viernes, mayo 16, 2008
miércoles, mayo 14, 2008
Pérdida de tiempo
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Etiquetas: Entre tinieblas
Crónica de una sociedad perdida
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El joven Marías
Una de mis muchas manías, cada día descubro una nueva, es encender la radio en cuanto me subo al coche. Por las mañanas y camino del trabajo soy adicta a la COPE y a la mala baba del señor Jiménez Losantos. No tengo claros los motivos, tal vez masoquismo o descubrir cómo piensa el "enemigo", o simplemente vacunarme contra las sandeces que tendré que escuchar a lo largo de la mañana, seguro que nada de lo que puedan llegar a decir mi jefe, los jefecillos de medio pelo y colegas varios podrá mejorar (o empeorar, según se mire) lo escuchado en la radio. Confesaré que en determinados momentos acabo haciendo zapping radiofónico y me paso a escuchar al otro, es decir, al Francino. Qué portento de hombre. Ése y David Cantero, presentador de no sé cuál edición de telediario en La primera serían el tipo de hombre por el que alguien me preguntaba, pregunta a la que por cierto, para no variar, no me digné a contestar.
Fiel a mi manía y tras quedarme sola esta tarde después de vaciarme de pasajeros encendí la radio y me encontré con la cadena SER y la voz de Gemma Nierga anunciando una entrevista en breves momentos, tras la publicidad, con el recién nombrado académico Javier Marías. Ya convenientemente aparcada y dispuesta a salir del coche comienza la entrevista y yo me quedo paralizada escuchando la hinóptica y exquisita voz del joven Marías (cortesía del profesor Rico). Con lo que he leído yo a este hombre, todas sus novelas, libros de relatos, recopilaciones de artículos, divagaciones varias, hasta su blog... y nunca había escuchado su voz. La única vez que estuve en su presencia, o él en la mía, y desde entonces ha llovido mucho, fue en una sala de conferencias con más de cincuenta personas por el medio entorpeciendo la visión y una intérprete que opacaba su voz. Al tiempo de conseguir acercarse a él "Corazón tan blanco" en mano, por aquel entonces su novela más reciente, ya había desaparecido por los pasillos del Cervantes hacia la niebla de la calle Leopold.
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Lion in winter
ELIONOR
Nun güeyarás más les brunes lloses d’Aquitania
pero besarás les sos torres en ca besu mio.
(Al abellu les besties - Berta Piñán)
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martes, mayo 13, 2008
Certidumbres
No tiendo yo a ser muy redicha, aunque haya quien así lo considere, pero si es cierto que si bien huyo de las expresiones y frases hechas, aunque haberlas, haylas, cuando quiero calificar a alguien de malvado y controlo mi genio y verborrea, en pocas ocasiones sucede eso, en lugar de tildar de digamos, cabr* a alguien (e ignoro por qué en este preciso instante el insulto me sale en masculino) suelo decir que es más malo que los antagonistas, es decir los malos, de las novelas de Ken Follet. Como si yo fuera toda una experta en la materia y mi tesis doctoral se basara en la maldad intrínseca de los personajes de las novelas del susodicho, donde los malos que son malísimos suelen ser guapos y ambiciosos, combinación perfecta que les permite triunfar durante 950 páginas de las 1.000 que suelen conformar la novela y durante las cuales les hacen la vida imposible a los buenos que apenas levantan cabeza de nuevo vuelven a besar el suelo. Para que triunfe el bien antes ha debido triunfar el mal un buen número de veces, aunque no me queda del todo claro que las líneas que separan ambos conceptos estén tan bien definidas.
Confesaré que siempre me sentía un poco impostora cuando le soltaba a algún incauto (o incauta) tan terrible sentencia cual maldición, que puede sonar un poco ridícula pero con el tono de voz adecuado y la gesticulación contenida hasta llega a dar un poco de respeto. Y hablo de impostura porque yo sólo había leído una novela de Ken Follet en mi vida (mis esfuerzos me costaron terminarla, pero esa es otra historia), evidentemente, "Los pilares de la tierra" y no me consideraba yo con la legitimidad absoluta de ir soltando a diestro y siniestro la frase de marras así en plural "las novelas de Ken Follet", como si mi biblioteca estuviera forrada con sus tomos y memorias.
Con la publicación de eso que llaman segunda parte de "Los pilares..." pensé que tenía una buena oportunidad de redimirme y comenzar a hablar con propiedad, tomando la firme y sabia decisión de meterme en faena y ventilarme las más de mil páginas. Eso sí, de gorra, no pensaba pagar ni un céntimo pues no dudaba que alguien de mi entorno seguro se la compraba. Mi intución no falló y enseguida una amiga me lo ofreció. Tendría que ser a una semana vista, cuando lo terminara, pero antes me ofrecía otro del mismo autor que era el que más le gustaba de todos cuantos había leído, incluso más que "Los pilares...", y eso que consideraba a esa novela soberbia. Obviamente ella si es una experta en Mr. Follet. Como no quería que me mirasen peor de lo que miran ya acepté el título que me tendía y me uní al coro de voces que alababan la sin par literatura del amigo Ken. A favor de aquel libro diré que no llegaba a las 500 páginas y que la mala de la novela era una mujer, considerando esto toda una innovación, en contra, todo lo demás, incluido "Un mundo sin fin", que fiel a mi autopromesa me leí enterito. Lo bueno que tienen los aeropuertos y ciertos viajes en tren es que brindan horas muertas.
Resumiendo, que para malvados y malvadas voy a quedarme con el personaje de Vanessa Williamsen Ugly Betty, culebrón cuando menos más digno que cualquiera de esas mal llamadas novelas, al menos ella tiene estilo y suena mucho mejor eso de "eres más mala que Wilhelmina", aunque a posteriori haya que explicar quién es la tal Wilhelmina.
P.D. Para resarcirme, literariamente hablando, comencé a leer "El juego del ángel" de Carlos Ruiz Zafón, ya saben, "La sombra del viento" y seguro que también saben que segundas partes nunca fueron buenas así que retorno (retomo) a Xuan Bello y su "Hestoria universal de Paniceiros" que nunca me defrauda en días de lluvia tras el cristal.
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domingo, mayo 11, 2008
Apostasía
Me descubro de pronto pensando que no me creo ni una sola palabra de lo que me está contando. Ni de lo que me está contando ahora, ni de lo que me lleva contando toda la tarde ni en las semanas anteriores. En circunstancias normales me hubiera levantado y me hubiera ido sin hacer demasiado ruido y al amparo de cualquier excusa fácil y barata sin importarme demasiado que a él le pareciera precisamente eso, fácil y barata. Claro que en circunstancias normales yo soy de las ingenuas, me resulta más fácil creerme todo lo que me cuentan sin tratar de discernir las verdades y las mentiras y no es que si me dicen que las vacas vuelan de inmediato me asome a una ventana para ver una pasar, pero he aprendido que la mayor parte de la gente que miente se cree sus propias mentiras, y si ellos lo hacen, por qué no hacerlo yo, al fin y al cabo no hay mejor modo de convertir mentiras en verdades que creyéndoselas. Ya cantaba Arjona: si nunca dije la verdad fue porque la verdad siempre fue una mentira y no significa eso que ofrezca mi corazón o mi dignidad al primer mentiroso, digo postor, que puje por mi alma.
Debería creer sin vacilación por tanto todo lo que me dice. Aceptar ese trato que me propone. Dejar de lado las imposturas propias de los primeros y vacilantes pasos de una posible, no sé si probable, relación. Pero no lo hago, no le creo. Da igual lo que me esté contando o me haya contado. No percibo más que sombras y dudas en sus palabras, y lo peor de todo es que no me importa, le dejo hablar y no planeo una huida. Aunque ya haya tomado una decisión.
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lunes, mayo 05, 2008
Grandes esperanzas
Tiempo, el que me falta. Ganas, las que me sobran. Días de luto y celebraciones. Se murió Chema, el panadero, y una con cierta decepción leía en el periódico que su muerte se debía a una innombrable enfermedad, como si la muerte digna para una vieja gloria (¿lo fue?) sólo pudiera encontrarse en un sucio portal de... pongamos Malasaña. ¿Recuerdas aquella máquina del tiempo? El accidente de coche y las madrugadas en Nordfriedhof. La misma decepción y el Robe (Iniesta) como coartada. Octubre en el horizonte. La impaciencia que por momentos me desborda. El cuentakilómetros a cero y el falso Birkin de El Corte Inglés en camino. ¿Hacemos un trato?
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Etiquetas: Anatomía de la señaldá
domingo, mayo 04, 2008
Antònia Font
Qué mejor para volver a la normalidad que hacer gala de una absoluta anormalidad.
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miércoles, abril 23, 2008
Quebrando abril
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jueves, abril 10, 2008
Dixie chiks
"I Can Give You Two Good Reasons
To Show You Love's Not Blind
He's Two And She's Four, And You Know They Adore You
So How Can I Tell Them You've
Changed Your Mind"
You were mine
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martes, abril 08, 2008
Perdida
A pesar de todo aún hay celebraciones y motivos. Da la impresión de que me llegan a destiempo, como si mi cupo de alegría ya se hubiera cubierto y mi sonrisa sea forzada murmurando parabienes y felicitaciones que juro que siento aunque ni yo misma ya me lo crea.
Me gustaría poder caminar a dos palmos del suelo y mirar por encima del hombro a esos seres tan perfectos y felices con sus pequeñas vidas ordenadas.
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Etiquetas: Geografía privada
sábado, abril 05, 2008
Entre (buenas) amigas
Su intuición nunca la abandona. De ello presume. De poseer ojo clínico, de no equivocarse nunca. Juez y parte en todos los asuntos. Siempre dispuesta a dar una opinión que nadie le ha pedido. No importa que nadie siga sus dictados o consejos. No es ésa su pretensión. Se conforma con ser escuchada. Bien, yo la escucho, atentamente o eso parece, incluso asiento y de tanto en tanto le doy la razón de forma efusiva, pero no pienso hacerle ni puñetero caso, que si de algo soy dueña es de mis fracasos, el próximo me espera a la vuelta de la esquina, a mí la intuición tampoco me falta ni me falla.
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Reivindicando
En apoyo de las bibliotecas y los bibliotecarios del Ayuntamiento de Oviedo
http://www.firmasonline.com/1firmas/camp1.asp?C=1301
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Despedida
-¿Quiere usted que hablemos en francés?
-Yo no hablo francés. Simplemente quise averiguar si es la eminencia que mi hermano describía.
-Sí. (Enfadada) ¡Una mujer hecha a su medida! Domino varios idiomas, toco el piano, mi conversación es inteligente y mis dientes perfectos. ¿Quiere usted contármelos también? ¿No es eso lo que se hace con los caballos? ¡Se les miran los dientes! ¡Por fortuna no me falta ninguno!
-Ni mal genio tampoco.
-Sí, ya lo sé. A usted no le gustan las mujeres con mal genio.
-No me asustan. Yo lo tengo mucho peor.
-¿Quien lo iba a imaginar?
-Es usted una mujer excepcional: inteligente, bonita, sin embargo debe de tener algún defecto. No voy a tener la suerte de encontrar una mujer perfecta sin salir de la selva. Todo el mundo tiene defectos.
-Ah… Creí que no le gustaba, que le había decepcionado… Lo que tiene es miedo de mí.
-¿Usted cree?
-Ansía descubrir en mí un defecto, algo que desmerezca en su opinión.
-Conoce bien a los hombres.
-Quiere completar su obra con una mujer a tono con el resto de su mobiliario, traído por el río con enormes dificultades para alimentar su vanidad y que las termitas no se lo arrebaten. Era esa la clase de esposa que exigía. Ahora me encuentra a mí y le inspiro miedo.
-Insisto en que conoce bien a los hombres.
-Mejor que usted a las mujeres.
-¿Dónde lo aprendió? ¿De qué hombre? ¡He puesto el dedo en la llaga!, ¿verdad? ¿Ha pertenecido a otro?
-Estuve casada. ¿No se lo dijo su hermano?
-No. Eso me lo ocultó. Me refirió todos los pormenores, su vida entera, todo menos eso.
-No es mía la culpa. Fue un olvido involuntario. Le advertí que se lo dijera.
-Quizás mi hermano me conoce mejor de lo que yo creía. ¿Cuánto tiempo estuvo casada?
-Casi un año. Se mató.
-¿Cómo?
-Bebía. Era muy alegre, muy simpático y muy borracho. Y una noche salió a caballo más alegre y también más borracho que nunca. Su hermano me dio dinero para pagar sus deudas.
-Sería un pobre inútil.
-Era el hombre más bueno que he conocido.
-Un hombre débil al que no quería.
-Sí le quería.
-¿Cuántos más se han cruzado en su vida?
Ella calla.
-Señora… Ha visto usted mi casa, tardé siete años en construirla, un auténtico milagro en el corazón de la selva. La gente se reía de mí, de mi afán por conseguirla, pero yo no hice caso, quería rodearme de las cosas hermosas de la vida. Crear una familia y poder ofrecerle una casa de la que me sentí siempre orgulloso, en unas tierras que arrebaté a la selva y al río sólo con mi voluntad. ¡La única exigencia que yo imponía era que todo cuanto subiese por el río fuese nuevo, que valiera la pena! Por ejemplo, ¡el piano ante el cual se sienta jamás fue abierto por nadie antes de su maldita llegada!
Ella da un golpe a las teclas del piano, se levanta y tras una pausa dice:
-Si usted supiera más de música, se daría cuenta de que un piano suena mejor cuando se ha tocado. Este no es un buen piano…
"Cuando ruge la marabunta"
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