Las mujeres de verdad tienen curvas
Yo no tengo que imaginarme cómo sería si me encontrase a Don "Mad men" Draper; ya Joan lo dice por mí.
Pero si alguno de ustedes quiere averiguarlo, acá tienen la respuesta.
P.D. Christina Hendricks.
Yo no tengo que imaginarme cómo sería si me encontrase a Don "Mad men" Draper; ya Joan lo dice por mí.
Pero si alguno de ustedes quiere averiguarlo, acá tienen la respuesta.
P.D. Christina Hendricks.
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¿Por qué no convertir esto en un diálogo unidireccional?
Yo me dirijo a ti y tú ignoras que es a ti a quien escribo... Al fin y al cabo en eso consiste mi vida.
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Creo que tras tres días de infructuosos intentos de colgar las cortinas, la sabia decisión de rendirse fue la apropiada. Tendría que haberme puesto a estudiar, pero ya se sabe que cualquier excusa es buena para postergar ese momento, así que decidí hincarle el diente a "Sons of anarchy", serie a la que le tenía ganas desde hace tiempo.
Descarté "Spartacus" tras un solo episodio (o comienzo a hacerme serie-selectiva o tendré que dedicar el resto de la vida que me queda, y parte de la inmortalidad que sin duda me está reservada, a sentarme delante de una pantalla). Aunque dicen los iniciados que a medida que avanza la trama mejora, no estoy dispuesta a comprobarlo; que llega "Dexter" y ya está ahí lo nuevo de "Brothers & sisters" y ni siquiera he visto la segunda de "Damages" , "The pillars of the earth" está llamando a la puerta y tengo que finiquitar "Nip/Tuck". Lo dicho, necesito cinco vidas al margen de la mía: una para vivirla, otra para leer y las otras tres para sentarme a ver series y películas sin mala conciencia por el tiempo que les dedico y le robo al estudio y al vano intento de colgar unas cortinas.
"Sons of anarchy" va de moteros, de esos malos malísimos (a lo Hell's angels), más bien tirando a feos como un demonio (véase Ron "Hellboy" Perlman). Traficantes de armas y de lo que se tercie en un pueblo de mierda en la soleada california sometido al dominio y protección de sus Harleys. Ley y orden a base de amenazas, negocios sucios, chantajes y la familia unida jamás será vencida. Difusa la línea que separa el bien y el mal. Inquebrantables lealtades y no lugar para los alardes de conciencia con cierto tufillo shakespeariano.
Indiscutible el paralelismo con 'Hamlet' del guaperas Jackson 'Jax' Teller (Charlie Hunnan). Hijo del difunto fundador de la banda de moteros. Hijastro del actual líder, Clay (Ron Perlman), vía matrimonial con la desconsolada viuda, Gemma (Katey Seagal, la inolvidable Peggy de "Matrimonio con hijos" y en mi no humilde opinión, protagonista absoluta de la serie, cual una revivida y tatuada Lady Macbeth. Aunque los créditos dictaminen que ese honor le corresponde al rubiales de su hijo, no ha lugar.
Pero no se crean, no es todo balaceras y tacos de billar. Para la ternura, siempre hay tiempo. Hijo neonato y prematuro por el medio y hasta triángulo amoroso, aunque no puedo evitar quitarme de la cabeza qué carajos hace Rachel 'Mad men' Menken, vestida de médico.
P.D. Puede que no sea apta para todos los públicos, sólo por eso ya me encanta. Cuándo aprenderemos en España a hacer televisión que no sea paratodalafamilia.
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Una playa del norte. Pasan ya de las ocho y comienza la retirada de bañistas y veraneantes. Sopla el nordeste y refresca invitando a recoger las toallas. Se nota el declive del verano. Aquí siempre dicen que el otoño comienza en la segunda quincena de agosto, que los días comienzan a ser más cortos y las noches más frías. Puede que sea cierto, aunque yo me quedo. Cuando más me gusta la playa es ahora, vaciándose; cuando el juego de luces y sombras inicia su baile.
Leo ajena a todo, los pies enterrados en la arena, ya no tan caliente. Abducida por la historia de Hortense y Gilbert, los dos orgullosos jamaicanos que a duras penas comprenden que en la madre patria de 1948, en la gran isla, adonde Helene Hanff enviaba latas de carne y medias de nylon, no tiene cabida el color de su piel (por momentos este libro, "Small island "(Pequeña isla), de Andrea Levy, me recuerda a Zadie Smith y su "Dientes blancos". Salvando las distancias y las pretensiones).
A mi lado Carol y Sal dormitan o miran la vida pasar, medio enrrolladas en sus toallas, envueltas en el silencio; roto por el romper de las olas o por los gritos airados de alguna madre cuyo hijo no quiere quitarse el bañador mojado o limpiarse la arena de los pies.
A escasos metros de nosotras, una madre, que lleva exactamente cuatro horas en la misma posición tostándose al sol, mientras sus dos criaturas, de edad incierta, juegan peligrosamente entre las olas. Y de repente, hágase la luz. O lo que es lo mismo, tres cabezas giran para contemplar al apolíneo Adonis; bermudas, camiseta y foulard del color de las turquesas al cuello; que parece, sólo parece, camina hacia nosotras con una enorme sonrisa.
No es vanidad la nuestra. No somos tan ilusas para pensar que tan ilustre y bello desconocido nos elija a nosotras, tres mujeres de treintaytantos, rebozadas en arena; entre todo un ejército de chicas entre los 15 y los 25 (las de 15 parecen de 30, las de 25 parecen púberes adolescentes). Nos recuerda a alguien, aunque yo juraría que éste no es él.
Lobezno no era tan alto. Pero no digo nada, no quiero romper los breves instantes de ilusión; porque parece, sólo parece; a medida que el acercamiento se torna en realidad desvía el paso y se dirige a la que suponemos es su mujer, que por fin parece salir de su letargo; y a sus presuntos hijos, los infantes que peligrosamente chapotean entre las olas y a los que inmediatamente reclama que salgan del agua.
No, no es él. Es más alto, definitivamente. Aunque tiene el mismo pelo, negro, salpicado, si se mira con mucha atención, de alguna cana bien disimulada; los cuarenta no perdonan. Tiene la misma forma indolente de andar, el tumbao que llevan los guapos al caminar, que bien dijo Rubén Blades. Esa indolencia del que se sabe admirado.
Cuántas noches soñé que nos cruzábamos en el Escocia o El escondite, esos bares que hace mucho dejaron de estar de moda, si es que alguna vez lo estuvieron. O en cualquier tugurio de Cimadevilla que jamás estuvo de moda y donde aún se puede escuchar a los Burning y los litros de alcohol nunca dejaron de correr por nuestras venas. O en un concierto de Bruce con su chaqueta de cuero moviendo las caderas al ritmo de 'Dancing in the dark'.
Pero no es él y yo vuelvo a mi libro; y Carol se enrrolla de nuevo en su toalla y Sal suspira... lo vuestro es una tragedia griega, dice. Y sin que nadie le pregunte, ella nos explica el por qué.
-"Que os gusten los guapos, a vosotras" -ella no se incluye- "es una tragedia griega. Porque vosotras ya no lo sois; si es que alguna vez lo fuisteis. Si prestaseis atención a los simples mortales seriáis más felices. Tú, Carol, ¿cuántos de tus novios fueron guapos?, ¿cuántos de ellos te hicieron feliz?, ¿cuántos tenían más de 25 ?”
Carol no se digna a contestarla. Si hay dos personas que encarnen a la perfección el concepto de amienemiguismo, son ellas.
-"¿Y tú, Dae? ¿Qué fue del marinero noruego, y del holandés errante y de toda tu colección de los metro noventa, de todos aquellos que ibas a conocer en un concierto de Bruce o en la barra de un bar mientras sonaba el 'Tougher than the rest’? ¿Dónde han quedado cumplidos los 30?"
Y yo no es que no quiera contestarle, es que no tengo respuesta y corro el riesgo de darle la razón y eso es algo que no puedo permitirme. No quiero acabar por creer que mi felicidad pasa por tener un hombre a mi lado (que sea más o menos guapo es lo de menos).
Recuerdo cuando a los 18, en la Escuela de Ingenieros, mayoritariamente masculina; los chicos se sentaban en lo alto de las escaleras y a viva voz iban puntuando a las chicas que subíamos. A ésta un ocho, a ésta un tres, a ésta un aprobado raspado. Era algo tan habitual como escaparse a la cafetería de la Escuela de Marina Civil a aprender a jugar al mus, que acabó por resultarnos completamente indiferente. Y muchos años después, me decía D., uno de mis metro noventa, ingeniero que también había pasado por esa escuela aunque él juraba que nunca había formado parte de tan popular jurado, que un ocho nunca saldría con una cuatro, o que una nueve nunca le gustaría un seis. Que era ley de vida y que cuanto antes lo aceptáramos más felices seríamos todos. Otro que se apuntaba a la teoría de la tragedia griega. Nunca le pregunté qué puntuación consideraba que tenía (ni él, ni yo).
El padre de familia con un foulard del color de las turquesas al cuello comienza a pasearse delante de nosotras hablando a su teléfono móvil con un tono de voz ligeramente elevado, lo suficiente para reclamar la atención no sólo por su aparente presencia. Sí, si que se le parece, dice Carol… Y Sal, supongo que para reafirmar que a ella no le interesan los guapos, deja de mirarle y pregunta con displicencia qué fue de Lobezno. Las dos me miran esperando una respuesta, como si les interesara o yo la tuviera…
-"Lo último que supe de él es que estaba en un instituto de la cuenca, que seguía volviendo locas a sus alumnas y siendo tan guapo y distante como entonces."
-“¿Sigue siendo interino?"
-“No tengo ni idea”… el padre de familia con el foulard al cuello del color de las turquesas sigue pavoneándose como un pavo real y nosotras aterrizamos en la realidad y comenzamos a hablar de concursos de traslados, oposiciones, interinidades y hombres quizás no tan guapos, pero reales...
Y conciertos de Bruce Springsteen mientras suena 'Tougher than the rest'.
P.D. Lola Lane y Rochelle Hudson
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Se pregunta Nebroa, desde su orilla, si algún lector (o lectora) la tornaría en protagonista de sus fantasías sexuales. Es una pregunta trampa, porque es evidente que sí, que habrá muchos lectores y probablemente varias lectoras, que lo hagan.
Nunca, en cambio, me lo había planteado. Yo, que siempre me pregunto por qué la gente, o el menos cierta gente, me lee. Aunque ahora que lo pienso, y perdonen mi presunción, intuyo que también. Algún que otro lector; no creo que alguna otra lectora, en cambio. Es lo que tienen a veces algunas palabras, algunas imágenes. Acá no somos seres humanos, mujeres de carne y hueso; sino sólo vocales y unas cuantas consonantes, y como Jessica Rabbit, we just drawn us that way.
No se preocupen, no voy a pedirles que mientan y que en ordenada fila confiesen ante mí, armada con látigo a lo Betty Page, sus sueños eróticos en los que yo sea protagonista, esto es irrenunciable, indiscutible (tampoco les disuado de hacerlo, si les place). Y no porque no los tengan, algunos de ustedes, insisto; que haberlos, haylos, sin duda; sino porque considero que las fantasías eróticas de cada cuál no deben ser del dominio público. Que como el amor, sean cosa de dos por dos; o de tres por tres, o de la cifra que ustedes juzguen pertinente; aunque a mí ya me resulte multitud.
¿Y yo?, se preguntarán... o no. En todo caso yo les contesto. No, yo no. Yo no tengo fantasías sexuales más que con Hugh Jackman. Siento que el resto de los mortales, Bruce no es mortal y Jakob Dylan se le acerca, no estén a la altura. Lo siento por ustedes, escasos blogueros del género masculino que leo con interés, no por mí; dado que son mis fantasías erótico-festivas y soy yo quien mando, me quedo con Hugh "patillas" Jackman, o nada. Al fin y al cabo sigo respirando igualmente trece veces por minuto sin ellas; porque las otras... las otras no cuentan.
P.D. 1 Laura Antonelli
P.D. 2 Jon Hamm, o lo que es lo mismo, Don Draper (Mad men), tampoco cuenta. Será que me recuerdas a él.
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"Miró de nuevo a su alrededor.
La lluvia había dibujado un reguero en la maraña de un zarzal, un brillo de plata que descendía hasta el fango del sendero.
El agua era muy trasparente y muy limpia. Se echó la carabina al hombro y regresó despacio a la guerra."
Leo "Paz", de Richard Bausch. Libró que ganó el 'Dayton Price', curioso premio que tiene por objeto destacar el pacifismo de una obra literaria. Un género que a mí se me antoja algo difuso; si me pidieran nombrar tres novelas, tres alegatos sobre la paz; creo que sólo sería capaz, a bote pronto, de nombrar dos, y una con ciertas dudas. "Adios a las armas", de Hemingway; y "La tregua", de Primo Levy (las dudas son sobre esta última). Aunque obviamente haya muchas más.
"Paz" es una novela tan corta, casi, como su título. Podría devorarse, más que leerse, de un tirón; si no fuera porque resulta tan opresiva, que al menos yo, cada cierto tiempo, tenía que dejar de leer.
Un argumento muy simple desarrollado en una sola e interminable noche. Tres soldados norteamericanos, casi adolescentes, realizando una misión de exploración en la Sicilia a punto de ser abandonada por el ejército alemán en 1944. No hay consignas, ni banderas, ni ideologías. Sólo confusión y deriva. Presente siempre el miedo, fundido en negro. Hielo y lluvia omnipresentes.
Comienza la novela, y esto no es un 'spoiler', con un asesinato. El sargento nortemericano mata a bocajarro a un soldado alemán y a una mujer que le acompaña. El soldado alemán va armado y antes de morir dispara; mata a dos de los soldados norteamericanos. La mujer, una prostituta, va desarmada; su única defensa, las palabras. Grita, supongo que insulta, en alemán, y recibe un disparo en la cabeza. Eso es la guerra, ¿no?
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Será que hoy ha amanecido en gris, llueve, o para ser más preciso, orbaya. Aunque debería estudiar, el aburrimiento me puede. Esto está vacío, o están de vacaciones o una comisión ha sacado a prácticamente todos mis colegas de la oficina. He dormido mal, fatal en realidad, me he despertado varias veces con malos sueños; tal vez el calor. Hoy no parece que sea verano, lo que no es malo del todo. Estoy cansada, tengo anemia, sueño y un ligero cabreo con el mundo en general y mi mismidad en particular. La semana que viene me la he tomado libre... Todo esto para qué. Para qué lo cuento, digo; absolutamente para nada. Simplemente me apetece.
Igual que durante mucho tiempo no contestaba a los comentarios. Porque no me apetecía, porque no tenía nada que decir. Además se evitaban los agravios comparativos, si no contesto a ninguno, nadie se puede sentir ofendido. Y es que de comentarios precisamente quiero hablar, de los tuyos en concreto, estimad@ Anónimo.
No sé quién eres ni cuál es tu motivación para que día sí, día también, entres, leas y de cuando en cuando (supongo que lo sabes, pero eres, cuando menos, tan previsible como yo), comentes. Conozco las razones por las que yo día sí, día también (me he quitado), visitaba páginas de gente cuyos escritos me irritaban por el motivo que fuera. La diferencia es que yo no comentaba. Y no, no es que yo fuera más educada que tú, o que tú seas más valiente que yo; porque en todo caso desconozco por completo tus razones, si es que las tienes.
Mentiría si dijera que no me interesa conocerlos. Como mentiría igualmente si dijera que no me importa saber quién eres. Cualquiera que escriba un blog, supongo, tendrá curiosidad por saber quién le lee y por qué. Aunque siempre parto de la idea de que si te haces asiduo visitante de un lugar es porque lo que encuentras allí, te agrada. Entiendo que no es este tu caso. Lo acepto, no me importa, ni siquiera me molesta; pero la curiosidad, obvio, es más que evidente.
Doy por hecho que siempre eres la misma persona. Tal vez me equivoque, pero tengo "fichados" dos Anónimos que habitualmente comentan aquí. Vuestros estilos, tonos y comentarios son tan característicos que casi sin dudar tengo claro que sóis siempre los mismos. Uno parece ser que es de Soria; el otro, tú, no tengo la menor idea y menos interés. Ni siquiera sé si eres hombre o mujer, tampoco eso me preocupa. No eres tú quién expone su vida, sino yo; no eres tú quién deba dar explicaciones; pero discúlpame la curiosidad, reitero.
También parto de la idea de que eres exactamente eso, un anónimo, seas quién seas y que no me conoces absolutamente de nada, más allá de esta página. Sería divertido, sin duda, que fueses alguien que me conociese de mi vida 'real'. Pero va a ser que no, intuyo. ¿Qué nos queda? Que lees esto, por el motivo que sea; y comprensiblemente te parezco un horror y decides no callarte. Entiendo que creas que me conoces, pero lo siento, no, no me conoces. Lees y sacas tus propias conclusiones. Y probablemente sean acertadas y lo que tú crees que soy y represento dé en la diana. Es más que seguro que no te equivoques en tus suposiciones o intuiciones, puede que sean paralelas a mi realidad; pero es que exactamente son sólo eso.
Puede que ni siquiera yo sea yo, que no sea una mujer en la treintena y que todo lo que cuente aquí o en su mayor parte sea absolutamente ficción. ¿Podría ser, no? Que fuésemos varias personas, o un hombre o una adolescente. Bien, vale, no, no cuela, ambos lo sabemos. Pero y qué. No tengo talento para la ficción, no sé inventarme otras vidas más allá de la mía. Internet está lleno de blogs así. ¿No tenemos derecho las personas amargadas y sin talento a tener nuestro propio espacio donde desahogarnos? Si nos dedicásemos a autopublicar libros lo entendería, estaríamos contribuyendo a la desaparición de los bosques. Pero ocupar un mínimo del espacio virtual mundial con nuestras gilipolleces no creo que vaya más allá de un atentado contra el buen gusto. También es posible que a la manera de la Liga de liberación de los enanos de jardín haya un movimiento que promueva el buen gusto en la red y haya quién se empeñe en perseguir los espacios absurdos, inútiles y llenos de egocentrismo mal entendido, como el mío. A lo mejor ésa se ha convertido en tu cruzada. No sé, digo.
Así que partiendo de la idea de que tengo un mínimo derecho a mis cinco minutos de fama, a escupir aquí mi vida o lo que yo creo que es mi vida, a exponer mi victimismo y mi amargura. Porque, qué le voy a hacer si mi cerebro no da para más. Si mi vida es esto, una queja constante de lo que no tengo, de lo que no soy, de lo que no alcanzo. Probablemente necesitaría más prozac y menos Platón, supongo, aunque acabe por sustituir la química por la virtualidad.
Soy recurrente, sí; cansina, me repito, hablo (casi) siempre de lo mismo. Y no, no creo que mi vida le importe a nadie, pero menos aún creo que importen mis opiniones sobre lo divino o lo humano. En el supuesto que tuviera opiniones, claro. Así que entre lo peor, mis opiniones; elijo lo menos malo, es decir, yo.
Hace cinco años que escribo aquí. Hace por lo menos cuatro que aprendí que esto no sirve para ligar, aunque ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde. Esto lo cuento por tus comentarios reiterados sobre mi presunta desmedida afición por "pillar" o "mojar"; utilizando tus propias palabras.
No, acá no se liga. Ingenua de mí en un principio (aunque no fuera precisamente ésa la motivación para escribir esto) llegué a pensar que expresarse y mostrarse por escrito podría ser una buena manera de conocer gente. De quitarnos caretas y mostrarnos por dentro, de encontrar a alguien (o que alguien te encontrara a ti) que te valorase por lo que eres y no por cómo eres en apariencia. Pero va a ser que no, que una imagen sigue valiendo más que mil palabras. Hace mucho que desistí. Si lo que pretendiese es ligar por aquí, no hubiese contado muchas de las cosas que he mostrado; soy consciente que no me dejan precisamente en buen lugar. Todo proceso de seducción genera impostura, nadie es tan idiota como para abrirse en canal dejando a la vista vísceras y pulsiones cuando de lo que se trata es de conquistar al otro.
Si traté de ligar vía internet era por supuesto, como tú ya imaginarás, porque en la 'realidad' no tengo ninguna opción. Eso también es evidente. Y no porque sea la más fea, la más gorda y la más estúpida del mundo mundial; al fin y al cabo entro en los parámetros de la normalidad, aunque de la normalidad hacia abajo, claro, tampoco voy a presumir de lo que carezco. Porque ésa es otra, ya tú sabrás; estoy atrofiada emocionalmente, soy frígida, asexual y anorgásmica, torpe, patológicamente tímida, egocéntrica, envidiosa y un poco idiota. En definitiva, una inadaptada social.
Y también entenderás que mi anhelo no es que un 'macho man' venga a quitarme las telarañas. No, lo que yo quiero es ser madre (no menos de tres) y esposa; casarme de blanco, entrar en la iglesia del brazo de mi padre al son del Canon de Pachelbel e iniciar el vals rodeada de gaitas tocando el O son do ar. Los sueños, al menos los míos, siguen siendo gratis.
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No me gusta introducir cambios en el blog... bueno, a quién voy a engañar, no es que no me guste, es que no sé, y la única vez que lo intenté allá por el 2007 me lo cargué y tuve que empezar de nuevo, aunque recuperé algunas entradas de entonces en el intento.
Cuando visito vuestros blogs tan elegantes, llenos de mil historias, de fotografías, de artilugios y demás siempre me pregunto cómo lo hacéis y si yo sería capaz. Como me temo que la respuesta es no, sigo a lo mío. Foto, texto (a veces ni eso) y canción si cuadra.
Pero hoy he roto la norma, he introducido una novedad. Eso que te permite ver aleatoriamente otras entradas anteriores. Siempre he pensado que no sirve para absolutamente nada cuando lo veía en otros blogs. Y sí, ciertamente no sirve para nada, y como suele sueceder con las cosas que no sirven para nada, me ha hecho perder el tiempo. Me he pasado un rato largo, largo, releyendo y recordando lo que escribí hace un año, dos, tres y hasta cuatro. No era consciente de las cosas que he contado, a veces llevada por la rabia o el resentimiento, la inconsciencia o la pura alegría. He recordado personas, situaciones, vivencias, cosas y circunstancias que creía ya olvidadas. Me he puesto triste y he reído conmigo, de y para mí. Y lo que me queda...
Quería recuperar la entrada escrita hace un año, justo el 27 de julio de 2009, pero no escribí nada ese día. He mirado en cambio qué posteé en el 2008, y obvio, no podía resistirme a recuperarlo.
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Acabo de ver mi nómina del mes de julio. Sí, lo sé, estamos en época de vacas flacas, soy consciente de que peor que bajarte el sueldo es quedarte sin trabajo, y lo siento y lo sé, pero aquí y ahora y prometo no volver a mentarlo nunca más, quiero ejercer mi derecho al pataleo. ESTOY QUE MUERDO... y o comienzo a jugar a la lotería y rezo para que me toque;, comparto piso y meto a un inquilin@ en mi minipiso o directamente lo alquilo y me vuelvo a vivir de prestado o no sé cómo voy a llegar a fin de mes, porque ya no sé de donde voy a ahorrar (si ya no gasto más que lo imprescindible).
Por decreto, acabo de convertirme en pobre de solemnidad (y yo que planeaba una licencia sin sueldo para buscarme las habichuelas por otros lares... va a ser que no).
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No sé por qué he tardado tanto en escuchar Chocolate and roses. Quizás porque las 'mujeres de' siempre me han producido mucha pereza, aunque con Ana Serrano van der Laan o lo que es lo mismo, Ana Laan, siempre hice una excepción (y el primer disco de la Escafandra, Rumble doll, acabó por convertirse en un imprescindible).
Orégano, su primer disco, aún a la vera de Jorge Drexler, siempre me pareció terriblemente desasosegante, aunque tremendamente hermoso. Pero lo primero podía más que lo segundo y llevaba años aparcado en algún rincón hasta que preparando el viaje de este pasado fin de semana hizo acto de presencia y lleva acompañándome el breve pedazo de tarde que he pasado en casa este lunes. A su alter ego, Rita Calypso, en cambio, nunca he dejado de escucharla.
Como lo uno lleva a lo otro y con más de dos años de retraso me pongo a escuchar el que hasta ahora ha sido su último disco editado (y segundo); y claro, las comparaciones son inevitables con aquel "12 segundos de oscuridad" de su ex; que con la otra ni me molesto, a comparar digo... y qué decir, que este disco es un diamante en bruto y declaro firmemente mi amor incondicional por Ana Laan. Y que canciones como ésta sólo confirman lo que tú yo sabíamos.
[...]No more tasting my comida,
todo eso se acabó.
Find another sufrida.
Find yourself otro amor...
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