domingo, septiembre 12, 2010

A la sombra de un guindo




Quiero más... cada día que pasa un poco, más... y eso puede convertirse en un auténtico problema...



(Ha pasado un transeúnte)Se cierra una puerta





Está sonando el Incident, una y otra vez, a veces lo hago, escuchar una misma canción hasta el paroxismo... se me eriza el vello y las lágrimas comienzan a caer. Y me gustaría que estuvieras aquí, aunque nunca te gustara, o no del todo, o no como a mí, o no a mi manera, you know, y aquella vez hicieras la excepción sólo por complacerme, como lo hacías todo, por mí, sólo por mí, olvidándote de ti; y aparecías con bombones y un ramo de lirios, nunca te gustaron las rosas amarillas, no del todo, no como a mí, no a mi manera...

Y un buen día desapareciste... también por mí, yo te lo pedí. Aunque no te gustara la idea, o no del todo, o no como a mí, o no a mi manera... pero todo fuera por complacerme...

Y ni siquiera sé por qué te recuerdo ahora, cuando el tiempo ya nos ha alejado tanto, aunque siga sin borrar tu mensaje de felicitación de cumpleaños tres meses atrás... o quizá sí... tú lo sabrías...

No, no estoy triste... sólo cansada, confusa... extraña.







P.D. Mirna Loy y William Powell en "The thin man".

Querer quedarse queriendo irse





"Yo no canto, no celebro
no bailo desnuda y ebria
sobre mi ataúd..."

Alejandra Pizarnik




Hace dos meses que no le veo. Hace un mes que le debo una llamada y que no contesto a las suyas. Todos los días a eso de las once, justo después de lavarme los dientes, cuando comienzo a deambular quitándome la ropa, cojo el teléfono y comienzo a escribir un mensaje que nunca envío y que siempre comienza con una disculpa... de marcar y descolgar (o viceversa), ni hablamos... 

Ha pasado un año... y a mí me parece un siglo...



Hace un mes que nos vimos. Hacía dos años que no lo hacíamos. No hemos vuelto a vernos. Ha llamado un par de veces desde entonces. Yo sólo he contestado una de ellas. Han llegado invitaciones desde entonces. Las he rechazado todas. Me da miedo ver en sus ojos a la mujer en la que me he convertido... que es exactamente igual a la de entonces.

Han pasado seis años... y yo no olvido...



Esta mañana me pregunta... me hace la pregunta que yo no quiero hacerme... ¿Para qué voy a preguntarme si conozco la respuesta y ésta no va a gustarme? Y lo sabe... y eso duele, más, si cabe...


















P.D. Susan Strasberg

Vértigo







Que seas de azufre... y tu cuerpo sea de llamas
sobre un cuerpo de agua...





Aunque sepa, una vez más, que me estoy equivocando...



Quería ir al cine, pero no me apetece volver a conducir hoy, el cine más cercano en esta ciudad está a  15 minutos  (en coche). Me he puesto a leer, esta mañana me compré dos libros por 2 euros, en realidad iban a ser tres, pero el vendedor me miraba con cara rara y dejé  "El amante de Lady Chatterley". No me concentro, me pongo a ver una serie, me levanto a los diez minutos. Tengo que planchar, la pila de ropa es inmensa y aunque nunca planche los vaqueros  si no lo hago mañana no tendré nada que ponerme; y mañana tengo que ir vestida decentemente, tacones incluidos aunque tenga los pies destrozados; mi nula asertividad es lo que tiene. Tengo hambre , pero no quiero cocinar y tampoco quiero llamar al chino por quinta vez en esta semana (aunque su comida sea pésima yo soy omnívora). No me apetece estudiar; ni salir a la calle, está medio lloviendo;  ni meterme en la cama a dormir la siesta; ya he limpiado el baño; he tarareado cinco canciones; escrito toda esta sarta de tonterías  aquí; he abierto el Facebook y sigo sin saber para qué sirve ; nunca veo la tele; no tengo con quién hablar; no quiero beber a solas...

sí, decididamente prefiero,  pese a todo, equivocarme.


No quiero que mis domingos, no quiero que mis días, sean así...

sábado, septiembre 11, 2010

Enamorada de la moda juvenil




Me gustan esos pantalones...


[Nota mental: Los cuadros no son para las chicas tímidas.]



P.D. Betsy von Furstenberg.

viernes, septiembre 10, 2010

No digas que no




Hace un tiempo hice un absurdo curso de ésos que nos ofrece el Instituto de Administración Pública. En realidad hago muchos, de continuo, pero generalmente con objetivos tangibles, acumular apuntes y puntos. En este caso no fue así, ni siquiera por acumular bagaje vital... La comunicación asertiva, ése era su nombre.

Dícese en la Wikipedia: "Comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos."

Vamos, que yo lo resumo en aprender a decir no... Algo que por supuesto no he aprendido aún. Y no, el curso no me sirvió absolutamente para nada, por que mis "no" suelen ser mentales y con un retardo de unos 30 segundos.

Y he vuelto a hacerlo, a decir "sí" cuando en realidad quería decir "no". Efectos colaterales... que buena parte del lunes no tendré que trabajar... Pero no, eso no es ningún consuelo.


P.D. Fay Wray

Cómo conquistar a una mujer... bailando



El listado de cosas que a mí me atraen de un hombre no sólo es interminable, sino que igualmente esperpéntico. Y es curioso, pese a todo, el baile nunca ha estado incluido en los requisitos. Será porque tampoco es lo mío...

Pero llegan los señores de 'El País' y esta mañana publican esto: Según el estudio, una mujer distingue a un buen de un mal bailarín y, por ende, a un hombre atractivo de uno que lo es menos, por la envergadura y la variabilidad del movimiento de su tronco y de su cuello, del hombro y la muñeca izquierdos,  y la velocidad del movimiento de la rodilla derecha.

Si al menos fuese la izquierda...

Artículo completo, acá.

La vida sin usar (IV)



[Haberlas... haylas]












P.D. Ava Gardner

La vida sin usar (III)




Me gustaría pensar que tengo la capacidad de que puedo contar sin contar. De que puedo hablar de mí, de mis intimidades y miserias; pero que no puedo implicar a los otros, no más allá de una inicial puede que equivocada o cuatro esbozos mal contados de personas que han estado de paso.

Creo que nadie de los que me lee me conoce, y hablo de conocer de verdad, de verdad de la buena, más allá de encuentros circunstanciales o pasados.

Sé que hay límites que no debo cruzar, pero que son tentadores. Algo así como lo de Dominguín y Ava Gardner, qué sentido tiene hacerlo si luego no puedes contarlo. Pese a todo no cuento o si lo hago intento no contarlo. Y eso me gusta, porque yo cuento y ustedes interpretan e imaginan y a veces hasta aciertan, en todo, en parte o en nada.




[Esto va por vosotros dos y espero que al menos uno me entienda; esta vez sí...
y si no, la vida sigue igual, ¿no?]




P.D. Julie Harris en "The Haunting"

La vida sin usar (II)




Ayer tarde, en torno a las cuatro quedábamos tres personas en la oficina. Sin jefes, café de máquina gratis y poco y aún menos ganas, por hacer. El catálogo Ikea 2011 pasa de una mano a otra, los tres estamos inmersos en mudanzas más o menos prolongadas (gano yo, 8 meses y lo que me queda). Hablamos, pues, de mudanzas, bancos, hipotecas y cambio de residencia, de ciudad y hasta de país.

Son horas de confraternizaciones y conversaciones extrañas. Tres colegas que a duras penas se dan los buenos días, que ignoran día tras día la presencia del otro de forma ridículamente ostensible y que de pronto se ponen a discutir la conveniencia de los sofás Karlstad. Y como lo uno lleva a lo otro, y que levante la mano (y alguna sin duda habrá levantada) el que sea capaz de mantenerse al margen de críticas y cotilleos, acabamos por hablar de los no presentes y también ausentes, igualmente envueltos en cuestiones inmobiliarias.

Porque parece ser que en el caso de, pongamos Jota, ya era hora. Que tiene más de 45, me aclaran, y sigue viviendo con sus padres. Así que bienvenido su nuevo piso, que a lo mejor le da tiempo a mudarse antes de cumplir los 46, si es que no los ha cumplido ya.

A mí Jota me cae mal, francamente mal y mi opinión se basa en algo tan objetivo como el desconocimiento mutuo y absoluto. Pero eso no es óbice para que me moleste el tono y las formas con las que se comienza a hablar de su presunta vida privada.

Yo no soy su amiga y a duras penas me considero su colega, prefiero decir que ocupamos el mismo espacio laboral. Pero el otro sí, el que se burla de que a sus 45 o 46 o los que tenga, en todo caso parece que cuarentaymuchos, siga soltero, y viva con sus padres, y nadie le quiera o le soporte o le tolere... Son amigos, o al menos colegas; y tienen largas conversaciones sobre lo humano y lo divino, me consta; y diariamente comparten media hora de café o lo que se tercie, y las cañas de los viernes a las dos a las que nunca he sido invitada... Y sí, es cierto que yo también lo había pensado, que tenía toda la pinta de ser del club de los que aún viven con sus padres a mesa puesta y camisa planchada, por no hablar de la cama hecha todos los días. Pero fíjense ustedes lo que me importa, que al fin y al cabo yo también soy soltera y nadie me quiere o me soporta o me tolera, aunque sea yo quien me haga la cama y me planche, malamente, todo hay que decirlo, las camisas.

No, a mí no me importa su vida. A mí Jota no me gusta y me da exactamente igual cómo y con quién viva. Y aunque me gustara me seguiría dando exactamente lo mismo. No mentiré, no desprecio las vidas ajenas, algunas hasta me interesan, pero la superioridad moral me puede. Yo soy más guapo, más listo, más socialmente brillante y adaptable, más, todo más... que Jota y que tú y que el vecino de enfrente... y hago chistes y me río, aunque luego le pase la mano por la espalda y nos vayamos al café de la esquina este viernes a eso de las dos a tomarnos unas cañas y entonces sea otro de quién nos riamos... quién sabe, a lo mejor de mí.



P.D. Mary Ellen Kay y Allan "Rocky" Lane

jueves, septiembre 09, 2010

Invítame a vivir...


... y a unas cervezas, y a reírnos de nosotros mismos... y a escuchar a Steve Earle.



Derrotas



Ayer se cumplían exactamente ocho meses desde que vivo en mi nuevo piso. Ocho meses desde que habito unas paredes cien por cien de mi propiedad obviando al banco y a la hipoteca. Un espacio que no tengo que compartir con nadie, donde no tengo que hacer cola para entrar al baño ni jurar en arameo porque alguien me ha comido mis yogures o usado mi taza favorita. Donde no me despiertan los jadeos ajenos de la habitación de al lado, los portazos y las risas alcoholizadas en plena madrugada o la retransmisión radiofónica de los San Fermines la primera semana de julio en torno a las ocho de la mañana (una vez tuve una compañera de piso que ni era de Pamplona, ni le gustaban los toros, ni había estado nunca en plenos San Fermines, pero, ay, pobre de mí, se levantaba día tras día con los encierros en la radio a todo volumen).

Sí, ya llevo ocho meses aquí, en una ciudad que no es la mía y de la que dudo seriamente que algún día llegue a serlo. Echando de menos otras ciudades, deseando volver a aquellas en las que nunca he estado; sintiéndome cada día que pasa más extraña, después de tantos años de visitas y paseos sigue habiendo barrios, calles, que no conozco... sigo conservando intacta la capacidad para perderme por el casco antiguo (mi sentido de la orientación siempre ha sido nulo) pese a que tan sólo son cuatro calles mal contadas y algún que otro turista despistado preguntando dónde está Williams Arrensberg, el culo de Úrculo o la gafas de Woody. Sigo añorando Gijón, el mar, el bullicio de las calles los domingos, su adorable fealdad, las noches perdidas, el gris de sus barrios y el horizonte.

Me pregunta alguien, un tipo despistado que ha tenido la incierta suerte de tropezarse conmigo: "¿dónde paras?". Entiendo que me pregunta qué bares habito, qué barras me acogen... no sé qué contestarle, hace demasiado tiempo que no nos vemos en los bares. Probablemente hace al menos diez años que no piso las calles de Oviedo más allá de medianoche y de los bares de entonces, que nunca estuvieron de moda, en el transcurso de otras vidas, puede que no quede ninguno, nunca fueron muy recomendables... Nunca me ha gustado beber sola.

No, ahora no trasnocho y apenas voy a conciertos. ¿Ya les he hablado del estupendo cartel musical con el que que nos obsequiará el excelentísimo ayuntamiento la próxima semana? He cambiado el humo por conversaciones y la cerveza por las tazas de chocolate en esas cafeterías de barrio alto, hábitat natural de los collares de perlas, los visones y la ropa de entretiempo. Me fascinan sus manteles blancos, las charlas circundantes y las caras con las que las señoras de bien miran a esa chica alta tan rara que en una mesa de esquina y mientras revuelve el chocolate lee sentada a solas. Y me recuerdan tanto a esos cafés de Centroeuropa con sus impecables ancianitas vestidas de domingo, sus sombreritos, guantes blancos y colores pastel, sus improbables bicicletas. Aunque aquí haya pasteles (nada tienen que envidiar los milhojas en todo caso), allá Sacher y Schwarzwälder Torten, Krapfen y Apfelstrudel mit Vanillesosse.

He cambiado de hábitos, de horarios, de costumbres y hasta de compañía hasta quedarme a solas. La última vez que amanecí a las nueve de la mañana en un bar estaba sobria. Sal despedía su vida de soltera por haber encontrado la hombre de su vida (o eso creía ella, aunque a día de hoy siga creyéndolo y siga estando soltera), aunque festejáramos ella y yo a solas y en la compañía no precisamente de ese hombre. Aquella madrugada con vistas al Cantábrico supe que sería la última. No he vuelto a esos bares. Ahora duermo en el lado derecho de mi cama, me levanto cuando suena el despertador y si hay cervezas en la nevera siempre son para los otros, para las eventuales visitas; al igual que esa botella de ron que trajo quién ya no recuerdo para emborracharse a mi salud (a mí ni siquiera me gusta el ron) y que ahí sigue, esperando que otro brinde por mí.


Comunicando





Fui a... bueno, fui a unos grandes almacenes a comprarme un teléfono para mi hoteldecarreterademediopelo... de esto hará unos meses. Yo con las nuevas tecnologías no me entiendo, y sí, supongo que para muchos de ustedes un teléfono de esos fijos, de casa, no es una nueva tecnología; pero para mí todo lo que tiene botones lo es, y no, no me entiendo. Así que me pasé diez minutos mirando más que teléfonos, precios; hasta que un amable dependiente, siempre son amables, se me acercó para preguntarme qué se me ofrecía y si podía ayudarme.

-"Esto... bueno, sí... quería un teléfono con contestador automático; o un teléfono y un contestador automático..."

Va a ser, y yo ya lo inutía, que eso de los contestadores automáticos debía de haberse quedado en el principio de los tiempos... al menos eso decía su mirada. Pero ya se sabe que los dependientes de los grandes almacenes siempre son extraordinariamente amables y tienen bien aprendido eso de que el cliente tenga o no tenga razón, siempre la tiene. Que sí, que yo debo de ser una chica rara y me quedé en los 80... y siempre quise tener un contestador automático... en realidad no sabía para qué, ya tendría tiempo de decidir eso... y acabé por llevarme a casa un teléfono con contestador incorporado último modelo (dejemos para otro momento determinar en qué año exacto se puso a la venta ese último modelo).

Lo instalé con la misma ilusión con la que estreno unos zapatos de altura imposible que sólo me pondré una vez porque acabarán por destrozarme los pies y el equilibrio. Y hasta me llamé, obvio, para poder escuchar eso de: 'Tiene un nuevo mensaje'.

Creo que fue la primera y última vez que pude escucharlo, cualquier día de estos tendré que volver a llamarme. Pese a que ayer, al atardecer, cuando llegué a casa, la lucecita indicadora de los mensajes estaba parpadeando; se me disparó la ilusión tan rápido como me bajó cuando tras darle al botón sólo se oyó el "pi, pi, pi"... habían colgado. Y en fin, que yo me ilusiono por cualquier cosa, que al fin y al cabo sólo dos personas me llaman a ese número, y una de ellas, una de mis cuatro hermanas, está fuera, de vacaciones, en la playa, y aislada del mundanal ruido, descartada por tanto que hubiese sido ella; y la otra, en fin, la otra es mi madre...

Llamo, pues, a mi santa madre y le suelto la fatídica frase que a mí tan poco me gusta. Sí, hay frases a las que les tengo manía aunque de cuando en cuando se me escapen: "¿Me has llamado?", y mi madre, con su agudeza habitual me contesta que sí preguntándome cómo he sabido que ha sido ella cuando le consta que no tengo identificador de llamadas. En realidad sí lo tengo, ahora sí, no al principio, pero no la saco de su error; quiero evitarme el discurso para la próxima vez que llame y no conteste, dado que ella pensará que no quiero coger el teléfono al ver su número (virgencita, virgencita, que no me parezca a ella si en algún momento llego a convertirme en respetable señora).

Le explico que es una cuestión matemática, dos menos uno sigue siendo uno. Sólo podía ser ella...

-"Bueno, no será para tanto... alguien más te llamará... no, si yo no quiero saber quién te llama... si ya sabes que yo no quiero meterme en tu vida... no vas a negarme que te llama más gente... no tienes por qué contarme quién te llama... no pretenderás que crea que te llamamos sólo nosotras... no, no tienes por qué decirlo... cómo no te va a llamar nadie más... si ya digo que eres una exagerada... seguro que te llama alguien más... seguro que es que no quieres decírmelo... si tú no me cuentas nunca nada... y ya sabes que yo no pregunto, que no me intereso, que no es de mi incumbencia... alguien más te llamará..Si es que nunca cuentas nada..."

Juro que a veces desearía llevar la vida que mi madre se imagina que vivo...




P.D. Anne Francis



Quería poner "Lovin' you again", de esa Diosa llamada Emmylou Harris. 
Que no tiene nada que ver con lo que cuento, 
pero se me ha metido esta mañana en la cabeza por extraños motivos. 
No la encuentro (tampoco la he buscado demasiado), ya saben, esa que dice: 
'you call me froma phone booth with tears in your voice...'

miércoles, septiembre 08, 2010

Échame a mí la culpa











"I wasn't looking when we built these walls 
When we spread my dreams at your feet
Let's not let times build the flood rise
Before my thoughts begin to run
I think I'm getting older now."


"Hard enough" de Brandon Flowers






Hoy me he levantado más que tarde. Sin despertador que sonara por primera vez en muchos meses. Ni siquiera sé qué hora era, no me molesté ni en mirar el reloj. Quería quedarme en la cama dando vueltas, con la música de fondo, no hacer nada, dejar pasar la mañana. Pero hice una mala elección, el  'Flamingo', de Brandon Flowers; comenzó a sonar al azar 'Hard enough' y no pude evitarlo, salté de la cama... y luego llegó otra, y luego otra; y acabé tarareando, y acabé bailando y acabé descubriendo al subir las persianas que allá fuera brillaba el sol.

Una tiene que ser práctica y aprovechar esos momentos de euforia para las tareas domésticas, para lo que más odio después de planchar, limpiar cristales. Pero ya puestos decidí limpiar y dar brillo y esplendor a la mitad de mi apartamento hoteldecarreterademediopelo y combatir en la mitad de la otra mitad mi incipiente síndrome de Diógenes. En esas estaba, con ese invento del demonio de la cal llamado mampara, cuando me fijé en el reflejo del espejo y me vi con unos pantalones de cuadros del Primark, una camiseta blanca de tirantes y lamparones, las gafas y el pelo en un recogido imposible; y por primera vez en mucho tiempo me gusté a mi misma, tanto que tentada estuve de hacerme una foto y mostrársela para que vieran lo guapa que puede llegar a ser una en la intimidad de sus querencias. Me contuve en todo caso, le saqué la lengua a mi reflejo y como no podría haber sido de otra manera mi alegría duro poco, que ya se sabe que éstas son contadas en casa del pobre.

Un ruido como de gotas de lluvia golpeando unos cristales, los míos, recién limpiados, brillantes y esplendorosos... y los estupendos vecinos de arriba regando sus estupendas plantas y el agua del riego arroyando por mis impolutos, hasta ese momento, cristales, y por el alféizar, de mi igualmente, hasta ese momento, impoluta ventana. Juro que nunca grito, juro que nunca insulto, juro que juré en arameo... juro que no llamé a su puerta presentándome como la vecina del quinto, sí, la de justo ahí debajo que está escuchando la música a todo volumen...





P.D. Irene Dunne

Adicciones






"Sometimes dreams are all you got to keep you going when the day gets long."

"The clock was tickin'" de Brandon Flowers






¿Se creían que sólo me gustan los polvorones?... No, también soy adicta a la Coca-cola...
y a los sueños perdidos.









P.D. Brigitte Bardot

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