lunes, julio 25, 2011

Me aburres tanto... que me siento en la necesidad de decírtelo. Tu pretenciosidad, tu falsa vanidad mal entendida y la cadena de mentiras con las que adornas tu vida. Que no debería importarme, que a mí ni me va ni me viene, que es tu vida tan ajena a la mía... pero no puedo evitarlo, ni callarlo.

He dicho. Que alguien tenía que hacerlo.

viernes, julio 15, 2011

Va a ser eso, que yo no lo entiendo


Me dice alguien que las personas a las que no nos gustan los animales nos fatal el corazón. Y me incluye y habla en segunda persona del plural. No lo reprocho, es cierto, no me gustan los animales. Considero que los gatos son lo peor, sólo en circunstancias muy determinadas tendría un perro (y dependería del tipo de perro), encuentro completamente absurdo convivir con un loro, con una tortuga o con una iguana, por poner varios ejemplos. Y aunque alguien hace mucho tiempo me recomendó comprarme un acuario (los peces no se tocan, fue su argumentación), no le hice caso.

Hablamos de esa droga legalizada que es el alcohol; de los gin-tonics, que se han puesto diríase que de moda. Con la vertiente de que te pueden cobrar sus buenos euros por uno mal preparado con la excusa de que la ginebra es del tal marca y la tónica ni siquiera es comparable a la Fever Tree (nota por cierto para ovetenses y foráneos, en el Riscal, en la calle Cabo Noval, y dependiendo del camararero que te toque en suerte, sí merece la pena emplear esos buenos euros pese a todo). Y acabamos hablando de Ortega Cano, de su desgraciado accidente, de las víctimas mortales y de los matatoros.

Y yo digo que no, que a mí no me gustan "lostoros". Que no me interesan, que soy norteña y ajena a todo ese mundo y cultura, y precisamente por eso mantengo una posición ambivalente y no acabo de ponerme conmigo misma de acuerdo a favor o en contra de su prohibición, a determinar si es arte, tradición o cultura; o una aberración, que fue lo que opiné hace unos días cuando por casualidad al encender el televisor me encontré con unas imagénes de las fiestas de no se cual pueblo en las que un toro acababa en el agua ante el regocijo de los espontáneos, por no hablar de los San Fermines recientemente finiquitados.

Así que a falta de definirme taurina, que va a ser que no, pero tampoco lo contrario, y ante mi rotunda afirmación de que a mí los animales no me van, ni siquiera la inmensa mayoría de los de dos patas que caminan erguidos; se me acusa de ser insensible, sin entrañas, no poseer corazón (eso ya lo sabía), ni alma, ni sensibilidad alguna (se repiten). Que ya se sabe que si no te gustan los bichos eres una culebra ponzoñosa, un animal rastrero, que diría la gran Paquita (la del Barrio).. En fin, que me queda perfectamente claro que no soy una persona digna de confianza porque no se puede confiar en alguien a quien no le gusten los animales.

Y yo sólo recuerdo que Hitler era un vegetariano militante gran amante de los perros y que debo incluir en la maleta repelente para los mosquitos.

jueves, julio 14, 2011

Tempus fugit



Esta mañana, mientras esperaba, yo siempre en exceso puntual, pensaba que si sumase todo el tiempo que he empleado esperando a otros que llegan tarde a la hora citada, tendría al menos para vivir en otra viva todo lo que no vivo en ésta.


viernes, junio 17, 2011

Knocking on heaven's door


Hoy va a ser un gran día, o debería serlo o tendría que... Y conjugo el futuro porque hasta que no sean las 15:15 y salga por la puerta de la oficina mi día no comienza. Este viernes que tiene motivos, algunos, aunque en realidad sean accesorios, en el que se conjuga ser día 17 del mes 6 con otro seis, batiendo mi propio record y un salto mortal hacia delante; aunque como alguien me dijo esta madrugada, la segunda mitad suele ser mejor... Veremos, incluso a lo mejor me entran ganas de contarlo.

Por si alguien no se había enterado... ha llegado el verano



Cómo echaba de menos el posado estival de Anita la Fantástica a sus ¿63?...


P.D. En color... porque ella, al igual que yo, lo vale.

viernes, junio 10, 2011

La brújula


Supongo que a todos en determinados momentos nos gusta que nos den la razón. Todos en mayor o menor medida encajamos las críticas, las opiniones ajenas y contrarias a las nuestras y los desaires.

Entiendo que pese a mi nula capacidad empática me llevo bien con lo opuesto. En ocasiones la indiferencia es un arma, pero a ratos, igual que nos gusta mirarnos en el espejo y que éste nos devuelva un guiño, necesitamos que nos refrenden. O tal vez no es necesidad, sino capricho, pero poco importa. Que si dice que su opinión no cuenta, la de él; porque a él le cae bien todo el mundo, porque tiene la capacidad de ver el lado bueno de todo y de todos... pues qué quieres que te diga, que yo acepto esa opinión, la suya, tal vez en exceso ingenua y benevolente. Y lo dice alguien, yo, a quien el 99,9% de la población mundial le parece fea, atrofiada y cero interesante. Así que qué bueno que al menos alguien piense en este caso así, pese a que otros no le crean o le tomen en serio.



jueves, junio 09, 2011

Nunca es tarde si todavía estás a tiempo


Ayer nos sentamos los tres. Uno al lado del otro. Enfrente yo. Cuatro botellas de sidra para ellos y una coca-cola para mí. Me sentí rara. Me gustó. Dos partes de mi vida unidas por primera vez. De las más importantes, una desde hace 19 años, la otra no llega apenas a los seis meses.

Es un encanto, dijo...

Habrá que repetir... y que Don Julio hable por él.

miércoles, junio 08, 2011

Abriendo de par en par la ventana... tal vez así entre definitivamente la luz


Debo confesar que recibí con bastante indiferencia la notica de la muerte de Jorge Semprún esta mañana. Mi único comentario debió de aludir a su edad, que al fin y al cabo era un hombre ya de venerable edad. Supongo que los menos le recordarán como ministro de Cultura, otros como escritor y alguno hasta se despidió de Federico Sánchez. En todo caso hubo un tiempo en el que me sentí fascinada por la figura de este hombre. En realidad fue un tiempo de fácil fascinación y cualquier persona que hablase al menos dos idiomas y hubiese cruzado alguna frontera producía ese efecto en mí.

No consigo recordar cómo llegué a él o cuál fue el primero de sus libros en caer en mis manos. Sí recuerdo haber leído "Federico Sánchez se despide de ustedes", un ejemplar en español sustraído de la biblioteca municipal de Nürnberg y pasar más de tres tardes sobre el cesped de la Wöhrder Wiese en una incipiente primavera. Fueron buenos tiempos aquellos, tenía que haberlos recordado esta mañana al leer la noticia en la edición digital de un periódico que no recuerdo. Pero esta mañana estaba demasiado ocupada en desenredar telarañas en mi mente. En despejarme y alejar los sueños de una noche pasada en vela tratando de alejar la tristeza, que por una vez no era mía. Aunque ya sabemos todos lo puñetera que es ésta, y el afán de protagonismo y de contagio que tiene, que todo lo que toca...



martes, junio 07, 2011

Escuendiéndome de los suaños escuros



Nunca he sido de tener un número favorito. No creo en la suerte, ni en supersticiones varias. En realidad no tengo nada favorito, ni un color, ni un lugar, ni siquiera una bebida aunque yo sólo le de al gin-tonic, y aunque sí tenga una tónica favorita, no una ginebra. No tengo una comida favorita, aunque me gusten el arroz y los tacos cochinita por encima de todo. Me decanto hacia la izquierda pese a ser diestra y me gustan las gabardinas y las chaquetas de cuero... Pero siempre me ha gustado el número trece, tal vez por decir algunos que trae mala suerte y yo ir a contracorriente, tal vez porque nací un viernes trece, de junio, por cierto; mi cumpleaños a la vuelta de la semana. Y es que de pronto me gusta el 17 combinado con el seis... casi tanto como la Fever Tree con Citadelle y unos tacos de camarón con agua de jamaica.

(May)Be


Siempre supe que no estaba enamorado de mí. Tal vez lo estuviera de otra, alguna mujer inalcanzable que ignorara su presencia o alguna ex copretérita a la que echaba de menos en las tardes de luningo. No sé, tal vez, tan sólo lo supongo, sin certezas ni evidencias, que al fin y al cabo tampoco yo estaba enamorada de él. Nunca le pregunté, nunca me preguntó, coexistíamos simplemente el uno al lado del otro en ratos, noches y madrugadas. Conciertos, cenas y mediodías.

Sé que me quiso, probablemente mucho. O al menos eso decía con relativa frecuencia, incluso cuando estábamos follando él de repente me decía, "te quiero, te quiero mucho"... pese a mis reproches, no se le dice a una mujer que la quieres en esas circunstancias, nunca se lo va a creer. Tampoco antes, obviamente. Pero él me contradecía y decía que simplemente le parecía de una ternura infinita. Yo asentía y como tantas veces callaba. Al fin y al cabo yo también le quería. Aunque aquella primera vez, a pesar de su miedo a que yo saliera huyendo, como si tuviera algún lugar a donde ir más lejos de su abrazo y su mirada infinita, yo me quedara una vez más callada, sin respuesta.

Me hubiera gustado, ahora lo confieso, que hubiera caído en los sentimientos y comportamientos más abyectos. Que sintiera celos de que los hombres me miraran o de que algún intrépido ignorando su presencia a mi lado en "La piel del tripulante" se acercara a mí, que le molestase que sus amigos (algunos) opinaran que tenía un buen polvo y que más allá de códigos masculinos no hubiesen dudado en llevarme a la cama, que tal vez se hubiera pegado por mí en plena calle, que me llamase desesperado de deseo a las tres de la madrugada... no sé, quién sabe si malinterpretaba el amor y creía que sin semejantes muestras éste no era completo.

Y no, no es lo mismo querer que estar enamorado, porque a veces se puede querer como quieres a tu perro Óskar, ese amigo leal que siempre a tu lado sin reproches permanece. Pero qué se yo de amor, y de celos y de ternura... si nunca... bueno, sólo una vez creí querer, y ni siquiera entonces lo supe de cierto.



martes, mayo 24, 2011

Matando moscas a cañonazos



Supongo que enfadarse con alguien y que esta persona no sepa que estás enfadada con ella porque tú no se lo has dicho no sirve de nada, ¿no?




P.D. Vivien Leigh

viernes, mayo 20, 2011

Todo depende del color del cristal con el que se mira... supongo.


Estaba leyendo "Libertad digital", tenía curiosidad por conocer su punto de vista sobre "los indignados". Tuve que cerrar de golpe la página, me asusté muchísimo cuando comencé a asentir, a darme cuenta que compartía algunas de las opiniones allí expuestas... que no todas, aclaro.

Después leyendo a Carmen Posadas en "El confidencial" me reconcilié conmigo misma. Siempre me había parecido una señora estupenda y ahora más, si cabe.



P.S. El que no se consuela es porque no quiere.

martes, mayo 17, 2011

Perdona si te llamo amor



Antes sólo había bragas de dos colores, dice a modo de resumen él, que tiene nombre, en realidad apellido, pero es por el que siempre responde, de ciudad del sur de España. Que todo era más fácil, más simple. Los papeles estaban repartidos. La mujer representaba siempre el "no", el hombre siempre la "disponibilidad". El blanco y el negro, Los papeles repartidos. Arriba las mujeres, pa`que se cansen ellas.

Pero Eme asegura que no sabría manejarse en esos tiempos, en los que según ella el verbo "conformar" se conjugaba en presente de subjuntivo y futuro de indicativo. Aunque tampoco sepa manejarse en estos, aunque haya cumplido los treinta y tantos y encadene una larga lista de ligues, amantes, novios y hasta parejas formales de convivencia indefinida y un anillo de compromiso que nunca devolvió. De hechó llegó a pedir cita previa en Covadonga Plaza, gurú de todas las novias que en Asturias son y han sido; pese a mi insistencia por Helena Mareque.

Ahora ha conocido de nuevo a alguien. El domingo, de casualidad, como quien no quiere la cosa. Mientras yo me vestía de rojo y me subía a los zapatos más altos que he lucido nunca (la dependienta de esos grandes almacenes a los que la estación del año de turno siempre llega antes me preguntaba cómo era posible caminar con semejantes andamios) y dos personas distintas, a las que no conozco, de distinto sexo y diferente edad, en diferente ubicación, parece ser, opinaban que estaba guapísima. Yo, que no Eme, que siempre está guapísima, porque entre otras cosas lo es. Yo sólo a ratos lo parezco.

Pues Eme ha conocido a un nuevo chico. Un divorciado sin hijos, de cuarenta y pocos, parece que aparente, divertido, educado, con posibles y un largo etcétera que detalla emocionada al teléfono. Y es estupendo, claro. Porque el flechazo ha sido mutuo, la química bidireccional, las ganas de volver a verse mutuas... aparentemente. Pero, siempre hay un pero, él no ha vuelto a dar señales de vida desde el domingo a eso de las seis cuando se despidieron delante del taxista que la llevaría a casa y tras pasados apenas diez minutos ella le envió un SMS para decirle lo bien que se lo había pasado, las ganas de repetir, de volver a verle y todo eso que parece ronda por la cabeza después de una cita dizque perfecta, o casi. Me lee la respuesta un tanto lacónica de él, que viene a ser algo así como "yo también", y a ella, claro, como buena mujer insegura sin motivos para inseguridades le entra la duda y saca el calendario y cronometra los tiempos y se come las ganas de llamarle para hablar con él, o de enviarle de nuevo un mensaje para comunicarse y ni mucho menos escribirle un largo email para contarle como se habían cumplido sus expectativas. Porque tal vez es demasiado pronto, no vaya a agobiarse, no vaya a proponerle algo así como volver a verse el próximo fin de semana y vaya a pensar que está sola y desesperada y sin ningún otro plan más que quedar con él. No, mejor esperar al jueves para proponerlo, como quien no quiere la cosa. No, mejor esperar a que sea él quien la busque, no vaya a dar la impresión errónea, no vaya a pensarse que ya ha caído rendidamente enamorada a sus pies. Mejor que demostrar el interés que siente es fingir el desinterés que no siente... Y yo pienso que debí perderme el día de clase en el que las monjas explicaron el manual de comportamiento para las cenicientas modernas, tal vez estaba en la cama con escarlatina leyendo "Mujercitas", tal vez mi vida sentimental siempre haya sido un desastre por decir siempre lo que pienso-siento-quiero a las primeras de cambio. Tal vez porque siempre he pensado que si alguien se para a tu lado es exactamente porque quiere, y si alguien se queda a tu lado es exactamente porque lo quiere aún más, por mucho que tú taches con cruces en rojo los días en el calendario.

La política no es aburrida. Los políticos son los aburridos.Y lo que puede pasar el domingo 22 aquí, en esta Asturias nuestra, va a ser aún más divertido.


No voy a hablar de mis inclinaciones políticas, que tenerlas, las tengo; entre otras cosas porque no interesan a nadie y en todo caso es complicado que se ajusten a unas siglas en concreto. Creo que nunca he votado a un mismo partido en dos legislaturas seguidas, y generalmente mi voto autonómico, estatal y local nunca coincide, pasando de un extremo a otro, siempre fiel a mi cita con las urnas, aunque mi voto vaya a ir en blanco.

Se supone que Asturias tradicionalmente es un feudo socialista, aunque las apariencias a veces engañan y por ejemplo en Oviedo tenemos un alcalde popular que encadena legislaturas y mayorías absolutas, el insigne Don GaVino. Más por (de)méritos de una ¿oposición? ineficaz que por los suyos propios. Y en todo caso si se analizan los resultados electorales de las últimas elecciones, la diferencia entre los dos grandes partidos fue, si no recuerdo mal, de uno o dos diputados. Y sin tener en cuenta al voto emigrante, que en una región como esta supone unos cuantos miles de votos y tiene su incidencia (generalmente escorado a la izquierda), tal vez aún estarían más igualados. Porque esa es otra historia que por mucho que lo intente sigo sin entender del todo. ¿Por qué tiene que votar a la presidencia de una comunidad autónoma alguien que en el mejor de los casos es hijo de o nieto de y jamás ha pisado Asturias y cuya única vinculación es formar parte de la banda de gaitas del Centro Asturiano de Buenos Aires, Valparaíso o Salinas?

Entiendo que la tentación de quedarse en casa o dedicar la tarde o la mañana de un soleado domingo de mayo a cualquier otra actividad que eluda el acercarse a su colegio electoral es más que tentador con la que esté cayendo. Y no, no es mi intención adoctrinar a nadie no ya con el sentido del voto, pero no olvidemos que la grandeza de la democracia (a pesar de sus muchas miserias) es precisamente ésa, que nosotros elegimos a quienes presuntamente nos van a (des)gobernar.

Aunque entre las opciones a elegir esté el imputado Sr. Camps, o la desfachatez de Ana Rosa, Migoya, que no Quintana, no tenga límites; por vez primera la incertidumbre planea sobre la calle Suárez de la Riva (sede de la Presidencia autonómica), y eso señores, no tiene precio... que se lo tengamos que ¿agradecer? a Álvarez Cascos, como que tampoco. 


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