martes, julio 14, 2009



Hoy he cogido papel y pluma, literalemente, y me he puesto a apuntar en una lista que cada vez se hacía más grande, todas las cosas que he dejado de hacer en lo que va de verano. Que he dejado de hacer por el hecho de estar sola, por no tener quien me acompañase, a quien llamar o a quien invitar. Me doy miedo a mí misma.

Joy of my life



Recuperando al gran John Fogerty, que estos días anda por España, para delirio de unos cuantos privilegiados. Debería fundar un grupo de autoayuda: Hola, soy Dae y me corroe la envidia por no haber ido a ver a Fogerty.

P.D. ¿Por qué tengo la sensación de que otros están viviendo la vida que a mí me corresponde?


lunes, julio 13, 2009

On the road

El 26 tocará en Bilbao, el 1 en Valladolid. Domingo y sábado respectivamente. Y yo sigo sin decidir qué hacer. Primero se liaron las cosas, cuando se arreglaron, "oficialmente" no había entradas. De nuevo salen a la venta. Lo tengo todo, o casi todo, en contra y lo fácil sería conformarme, escuchar las crónicas de los demás, por ejemplo de S. que irá a ambos conciertos, y esperar a la próxima vez. Pero lo fácil nunca me ha gustado y aunque aún no tengo claro ni cómo ni dónde al menos tengo que intentar algo.


domingo, julio 12, 2009

Don't get me wrong



Por supuesto, llegué tarde. Yo siempre llego tarde cuando no tengo que llegar tarde. El tráfico siempre es una buena excusa, mis escasas ganas de llegar a tiempo, no. Había reservado en algún sitio de la Plaza Mayor. Por favor, por favor, que no sea en el sitio de siempre, el de mis primeras citas, preludio de la fugacidad del futuro. No hubo suerte. Espero que te guste el sitio. Cómo decirte, cómo contarte. Ellos nos esperan tras la cena. Hemos quedado aquí. Una Guinness, se aleja la camarera, miro al fondo y allí, pero no, no me ha visto, no me han visto. Me levanto a saludar, cuanto tiempo. Exactamente un año, también en plena Semana Negra, yo medio dije, él asintió, ya lo imaginaba; luego nos fuimos a Barcelona. Apuran sus respectivas cervezas y se levantan para irse, la mano a modo de despedida. Quién era. Pues, no lo sé, aún no lo sé y hoy estoy más alejada que nunca de saberlo.


sábado, julio 11, 2009

¿Hay algo peor a que se te caiga el bote de esmalte rojo haciéndose añicos encima del parquet? Tal vez llegar tarde a una cita y yo ya llego, pero es que tengo que contarlo, hoy me han invitado a cenar, y paga él... Gijón, Semana Negra y una noche que espero sea muy larga...



jueves, julio 09, 2009

True blood (Sangre fresca)



Quiero hablar de True blood, pero necesito no sentirme tan incomprendida...

De momento les dejo con los mejores créditos que he visto en tv desde Dexter.

P.D. ¿Puede considerarse que un blog ha cumplido su mayoría de edad cuando fusilan tus textos sin piedad y se apropian de ellos sin nombrarte? ¿O cuándo te invitan a una cerveza?...

En ocasiones compro en Dia. Sí, esos establecimientos llamados de descuento donde nada parece estar en su lugar, con precios ridículos, acordes con la calidad de sus productos y en general un aspecto de dejadez y de supermercado de barrio bajo que deja bastante que desear. Soy una cutre, lo confieso, pero en mi descargo diré que es lo único que me pilla de camino cuando vuelvo a casa al salir del trabajo y que pese a todas sus carencias tiene aparcamiento.

Al fin y al cabo ustedes no me conocen y semejante confesión no puede afectar demasiado a la ya maltrecha imagen que se tenga de mí. En todo caso esa ya la arruiné una vez en un fin de semana madrileño, por Ventas, no me pregunten que hacía allí a una incierta hora de la mañana, cuando por también inciertos motivos, arrastré a quien me acompañaba a un Dia cercano para comprar algo que ya he olvidado. Y es que, qué se puede esperar de alguien que compra en Dia.

Todo esto viene a cuento porque hace unos días hice un descubrimiento en la sección de congelados que ha imcrementado mi relación de amor-odio hacia Dia. Unos brownie (de chocolate, ¿sería redundante?, imagino). 40 segundos al microondas y la desconfianza ante lo desconocido. Prueba superada con éxito y una adicción más para incrementar la larga lista de las ya existentes.

Y ahora es cuando hablo de True blood... Hay placeres culpables, los brownies son un buen ejemplo, otro sería esa televisión que me roba el sueño, me priva de tiempo y a cambio me da unas alas que me llevan lejos, sin que yo haya llegado a entender por qué.

Primero fue Gossip girl, una serie de la que como dijo alguien, no se esperaba nada ofreciendo exactamente eso, por lo que se condenaba a no defraudar. Crónica de una panda de adolescentes pijos del Upper East Side neoyorquino, tan irreprochablemente impecable pese a su banalidad, que en ningún caso trata de ocultar, que es difícil no caer en su redes. Superficialidad y enredos varios a partes iguales y la mejor pareja de bad guys que ha dado la televisión en mucho tiempo como contrapunto a la insoportable, soporífera y noña parejita-protagonista feliz, la petarda de Serena Van der Woodsen (de la que lo único que se salva es su nombre y su pelo) y su novio (el hijo de ex-rockero pasado de moda en plena crisis de los 40, abandonado por su mujer con ínfulas de artista plástica y ex-amante de su consuegra, cuando ésta aún no se había divorciado tres veces ni poseía tan ilustre apellido). Estoy hablando, obviamente, de Blair Waldorf y Chuck Bass, lo mejor de los malos malísimos televisivos desde mi añorada Angela Channing y argumento más que suficiente para engancharse sin remedio a ella.

Luego llegaría la adicción definitiva, True blood. Tras el primer capítulo juré que no volvería a verla, lo mismo me dije tras el segundo cuando decidí que no soportaba a Jason Stackhouse, un tipo tan penoso. Tras el tercero mis odios se dirigían hacia Tara, absolutamente insufrible y así sucesivamente con el resto de personajes, la madre alcohólica y beata a partes iguales o la falsa santera-farmacéutica, la mentora de Tara, la propia Sookie Stackhouse con esa sonrisa partida de bobalicona perdida, Bill Compton con su mirada extraviada cuando quiere poner cara de malo y/o atormentado, la hippie-chic novia de Jason o Eric, tan poco creíble como vampiro mandamás, demasiado guapo, recuerda a aquel modelo escandinavo, Markus no sé qué, pero en rubio. Pero todo fue inútil, me tragué capítulo tras capítulo y ni siquiera el secreto mejor guardado de Sam, no se puede ser más plano, consiguió hacerme renunciar, más bien al contrario, ese giro tan ¿inesperado? me hizo aceptar la realidad, soy adicta a True Blood, pese a todo y pese a todos o precisamente por eso. Cómo resisitirse a esa mezcla tan imposible de géneros, crónica vampírica, concienciación en busca de la igualdad e integración, soft porno, comedia surrealista y negra, drama social, gore y género políciaco ambientado en un pueblo del profundo Sur de los States lleno de paletos que no prenteden ocultar que lo son. Es tan delirante y ridícula, tan sin complejos, que me rindo a sus pies.

Cuando terminó la primera temporada es cierto que titubeé. ¿Lafayette muerto?. Ya saben, peón caminero de día, cocinero de bar cutre de tarde y chapero y narcotraficante de noche. Adicto al sexo y a casi todas las sustancias. Gay amanerado y sin complejos. Y sin duda el mejor, tal vez el único, personaje que da la talla. Afortunadamente no sucumbí a mis impulsos.




"- ¿Cuando empezó a comprarse vestidos?
- Cuando tuve mi propio dinero
- ¿Sí? ¿muy joven?
- No, siempre."

Carmen Lomana, esa mujer.

Yo de mayor quiero ser como ella.


Cicatrices


La más evidente es la que tengo en el dorso de mi mano derecha, pese a que sufre cierta tendencia a difuminarse y quién sabe si al cabo de los años, muchos, no llegue a quedar rastro de ella. Fue precedida por una bronca monumental por parte de la enfermera del centro de salud de turno, por no acudir hasta pasados varios días, cuando me percaté de que todo el rosario de remedios caseros contra las quemaduras, también caseras, eran poco eficaces. Hubo que dar explicaciones ante la desconfianza con que fue formulada la pregunta, "quién o qué te hizo eso", pueden imaginarse ustedes el aspecto de mi mano.Tener que explicarle que estaba haciendo un flan, no recuerdo para quién, si cocino es que es para alguien, nunca para mí misma, al menos no exclusivamente, y que la técnica de convertir el azúcar en caramelo se me resistió.

También bastante visible, al menos si se me presta atención, es una pequeña marca en mi frente. No recuerdo su origen y nadie, ni mis padres ni mis hermanas mayores saben decirme cómo o dónde o fruto de qué caída o accidente, o desde cuando está ahí.

En una de mis rodillas, no sabría decir con exactitud en estos momentos si en la izquierda o en la derecha, queda un vestigio de una de mis muchas caídas en una infancia montada en bicicleta. Casi imperceptible, sólo cuando me pongo razonablemente morena se aprecia, pero eso hace años que no ocurre, renuncié voluntariamente a ser posible candidata a desarrollar un melanoma hace tiempo.

Tres, por el momento, un número impar de cicatrices, de las aparentes, de las que se aprecian a simple vista. Luego están las otras, las de un alma que funciona a medio gas, las de un corazón curado a base de remiendos, siempre en venta. Menos de las que son. Una fragilidad tan sólo aparente, la mejor defensa no es un buen ataque, es simplemente evitar el enfrentamiento, esconderse, huir, la cobardía como estandarte, la renuncia y el devenir del tiempo que irremediablemente ya nunca podrá ser vivido ni recuperado.

No, no presento heridas y apenas cicatrices en el alma, simplemente paso los días anestesiada, no siento, no padezco. No vivo.


martes, julio 07, 2009

Esta ye la mio señardá



No puede evitar preguntarse qué sentido tiene exponer la intimidad aquí, en un blog, a la vista de casi cualquiera; en el supuesto de que lo hiciera, de que todo lo que contara fuera cierto, íntimo y privado. Y bien, sí, lo es, cierto, pero no se trata de mi intimidad. Puede que nuestro concepto sobre esa palabra difiera y lo que para él es privado para mí no tenga valor.

Para mí no es íntimo contar con quién me acuesto o quién me hace estremecer, la música que me gusta o los libros que leo, la televisión que me hace perder el tiempo o el tiempo que pierdo rememorando un pasado que ya tuvo lugar. Iniciales y lugares que en el mejor de los casos siguen latiendo o que nunca volveré a nombrar o pisar. Poco importa que cuente que ayer he llorado, que mi actual jefe es bien chingón o que simplemente estoy sola y que tengo hipotiroidismo, que mi pelo no es largo ni corto, que mido por encima de la media o que ya no recibo flores, busco piso y calzo un 39, ya me fui de vacaciones en Junio, carretera y manta enfundada en unas Hunter por la campiña inglesa y los acantilados de Cornwall, que cultivo un jardín aunque mi sueño de ver crecer los rododendros (ya saben, anoche soñé que volvía a Manderley) se tiene que conformar con geranios en el balcón; porque nunca he hablado de mi miedo, y desde luego nunca he hablado de ti.



martes, junio 30, 2009

Reconocimiento



Tú haces el silencio de las lilas que aletean
en mi tragedia del viento en el corazón.
Tú hiciste de mi vida un cuento para niños
en donde naufragios y muertes
son pretextos de ceremonias adorables.

Alejandra Pizarnik


lunes, junio 29, 2009

Cocktail Slippers



Recién descubiertas y me encantan. Que detrás esté el pequeño Steve obviamente no tiene nada que ver.


Conversación a altas fiebres de la madrugada del viernes. Tras lo sentimental viene lo erótico. Cuatro mujeres y dos hombres, uno de ellos, heterosexual. Vino, güisqui, sidra, cerveza y licores varios en diferentes combinaciones y cantidades, en mi caso sólo cerveza, no necesito el alcohol por mis venas para hablar de sexo.

La conversación deriva hacia la pornografía, tan masculina por lo general y tan poco creíble en particular para mi persona y pasa por enumerar todo aquello que jamás haríamos en la cama (o donde proceda), a saber, ponerse un cinturón de castidad, intercambio de parejas, sexo anal (ellas se lo pierden), un trío con dos tíos, el salto del tigre, sexo cibernético, coprofilia o la doble penetración entre otras muchas otras prácticas y/o convenciones sexuales que ya no recuerdo, ante la incomprensión o la afirmación de los demás (yo de eso ni muert@ o tú te lo pierdes).

A mí sólo se me ocurre enumerar una cosa, por naturaleza soy de escasa tedencia hacia los besos, pero lo que nunca, nunca haría, sería plantarle un beso en la boca al tipo (de momento sigo siendo heterosexual) con el que acabo de dar o recibir sexo oral.


domingo, junio 28, 2009


Después de años, muchos, volví a encontrármelo. A ése que se dice que todos tenemos y todos recordamos, a nuestro primer amor. Amor, al menos por mi parte (nunca fui correspondida.

Lo que más me gustaba de él era que yo no le gustaba. A mis inseguros 16 años y parafraseando a Groucho Marx, no me hubiese hecho socia de un club que me hubiese admitido a mí como miembro (probablemente aunque hayan pasado ya más de 15 años siga cayendo en lo mismo). Por el contrario, admiraba su buen gusto, no sólo no le gustaba yo, sino que estaba rendidamente enamorado de una tía que nos superaba en años y en aficiones. No era alta, ni especialmente guapa, ni la más inteligente del barrio. Era tan admirablemente normal, tan del montón, tan insignificante que una, siendo tan normal, tan del montón y tan insignificante se podía llegar a creer que ya llegaría su oportunidad. Oportunidad que como es de recibo nunca llegó, la vida se encargó de separar nuestros caminos en direcciones opuestas tras compartir, eso sí, clase de matemáticas e intimidades varias.

Ayer, llegando a mi destino, cerrando ""Mercado de espejismos" y poniéndome en pie dirigiéndome a la salida de un tren todavía en marcha siento unos ojos clavados en mi espalda, me giro y mi mirada se cruza con otra al fondo del vagón. Alguien me reclama, se abren la puertas, desvío la mirada, me bajo y el tren arranca de nuevo. Al otro lado del cristal un amago de saludo.

Creo que si alguna vez estuve enamorada fue entonces. Y no es que haya perdido la capacidad de amar, es que nunca la tuve.



viernes, junio 26, 2009


SIempre me gustó la canción de Van Morrison, al margen de la fascinación que tan sólo un tipo tan esperpéntico como él puede ejercer sobre mí.

Tuvo el buen gusto de elegirla para tono de su teléfono móvil. Cada vez que se oye al otro lado de los armarios sé que él acaba de llegar y aun a riesgo de parecer cursi, justo en ese instante, amanece para mí.

P.D. La canción, obviamente, Brown eyed girl.



miércoles, junio 24, 2009

Esto no es una canción de amor



"... todo el mundo lo sabe,
no hay día sin noche,
dicen que el amor es igual que el humo
después del fuego no hay remedio alguno"





Ni se imaginan lo mucho que siempre me ha gustado esta canción, supongo que no necesita presentación, pero por si acaso hay algún despistad@, es de Mr. Cohen y la canta esa Diosa llamada Emmylou Harris en un disco llamado "Cowgirl's prayer".






Llevaba muchó tiempo persiguiendo una versión en castellano que se hizo en un homenaje a Cohen en Cataluña y hace muy poquito, en ese foro que todo lo puede, Springsteencorner, obviamente, la encontré medio escondida. Eso me recuerda lo mucho que lo maltrato y lo poco que lo visito. Cortesía de Perla Batalla y Javier Colis, ya saben, la que siempre fue corista del señor Cohen y un tipo que a mí me recuerda a Corcobado, Javier.

Que ustedes las disfruten, o no, tal vez no tengan la sensibilidad adecuada. Entonces ya no será de mi incumbencia.



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