jueves, agosto 19, 2010

Born to be wild


Creo que tras tres días de infructuosos intentos de colgar las cortinas, la sabia decisión de rendirse fue la apropiada. Tendría que haberme puesto a estudiar, pero ya se sabe que cualquier excusa es buena para postergar ese momento, así que decidí hincarle el diente a "Sons of anarchy", serie a la que le tenía ganas desde hace tiempo.

Descarté "Spartacus" tras un solo episodio (o comienzo a hacerme serie-selectiva o tendré que dedicar el resto de la vida que me queda, y parte de la inmortalidad que sin duda me está reservada, a sentarme delante de una pantalla). Aunque dicen los iniciados que a medida que avanza la trama mejora, no estoy dispuesta a comprobarlo; que llega "Dexter" y ya está ahí lo nuevo de "Brothers & sisters" y ni siquiera he visto la segunda de "Damages" , "The pillars of the earth" está llamando a la puerta y tengo que finiquitar "Nip/Tuck". Lo dicho, necesito cinco vidas al margen de la mía: una para vivirla, otra para leer y las otras tres para sentarme a ver series y películas sin mala conciencia por el tiempo que les dedico y le robo al estudio y al vano intento de colgar unas cortinas.

"Sons of anarchy" va de moteros, de esos malos malísimos (a lo Hell's angels), más bien tirando a feos como un demonio (véase Ron "Hellboy" Perlman). Traficantes de armas y de lo que se tercie en un pueblo de mierda en la soleada california sometido al dominio y protección de sus Harleys. Ley y orden a base de amenazas, negocios sucios, chantajes y la familia unida jamás será vencida. Difusa la línea que separa el bien y el mal. Inquebrantables lealtades y no lugar para los alardes de conciencia con cierto tufillo shakespeariano.

Indiscutible el paralelismo con 'Hamlet' del guaperas Jackson 'Jax' Teller (Charlie Hunnan). Hijo del difunto fundador de la banda de moteros. Hijastro del actual líder, Clay (Ron Perlman), vía matrimonial con la desconsolada viuda, Gemma (Katey Seagal, la inolvidable Peggy de "Matrimonio con hijos" y en mi no humilde opinión, protagonista absoluta de la serie, cual una revivida y tatuada Lady Macbeth. Aunque los créditos dictaminen que ese honor le corresponde al rubiales de su hijo, no ha lugar.

Pero no se crean, no es todo balaceras y tacos de billar. Para la ternura, siempre hay tiempo. Hijo neonato y prematuro por el medio y hasta triángulo amoroso, aunque no puedo evitar quitarme de la cabeza qué carajos hace Rachel 'Mad men' Menken, vestida de médico.

P.D. Puede que no sea apta para todos los públicos, sólo por eso ya me encanta. Cuándo aprenderemos en España a hacer televisión que no sea paratodalafamilia.

miércoles, agosto 18, 2010

Cerrando puertas


Una playa del norte. Pasan ya de las ocho y comienza la retirada de bañistas y veraneantes. Sopla el nordeste y refresca invitando a recoger las toallas. Se nota el declive del verano. Aquí siempre dicen que el otoño comienza en la segunda quincena de agosto, que los días comienzan a ser más cortos y las noches más frías. Puede que sea cierto, aunque yo me quedo. Cuando más me gusta la playa es ahora, vaciándose; cuando el juego de luces y sombras inicia su baile.

Leo ajena a todo, los pies enterrados en la arena, ya no tan caliente. Abducida por la historia de Hortense y Gilbert, los dos orgullosos jamaicanos que a duras penas comprenden que en la madre patria de 1948, en la gran isla, adonde Helene Hanff enviaba latas de carne y medias de nylon, no tiene cabida el color de su piel (por momentos este libro, "Small island "(Pequeña isla), de Andrea Levy, me recuerda a Zadie Smith y su "Dientes blancos". Salvando las distancias y las pretensiones).

A mi lado Carol y Sal dormitan o miran la vida pasar, medio enrrolladas en sus toallas, envueltas en el silencio; roto por el romper de las olas o por los gritos airados de alguna madre cuyo hijo no quiere quitarse el bañador mojado o limpiarse la arena de los pies.

A escasos metros de nosotras, una madre, que lleva exactamente cuatro horas en la misma posición tostándose al sol, mientras sus dos criaturas, de edad incierta, juegan peligrosamente entre las olas. Y de repente, hágase la luz. O lo que es lo mismo, tres cabezas giran para contemplar al apolíneo Adonis; bermudas, camiseta y foulard del color de las turquesas al cuello; que parece, sólo parece, camina hacia nosotras con una enorme sonrisa.

No es vanidad la nuestra. No somos tan ilusas para pensar que tan ilustre y bello desconocido nos elija a nosotras, tres mujeres de treintaytantos, rebozadas en arena; entre todo un ejército de chicas entre los 15 y los 25 (las de 15 parecen de 30, las de 25 parecen púberes adolescentes). Nos recuerda a alguien, aunque yo juraría que éste no es él.

Lobezno no era tan alto. Pero no digo nada, no quiero romper los breves instantes de ilusión; porque parece, sólo parece; a medida que el acercamiento se torna en realidad desvía el paso y se dirige a la que suponemos es su mujer, que por fin parece salir de su letargo; y a sus presuntos hijos, los infantes que peligrosamente chapotean entre las olas y a los que inmediatamente reclama que salgan del agua.

No, no es él. Es más alto, definitivamente. Aunque tiene el mismo pelo, negro, salpicado, si se mira con mucha atención, de alguna cana bien disimulada; los cuarenta no perdonan. Tiene la misma forma indolente de andar, el tumbao que llevan los guapos al caminar, que bien dijo Rubén Blades. Esa indolencia del que se sabe admirado.

Cuántas noches soñé que nos cruzábamos en el Escocia o El escondite, esos bares que hace mucho dejaron de estar de moda, si es que alguna vez lo estuvieron. O en cualquier tugurio de Cimadevilla que jamás estuvo de moda y donde aún se puede escuchar a los Burning y los litros de alcohol nunca dejaron de correr por nuestras venas. O en un concierto de Bruce con su chaqueta de cuero moviendo las caderas al ritmo de 'Dancing in the dark'.

Pero no es él y yo vuelvo a mi libro; y Carol se enrrolla de nuevo en su toalla y Sal suspira... lo vuestro es una tragedia griega, dice. Y sin que nadie le pregunte, ella nos explica el por qué.

-"Que os gusten los guapos, a vosotras" -ella no se incluye- "es una tragedia griega. Porque vosotras ya no lo sois; si es que alguna vez lo fuisteis. Si prestaseis atención a los simples mortales seriáis más felices. Tú, Carol, ¿cuántos de tus novios fueron guapos?, ¿cuántos de ellos te hicieron feliz?, ¿cuántos tenían más de 25 ?”

Carol no se digna a contestarla. Si hay dos personas que encarnen a la perfección el concepto de amienemiguismo, son ellas.

-"¿Y tú, Dae? ¿Qué fue del marinero noruego, y del holandés errante y de toda tu colección de los metro noventa, de todos aquellos que ibas a conocer en un concierto de Bruce o en la barra de un bar mientras sonaba el  'Tougher than the rest’? ¿Dónde han quedado cumplidos los 30?"

Y yo no es que no quiera contestarle, es que no tengo respuesta y corro el riesgo de darle la razón y eso es algo que no puedo permitirme. No quiero acabar por creer que mi felicidad pasa por tener un hombre a mi lado (que sea más o menos guapo es lo de menos).

Recuerdo cuando a los 18, en la Escuela de Ingenieros, mayoritariamente masculina; los chicos se sentaban en lo alto de las escaleras y a viva voz iban puntuando a las chicas que subíamos. A ésta un ocho, a ésta un tres, a ésta un aprobado raspado. Era algo tan habitual como escaparse a la cafetería de la Escuela de Marina Civil a aprender a jugar al mus, que acabó por resultarnos completamente indiferente. Y muchos años después, me decía D., uno de mis metro noventa, ingeniero que también había pasado por esa escuela aunque él juraba que nunca había formado parte de tan popular jurado, que un ocho nunca saldría con una cuatro, o que una nueve nunca le gustaría un seis. Que era ley de vida y que cuanto antes lo aceptáramos más felices seríamos todos. Otro que se apuntaba a la teoría de la tragedia griega. Nunca le pregunté qué puntuación consideraba que tenía (ni él, ni yo).

El padre de familia con un foulard del color de las turquesas al cuello comienza a pasearse delante de nosotras hablando a su teléfono móvil con un tono de voz ligeramente elevado, lo suficiente para reclamar la atención no sólo por su aparente presencia. Sí, si que se le parece, dice Carol… Y Sal, supongo que para reafirmar que a ella no le interesan los guapos, deja de mirarle y pregunta con displicencia qué fue de Lobezno. Las dos me miran esperando una respuesta, como si les interesara o yo la tuviera…
-"Lo último que supe de él es que estaba en un instituto de la cuenca, que seguía volviendo locas a sus alumnas y siendo tan guapo y distante como entonces."

-“¿Sigue siendo interino?"

-“No tengo ni idea”… el padre de familia con el foulard al cuello del color de las turquesas sigue pavoneándose como un pavo real y nosotras aterrizamos en la realidad y comenzamos a hablar de concursos de traslados, oposiciones, interinidades y hombres quizás no tan guapos, pero reales...

Y conciertos de Bruce Springsteen mientras suena 'Tougher than the rest'.



P.D. Lola Lane y Rochelle Hudson

martes, agosto 17, 2010

Hopes too high




Se pregunta Nebroa, desde su orilla, si algún lector (o lectora) la tornaría en protagonista de sus fantasías sexuales. Es una pregunta trampa, porque es evidente que sí, que habrá muchos lectores y probablemente varias lectoras, que lo hagan.

Nunca, en cambio, me lo había planteado. Yo, que siempre me pregunto por qué la gente, o el menos cierta gente, me lee. Aunque ahora que lo pienso, y perdonen mi presunción, intuyo que también. Algún que otro lector; no creo que alguna otra lectora, en cambio. Es lo que tienen a veces algunas palabras, algunas imágenes. Acá no somos seres humanos, mujeres de carne y hueso; sino sólo vocales y unas cuantas consonantes, y como Jessica Rabbit, we just drawn us that way.

No se preocupen, no voy a pedirles que mientan y que en ordenada fila confiesen ante mí, armada con látigo a lo Betty Page, sus sueños eróticos en los que yo sea protagonista, esto es irrenunciable, indiscutible (tampoco les disuado de hacerlo, si les place). Y no porque no los tengan, algunos de ustedes, insisto; que haberlos, haylos, sin duda; sino porque considero que las fantasías eróticas de cada cuál no deben ser del dominio público. Que como el amor, sean cosa de dos por dos; o de tres por tres, o de la cifra que ustedes juzguen pertinente; aunque a mí ya me resulte multitud.

¿Y yo?, se preguntarán... o no. En todo caso yo les contesto. No, yo no. Yo no tengo fantasías sexuales más que con Hugh Jackman. Siento que el resto de los mortales, Bruce no es mortal y Jakob Dylan se le acerca, no estén a la altura. Lo siento por ustedes, escasos blogueros del género masculino que leo con interés, no por mí; dado que son mis fantasías erótico-festivas y soy yo quien mando, me quedo con Hugh "patillas" Jackman, o nada. Al fin y al cabo sigo respirando igualmente trece veces por minuto sin ellas; porque las otras... las otras no cuentan.

P.D. 1 Laura Antonelli

P.D. 2 Jon Hamm, o lo que es lo mismo, Don Draper (Mad men), tampoco cuenta. Será que me recuerdas a él.

Si hay que elegir


Sé que entre izquierda y derecha siempre opto por la izquierda. Que si he de elegir, me quedo con el número impar, con el camino largo y tortuoso que te adentra en el bosque (con elevado riesgo de no encontrar la salida, dada mi nula capacidad de orientación) y no la senda que me conduzca a la cumbre donde aún brilla el sol. Que cruzo por los pasos de cebra aunque eso me suponga doblar tres esquinas y espero a que el semáforo se pongo en rojo derrochando los minutos (yo, que siempre llego tarde). Que prefiero la sal en las heridas y el café sin azúcar. Las guitarras desnudas a los sonidos efervescentes. El verde que emborracha al sol, el día a la noche. El humo para esconderme, la lluvia para camuflarme y las palabras para defenderme.

Sé que me gusta la luz, pero siento irremediablemente atraída por la oscuridad. Sé que quiero la alegría, pero me dejo llevar por las tristezas (las ajenas). Sé que me están tendiendo una mano para salir de las tinieblas. Y sé que yo estoy mirando hacia otra esquina, sin futuro, sin abrazos... Y te sigo.

lunes, agosto 16, 2010

I'm not tougher than the rest (pero eso hace mucho que no importa)

En realidad pensaba regresar mañana. Madrugar mucho, mucho y llegar directamente al trabajo; apurar al máximo este largo fin de semana (aquí hoy es festivo). Pero recibo una llamada de petición de auxilio. Por favor, por favor, por favor; Dae, te necesito. Empaco mis pertenencias escasas de fin de semana y abandono el ranchito entre besos y abrazos. Recojo a Sal por el camino, no todos los días alguien me pide ayuda, y menos ella.

No llego a entender del todo que es lo que le ha pasado, lo que le pasa; que no es lo de siempre. Aunque sea lo mismo y luzca un sol tan esplendoroso como insoportable que hace que nos decidamos a meternos en un cine. La oscuridad de la sala hace juego con sus lágrimas. Pero antes, pido permiso, nos pasamos por mi casa, dejo mis cosas, el coche en el garaje y saco el paquete de cigarrillos para las emergencias de debajo del colchón.

Todo está en orden. Han sido sólo tres días pero siento que ha pasado un mundo entre el viernes a las dos de la tarde y yo. Entro en el dormitorio y me encuentro una cama revuelta (olvidaba que el viernes muy de mañana con las prisas la dejé a medio hacer). Sal sonríe por vez primera en lo que llevamos de tarde con una de sus clásicas bromas que tras casi veinte años sigo sin comprender.

"¿No te importa, verdad? Cinco minutos, hago la cama y nos vamos ", no soporto las camas a medio hacer. Pero sí, le importa, y me mira con cara de: "estás peor de lo que imaginaba, ¿no te vas a poner a hacer la cama ahora? " Ciertamente sí, eso era exactamente lo que pensaba hacer; pero no me da tiempo a responderle porque en ese preciso instante suena su teléfono, abre un mensaje y se le cambia la cara mientras murmura un "tengo que dejarte, ya hablamos". Abre la puerta y se va... Yo me quedo, y hago la cama.

Hace no tanto yo abrí el correo... y sonreí.

jueves, agosto 12, 2010

Gleek sin complejos


Supongo que Glee (para los profanos, serie de televisión que creo que emitía Fox) me gusta porque es un falso musical para adolescentes, que ni es musical, ni es para adolescentes. Y muy especialmente porque está Sue Sylvester, la entrenadora del grupo de animadoras, procaz, deslenguada, envidiosa, chantajista, manipuladora y tirana. A la que acabo de subir a mis altares particulares, justo al lado de Karen “cariño, todas somos lesbianas cuando no hay un hombre cerca” Walker (Will & Grace).

Sé que es difícil superar a Karen Walker: " -¡Oh, cariño! Eres simple, eres superficial y eres una puta. Por eso somos almas gemelas."

Pero Sue lo intenta, y se acerca, especialmente cuando reprende a Will, su archienemigo, profesor de español (ella considera que este idioma es una lengua muerta y que los alumnos sólo deben aprenderla si quieren acabar por convertirse en jardineros o dedicarse a lavar platos), director del coro y el hombre del pelo rizado (Sue desconfía de los hombres de pelo rizado, no se sabe qué pueden esconder entre sus rizos):

-Haz con ese depresivo grupo de chicos lo que yo hice con mi adinerada y anciana madre: aplica la eutanasia.

-Estoy bastante segura de que añadirás venganza a la larga lista de cosas que no sabes hacer… justo después de mantener un matrimonio, dirigir un coro de instituto y encontrar un estilo de peinado que no te haga parecer una lesbiana.

-Ya sé que no soy como el resto de ustedes, hippies; preocupándose por los sentimientos de los chicos como si fueran reales.

-Madonna dijo una vez: soy ambiciosa y sé lo que quiero. Si eso me convierte en una perra, está bien. Seguro esa frase la robó a Sue Sylvester. En serio, yo lo dije primero.

-¿Estoy pidiendo demasiado a la Junta Estatal que planea los días festivos en Ohio? Sólo pido un día al año en el que no me asalten visualmente feos y gordos. En serio, Ohio, estas retinas necesitan un descanso.

-Así que aquí está el sueño… viernes, después de Navidad, el cual tengo libre. Si eres horrible quédate en casa. Pasa el día entero viendo vídeos caseros de un tiempo cuando no estabas demasiado repulsivo para mí.

Y es que Glee está lleno de personajes casi tan adorables y entrañables como Sue. Emma la orientadora, enamorada en secreto de Will o el entrenador Tanaka del equipo de fútbol americano, enamorado secretamente de Emma:

-No quería quedar atrapada en la secundaria luchando contra enfermedades mentales; o soltera a los 40, entrenando el peor equipo de fútbol; o yendo todas las semanas a la peluquería para hacerme una permanente (a Emma, Tanaka y Will, respectivamente).



-Rachel (una alumna): No he podido vomitar, no tengo reflejo de arcada.

-Emma: Cuando seas mayor eso se convertirá en un gran regalo.



Las dos animadoras, Santana y Brittany:

-Santana: Acostarse no es salir.

-Brittany: Si lo fuese, Santana y yo estaríamos saliendo.



-Brittany: ¿Sabías que los delfines son sólo tiburones gays?



-Rachel: ¿Cómo hago para que un chico no se enoje conmigo por decirle ‘no’?

-Santana: Haz lo que hago yo, nunca digas ‘no’.



-Sue Sylvester: Hay una sola persona en el mundo que puede decirte quién eres.

-Kurt (alumno gay): Yo.

-Sue: No, yo, Sue Sylvester. Y todavía no me decidido acerca de ti.

Kurt sigue reflexionando sobre su homosexualidad.

-Sue: Dejé de prestarle atención a esta conversación hace un minuto. Tengo que dejar de hablar con los estudiantes en los pasillos, es una gran pérdida de tiempo.


Corran al televisor más cercano y no me den las gracias.

Los libros son para el verano


"Miró de nuevo a su alrededor.
La lluvia había dibujado un reguero en la maraña de un zarzal, un brillo de plata que descendía hasta el fango del sendero.
El agua era muy trasparente y muy limpia. Se echó la carabina al hombro y regresó despacio a la guerra."



Leo "Paz", de Richard Bausch. Libró que ganó el 'Dayton Price', curioso premio que tiene por objeto destacar el pacifismo de una obra literaria. Un género que a mí se me antoja algo difuso; si me pidieran nombrar tres novelas, tres alegatos sobre la paz; creo que sólo sería capaz, a bote pronto, de nombrar dos, y una con ciertas dudas. "Adios a las armas", de Hemingway; y "La tregua", de Primo Levy (las dudas son sobre esta última). Aunque obviamente haya muchas más.

"Paz" es una novela tan corta, casi, como su título. Podría devorarse, más que leerse, de un tirón; si no fuera porque resulta tan opresiva, que al menos yo, cada cierto tiempo, tenía que dejar de leer.

Un argumento muy simple desarrollado en una sola e interminable noche. Tres soldados norteamericanos, casi adolescentes, realizando una misión de exploración en la Sicilia a punto de ser abandonada por el ejército alemán en 1944. No hay consignas, ni banderas, ni ideologías. Sólo confusión y deriva. Presente siempre el miedo, fundido en negro. Hielo y lluvia omnipresentes.

Comienza la novela, y esto no es un 'spoiler', con un asesinato. El sargento nortemericano mata a bocajarro a un soldado alemán y a una mujer que le acompaña. El soldado alemán va armado y antes de morir dispara; mata a dos de los soldados norteamericanos. La mujer, una prostituta, va desarmada; su única defensa, las palabras. Grita, supongo que insulta, en alemán, y recibe un disparo en la cabeza. Eso es la guerra, ¿no?

lunes, agosto 09, 2010

De regreso



Lo mejor de una semana (martes a martes) de esos benditos moscosos, es haber estado con los pies enterrados en la arena sin estar de vacaciones (éstas siempre en otoño, que las cosas buenas siempre pasan entonces, bien lo decía el poeta). No tan bueno son los por lo menos cinco kilos de más que me traigo. Lo que tiene dedicarse a no hacer absolutamente nada, excepto mimar a los que quiero; las cervezas bien frías y todas las cositas buenas que una se ha dedicado a comer. La lectura de libros absurdos (algunos más que otros): Juego de tronos, Eclipse, Luna nueva y Mankell. Las siestas al sol, el moreno casi imperceptible y el diseño de mi futura cocina en mente.

Por delante, un mes de agosto que por vez primera no borraría del calendario (aunque no tenga motivos, ni para lo contrario).

P.D. Pocos lo entienden (ni falta que les hace), pero Arjona (Ricardo) es una de ésas, de mis absurdas debilidades musicales. Y señores, que sepan que saca nuevo disco, a la venta en dos semanas. "Poquita ropa", se llama el asunto; y yo, hasta me lo compraré (tiempos lejanos aquellos en los que aún se compraban discos). Ojalá Diosito me oiga y vuelva a dignarse a pisar los escenarios españoles, que allí estará una haciedo el ridículo patria, como única caucásica en metros a la redonda. Y ahora que va a ser papá (de nuevo y con la asquerosa ésa con la que se fue al dejar a la miss boricúa) espero que se le mejore el carácter.

Acá, por si... escuchando a Djavan...

jueves, julio 29, 2010

(si yo sólo) Pasaba por aquí



Será que hoy ha amanecido en gris, llueve, o para ser más preciso, orbaya. Aunque debería estudiar, el aburrimiento me puede. Esto está vacío, o están de vacaciones o una comisión ha sacado a prácticamente todos mis colegas de la oficina. He dormido mal, fatal en realidad, me he despertado varias veces con malos sueños; tal vez el calor. Hoy no parece que sea verano, lo que no es malo del todo. Estoy cansada, tengo anemia, sueño y un ligero cabreo con el mundo en general y mi mismidad en particular. La semana que viene me la he tomado libre... Todo esto para qué. Para qué lo cuento, digo; absolutamente para nada. Simplemente me apetece.

Igual que durante mucho tiempo no contestaba a los comentarios. Porque no me apetecía, porque no tenía nada que decir. Además se evitaban los agravios comparativos, si no contesto a ninguno, nadie se puede sentir ofendido. Y es que de comentarios precisamente quiero hablar, de los tuyos en concreto, estimad@ Anónimo.

No sé quién eres ni cuál es tu motivación para que día sí, día también, entres, leas y de cuando en cuando (supongo que lo sabes, pero eres, cuando menos, tan previsible como yo), comentes. Conozco las razones por las que yo día sí, día también (me he quitado), visitaba páginas de gente cuyos escritos me irritaban por el motivo que fuera. La diferencia es que yo no comentaba. Y no, no es que yo fuera más educada que tú, o que tú seas más valiente que yo; porque en todo caso desconozco por completo tus razones, si es que las tienes.

Mentiría si dijera que no me interesa conocerlos. Como mentiría igualmente si dijera que no me importa saber quién eres. Cualquiera que escriba un blog, supongo, tendrá curiosidad por saber quién le lee y por qué. Aunque siempre parto de la idea de que si te haces asiduo visitante de un lugar es porque lo que encuentras allí, te agrada. Entiendo que no es este tu caso. Lo acepto, no me importa, ni siquiera me molesta; pero la curiosidad, obvio, es más que evidente.

Doy por hecho que siempre eres la misma persona. Tal vez me equivoque, pero tengo "fichados" dos Anónimos que habitualmente comentan aquí. Vuestros estilos, tonos y comentarios son tan característicos que casi sin dudar tengo claro que sóis siempre los mismos. Uno parece ser que es de Soria; el otro, tú, no tengo la menor idea y menos interés. Ni siquiera sé si eres hombre o mujer, tampoco eso me preocupa. No eres tú quién expone su vida, sino yo; no eres tú quién deba dar explicaciones; pero discúlpame la curiosidad, reitero.

También parto de la idea de que eres exactamente eso, un anónimo, seas quién seas y que no me conoces absolutamente de nada, más allá de esta página. Sería divertido, sin duda, que fueses alguien que me conociese de mi vida 'real'. Pero va a ser que no, intuyo. ¿Qué nos queda? Que lees esto, por el motivo que sea; y comprensiblemente te parezco un horror y decides no callarte. Entiendo que creas que me conoces, pero lo siento, no, no me conoces. Lees y sacas tus propias conclusiones. Y probablemente sean acertadas y lo que tú crees que soy y represento dé en la diana. Es más que seguro que no te equivoques en tus suposiciones o intuiciones, puede que sean paralelas a mi realidad; pero es que exactamente son sólo eso.

Puede que ni siquiera yo sea yo, que no sea una mujer en la treintena y que todo lo que cuente aquí o en su mayor parte sea absolutamente ficción. ¿Podría ser, no? Que fuésemos varias personas, o un hombre o una adolescente. Bien, vale, no, no cuela, ambos lo sabemos. Pero y qué. No tengo talento para la ficción, no sé inventarme otras vidas más allá de la mía. Internet está lleno de blogs así. ¿No tenemos derecho las personas amargadas y sin talento a tener nuestro propio espacio donde desahogarnos? Si nos dedicásemos a autopublicar libros lo entendería, estaríamos contribuyendo a la desaparición de los bosques. Pero ocupar un mínimo del espacio virtual mundial con nuestras gilipolleces no creo que vaya más allá de un atentado contra el buen gusto. También es posible que a la manera de la Liga de liberación de los enanos de jardín haya un movimiento que promueva el buen gusto en la red y haya quién se empeñe en perseguir los espacios absurdos, inútiles y llenos de egocentrismo mal entendido, como el mío. A lo mejor ésa se ha convertido en tu cruzada. No sé, digo.

Así que partiendo de la idea de que tengo un mínimo derecho a mis cinco minutos de fama, a escupir aquí mi vida o lo que yo creo que es mi vida, a exponer mi victimismo y mi amargura. Porque, qué le voy a hacer si mi cerebro no da para más. Si mi vida es esto, una queja constante de lo que no tengo, de lo que no soy, de lo que no alcanzo. Probablemente necesitaría más prozac y menos Platón, supongo, aunque acabe por sustituir la química por la virtualidad.

Soy recurrente, sí; cansina, me repito, hablo (casi) siempre de lo mismo. Y no, no creo que mi vida le importe a nadie, pero menos aún creo que importen mis opiniones sobre lo divino o lo humano. En el supuesto que tuviera opiniones, claro. Así que entre lo peor, mis opiniones; elijo lo menos malo, es decir, yo.

Hace cinco años que escribo aquí. Hace por lo menos cuatro que aprendí que esto no sirve para ligar, aunque ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde. Esto lo cuento por tus comentarios reiterados sobre mi presunta desmedida afición por "pillar" o "mojar"; utilizando tus propias palabras.

No, acá no se liga. Ingenua de mí en un principio (aunque no fuera precisamente ésa la motivación para escribir esto) llegué a pensar que expresarse y mostrarse por escrito podría ser una buena manera de conocer gente. De quitarnos caretas y mostrarnos por dentro, de encontrar a alguien (o que alguien te encontrara a ti) que te valorase por lo que eres y no por cómo eres en apariencia. Pero va a ser que no, que una imagen sigue valiendo más que mil palabras. Hace mucho que desistí. Si lo que pretendiese es ligar por aquí, no hubiese contado muchas de las cosas que he mostrado; soy consciente que no me dejan precisamente en buen lugar. Todo proceso de seducción genera impostura, nadie es tan idiota como para abrirse en canal dejando a la vista vísceras y pulsiones cuando de lo que se trata es de conquistar al otro.

Si traté de ligar vía internet era por supuesto, como tú ya imaginarás, porque en la 'realidad' no tengo ninguna opción. Eso también es evidente. Y no porque sea la más fea, la más gorda y la más estúpida del mundo mundial; al fin y al cabo entro en los parámetros de la normalidad, aunque de la normalidad hacia abajo, claro, tampoco voy a presumir de lo que carezco. Porque ésa es otra, ya tú sabrás; estoy atrofiada emocionalmente, soy frígida, asexual y anorgásmica, torpe, patológicamente tímida, egocéntrica, envidiosa y un poco idiota. En definitiva, una inadaptada social.

Y también entenderás que mi anhelo no es que un 'macho man' venga a quitarme las telarañas. No, lo que yo quiero es ser madre (no menos de tres) y esposa; casarme de blanco, entrar en la iglesia del brazo de mi padre al son del Canon de Pachelbel e iniciar el vals rodeada de gaitas tocando el O son do ar. Los sueños, al menos los míos, siguen siendo gratis.

ffff


P.D. Por supuesto eres bienvenid@, tú y tus críticas; no me molestan en absoluto... pero lo dicho, la curiosidad me puede.



miércoles, julio 28, 2010

A veces, muchas, demasiadas; se me olvidan los títulos


La gente que me conoce, y me conoce bien; poquitas personas, pero haberlas haylas, y que sin embargo me quieren; no acaban de entender que hago yo aquí. Léase aquí: de funcionaria de medio pelo, ventanilla y vuelva usted mañana. Y si me tropiezo con alguien a quien no veo desde hace unos quince años, entonces ni les cuento lo mayúsculo de la sorpresa. Me halaga, hasta cierto punto, que todos consideren que esto se me queda pequeño o que creyeran que yo estaba destinada para alcanzar altas cumbres laborales y/o profesionales. Y como las preguntas siempre son inevitables, el por qué, el cómo, los motivos y las circunstancias; he acabado por escribirme un guión aprendido a fuerza de repetirlo; impostado en su mayor parte, todo hay que decirlo.

Lo que más repito es que llegué por casualidad, sin vocación, ni premeditación, ni alevosía. Es cierto, en parte. Desde luego ni tuve ni tengo vocación funcionarial, y les aseguro que existe. Nunca he creído en las casualidades y en todo caso aprobar una oposición exige como poco ciertas dosis de estudio; premeditación y alevosía por tanto. Pero en realidad era un plan C, un plazo de tiempo relativamente breve y un 'vamos a ver qué pasa' sin mucho convencimiento de que pasara algo; mezclado con muchas cruces pintadas de rojo en la geografía de las grandes capitales europeas (Madrid no es Europa). Casi sin darme cuenta me vi jurando o prometiendo mi cargo de funcionaria de carrera y tuve que elegir entre quedarme aquí con el nombramiento bajo el brazo, un exiguo sueldo, estabilidad laboral y horario presuntamente de ocho a tres (de lo que se presupone es la vida en la administración pública tendríamos para hablar largo rato) o seguir viviendo como hasta entonces; allá, aquí y entre medias en ningún lado, que francamente siempre ha sido lo que mejor se me ha dado; aunque paradójicamente no tuve dudas en elegir lo primero.

Y no dudé porque de repente tuve claro cuáles eran mis prioridades y qué futuro quería para mí. Futuro que por cierto no ha llegado (o yo no supe llegar a él), pero eso es otra historia. Así que sigo mintiendo, y no cuento, y no digo... porque la única vez que lo hice se lo tomaron a broma; no, tú no, tú no eres así, no te pega, no va contigo, tú no, qué sentido del humor... Y sigo dibujando un personaje a golpe de remiendos de rímmel y corazón.



P.D. Gerald Butler. Acabo de descubrir el concepto de 'hombre empotrable' , no recuerdo donde, voy saltando de un blog a otro, tirando del hilo, y acabo perdida. Si alguien reconoce la autoría del concepto, reivindíquelo.

Me ha gustado tanto lo de 'empotrable' que a partir de ahora cuando me pregunten cómo es mi hombre irreal ideal diré que tiene que ser empotrable, a la par que una mezcla entre salvaje y ñoñas; más salvaje que ñoñas, en todo caso; y esto se lo robo sin permiso a Nebroa, que sé que me perdonará. Además de un largo etcétera ya de mi autoría que no creo interese a nadie. Pero por si acaso, por si acaso interesa, digo; hombres empotrables y salvajes (y algo menos noñas) serían Gerald Butler, Javier Bardem  y obvio, Hugh Jackman. Bruce, claro está, pertenece a otra categoría, superior, única e intransferible. Aunque ahora que lo pienso, Hugh Jackman también.

martes, julio 27, 2010

Haciendo memoria


No me gusta introducir cambios en el blog... bueno, a quién voy a engañar, no es que no me guste, es que no sé, y la única vez que lo intenté allá por el 2007 me lo cargué y tuve que empezar de nuevo, aunque recuperé algunas entradas de entonces en el intento.

Cuando visito vuestros blogs tan elegantes, llenos de mil historias, de fotografías, de artilugios y demás siempre me pregunto cómo lo hacéis y si yo sería capaz. Como me temo que la respuesta es no, sigo a lo mío. Foto, texto (a veces ni eso) y canción si cuadra.

Pero hoy he roto la norma, he introducido una novedad. Eso que te permite ver aleatoriamente otras entradas anteriores. Siempre he pensado que no sirve para absolutamente nada cuando lo veía en otros blogs. Y sí, ciertamente no sirve para nada, y como suele sueceder con las cosas que no sirven para nada, me ha hecho perder el tiempo. Me he pasado un rato largo, largo, releyendo y recordando lo que escribí hace un año, dos, tres y hasta cuatro. No era consciente de las cosas que he contado, a veces llevada por la rabia o el resentimiento, la inconsciencia o la pura alegría. He recordado personas, situaciones, vivencias, cosas y circunstancias que creía ya olvidadas. Me he puesto triste y he reído conmigo, de y para mí. Y lo que me queda...

Quería recuperar la entrada escrita hace un año, justo el 27 de julio de 2009, pero no escribí nada ese día. He mirado en cambio qué posteé en el 2008, y obvio, no podía resistirme a recuperarlo.


Bienvenida al 5%





Acabo de ver mi nómina del mes de julio. Sí, lo sé, estamos en época de vacas flacas, soy consciente de que peor que bajarte el sueldo es quedarte sin trabajo, y lo siento y lo sé, pero aquí y ahora y prometo no volver a mentarlo nunca más, quiero ejercer mi derecho al pataleo. ESTOY QUE MUERDO... y o comienzo a jugar a la lotería y rezo para que me toque;, comparto piso y meto a un inquilin@ en mi minipiso o directamente lo alquilo y me vuelvo a vivir de prestado o no sé cómo voy a llegar a fin de mes, porque ya no sé de donde voy a ahorrar (si ya no gasto más que lo imprescindible).

Por decreto, acabo de convertirme en pobre de solemnidad (y yo que planeaba una licencia sin sueldo para buscarme las habichuelas por otros lares... va a ser que no).

P.D. 1 Sally Field y Whoopi Goldberg

P.D. 2 Y no sé por qué me he acordado de esto (Carlos Chaouen, Marwan, Tontxu y Javier Álvarez)...





lunes, julio 26, 2010

Tú corazón va a sanar



"Cuando llames a mi puerta
ven con precaución,
nunca es buena consejera la desilusión.
Y si me ves los ojos verdes
y boca de dolor,
piensa que los celos matan
siempre y sin perdón."

Cuentas de Ana Laan



No sé por qué he tardado tanto en escuchar Chocolate and roses. Quizás porque las 'mujeres de' siempre me han producido mucha pereza, aunque con Ana Serrano van der Laan o lo que es lo mismo, Ana Laan, siempre hice una excepción (y el primer disco de la Escafandra, Rumble doll, acabó por convertirse en un imprescindible).

Orégano, su primer disco, aún a la vera de Jorge Drexler, siempre me pareció terriblemente desasosegante, aunque tremendamente hermoso. Pero lo primero podía más que lo segundo y llevaba años aparcado en algún rincón hasta que preparando el viaje de este pasado fin de semana hizo acto de presencia y lleva acompañándome el breve pedazo de tarde que he pasado en casa este lunes. A su alter ego, Rita Calypso, en cambio, nunca he dejado de escucharla.

Como lo uno lleva a lo otro y con más de dos años de retraso me pongo a escuchar el que hasta ahora ha sido su último disco editado (y segundo); y claro, las comparaciones son inevitables con aquel "12 segundos de oscuridad" de su ex; que con la otra ni me molesto, a comparar digo... y qué decir, que este disco es un diamante en bruto y declaro firmemente mi amor incondicional por Ana Laan. Y que canciones como ésta sólo confirman lo que tú yo sabíamos.

[...]No more tasting my comida,
todo eso se acabó.
Find another sufrida.
Find yourself otro amor...



P.D. ¿La venganza es un plato que se sirve frío?... Tal vez, en todo caso con qué elegancia...

A ti (que conoces el olvido)



Nunca pensé que fuera a echarlas de menos, a ellas, a mis ex. Mis ex-compañeras de trabajo, se entiende. Hace aproximadamente año y medio pasé de tener un entorno laboral eminentemente femenino a estar rodeada de hombres. Acá entre nos, he perdido con el cambio. Y no, no es que fuésemos amigas de mis amigos y del mundo mundial, nada que ver; en términos generales nos llevábamos fatal, todo lo mal que un grupo de mujeres en edad de merecer, con aspiraciones a una única jefatura, un jefe paternalista y machista y mucho tiempo libre; pueden llevarse. Y les aseguro que es mucho y mal. Que si no llegamos a las manos fue porque presumíamos de ser personas bien educadas, pero que ganas (muchas) no faltaron; y las discusiones a voz en grito (perdiendo esa presunta buena educación de la que hacíamos gala) abundaban, unas tres de media a la semana. Y lo que no eran discusiones, sino zancadillas (en el sentido literal), críticas, alusiones personales, insidias, cotilleos malintencionados, barricadas, insultos llegado el caso, desprecios varios, regalos envenenados, lloros y un largo etcétera de malas artes.

Y no, no voy a decir que a pesar de eso nos queríamos. Aunque fingíamos bien cuando compartíamos el café u organizábamos esas cenas de mal entendida y ficticia confraternización. Aunque sí es cierto que hacia el tercer gin-tonic se agradecía que en lugar de dejarte notitas con acusaciones varias (práctica habitual dado que por temporadas evitábamos dirigirnos la palabra, la acusación podía ir desde haberse dejado una luz encendida a haber falsificado una firma o el nº de registro, esto último era un clásico), directamente te lo reprocharan cara a cara y te dijeran eso de que eras una perra con todas las letras, pero como siempre había alguien, alguna otra, que además lo era con mayúsculas, pues no pasaba nada y hasta agradecías semejante alarde de sinceridad. Al menos hasta el martes siguiente (los lunes eran días de reflexión y arrepentiemiento), donde volvía a aparecer un post-it amarillo sobre tu mesa acusándote de haber redactado mal un oficio y cualquiera de ellas, en un aparte, te contaba que lo último que había dicho alguien de ti es que eras una perra, eso sí, esta vez con mayúsculas.

Cómo sobreviví casi cuatro años a eso, lo ignoro; y cuando llegaron los traslados y el jefe se enfadó tanto -¿pero dónde vas a estar mejor que aquí?- considerando que éramos, como poco, de su propiedad, descubrí que a pesar de todo se habían creado ciertos lazos de amistad, o algo parecido; no ya con todas, sino con un pequeño y reducido círculo que decidió por unanimidad inquenbrantable que a pesar de la disparidad de los nuevos destinos de las desterradas, debíamos de seguir reuniéndonos de vez en cuando. El de vez en cuando inicialmente iba a ser una vez al mes, acabó por convertirse en una vez cada tres meses y finalmente suele ser cuando a alguien le apetece, lo propone y consigue ponernos a todas de acuerdo. La última vez fue este viernes, y la anterior hacía seis meses.

La viudita alegre, Blancanieves, la Reina del Sur, una servidora y alguna que otra más, nos reímos como pocas veces lo he hecho en estos últimos tiempos. Descubrí no sólo que las echaba de menos, que tenemos que vernos más y que el aprecio es sincero, sino que a veces, simplemente, necesito estar con mujeres, sólo con mujeres. Si alguna vez hiciera una 'kedada bloguera' a la manera de Mr. Tordon, creo que estaría restringida al género femenino. Es curioso, ya lo comentaba antes, pero tengo la sensación de que no sólo es que yo lea preferiblemente blogs escritos por mujeres (tengo mi Santísima Trinidad blogueril y femenina), sino que me da la impresión de que también poseo mayoritariamente lectoras (imagino que lectores masculinos habrá, manifiestense, si lo desean; pero en menor número o es que son más discretos).

Lo cierto es que avanzada la tarde y cuando comenzó la retirada, nos quedamos la Reina del Sur y yo a solas. Al fin y al cabo ninguna de las dos teníamos ninguna prisa en regresar a nuestros respectivos hogares. En mi caso porque no me esperaba nadie, en el de ella justo por todo lo contrario, había demasiadas personas reclamando su presencia. Y ante su cuarto gin-tonic y mi tercera coca-cola light surgió la inevitable pregunta:

- ¿Qué sabes de él?

Para ella sólo hay un 'el' relacionado conmigo. El otro 'él', el E. primigenio suele tener derecho a ser nombrado. Pero él es simplemente un pronombre. Y yo cuento que mantenemos cierto contacto aunque hace siglos que no nos vemos (en realidad desde entonces), que hace algo más de un mes me mandó un SMS y un email para felicitarme por mi cumpleaños; yo le contesté hará unas tres semanas para agradecerle el gesto; él contestó hace dos a mi agradecimiento; y yo aún no he contestado a su agradecimiento de mi agradecimiento...

- Qué tonta fuiste... pero qué tonta, que borde, que antipática, qué soberbia, qué irreflexiva, que equivocada estuviste. Pero qué perra fuiste...

P.D. "The women" de George Cukor.

No way out



Raramente recuerdo mis sueños, lo que según dicen algunos nada tiene que ver con no tenerlos. Que todos soñamos parece ser una certeza, que no siempre se recuerde o se tenga constancia de ello, también. Yo quería travestirme de la Escafandra en mis sueños de anoche, traté de inducir el deseo escuchando un medley de Stolen car, Point Blank y Drive all night hasta el paroxismo. Y en lugar de el Jefe y yo paseando por el boardwalk de Asbury Park o emborrachándonos en cualquier tugurio de Chelsea, el que acabó apareciendo en mis sueños fue mi no jefe, acá el jefe del servicio paralelo (en la administración pública los servicios vienen a ser los distintos departamentos), el hombre sin memoria tan perfectamente trajeado, bronceado y casado. Pero ni modo; que la ostia, disculpen el lenguaje (juro, aunque no me lo crean, que es la primera vez en mi vida que uso esta expresión, la ocasión lo merece), puede ser morrocotuda. Y yo lo que quiero es ser feliz.

P.D. Si Freud levantara la cabeza tendría que preguntarle por qué me gustan tanto los hombres con traje y corbata con nudo Windsor. Aunque igual no me gusta demasiado la respuesta.

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