jueves, diciembre 09, 2010

Va a ser eso, el paso del tiempo es mi condena




Hace un tiempo, en una noche madrileña, en un garito cualquiera de la Latina, durante la cuarta cerveza (a la segunda paso a ser amable, a la tercera simpática y a la cuarta divertida) C. me presenta a un tipo bastante aparente, aunque algo bajito para mi gusto, y muy, pero que muy simpático, y amable y atento y divertido e interesante. Éste es *, me dice, y acá, su novia. Una chica guapísima y simpática e igualmente divertida, que hace mucho que acepté como una fatalidad incorporada e inevitable, que los tipos aparentes y divertidos y simpáticos e interesantes siempre tienen novia, o están casados o son gays. Pero la novia se aleja y nos quedamos los dos hablando de esto y de lo otro, de ciudades, de viajes Asturias-Madrid, de Berlín y Barcelona, de libros y el gran Gastby, de pistachos, del violeta como el color de mi olvido, del azul de los amaneceres... y vuelve C. con otro tipo casi igual de aparente, y ése sí es alto, y parece que no comprometido y heterosexual, y toca en una banda de rock que no conozco y que él nombra a la segunda frase que pronuncia mientras C. se aleja y me deja con los dos, haciendo gala yo de mi más profunda ignorancia musical y un "¿debería conoceros?" de pretendida y genuina ingenuidad, que tipo aparente número dos no se toma demasiado bien, aunque tendrá oportunidad a lo largo de la noche de descubrir que simplemente yo soy así, yo hablo así; mi mano izquierda nunca acierta a entender lo que digo con la derecha.

Pasamos a hablar de música por tanto, de salas y conciertos, de la policía local y estúpidas normas que regulan los ruidos; y en un determinado momento, tipo aparente número uno, habla de un concierto que dará en la sala Galileo en breve y al que por supuesto estoy invitada. Tal día, a tal hora, que tienes que venirte, haz el esfuercito para pasar ese finde acá en Madrid; y yo, que de cuando en cuando trato de no cometer dos veces seguidas el mismo error, y es más, hasta lo consigo en ocasiones, finjo saber de qué me está hablando. Y esto, debo de ser muy convincente, aunque siempre me he considerado una pésima actriz, y él comienza a hablarme de sus bolos y sus discos y sus historias, y yo asiento y afirmo que haré lo posible por ir a ese concierto. Y el tipo aparente número dos vuelve a nombrar a esa banda de la que forma parte y pasa a hablar de no sé qué concierto en no sé qué sala, y yo sigo asintiendo, aunque en este segundo caso no necesito fingir, ya ha quedado antes meridianamente claro que soy una ignorante provinciana. Así que cuando tipo aparente número uno enfila la calle del brazo de su guapísima novia y yo me quedo con tipo aparente número dos que me está hablando de su colección de guitarras, me escapo por momentos para preguntarle a C. "quién carajo era tipo aparente número uno". Y ella me dice que es *, y a mí lo cierto es que ese nombre me suena vagamente, pero vamos, que lo más probable es que no le haya escuchado en mi vida y le confunda con otro. Pero parece ser que sí, que es famosete, que tiene un par de discos y hasta ha sonado en las radiofórmulas. Pero en qué mundo tú vives... Sí, va a ser eso.

Tiempo después me lo encuentro en un noche de insomnio y zapping radiofónico, le están entrevistando en no se qué programa que encuentro al azar dándole vueltas al dial. Y parece ser que sí, que el tipo aparente número uno es conocido. En un determinado momento de la entrevista se nombra a Quique González, que son muy colegas, dice, y cuenta un buen número de anécdotas y pianos compartidos, y a mí, claro, me falta tiempo para reclamar a C. una vez escuchado el nombre de Quique. Pero es madrugada y no voy a despertarla en medio de la noche, así que le mando un SMS diciéndolo que la próxima vez que vea a * le pregunte por Quique González, algo así como si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores. Y C. me llama al día siguiente y va la tía y me pregunta, quién c* es Quique González... y bueno, es cierto que nuestros gustos musicales son tan dispares que jamás compartimos coche por eso de que a ambas nos resulta insufrible la música que la otra escucha. Nuestra relación, musicalmente hablando, es del tipo C. le dice a Dae: "Qué emoción, tenemos entradas para ver a los Arcade Fire, pero lo cierto es que no hemos pensado en ti, como a ti sólo te gusta Bruce Springsteen, pero puedes venirte ese fin de semana si quieres igualmente". Y claro, yo, aunque tú no lo sepas, mataría por ver a los Arcade Fire, y cuando después de pedir unas innecesarias disculpas se compromete a que me sacará una entrada a modo de desagravio, ya están agotadas. Y así ni modo, pero cómo contarte, cómo decirte, cómo c* es posible que no sepas quién es Quique González.

Uy, pues no, no me dice mucho, pero claro, a mí tampoco me dicen mucho los Depeche Mode, pero vamos, que eso es lo de menos... y en definitiva, qué quieres que le diga, un autógrafo, un disco firmado, una foto. Pues no sé, no, nada de eso, que eso sólo son chorradas, supongo... ¿Y entonces? Nada, déjalo, si al fin y al cabo Quique González también es muy bajito... Si tú lo dices.

Y sí, es que últimamente yo lo digo todo, aún sin decir, y es más, cuando me dicen, pues como que no sirve de mucho, porque yo ya sé lo que van a decir, y ni modo, así no hay manera de seguir caminando sin retroceder. One step up, two steps back...


[Y si hay alguien ahí fuera que no sepa quién es Quique González, que calle para siempre]



Y que después me atracaran a la manera del poeta, tus labios, o la vida...




No sé porqué se me ha ocurrido pensar de pronto que me gustaría que alguien se tatuase algo en mi honor. No me refiero a mi nombre enmarcado en un corazón, aunque mi nombre sea cortito y mono y entrara perfectamente en un corazón de no exageradas dimensiones. Pero no, no pretendería que alguien tuviese semejante mal gusto, que los tatuajes deben tener su punto macarra, pero no hortera. Me refiero, no sé, a algo que hiciera referencia a mi persona, que cuando yo me fuera o me echaran, se quedara y no fuese tan incómodo testigo del devenir del futuro como esas tres letras.

Se lo comento a alguien, que me mira torciendo el gesto y restándome probablemente puntos del escaso crédito que aún debo tener, que ya debo de andar en negativos. Y no, yo jamás me tatuaría nada, le tengo demasiado miedo al dolor físico y a lo más que llegué fue a un piercing en el ombligo que hace bastante tiempo me quité. Pero no sé, sí, me gustaría, supongo, como me gustarían tantas otras cosas...



miércoles, diciembre 08, 2010

Ego te absolvo de mí, aunque probablemente no te lo merezcas... porque a mí de misma, va a ser que no.



Llego a casa, por fin, o al menos a estas cuatro paredes, de las que dos aún siguen sin pintar. No soy capaz de explicarme por qué tras diez meses aún no he sido capaz de enfrentarme a ellas, como si en realidad estuviera de paso y el día menos pensando me fuera a ir, aunque tal vez, quién sabe, acabe haciéndolo. Pero eso, que vuelvo, y con ganas, muchas ganas de rutina, aunque sea algo de lo que todos tendemos a huir y que en cambio a mí me resulta tan necesaria en algunos momentos. Nunca he entendido qué tiene de raro, de extraño o de aburrido saber de cuando en cuando qué es lo que te espera, poder disfrutar del orden y de los acontecimientos encadenados. Probablemente porque mi vida siempre se ha basado en la improvisación y el caos más absoluto, porque nunca la he tenido o disfrutado. Así que no más, por favor, que nadie más me aconseje que lo que tengo que hacer es dejarme llevar y carpe diem y vivir una aventura o cientos de ellas, que debo caminar bajo la lluvia sin buscar refugio en los portales.

Estoy cansada, sí, cansada, de las palabras y consejos ajenos. Especialmente porque yo sólo pido que me paguen con la misma moneda, que no me los den, que yo no los doy. Que seamos todos unos egocéntricos a mi modo y ejemplo, y hablemos sin parar de nosotros mismos, quitándonos la palabra, y yo más; pero nada de consejos vendo que yo no me aplico, o aún haciendo uso de ellos, porque no entiendo porque cierta gente se imagina que mi vida tiene que ser como la suya, que lo que a ellos les vale tiene porque valerme a mí. Que yo ya sé, ya sé lo que quiero sin que tú vengas a decírmelo, que ya sé lo que no quiero, aunque saber lo que se quiera y lo que no se quiera no sea ningún avance aunque algunos digan que sí. Aunque reconocer miedos y carencias tampoco te haga ascender peldaños en la escalera de la vida. Que sí, que yo estoy aquí, que sé dónde y cómo estoy, sé hacia dónde me dirijo o al menos hacia donde querría dirigirme, y... y nada, porque no te hace ser más sabia, ni más feliz, ni más segura de ti misma. Te hace cabrearte más con la vida, con el mundo, contigo misma. Te hace tener tan meridianamente claro lo que quieres, que al no alcanzarlo, al no conseguirlo, no sólo no renuncias a ello, sino que te agarras más fuertemente a lo que buscas, aunque ya se sabe que buscar es un error, que hay que sentarse a esperar a que llegue, o directamente hay que vivir, que la vida pasa, aunque sea la vida de otros o sea a su modo y manera.

Aunque eso que yo quiera no exista, que ya lo he oído tantas veces, que por eso a lo mejor no lo tengo, porque simplemente está missing, porque nunca estuvo, porque nunca ha sido y será. Pues ni modo, y aunque no se trate de pintar la vida a brochazos de blanco o negro, es sí o no, que la gama de grises, como el cielo del día de hoy es infinita, y aunque yo a menudo me vista de gris y una pared de mi dormitorio esté pintada de color plata, elijo el negro, que siempre he sido la woman in black, con paredes pintadas de blanco (las que lo están). Y me da igual que digan que eso es ser caprichosa, o ser una inmadura o negar una más que evidente realidad, porque sólo tengo dos caminos, conformarme o no conformarme, y la palabra resignación nunca ha entrado en mi vocabulario.

Y veo un capítulo de "Anatomía de Grey", que sí, que me gusta esa serie porque está llena de mujeres inseguras, emocionalmente inmaduras, atrofiadas sentimentalmente, neuróticas e insoportables, aunque brillantes profesionales, e inteligentes, sin duda, pero que se vienen abajo a la mínima, ante un atisbo de compromiso, ante los abrazos o ante los sentimientos. Y para variar ni siquiera son guapas, que los guapos son ellos, guapos y absolutamente planos, meros espectadores del devenir, una puritica comparsa al lado de las Yang y Grey que en este mundo son y han sido. Pero eso, que veo un capítulo de la séptima temporada, creo, donde Teddy se lía con el psiquiatra o terapeuta o psicólogo que han contratado para liberarles a todos del trauma de los disparos y demás. Sí, Teddy, la eminente cirujana militar lo qué sea, la que estaba enamorada de Owen, o lo que es lo mismo, Lucio Voreno pa'los restos, cuando él estaba comprometido con otra. La que estaba enamorada de él cuando él se enamoraba de Yang. La que estaba enamorada de él cuando tuvo que elegir y no la eligió a ella, y ya por fin cuando él se casa con Cristina, pues van y la lían con el terapeuta o lo que sea que estaba de paso. Y claro, ella va y se enamora de él, aunque sabe que él se va a ir, que no hay futuro, ni posibilidades, que sólo es un pasatiempo, un capricho temporal. Pero no importa, porque cae, pese a todo, pese a saber y estar informada y avisada. Y claro, no quiere despedirse, porque las despedidas duelen, aunque sean anunciadas. Y él, como si estuviera ante una de sus pacientes le recuerda que tiene un problema, que siempre se enamora de hombres comprometidos, o de hombres que están de paso, de hombres que sólo van a estar un mes en la ciudad. Como si ella no lo supiera y lo aceptara, como si eso fuese lo importante. Porque no todas medimos los tiempos, no todas las vemos venir, o aunque fuera así, no tenemos por qué renunciar a lo que sentimos o a lo que queremos sentir.

Y hace rato, obvio, que he dejado de hablar de Teddy y he pasado a hablar de mí, aunque al fin y al cabo ambas seamos personajes de ficción, porque creo que a mí ya sólo me encuentro en la pantalla. Y aunque acabe de levantarme (y esto sea una ilusión), sé que volveré a caer, no sé cuándo, dentro de una semana, o de un mes o de tres o cinco. Y seré consciente de estar deslizándome de nuevo hacia un abismo sin futuro, hacia el próximo hombre que pase por aquí siempre de paso, siempre de prisa, hacia el que me enseñe que las palabras siempre son más importantes que los hechos. Aunque llegue el final y no haya beso de Hollywood (los besos de Hollywood son los únicos que me interesan) y yo no quiera despedirme, porque las despedidas, you know, no por anunciadas duelen menos...  Pero saben qué, lo estoy deseando... así que no sé a qué estas esperando para aparecer, porque cuanto antes llegues, antes podrás irte.






P.D. La doña y Joaquín Rodríguez "Cagancho"

Parafraseando a Heine, podría decir algo parecido a que die Stadt Düsseldorf ist sehr schön, und wenn man in der Ferne an sie denkt, und zufällig dort geboren ist, wird einem wunderlich zu Muthe. Ich bin dort geboren und es ist mir, als müsste ich gleich nach Hause gehn. Und wenn ich sage nach Hause gehn, dann meine ich die Bolkerstraße und das Haus, worin ich geboren bin... aunque a mí Düsseldorf siempre me haya parecido una ciudad espantosa, de la que sólo salvo la zona portuaria, por canalla y arrabalera, obvio.



Leo, en realidad releo, a Auster; aunque quién quería que me acompañase estos días era Enrique Vila-Matas, pero por motivos que no alcanzo a comprender o que tal vez prefiera no analizar ni descubrir, cambio la "v" por la "a" y estiro la mano sin mirar hasta coger un libro, que resulta ser "Trilogía de Nueva York", aunque podría haber sido cualquier otro, "El palacio de la luna" o "La invención de la soledad" o "Brooklyn Follies" o incluso ese pequeño volumen de relatos, "The red notebook", que fue el primer libro de Auster que cayó en mis manos y que leí en algún momento impreciso de mi otra vida hará unos quince años. Y es el poder que tienen los libros, y algunas canciones, que de inmediato me veo trasladada a ese pasado, que tan remoto se me antoja ahora, en el que me enamoraba en alemán, leía a Auster en inglés y recibía cartas de un aspirante a doctor en medicina nepalí desde la verde Irlanda que se había enamorado de mí cuando nuestras miradas se cruzaban entre bostezos en las mañanas compartiendo vagón de metro... sí hubo un tiempo en el que se escribían cartas, aunque ahora supongo se nos ha olvidado y siempre haya alguien que te recuerde que en realidad ahora no todo es tan distinto, que están los emails de ida y vuelta y el ciber-sexo (aunque para mí estas últimas dos palabras nunca deberían ir unidas, entiendo son incompatibles).

Y pienso, qué bueno, que al final todo es cuestión de elegir y yo puedo elegir, para contar aquí, se entiende, entre cuatro nostalgias distintas. El pasado de hace 15 años; el de hace dos, con el que me tropecé ayer sin querer; el más inmediato que me persigue como si de mi propia sombra se tratara; y el presente, que intuyo en breve se va a convertir en pasado; así que a este último debemos darle aún una oportunidad, o más bien un receso o una tregua, y al inmediatamente anterior un descanso, que si ni siquiera soy capaz de aceptar porqué entre todas las letras escogí la "a" de Auster (el libro en concreto sí fue ya cuestión del más puro azar), pues ni modo. El de hace dos años aún me desconcierta, pero será por poco tiempo, que soy incapaz de no mirar a los ojos durante demasiado tiempo y más temprano que tarde acabaré por preguntar qué hace un chico como tú volviendo a una chica como ésta. Y todo lo demás también... que a quién carajo le va a importar lo que sucedió hace quince años cuando ya ninguno de los de entonces somos los mismos (afortunadamente, en algunos casos) y la teoría de los seis grados de separación está más presente que nunca.

Y aunque algunos de ustedes piensen que no viene a cuento de nada... es que no, nunca acabaron por gustarme "The Beatles", fíjatetúquétontería...

Y no, aclaro, esto no tiene nada que ver con el aniversario de la muerte de Lennon.






P.D. Maria Schell


[Estos días, obvio, tiene que sonar Roy Orbison...
pero siempre tuve debilidad por cómo cantaba esto Linda Ronstadt ]      

martes, diciembre 07, 2010

Show must go on... Le pese a quién le pese, incluidos a ti y a mí.



Son casi las cinco de la madrugada del sábado cuatro de diciembre cuando escribo esto. Desconozco qué día y a qué hora saldrá publicado, aún no lo he decidido. Estaré ausente unos días, y para paliar mi ausencia, sé que pese a todo habrá quién eche de menos no ya a mi persona, sino a mis letras, por increíble que (me) parezca, había decidido dejar preparadas una serie de entradas para que se fueran publicando estos días... Acabo de borrarlas todas, quizás es que el insomnio me devuelve la coherencia o la dignidad o las entendederas, o tal vez es que me he quedado sin voz y hace un frío del carajo ahí afuera y se me han congelado las ganas, pero hace escasa media hora que deambulo por la casa y aunque debería meterme en la cama, que dentro de tres horas sonará el despertador, he puesto música, bajita, bajita, y suena Alejandro Escovedo y bailo, por dentro, al ritmo de las notas de rock and roll que me he metido en vena esta noche, cuando a las 21:30 y con puntualidad inapropiada Javier Andreu me recordó que hace años en España ya se rockanrolleaba como si del mismísimo Nashville se tratara y unos tipos tras de mí le gritaban a Julián Hernández que eran de Monforte (de Lemos, supongo) mientras que otros, al otro lado, exigían el cuenca minera, borracha y dinamitera, que somos de la cuenca, ho, y alguien tras de mí, me pedía insistentemente que no dejara caer su chupa de cuero de la valla que nos separaba del escenario, que es lo que tiene ser una jodida groupie, que sin proponérselo, ni hacer colas, ni atropellar a nadie, acabo en primera fila, pegada a la valla de seguridad y justo centrada frente al escenario, que hasta de forma totalmente involuntaria salgo en el periódico [editado, acá, es que salgo hasta mona y tal, perdonen el autobombo]... y luego estaba Johnny, que nunca nos hace olvidar que la sombra de Pepe Risi es alargada, pero que te canta eso de que no es extraño que yo esté loca por ti y casi se me olvida, aunque en realidad por quién yo esté loca después de por ti, sea por el Loco, valga la redundancia, y haya perdido la cuenta de las veces que me  ha recordado, yo abajo, él arriba, a veces casi a la misma altura, salvando la distancia de mi 175 a su imponente presencia, la suerte que he tenido de conocerle.

Y me acordé de Ana, obvio, porque Ana es la fan número uno de Loquillo, yo soy la fan número dos, hace mucho tiempo que asumí que no podía competir con ella. Me hubiera gustado una vez más compartir ese concierto con ella, y con Mar, que es la fan número uno de Extremoduro, y con Palmira, que era la fan número uno de un cantautor mexicano de cuyo nombre nunca me acuerdo, pero que cantaba nuestro himno número dos (ése que decía algo así como préstame tu máquina del tiempo), porque nuestro himno número uno era y es "El ritmo del garaje" y hasta tenemos un himno número tres, "Point blank", aunque mi canción sea el "Tougher than the rest", que por cierto, gran detalle por parte de la persona que me acogió en su coche y me acompañó en el concierto, que hizo sonar en mi honor justo esa canción cuando yo subía, con premeditación y alevosía, que una será una sentimental, pero esas cosas me emocionan casi tanto como cuando el Loco a mi lado me hizo rozar por momentos la eternidad.

Y me acordé de que Manel y yo nos prometimos, en el que fue el peor de los inviernos, como si estuviésemos en medio de una película de Meg Ryan, que si al cumplir los 35 seguíamos solos nos casaríamos el uno con el otro, que el hecho de que él fuera gay y a mí me gustasen apenas el 0,01% de los hombres, carecía de importancia. Y de nuevo de Ana, Palmira y de Mar, del calor de nuestras noches a ritmo de rock and ron y de actitudes inconfesables. Y de Gabriel Sopeña, que era el primo del hermano del amigo del vecino del que tenía aquel programa de radio, al que no dejamos de acosar, presionar y chantajear hasta que nos consiguió un tête à tête con el señor Sanz en aquel minúsculo estudio de radio casi sentadas sobre sus rodillas, una para Ana, otra para mí, tras finalizar la entrevista, discutiendo sobre lo divino y lo humano, y puede que él lo olvidara enseguida, nosotras, obvio, iba a ser que no... y la despedida ya en la calle poniéndose de puntillas y la calidez de su abrazo, pese a que año tras año y concierto tras concierto siempre le recordáramos que éramos nosotras, y quién sabe, como imaginar es gratis y es lo que tienen ser una jodida groupie, a lo mejor hasta me reconoció cuando se paró y me obligó a mirarle, que al fin y al cabo, que la vida iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde.



El pasado acaba de mirarme a los ojos... y yo no sólo me he ruborizado, sino que he mirado hacia otro lado esquivando su mirada





[Hostia, tú... qué mal me ha sentado. No sabía que la ¿culpabilidad? tuviese un sabor tan amargo]



"It's nights like these that make me sleep all day
It's nights like these that make you feel so far away
It's nights like these when nothing is for sure
It's nights like these I don't want you anymore

And I've only got this one wish
That I was good enough to make you forget
The only boy who ever broke your heart
Cause nights like these tear me apart

It's nights like these the sad songs don't help
It's nights like these your heart's with someone else
It's nights like these I feel like giving up
It's nights like these I don't seem to count for much

The beer tastes like blood and my mouth is numb
I can't make the words I need to say
She had a weakness for writers
And I was never that good at the words anyways". 




[Va a ser verdad que aquí sólo tendrás cabida si arrastras cadenas, y te cuelas, como los suspiros, de madrugada, entre las cuatro esquinas de mi cama Jesusito de mi vida eres niño como yo]


Dirty realism




Lo malo de construirse un mundo a medida donde sólo una tiene cabida es que cuando te das cuenta de haberlo conseguido tienes exactamente eso, un mundo a medida donde sólo tú tienes cabida.



sábado, diciembre 04, 2010

A veces se me olvida, pero noches como ésta me lo recuerdan de nuevo, que el rock'n roll lo cura todo... incluso redime mis penas

Estoy completamente afónica, así que no me extenderé escribiendo lo que no podría verbalizar...  Así pues, sólo tres cosas etílieróticas a modo de breve no crónica:


  • Qué mal escancia la sidra un pletórico Igor Paskual.
  • Fui regada de cabeza a pies por sidra el Gaitero, cortesía de Johnny Burning.
  • Cuando el Loco me agarró por el brazo, y me obligó a mirarle, nena... se me olvidó que soy de las tímidas, y se me olvidó cuatro veces.



viernes, diciembre 03, 2010

En realidad esto no es más que una excusa para recordarme que tengo que leer algo más de Sebald y escuchar esta canción. Porque para lo demás...




"Si alguien hubiera venido para llevarme al patíbulo, hubiera permitido tranquilamente que me ocurriera lo que fuera sin decir palabra, sin abrir los ojos, lo mismo que las personas sumamente mareadas, cuando, por ejemplo, van en vapor por el Mar Caspio, tampoco oponen la menor resistencia si alguien les comunica que las van a tirar por la borda".

Dice W.G. Sebald en 'Austerlitz'



"I want to disappear

Far from the folks I know
I want to get an answer
To why I was even born
No one here can tell me
What's been haunting me all my life
Well this rat race has left me limping
Cause I balanced on the edge of the edge of the knife

Why am I here?
Oh what should I do?
Well is this the point I'm trying to prove?

If there's a god in my head
Then there's a devil too
How can I tell the difference
When they both claim to be true
Maybe God is God
Maybe the Devil is me
Well I just throw my chains on
And tell myself that I'm free

Chains - are they really there?
Is this just in my head?
Well I'll just stay in bed

Life sure has its meaning
Over years I have postured the sun
Thieves and preachers robbed me
For many hat that I've hung
Now with my heart wide open
I listen to the wind just for a word
Sure, I know it's futile
But that's all I have in this world

To look down from the hill
And howl at the moon
All the tears I cried never salted any wounds
Well the earth is so tender and cruel
Well if you're not there it's still so beautiful ".







P.D. Virginia Huston y Robert Mitchum en "Out of the past"

Sé que nunca enloqueció, jamás perdió el control...



No sé si sonará esta noche... me daría un alegrón, que tengo una deuda pendiente con esta canción. Por lo demás keep on rockin', que esta noche me espera el Loco, por no olvidar a los Burning... qué ganas, pero qué ganas.

Si el que no se consuela es porque no quiere... creo que voy a teñirme el pelo.

A veces creo que me lo merezco. Otras en cambio creo que son los demás los que no se lo merecen...




Ya sabemos que diciembre es el mes de los reencuentros, de las vueltas a casa y las celebraciones varias con gente que ves un par de veces al año como mucho. En agosto, si este mes te pilla en la ciudad, y ahora, siempre en torno a una mesa de celebración anual. Y yo, como buena asocial, tiendo a huir en dirección contraria, pese a que no siempre lo consiga, y pese a que las Navidades me gusten o me sigan gustando. Más por el rollo retiro espiritual y familiar que para mí siempre conllevan, que por la celebración en sí. De hecho ya tengo, aunque con un poco de retraso, mi corona de adviento casi lista.

Pero ahora lo que toca es ver a gente de la que has olvidado los motivos por los que dejaste de verla, y cuadrar agendas, y planchar el vestido y la mejor de tus sonrisas para aguantar estoicamente la batería de preguntas que se te vendrán encima.

De este modo, hace un par de días, en la media hora del café, que se convirtió en una hora, el reencuentro bien lo merecía y ante un chocolate bien caliente (el mío) y cinco tazas de café, hablamos de niños (los suyos), de oposiciones, del auto del juez Chaves, de traslados, de mi compañero A. que cada día que pasa se esfuerza más por resultar simpático consiguiendo justo el efecto contrario, de elecciones, celebraciones de Nochevieja y Reyes Magos que vienen del lejano Oriente.

Y cuando ya nos levantamos y nos dirigimos a la puerta, en un aparte, mientras el resto camina ya en dirección a la calle, me pregunta qué tal estoy. Y evidentemente yo estoy bien, siempre estoy bien. Pero esa respuesta no la da por válida, que eso se sobreentiende, que ya se ve, pero que ella se refiere a qué tal estoy de amores, que lo demás no cuenta, ni importa, que carece de importancia. Y no sé qué contestar, porque no puedo decir que esté bien, no tengo amor en mi vida, no al menos en el sentido en el que ella lo pregunta. Pero tampoco estoy mal, supongo, que la ausencia de éste tampoco supone el abismo, aunque se echen de menos muchas cosas e incluso a algunas personas. Así que me encojo de hombros, ni bien ni mal, ya tú sabes, a verlas venir. Y ella asiente y poniéndose seria me dice que tal vez ha llegado el momento de que deje de correr, de huir siempre hacia delante... Y yo la corto antes de que siga, que conozco el discurso, que lo he repetido cientos de veces, que nunca aprendí a conjugar el verbo "conformar".

Más tarde, mucho más tarde, y ya en casa, suena el teléfono. Es Blancanieves con dos noticias. La primera un cambio en la fecha de la cena prevista de reencuentro trianual, la segunda el motivo del cambio. Una de esas noticias que te dejan muda y que una vez más te dan la medida de la realidad. Y hablamos de todo un poco y de nuevo tras preguntarme qué tal estoy y como tampoco le satisface mi respuesta, incide en lo de siempre, qué fue de aquél, y de ese otro, y del anterior y del penúltimo... para acabar una vez más diciendo que al fin y al cabo siempre le tendré a él esperándome. Pero la corrijo, no, hace mucho que dejó de esperarme, y aunque lo estuviese o siguiese haciéndolo, estaría perdiendo el tiempo. Nadie espera a nadie más de dos años... O no, porque ahora que lo pienso, puede que yo lleve diecisiete años esperando a alguien y me he acostumbrado tanto, que cuando me lo cruzo, cambio de acera, para poder seguir esperando.







P.D. Vittorio Gassman

jueves, diciembre 02, 2010

Dice Ryan Adams en su nuevo disco que deberías dejar de playing con my heart... pero qué dejar de hacer cuando es una misma la que juega con el suyo...




Está nevando de nuevo, bueno, algo parecido, que para mí nevar es otra cosa. Y alguien a mi lado se queja y opina que esto es un asco de tiempo... qué frío, qué humedad, de ésa que cala hasta los huesos, y qué pérdida de tiempo.

Creo que sólo estoy de acuerdo con lo último. Porque por lo demás ni el tiempo me parece tan malo, ni encuentro que sea un asco. Pero sí, estoy desarrollando una elevada intolerancia a las pérdidas de tiempo, tanto a las propias como a provocarlas en otros. Pereza y mucho cansancio serían las palabras adecuadas.

Y no sé por qué estoy hablando de esto si de lo que en realidad quería yo hablar era de blogs y sus lectores, a raíz de los pequeños contratiempos con ciertos comentarios de hace unos días. De programas que te ofrecen estadísticas detalladas de las visitas que recibe una página web y que yo ni sé leer ni interpretar, tampoco es que haya puesto mucho interés, que jugar a las adivinanzas nunca ha sido lo mío.

Y todo esto lo cuento porque hace un rato, de regreso a casa, mojándome bajo una incipiente nieve, y ahora toca corregirme, porque ahora sí está nevando de verdad, me crucé con alguien que en realidad no era nadie. Quiero decir que me recordó o se parecía a alguien que conozco o conocí, aunque en realidad creo que no nos vimos más que un par de veces o algo así, pero que en todo caso no era él, creo.

Eso me hizo acordarme de nuevo de un tema al que todos los que de una u otra forma nos mostramos públicamente, volvemos cada cierto tiempo. A nuestros lectores, a quién nos lee, por qué, cuántos de ellos son "reales" o la oportunidad o no de mostrar este espacio a la gente de nuestro entorno más inmediato, que evidentemente lo desconoce. Y esto viene a cuento porque esta persona a la que probablemente y si no recuerdo mal no vi más que un par de veces en mi vida, y a la que apenas conozco y de la que apenas sé (y de esto puede que haya pasado un año, tal vez más, o menos, no recuerdo), me dijo tiempo después de llegar a la conclusión de que entre nosotros no había química o algo así (en aquellos días yo no habría tenido química ni con una tarta de chocolate, rellena de dulce de leche y adornada con sugus de cereza) que seguía entrando aquí y leyendo todo lo escrito.  Y no, jamás hablé de él, aunque puede que alguna vez haya hecho alusión a la H, de Hornby, "High fidelity", por supuesto. Ni siquiera sé si sigue haciéndolo, tampoco es que tenga importancia alguna, ni sabría como comprobarlo de querer hacerlo, que no quiero.

Y lo recuerdo ahora y sigue sorprendiéndome que tantos meses después siguiera encontrando divertido o interesante o entretenido, no sé qué adjetivo hubiera empleado él para describirlo, lo aquí escrito, y perdiera el tiempo perdiéndose, valga la redundancia, entre las palabras y consonantes de alguien que en la vida real puede llegar a ser completamente vulgar, aburrida, anodina y asocial. Y en realidad no era de esto de lo que quería hablar... y allá afuera sigue nevando. Así que mejor corto y cierro... por hoy.





P.D. Patricia Neal

De exilio y deserción




No quiero que nadie me de las gracias por méritos que no me corresponden, porque yo simplemente me limitaba a pasar por allí. No quiero ser la causante de las lágrimas ajenas, pero tampoco de su felicidad, porque será el primer paso para serlo de su infelicidad.






P.D. Louise Brooks

Hoy es el día perfecto para pedir al mundo que se pare, que yo me bajo y en cierta forma es justo lo que he hecho. Aunque el mundo sea un cabrón y lo único que he conseguido es que gire más despacio, pero no es mérito mío sino del frío y de la nieve y del temporal... Pero he dado un saltito, y ale hop, nadie me echará de menos




Y como no me apetece contar lo que querría contar; ya saben, eso de me encantaría, pero no me apetece; y tampoco tengo tiempo, que el hecho de que una se baje del mundo no implica que no tenga que seguir girando en su propia órbita, me ha dado por mirar donde estaba hace exactamente un año en este rincón... y qué bueno, y que curioso (de nuevo), y qué raro (por enésima vez), porque esto lo podría haber escrito perfectamente esta mañana, fíjeseustedquétontería...









[Escuchando lo último de Ryan Adams (and the Cardinals)]


P.D. Janet Leigh

miércoles, diciembre 01, 2010

A veces pienso que si fuera feliz no tendría nada sobre lo que escribir aquí... y lo que ustedes se ahorrarían



Tal vez por eso hoy he cubierto mi cabeza con mi boina granate de burdeos y ayer compré un puñado de polvorones de chocolate, de esos cutres y a granel. Para conservar, pese a todo, las ideas y mantener la ilusión de una calidez inexistente, que como dicen en Downton Abbey, I don't have a heart, everyone knows that.





P.D. Greta Garbo

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