domingo, octubre 16, 2011

Retomando el camino



“Soy tu ocio del domingo, tu pasión,
tu séptimo día y tu séptimo cielo."

Marina Tsvetláieva



Día absoluta y maravillosamente improductivo... como deberían ser todos los domingos.

jueves, octubre 13, 2011

Palabras a (des)tiempo


Ayer fue uno de esos días en medio de ningún lado. No me gustan demasiado los festivos en mitad de la semana, parecen domingos desubicados. Un día de levantarse tarde, de cero o escasas obligaciones y de comer en torno a las cinco de la tarde, cuando el "momentín" para que se te concediera la venia de una mesa libre se convirtió en hora y media.

En torno a las ocho vuelvo a salir a la calle, tras un par de horas de sofá, ibuprofeno y pérdida de tiempo viendo tres capítulos seguidos de "The vampire diaries" (supongo que un día de estos tendré que hacérmelo mirar). Ha sonado el teléfono, "baja" y yo obedezco la orden; más que orden, invitación. Y así, tal cual, me levanto del sofá y dejo a medias el primer minuto del cuarto capítulo. Con el pelo recogido, las gafas de ver, el atuendo arreglá pero informal casero; y de forma totalmente inconsciente me dispongo a pasear por las calles de una ciudad que comienza a despertarse del letargo de un miércoles festivo soleado; regresan los coches y los peatones a poblar sus calles y aceras.

[.....]

Todos se callan y se quedan escuchándome mientras yo suelto un discurso absolutamente espontáneo, porque de pronto no puedo callar. No me gusta dar lecciones, no me gusta predicar en el desierto, el feminismo trasnochado no va conmigo; y yo, la persona más insegura que vientre femenino ha parido desde que el mundo es mundo, vendo una lección de dignidad y autoestima. Supongo que tendría que aplicarme el cuento, pero es curioso, dentro de mis multiples imperfecciones y de mis miedos a casi todo, no se encuentra ése. No sé de celos. Entiendo que si alguien está contigo es porque te quiere y porque quiere estar a tu lado. Entiendo que el día que deje de hacerlo, que deje de quererlo, se irá, y que nada podrás hacer por retenerlo. Así que mientras tanto, a seguir caminando, aunque sea en dirección oeste y tal vez mañana esos pasos no sean los que te sigan.







P.D. Louise Brooks, Nancy Phillips, James Hall, Doris Hill y Josephine Dunn.

lunes, octubre 10, 2011

El caso es andar...



... y si eso, ya nos tropezamos en el camino.

Usted elige


-"Qué prefiere, ¿muslo o pechuga?"

To Catch a Thief, 1955





[Florence Marly]

jueves, octubre 06, 2011

Los pasos perdidos





"Un agujero en la noche
súbitamente invadido por un ángel".

Alejandra Pizarnik





P.D. Quizás ha llegado el momento de terminar lo que nadie ha comenzado.




[Gene Tierney y Oleg Cassini]

martes, octubre 04, 2011

En los lugares más insospechados, tan sólo tienes que escuchar...


No repitas nunca más que todo fue en balde. Qué tan inútil fue la vida que llevamos. Los viajes y maletas colmados de deseo. Las lágrimas de partidas sin retorno. La infancia ya no más recuperada. Ese sol desconocido. Las cenizas y la sombra.


De nada valió. El sufrimiento y la esperanza... que antes de llegar, ya me hubiese ido.


Y sí, aunque a veces no lo parezca o en ocasiones no me lo crea del todo, lo soy... y si leyeras esto te contaría cuanto.


P.D. Michèle Morgan

lunes, octubre 03, 2011

Aunque tú no lo sepas


Agora yá lo entiendo: importa más
la vida qu’esta montonera versos,
que les palabres todes si l’amor
(o cualquier otra cosa que festexes)
nun ye más qu’un xestu que cada día
esperes con impanciencia. Importa
más la vida ya caminar sin priesa
sabiendo qu’atrás queden les palabres
diches, l’amor consumíu. El tiempu
dexa escrito de nós ente’l silenciu
bien poques coses. La memoria miente
cuando pasa, saluda ya diz: Vuelvo
agora pa que celebres los díes
felices d’entós. Di-y que non, d’aquello
namás queden zalegos que l’olvidu
nun quixo devorar. Nada qu’importe.


Palabres de Antón García


Aunque tú no lo sepas, y menos te importe; nada es verdad... ni mentira.


P.D. Donna Reed

Progresando adecuadamente




Blanche: -"You wouldn't be able to do these awful things to me if I weren't still in this chair".



Jane: -"But you are, Blanche! You are in that chair!"




Whatever happened to baby Jane?


jueves, septiembre 22, 2011

Cruzando la frontera






[Para M., que no siempre la distancia es el olvido]





¿Por dónde empezar? Por la verdad, dirás tú; tan manida, añadiré yo. Pero he prometido hacerlo, por vez primera, porque si nunca la dije fue porque siempre la verdad ha sido una mentira. Y la verdad es que te echamos de menos, así en plural, y no me refiero precisamente a mi yo, mi ego y mi super-yo. Sino a todos (y todas) o a todas (y todos)... Y que mejor forma de inmortalidad, chale (y sé que no estás muerto, pero estar a 20.000 km en la costa del Pacífico no deja ser una forma de óbito) que la de permanecer en el recuerdo de aquellos que te conocieron, independientemente de que te hayan querido, envidiado u odiado. 

Cuídate, dale a los tragos con moderación, que la risa te atraviese y te abrase como el sol de tu desierto, agarra bien fuerte y de veras a tu boricúa y manda aviso cuando cruces la frontera, que la Quela allá por el norte se siente muy sola entre tanto gringo mal nacido. No tiene como otros el don de la adaptación a los territorios hostiles, eso es de lo poco bueno que tiene haberse criado entre alacranes. 

El resto de verdades las dejamos para el próximo encuentro, ya lo decía la pequeña Violeta, las verdades siempre sobran y a nosotros tiempo nunca nos falta. Hasta que vuelvas te iré guardando un buen puñado de ellas pa' echártelas bien directitas a la cara como el humo de tu mota... por si no te resultaron suficientes las hasta ahora escuchadas, añade Chava, que revolotea por aquí vigilando las notas desafinadas del mariachi que has dejado incompleto, persianas bajadas en la calle Jazmín, insomne y como decía el poeta, careciendo, ante ti, de todos los recursos. 


Ya oigo los motores de la Cessna en marcha. Mejor convertirse en leyenda, güey, besando las sombras...

Fdo. Tus carnales.




P.D. No te olvides de las velas a mi bendito Malverde. Nunca faltan motivos para rezarle.



Y recuerda... morir matando es la Ley, así comienza el corrido...





martes, septiembre 20, 2011

Our life is not a movie or maybe




Tendiendo puentes que puedan cruzarse en ambos sentidos. Volviendo a ciudades y lugares que nunca he pisado. Cruzando áridos desiertos, fértiles valles o nevadas montañas. Huyendo de un pasado que por momentos es más rápido que yo y me transporta a otros países, otras lenguas y otras vidas. A personas que ya no son más que anotaciones en tinta que el tiempo si bien no se ha encargado de borrar ha cubierto de polvo y telarañas en una memoria que se resiste a envejecer y que quiere olvidar aquella buhardilla en la Peissenbergstr., las calles de Salzburgo o un hotel de Barcelona.

El tiempo perdido entre plegarias, faldas a cuadros y escaleras bajadas mientras otros subían. Regalando sonrisas, odiando la condescendencia y callando. Egoísmo a raudales y supervivencia. Aprendiendo del no conocido rencor y apresando miradas. A veces, no siempre, hay una silla vacía.

El mío país



Del país onde yo vivo,

nun fala naide.

Naide s’ocupa

del pasu sele

que marquen sobre él les estaciones,

nin de cómo l’iviernu

aporta de sutrucu

y s’espurre cásique hasta xunu,

húmedu y cruel.

Naide nun toma cuenta d’eso.



Como tampoco falen de la llerza

qu’en dellos díes de borrina

escluca dende dientro de los güeyos,

nin del calter atlánticu y ambiguu

que nos fai amar l’agua y la grisura,

anque siempre digamos lo contrario.

Naide nun diz nunca nada d’ello.



Naide que pinte

el milagro d’oru la nozal

nes mañanes serondes de noviembre.



Naide que grabe

el quexíu pantasmal del cuquiellu,

que namás les mimoses de febrero

son a esconxurar.



Nadie pa cuntar

el crecimiento ansiosu de les sebes,

l’esbarrumbe esmeralda de les fontes,

l’esnalar sele

y ausente

de la muerte

penriba d’unes cases

de les que naide nunca dixo nada,

y apenes queda nada pa dicir.

Marta Mori



martes, septiembre 13, 2011

Pocas veces ha resultado tan certero el primer momento del resto de mi vida


Acabo de comprar un par de entradas para la Ópera. Sábado, 17 de diciembre a las ocho de la tarde en el Teatro Campoamor. Ladies and gentlemen, Norma...

Hace tiempo, tres meses tal vez, no recuerdo, que me decía que no se me podían escapar. Pero de alguna manera, y fíjeseustedquetontería, me sentía como si hubiese algo de mal fario en planear con medio año de antelación una noche en la ópera.

Y tal vez porque ya no puedo imaginarme, hace tiempo que lo olvidé, cómo era la vida antes de que el Internet irrumpiera en nuestras vidas (creo que ya no sabría colocarme pacientemente ocupando mi lugar en una cola ante una ventanilla y elegir a medias con la taquilera la mejor situación para mi modesta economía y mi no tan modesto vértigo), hace un escaso cuarto de hora igualmente he dejado de poder imaginar cómo era mi vida de antes... aunque en realidad eso hace cierto tiempo que lo había decidido.


La vida sin usar



Habrá que creer, canta Alejandro Filio encantado de estar en Coahuila, ¿o era Tamaulipas?... Habrá que creer... en Cristo, en la paz o en Fidel.

Aunque no recuerde los domingos y fiestas de guardar, no me arrepienta de mis pecados ni acuda con regularidad al confesionario y las únicas velas que encienda estén destinadas al baño de la semana, me consuelas en el llanto y me guías cuando me pierdo.

Siempre quise ser Lilith, la otra mujer; pero no hubo suerte en el reparto y me tocó su antagonista. Ahora contigo a mi lado ya no siento la tentación de mirar atrás con el riesgo de convertirme en estatua de sal…


Buenas noches y buena suerte




Llevo un buen rato sobre la cama con el portátil sobre las piernas y la pantalla en blanco. He perdido la costumbre o los modos en los que me dirigía a este rincón; pequeño, inútil y un tanto absurdo por momentos. He perdido la costumbre, sí, sin duda, de hablarle a otros. Porque no, yo no escribía aquí a modo de querido diario. No, yo siempre he mantenido estupendas conversaciones en tiempo real con mi mismidad y por momentos sentía la imperiosa necesidad de que fuesen otros los que me escuchasen.

Acá yo escribía para que tú lo leyeras, aunque tú en ocasiones nunca llegases a leerlo (afortunadamente). Y a veces tú tenías nombre y apellidos; otras, a la manera del poeta Girondo, tan sólo letras, acentos, consonantes y vocales. Y ahora, nuevamente, tras muchas lunas, de nuevo tengo alguien a quien dirigirme... Y todo esto lo cuento para aquellas y aquellos que preguntan por qué ya no escribo. En algunos casos incluso por qué les he abandonado. Curiosa pregunta porque nunca me han tenido. Porque no, no se trata de haberse quedado sin historias que contar y una vida que vivir. Se trata de que ya no necesito que alguien me escuche, quizás yo misma me baste y me sobre. Quizás no, quién sabe...

Hace unos días volví a pasarme por aquí y tras mucho tiempo me puse a leer, a ti, a él y a tantos otros tras tanto tiempo, tal vez cansada, tal vez aburrida de leerme en las historias de los demás y que todo siga igual. Las mismas vidas, la misma forma de contar, de doler... supongo que algunos no tenemos remedio... Y curiosamente lo único que no sigue igual me lo encuentro en tu rincón, al que acudía precisamente queriendo encontrarme lo de siempre, las mismas sonrisas, la misma actitud ante la vida, los mismos dolores que duelen, pero siempre un poco menos.

Quise escribirte, dejarte un comentario al uso... pero como tantas veces no me salieron las palabras y las manidas frases que cruzaron mi cabeza no iban más allá del consuelo barato. Tantas veces me he sentido así, ante una historia digna de ser comentada, alabada, agradecida; y yo sintiéndome pequeña, absurda y llena de idioteces. Tratando de pasar de puntillas, sin hacer ruido para no molestar.

La segunda opción era hacerlo de una forma más privada y personal. Tal vez en algún lugar de tu rincón apareciera una dirección, un buzón al que dirigir la misiva. Pero de nuevo di marcha atrás sintiéndome una intrusa. Pese a que recordé las veces en las que alguien se dirigió a mí saltándose el anonimato y barreras de distancia, colándose en mi cuenta de correo firmando con un nombre de pila completamente desconocido, ofreciéndome cariños varios, sabias palabras y compañía en la distancia por medio de las letras. Agradecida siempre, y emocionada sin duda en esos casos y en ese tiempo tan lejano ya.

Como es obvio no hice ni lo uno ni lo otro y tal vez esté usando esto como excusa para reconciliarme con mi propio rincón. Tal vez te esté hablando a ti sin que tú llegues a saber nunca que es de ti de quien hablo, en el caso, no sé si poco probable, de que llegues a leer esto.

Y es que me dolió leerte. Por ti, evidentemente, pero también por mí. Porque siempre he vivido en la firme creencia de que hay personas que no se merecen según que cosas. Algunos dolores llevan impreso un código genético y deben o deberían estar destinados a ser sufridos sólo por algunos. Tal vez sólamente por aquellos que hacemos méritos y reméritos para alcanzarlos cultivando inseguridades, egocentrismo y vulnerabilidad a partes iguales.

Leo tu historia, o esa pequeña parte de tu historia, la que apenas dejas entrever, fiel a tu estilo de contar sin contar en realidad. Esa historia que probablemente yo imagino. Y siento rabia y coraje. Reniego y pienso que a ti no pueden pasarte esas cosas, y no porque no te lo merezcas, que eso es obvio. Que nadie se lo merece, aunque algunos probablemente un poco. Puede que me mueva el egoísmo, fíjatetúquétontería, ya sabes, eso de se me ha caído un mito, que yo de "mayor" quiero ser como ella... Y ella es fuerte, y camina con decisión sin mirar atrás aunque ya no corra el riesgo de convertirse en estatua de sal, y es libre... porque no tuvo miedo a elegir serlo.




P.D. Siempre que escucho esta canción me acuerdo de las mujeres que admiro, y hace mucho tiempo que tú pasaste a ser una de ellas.

martes, agosto 16, 2011


Me he ido de vacaciones, he vuelto y aún me quedan por irme unas cuantas veces. Como decía hace unos días João clavando su mirada café en el turquesa del mar, acá, en confianza, los tiraría todos al mar.

Y que a gustito se queda una tras ser presuntamente políticamente incorrecta al verbalizar exactamente lo que lleva mucho tiempo pensando y nunca se ha atrevido a decir.

En resumen... he vuelto, y para quedarme.

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