lunes, junio 09, 2008

Remedio para melancólicos


"All you have to do is take your clothes off "

Frank O´Hara



Cuando me veas deprimido, ansioso, malhumorado,
todo lo que tienes que hacer es quitarte la ropa,
y entonces brilla el sol y se revela el secreto:
que somos carne y respiramos y estamos
cerca el uno del otro.

Tu desnudez me vuelve invulnerable.
La lógica podrida, el corazón
borroso, gangrenadas tardes se curan
con la simetría perfecta de tus brazos y piernas.

Extendidos forman un círculo eterno, sendas
hacia una playa sola, la rúbrica de un Dios.
Todo lo que no eres tú, todo lo que no soy yo
deja de tener importancia: el dolor,
el sin sentimiento, el asco, son nimiedades
que nada tienen que ver con la vida.

Cuando me veas agonizante, quítate la ropa.
Aunque estuviera muerto resucitaría.

Jose Luis García Martín

domingo, junio 08, 2008

La mataré



Desconozco por qué siempre me gustó esta canción, que a día de hoy sería considerada políticamente incorrecta y probablemente condenada aludiendo a la tan traída y llevada violencia de género. Dicen que los viejos rockeros nunca mueren y a Loquillo, pese a todo y sin trogloditas, actitud nunca le ha faltado

miércoles, junio 04, 2008

Mad men




"Ese amor del que hablas lo inventamos hombres como yo para vender medias"

Mad men


Hace tiempo que me declaré públicamente serieadicta, de las series made in U.S.A., eso es obvio pese a la huelga de guionistas pasada que nos dejó con las temporadas a medias y las tramas cayendo en picado. No veo la televisión habitualmente y es cierto, pese a la incredulidad de cierta persona, que la tengo guardada en un armario, aunque también es cierto y en honor a la verdad, que de cuando en cuando abro las puertas del armario y a la hora de la siesta me meto en vena unos cuantos minutos de SLQH (Sé lo que hicisteis, para los profanos programa que se emite en La Sexta en torno a las cuatro de la tarde).

Estaría a favor de pedir una moratoria a las cadenas y productoras para que durante una buena temporada dejaran de crear y/o emitir nuevas series, de ésas que te enganchan desde el episodio piloto. Como sigan a este ritmo debería dedicar las 24 horas del día para satisfacer mis instintos televisivos y no estoy dispuesta a ello, al menos de momento.

Mis ruegos y rezos varios en la misa dominical no han obtenido respuesta y al innumerable número de series a las que estoy literalmente enganchada ya se han sumado otras dos y las que se avecinan porque cuando andaba yo perdida y nunca mejor dicho con la cuarta temporada de Lost (Perdidos), tanto que seriamente me planteo quitarme, llega Glenn Close haciendo de mala, malísima, casi diabólica, superando Atracción fatal, en Damages (Daños y perjuicios). Un lujazo de actriz para una serie que te deja pegada a la pantalla, pero nada comparado con el efecto que produce Mad men.

Seguro que todos recordamos esa cursi e inocentona guerra de sexos que libraban Rock Hudson y Doris Day en Pijama para dos, No me mandes flores o Confidencias a medianoche. E igual que en Pijama para dos Mad men se ambienta en el mundo de la publicidad del Nueva York allá por los 60 donde los creativos, los llamados mad men, comienzan a enfrentarse al más difícil todavía "el tabaco mata" y el American way of life comienza a hacer aguas.

El parecido que puedan tener se acaba ahí, en la ambientación y el cuidado vestuario porque Mad men es absoluta y deliciosamente políticamente incorrecta. Si llegara a emitirse en una cadena generalista, algo altamente improbable, allí se prefiere el producto nacional, y no por patrio, sino por burdo y facilón, seguro lloverían las demandas y las acusaciones de insalubre (el humo ciega los ojos de quien ve la serie, todo el mundo fuma en todo momento y y lugar, véase a la paciente y a su ginecólogo en plena consulta), machista (hay chica nueva en la oficina y la veterana secretaria le enseña su herramienta de trabajo, una máquina de escribir mientras le dice: "Que no te abrume tanta tecnología, la han diseñado para que pueda utilizarla una mujer") y sexista, que supongo viene a ser lo mismo que lo anterior (en la consulta del ginecólogo que no suelta el cigarro ni para hacer la exploración mientras le receta los anticonceptivos: "Cuesta once dólares, pero no te conviertas en una puta para amortizarlo"). Ejemplos tampoco faltan de racismo, antisemitismo o acoso laboral planteados con la más absoluta normalidad entre camisas blancas perfectamente almidonadas, pin ups venidas a menos y el omnipresente humo del tabaco y es que en Mad men se fuma con la elegancia que ya sólo se ve en las películas que ya no se hacen.



martes, junio 03, 2008

Tendiendo puentes para huir (de mí misma)


El día que decida tomarme en serio... ese día, tal vez tenga que llegar ahora, aunque no llame a mi puerta. La duda que me corroe es si ahora o nunca. Cantaba Jorge Drexler... en tren con destino errado se va más lento que andando a pie. Pero en fin, todo llegará... o no. Y hoy no tengo ganas de pensar. Tal vez mañana.

Vincent spanish

lunes, junio 02, 2008

Casualidades



"Tell me what you find when you read my mind"

Read my mind - The killers


Me contaba un amigo, al que mantendré en el anonimato para proteger su integridad, una historia acerca de un ilustre y desconocido lector, a la par que fan declarado de ésta, mi persona. Sé que a él le encantaría que hablase aquí de ello, pero para proteger la mía, mi integridad, digo, de momento mantendré esa historia en la nevera por si se le ocurre regresar.

Al hilo de todo eso recordé un correo que recibí meses atrás y que en uno de mis torpes intentos por liberar mi cuenta de correo basura eliminé sin querer, sin posibilidad de recuperarlo, una vez leído pero no contestado. Lo firmaba un ilustre desconocido con una simple inicial que no supe asociar a ningún nombre conocido. A pesar de eso no parecía serle mi persona completamente ajena pues aseguraba que por casualidad o alevosía, vaya usted a saber, había llegado hasta mi blog y leyendo había llegado a la no sabía si acertada conclusión de que yo era yo. Y "yo" era alguien a la que tres años atrás había perdido la pista además de mi teléfono. Incluso conocía mi nombre de pila y daba datos bastante fiables acerca de mi vida. Sin duda me conocía, me había conocido o me conoce. No daba datos acerca de él, al margen de su inicial creo recordar que interpreté que pertenecía al género masculino. Borré el email sin darme cuenta y olvidé el asunto.

Cuando Oscar, uy, digo, mi anónimo amigo, me contó esa historia incontable, lo recordé. Debo confesar que me asusta la fragilidad de mi memoria y que sea incapaz tan siquiera de recordar quién era yo hace tres años, como para recordar al ilustre desconocido de inferida inicial que incluso tenía mi teléfono, o eso dice él.

Esto, evidentemente, es un llamamiento al desconocido, que si sigue por ahí, al otro lado, en algún lugar, se de a conocer. Prometo no borrar el correo esta vez e incluso contestar.

La otra historia, para cuando recabe cierta información y confirme mis sospechas.

domingo, junio 01, 2008

Escondiéndose



"There's a ghost on the horizon
When I go to bed
How can I fall asleep at night
How will I rest my head"

Hope there's someone -Anthony and the Johnsons

-"¿De qué tienes miedo?"...

Esas fueron las primeras palabras que pronunció tras mi discurso de más de diez minutos que escuchó pacientemente, fingiendo un interés que probablemente no sentía. Esta vez me tocaba a mí ser escuchada, por primera vez en mucho tiempo no era él quién tenía algo (digno) que contar.

Yo no tengo miedo, nunca he tenido miedo. Asiente. Por supuesto, por supuesto... esa mezcla entre curiosidad y atracción hacia lo desconocido siempre ha sido muy tuya. Inconsciencia, murmuro. También, pero no suficiente, y ahora, de qué tienes miedo.


sábado, mayo 24, 2008

Dexter



De Dexter no sé si me gusta más la serie o su entrada...

Sin título




Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar

-son cosas de la vida-.

Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable
y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.

Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras

-son cosas de la vida-.

Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.

Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.

Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.

Aurelio González Ovies en La hora de las gaviotas


P.D. He recordado hoy a González Ovies tras leer su alegato en defensa y apoyo al innombrable Consejero. Siempre me emociona leer este poema. Sentimental que es una.

viernes, mayo 23, 2008

El mundo tras el cristal


25 años después estoy escuchando a La Guardia. Al menos eso dicen ellos, que 25 años no son nada, pero a mí no me salen las cuentas. Hace 25 años yo apenas levantaba dos palmos del suelo y me da a mí la impresión de que aquello de "mil calles llevan hacia ti y no sé cuál he de seguir" lo canté con algunos años más.

Intento recordar quién (y cómo) era yo entonces. No lo consigo. He debido esforzarme mucho en borrar todo rastro de lo que un día llegué a ser.

"Cartas en el cajón y ninguna es de amor,
nunca un príncipe azul por tu vida pasó..."

El mundo tras el cristal... 25 años después me entero de cómo se titulaba aquella canción.

jueves, mayo 22, 2008

Rufus Wainwright

Otra edad





Nos cruzábamos siempre al más puro estilo de Oliverio y la Maga. Sin cita previa y fingiendo una casualidad que no era tal, a mediodía en Suárez de la Riva, saliendo él de Presidencia y viniendo yo del Fontán. Durante muchos días que se nos antojaban iguales nos refugiábamos en alguna sidrería de Trascorrales ajenos al mundo e incluso a nuestras propias vidas.

Cuando dejamos de tener algo que decirnos, y eso no tardo en llegar, cada uno se fue por su camino. Sin mirar atrás, no fuera a convertirme en estatua de sal.

En contadas ocasiones volvimos a vernos. Tal vez de forma inconsciente o con todas las consecuencias cambiamos nuestras rutinas y calles para no encontrarnos. Más de una vez fingimos no vernos o nos saludamos de lejos con miradas veladas y sonrisas cómplices mientras nuestras respectivas compañías se mantenían al margen. Un buen día desaparecieron las huellas y los recuerdos. La lluvia borró nuestros pasos por las calles de Oviedo. Dejamos de existir.

No me costó reconocerlo avanzando frente a mí, la cara hundida en uno de esos periódicos que reparten gratuitamente mañana a mañana en casi todas las esquinas. Caminaba despacio por Uría, dejando resbalar el tiempo a su alrededor, mientras yo salía de Milicias apurando el paso para evitar la tentación del chocolate, sonriendo ante la ociosidad de un turista que estudiaba detenidamente la estatua del señor Allen.

Mi primera intención fue pasar de largo. Fingir que no veía lo que veía. Cruzar la calle. Pero un impulso me detuvo. Pasó a mi lado sin mirar y cuando ya me había rebasado le llamé. Cuando me di cuenta que nada tenía que decirle ya era tarde y girándose asomaba su mirada expectante por encima del periódico ante el reclamo de su nombre de pila en la voz de una desconocida.

No faltó el "cuánto tiempo" ni un sin fin de preguntas que ninguno de los dos teníamos demasiadas ganas de responder, las excusas y las disculpas por la prisa, la promesa de un café un día de estos y los recuerdos para mi Jefe y para el otro, de su parte, mientras yo descubría que él sabía de mí lo que yo no sabía de él. No sólo sabía cuál era mi actual puesto sino que le unía una cordial amistad con esos dos, fruto de muchos años en, digamos, intereses y ocupaciones comunes. Cuando les transmití sus saludos no dejaron de alabarle: su integridad, su honestidad, su decencia. Calificativos que yo nunca hubiera usado para describirle.

Días después, cuando comenzó a salir en el periódico y las noticias de la autonómica como firme defensor del oprimido no pude evitar pensar lo poco que había llegado a conocerlo yo y lo poco que habían llegado a conocerlos ellos. Al margen que parecería condición sine qua non para alcanzar cierto puesto de responsabilidad en ésta, nuestra administración, haber pasado por mi cama, o yo por la suya (el orden no altera el resultado).

Fue entonces cuando sin pedir permiso, a traición, sin premeditación y alevosía la desconfianza llamó a mi puerta. Hasta qué punto conocemos a quién creemos conocer. Qué se yo realmente de él y de su vida. Aunque en realidad y es lo más probable, ya ni me importe.

martes, mayo 20, 2008

Crónica de un día cualquiera

La verguenza es un sentimiento revolucionario.

Karl Marx



Es habitual que las adolescentes y no tan adolescentes sueñen y suspiren con actores, cantantes y futbolistas. Los sueños de una amiga los protagonizan toreros de todo pelaje, nunca he sabido ni he querido preguntar el motivo, intuyo que mejor así. Otras en cambio hacen protagonistas a sus vecinos del cuarto, a sus jefes o profesores, al desconocido con el que comparten barra y café por las mañanas o asiento en el metro o autobús. A una conocida le pone su gay compañero de trabajo, a otra George Clooney y Marlon Brando en camiseta (comparto estas dos últimas debilidades). Conocía a alguien que encontraba tremendamente sexy a Santiago Belloch, el de las profundas ojeras, que fue ministro y luego alcalde de Zaragoza, no sé si sigue en el cargo. Era de las mías porque a mí, aunque nadie lo comprenda y comparta, ni falta que hace, los políticos o ciertos políticos para ser exacta me gustan. En realidad el número es de ellos es bastante reducido y últimamente me planteaba seriamente ampliarlo incluyendo a cierto ex-pretendiente de una de mis hermanas que ha acabado de diputado en las Cortes tras las últimas elecciones generales pero como las pulsiones que motivaban esa decisión eran más racionales que hormonales no llegó a buen puerto la idea.


Y todo esto viene a cuento porque recientemente y en mi peor momento, es el tipo de cosas que siempre me pasan a mí, porca miseria, uno de estos, mis sex-symbols particulares, hizo acto de presencia y yo con el pelo mojado.


De cuando en cuando a una le da por travestirse de pija y elegante y se calza tacones, se maquilla y se viste para ir a trabajar. No suele ser demasiado habitual pues el frío que se pasa en mi oficina es antológico y no da para muchas elegancias no por falta de calefacción, que haberla hayla, sino por el escaso uso que se hace de ella. Ni que la pagáramos nosotros, que para eso somos funcionarios. Mi jefe nunca, y nunca es nunca, tiene frío y siempre da por supuesto que el resto nunca, y nunca es nunca, tienen frío. Da igual que nos vea con el abrigo sobre los hombros toda la mañana o envueltas en todo tipo de chales o echarpes, la calefacción no se enciende y si se enciende en el mejor de los casos es durante un par de horas durante las cuales no llega a notarse diferencia alguna de temperatura. De este modo elegantemente vestida, tiritando de frío y con una bufanda al cuello prestada por Rita "la cantaora", de género indescriptible, maxilonguitud y colores varios e incompatibles entre sí y con mi atuendo me disponía a pasar la mañana cuando ella a cambio de la sin par bufanda me pide un favor que consiste en llamar a nuestro Mac Giver particular para pedirle que acuda raudo y veloz a cambiar un fluorescente que no funciona. No llego a preguntar el por qué debo ser yo quién le llame porque ya me conozco la respuesta, con ella (y casi con nadie) no se habla y lo más probable es que no le coja el teléfono, pero tal vez si ve mi extensión conteste. Marco con resignación, tanta como la que se percibe en la voz de Mac con un: -"Dime, Dae...", intuye que le voy a pedir algo y no precisamente para mí. Le transmito la orden y ruego y él me dice no se qué de unas peanas que está pintando y que no puede abandonar... ¿¿¿Unas peanas??? Ni insisto ni pregunto ni le doy explicaciones a Rita, simplemente un "no puede venir" mientras comienzo a negar con la cabeza, no, yo no te lo cambio, que por hacer algo una vez como gran favor y ante la inutilidad generalizada existente una no se convierte en experta, ni me pagan por ello, todo hay que decirlo.


Cómo consiguieron convencerme pasará a los anales de los grandes misterios de la historia y sin comerlo ni beberlo me vi subiendo una escalera colocada previamente sobre a una mesa para alcanzar altura (si nos hubiesen visto los de prevencinón de riesgos), bufanda al aire, remangando la falda y con unos crocs prestados de color chillón a cambio de los tacones que habia dejado en el suelo, esos zuecos indescriptiblemente horribles que parece nos invaden en los últimos tiempos. Cuando ya estoy en lo alto se abre la puerta y entra mi jefe acompañado de dos seres trajeados. Tras el susto de su "qué c* haces ahí subida, nena, te vas a matar" que casi me hace caerme de cabeza al suelo comienzo a sentir que sufro como poco mal de altura porque no puedo creer que una de las caras que me mira entre la incredulidad y la risa sea quién creo que es. Me consta que mi jefe está bien relacionado con las altas esferas y poderes fácticos de esta nuestra administración autonómica de la que por otro lado formamos parte, pero carajos, podría haber elegido otro momento para relacionarse.

Me precipito escaleras abajo aún a riesgo de partirme la crisma mientras me deshago con una mano de la bufanda y trato de liberar mis pies de los horrendos zuecos para acabar en última instancia descalza, de cabeza y casi de rodillas a ras de suelo y ante los pies (nunca mejor dicho) del insigne Secretario General. "Tranquilos", dice la Viudita Alegre conteniendo las carcajadas, " que más abajo no va". Lo que ni más abajo, ni más arriba, hubiera podido ir era mi verguenza y mi dignidad. Esta última la que utilicé para con la mejor de mis sonrisas levantarme y a falta de una frase mejor que decir preguntar dónde estaban mis zapatos.

(Frívola) presentación


Les presento mi flamante bolso Birkin, no es de Hermes, es de El Corte Inglés, pero orgullosa que está una por igual. Imitación, obviamente, pero al menos es de piel, y por unos cuantos eurillos de más que los 30 euros por los que los venden en Blanco con olor a petróleo.

Qué mal me suena esto en mi boca, pero más de una palidecerá de envidia cuando lo presente en sociedad.




En fin, mi frivolidad del día, que hace mucho que no me permitía un capricho y muchos menos los que me permitiré a partir de ahora que intuyo que voy a acabar cambiando mis ahorros por dólares...


To fly or not to fly


Tengo una oferta que no puedes rechazar, me dice (léase esto a lo Marlon Brando en El Padrino para darle pátina de chiste fácil). Y yo que ya tenía planes para mis vacaciones estivales por imperativo legal al margen de que cuando una no tiene ni novio ni apartamento en Torrevieja esto de las vacaciones es un sinvivir de ofertas de amigos y familia que no dejan de ofrecerte y/o preguntarte cuándo, cómo, dónde y con quién. Afortunadamente suelen aceptar el "no" como respuesta sin demasiados aspavientos e intuyo con cierto alivio las más de las veces.

La oferta ciertamente es para no rechazarla, 3 semanas en los States, carretera y manta, pero en agosto, y yo tengo comprometidas mis vacaciones en julio, claro que el viaje merece la negociación o directamente la pelea, los ruegos, besamanos y las peticiones de favor. Pero suponiendo que poniéndome de rodillas y lo implore con lágrimas en los ojos, renuncie a Italia (y a los italianos) y me concedan el cambio de fechas aún tengo dos flecos pendientes. A saber, Bruce Springsteen el 19 de julio en Barcelona (¿alguien quiere dos entradas?, ya puestos igual tengo que comenzar a buscar un posible comprador) y no es que no me duela, que me duele, renunciar al concierto, especialmente después de haberme perdido el del otoño en Madrid y tener que soportar a primera hora de la mañana siguiente a un Henry sin voz de tanto tararear Cadillac Ranch contándome los pormenores de la actuación y su carrera contrareloj para estar puntualmente a las ocho (llegó a las 10:30) en Asturias. Supongo en todo caso que cambiar Atlantic city en vivo y en directo y no me refiero a la canción sino a la ciudad por el Jefe (al que ya tengo un poco visto, aunque no me canse de verle) puede resultar un buen cambio.

Así, de algún modo, salvo el segundo de los obstáculos, pero aún me quedan Los Tigres, y mientras yo vuelo rumbo a New York ellos se subirán en un escenario en Gijón mirando a Poniente. Y a mis Tigres del Norte yo no los perdono, ni modo. No voy a dejar huérfana de mi presencia a Camelia (la texana) o a Martín Estrada Contreras (tahúr profesional) ni por la mísmisima Route 66... o tal vez sí.

Acá les dejo una rola bien chingona pa' que comprendan mi disyuntiva.


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