viernes, enero 16, 2009
jueves, enero 15, 2009
Pasadizos de sombras
Nunca me creí capaz de romperle el corazón a nadie. Pese a que lo hice, no una, sino varias. Sin anestesia ni arrepentimientos. C'est la vie, que diría aquél. Siempre fui más rápida y el que golpea primero lo hace dos veces.
No he pedido perdón, no he rectificado ni enviado flores o palmadas rindiéndome ante las evidencias. No, nunca, al menos nunca hasta ahora. No antes de ti.
Ahora me siento perdida y podría decir la cursilada de que tu dolor es el mío. Pero no, debo asumir el papel de mala de ésta, nuestra película, sobre la que ya han caído los títulos de crédito. Siempre tuviste razón cuando decías que mis pretensiones de emular a Audrey Herpburn eran en vano, que a mí me iban más las pelis de cine negro con mujeres fatal, Lauren Bacall siempre como referencia aunque nunca haya aprendido a silbar.
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miércoles, enero 14, 2009
The last carnival
My wrists waiting for your wrists
Two daredevils high upon the wall of death
He throws the knife, it lands inches from my head"
Siempre lo he clasificado como potencial y no probable, y ahora que creo que me he convertido de nuevo en mujer blanca soltera busca, especialmente.
Esta mañana era una de esas en las que le hubiera pedido al mundo que siguiera girando pero antes se parase y me dejara bajar. Debí pedirlo con muy poca convicción porque a las ocho estaba puntualmente en mi trabajo como todos los días enfrentándome al cinismo de mi jefe que por momentos alcanza cotas insospechadas cuando aparece él con sus buenos días y los comentarios de rigor acerca del frío y la helada. Como el hablar de nada o lo que es lo mismo del tiempo, es un arte que se me escapa, delego en La otra y murmuro buenos días mientras me deshago del abrigo y los guantes y desenrrollo la bufanda y ordeno los papeles y contesto al teléfono que ya ha comenzado a sonar y mientras me llega una voz al otro lado a la que no presto atención me doy cuenta de lo guapo que está esta mañana y que se ha cortado el pelo aunque lo siga teniendo más largo que yo y haya quien sentado y por la espalda lo haya confundido con una chica.
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El Jefe ha vuelto
P.D. 1 Lo de arriba es "The wrestler", de la banda sonora de la película del mismo título. Pequeña gran joya por la que ganó el Globo de oro y sin duda ganará el Oscar. La vuelta de Mickey Rourke al cine.
P.D. 2 Escuchando "Tomorrow never knows"... el mismísimo Johnny Cash revivido. Lástima que se haga corta.
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domingo, enero 11, 2009
No digas que no
1. ¿Eres hombre o mujer?: Just like a woman (B. Dylan)
2. Descríbete: Brown eyed girl (Van Morrison)
3. ¿Que dicen las personas de ti?:
4. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?: You can sleep while I drive (Melissa Etheridge)
5. Describe tu actual relación: I hope I don't fall in love with you (T. Waits)
6. ¿Dónde quisieras estar ahora?: En un mundo raro (José Alfredo Jiménez)
7. ¿Cómo eres respecto al amor?: Tougher than the rest (B. Springsteen)
8. ¿Cómo es tu vida? Dulce introducción al caos (Extremoduro)
9. Que es lo que más necesitas: Amor de hombre (Mocedades)... rectifico, Les bonbons (J. Brel)
10. A qué le tienes temor: Tristeza nao tem fin, felicidade sim (A. C. Jobim)
11. Una frase sabia: Tomorrow never knows (B. Springsteen)
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sábado, enero 10, 2009
El premio de los Dioses
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viernes, enero 09, 2009
Causa y efecto
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Lapido
Confesaré pese a todo y a que su último disco, Cartografía, me parezca soberbio, que la canción que más me gusta "En el ángulo muerto" la prefiero cantada por Mike Ríos (juraré no haber dicho esto
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Largo de contar
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sábado, enero 03, 2009
Living in the future
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miércoles, diciembre 31, 2008
Un nuevo fin
Yo no soy de esa opinión. Encuentro tremendamente inquietante el último día del año y suelo refugiarme en casa nada más dan las 12. Cumplo con el rito de comer religiosamente las 12 uvas, nunca consigo llevar el ritmo de las campanadas y mientras la gente a mi alrededor brinda y se felicita el nuevo año yo sigo tranquilamente haciéndome cargo del buen número de uvas que aún quedan en mis manos.
Será que se impone mi sentido trágico de la vida, pero en lugar de pensar que esa noche supone el inicio de un nuevo año lleno de las posibilidades que queramos tener, sólo puedo pensar que seré un año más vieja, que todo, probablemente, seguirá igual y me entra una profunda melancolía que se disipa con las primeras luces del día de año nuevo. Me deprimen tremendamente las celebraciones de turno, esa falsa alegría con la que todos parecen festejar, esos absurdos mensajes llenos de deseos improbables que colapsan el móvil y muy especialmente las indumentarias con las que ellas y ellos hacen gala. Las lentejuelas, los brillos, los dorados, los generosos escotes e imposibles tacones, las corbatas y trajes con los que los aún adolescentes se disfrazan y que les sientan peor que a un santo unas pistolas, si exceptuamos obviamente a mi bendito Malverde.
En todo caso y aunque yo no lo disfrute le deseo al lector una feliz entrada y salida de año (cómo me ha gustado siempre esta frase) y un año, cuando menos, lleno de dignidad. Por mi parte y tras las 12 uvas y sus correspondientes campanadas acompañada de un par de botellas de champagne (no cava, y rosado a ser posible), mazapán de Toledo (una tiene sus debilidades) y cierto número de películas, entre 3 y 5, me monto un maratón cinematográfico. El año pasado le fui infiel al ritual, por estar en tierras extrañas y tener que adaparme a las costumbres locales, pero el anterior me tragué todas seguidas y ya no recuerdo el orden: Ser o no ser, El fantasma y la Sra. Muir, Mogambo y Sed de mal (sé que está fue la última porque me quedé dormida a mitad de la película, muy fuerte ver a Marlene Dietrich haciendo de mexicana). Para este año aún no tengo perfilada la cartelera, dudo en sustituir las películas por un maratón de Los Soprano, pero me apetece ver Centauros del desierto, tal vez Desde Rusia con amor (ver a Pedro Armendáriz al lado de Sean Connery no tiene precio, y no digamos a Lotte Lenya la malvada Rosa Klebb, merecedora sin duda de un post dedicado si yo tuviese más ingenio y talento), tal vez una peli de safaris, agradecería si alguien me recomendase alguna (clásica), y que no fuese Las minas del Rey Salomón (el sosainas de Stewart Granger me da mucha pereza).
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sábado, diciembre 27, 2008
A una ilustre desconocida
Cuando vivía fuera de España una de las situaciones que más pudor me producía tenía lugar a la hora de comprar ropa cuando me dirigía con ella a los probadores. Por una razón que nunca llegué a comprender y a diferencia de las tiendas comunes y corrientes que yo frecuento los cubículos utilizados como probadores no tenían espejo y una tenía que salir a una especie de vestíbulo en el mejor de los casos o de simple pasillo en el resto para poder mirarse en uno. Fue entonces cuando adquirí la costumbre de comprarme la ropa sin probarla, ya la devolvería en el caso de que no me sirviera y/o convenciera. Costumbre que por cierto resulta muy útil en época de rebajas. Te llevas todo lo que puede gustarte sin aguantar colas y sin riesgo de quedarte sin tu supuesta talla entre tanto entrar y salir del probador. He de decir que he importado esta forma de actuar con gran éxito.
Hablaba de pudor que me produce no tanto verme ante un espejo dando vueltas y decidiendo si la falda es demasiado larga (o corta) o si realmente necesito esos pantalones, como ver a los demás en la misma circunstancia. Y sin poder opinar, que es lo que más me cuesta. Por qué cómo quedarse callada ante una pareja de amigas de las cuales una asiente mientras la otra embutida en unos pitillo dos tallas menores a la que realmente necesita proclama un “¿me sientan bien, no?”.
Si a esa pareja, porque siempre es una pareja (una madre y una hija, un par de amigas, muy de cuando en cuando un trío) la trasladamos de los probadores a los baños públicos de una biblioteca, también pública, a los que una entra entra con urgencia y cargada de libros, mi coeficiente de pudor, especialmente el ajeno, se dispara.
Supongo que la mayoría pensará que es altamente improbable que alguien utilice los baños de la biblioteca municipal como vestidor, pero les aseguro que en Oviedo, los jueves por la mañana y en los baños de la planta baja de la Biblioteca de Asturias situada en la Plaza del Fontán (y en su ubicación radica precisamente el motivo de tal invasión) ocurre y hay auténticas colas. En los femeninos al menos. En los de hombre, lo desconozco, no los frecuento (al menos no en ese lugar ni a esas horas).
Curada de espantos me creía yo respecto a lo que se podía encontrar una en esos baños cuando esta mañana después de más de media hora dando vueltas por sus pasillos y salir cargada de libros, ninguno de ellos el que había ido a buscar, decidí entre la urgencia y las prisas entrar en el baño camino de la salida. Estaba completamente vacío cuando entré y cuando me dispongo a salir me encuentro con que ha entrado alguien, una mujer, que con todos los grifos de agua abiertos se dispone a lavarse, o algo parecido, y para ello no ha dudado, en un tiempo record, en desnudarse por completo.
Ante mi asombro la tipa tararea una canción mientras va dando saltitos, ¿debido al frío?, y se enjabona a la inglesa con toda su ropa hecha un ovillo en el suelo. No puedo maravillarme de la prisa que se ha dado en desnudarse, pues tuvo que entrar detrás de mí y apenas habían pasado un par de minutos.
Yo me quedo parada sin saber si volver a entrar en el retrete o salir, pero dado que el espacio es muy pequeño si ella no se aparta tomar la salida es imposible. De pronto repara en mi presencia y me reclama un cigarrillo. Le digo que no fumo y ella suspira mientras murmura tampoco un mechero por tanto. Me hace un gesto, que espere viene a decir, mientras termina de lavarse o lo qué esté haciendo. Me apoyo pacientemente en la pared sin saber hacia donde mirar y de pronto alguien comienza a aporrear la puerta. Parece ser es el guardia de seguridad o algo así, le reclama que salga, y ella impasible sigue con sus saltitos hasta que a modo de respuesta le grita a través de la puerta: "Despacio, que la están peinando". Yo no puedo contener ya no la risa, sino las carcajadas. Aunque me corto enseguida, no vaya a ofenderse. Pero nada más lejos de la realidad, pues me mira y por momentos parece recuperar la cordura, si es que en algún momento la perdió, me sonríe, se coloca detrás de la puerta y me indica la salida mientras me dice que mejor salga, no vaya a meterme en un lio.
Con una mano abro la puerta, con la otra hago equilibrios con los libros y el bolso y me encaro con un buen montón de gente que me mira con cara asombrada mientras un tipo vestido de gris me agarra del brazo. Con mi pose más digna le doy los buenos días, me zafo de su mano y me dirijo a la salida entre los cuchicheos y murmullos de los presentes mientras el tipo de la seguridad consciente de su error vuelve a aporrear la puerta.
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miércoles, diciembre 24, 2008
Las cosas se pueden decir de tantas formas diferentes... Las mismas palabras acompañadas de una sonrisa, de un gesto de despreocupación, de unas manos que se tienden nunca resultan ser iguales. Y aunque lo sé a la perfección y pongo todo mi empeño en ello siempre elijo el gesto equivocado pese a que mis palabras sean las acertadas.
Tenía un buen puñado de frases en el bolsillo. Las adecuadas, las que todos queríamos escuchar. Había ensayado sonrisas, gestos y hasta la entonación en el espejo, arrastrando las “s”. Cumplí con el papel asignado. Es lo que tenemos las chicas tímidas, nos preparamos a fondo cuando tenemos que dar la cara para no defraudar(nos).
Lo demás, lo que callaste… lo que nunca llegaré a escuchar se me antoja sería algo parecido a lo que cantaba Herbert Grönemeyer, y prefiero quedarme con esas palabras y sustituir tu voz por la suya, al fin y al cabo la nieve acaba borrando todas las huellas y me han dicho que no para de nevar desde hace días.
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viernes, diciembre 19, 2008
Pese a todo

Tú no lo sabes. Probablemente no lo llegues a saber nunca. No por mi parte. Iba a llamarte yo. Dígase con el convencimiento con que una pronuncia la frase que el otro quiere escuchar. Nada más lejos de la realidad. Pensé en hacerlo, durante breves instantes. Descarté la idea. Te borré de la lista prioritaria de llamadas de felicitación navideña y te coloqué en la cara B, los que reciben un triste mensaje telefónico (si tengo espíritu, un email, no lo tuve, evidentemente). Pero llamaste tú. Y me alegré de ello aunque yo no lo hiciera. Me reconcilió contigo. Me alegro, mucho, por ti. Meses repitiendo la frase con escasa convicción y demasiada osadía. Me alegraba, me alegro, cierto, pero no del todo porque aunque pretendiera ser sincera no lo era. Irremediablemente. Sin poder evitarlo. Y bien sabe ese Dios al que algunos le rezan que si alguien se merece todo lo bueno que a uno le pueda pasar ésa eres tú.
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jueves, diciembre 18, 2008
Tras las ventanas
Sin saber qué decir con una medio sonrisa más que cercana a la mueca. Los abrazos no acompañan en el sentimiento, no digamos los dos besos de rigor (uno por mejilla). Las frases son vacías mientras unos reciben mensajes, el irritante pitido de los sms, el teléfono que no deja de sonar desde un bolso de Loewe abandonado encima de una mesa y que nadie reclama. No hay coches para todos, la necesidad de llamar a un taxi se pierde entre los saludos. Tanto tiempo sin verte. Te has cortado el pelo. Cuándo has llegado de allá. Quién recoge a quién en el aeropuerto. Haré todo lo posible por ahorrarle el trago. Y tú cuándo vuelves. El lunes seguro tendrás que trabajar. Llega esta noche de Roma, el resto, conducen, todos, desde Madrid. Un email desde la distancia es demasiado impersonal. Haz el favor de llamar por teléfono. A mí me nombra, me sorprende. Tiene mal aspecto. Estoy hablando por hablar y es que aún no me lo creo. Ya la conoces, trabajamos juntas. No llegamos a coincidir, él se jubiló el año anterior. Éramos vecinos. Tienes que pensar en positivo. Ya sabes, para lo que quieras. Una corona decía… te quisimos siempre, no te olvidaremos nunca.
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