sábado, octubre 24, 2009
I’d like to kiss you, but I just washed my hair
Sugiero que nos están echando, han apagado las luces. Me trago las ganas, obedezco las reglas.
Y todo lo demás... también.
P.D. Bette Davis y Richard Barthelmess en "The cabin in the cotton".
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Volveré a ser lo que nunca fui
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miércoles, octubre 21, 2009
Non stop

M. acaba de cumplir los 18. El tiempo no pasa deprisa, sólo nos lo parece. Aún recuerdo la primera imagen de A. embarazada, aquel verano de hace 19 años, del que apenas recuerdo nada. En la estación de Zurich, cuando en Europa aún se viajaba en autobús y los trenes iban hacia el este. Tardarían todavía años en desembarcar los vuelos low cost en nuestras vidas.
Busco un vuelo para las Navidades, algo más de dos semanas de vacaciones. Todo me resulta carísimo. Volar desde Asturias es una utopía por menos de 300 euros. Iberia tiene el monopolio. La opción de quedarme no se contempla. Me gustan las Navidades. Tengo la extraña capacidad de seguir disfrutando de ellas. No sé por cuánto tiempo. Mientras las presencias superen a las ausencias.
Mi lista de prioridades se incrementa de forma inconstante. El alicatado del baño, un sofá de piel rojo, paredes pintadas de blanco y un televisor renunciable. D. no opina lo mismo. El fantasma y la Sra. Muir no es digna de verse en una pantalla de ordenador. Los televisores de ahora se cuelgan en la pared, dice. Me ahorro el mueble, cierto. Me parece una razón convincente. Pero ganan el plato de ducha y su respectiva mampara, tengo la manía de ducharme todas las mañanas y algunas tardes. Ahora todo se paga a plazos, me apunta alguien.
Mi compañero sigue hablando solo y sigue sin hablar conmigo. Tampoco yo con él. Lo intenté, al principio. Un día traté de hacerle una consulta, procedimiento sancionador abreviado. Al fin y al cabo es abogado. No supo contestarme. Fin del intento de socialización. El cine manga y los videojuegos me resultan ajenos y carentes de interés, a él todo lo demás.
Tengo que hablar con el portero. Toda una novedad tener portero físico. Prometió cambiarme la cerradura. Puede que sea una paranoica, pero no pienso pasar una sola noche en mi nueva casa sin haberla cambiado antes.
Un usuario de los servicios públicos me regala una caja de bombones por hacer mi trabajo. Él considera que le he perdonado la vida. Intento sacarle de su error. No lo consigo y me como los de chocolate blanco y con leche. Regalo el resto. El chocolate ya no me pone. Será mi comida del día. Esta tarde tengo una cita y pretendo lucir un vestido que hace un año que no me pongo.
Ayer estuve en Primark. Mi primera compra allí y la tercera vez que entro desde que la abrieran hace ya más de un par de años. Me producen urticaria esas bolsas de rejilla y los montones de ropa desordenada me confunden. La primera vez que entré las colas, la ropa horripilante y el olor a petróleo de la sección de zapatería me hicieron salir por pies sin mirar atrás. Me compré unas medias. Hace siglos que no me pongo una falda y/o vestido. Pero hace demasiado frío, no creo que las estrene. Los panties son más cómodos, aunque menos prácticos para según que menesteres. Hoy me apetece ir al cine.
Me llama M. El Mexicanito lindo ha regresado. Cómo contarle que nunca se ha ido.
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lunes, octubre 19, 2009
Pasaba por aquí

Hoy no he tenido un buen día. Tampoco ha sido malo. Ha pasado sin más. Ha regresado la lluvia. Comienzan a amarillear las hojas y la gente ya luce abrigos y botas. Me gusta el cambio de estaciones, promesa de lo venidero. Y estoy contenta, sin más, sin motivos ni apariencias. Mi compañero (laboral) sigue sin hablarme, aunque se pasa la mañana hablando consigo mismo. Hoy me ha dado "miedo", pero por primera vez en mucho tiempo no me ha importado.
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Tengo una pregunta para Vd.
Creo que yo siempre lo he tenido claro. Mi respuesta es huir, da igual hacia donde o en qué dirección, aunque acabe siendo la equivocada. Y me da igual que sea yo la que no corresponde o mi persona la no correspondida. Es pura higiene emocional, también con su punto de cobardía, cierto. Huir del dolor, del propio y del ajeno, del que una provoca, involuntariamente, y del que sufre, incluso voluntariamente.
Pero a veces, en ocasiones, se me antoja tan difícil…
P.D. Ingrid Bergman y Cary Grant en "Encadenados".
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viernes, octubre 16, 2009
Con las ganas
Sé que debo olvidarlo y alejarme mientras aún esté a tiempo de mantenerme lejos del dolor que inevitablemente llegará cuando ya no me resulte suficiente estar sentada a su lado en el sofá, mi cabeza apoyada en su hombro. Pero hoy no puedo, tampoco mañana ni la semana que viene. Llegará el momento y ojalá esté preparada entonces. Ojalá haya encontrado ese día cualquier motivo que me lo haga más fácil, que los defectos que hoy encuentro adorables se conviertan en insoportables.
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miércoles, octubre 14, 2009
Los domingos se han hecho para bailar (dicen algunos)
Sonaban los Burning en un bar de esos en los que aún suenan los Burning. Estuve a punto de decir lo mucho que me gustaba esa canción, pero no, no éramos dos.
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Plegaria
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P.D. Katherine Herpburn y Douglas Fairbanks en "Morning glory".
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domingo, octubre 04, 2009
Siempre hay un camino

Sigo sin entender por qué elijo siempre el camino más largo, si al final con una sola llamada es suficiente. Y aunque odie los teléfonos, que en lugar de acercar alejan, acabo de hacerla. Puedo irme a la cama en esta noche de domingo un poco más alejada de mí y acercándome, aunque sólo sea un paso, hacia algo, sea lo que sea.
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Espero curarme de ti

"Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón."
Jaime Sabines
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sábado, octubre 03, 2009
Diario de una semana

"Y no se muevan de su asiento
que ahora es tiempo para disfrutar el vuelo
con palomas enganchadas a los dedos
bordeábamos el mar."
Cuando éramos reyes - Quique González
1.- He aprendido que el bourbon y el güisqui no son lo mismo. Ignorante de mí desconocía la diferencia, creía que el bourbon tan sólo era el término que los americanos usaban para llamar al whisky, y parece ser que no, y que ni siquiera el Jack Daniel’s es bourbon porque (cito literalmente) no tiene maíz y es de la tierra de Tennessee y no de Kentucky... que es doblemente destilado y no simple como el bourbon.
2.-He vuelto a escuchar a Quique González. Hay ganas de escuchar su nuevo disco. He vuelto a perderme por carreteras secundarias escuchando “Personal” y cantando a pleno plumón. He vuelto a darle una oportunidad a los nuevos discos de Fito y Pereza.
3.- He vuelto a montar en moto después de más de quince años, salvando las distancias, lo de entonces era una Vespa, lo de hoy una moto de gran cilindrada en plena autopista. Lo mío no es valentía, es inconsciencia, cariño. Y podría ponerme poética y cursi y decir que fue toda una experiencia con el viento en mi cara y la libertad en mi espalda. Pero confesaré aquí y ahora que no lo fue, el erotismo que se puede presumir a la cercanía de pecho contra espalda se evapora con mis manos ateridas de frío, con un casco demasiado grande que huele a tabaco negro y con la escasa agilidad demostrada no tanto para bajar como para subir de ella. He aprendido que nunca más me montaré en una moto con tacones y vaqueros ceñidos, en el supuesto de que vuelva a subirme en una moto algún día.
4.- He vuelto a besar (sólo cuando me lo pidieron) y a ser besada (la próxima vez te afeitas). Y cuando me dijo, no quiero que te vayas, me fui. Cómo decirte, cómo contarte… Aún no lo estoy. Como Jessica Rabbit, me dibujaron así.
P.D. Marilyn Monroe y Montgomery Clift en “Vidas rebeldes".
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viernes, octubre 02, 2009
Máscaras
Mi amigo Y., madrileño adoptivo, que un buen día cruzó el charco para para licenciarse en la Sorbona y acabó de teleoperador en Madrid, es un adicto a la comida y a la coca-cola light, que no Zero, aunque no necesariamente en este orden. De lo primero da fe su oronda figura, de lo segundo, la infinidad de botellas vacías que decoran su cocina en interminable hilera.
Siempre que voy a cenar con él y cenamos fuera, en un restaurante, se entiende, se reproduce la misma escena. Arqueo de cejas y mirada entre el divertimento y la incomprensión del camarero o camarera de turno. Supongo no les resultará habitual que alguien pida cenar con cola-cola light y al mismo tiempo se meta entre pecho y espalda tres platos de la carta sin olvidar el postre. Recientemente, cenando en determinado ilustre local de Gijón casi llegó a las manos con la camarera que a eso de las once de la noche se negaba a servirle un arroz caldoso con bogavante, un chuletón de buey, una ensalada de bacalao y un revuelto de morcilla con pasas y piñones tras las distintas tapas que para el resto fue cena y para él tan sólo un antipasti a la italiana, regados con sidra, obvio, y coca-cola light. Alcanzado finalmente el acuerdo se negoció el postre, arroz con leche, como es de rigor, tarta de queso Afuega'l pitu y algo más que no puedo recordar pero creo que llevaba castañas.
Faltaría más que alguien tuviese que justificar sus adicciones o explicar sus contradicciones, pero a él continuamente le requieren el por qué de la coca-cola sin azúcar si después no se corta ni un pelo en la ingesta de todo tipo de calorías.
-“Porque me gusta, carajo.”
A mí por ejemplo me gusta el pan integral mucho más que el blanco, aunque éste sea irrenunciable para determinadas recetas. Y no, no tengo problemas de fibra intestinal, o tal vez sí, que nunca he tenido claro qué significa eso. Ni tampoco estoy a régimen ni lo he estado nunca y así me va. Simplemente me gusta. Se me antojan pocos manjares más exquisitos que una buena rebanada de pan negro, mantequilla y jamón de la Selva Negra acompañado de una buena Weizen. Y no, por supuesto que no le hago ascos al pan con tomate, apunte para los patrios, como tampoco al Fladenbrot con tzaziki y olivas, ni siquiera a un Big Mac.
En ocasiones todo es tan simple como eso. Algo te gusta, sin más, no es necesario dar explicaciones. No hay dobles intenciones... Si las necesitas, apuntas a la persona equivocada.
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jueves, octubre 01, 2009
Continuidad

Quiero dejar de vivir en el pasado. Pero llega Morrissey de improviso y se cuela en mis oídos en medio del supermercado, justo cuando acabo de pasar por delante y de largo por el estante de los helados. El de dulce de leche es una perdición, pero hoy he hecho acopio de fuerzas y resistencia y estoy plantada delante de las verduras refrigeradas con una bolsa de zanahorias en la mano e intentando recordar dónde carajo tengo guardada la licuadora que justo en ese preciso instante he decretado que volverá a ver la luz... Y así no hay manera.
Yo tenía menos años, menos arrugas en el alma y una inmensa maleta roja donde cabían todas mis pertenencias. Ahora, pasado el tiempo, tres guijarros recogidos en una playa del Canal de la Mancha, tres deseos y otras tantas frustraciones.
P.D. Jennifer Jones.
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