana, llueva o granice, incluso nieve, al menos una docena de personas se adentran en sus aguas. Como dato curioso añadir que la edad de los aguerridos bañistas suele ser bastante elevada.
-“Tienes sonrisa gingival.”
Me lo dijo así de golpe, sin venir a cuento. Al modo en el que Mel decía y aún dice las cosas.
¿Qué carajo significa sonrisa gingival? me pregunté y ella debió adivinar mis pensamientos porque de inmediato añadió:
-“No te asustes, que no es nada malo. ¿Recuerdas a Ines Sastre en los anuncios de Lâncome?. Ella también tiene sonrisa gingival, cuando sonríe enseña demasiado las encías.
Bueno, no debió adivinarlos del todo, porque a mí las palabras no me asustan, y menos cuando las desconozco. En ese caso me producen curiosidad.
-“Eso con una ortondoncia en menos de un año se te corrige, además corregirías la oclusión y bla bla bla… en un año una sonrisa perfecta. Estás de suerte, porque un amigo de mi padre, el doctor L. es el mejor ortodoncista de la región, por no decir de España. Su consulta está a la vuelta de la esquina de la joyería esa que siempre atracan, no tiene pérdida y bla bla bla.”
Hay que aclarar que Mel es dentista, o al menos eso es lo que dice un pomposo diploma expedido por una universidad norteamericana de la costa oeste colgado en la consulta de papá. Cuando tras más pena que gloria consiguió licenciarse en medicina huyó a los States financiada por sus padres. Estuvo desaparecida durante varios años y regresó con nuevo corte de pelo, bronceado y un tal Joshua colgado del brazo.
La maldición de la sonrisa gingival se me quedó grabada y de golpe, como por arte de magia comencé a fijarme en todas las bocas que se cruzaban conmigo. Desde mi entorno a los desconocidos en plena calle y acabé por descubrir que era asombroso la cantidad de personas adultas que lucían relucientes brackets.
En un irreflexivo arranque decidí llamar a una de mis hermanas, mi sobrino también los luce, pero claro, él tiene 12 años, para preguntarle quién era su ortodoncista. -“El doctor L.”, tendría que haberlo adivinado, -“es el mejor”, añadió. –“Todas mis amigas llevan a sus niños a él. Incluso mi vecina del cuarto que tiene casi cuarenta. ¿Y te acuerdas de Neo?, él incluso bucea”. No traté de encontrar la conexión entre ortodoncia y buceo así que colgué tras haber apuntado el número de teléfono del famoso doctor L. y sin pensarlo dos veces llamé. Las cosas verdaderamente importantes en esta vida yo suelo hacerlas sin pensar demasiado, y qué más importante que ponerse unos hierros, probablemente innecesarios, en la boca.
Me dieron cita para un par de semanas después. En una reluciente clínica donde todo el personal era femenino y vestido de blanco excepto él, el doctor, me recibió una sonriente recepcionista que me fue guiando durante al menos una hora y media por el fascinante mundo de la ortodoncia entre radiografías y muestras de brackets casi invisibles, en el casi está la diferencia. Sólo al final y durante apenas diez minutos tuve la oportunidad de echarle un vistazo al famoso doctor L. que para mi decepción resultó ser bastante anodino. Yo ya me lo imaginaba cual caballero andante. Pero resumiendo, me convencieron con la firme promesa de que entre año y año y medio me vería libre de los hierros y luciendo una sonrisa de cine.
Lo peor no es que ese año y medio lleva camino de convertirse en dos años y subiendo. Tampoco que parezca impropio hacerse una ortodoncia camino de los treinta, realmente es innumerable el número de adultos que los lucen, y será casi “deformación profesional” pero no hay día en que me encuentre con alguno. Lo malo no es que la comida ya no sepa igual, tengas que renunciar a determinados alimentos (mis añorados bocadillos de jamón, por ejemplo, una es de gustos simples). Tampoco las dudas iniciales y ya superadas acerca de la posibilidad o no de besar y demás. No, lo malo es ese mal sueño que me invade cada noche donde se me caen todos los dientes, uno tras otro, a un ritmo lento e insoportable, por causa de los brackets, se entiende.
A finales de julio tengo la próxima revisión, cruzo los dedos, tal vez haya llegado el momento de verme libre de ellos.
Mi hermana lleva unos días de visita por aquí. Ella vive a un puñado de miles de kilómetros y de cuando en cuando me (nos) visita. No es que se venga de vacaciones, no, ella viene de visita. Sólo viene a España “de vacaciones” si el destino es Mallorca, el resto de la geografía española no debe de ser digna para ella y realmente no entiendo a qué viene si se pasa la escasa semana de estancia quejándose de todo, especialmente de lo retrógrados, paletos y simples que somos los españoles, como si ella no fuera tan española como cualquiera, por muchos años (que no son tantos) que lleve viviendo en su civilizado norte.
Pues eso, que se ha venido unos días y el viernes quedamos en que ella me recogería a eso de las dos, a la salida del trabajo para comer juntas. Yo invitaba y ella elegía restaurante. Previamente ella había quedado con un par de viejas amigas, de esas de toda la vida que una conoce desde el colegio y que si no calculo mal estarán rozando los 35, y es que el dato de la edad es importante.
Hacia años que no las veía, probablemente los mismos que mi hermana lleva fuera de España. Coincidimos escasos cinco minutos mientras mi hermanísima se despedía de ellas y me recibía a mí pues la habían acompañado a mi recogida. Los besos y saludos de rigor, el no has cambiado nada, te has cortado el pelo, qué tal tu niña (una de ellas es madre), trabajo, amores, etc, etc… vamos la tópica conversación cuando no tienes nada que decir y menos ganas e interés aun. Pero eso sí, jalonada de “jo tía” y yo que pensaba que a los 35 una ya no usaba ese término. Realmente yo no lo usé nunca y las personas de mi entorno lo abandonaron al cumplir los 22. No miento si digo que me irritaba. Miraba de reojo a mi hermana consciente de lo cuidadosa que es ella con el lenguaje y no podía comprender como asentía plácidamente ante cada nuevo “jo tía”.
Tal vez la desfasada sea yo y el “jo tía” sea tan eterno como la laca.
Han pasado meses ya desde la tan comentada aparición del sin par Sánchez-Dragó en su ¿informativo? nocturno con un par de bien colocadas orejas de burro. Desde entonces hasta el día de hoy sigue generando titulares con sus excentricidades y sandeces, a partes iguales.
Despliega Dragó una cuidada puesta en escena para sus apar¡ciones televisivas, desde el atril, a priori tan impropio para presentar un noticiero y herencia, supongo, de aquel Blanco sobre negro en La 2, hasta la omnipresente rosa amarilla.
Sánchez Dragó, que ante todo es un bufón, acomete muy bien su papel. Lo que no tengo claro es qué rey sirve, pero no le negaré momentos de hilaridad absoluta como cuando una noche de lunes se negó a leer al uso los resultados de la jornada liguera con el pretexto de que ya aparecían en pantalla y el presuponía que todos los que en ese momento le veían sabían leer.
Sí, lo confieso, mea culpa, a mí me divierte Sánchez Dragó. Lo encuentro adorable, tan pedante y tan pagado de si mismo con sus kimonos. Le debo gratitud eterna por ser el impulsor de uno de los momentos más memorables de la historia de la televisión española: -“ Fernando (Arrabal), no te sientes en la mesa, que la tiene que sujetar Campillo, si no se vence".
También recuerdo especialmente una entrevista hace años a Eduard Punset (Redes), más que un plató aquello parecía un ring de boxeo donde dos egos luchaban a muerte frente a frente.
Aunque diga poco a mi favor, y nada más lejos de mi intención que calificarle como un revulsor de conciencias o buen escritor, ni lo uno, ni lo otro, insisto en que me divierte, desde tiempos inmemoriales, para que mi pecado sea aún mayor. Desde la primera vez que lo escuché hace un buen puñado de años en la Radio de Julia (Otero, antes de que la echaran de Onda Cero), donde ya hacia gala de una desfachatez sin complejos frente al insigne profesor Manuel Delgado.
Ryan Adams, Ryan, no Bryan, tiene nuevo disco, Easy tiger, y parece que va encontrando su camino abandonando poco a poco esa pose inicial de cantautor vaquero.
Como muestra, hace unos días en el show de David Letterman, acompañado de The Cardigans.
No había imaginado ni en mis peores pesadillas que algo así pudiera suceder, pero ha sucedido. Mi blog se ha ido al garete y he tenido que comenzar de nuevo abriendo uno. Como no pretendo ser original apenas he variado el nombre y afortunadamente he podido recuperar todos los posts, aunque lamentablemente no los comentarios de mis escasos lectores y eso si que lo siento en el alma.
Por diversas razones tuve hoy un encuentro con una pareja, de la Guardia Civil, sin tricornio para mi decepción. Y no, no eran de tráfico, no estaban apostados en una curva y no me pusieron una multa. Fue por extraños motivos (profesionales).Todos hemos visto en las pelis made in Hollywood el juego del poli bueno y del poli malo. Pues bien, en este caso los papeles eran el parlanchín y la muda, no abrió la boca en media hora (la pareja de la pareja era una mujer).En un determinado momento y casi al fin de la conversación cuando el parlanchín a punto estaba de despedirse derivó ésta hacia las mentiras:
-"Si tú supieras la cantidad de mentiras que tengo que decir a lo largo de un día..." Agente parlanchín sin tricornio de la Guardia Civil dixit.
Si a día de hoy hasta la Guardia Civil miente, y además te tutea, a dónde hemos ido a parar.
P.S. La próxima vez que me paren para multarme, por ir por ejemplo a 70 km en lugar de 50, me lo tomaré como una pésima broma de mal gusto, cabe la posibilidad de que me estén mintiendo.
Desde hace semanas no se habla de otra cosa en las tertulias, en los cafés, en las barras de los bares, en las colas del banco y del supermercado, en los periódicos, en foros de internet. Hasta hace escasas fechas se podía encontrar el vídeo en infinidad de páginas, descargárselo del Emule y circulaba entre los móviles asturianos a ritmo de vértigo. Probablemente sean más los que no sepan de qué hablo que los que lo han visto o saben de qué va la vaina. En todo caso mejor alquilarse una película porno.
A mí me habló de él una colega, entre risas y chistes obscenos. Que si una chavalita, una tal A., de la cuenca por el acento, se lo monta con varios tíos a la vez, posa ante la cámara y lo único que le importa es que no le salga la cara para que su madre no se entere.
No sé si la chica, creo que tiene unos 16, menor de edad en todo caso, está borracha, colgada o subida de tono. No sé si tiene problemas mentales, psiquiátricos o retrasos. Parece que disfruta. Más disfrutan ellos. Es consentido, tanto la grabación como todos los actos que realiza a diestro y siniestro. Quiere complacerlos a todos e incluso pregunta: -“¿Quién falta?. Sólo sé que los foros, las charlas, los comentarios que se oyen por todos lados son que esa chica o cría o lo que sea es una puta (como si hubiese cobrado por ello) mientras que nadie los nombra a ellos, por no mencionar a la persona que lo grabó y lo lanzó a la red. Ella se ha hecho famosa en toda Asturias y media España como la chupa pollas del parque. Ellos siguen siendo invisibles. De ella se sabe su nombre, su procedencia, su edad. De ellos no sabemos nada. El único detenido está ya en libertad (el tema está en manos de la justicia al estar implicada una menor) y a la gente le sigue haciendo gracia el desparpajo de la niña dando órdenes y sólo piensan que si fuera su hija la matarían. Para que después nos vengan cuestionando que no hace falta una educación para la ciudadanía.
Una pequeña revolución era esperable ante la llegada de semejante HOMBRE entre tanta Lady Madonna. Colegas masculinos haberlos, haylos, pero hace mucho que perdieron su atractivo, al menos los pocos que alguna vez lo tuvieron.
Incluso la triada de matronas se revolvió en su asiento, y una tras otra levantan la vista y le siguen con la mirada cada vez que pasa frente a ellas, murmurando entre dientes que parece imposible, un chiquillo de apenas veinticinco.
Es guapo, tremendamente guapo, y distante, a la manera de la que sólo los guapos pueden serlo. Apenas esboza sonrisas, saluda casi susurrando y pasa rápido y sin detenerse cuando da los buenos días, no vaya a convertirse en estatua de sal.
De mí espero casi cualquier cosa y hace tiempo que no me sorprendo a mi misma. Pero de Pilina, ímproba e intachable colega, rozando los cuarenta, no me lo esperaba. Ambas llevamos nueve meses comportándonos como dos adolescentes en plena edad del pavo desde que Él, el él con mayúsculas, se incorporara a nuestro trabajo y es que en nuestra fiebre por averiguarlo todo (todo lo averiguable y más) llegamos a invadir el despacho de nuestro jefe y rebuscamos entre las fichas personales en busca de fecha de nacimiento, tiene 39, aparenta 30; lugar de residencia, un pueblo con mar; teléfono, fijo y móvil; segundo apellido y todo dato que nos pudiera resultar útil no se sabe muy bien para qué. Comportamiento terriblemente absurdo y vergonzoso para dos mujeres supuestamente adultas y maduras, lo admito, pero...
Esta mañana... Falta una firma en el acta. Pues ÉL hoy no viene. Habrá que llamarLE. Me abalanzo al teléfono. Contesta una voz femenina. ¿Es la casa de ÉL? Sí, soy su madre.
!VIVE CON SU MADRE¡
Los guapos siempre tienen novia, están casados, son gays... o viven con su madre.
Ni Anatomía de Grey, ni House, ni Mujeres desesperadas, ni Perdidos, ni 24, ni Sex in the city, ni The closer, ni El Abogado, ni El ala oeste de la Casa Blanca, ni Twin Peaks, ni Las chicas Gilmore, ni A dos metros bajo tierra, ni Los Soprano, ni Boston Legal, ni siquiera Doctor en Alaska, ni seguramente alguna otra que me queda en el tintero. A saber, series todas a las que está servidora, declaradamente no televisiva, se ha visto “enganchada” sin remedio, sin traición y con alevosía (soy más débil de lo que me imaginaba).
Brothers and sisters, nunca entenderé la estúpida manía de alterar los títulos con las traducciones, es la definitiva. No voy a hablar de ella, ni de sus actores, entre los que por ejemplo figura Patricia Wettig, ¿alguien recuerda Treintaytantos?, ni de sus virtudes, ni de su argumento. Sólo les diré que no se la pierdan, en la Fox y creo que pronto en abierto en Cuatro.
A mí me ha reconciliado con Calista “Ally McBeal” Flockhart y Sally Field... que no es poco.
Me llama para contarme que te llama todos los días. Que tú le repites que no es necesario. Que si no lo hace echas de menos su voz.
Me comentas que has conocido a un tal Alejandro y que a él también le gusta Rockdrigo. ¿Te prestará su máquina del tiempo?
Me pide la dirección de Mar para dártela. Debes localizar al que fuera director de su tesis.
Me hablas de tus experiencias fallidas en la cocina. Acabas cenando fuera todos los días.
Me transmite tus recuerdos. Dile a E. que todo va bien. Que ya me siento como en casa.
Me cuentas que no tienes tiempo suficiente para tantos planes, anotados pulcramente y en orden de prioridad creciente en un cuaderno de tapas rojas y anillas.
Me pregunta que es un börek. Parece ser que te has vuelto un adicto a ellos.
Me llamas para explicarme que te resulta imposible comunicarte con el chino. Cómo explicarle que tendrás compañía a principios de julio.
Me comenta que hace demasiado mal tiempo para usar la bicicleta y que te has abonado al metro.
Me pides que te envíe Veinte poemas para leer en tranvía. Lo dejaste olvidado en mi casa.
Le escribes para contarle que has conocido a un compatriota en la biblioteca. Que os pasasteis la tarde fumando y bebiendo vino en tu cuarto.
Me transmites los saludos de Mar. Ayer te llamó para preguntarte qué tal iban las cosas.
Me consulta acerca de vuelos baratos y hoteles baratos. Quiere visitarte a finales de julio.
Me escribes para contarme que nada es como esperabas. Que te aburres en la clase.
Le hablas de tu tesis. Del profesor Rossi. De los compañeros de la facultad. Del trabajo en el Museo.
Me preguntas si te echo de menos.
Se despide diciendo que te transmitirá mis recuerdos, saludos y abrazos. Te recordará que no olvides comprarme el libro.
Me dices que me echas de menos, terriblemente.
Me dice que te echa de menos, ansiosamente.
Te despides enviando recuerdos, saludos y besos. Prometes no olvidarte del libro.
Yo digo que los tres necesitamos un polvo... y no necesariamente en Viena.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.