domingo, agosto 02, 2009




"Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del río.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener en la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Con los médicos prefiero hablar de otra cosa.
Prefiero las viejas ilustraciones.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
En el amor prefiero los aniversarios
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad del sabio a la del demasiado crédulo.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas
del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras que tampoco he dicho.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo de los insectos al tiempo de las estrellas.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad
de que todo tiene una razón de ser."

Iba a escribirlo yo, pero acabo de descubrir que alguien ya lo hizo por mí.



Y va el muy c* y canta Trapped. Esto no se lo perdonaré nunca...

P.D. Gracias a Paco Vigil del Springsteencorner por grabarlo y subirlo.

Escuéndime


Escuéndime de los suaños escuros.
De les manes sangrientes
que dibuxen el mio nome nes parés.

Tápame de los milenta cristales
nos que se desfaen los mios güeyos
cada vez que me sobrevivo.

Guárdame del tiempu del odiu
y de la tierra d'olvidu
na que van desterrame.

De tolo que nun merezo,
de lo que nun deseo,
porque prometo que soi inocente,
anque tea poseída pol páxaru verde del mal.

Ye cierto qu'abro les manes
y nacen el fueu y les espines.
Que la mio llingua españa en llamaes
cada vez que me nombro.
Que soi'l diañu y la muerte
y que toi famienta de les tos intenciones.
Pero suplícote llealtá y entrega
porque sé que tu nun vas negame.

La otra voz que naz en min
(la que fuxe y se rebela)
quier alvertite a pesar de too:

Cuerri. Escuéndite tu.
Guárdate del mio amor
y de les mios traiciones.

Ana Vanessa Gutierrez

sábado, agosto 01, 2009


A veces no lo parece, pero hay cosas más importantes que un concierto de Bruce. Bueno, son bien pocas, pero haberlas haylas, y toda esta semana incluyendo los dos findes, posterior y anterior, he estado inmersa en una de ellas. Y sé que no debería estar aquí, escribiendo, que me hubiesen esperado las colas y el sudor, los desencuentros y carreras, la impaciencia y la magia, la carretera y las risas. Es tan difícil explicar para un "no iniciado" lo que se siente.

Alguien me prometió, y cumplirá, vía móvil, trasladarme, aunque sea por escasos minutos, a esa especie de paraíso en la tierra que será esta noche Pucela. Envidio a los que lo vivan hoy por vez primera. Sólo hay una primera vez, la mía fue hace 16 años, luego llegaron otras... Ojalá que tu vida, y la mía, sean como aquél, nuestro particular 21 de abril.

P.D. Sé que no tocará Point Blank. La reserva para cuando nos veamos en el estadio de los Gigantes, lo sé. En todo caso yo se la dedico aquí y ahora, aunque él no vaya a escucharla. A cambio de aquel... the road is dark, and it's a thin line... Tal vez sea el momento de remontar el vuelo de nuevo.

miércoles, julio 29, 2009

Yo, mi, me, conmigo


"De verdad, puedo ser alegre. Amable, agradable, afable... Y eso sólo son las palabras que empiezan con 'a'. Pero no me pidas que sea simpática, la simpatía no va conmigo".


"La ladrona de libros" - Markus Zusak


viernes, julio 24, 2009

En la mañana del día de Año Nuevo. Sí, el 1 de enero de 2009. La última vez que lloré. Hasta ayer. Exactamente seis meses y 23 días después. No importan los motivos que me desbordaron de lágrimas entonces, y los de ayer también carecen de importancia.

En un esmerado escenario. Conduciendo a toda velocidad por la autopista de regreso a casa desde el aeropuerto. Drive all night y Stolen car a modo de bucle infinito, las lágrimas rodando por mis mejillas. No es la primera, ni será la última vez, aunque tengan que transcurrir otros seis meses y 23 días. Me sentí terriblemente vacía.

martes, julio 21, 2009

High fidelity



Un anónimo lector me pregunta vía email… Inciso, ¿a ustedes también les ocurre?, quiero decir, que si también les comentan en privado a pesar de tener la opción de hacerlo en público. Y no, no va por ti, no eres el único que ante aseveraciones públicas da respuestas privadas… Segundo inciso, tengo un lector lo suficientemente presuntuoso como para darse siempre por aludido… Será por anónimos lectores, digo…



El anónimo lector, educadamente, me pregunta si es cierto que soy fan de Raffaella Carrá. No puede salir de su incredulidad. No comparte, pero entiende, que lo sea de la caprichosa Scarlett. No nombra, intuyo que por desconocimiento, a la fatal Jane Mansfield (la probrecilla acabó decapitada, es lo que tiene el satanismo mal entendido, que en lugar de una muerte ritual y a la altura de las circunstancias, te brinda un vulgar accidente de coche mal parado).


Qué quieren que les diga. Si fuera una persona sin un mínimo de dignidad lo hubiese negado. “Holaaa, Raffaella , noooo… sólo era una broma de pésimo gusto” y evidentemente estaría mintiendo como una bellaca. Pero como ya me miento a mí misma con relativa frecuencia, hace tiempo renuncié a mentir a los demás, en la medida de lo posible. Aunque como ustedes sabrán, lo posible es un concepto muy elástico.

No sé si mi respuesta le decepcionó. “Pues claro que lo soy, ¿algún problema?”… Me temo que he bajado unos cuantos enteros en el concepto que el anónimo lector, ingenuamente, tiene de mí. ¿Pero acaso es incompatible escuchar a Sibelius para conciliar el sueño, despertarse con Extremoduro, ducharse con Raffaella, conducir con Bruce, comer con Dylan (Bob) y cenar con Billie (Hollieday)… entre otros? Parece ser que para él, sí.

Que yo adoro a Bruce no es ningún secreto. Por algo es el Jefe, aunque para mí sea la Santísima Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (aun a riesgo de cometer incesto). Y luego, no necesariamente por este orden, están Bob y Pete y Van y Quique y Caetano y... John, Jacques, Rebeca, Rufus, Eva, Jakob, Tom, Aurora, Leonard, Brandie, Mark, Lorenna, Javier, Tracy, Neil, Amy, John, Lila, Elvis, Jolie, Johnny, Carmen, James, Janis, Eric, Joni, Ricardo, Joan, Josh, Carly, Andrés, Allyson, Charlie, Mary, Gram, Lhasa, Lou, Toli, Patty, Elvis, Natalie, Paolo, Sawhn, Ryan, Katie, Jackson, Emmylou, Silvio, Nancy, Enrique, Lucinda, Miguel y Herbert... y alguno más que seguro se me escapa, incluso un tiempo hubo hasta un tal Joaquín, y Aute, of course, del que ya hablé en otra ocasión… jueguen si les apetece a colocarles los apellidos.

Pero también están Raffaella. Y Raphael. Nunca superaré que Olvido “Alaska” Gara y (Enrique) Bunbury decidieran un buen día que era cool y que había que versionear sus canciones y hacerse fotos a su lado. Raphael era patrimonio de los incomprendidas como yo. Sólo nosotras éramos capaces de apreciar que tras su histrionismo se ocultaba una estrella no digna de esta galaxia, a la que tan sólo alguien como Juan Gabriel podría hacer sombra.

Y no, no me gusta la Pantoja. Pero sí la copla. Y los fados y el danzón. Y hasta hubo un tiempo que escuchaba a Cheb Khaled (y leía a Erich Fromm), pero sólo era pose con afán impresionista. Hasta una vez quise ser arponera. Y la música vaquera, la bossa-nova y cómo no, las rancheras.

Esto no es política, probablemente el único tema del que no pienso hablar nunca, pero he leído esto esta mañana en El Mundo, y en fin, no puedo evitarlo.

Ante todo, eso sí, partiendo de la idea de que efectivamente el hombre llegara a la Luna y no sea todo un camelo. Pero a lo que voy. Palabras de ese individuo llamado Francisco Franco Martínez Bordiú justificando (cito literalmente) el hecho de que el fragmento de suelo selenita que el Gobierno de EEUU dió al Jefe de Estado español en julio de 1973 nunca se donara a un museo, sino que siempre estuvo en su despacho del Palacio de El Pardo, y posteriormente, tras su muerte, en el domicilio de su hija, Carmen Franco Polo:

- Como mi madre es una mujer con muchas cosas en muchas casas, en algún traslado o al redecorar alguna habitación, al final debió extraviarse.

A mí es que la gente bien me “mata”.

lunes, julio 20, 2009


Al hilo de lo anterior... el tercer suceso no tan horrible.

Dispuesta a romper las normas, a hacerlo por completo. Nada de fichar y 20 minutos escasos acodada en la barra del bar deseando estar en otra barra y en otra compañía. No, mejor irse de compras. Pero no, nada de rebajas. A esa pequeña tienda donde de pasada vi ese brazalete de plata que decía "cómprame, cómprame". Resistí la tentación... entonces. Siempre me queda a desmano. Pero dando un rodeo... No tengo hambre. Nada mejor que hacer. El chico de la esquina está de vacaciones y hoy toca pollo, y con todos los respetos, estoy hasta las narices de comer pollo... No tardé mucho en autoconvencerme. Como habrán comprobado, mis argumentos eran más que convincentes.

Salir no supone ningún problema. Cuando las transgresiones se hacen en grupo son menos transgresoras, valga la redundancia. Pero entrar, a la vuelta, ésa es otra historia. Ahí está el guardia de seguridad... Saludo, por supuesto. Buenas tardes. Soy correspondida. Pero dice algo más que no entiendo ni comprendo... Sí, efectivamente me está dando el alto y me pregunta algo que sigo sin comprender. Tenía que pasarme a mí, solamente a mí.

-¿Funcionaria o colaboradora?- pregunta insistente aunque amablemente, y yo por los nervios, ni le entiendo.


-Funcionaria, funcionaria...

-Pasa, pasa- ya con una sonrisa que se debate entre el triunfo y el cachondeo (juraría yo. Y también juro que me paso el día viendo entrar y salir gente sin fichar y que nadie, nunca, les pregunta nada).


Justamente esta mañana se coló un hombre, ligeramente alcoholizado no siendo generosa, porque si lo fuera diría que estaba como una cuba. Si a esto le unimos a que el tipo de usuario o ciudadano con el que yo "trabajo" pertenece a un sector digamos peculiar, sale un cocktail, cuando menos, explosivo.


¿Y a este tipo por qué no lo paró nadie? No, se presenta bamboleante frente a mi mesa, y les describo la situación, que probablemente bien podría considerarse la cuarta cosa horrible del día (sólo espero que la quinta no sea el descarrilamiento del tren en el que me montaré en 20 minutos, los que me quedan para terminar de una vez con esta maratoniana jornada laboral). En torno a las diez de la mañana, un calor más propio de la Manga del Mar Menor (es un suponer) que de la vetustiana Oviedo, la oficina atestada de compañeros (también es un suponer) poseídos por un trabajo febril (seguimos suponiendo). Daeddalus sudando lo que no está en los escritos, abanicándose y mirando la vida pasar por la calle Coronel Aranda, privilegio de sentarse al lado de la cristalera, mientras mi ilustre compañero me habla de su última lectura, algo que tiene que ver con el Mago de Oz. Es fan de el Mago de Oz. Con eso se lo digo todo y si además agrego que la imagen de su escritorio es de no se qué del Mago de Oz ya se podrán imaginar. Si al menos fuera fan de Judy Garland, no sé, yo por ejemplo soy fan de Raffaela "hooola" Carrá y de Jane Mansfield.

No olviden el detalle de la carpeta a modo de abanico y del sudor corriendo por mi cuerpo, son importantes, así como la expresión de ausencia total provocada por una conversación tan amena. Por un lado el descuido y por otro el calor; consecuencia, más botones desabrochados de los debidos en mi blusa. Mi lugar de trabajo es territorio hostil para los escotes, demasiada vaca (o toro) sin cencerro, que diría la sin par Chus Lampreave, pero un despiste lo tiene cualquiera. Y justo lo que necesitaba el tipo ebrio y vacilante era un despiste de ese calibre. El resto, se lo pueden imaginar; creo que no recibí tantos piropos, por llamarlos de alguna manera, en mi vida. Ni yo ni ninguna de las partes de mi real anatomía, enumeradas una a una y reiteradas en una histeria sin fin, ante el regocijo del respetable. Si hubo una vez en la que deseé con todas mis fuerzas que la expresión "trágame, madre tierra" se hiciera realidad, fue ésta; a Dios pongo por testigo (es que también soy (muy) fan de Scarlett O'Hara).

(Sin)vergüenzas


Estoy en el trabajo y aún me quedan dos horas y media por delante. Sí, los funcionarios, algunos, trabajamos por las tardes, algunas, por ejemplo las de los lunes. Tengo cosas por hacer, toda una montaña de expedientes a los que hincarles el diente, pero es mi trabajo para toda la semana y tengo que administrarlo con sabiduría a lo largo de ella. En todo caso, prefiero aburrirme ahora y dedicarme por ejemplo a escribir, ya que estoy sola en la oficina, dejando el trabajo por hacer para las mañanas, rodeada de colegas fingiendo, un poco mejor que yo, estar multitareados.


Y qué les cuento... Pues que acabo de comer. Una Coca-cola light y una chocolatina (obviemos la incongruencia), de pie delante de la máquina del café y escuchando las batallas vacacionales en O Grove de una chica a la que no conozco, lo cual no impide que me lo cuente, parece que ella sí sabe quién soy yo. Supongo que mi estómago pedirá socorro a marchas forzadas en breve, pues desde las seis de la mañana sólo he ingerido un yogur de frutas del bosque, creo... la incertidumbre se refiere al contenido del yogur, no eran horas para discernimientos. Hace demasiado calor y a mí el calor me quita el hambre. En fin, que eso es lo de menos, nadie viene aquí a leer que yo me aburro o que combino el chocolate con productos light bajos en calorías, que pierdo el tiempo infamemente en mi trabajo o que no desayuno. En realidad no sé por qué vienen aquí, pero ya que lo hacen se merecen algo más, no digo mejor. Así que tal vez les cuente que hoy he hecho dos cosas horribles.

En primer lugar, aunque no en orden cronológico. Hace escasa media hora y concretamente a punto de cruzar la Avenida de Galicia, después de esperar pacientemente a que el semáforo se pusiera en verde para los peatones; mientras estos, los peatones, cruzaban en rojo, exceptuando a Daeddalus; cual estatua de sal petrificada sintiéndose un poco idiota y con complejo de centroeuropa, fingí no ver a quién vi. Traduciendo, iba yo a cruzar la calle cuando diviso al otro lado a un tipo que se acerca al semáforo esbozando una sonrisa de fingida sorpresa, ya dispuesto a saludar, a plantarme dos besos y a decirme eso de "cuánto tiempo, cómo te va la vida y un montón de bla, bla, bla...". Y qué hago yo, ¿disculparme con la excusa de una prisa que efectivamente me perseguía porque obviamente era la última persona del mundo a la que deseaba encontrarme? Ciertamente exagero, la última no, pero digamos que se encuentra en una posición aventajada en ese heterogéneo grupo de personas, de hombres concretamente, para qué negarlo, que forman parte de mi pasado con tendencia al olvido; envueltos en la nebulosa del si te he visto no me acuerdo y si me acuerdo ya te he olvidado. Pero no, para qué, pudiendo girarme tranquilamente, fingir que no he visto, cuando claramente he visto y en lugar de cruzar, el semáforo puntualmente en verde, seguir calle arriba con la mirada incrédula, ahora la sorpresa ya no es tan fingida, clavada en mis pasos. Lo sé, tengo que hacérmelo mirar.

No es probable que se pregunten qué hacía yo hace media hora bajo un sol de justicia cruzando las calles de Oviedo cuando tendría que estar trabajando. Pero como ahora seguro que ya les corroe la curiosidad, yo se lo cuento. Eso enlaza con la segunda cosa horrible cometida hoy por mí y con la prisa que sentía, aunque ésta no fuera el motivo por que el que evitara a aquél viejo amigo, amante, novio o lo que fuera. Tras salir juntos un par de veces ya quiso pasear conmigo de la mano, aún recuerdo el infausto momento, subiendo por el Rosal y ya casi en Pérez de la Sala, cuando disimuladamente, o eso se creía él, agarró la mía en un ataque de misticismo. Dejó de ser amigo, amante, novio o lo que fuera, de ipsofacto. Yo de la mano sólo llevo a mi sobrina T. que tiene dos años. Que en realidad mi acercamiento a él no fuera sino un puente para alcanzar otro objetivo; que por si les interesa les diré que alcancé, una noche en El Diario Roma, para ser más precisos, a la que siguieron unas cuantas más; no tuvo obviamente nada que ver con tan brusco rompimiento. Ni que años después, tal día como hoy, finja no reconocerle si me lo encuentro en plena calle.

Pero hablaba de mis prisas, y les cuento. Los lunes tengo que trabajar por la tarde, en realidad podría ser cualquier tarde de la semana, pero yo voluntariamente elegí los lunes, para acabar de hacerlos un poco más horribles. A eso de las tres suelo salir a comer algo, sí, lo confieso, yo soy una de esas personas acodadas en cualquier barra de un chigre de barrio comiéndose un pincho de tortilla acompañada de una botella de agua mineral, bueno, a veces cambio la tortilla por unos calamares o de pollo, lo que evidentemente no mejora el escenario. Como es de recibo, cuando salgo, ficho. Es decir, que los 20, como mucho 25 minutos que empleo en estar de pie en la barra obervando al personal mientras como y finjo escuchar lo que me cuentan tratando de averiguar si son todos tan desdichados como yo o sólo lo parecen, bueno, bien, lo admito, me han pillado, también si aquel chico tan mono de la esquina lleva alianza o tiene pinta de que alguien le planche las camisas; no computan como tiempo trabajado. Pues eso, que llevo desde febrero fichando todos los lunes cuando salgo "al pincho" pensando que era lo correcto, y ciertamente lo es, y que evidentemente todo el mundo lo hacía. Pero va a ser que no, que es como los semáforos, que la única que los cruza en verde soy yo. Cuando lo descubrí me horroricé, así va el país, así tenemos la fama que tenemos y un largo etcétera de aspavientos salieron por mi boca. Siempre he sido una ingenua, qué le vamos a hacer, meses sin enterarme, y cuando me entero, sigo cumpliendo religiosamente; igual que espero pacientemente a que el semáforo cambie de color aunque no parezca circular ningún coche y me quede sola en la acera como un náufrago. Bueno, hasta hoy, que no es que esperara el cambio de color, es que directamente no crucé y obviamente tampoco fiché.

Me creerán si les digo que me siento terriblemente culpable, no por comportarme como la idiota inmadura que soy fingiendo no ver a quién vi, sino por ejercer de funcionaria en toda regla saltándome las normas alegremente. He de confesar que esto último trajo como consecuencia una tercera cosa horrible, no tanto como las anteriores, no quiero exagerar... pero les prometí contarles dos, y ya he cumplido.

Si me sigo aburriendo, es probable, y me queda tiempo, como sé que ya lo están deseando, les cuento la tercera más tarde.




domingo, julio 19, 2009

Oficio de ausencias



Creo que te debo una disculpa, sí, a ti. Probablemente te resulte innecesaria, pero al menos por el momento no sólo soy dueña de mis silencios, sino también de mis disculpas.

Anoche necesitaba a alguien, unos brazos en los que refugiarme escondiendo la mirada en el fondo de un vaso de ginebra, fueron mis palabras en este mismo blog.

Apareciste tú, poniendo en duda que alguien como yo estuviera sola, sin que me quedara claro cómo es alguien como yo. Me dejaste con la duda. Tampoco importa. Y pese a que yo soy Miss Questions fuiste tú quién preguntó. "¿Qué más cosas necesitas?".

A partir de ahí siento que te usé como sparring para catalizar mis deseos y mis carencias, pero fusite tú quién preguntó, y sé, siempre lo he sabido, que la pregunta tenía trampa, no así mi respuesta: "Por este orden, follar, dormir abrazada y que alguien me de los buenos días con una sonrisa". Aunque usé un verbo no adecuado, no quería simplemente acostarme con alguien, irónicamente sentí pudor, no quería un cuerpo anónimo y sudoroso, alguien a quien olvidar a la mañana siguiente.

No quería sentirme cómoda contigo porque tras unos cuantos tequilas y unas cuantas canciones en El Escondite te llevara de la mano a las cuatro paredes de una habitación con cama. Si alguna vez lo hago que sea porque me apetece hacerlo CONTIGO, no por una necesidad urgente de un cuerpo en el que refugiarme, creo que no te lo mereces.

Sé, aunque no me quede claro el por qué, que a ti te gustaría, no sólo porque me lo dijeras anoche... lo supe desde el primer momento, desde aquel breve encuentro, frustrado por mis prisas y mi mal humor o incluso antes. Claro que mi intuición a veces me traiciona.

Puede que te moleste que hable de ti. Sorry, no hago excepciones, o bien, si lo hago, sólo una, pero el resto de los mortales corren el riesgo de que hable de ellos.

¿Te he dado las gracias?




P.D. Me voy a ver Bruce en el Festival de Glastonbury, en La 2. Como siempre a destiempo, yo estuve en tan esotérico lugar (dicen que allí esté enterrado el Rey Arturo y su consorte Ginebra) tan sólo un par de semanas antes, pero las vacaciones es lo que tienen, una no siempre ajusta las fechas a su gusto.

Bloggeando


Como soy muy, pero que muy vaga. para según que cosas, pregunto aquí en lugar de buscarme la vida en la bloggosfera. ¿Alguien conoce alguna página donde se expongan trucos, atajos y ese tipo de cosas sobre Blogger? Quiero cambiar la apariencia del blog y soy analfabeta funcional cibernética. En concreto, cómo añadir más fuentes, subrayar, cambiar los títulos...



More than I can do


Hoy me he levantado con esta canción, no dejo de tararearla, del bad guy de la country music, el gran Steve Earle. Muestra de que mi gusto sigue siendo exquisito, y no dirán ustedes que es una canción "triste". Ahora sólo me queda tener a quién dedicársela.

'm trying hard to let you go
But it's more than I can do
And every day or two
I wind up right back where I started
I'm trying not to let you know
That I'm still in love with you
I can't just sit home blue
'Cause there ain't no rest for the brokenhearted

Just because you won't unlock your door
That don't mean you don't love me anymore
No matter what you do
Because you know it's more than I can do

You told me that I got to stop
But it's more than I can do
And that ain't nothing new
'Cause we both know that I'm crazy about you

You said you're gonna call the cops
But I ain't gonna run
Because you're the only one
There ain't no way I could live without you


You left me just when I needed you
So l ain't even close to through with you.





El interior del bosque


Me he levantado temprano, tal vez demasiado para estar en domingo, en una mañana gris, en estos días de verano del Norte que tanto me gustan. Me he sentado a desayunar en el jardín, al amparo de las piedras y el sauce terminando de leer "Tokio blues" de Murakami, un libro de esos que no debería leer, que me ponen más melancólica de lo que ya estoy, con todos esos personajes inestables y perdidos, avocados al suicidio. Pese a todo, me ha gustado.

- Watanabe, yo no soy muy inteligente, Soy una chica más bien tonta y chapada a la antigua. No me interesan ni los sistemas ni las responsabilidades. Me bastaría con casarme, que el hombre que amo me tomara entre sus brazos todas las noches, tener hijos. Lo único que deseo es esto.

¿Y saben lo que les digo? Yo también deseo eso. Me importa un carajo que suene tan políticamente incorrecto, que haya quien se sorprenda: "¿tú con niños, amantísima esposa y madre?, no, tú no eres de esas". Pero yo estoy dispuesta a ser lo que me de la realísima gana, aunque no lo parezca. Nunca lo parece. Incluso estoy dispuesta a ser feliz.

viernes, julio 17, 2009

Back in your arms



En mi adolescencia era la norma ir colgada de una carpeta forrada con las fotos más inverosímiles de tus ídolos. Frases y poemas, dedicatorias y trozos de canciones, decoraban el interior. Aquel soneto de Quevedo (polvo enamorado) ilustrando a un Jon Bon Jovi aún con melena o a los Hombres G causando estragos entre las nenas (los pelos como escarpias se me ponen aún al recordar el chantaje al que era sometido Toni Cantó, haciendo de sí mismo, en aquella atrocidad llamada “Sufre mamón”). Supongo imaginarán quién aparecía en mis fotos, muchas ya en blanco y negro, apuntaba maneras, entre versos de Benedetti y Neruda, siempre un paso por delante. Citas célebres y manidas, piropos venidos a menos entre corazones atravesados con flechas y dos nombres enlazados. Diálogos de película y una frase: “Te quiero no sólo por lo que eres sino por lo que yo soy cuando yo estoy contigo”, que a mí me parecía el colmo de la madurez y de lo que significaba hacerse adulta y amar.

Hoy por inciertos motivos la he recordado… porque le quiero, no por lo que es, sino por lo que yo soy, o era, cuando estoy a su lado. Porque le echo de menos sin echarle de menos, en realidad sólo añoro a la que era yo. Una mujer más fuerte, más serena, con risas y consejos, sin neurosis y gritos al aire, con deseos y confesiones, besos y saludos.

Y sé que no es justo, que no se lo merece… acercarme a su lado y decirle: “¿Sabes?, te echo de menos.” Nunca fue suficiente, pero las ganas de esta tarde de sábado de unos brazos en los que refugiarme escondiendo la mirada en el fondo de un vaso de ginebra son demasiado grandes como para evitar descolgar el teléfono…

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