domingo, julio 19, 2009

Bloggeando


Como soy muy, pero que muy vaga. para según que cosas, pregunto aquí en lugar de buscarme la vida en la bloggosfera. ¿Alguien conoce alguna página donde se expongan trucos, atajos y ese tipo de cosas sobre Blogger? Quiero cambiar la apariencia del blog y soy analfabeta funcional cibernética. En concreto, cómo añadir más fuentes, subrayar, cambiar los títulos...



More than I can do


Hoy me he levantado con esta canción, no dejo de tararearla, del bad guy de la country music, el gran Steve Earle. Muestra de que mi gusto sigue siendo exquisito, y no dirán ustedes que es una canción "triste". Ahora sólo me queda tener a quién dedicársela.

'm trying hard to let you go
But it's more than I can do
And every day or two
I wind up right back where I started
I'm trying not to let you know
That I'm still in love with you
I can't just sit home blue
'Cause there ain't no rest for the brokenhearted

Just because you won't unlock your door
That don't mean you don't love me anymore
No matter what you do
Because you know it's more than I can do

You told me that I got to stop
But it's more than I can do
And that ain't nothing new
'Cause we both know that I'm crazy about you

You said you're gonna call the cops
But I ain't gonna run
Because you're the only one
There ain't no way I could live without you


You left me just when I needed you
So l ain't even close to through with you.





El interior del bosque


Me he levantado temprano, tal vez demasiado para estar en domingo, en una mañana gris, en estos días de verano del Norte que tanto me gustan. Me he sentado a desayunar en el jardín, al amparo de las piedras y el sauce terminando de leer "Tokio blues" de Murakami, un libro de esos que no debería leer, que me ponen más melancólica de lo que ya estoy, con todos esos personajes inestables y perdidos, avocados al suicidio. Pese a todo, me ha gustado.

- Watanabe, yo no soy muy inteligente, Soy una chica más bien tonta y chapada a la antigua. No me interesan ni los sistemas ni las responsabilidades. Me bastaría con casarme, que el hombre que amo me tomara entre sus brazos todas las noches, tener hijos. Lo único que deseo es esto.

¿Y saben lo que les digo? Yo también deseo eso. Me importa un carajo que suene tan políticamente incorrecto, que haya quien se sorprenda: "¿tú con niños, amantísima esposa y madre?, no, tú no eres de esas". Pero yo estoy dispuesta a ser lo que me de la realísima gana, aunque no lo parezca. Nunca lo parece. Incluso estoy dispuesta a ser feliz.

viernes, julio 17, 2009

Back in your arms



En mi adolescencia era la norma ir colgada de una carpeta forrada con las fotos más inverosímiles de tus ídolos. Frases y poemas, dedicatorias y trozos de canciones, decoraban el interior. Aquel soneto de Quevedo (polvo enamorado) ilustrando a un Jon Bon Jovi aún con melena o a los Hombres G causando estragos entre las nenas (los pelos como escarpias se me ponen aún al recordar el chantaje al que era sometido Toni Cantó, haciendo de sí mismo, en aquella atrocidad llamada “Sufre mamón”). Supongo imaginarán quién aparecía en mis fotos, muchas ya en blanco y negro, apuntaba maneras, entre versos de Benedetti y Neruda, siempre un paso por delante. Citas célebres y manidas, piropos venidos a menos entre corazones atravesados con flechas y dos nombres enlazados. Diálogos de película y una frase: “Te quiero no sólo por lo que eres sino por lo que yo soy cuando yo estoy contigo”, que a mí me parecía el colmo de la madurez y de lo que significaba hacerse adulta y amar.

Hoy por inciertos motivos la he recordado… porque le quiero, no por lo que es, sino por lo que yo soy, o era, cuando estoy a su lado. Porque le echo de menos sin echarle de menos, en realidad sólo añoro a la que era yo. Una mujer más fuerte, más serena, con risas y consejos, sin neurosis y gritos al aire, con deseos y confesiones, besos y saludos.

Y sé que no es justo, que no se lo merece… acercarme a su lado y decirle: “¿Sabes?, te echo de menos.” Nunca fue suficiente, pero las ganas de esta tarde de sábado de unos brazos en los que refugiarme escondiendo la mirada en el fondo de un vaso de ginebra son demasiado grandes como para evitar descolgar el teléfono…

miércoles, julio 15, 2009


Sé que aprenderé a hacer las cosas sola y cuando menos me lo espere estaré subida a esa Harley desde Chicago a Los Angeles. Sí, sé que era tu sueño y que yo te lo robé, se coló entre el pedacito de tu alma que traje en mi maleta. Puede que lo sienta, pero honey, the times are changing.




P.D. Alejandro Escovedo y su Real animal hoy han conseguido que me rindiera a sus pies.

martes, julio 14, 2009



Hoy he cogido papel y pluma, literalemente, y me he puesto a apuntar en una lista que cada vez se hacía más grande, todas las cosas que he dejado de hacer en lo que va de verano. Que he dejado de hacer por el hecho de estar sola, por no tener quien me acompañase, a quien llamar o a quien invitar. Me doy miedo a mí misma.

Joy of my life



Recuperando al gran John Fogerty, que estos días anda por España, para delirio de unos cuantos privilegiados. Debería fundar un grupo de autoayuda: Hola, soy Dae y me corroe la envidia por no haber ido a ver a Fogerty.

P.D. ¿Por qué tengo la sensación de que otros están viviendo la vida que a mí me corresponde?


lunes, julio 13, 2009

On the road

El 26 tocará en Bilbao, el 1 en Valladolid. Domingo y sábado respectivamente. Y yo sigo sin decidir qué hacer. Primero se liaron las cosas, cuando se arreglaron, "oficialmente" no había entradas. De nuevo salen a la venta. Lo tengo todo, o casi todo, en contra y lo fácil sería conformarme, escuchar las crónicas de los demás, por ejemplo de S. que irá a ambos conciertos, y esperar a la próxima vez. Pero lo fácil nunca me ha gustado y aunque aún no tengo claro ni cómo ni dónde al menos tengo que intentar algo.


domingo, julio 12, 2009

Don't get me wrong



Por supuesto, llegué tarde. Yo siempre llego tarde cuando no tengo que llegar tarde. El tráfico siempre es una buena excusa, mis escasas ganas de llegar a tiempo, no. Había reservado en algún sitio de la Plaza Mayor. Por favor, por favor, que no sea en el sitio de siempre, el de mis primeras citas, preludio de la fugacidad del futuro. No hubo suerte. Espero que te guste el sitio. Cómo decirte, cómo contarte. Ellos nos esperan tras la cena. Hemos quedado aquí. Una Guinness, se aleja la camarera, miro al fondo y allí, pero no, no me ha visto, no me han visto. Me levanto a saludar, cuanto tiempo. Exactamente un año, también en plena Semana Negra, yo medio dije, él asintió, ya lo imaginaba; luego nos fuimos a Barcelona. Apuran sus respectivas cervezas y se levantan para irse, la mano a modo de despedida. Quién era. Pues, no lo sé, aún no lo sé y hoy estoy más alejada que nunca de saberlo.


sábado, julio 11, 2009

¿Hay algo peor a que se te caiga el bote de esmalte rojo haciéndose añicos encima del parquet? Tal vez llegar tarde a una cita y yo ya llego, pero es que tengo que contarlo, hoy me han invitado a cenar, y paga él... Gijón, Semana Negra y una noche que espero sea muy larga...



jueves, julio 09, 2009

True blood (Sangre fresca)



Quiero hablar de True blood, pero necesito no sentirme tan incomprendida...

De momento les dejo con los mejores créditos que he visto en tv desde Dexter.

P.D. ¿Puede considerarse que un blog ha cumplido su mayoría de edad cuando fusilan tus textos sin piedad y se apropian de ellos sin nombrarte? ¿O cuándo te invitan a una cerveza?...

En ocasiones compro en Dia. Sí, esos establecimientos llamados de descuento donde nada parece estar en su lugar, con precios ridículos, acordes con la calidad de sus productos y en general un aspecto de dejadez y de supermercado de barrio bajo que deja bastante que desear. Soy una cutre, lo confieso, pero en mi descargo diré que es lo único que me pilla de camino cuando vuelvo a casa al salir del trabajo y que pese a todas sus carencias tiene aparcamiento.

Al fin y al cabo ustedes no me conocen y semejante confesión no puede afectar demasiado a la ya maltrecha imagen que se tenga de mí. En todo caso esa ya la arruiné una vez en un fin de semana madrileño, por Ventas, no me pregunten que hacía allí a una incierta hora de la mañana, cuando por también inciertos motivos, arrastré a quien me acompañaba a un Dia cercano para comprar algo que ya he olvidado. Y es que, qué se puede esperar de alguien que compra en Dia.

Todo esto viene a cuento porque hace unos días hice un descubrimiento en la sección de congelados que ha imcrementado mi relación de amor-odio hacia Dia. Unos brownie (de chocolate, ¿sería redundante?, imagino). 40 segundos al microondas y la desconfianza ante lo desconocido. Prueba superada con éxito y una adicción más para incrementar la larga lista de las ya existentes.

Y ahora es cuando hablo de True blood... Hay placeres culpables, los brownies son un buen ejemplo, otro sería esa televisión que me roba el sueño, me priva de tiempo y a cambio me da unas alas que me llevan lejos, sin que yo haya llegado a entender por qué.

Primero fue Gossip girl, una serie de la que como dijo alguien, no se esperaba nada ofreciendo exactamente eso, por lo que se condenaba a no defraudar. Crónica de una panda de adolescentes pijos del Upper East Side neoyorquino, tan irreprochablemente impecable pese a su banalidad, que en ningún caso trata de ocultar, que es difícil no caer en su redes. Superficialidad y enredos varios a partes iguales y la mejor pareja de bad guys que ha dado la televisión en mucho tiempo como contrapunto a la insoportable, soporífera y noña parejita-protagonista feliz, la petarda de Serena Van der Woodsen (de la que lo único que se salva es su nombre y su pelo) y su novio (el hijo de ex-rockero pasado de moda en plena crisis de los 40, abandonado por su mujer con ínfulas de artista plástica y ex-amante de su consuegra, cuando ésta aún no se había divorciado tres veces ni poseía tan ilustre apellido). Estoy hablando, obviamente, de Blair Waldorf y Chuck Bass, lo mejor de los malos malísimos televisivos desde mi añorada Angela Channing y argumento más que suficiente para engancharse sin remedio a ella.

Luego llegaría la adicción definitiva, True blood. Tras el primer capítulo juré que no volvería a verla, lo mismo me dije tras el segundo cuando decidí que no soportaba a Jason Stackhouse, un tipo tan penoso. Tras el tercero mis odios se dirigían hacia Tara, absolutamente insufrible y así sucesivamente con el resto de personajes, la madre alcohólica y beata a partes iguales o la falsa santera-farmacéutica, la mentora de Tara, la propia Sookie Stackhouse con esa sonrisa partida de bobalicona perdida, Bill Compton con su mirada extraviada cuando quiere poner cara de malo y/o atormentado, la hippie-chic novia de Jason o Eric, tan poco creíble como vampiro mandamás, demasiado guapo, recuerda a aquel modelo escandinavo, Markus no sé qué, pero en rubio. Pero todo fue inútil, me tragué capítulo tras capítulo y ni siquiera el secreto mejor guardado de Sam, no se puede ser más plano, consiguió hacerme renunciar, más bien al contrario, ese giro tan ¿inesperado? me hizo aceptar la realidad, soy adicta a True Blood, pese a todo y pese a todos o precisamente por eso. Cómo resisitirse a esa mezcla tan imposible de géneros, crónica vampírica, concienciación en busca de la igualdad e integración, soft porno, comedia surrealista y negra, drama social, gore y género políciaco ambientado en un pueblo del profundo Sur de los States lleno de paletos que no prenteden ocultar que lo son. Es tan delirante y ridícula, tan sin complejos, que me rindo a sus pies.

Cuando terminó la primera temporada es cierto que titubeé. ¿Lafayette muerto?. Ya saben, peón caminero de día, cocinero de bar cutre de tarde y chapero y narcotraficante de noche. Adicto al sexo y a casi todas las sustancias. Gay amanerado y sin complejos. Y sin duda el mejor, tal vez el único, personaje que da la talla. Afortunadamente no sucumbí a mis impulsos.




"- ¿Cuando empezó a comprarse vestidos?
- Cuando tuve mi propio dinero
- ¿Sí? ¿muy joven?
- No, siempre."

Carmen Lomana, esa mujer.

Yo de mayor quiero ser como ella.


Cicatrices


La más evidente es la que tengo en el dorso de mi mano derecha, pese a que sufre cierta tendencia a difuminarse y quién sabe si al cabo de los años, muchos, no llegue a quedar rastro de ella. Fue precedida por una bronca monumental por parte de la enfermera del centro de salud de turno, por no acudir hasta pasados varios días, cuando me percaté de que todo el rosario de remedios caseros contra las quemaduras, también caseras, eran poco eficaces. Hubo que dar explicaciones ante la desconfianza con que fue formulada la pregunta, "quién o qué te hizo eso", pueden imaginarse ustedes el aspecto de mi mano.Tener que explicarle que estaba haciendo un flan, no recuerdo para quién, si cocino es que es para alguien, nunca para mí misma, al menos no exclusivamente, y que la técnica de convertir el azúcar en caramelo se me resistió.

También bastante visible, al menos si se me presta atención, es una pequeña marca en mi frente. No recuerdo su origen y nadie, ni mis padres ni mis hermanas mayores saben decirme cómo o dónde o fruto de qué caída o accidente, o desde cuando está ahí.

En una de mis rodillas, no sabría decir con exactitud en estos momentos si en la izquierda o en la derecha, queda un vestigio de una de mis muchas caídas en una infancia montada en bicicleta. Casi imperceptible, sólo cuando me pongo razonablemente morena se aprecia, pero eso hace años que no ocurre, renuncié voluntariamente a ser posible candidata a desarrollar un melanoma hace tiempo.

Tres, por el momento, un número impar de cicatrices, de las aparentes, de las que se aprecian a simple vista. Luego están las otras, las de un alma que funciona a medio gas, las de un corazón curado a base de remiendos, siempre en venta. Menos de las que son. Una fragilidad tan sólo aparente, la mejor defensa no es un buen ataque, es simplemente evitar el enfrentamiento, esconderse, huir, la cobardía como estandarte, la renuncia y el devenir del tiempo que irremediablemente ya nunca podrá ser vivido ni recuperado.

No, no presento heridas y apenas cicatrices en el alma, simplemente paso los días anestesiada, no siento, no padezco. No vivo.


martes, julio 07, 2009

Esta ye la mio señardá



No puede evitar preguntarse qué sentido tiene exponer la intimidad aquí, en un blog, a la vista de casi cualquiera; en el supuesto de que lo hiciera, de que todo lo que contara fuera cierto, íntimo y privado. Y bien, sí, lo es, cierto, pero no se trata de mi intimidad. Puede que nuestro concepto sobre esa palabra difiera y lo que para él es privado para mí no tenga valor.

Para mí no es íntimo contar con quién me acuesto o quién me hace estremecer, la música que me gusta o los libros que leo, la televisión que me hace perder el tiempo o el tiempo que pierdo rememorando un pasado que ya tuvo lugar. Iniciales y lugares que en el mejor de los casos siguen latiendo o que nunca volveré a nombrar o pisar. Poco importa que cuente que ayer he llorado, que mi actual jefe es bien chingón o que simplemente estoy sola y que tengo hipotiroidismo, que mi pelo no es largo ni corto, que mido por encima de la media o que ya no recibo flores, busco piso y calzo un 39, ya me fui de vacaciones en Junio, carretera y manta enfundada en unas Hunter por la campiña inglesa y los acantilados de Cornwall, que cultivo un jardín aunque mi sueño de ver crecer los rododendros (ya saben, anoche soñé que volvía a Manderley) se tiene que conformar con geranios en el balcón; porque nunca he hablado de mi miedo, y desde luego nunca he hablado de ti.



martes, junio 30, 2009

Reconocimiento



Tú haces el silencio de las lilas que aletean
en mi tragedia del viento en el corazón.
Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
en donde naufragios y muertes
son pretextos de ceremonias adorables.

Alejandra Pizarnik


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