Entro en el baño y me veo entrometida en una discusión sobre una camiseta que pasa de mano en mano entre las tres mujeres presentes, cuatro contándome a mí, recién llegada. Es de esa marca que plagia a Custo (desconozco a quién plagia éste) y tiene un estampado en el frontal, para mí gusto feo, poco discreto, excesivamente colorido y desigual. Dos están a favor y dos en contra, de la camiseta, se entiende; incluida la propietaria, que duda si ir durante la media hora del café a devolverla a la tienda. Dice que no le acaba de convencer; que le sobran unos kilos y unos michelines (que sólo ella debe ver); que los estampados no son adecuados en esas circunstancias. Y yo que pensaba que los estampados agresivos, como los cuadros y el estampado de leopardo sólo eran no aptos para las chicas tímidas...
Como ella sigue dudando, una de las presentes le pide permiso para probarla, para que vea el efecto en otra persona. Argumenta que como ella tiene más tetas que la propietaria, de hecho argumenta que es la que tiene las tetas más grandes de las presentes, es la mejor candidata para demostrar que la camiseta, a pesar de usar una talla no sé cuánto, sienta bien.
Nota mental, los estampados frontales feos, poco discretos, excesivamente coloridos y desiguales no sientan bien a las mujeres con una 'delantera prominente'... Lo de delantera prominente viene a decirlo la propietaria de la camiseta, envuelta en un mar de dudas y ciertamente turbada ante el desparpajo con que las otras dos hablan de tetas, tallas y sujetadores. Me apunto la expresión, me hace gracia.
Intento retirarme, antes de que la turbada sea yo y alguien me pregunte a mí cuál es la talla de sujetador que yo uso. Que viene a ser una tontería, pero es de esas cosas ante las que sufro un ataque de pudor galopante. Como toda mujer insegura y falta de autoestima, siempre he tenido ciertos complejos con esa parte de mi anatomía. Pero no soy suficientemente rápida, nunca he sido mujer de reflejos y sin darme cuenta estoy contestando; y lo que es peor, veo invadido mi espacio vital y mi anatomía cuando la mujer de delantera prominente, cardigan desabrochado, levanta mi camiseta para comprobar que efectivamente mis tetas son del tamaño que yo he tenido a bien confesar... 'Pues vestida no lo parece', murmura, mientras a su vez las otras dos levantan sus respectivas camisetas para imagino comparar. Y yo que pensaba que esas cosas sólo pasaban en los baños masculinos de los bares.
Adivinen quién tenía las tetas más grandes...
P.D. 1 Para el sector masculino... ¿Es cierto que ustedes lo hacen en los baños de los bares? O en las duchas del gimnasio, los que vayan al gimnasio... que tanto me da.
P.D. 2 Jane Greer
[Cómo sigue costándome pronunciar la palabra 'tetas']
[EDITO: Entiendo que lo de las comparaciones entre hombres en los baños de los bares y en las duchas de los gimnasios son una leyenda urbana. Y concluyo con que el tamaño no importa, ¿no?]
Hace escasos minutos bajaba la basura y me cruzaba en el portal con un vecino. Dije, murmuré, buenas noches; mientras le cedía el paso. No contestó ni agradeció el gesto...
Era la primera persona con la que intercambiaba palabras en el día de hoy, aunque no fuera estrictamente un intercambio. La primera e imagino que la última (ni voy a volver a salir a calle, ni nadie va a llamarme ya por teléfono).
Yo hoy no he ido a trabajar, aunque tampoco hice huelga. Había pedido el día libre por otros asuntos hace mucho tiempo, mi don de la oportunidad no tiene precio, y aunque fuera a desaprovecharlo, decidí no cambiarlo. No sé lo que hubiese hecho de tener que haber elegido entre quedarme en casa sin un día de sueldo o ir a trabajar soportando los insultos de los mal llamados 'piquetes informativos'. Probablemente me hubiese quedado con la primera opción.
Hoy no he leído los periódicos ni he visto las noticias y desconozco a estas horas si se puede calificar la huelga de éxito o de fracaso, o de si el seguimiento ha sido más o menos mayoritario. Supongo que cada una de las partes se considerará con la verdad absoluta. En todo caso sigo pensando que la mejor opción sigue siendo exiliarse de este país, que cada día que pasa está más atrofiado y anestesiado. Se nos llena la boca acusando a los políticos que en realidad todos nosotros elegimos y votamos, a unos sindicatos de los que de alguna manera formamos parte y en todo caso toleramos y a una sociedad acomodada y conformista; olvidándonos que nosotros somos esa sociedad que hasta hace bien poco se enorgullecía considerándose rica por poder pagar a plazos un coche de alta gama, unas vacaciones en Punta Cana o el último modelo de IPhone.
No sé cuántos de los que hace un rato recorrían estas calles con el puño en alto y vanagloriándose de haber ido hoy a la huelga, se han acordado de los que hoy no podían ejercer tan básico derecho por no poseer un puesto de trabajo al que dejar de acudir por un día. Por no mencionar cuántos de los españolitos de a pie se han interesado por conocer en detalle en qué consiste la tan traída y llevada reforma laboral. País... que diría Forges.
Mis más sinceras disculpas a todos y todas los que se han sentido terriblemente ofendidos por mi opinión sobre la sin par ELO. A mí sigue provocándome náuseas, pero tras haber recibido unas cuantas quejas, lo cortés no quite a lo valiente. Que digo yo que será una cuestión generacional porque parece ser ha sido la banda sonora de los mejores años de muchos lectores y lectoras de este rincón.
Puede que no les sirva de mucho consuelo, pero de ser ustedes no tendría en cuenta mis opiniones musicales, teniendo en cuenta que yo por ejemplo soy fan absoluta de esta mujer en general y de esta canción en concreto... ¿qué va a esperarse de mí?
A. es mi compañero de fatigas laborales. Lo de fatigas es un decir, pero no crean, que los funcionarios aguantamos lo nuestro. Por ejemplo esta mañana no menos de cinco minutos de improperios de todo tipo y condición, aunque finalmente acompañados de una disculpa: Ya sé que la responsable no eres tú, mocina, pero se me calienta la lengua y... No, el responsable es mi jefe, que para no perder la costumbre me pide que sea yo la que llame al usuario en cuestión y le explique educadamente la situación, que viene a ser que o presenta de una puta vez los papeles (es que he decidido comenzar a decir tacos) o se le da de baja.
A. en realidad no se llama A., aunque eso poco importe, y menos los motivos del apodo. Nuestra relación al principio fue francamente complicada, básicamente porque él se comportó conmigo como un auténtico hijo de puta (ya he advertido que iba a comenzar a decir tacos), al margen de que sufre una desagradable tendencia hacia la misoginia. Pero yo, aunque no siempre lo parezca, tiendo a ser una persona tolerante, paciente y cordial, y si tú me tratas mal, ni modo, no verás en mí más que el espejo en el que se refleja tu propia cobardía. No digo que sea un método infalible, pero a veces funciona. Este fue el caso. Casi dos años después distamos bastante de ser amigos, pero al menos somos capaces de mantener cierto nivel de conversación y hasta nuestras bromas privadas. Nuestra relación no pasa de cordial, pero tampoco traspasa la línea de la falta de respeto y la mala educación sobre la que él bailó durante meses, y creo que como poco he conseguido ganarme su respeto, que me pidiera disculpas y esta mañana me regalara una canción.
Suelo decirle que la música que él escucha me hace vomitar, directamente. Su grupo de referencia es la ELO y se muere por el rock sinfónico, aunque confiesa que en su juventud (es de edad imprecisa, lo mismo tiene 30 que 45), lo suyo era el heavy metal más extremo, pero no, ni por esas despierta mis simpatías (ya confesé en más de una ocasión mi debilidad adolescente por las melenas, los pantalones pitillo y las chupas de cuero).
Así que en esas estábamos, mostrándome su último fondo de escritorio, no sé qué pamplinas de "El mago de Oz", otra de sus incomprendidas fascinaciones, cuando de repente saca su mp4 y me pide que escuche una canción, que seguro me gustará. Que parece ser MClan ha sacado un nuevo disco y yo debo de tener pinta de que me guste MClan. Pero va a ser que no, y es la segunda vez en esta semana que digo lo mismo, que a mí lo único que me gusta (y mucho) de MClan, es Carlos Tarque. Lo más sexy que ha parido el rock español disculpando a Calamaro (que al fin y al cabo es argentino) y a Mike Ríos (juraré no haber dicho esto). Tengo que puntualizar, que parece ser, como ya anticipaba Enrique Urquijo (cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario), que lo de pose sexy y desmelenada sólo es arriba, encima del escenario; que Nebroa lo confirma, que es un esgarramantas en toda regla (gracias Cactus por la palabra). Y ahora creo recordar que la lió parda hace algunos años en un pueblo con mar después de un concierto, la policía local de Gijón se las vio y se la deseó para reducirlo.
Pero A., no ceja en su empeño, y busca y rebusca entre su lista de canciones hasta dar con la que según su criterio hace juego conmigo, y de pronto dice muy ufano que con lo macarrilla que soy yo, a veces, matiza, y sólo musicalmente hablando, vuelve a matizar, y lo mucho que me gusta Springsteen, ésta no puede fallar. Esto me recuerda que este fin de semana, la parte femenina de los madrileños me dijo a modo de disculpa que ni yo pedí ni necesitaba, que ni se les había ocurrido preguntarme si hubiese o hubiera querido ir a ver a U2... porque como a mí sólo me gusta Bruce Springsteen... en fin... que el pobre alma de cántaro, no dudo que con la mejor de sus intenciones y su sonrisa más ensayada, me pone una canción de Carlos Goñi... a mí, Carlos Goñi, si es que...
Y yo que siempre sospeché que él y mi amiga Sal hubiesen hecho buena pareja, encuentro la señal definitiva.
Sal adoraba a Carlos Goñi, tenía (y supongo que aún conserva) todos sus discos y acudía a todos los conciertos (y a mí arrastrándome con ella). Hasta llegaba a encontrarle atractivo, y por ahí si que no podía pasar yo. Pero como era un quid pro quo, y para la próxima, que por cierto nunca llegaba, te debo una; allí estaba yo sabiéndome de memoria eso de que era tan sólo amor...
Y la ocasión llegó, quién me lo iba a decir, con las fiestas de mi pueblo. Durante una breve legislatura el ayuntamiento decidió tirar la casa por la ventana y situar a esa insignificante y absurda villa en el mapa de las giras de los grupos esos que suenan en los 40. Un año trajeron a Amaral, allá fuimos Sal y yo; otro a Victor Manuel, que tampoco es que tenga mucho mérito, que al fin y al cabo es del pueblo de al lado; otro, cómo no, a Revolver, y de nuevo en primera fila estaba Sal, y yo a su lado. Y por última vez, cuando ya el presupuesto municipal debía flojear y antes de consagrar los escenarios a los grupos locales (algunos incluso hasta dignos, otros no tanto, ejemplo del primer caso "La Col.l.a Propinde"; del segundo, por qué no decirlo, "Mokomitas"); decidieron traer a un tal Elliot Murphy, teloneado por unos tales "Stormy Mondays", y yo, yo vi la luz... y ésta me la debes.
En realidad tampoco tenía mucho mérito. Uno de los chicos de Jorge Otero, entonces, era paisano, el mismo que tuvo sus 15 minutos de fama, al menos aquí, con su "Asturiano en Madrid". Supongo que en tiempos de tanta 'leyenda urbana', la canción tenía su gracia, aunque yo nunca se la encontré. Siempre me gustaron más las "Leyendes urbanes" de Toli Morilla.
Y en una fría noche del mes de octubre, con Sal a mi lado con los morros llegándole al suelo, tuve el honor y el privilegio de ver a Mr. Elliot Murphy encima de un escenario acompañado del guitarrista francés ése tan guapo cuyo nombre no recuerdo nunca.
Obviamente estábamos cuatro gatos mal contados, y dos éramos nosotras, una de las cuales, Sal, no dejaba de preguntar qué coño hacíamos allí y quién eran esos tipos que ni siquiera cantaban en español... Los teloneros, Sal, los teloneros... lo bueno viene luego. Y cuando por fin aparece Elliot Murphy, Sal, cuyos morros seguían arrastrando el suelo, me dice que es imposible, cómo va a estar Tom Petty encima de un escenario en esta mierda de pueblo. Cuando le explico que no, que no es Petty, sino Murphy, Elliot, ella ni me escucha, está demasiado obnubilada por la presencia del guitarrista ése francés tan guapo, cuyo nombre nunca recuerdo, y que ella, creo, aún no ha olvidado.
Así que pese a todo aguantó estoicamente y cumplió con creces su promesa de que la próxima me tocaba a mí. No está mal, un concierto de Elliot Murphy a cambio de cinco de Revolver, uno de Maná, tres de Sabina, dos de Duncan-Dhu...
Aunque la que se fuera acompañada a casa esa noche, fuera ella...
Le robo el título a Anna Gavalda. Le tenía muchas ganas a ese libro, y hoy por fin lo he secuestrado en la biblioteca . He leído no más de cinco páginas de su primer relato (Pequeñas ocupaciones germanopradinas) y ya he caído rendida a sus pies...
"[...]Que os conmuevan con esas veladas prometedoras, esos hombres que os hacen creer que están solteros y un poco tristes.[...]
-[...]Me preguntaba si aceptaría usted cenar conmigo esta noche...
-[...]Pero al verla alejarse, me he dicho: no puede ser, me cruzo con una mujer en la calle, le sonrío, ella me sonríe, nos rozamos y vamos a perdernos... No puede ser, de verdad, es demasiado absurdo."
P.D. Viveca Lindfors
[Alguien me dice que los crisantemos tocan a muerto... pero los crisantemos son otoño, y como todos ustedes bien saben, las cosas buenas, de verdad, de la buena, siempre suceden en otoño]
Se habla y se comenta en un lugar ajeno del amor y de las costumbres. Yo afirmo que no me importaría que alguien se acostumbrase a quererme. Y alguien dice que vale, pero que eso no es lo mismo que quererte por costumbre. Puede que ciertamente no lo sea, no he vivido ninguna de esas dos situaciones, y en todo caso lo que para unos puede ser rechazable, para otros es bien recibido. Como no tengo nada... tener algo, aunque sea rutina, ya es un principio... parece ser.
Pero no, ¿qué significa exactamente tener algo o nada?, ¿qué entendemos por rutina?, ¿por costumbre? Al margen de que crea firmemente que están infravaloradas.
Yo he tenido mis pasiones, unas cuantas, bastantes, suficientes. Me he subido a la noria y esta a comenzado a girar a vertiginoso ritmo, hasta que sonaba la sirena y tocaba bajarse sólo para iniciar otro viaje subiéndose a ella de nuevo... Pero no he tenido un amor. Alguien que te espera a la salida del trabajo o que le roba diez minutos a éste para compartirlos contigo en cualquier esquina. No he compartido noche tras noche la misma cama (aunque a fuerza de costumbre prefiera dormir sola), sin tener que levantarme de madrugada; siempre ésta convertida en objeto de deseo. No he paseado, sencillamente a su lado, sin que haga falta cogerse de la mano y todas esas cursiladas, sólo sintiendo que está ahí y que no hace falta decir nada. Compartir un periódico y no tener que ocultar las cicatrices... Ser yo, simplemente... pero al lado de alguien.
Se trata sólo de eso, de haber elegido el nada, no de tenerlo. De haberse encaprichado con un sueño, chiquito, y no querer otro que no sea ése. De ser tan ilusa de seguir soñando y llegar a un estado de atrofia, no sé si emocional, pero sí al menos sexual; de ignorar completamente las señales, que sí, que me llegan, y que yo rechazo sistemáticamente. Aunque ése sea el mejor amante del mundo, cosa que en todo caso me permito dudar (sería complicado calibrar dónde se establece la excelencia en cuestiones de sexo). Aunque él me conozca tan bien que sepa exactamente que pulsiones tocar, su mano ha recorrido muchas veces el camino bajo mi falda. Aunque sepa que tú siempre has querido acostarte conmigo y yo siempre de la impresión de que no me doy cuenta y nunca hayas tenido el valor de decírmelo. Y tú, que sí lo tuviste, aunque tan sólo fuera porque yo te dije previamente que tenía ganas de follar esa noche, con cualquiera, incluso contigo; e incluso el de más allá, que tampoco ha dicho nunca nada y yo siga recreándome en mi presunta ignorancia. Aunque conseguir un polvo no especialmente horrible sea tan fácil, probablemente demasiado, con cualquier desconocido aparente en una barra de bar cualquiera una noche cualquiera. Aunque pueda descolgar el teléfono y deciros a ambos que ya está bien, que hemos esperado demasiado tiempo, tal vez años, que ha llegado el momento de explorar nuestros sexos o pueda llamarte a ti y decir que arranques el coche, que yo ocuparé el asiento trasero. Aunque sepa que el deseo es un arma poderosa y durante demasiado tiempo fue el que movió mis hilos convirtiéndome en marioneta, en barro moldeado a su antojo. Aunque pudiera decir aquí y ahora todas las presuntas depravaciones sexuales a las que me he sometido o me sometería. Aunque lo único que me apetecería hoy es colgar mi número de teléfono y que mi contestador se llenara de mensajes obscenos. Aunque ya decía Panero que no es tu sexo lo que en tu sexo busco... aunque contigo no me importaría hacer una excepción.
Alguien me preguntaba hace poco dónde se acababa el personaje y dónde empezaba la persona, o al contrario, aunque creo que esto no viene a ser lo mismo. Y otro alguien, aún más recientemente, se escandalizaba por ciertas cosas escritas.
Cualquiera que escribe de forma pública tendrá sus motivos, que puede que no difieran tanto los unos de los otros. Por lo general elegirá un tema. Unos hablarán de cine, otros sobre la reproducción del berberecho salvaje y otros sobre sí mismos, o al menos una parcela de su vida. Creo que era Pérez Reverte el que decía ayer en 'El País' que lo bueno de la ficción es que te permitía hablar de ti mismo disfrazándote, distanciándote de lo que cuentas, partiendo de lo real hasta que todo parezca mentira o todo lo contrario.
Yo soy yo, la persona que en sus aburridas mañanas laborales (y algunas tardes) aquí escribe. Tengo un nombre y dos apellidos gemelos, y si me vieras por la calle no me reconocerías. No llevo la tristeza, ni la soberbia, ni la amargura escrita en la cara. Me levanto todos los días al son del despertador, desayuno a veces, me lavo el pelo a diario, me corto las uñas y hasta me pinto las de los pies. Le doy los buenos días al portero y tengo un sueldo a fin de de mes, una hipoteca y hasta un coche que me trae y me lleva. Tengo mis días, mis sonrisas, mis afectos y mis sueños. Mis tristezas, como todos, y mis filias, imagino que igualmente como todos vosotros. Un sentido del humor bastante retorcido, puede que parezca más seria de lo que realmente soy. Soy insegura, hipertímida, mido 175, tengo el pelo rizado y aunque no sería nunca Miss Universo, tampoco me llevaría el primer premio en el concurso de aspirantes a Miss Fea en las fiestas de mi pueblo.
Yo sé lo que cuento, por qué lo hago y a quién me dirijo. En el caso de que haya motivos o destinatarios, que no siempre. Y a veces digo tacos, sí, aunque allá fuera raramente lo haga. Porque parece que es terrible que haya dicho que quiero chuparte la polla en la última fila de un cine, o que me masturbo y he fingido orgasmos. 'Cómo te gusta provocar', me dice alguien. Y no, nada más lejos de la realidad. Más provocación es contar ciertas cosas que he contado sin decir, más provocación es decir que echo a alguien de menos (incluso a mí misma). Simplemente cuento lo que me da la gana, porque me da la gana y porque tengo en ese preciso instante ganas de contar lo que cuento y me importa menos que nada lo que tú, o él, o ella, o vosotros, penséis de mí.
Algunos de los que por aquí pasan me conocen, por muy distintos y variados motivos. Conocen a la persona real, a la de carne y hueso. A algunos les caeré peor, a otros mejor; cada uno se habrá formado su propia opinión sobre mí, sobre la persona real, la que está delante, o detrás, según se mire; porque lo primero que se hace, que se establece, es una línea divisoria; lo que aquí está escrito, acá se queda, no cruza esa línea. Yo soy esto, pero no sólo esto. Sería demasiado fácil sólo ser un personaje, demasiado atractivo... y muy aburrido.
El anonimato, hace mucho tiempo perdido, es lo que tiene. Ya lo conté hace tiempo... cómo dije, cierto: "estoy atrofiada emocionalmente, soy frígida, asexual y anorgásmica, torpe, patológicamente tímida, egocéntrica, envidiosa y un poco idiota. En definitiva, una inadaptada social..."
No, no estoy orgullosa de ello, simplemente lo asumo... y si estoy luchando por cambiarlo o mejorarlo no es algo que sea de la incumbencia de nadie, y ni mucho menos éste es el lugar para contarlo.
Todo lo demás... está en los libros. Y para las quejas y reclamaciones:
No he pedido empezar mejor la mañana, recibiendo una estupenda noticia laboral. En realidad es más posible que probable, pero menos es nada. Y como mañana no trabajo, aunque no haga huelga, tengo el día libre por otros motivos, no sé, no sé... algo habrá que hacer, que puede que llegado el momento no tenga nada que celebrar.
El sábado llegaron por sorpresa los madrileños, camino de Donosti desviaron el rumbo. El domingo debían de estar en Anoeta, presenciando el concierto de U2; y ya que se acercan al norte, dicen, qué menos que hacer una visita. Me gusta su espontaneidad, la misma de la que yo carezco; aunque pese a todo sepamos conjugar nuestras risas y me preguntan cómo estoy. Yo siempre estoy bien, al menos cuando me preguntan; pero sonrío demasiado, advierten, y yo sonrío demasiado cuando miento (y cuando no estoy bien).
Me arrancan promesas, conciertos y visitas. Muy pocas confesiones y en cambio muchos "estoy perfectamente", hábil que es una en echar cerrojos. En dos fines de semana, prometo. Y pienso en todo lo que puede pasar en dos semanas, o no. En todo lo que me gustaría que pasara... En la confusión de lenguas, de palabras encadenadas y de sexos. En corrientes divergentes entremezcladas. En la opresión y el naufragio, el despertar de volcanes dormidos... En naves ardiendo más allá de Orión.
Que alguien dijo que en realidad todo es cuestión de distancia...
P.D. Mylène Demongeot
[La androide soy yo... se entiende. A veces me planteo si seré humana]
Es domingo, pasa del mediodía, me siento a ver la tele. Es raro, yo nunca enciendo el televisor, pasa por ser un elemento decorativo más; pero no me gustan los domingos por la tarde, como a tantos, supongo. Sale en la pantalla Timothy Hutton, o alguien que me recuerda a Timothy Hutton. El actor. En realidad no soy capaz de recordar ni una sola película suya. O sí, porque de repente me viene a la memoria "Beautiful girls". Creo que ahí aparecían él y Uma Thurman, pero sólo lo creo, a lo mejor eran otros, no sé, tampoco voy a comprobarlo.
No recuerdo de qué iba la película, sólo retengo una imagen de Timothy Hutton y Uma Thurman, en el caso de que fueran ellos, sentados ante una barra de bar. Seguro que sonaría de fondo alguna canción que no recuerdo. Algo de Steve Earle hubiese ido bien.
Fue una de esas películas que C. y yo veíamos todos los lunes en la última sesión en los desaparecidos cines Hollywood. Recuerdo que salimos emocionadas y excitadas del cine, analizando cada escena y cada frase, prometiéndonos que tendríamos que verla de nuevo, recomendarla a todo el mundo. No sé ella, pero yo no cumplí mi promesa, no volví a verla, la olvidé... hasta ahora, hasta hace un rato que aparece alguien que se parece a Timothy Hutton, o tal vez él mismo, en la pantalla del televisor, y aunque no recuerde el argumento, ni sus actores, ni su banda sonora; sí recuerdo que me gustó, mucho. Curiosos los caminos de la memoria.
Me apetece volver a verla, y me apetece verla contigo. Sentarme a tu lado o que tú te sientes al mío. A lo mejor es una película que odias, o que has visto mil veces, o que desconoces por completo; a lo mejor, probablemente, lo último que deseas es sentarte a ver una película conmigo. Pero este es mi universo paralelo, aquí puedo imaginar que voy a ponerme a buscarla, sí, la bajaré de internet y la guardaré aquí, esperando que llegue ese momento. Tal vez mañana, en una semana o en meses. Tal vez no llegue nunca, aunque esa opción, esa palabra, esté desterrada en esta realidad alternativa.
Así que durante el tiempo que transcurra mientras termino de escribir esto y lo publico, busco una foto adecuada, un título, tal vez una canción que lo ilumine (puede que de su banda sonora, la que no recuerdo; es lo que tienen las canciones, que siempre encuentras alguna que dice por ti lo que tú no sabes o no quieres o no puedes decir), imaginaré que la película está esperando por nosotros.
Me entran ganas de contártelo, de decirte que estoy aquí en una tarde de domingo a punto de ser estrenada, delante del televisor donde sale un tipo que puede que sea o no Timothy Hutton. Que me acuerdo de esa película, de "Beautiful girls"; aunque ni recuerde a sus actores, ni a su música, ni a su argumento. Pero que recuerdo que me gustó... Como tú, que sé que me gustas aunque en realidad no te conozca ni sepa nada de ti. Y que me gustaría que estuvieses aquí o yo allí y poder ver juntos la película, aunque tú ya la hayas visto mil veces o la odies o te resulte indiferente. Y casi mejor así, porque probablemente la película hubiese sido sólo una excusa. Y no, que sí, que realmente me apetece ver la película contigo, ésta en concreto, no cualquier otra. Aunque en realidad también me gustaría meterme en cualquier cine, sentarnos en la última fila; en la pantalla una de esas películas de poco argumento y mucho ruido a la que no prestaríamos atención; porque lo que en un principio era ternura ahora es urgencia y deseo. Y desearía chuparte la polla hasta que tus gemidos quedasen ahogados entre los gritos que salen de la pantalla.
Porque eso es algo que nunca te he dicho, siempre midiendo mis palabras, tratando de no dar un paso en falso, no decir inconveniencias. Muy propio de mí decir lo que pienso pero nunca lo que siento... callarme las ganas y el deseo. Porque sí, porque en lugar de decirte que te tengo ganas y ni te imaginas cuántas, sólo acierto a contarte que te echo de menos, lo que obviamente es cierto, aunque sepa que ni lo uno ni lo otro tenga demasiado sentido.
Me gusta conducir a solas, con la música a todo volumen... hoy escucharía Darkness on the edge of town (la canción), una y otra vez... sin rumbo, ni lugar donde llegar; sólo por el placer de devorar kilómetros...
Se ha pasado toda la noche lloviendo, me gusta la lluvia en la oscuridad... un cocktail de desperfectos físicos me ha dejado para el arrastre y yo sólo quiero subirme a un coche, aunque sea otro el conduzca hoy o tener un destino que alcanzar.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.