sábado, mayo 15, 2010

Proof of life



He bajado las persianas, apenas pasan de las dos del mediodía, creo que afuera llueve... no importa, acá dentro, también.



P.D. Katherine Ross

jueves, mayo 13, 2010

Every time you go away




No sé quien eres... pero ya te echo de menos.

Banda sonora para una tarde de jueves

Y toda la tarde...



Me apetecía escuchar a Mr. Johnny Cash y me apetecía escuchar esta canción, ignoro el motivo, pero ambos me hacen sentir extrañamente bien.

El original, ya saben...

Nadie dijo que fuera fácil


Me he pasado toda la mañana tarareando esta canción... como si tuviera algo que ver conmigo.

(hay)Lugares peores



Siempre digo que odio mi trabajo, pero no es cierto, miento. No puedo odiar algo que no tiene contenido. Odio madrugar, dar los buenos días sin casi obtener respuesta, sentarme aquí, a pesar de las vistas (mirando la vida pasar), delante de este ordenador desde el que hoy (y ahora) escribo. Como todos, como casi todos los días, aunque las más de las veces acabe archivándose en la papelera. Leo los periódicos que dicen que me bajarán un 5% (de media) mi mísero sueldo y la chulería de un colega que afirma que si fuera posible reducir aún más su ritmo de trabajo, lo haría (al menos un 5%).

Entiendo el cabreo de la gente, que aplaudan una medida tan populista, chapucera e ineficaz. Pero no conozco a ningún alto cargo que sea funcionario. Ergo, a los asesores, jefes de gabinete, directores generales y toda la fauna ‘pata negra’, nadie les tocará su ya no tan mísero sueldo. Pero es lo que nos merecemos, dice la tribuna, el precio a pagar por nuestra estabilidad laboral. Y ya se sabe, somos vagos, cotillas y desalmados. Aquí un ejemplo, en horario laboral y desatendiendo mis obligaciones con el ciudadano para cultivar mi ‘yo’ narcisista vía Blogger.

Que sí, que tienen razón, que no trabajamos. Me pongo de ejemplo. Fiché a las ocho y cuarto de la mañana (bastante más tarde de lo habitual, pero eso es otra historia). Saldré a las cuatro de la tarde (igual no les salen las cuentas, no, no son 7 horas, no trabajo de ocho a tres). Ha sonado el teléfono cinco veces hasta ahora, que son exactamente las 12:45. Tres de ellas no cuentan. A qué hora salía al “café”, a qué hora debería hacer acto de presencia el Gato de Sargadelos, léase, el Jefe (en honor al gato de Cheshire) y una llamada del HUCA (Hospital Central de Asturias) -es la quinta en lo que va de semana- para avisarme de que tenía una cita en urología en enero del 2011. Las otras dos correspondientes a dos estimados compañeros. El primero me acusaba de ser la responsable de haber recibido un rapapolvo por parte de su jefe (sí, sorpréndanse, los funcionarios, algunos, reciben broncas por parte de sus jefes). Parece ser que yo no le informé debidamente de algo. El email con acuse de recibo y notificación de leído me convirtió en destinataria de una disculpa; posterior, obvio, a la respectiva bronca. La segunda correspondía al Marqués, de nuevo una bronca, esta vez telefónica y a distancia. No sé de qué me habla. Una solicitud de registro, un post-it amarillo, una ausencia de oficio, una sospecha infundada. Acordamos, acordó, archivarlo en la papelera; y él, obvio, no se disculpa.

A eso de las diez emito una tasa sancionadora, 3.001 euros por una infracción administrativa que no viene a cuento. A las once redacto una resolución y su respectivo traslado, que probablemente llegará en dos semanas al destinatario. El Gato de Sargadelos está reunido, mañana estará de curso, el lunes en Madrid y el martes en Valladolid. No podrá firmarla por tanto hasta el miércoles, luego irá al Registro de Salida, ese ente desconocido, me lo devolverán en un par de días más; pasará al ordenanza y de ahí al día siguiente a Correos (lo que estos hagan con la carta ya se escapa de mis dominios). Esto igualmente puede que les sorprenda, que el responsable de la lentitud del funcionamiento de la Administración no sea el funcionario tramitador (vago y maleante por añadidura) del proceso respectivo, sino la excesiva burocracia impuesta no por designio divino, sino por las leyes, y como ya saben, o deberían saber, que el desconocimiento de la Ley no exime de su cumplimiento, les animo a que le echen una ojeada, que nunca viene mal, a la Ley 30-92, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y el Procedimiento Administrativo Común; que como poco, será más amena que lo último de Pérez-Reverte que me estoy metiendo entre pecho y espalda.

Acepto que mi situación es envidiable. Por un sueldo apenas mileurista dos llamadas, emitir una tasa, media hora de café (me compré un bolso en el Calatrava y le eché un ojo a un vestido maravillisosísimo en Massimo Dutti), notificar una resolución y a las cuatro de la tarde en la calle.

No les cuento, claro, que aquí nadie se habla con nadie. Que cuando alguien se va se celebra una fiesta y no necesariamente de despedida. Que a mi lado trabaja un auxiliar administrativo no funcionario (contratado por una de esas empresas fantasma de concesiones públicas) ganando 856 euros. Que tengo “compañeros” que ni saben como me llamo y sólo se dirigen a mí cuando necesitan algo… moza. Que el Gato de Sargadelos, cada vez que me ve me dice eso de: “no me olvido de lo tuyo”, y lo mío son las innumerables veces que en su despacho le he rogado, pedido, implorado, solicitado, invocado, instado, reclamado, llorado, suplicado y todos los sinónimos que se les ocurran, que me asigne más trabajo o en su defecto que me asigne al servicio dos plantas más arriba desbordado de trabajo.

No les cuento que quiero irme, largarme, huir, esconderme... que regalo mi plaza de funcionario de carrera al mejor postor.

P.D. Jeanne Moreau


miércoles, mayo 12, 2010

(torpe)Mercernaria



Intento, he dicho intento, asumir mis contradicciones. Siempre (la mayor parte del tiempo) he estado sola por elección propia, y siempre, a un tiempo, me he sentido sola y deseado (tal vez no lo suficiente) huir de esa situación.

Me gusta llegar a casa y no tener que encontrarme con nadie. Poder organizar mi tarde, mi comida y mi espacio. Aunque odio cocinar sólo para mí y a medida que avanzan las horas y me sumerjo en otras vidas, siempre huyendo de mí misma –los libros y los escaparates ayudan- y va cayendo el día, comienzo a extrañar una mano tendida.

No se trata de tener a alguien dispuesto a escucharme, para eso basta descolgar el teléfono. Sé que hay quién se preocupa por mí, aunque sea en la distancia (y mi madre no cuenta), que sigue mis pasos tendiendo una red bajo mis pies (más dura será la caída). Puede que necesite sentirme querida y venerada, tenida en cuenta, admirada, idolatrada u odiada, lo que sea antes que provocar indiferencia; algo muy humano por otro lado. Pero tampoco es eso, ni todo lo contrario.

P.D. Janet Leigh en "Touch of evil" (Sed de mal).

Cadenas


Yo quería irme, aún quiero hacerlo. La noticia de esa rebaja del 5% (veremos en qué se transforma cuando llegue a la Administración Autonómica), alienta aún más mis ganas. Aunque ni siquiera tenga decidido un destino, Europa en todo caso; una gran ciudad, sin duda; una lengua accesible y siempre al norte, obvio. Dublín, Londres, Berlín, Amsterdam (el holandés, ese ruido de fondo, que decía siempre) o Estocolmo... Hago y deshago maletas; apunto y tacho ideas (terminar la filología y reconvertirme).

Sé bien que no lo haré… ya no. Que mis trayectos de ida siempre tuvieron vuelta, aunque no siempre regresara. Que me quedaré aquí, hasta la próxima, odiando mi trabajo; contando los minutos que quedan para que den las dos, los días para pedir un traslado, los meses para la próxima oposición; los años que juegan en contra (se te va a pasar el arroz, me decía alguien ayer antes de caer fulminado).

No sé en qué momento tiré la toalla, quizá el 19 de octubre de 2009 cuando ante el notario de punto (que sepa Vd. que a partir de ahora es rica, señorita), yo, la doña ‘hayquefomentarelalquiler’, estampé mi firma en un contrato de compraventa de piso en el centro con plaza de garaje y vistas (ni siquiera tengo que colgar cortinas). Y ahora, por más que lo intento - o eso me digo- no logro vislumbrar un futuro, y no me queda otro que mirar p'atrás para encontrar motivos.

P.D. 1 Elke Sommer y Paul Newman en "The price" (El premio).

P.D. 2 Me hacía gracia el gentilicio, hidrocálido; aunque siempre tuviese las manos frías –los inviernos eran largos.

domingo, mayo 09, 2010

La respuesta no siempre está en el viento



"Come to my rescue.
Oh, come here to me,
take me and keep me
away from the see".

Sea of heartbreak - Rosanne Cash


Yo misma me respondo... no a la primera y un casi sí a la segunda...

P.D. Acá Mr. Johnny Cash...

Encrucijada


"Soon morning comes
to warm the world and wake you up.
Night is gone awful fast.
It ain't wrong to be sad".

On up the mountain - Jakob Dylan


¿Se puede ser (y estar) más divino? Y me refiero al hijísimo... ¿Acaso hay una mejor canción que defina, éste, mi domingo? Si hasta la tristeza, ya saben, está permitida.

Más vale tarde (que nunca)


When I look at myself, I am so beautiful I scream with joy!

Maria Montez



En la pertinente llamada dominical mi madre me pregunta por ti -siempre le gustaste, supongo que porque no te conocía- y yo, que hace 39 entradas que te he olvidado siento la irreprimible tentación de importunarte irrumpiendo en tu paz dominical. Así son los caprichos, de ida y vuelta. Ahora que me has olvidado, yo te pedí que lo hicieras; soy yo la que no quiero que lo hagas.

sábado, mayo 08, 2010

Oro parece, plata no es

Adivina, adivinanza -he visto la foto y no he querido, aunque podido, resistirme- ¿quién es el buen mozo (disfrazado)vestido de hippy trasnochado, haciendo acto de presencia en la anual fiesta flower power de los petartos y petardas que en este país son y han sido?



Y ha sido ver a mi ídolo Javier "comoserricoycuasinomorirenelintento" Hidalgo y no poder, aunque querer, resistirlo.







P.D. En color... porque ellos lo valen.

Hopeless devoted to you



"Puede ser que un día de estos nos quedemos sin futuro,
y tú sigas con tu teatro".

Duele verte de Ricardo Arjona



Aunque a veces no lo parezca (demasiadas), especialmente en este foro, una tiende a ser tremendamente discreta. Tres balas en la recámara... ahí se quedan. Tres tremendas (y lindas) historias dignas de éste, no tan digno lugar; pero tú, tú y tú; léeis esto (aunque en concreto tú no sepas que yo sé). Ni modo, como la tumba falsa de los Tigres me quedo. Y se me quedan con las ganas (o no) de ser coprotagonistas tratando de encontrar la salida al laberinto. Para la próxima, quién sabe, igual se me antoja crucificarme en la pared.



P.D. 1 Jean Arthur y James Stewart en "You can take it with you" (Vive como quieras).

P.D. 2 Acá la gran Lola Beltrán.


On the rocks

(Mi)Andrés se ha cortao el pelo... y mi coche no arranca, ¿qué será lo próximo?


viernes, mayo 07, 2010

Even cowgirls get the blues



Ya lo cantaba Emmylou... y es que no se puede mirar hacia atrás (y mucho menos p'alante). Experta que es una en dar un paso p'alante retrocediendo otro de inmediato, acabando, obvio y ab eterno, en el mismo lugar; no vaya a volverme estatua de sal.


jueves, mayo 06, 2010

If I have a hammer


¿Alguien sabe cómo se cambia un telefonillo o portero automático o cómo se llame sin tener que pedirle ayuda al portero? Es que me he hecho socia del club "make it yourself" y obvio, no he conseguido hacer nada por mí misma.

Eternamente agradecida si alguien me echa una mano (aún siendo virtual y a distancia), aunque ya he dado mil vueltas a toda página de internet sobre el bricolaje y sigo sin aclararme, no puede ser tan complicado y yo tan torpe. Pa' alguna cuestión práctica debería servir tener un blog.

P.D.1 En realidad iba a hablar yo de una historia que me ha inspirado/recordado Fiebre en su última entrada, pero no, no me apetece ponerme triste (no más de lo que ya soy, que a veces en las ecuaciones hay que despejar más de dos incógnitas).

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