jueves, septiembre 23, 2010

En los cantos oscuros de los cuentos



Yo lo he hecho, lo hago, con cierta frecuencia. Dirigirme a alguien cuando escribo aquí. La gran parte de las veces el receptor, receptora o receptores no leen esto; así que mis palabras son no más que un ensayo previo de lo que puede que llegue a decir, o no, allá fuera.

Otras veces, pocas; puede que lo lean y se den por aludidos, o no. Nunca he preguntado. Imagino que todos, los que escribimos aquí, caemos alguna vez en ese juego, de contar sin decir y decir sin hablar.

A veces siento que yo también juego sin saberlo, pero no en el iniciado por mí, sino por otros. Y disculpen (la) mi presunción, pero, no puedo evitar tener la extraña sensación de que últimamente determinadas palabras en otras esquinas no son más que un aviso, dirigido a mí. Habré visto demasiada televisión.

No sé si alguien alguna vez pensó en mí al escribir algo, me hubiera gustado, en algunos casos... pero esta vez es diferente, creo... supongo.






P.D. Anne Shirle y Carole Landis

No soy una 'ha sido'. Soy una 'será'.







"Nos sentábamos en la cama mirando la televisión.
Ella decía: Cariño, cuando todo lo mío se derrumbe algún pedazo
acabará dándote a ti."

De Héroes - Ray Loriga



No sé que pensar... Tras verte ayer.

Sólo recuerdo que me debes un libro que te presté. Ni siquiera recuerdo cuál.



También he olvidado quién fui. Aunque sé que me gustaba.




Sobra todo lo demás (hasta el título)



Hoy es tu cumpleaños y lo propio sería felicitarte, ¿no?. Hey, tío, felicidades por tus recién estrenados 61 años, que cumplas muchos más (no sólo encima de un escenario) y que nosotros los veamos... Y hacerte una tarta brindando por tu salud y por el cirujano de Patti.

Pero no voy a hacerlo, o bueno, sí, you know, que te felicito y demás, happy birthday... Aunque tenga delito que se me olviden los cumpleaños ajenos (nunca el mío, a mi pesar) y en cambio siempre recuerde el tuyo. Que estaba pensando yo, de camino al trabajo, escuchándote afirmar lo duro que es ser un saint in the city, que hoy tenía que dedicarte el día, musicalmente hablando; aunque medio desayunara al son de Roberto Carlos y de la voz de un incierto vecino reclamando los abrazos de Lady Laura.

Que, obvio, tengo tantas cosas que agradecerte... Pero no, ni modo, aunque no vaya a culparte de todos mis errores, de mis fallos, de mis dudas y de mis miedos... sí puedo culparte de un buen puñado de cosas.

A saber... porque los mejores momentos de mi existencia los haya pasado en tu presencia; y lo demás no cuente. Que siempre haya deseado que mi vida fuera como aquel 21 de abril; aunque mi 21 de abril fuera un 7 de mayo, y no del 81, sino del 93; y me vuelva por completo idiota (más si cabe) y se me agoten las razones y argumentos y mis mejores noches fueron aquellas de mis trece años metida en mi cama con un viejo walkman y una cinta de 90 donde mi proveedor oficial de música no autorizada me había grabado "The river", y adelantaba y rebobinaba hasta quedarme dormida tras mis oraciones, tan sólo para escuchar 'Point blank' y 'Drive all night' una y otra vez. Porque me quedé pegada a un televisor en blanco y negro donde un tipo salía de debajo de un coche y le preguntaba a la chica si su padre estaba en casa, y a partir de aquel momento quise que mi vida fuese como una de tus canciones y cada vez que sonaba Roy Orbinson me acordaba de ti, estuviese donde estuviese. Porque llegaras a caerle bien a mi madre y que incluso reconociera tus canciones; y cuando se tienen quince años es imperdonable compartir simpatías con tus progenitores. Porque lloré, lloré y llorara (y aún lo hago) la primera vez que escuché que tenías un Chevy del 69 y creyese que la salvación estaba en la carretera, en huir de esta ciudad, en hacer una cruz por cada uno de mis amantes o tener una guitarra que nunca supe tocar mientas aprendía a decir que me quisieras tonight, for I may never see you again, entre fuegos de artificio y llegases a convertirte en la única reason to believe.

Porque odio (y el odio no es un sentimiento que practique a menudo) a cualquier jovenzuelo o jovenzuela que escuche "Thunder road" por vez primera, porque sólo hay una primera vez. Por la decepción que supuso "Working on a dream", tú que nunca me decepcionas y al que siempre perdono. Incluso que te casaras con aquella pelirroja que le robaste al bueno de Nils, a la que colaste en tu banda. La portentosa mujer que ni canta, ni toca la guitarra, ni se sabe muy bien qué pinta allí más que estar a tu vera. Porque un buen día me teñí de pelirroja y me paseé por el boardwalk de Asbury Park y juré, y aún lo juro, que I'll drive all night just to buy you some shoes, and I just wanna sleep tonight again in your arms, aunque me despierte día tras día y todo siga siendo igual aunque no seamos los mismos, y acabara por aprender más from a three minute record than I ever learned in school; aunque nunca consiguiera aprender a no rendirme.

Porque me he pasado media vida buscándote en otros, un tipo de voz ronca y mirada perdida; mientras otras mujeres soñaban con un handsome Dan o con tener en sus brazos a un good-lookin' Joe. Alguien que me diga que todo va a salir bien, que caminaremos hacía la luz del día aunque no sepamos si el amor es real y si nuestra suerte ha muerto (si es que alguna vez la tuvimos). Aunque estemos asustados y por una vez, what others may want for free, I'll work for your love.

Una vez juré que si al cumplir los 35 seguía aquí me vestiría de azul una noche cualquiera en un bar cualquiera, y ya sabes, if you're rough enough for love, honey I'm tougher than the rest... aunque tuviera que pagar a alguien para que lo fingiera. Ya ves, estimado Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli, hasta que extremos me has hecho llegar.


[De banda sonora elijan ustedes la que prefieran, y si quieren, me lo cuentan]

miércoles, septiembre 22, 2010

Se admiten (y se ruegan propuestas)



Tres semanas de vacaciones por delante antes de fin de año, aunque una de ellas ya está reservada al estudio de la Ley de Contratos. Es triste, lo admito, pero qué hacer con el resto cuando no tienes ni un céntimo, ni planes, ni compañía...


P.D. Mylene Demongeot

Living on velvet





"Tell me lies later,
come and see me
I'll be around for a while.
I am lonely but you can free me
All in the way that you smile
Tell me why, tell me why."


Si se trata de miedos, no tengo rival. El miedo es mi sombra y mi reflejo en el espejo, el que se sienta a mi lado en el asiento vacío del copiloto al conducir y el que se acuesta todas las noches en el lado izquierdo de la cama. El que me despierta incluso antes de que suene el despertador.

Si se trata de oportunidad, tampoco. Siempre lo he tenido claro. Cuando a mi madre le brindaron la oportunidad de conceder dones a sus hijas no tuvo dudas. Una está acostumbrada a formular tres deseos, así que con el cuarto se tiende al despiste y a mí me tocó precisamente ése, la inoportunidad. Pero no, no a la forma de Jorge Drexler en sus "12 segundos de oscuridad", tan a tiempo, tan bienvenida y tan inoportuna. No, yo nunca llego a la hora prevista, o llego con retraso, o con adelanto, o no llego; y si lo hago, nunca en el momento adecuado, ni preciso, ni oportuno.

Y si hay algo que me guste menos de lo que yo me gusto a mí misma, es precisamente eso. Saber que de nuevo estoy fuera de lugar, incordiando, estorbando, importunando... aunque a veces lo disfrace de felicidad, que ya sabemos que a diferencia de la puta tristeza, sí tiene fin.







P.D. Dorothy Lee y Bert Wheeler

martes, septiembre 21, 2010

A penny for your thoughts



Esta tarde finalmente logré sentarme a estudiar. Ordené apuntes, desparramé legislación, afilé lápices y saqué los colores. 20 artículos, lo que me sitúa en el 40 de la Ley de Contratos del Sector Público. Primer objetivo cumplido.

Caminé durante horas hasta el agotamiento. El teléfono felizmente olvidado en la repisa, y ya de vuelta conseguí no tenerlo a mi vera y no dejar de mirarlo insistentemente con la ilusión de conjugar un temblor.

Tampoco bailé con él de mano en mano, paseando pasillo arriba, pasillo abajo entre dudas y números que finalmente ni suman dos, ni una voz que al otro lado dice 'hola'.

Pero no conseguí retener mis palabras, no del todo...


Y no he logrado sacarme esta canción de la cabeza.


¿Qué hay de cierto en la witch disfrazada de bitch, come on sugar darling let me sratch your itch?






Quiero que alguien me pague un billete de ida...

Ni capaz soy de mentirme a mí... a los demás, ni modo.




[Y no, esa vez no me importa que cueste trabajo]

La impaciencia... sí que ha sido mi fuerte





"Suave rumor de la maleza creciendo.
Sonidos de los que destruey el viento.
Llegan a mí como si yo fuera el corazón de lo que existe.
Quisiera estar muerta y entrar también yo en un corazón ajeno."

'Adioses del verano' de Alejandra Pizarnik




Será que aún traigo el rumor de las olas en mis oídos, que me he acordado de Javier Ruibal...






P.D. Paulette Goddard



[A veces las mentiras sientan bien, ¿no?]

lunes, septiembre 20, 2010

Hubiera querido más que esto y a la vez nada



Acabo de darme cuenta de que debo vivir en un universo paralelo. Regreso a casa y por las aceras y en mi misma dirección caminan muchas personas, pero muchas, de verdad de la buena... demasiadas, grupos de gentes, niños y mayores. Apenas son las once, es lunes y esto es Oviedo, no Times Square. Es raro... aunque mucho me temo que la rara soy yo, que no me entero hasta que escucho una conversación ajena en un semáforo de pasada. Un par de niños emocionados les preguntan a sus papás a qué hora empiezan "los fuegos". Y entonces es cuando recuerdo una conversación de esta mañana en el trabajo, la típica discusión entre las dos facciones antagónicas y enfrentadas, Oviedo versus Xixón discutiendo la calidad y cantidad de sus respectivas noches de fuegos artificiales. A saber, la de Oviedo es esta noche, o esta madrugada, a partir de la medianoche; y parece ser que la gente ya va buscando posiciones. También es cierto que recuerdo preguntarme a a mediodía por qué no permitían aparcar en mi calle... pero va a ser eso, yo habito un mundo paralelo alejado de las realidades cotidianas (y así me va).

A todo esto, a mí no me gustan los fuegos artificiales, aunque tampoco me disgusten, simplemente no me interesan. Pero como imagino que desde mis ventanas se verán y/u oirán, presupongo una noche larga de desvelo aunque pese a todo esté cansada, y justo ahora no precisamente de mí aunque venga de haber estado hablando durante algo más de una hora única  y exclusivamente de mi persona.

A veces cuando menos te lo esperas la vida te sorprende y te da regalos en forma de manos tendidas, complicidad o palabras que llegan de lejos (gracias a quien correspondan) y alguien se sienta frente a ti y con interés sincero pide que le cuentes. Aunque a mí me cuesta contar, y titubeo al principio, pero al final las ganas y el cariño me pueden, y hablo y cuento y señalo. Y lo que parecía extraño ya no lo es tanto al verbalizarlo; y las dudas y los temores que nunca faltan pasan a un segundo plano. Y el "y si" y el "qué pasaría si sí o si no" se convierten en certezas. Porque yo soy yo y estoy aquí, y aquí seguiré estando, recordando a Benedetti, ya saben, mi táctica es ser franca y saber que sos franco y que no nos vendamos simulacros, para que entre los dos no haya telón ni abismos, y hoy, mañana no sé, con eso me quedo. No sé qué es lo que tú esperas, quieres o deseas; en el caso de que conjugues alguno de esos tres verbos. Pero yo si sé, espero, quiero y deseo; y me falta tiempo para contártelo.







P.D. Dorothy Lee y Bert Wheeler.


[Regresaba a casa subiendo la calle El Rosal, que para los profanos viene a ser una calle con una elevada concentración de bares donde acuden los que son más jóvenes que yo. Aunque paso por ella con relativa frecuencia casi nunca lo hago de noche, por lo que siempre paso de largo y nunca me fijo en los locales, siempre cerrados a la luz diurna. Pero hoy, hace un rato, al regresar, sorteando adolescentes con minifaldas al borde del coma etílico, a mano izquierda en el sentido de mi marcha, me embargó la emoción al reconocer en el mismo lugar al bar más mítico de mi post-adolescencia. Seguía intacto, con sus bancos de madera corridos regados de cerveza. No pude evitar emocionarme al recordar las muchas tardes en las que tuve que discutir con mis compañeras de alevosías, que se negaban a pisar semejante antro de perdición lleno de macarras, ellas preferían bares más chic donde sus lazos de Don Algodón no desentonaran. Para mí en cambio era mi refugio, era mi música y mis melenudos preferidos; tuve una precoz inclinación por el rock y su actitud. Y es que de  mi debilidad por los macarras, seres en peligro de extinción, ya he hablado en otras ocasiones.]

Fuegos de artificio



Sé que algunos de ustedes lo comprenden y lo comparten... ¿A qué se le puede comparar la emoción de lo que se avecina?...

Si yo fuera ustedes no me molestaría en leer esto


Ayer tomé varias decisiones transcendentales. Entre otras, y por enésima vez, darle un vuelco a mi vida (que sé que no daré, pero al menos que se quede en el intento) y quedarme sólo con lo bueno. No en el sentido de mirar o tratar de ver la botella medio llena, que también, sino de no dedicar ni una milésima de segundo a lo malo, o a lo que no me aporta nada, o sólo me da quebraderos de cabeza; a apartarlo, a alejarme. Han pasado 24 horas, eran las 8:30 del domingo a la mañana, y no he cumplido absolutamente ninguna de ellas.

También me prometí que a partir de ese momento sólo bebería fanta de naranja. Ayer me pasé medio día con ganas de ella y no pude evitar pensar que me gustaría que la vida fuese como una fanta, que al fin y al cabo es algo muy simple, agua, burbujas, toneladas de azúcar y color naranja. Aunque me esté quitando del azúcar y el color naranja nunca me haya gustado.

Igualmente me prometí no volver a alcoholizarme nunca jamás... no, tampoco lo cumplí, aunque me da en la nariz que ésta va a ser la única promesa que se torne en verdad. Aunque por lo pronto ayer tarde volviera a incumplirla y aunque mi inicial propósito era obivamente beber fanta, de naranja, alguien me convenció, aún no me explico cómo, de que la mejor forma de combatir una resaca era encadenarla con otra.

Así que aquí estamos, lunes, pasando de las 8:30 de la mañana. Llevo una hora delante de una pantalla en blanco en una oficina casi vacía. Aquí mañana es fiesta local y gran parte del mundo mundial se ha cogido un puente, excepto yo, que aún tengo tres semanas de vacaciones para gastar antes del fin de diciembre y no tengo ni la más mínima idea de qué hacer con ellas (sé en todo caso lo que me gustaría hacer, que soñar es gratis y a mí, por cierto, cada día me resulta más fácil).

Tercera promesa. No juzgar, cultivar la empatía, librarme de prejuicios, tratar de que la gente, sus vidas, sus coches y sus casas, no me resulten tan feas. Ser capaz de mirarme en el espejo y sonreírme y sacarme la lengua. Ser capaz de aceptar mis defectos, reconocer mis virtudes y que la gente que me recuerde a mí comienze a gustarme. No juzgar, que ya lo he dicho, y no calificar de cobardía, ajena, las actitudes que no entiendo. Que esa es otra, se me llena la boca tachando de cobarde a determinadas personas o determinados gestos. Que acá, la valiente, asume, se enfrenta y no se calla jamás. Bang, y yo me lo creo.

A veces, demasiadas, se me olvida que no soy quién para juzgar a los demás. Para decidir qué es lo correcto y qué no lo es. Puedo determinar lo que yo haría en determinada situación, o lo que no haría, o lo que me callaría; pero no tengo derecho, aunque se me olvide, a hacerlo con los demás. Pero lo hago, claro, continuamente; y como si fuera niña de cinco años a la que le quitan los sugus de cereza, me enfado y decido que es injusto (que la vida siempre lo es), y que es cobarde, y que es indigno, de mí, obvio. Y después me enfado conmigo, y considero que ahora soy yo la indigna , y la injusta y la cobarde, por no poder saber o querer o poder admitir que no tengo autoridad alguna para que el mundo, o la parte que yo elija de él, que al fin y al cabo siempre se reduce a lo mismo, baile a mi son. Así que me enfado por vez tercera y callo, aunque no del todo, y acepto, aunque no quiera aceptar, y por tanto tampoco del todo. Y me prometo, lo que no quiero promerter y a duras penas cumplo. Supongo que sé, como siempre, que todo es cuestión de tiempo. Pero el tiempo es lo que se escapa, tiempo es lo que no me sobra y tiempo es justo lo único que no puedo ofrecer, creo, tal vez... supongo, no sé.

Y vuelvo a enfadarme por cuarta vez; conmigo, obvio. Tres contra uno. Me siento egoísta e inútil e infantil, por no querer aceptar una realidad que no me gusta, como si ésta pudiese ser moldeada a nuestro antojo. Que una tiene sus años y sus barras y no es tan tonta como a veces aparenta, o sí, quién sabe, pero no es el caso. Pero no puedo evitarlo, estoy demasiado cansada, y me asusta, y mucho, lo que me está pasando. ¿Dónde está todo ese cinismo, todo ese pragmatismo del que siempre hacia gala? ¿Dónde está la promesa que me hice ayer, por enésima vez, de no perder el tiempo ni hacérselo perder a nadie?

No sé lo que me está pasando, pero no me gusta. No me gustan las cosas que no puedo nombrar, etiquetar o clasificar. No sé cómo definirlo. Cómo voy a luchar contra algo que ni siquiera sé cómo se llama. No puedo teclearlo en Google, hacer click y buscarle soluciones, armas con las que combatirlo, terapia o ayuda. Porque vuelvo a pensar que quiero vivir en un mundo de color naranja, con burbujas y toneladas de azúcar, ése en el que parecen vivir los que me rodean, que puede que ni siquiera sean más felices, puede que sólo lo finjan o que se conformen o que no se cuestionen o pregunten.

Porque yo me pregunto y cuestiono continuamente. No puedo, no quiero y por tanto no puedo, evitarlo. Pero no busco respuestas, o sí, algunas veces, no todas, no vayan a no gustarme. Quién es ahora la cobarde. Y claro, duele, cuando de repente alguien contesta por ti. Y justo en el instante en el que E. lo hizo, ayer, decidí seguir su consejo de combatir una resaca provocando otra.

Porque él me cuenta lo fenomenal, pero fenomenal, que se encuentra, o se obliga a encontrarse, que no es lo mismo, pero casi. Y yo me alegro, de veras, de verdad de la buena. Y claro, luego me toca a mí contar, y no puedo mentir y decir lo que no es cierto, que eso no va conmigo. Pero tampoco me apetece, poque me parece todo tan raro... y aunque comienzo a hablar, lo hago por el final y a medida que retrocede la historia voy tergiversándola, omitiendo detalles, probablemente los más fundamentales; dejando al final un breve esbozo, el esqueleto de unos días. Y él asiente, no sabe, claro, que no lo estoy contando todo. Pero tengo capacidad de síntesis y lo fundamental está ahí, porque lo fundamental soy yo, en realidad el resto es accesorio. Mi egocentrismo no tiene límites, todo gira en torno a mí, Yo, mi, me, conmigo...

Y él me recuerda, lo que decía hace un par de meses, lo que daría por sentir algo, por volver a dibujar un mapa, por fijar coordenadas de ilusiones, poco importa la irrealidad o inexactitud de éstas... que él es todo un experto en tejer sueños y dibujar realidades paralelas. Sí, es cierto, eso decía... Por eso mato, llegue a afirmar. Aunque sea sin deriva, sin llegar a buen puerto. Sólo por sentirme viva. Y sé que en realidad es eso, que tenía demasiadas ganas, y demasiados sueños y estaba demasiado sola y los cantos de sirena se estaban haciendo atronadores.

No tiene nada de malo, dice E., perder la cabeza por momentos si uno es capaz de recuperarla al instante, si uno es consciente de que la está perdiendo, de que todo pasa y todo llega. O darse un plazo razonable. Y le pregunto cuál es ese plazo, el razonable. ¿Una semana, unas horas, un día, seis meses? Él no sabe, dice... que esas cosas se sienten o se saben, que puede ser una semana, o tal vez un mes; no es una fórmula matemática. Y lo siente, dice que lo siente; no que no sea una suma, no que uno más uno no sumen siempre dos... Y no sé qué es lo que siente. No hay nada que sentir, y odio que alguien me compadezca por motivos por los que ni yo misma lo hago. Porque yo no me doy pena, ni lástima y no quiero que tampoco otros lo sientan. Aunque a veces no lo parezca.

Así que cerramos en falso el tema, y como comenzamos a hablar de libros y me recomienda no se cuál de no sé quién, que a él le recordó a Eduardo Mendoza, que surja lo que surje es inevitable... ¿Has sabido algo de? Y la respuesta, obvia, sin noticias de Gurb... Y tanto que sin ellas, que casi ni recuerdo quién o qué era Gurb, porque a veces llegué a pensar que más que hombre, no digamos ya ser humano, era una inteligencia artificial... pero de eso hace tantos meses, o eso me parece, aunque probablemente no hayan pasado más de cuatro.

Y ambos fruncimos ligeramente el ceño al mencionar a Gurb, por motivos diferentes y entrelazados, una especie de desagrado compartido. Que los hombres somos muy simples, Dae, aunque tú siempre te hagas la loca y no te des por enterada. Y como justo en ese momento mete gol el 'Atleti' y aunque a ninguno nos interese demasiado el fútbol le tenemos cierta simpatía, nos despistamos, o eso parece, o eso intento y obvio el comentario. Pero parece que él no.

Es lo que te comentaba antes, retoma tras el gol. La opción más fácil es la acertada. Que los hombres somos muy simples, repite. Y recalca el somos, no vaya yo a excluirle. No estoy de acuerdo, él no es simple, o bueno, tal vez sí, para algunas cosas; que para otras es exactamente igual de complicado que yo. O a lo mejor soy yo la simple... Pero le entiendo, muy a mi pesar. Y es la segunda vez en pocos días que alguien, un hombre; me dice lo mismo hablando de lo mismo.

Los hombres somos simples. Acéptalo, revuélvelo, mézclalo, tómalo como el tequila de un golpe y sin pensarlo; pero creételo. Y no, esta vez no, no me viene en gana. Que puede que sea cierto, que haya hombres, que haya personas en las que si sumas uno más uno nunca obtengamos como resultado uno y medio. Pero habrá otras, digo, que no; y son las que suelen gustarme a mí. Tú no eres simple, y por eso me gustas... supongo.

No sé, hace rato que me he dispersado. Estoy demasiado confusa esta mañana y hace tres párrafos que me he perdido y he olvidado a dónde quería ir a parar. Sólo estoy pensando en que se termine el día, laboralmente hablando; comerme un filete (aunque yo nunca coma carne) y pasar la tarde, no se en qué, pero que pase.




[Una vez pasé lista, is there anybody alive aout there?... Acá, en el blog. No recuerdo la entrada, podría buscarla, pero no... y tú te preguntabas si sabía que existías]


P.D. Clara Bow

domingo, septiembre 19, 2010

Nos hemos reconocido... hemos desaparecido



Quiero que me devuelvan esa parte de ese sueño chiquito que era mío por entero.
No quiero sentir, ni doler, ni pensar... no quiero estar, pero tampoco evitarlo.



P.D. Elke Sommer

What's a simple man to do


La primera decisión que tomé a la hora de reformar el cuarto de baño fue que quitaría la bañera para ganar espacio y me quedaría con una ducha. De tener que elegir prefería lo segundo que lo primero y supongo que fue una buena decisión de la que nunca me he arrepentido... hasta hoy.

Esta mañana hubiese deseado tener una bañera en la que sumergirme durante horas, pero tuve que conformarme con una ducha de casi veinte minutos, que nunca será lo mismo y de la que salí con la piel ardiendo y el mismo dolor de cabeza con el que entré. Juro que nunca bebí tan poco y me sentí tan mal. Consejo que seguro todos conocen, no beban jamás con el estómago vacío.

Qué es lo peor que puede suceder en una mañana de domingo de espantosa resaca... que salga el sol. Que en esta Asturias nuestra a punto de ser visitada por el otoño, ayer vi las primeras castañas alfombrando el Campo San Francisco, brille un sol que te empuja a sus calles y fuera de la cama, no sólo en busca de aspirinas.

Y cómo el mejor método que conozco para combatir el dolor de cabeza es bailar, aprovechando la ausencia de vecinos a izquierda y derecha, invito a Steve Earle a que se pase por casa. No debe tener nada mejor que hacer este domingo, así que decide quedarse y le invito a comer y le llevo de paseo por el Parque de Invierno y ahora me acompaña en la espera, de nuevo en modo on, y me invita a bailar... ¿Bailas?.

Sí... tú. Y no me digas que eres tímido, que eso ya no cuela... 




Que de lo simples que son los hombres hablaré, quién sabe, tal vez mañana...



P.D. Joan Crawford

A Dios pongo por testigo...



Esto... que mejor no cuento nada y le dejo a D. Luis que haga la crónica con luz y taquígrafos... Sólo quiero que conste en acta que ya comienzo a entender a Demi Moore...


P.S. Voy a buscarme una farmacia de guardia a comprar aspirinas.

viernes, septiembre 17, 2010

Entá nun sabes de mio más que los llabios y la risa que pongo nos minutos cimeros de l’angustia (*)


Llueve en una ciudad engalanada y yo llego a casa forzando la sonrisa, la música que suena en mis oídos ayuda; aunque sea poco más que una mueca, un triste esbozo, gimnasia bucal; me obligo, ya desentono bastante con el ambiente festivo por mis vaqueros desvaídos y mi cuero negro.

Se me había olvidado lo guapa que se pone la gente en esta ciudad. El rímmel corrido, la lluvia que me empapa, el paraguas olvidado quién sabe donde. Y sonrío, aunque no tenga motivos. Rememoro la conversación dejada atrás o más bien el monólogo del que fui espectadora y oyente. Lo poco que yo dije y lo mucho que me hubiera gustado decir. Pero dejo que sean los otros los que cuenten, y aunque no me importen ni lo más mínimo sus cuitas vitales escucho pacientemente, opino, contesto y me posiciono.

Cuando finalmente me preguntan cómo me va todo, sólo acierto a decir que bien, sin cambios, sin novedades, con la misma ausencia de afectos y los mismos temores. Y no cuento porque pienso  que si a mí poco o nada me interesan sus vidas, por qué van a interesarles a ellos la mía. Que de sobra sé a nuestros años que el interés no es sincero y que lo que hace juego con el logo de mi camiseta y el carmín de mis labios es que cuente alguna anécdota divertida acerca de algún administrado, historias laborales de ventanilla y vuelva usted mañana, alguna broma cruel sobre mi estimado compañero de fatigas o las últimas novedades del catálogo Ikea 2011 que ya me sé de memoria.

Ejecuto mi papel, con cierta torpeza, todo hay que decirlo y pese a ello todos aplauden con risas y carcajadas mi brillante actuación. Cuento lo de aquél tipo que me regaló bombones o el de la cuarta que me tira los tejos y me busca con excusas y me invita a cafés que no me gustan, o aquél que me subió los colores, o la última excentricidad de la Viudita Alegre o lo del último reloj que se compró A. en China vía internet. Recibo palmaditas en la espalda y la sonrisa cómplice del camarero que me sirve el segundo gin-tonic mientras busco en el fondo del vaso de ginebra el tiempo que siento estoy perdiendo ahí sentada aunque nadie me espere para cenar en casa. Y como atendiendo a mis derivas llama E., así que cedo el testigo de bufón de la corte a otro probablemente mucho más divertido que yo. Parece quiere rescatarme, tomar un cafelito, salir de esta ciudad; su casa puede ser un buen refugio en esta noche de viernes sin nada mejor por hacer.

Pero comienza a hablar, a contar y a decir; más de lo mismo, lo de siempre y sé que él tampoco... y le quiero, aunque me agota, y yo hoy necesitaba ser la protagonista de todos los dramas, el personaje secundario, la sombra de Edward G. Robinson. Ni modo, me alejo hacia la puerta y me despido con un gesto de la mano, mientras escucho pacientemente la voz que llega al otro lado del teléfono intercalando monosílabos. El único que parece percatarse de mi huida es el camarero, el único al que le devuelvo la sonrisa, la misma con la que salgo a la calle ya transformada en mueca.

Me despido a su vez de E. con la manida excusa del no eres tú, soy yo; hoy no sería buena compañía (la misma que me hace reír a carcajadas cuando la escucho en otros); y me arranca la promesa de compartir la tarde del domingo, acepto, pero no prometo. Me pierdo entre el gentío, que es casi multitud, entre los paraguas ajenos, me aíslo con música en mis oídos e inicio el ascenso hasta mi calle, aquí siempre se trata de subir o bajar. Sigue lloviendo y paso a paso voy empapándome mientras Steve Earle dice que la lluvía llega como un ángel caído, y desearía encoger con ésta, hacerme pequeñita, desaparecer... Y por enésima vez en estos días me acuerdo de ti, como si no tuviera nada mejor en lo que pensar, como si no tuviera a nadie a quién recordar but you. Un extraño irrumpiendo sin permisos en una parte de mi vida que creía muerta, cuando ya nada queda de mí, cuando ya soy otra...
[Te debía una canción... quid pro quo]








"To a lonesome dark-eyed beauty 
on a far-off avenue 
I woke from a dream late last night 
and wanted to tell you 
When you're feelin' lonely 
when the walls around you break 
When you need someone to help you 
and heal the ache within your ache 

O let me feel your thunder 
O let your raindrops fall 
It's not a cloud this feeling that I'm under 
maybe we'll see rainbows after all 

Will you come to me in riddles 
Will you come to me in rhyme 
Will you take me on a journey 
through the netherworlds of time 
Will you let me climb your mountain 
can I swim beneath your sea 
Will you let me enter deep within 
your own infinity 
Will you bring me to your altar 
when the evening sun goes down 
where the poets weep and angels wait 
underneath your wedding gown 

Will you touch me with your midnight 
Will you speak to me in tongues 
Will you take me to your garden 
when the time for moon light comes 
Will you offer me resistance 
Will you laugh and turn me in 
when the echoes of my fingers 
cross the borders of your skin 
Will you hold me in the ether 
when I kiss your sacredness 
Will you still believe me when I untie 
the ribbons on your dress 

You don't have to be specific 
You don't have to be immense 
You don't have to mount 
or circumvent an NFL defense 
Will you stop and turn your back 
on the offerings I give 
Will you smile and turn and show me 
secret places where you live 
Will you lead me on a voyage 
Will you take me on a trip 
through the back roads and the highlands 
'round the landscape of your lip 
Will the palace doors be open 
Will you offer me the key 
Will you leave it just outside 
the garden gate for me."



Lonesome dark eyed beauty - Willie Nile





P.D. Ginger Rogers



* Versos robados a alguien que probablemente a su vez también los robó...

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