lunes, noviembre 01, 2010

En tren con destino errado se va más lento que andando a pie... bien lo canta Jorge Drexler




Bajábamos por la calle El Rosal sorteando a recién salidos de la adolescencia con dos copas de menos para alcanzar el coma etílico, y no podía evitar preguntarme cómo yo, cómo nosotras, a los veinte, podíamos ligar con nuestros Levi’s pesqueros, los lazos de Don Algodón y esos jerséis Privata dos tallas mayores; viendo a esas chiquillas luciendo cinturones a modo de minifalda y esos tacones imposibles desafiando a la gravedad y a la lluvia. Cómo incluso ahora y no sólo por los años de más, puedo competir yo, que no me apeo de unos vaqueros, aunque esa noche me hubiera encaramado a unos tacones y hasta me hubiese peinado… no quise tentar a la suerte y no verbalicé mis temores.

Así que seguimos rememorando nuestros años jóvenes y llegando a la conclusión de que ninguno de los dos regresaríamos por gusto a ellos, renunciando a nuestros 34 y 35 respectivamente; e íbamos enumerando nuestros locales preferidos de aquellos años, el ‘Mare Nostrum’ o ‘la Maniega’ con sus bancos corridos, el ‘Policía’ o ‘La Imprenta’, donde servían esos chupitos que llamaban ‘el semáforo’ y por los que tendrían que pagarme hoy a mí para bebérmelos. Saltamos de ciudad en ciudad y decidimos que los mejores antros están en Malasaña y que es una pena que en Cimadevilla se perdiera el espíritu canalla de lugares que probablemente habiten el olvido, como aquél en el que nos tomaron por profesionales del sexo y donde ofrecieron pagarme mil duros, o el ‘Cirigüeña’, cuyo camarero era el chico más guapo que yo haya conocido nunca; él mismo que infructuosamente trató de enseñarme a jugar al mus en aquella cafetería que había detrás de ‘peritos’, cuando aún la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales era ‘peritos’ y estaba en la calle Manuel Llaneza, y a donde nos escapábamos a la menor oportunidad, no sólo para verle a él, sino porque los tíos que estudiaban allí eran menos serios y adustos que nuestros compañeros de pupitre en Viesques.

Tanta nostalgia es lo que trae, que acabamos en el 'Ca Beleño', después de tantos años sin pisarlo y lugar al que siempre acabo volviendo en los momentos importantes. Y tal vez éste lo fuera, quién sabe, porque cuando le advertí que no me tomara en serio, que yo no era mucho más que una chica un tanto rara, él contestó que ya lo sabía, que cobraba una subvención del Principado por invitar a las chicas raras a cenar, así que no me quedaba otra más que aceptar su invitación a una cena, que necesitaba una factura que presentar.

Se levantó a pagar, él invitaba, que las cervezas también desgravan; mientras sonaba su teléfono y atendía la llamada y yo me quedaba sentada apurando mi ‘guinness’ y observando al respetable sentado en la terraza a través de los cristales. De pronto creo reconocer una cara y pienso que es imposible, improbable e indecente. Aunque en realidad ‘impossible is nothing’, que diría aquél; altamente improbable, sí, cierto; e indecente al menos para mí, el estar en mi ciudad y no habérmelo comunicado. Me pregunto qué haré yo cuando en breve y en visita lúdica, visite la suya, si también caeré en la indecencia de no reportarme y decir, hey, babe, que ando por tus calles. Pero no es él, y ni siquiera se le parece cuando paso a su lado y puedo verle de cerca. Y vuelvo a interrogarme a mí misma con un qué hubiese hecho de haber sido, si hubiese dejado plantado a mi expediente X para lanzarme a sus brazos, como aquella vez con un medio novio en el ‘Diario Roma’, al que dejé literalmente tirado cuando apareció en mi horizonte quién yo nunca quise que se perdiera en él, robándoselo a Jorge Ilegales, con el que como cada sábado a eso de las dos, compartía tragos y conversación.

Regresa a la mesa y me mira con una sonrisa a la que tal vez podría acostumbrarme, mientras yo trato de obviar a la memoria, siempre traicionera e inoportuna, dispuesta a recordarme a cualquier precio que las comparaciones son odiosas y que en ellas siempre sale alguien perdiendo; alguien que no es tan alto, ni tan guapo, ni posee tanto talento, ni una voz tan ronca, ni unos ojos de color tan indescriptible, y cuyos besos tal vez no sepan a noviembre… al mejor de los otoños.




P.D. Greta Garbo

sábado, octubre 30, 2010

Tengo una pregunta para usted

He descubierto eso de Formspring y me ha hecho mucha gracia. Dudo que alguien tenga interés en hacerme alguna pregunta, se pueden hacer de forma anónima, por cierto. Pero ahí lo dejo, en la parte izquierda... en todo caso, prometo contestar...

Y no estoy borracha, aunque debería o parecería... que estas cosas a mí nunca me han pasado o no me pasan... Es como si hubiese mordido la manzana de Blancanieves o soplara el viento del sur y hubiese perdido la brújula que indica el norte. Que no me conozco, ni me reconozco a mí misma queriendo ser otra y estar en otro lugar... en el de cualquiera... no, no en el de cualquiera, no, en el mío, siendo yo, pero siendo esa otra... que pudiera entenderte o consolarte o apoyarte o ser... simplemente ser. Y ni siquiera entiendo por qué...



[E. se hubiese sentido muy orgulloso de mí. Él que es incapaz de soltar una sola lágrima desde la muerte de su padre, al que yo siempre he envidiado por eso, por mi tendencia a parecer María Dolorosa y ser la llorona universal siempre a punto de correrse el rímmel que nunca me quito, con mis perennes cercos oscuros bajo los ojos. Pero no, y a punto estuve, y ahí se quedaron, justo al borde, luchando por emerger sin que yo hiciera nada por impedirlo, y en el último momento decidieron dar media vuelta. Al menos sé que aún tengo lágrimas, y que probablemente más temprano que tarde, tal vez esta noche, volverán a hacer acto de presencia]

Ya lo dijo Alejandra Pizarnik, sólo tú haces de mi memoria una viajera fascinada, un fuego incesante





Ha resultado, el que según Sal hubiera sido el perfecto padre de mis hijos, un tipo más inteligente de lo que parecía. Se ha retirado a tiempo. Disculpándose por su vehemencia, así lo ha dicho literalmente, "creo que he sido muy vehemente, y tú tienes las cosas muy claras, Dae, clarísimas". Y yo me he sentido un poco así, rara, con la sensación de que esa retirada a tiempo le supone a él una victoria y soy yo por tanto la que quedo derrotada. Que supongo que sí, que es absurdo, bueno, exactamente absurdo no; más bien es indicio de mi elevada idiotez y falta de madurez, que un tío me rechace porque previamente le he rechazado yo sin rechazarle objetivamente porque ha resultado ser lo suficientemente intuitivo como para darse él cuenta y me sienta, no sé, ¿ofendida?... en fin, no sé qué más ha dicho, que yo en definitiva no le enviaba ninguna señal o algo así, es que ya ni le estaba escuchando, desde lo de 'vehemente', palabra que se quedó flotando en el aire hasta que se pegó a las solapas de mi americana y me di cuenta de que efectivamente, 'vehemente', lo fui yo no hace tanto, con otro, claro, se entiende; y nada mejor que recibir de tu propia medicina para darte cuenta de lo fácil que es perder los papeles con un tipo extraño y aparente; que ahora resulto ser yo la extraña, no tan aparente.

¿Duele? No, supongo que no, es obvio. Doler, duelen otras cosas. Cuando te rechaza alguien a quien tú sí deseas. Entonces el desamparo sí es absoluto. ¿Mal entendido orgullo? Probablemente, que al fin y al cabo la suya ha sido una reacción adulta. Y ya van tres de tres... retiradas a tiempo y reacciones adultas, digo; y ninguna por mi parte, todo hay que decirlo. Situada yo en el lado contrario del ring, a verlas venir.

En uno de los tres casos, sin haber sabido encajar los golpes, por cierto; que supongo ahora puedo decirlo, que me he comportado como una idiota. ¿Volvería a hacerlo?, sin duda; ¿lo seguiría haciendo?, probablemente; ¿se me pasará y/u olvidará?, supongo... ¿Quiero que se me pase?, no; ¿tendría que hacerlo?, sí. ¿Debería irme a la cama y no estar aquí contando esto? También...

Que había prometido comportarme, mantenerme sobria, alejada del teléfono y en modo olvido on. Y he cumplido... al menos una parte, no del todo, que no puedo evitarlo, o no quiero, you know, quién sabe... y es que te echo de menos, aunque esto no tenga por qué saberlo nadie... ni siquiera tú.




P.D. Mirna Loy

viernes, octubre 29, 2010

Come on (Let´s go tonight)






Feliz noche de viernes... nos vemos en los bares...



P.D. Palabrita del niño Bruce que hoy me comporto, no bebo y olvido...

Minuto 1:40




Supongo que es mucho pedir... aunque yo me conformo con mucho menos, me conformo contigo.

Should I stay or should I go

Odio ser tan dependiente de los demás, trazar planes siempre en función de otros, y que esos otros, no uno, ni dos, sino tres, me dejen plantada y yo no sea capaz de seguir caminando en esta tarde de viernes bajo la lluvia y esta vez sí, sin paraguas. 

Learning how to live



"I can't feel my love anymore
I can't feel my love anymore
mystery and the splendor
don’t thrill me like before
I can't feel my love anymore

I don’t want to talk to anyone
I don’t want to talk to anyone
all the words that used to work
are melted in the sun
and I don’t want to talk to anyone

Faces look familiar,
but they don’t have names
towns I used to live in
have been rearranged
Highways I once traveled down
don’t look the same
Everything has changed
Everything has changed

I can’t find my joy anywhere
I can’t find my joy anywhere
all the magic vanished into the misty air
and I can’t find my joy anywhere

Now I don’t know where my faith has gone
Now I don’t know where my faith has gone
from the wonder I had a sense of
to the brightest star that shone
and now I don’t know where my faith has gone

Faces look familiar,
but they don’t have names
towns I used to live in
have been rearranged
Highways I once traveled down
don’t look the same
Everything has changed
Everything has changed".






P.D. Marilyn Maxwell y Richard Conte




[Tengo que desengancharme, y no sólo de Lucinda... a lo mejor debería volverme lesbiana]

jueves, octubre 28, 2010

Si tú estás, me vale cualquiera...



Parece ser que sí, que esta vez es la buena y que habemus concurso de traslados. Desde hace unos días circula un borrador con vacantes y todas las novedades que parece ser se incluyen en la forma de provisión. Y que sí, que ésta es la buena, la buena noticia, se entiende.

La mala, la cara B... después de esperar casi un año podrían haber esperado unos meses más, hasta febrero, por ejemplo, que es cuando cumplo yo dos años en este puesto de trabajo y así poder optar a cualquier plaza fuera de la Consejería que tan amablemente me acoge. Pero no, como no alcanzaré los dos años por poquito, sólo puedo moverme dentro de ella. Primera reducción drástica del número de plazas a las que puedo optar.

Segunda reducción al descartar las plazas en las que ganaría aún menos de lo que gano ahora. Me muero por salir de aquí, pero el maldito parné me hace más falta que nunca, que acaban de revisarme la hipoteca. Así que un puesto base sin complemento alguno no es opción.

¿Qué me queda entonces dentro de esta Consejería y con algún tipo de complemento como el que ya tengo? O quedarme donde estoy, que tampoco es una opción, o cínco míseras plazas que estarán más solicitadas que Carlos Chaouen en un día de feria.

De esas cinco, en realidad, debería quedarme con cuatro. Porque una se va a ir para alguien que conozco, interesado y con bastante más antigüedad que yo.

Otra está situada tres armarios más allá de la mía y sospecho que está tan vacía de contenido como ésta, sin contar que mi actual ordenador es mejor y que renunciar a la ventana y a ver la gente pasar por la calle Coronel Aranda es mucha renuncia.

En resumen sólo tres opciones, que dada mi escasa antigüedad y lo solicitadas que imagino estarán, me dejan en bastante mal lugar y con pocas, poquísimas posibilidades. Pero no desisto, y la esperanza es lo último que se pierde, que claro, está la opción de irme fuera de Oviedo, y pongamos elegir Tineo o Cangas del Narcea... que obviamente no es opción, aunque en ese caso no tuviera rivales.

Habrá que comenzar a sacar velas y conjurar a la suerte que siempre tan esquiva me resulta...



Y en realidad esto no es más que una excusa para escuchar a Carlos Chaouen...




"Qué te diría
Después de tantos años que me identifican
Tras algunos colchones de casas ajenas
Y desayunos con otras en camiseta


Qué te diría
Después de los partidos de cada domingo
Fui más cauto en el ilusionismo
Y la avería del mundo sigues sin vida 


Te diría que tengo los zapatos sucios
El alma desangrada de tantas mentiras
Te diría que tengo sólo el tiempo justo
Sin embargo tengo todo el tiempo del mundo


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños


Qué te diría
Despues de las palabras detrás de la hoguera
Algunos revolcones en otras melenas
y canciones sonando en cada estrella


Qué te diría
Que a veces me pierdo en mi fantasia
Y me gustan los bares donde se hace de día
Y los amantes que buscan las esquinas


Te diría que tengo las manos cansadas
Pero las tengo a punto para otras batallas
Te diría que tengo sólo el tiempo justo
Sin embargo tengo todo el tiempo del mundo


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños".




P.D. Katherine Herpburn (que digo yo que no necesita presentación).

Como Joni Mitchel, quiero que me dejes hablar y escupir mi amargura nacida del dolor y de las noches sin dormir



No me gusta, imagino que como a tantos, escuchar las conversaciones ajenas vía teléfono móvil. En el autobús, a punto de subirse al avión o al bajarse, en las estaciones de tren, o en plena calle, en la cola del supermercado, en la del cine e incluso a veces, dentro de la propia sala. Y tampoco me gusta, obvio, que se escuchen las mías. Por pudor, básicamente, y porque siempre me siento extraña con un teléfono en la mano. Aunque después sea capaz de mantener interminables conversaciones telefónicas si se da el caso, que se da, alguna vez, pocas.

Suelo caminar muy deprisa. Muy, muy deprisa cuando voy a solas, y bastante deprisa cuando lo hago acompañada. Casi parecería, y en muchos casos así es, que llego tarde a algún lado. Así que, aunque odie ir caminando y hablando en plena calle por el móvil, raramente mis conversaciones son captadas por oídos ajenos. Paso como una exhalación.

Hace un rato volvía de una interminable, y todo hay que decirlo, divertidísima, reunión, cuando suena el teléfono y aparece la voz de mi amiga Sal al otro lado con el clásico "¿puedes hablar?"... Pues sí, puedo, que voy camino a la oficina, y estoy en la calle, aunque intuyo que va a ser una llamada interminable, que ha vuelto a la fase ni contigo ni sin ti. Pero no, es bastante concisa, sorprendentemente... ha decidido dejarle, sí, pero no del todo. Que bueno, que se ha levantado con la convicción del ya no más, pero a lo largo que ha ido pasando la mañana la determinación se ha ido diluyendo. Y vuelta a empezar. Que digo yo que si somos amigas desde hace casi veinte años será por qué algo tendremos en común.

Y como es sí, pero no, y vuelta a empezar aunque ya no más, ha decidido recurrir a las clásicas listas de pros y contras, que a ella en estos y otros casos, siempre le funcionan. A un lado lo bueno, al otro, lo menos bueno; porque malo, lo que se dice malo, desde hace un par de horas que no encuentra nada... y de repente se queda sin nada más que contar o que querer contar, y esto, cuéntame tú algo, que tú también deberías hacer una lista a dos columnas... Y yo, esto, ¿por qué?, si a mí todo me va bien, si yo siempre bien, si las cosas están bien, tú sabes, siempre bien, todo bien...

Y no sé, pero de repente rompo a hablar y a contar... y no paro. Aunque sé que ella ha dejado de escuchar hace un rato, que yo siempre he sido muy cómoda de tratar porque nunca rompo diques ajenos, hasta que lo hago, en ese preciso instante, y empiezo a contarle una historia de la que nunca antes le había hablado, o muy poco y a grandes rasgos, pasando casi de puntillas, contando sin contar. Y de repente me veo parada en un semáforo, hablándole en voz alta al teléfono y con un tipo mirándome con una media sonrisa a mi lado escuchando lo que estoy contando... Hacía mucho tiempo que no cruzaba un semáforo en rojo.





P.D. Y creo que sí, que haré esa lista a dos columnas... y la colgaré aquí, obvio.

miércoles, octubre 27, 2010

De horas, días infernales, comportamientos improcedentes y es la falta de amor la que llena los bares




Hoy ha sido un día, laboralmente hablando, infernal. ¿Quién dice que los funcionarios no trabajamos por las tardes o que nunca nos exigen tareas que deberían estar para ayer con jefes que de vacaciones en la otra punta del mundo dejan instrucciones imprecisas e inexactas o que no nos grita el de presupuestaria porque si no tenemos las fichas de acreedores para las nueve de la mañana cuando en realidad ya son las cuatro tropecientos buenos ciudadanos que no tienen culpa de la ineficacia y el mal funcionamiento de la administración pública asturiana se quedarán sin cobrar la subvención que les pagarán no antes de tres meses por una reclamación impuesta hace casi dos años?

Reconozco que trabajar contrarreloj por primera vez después de tanto tiempo no ha estado mal del todo.



Y durante al menos unas horas me he olvidado de lo idiota que puedo llegar a ser...










"Por lo menos te he mandado cien mensajes
super cursis en plan sueño con tu boca.
Por favor, no se lo cuentes a nadie,
que esta noche es que estoy un poco idiota.

Quizás me he cargado más la última copa.
El caso es que estaba fría mi cama
y te echaba de menos mi pijama
y de abrazarte y de estrujarte me moría de ganas.

Soy igual que un niño castigado sin recreo,
dibujando corazones cada vez que no te veo.
Pero, no pasa nada, mañana se me quita.
Olvida mis chorradas, demasiadas cervecitas.

Simplemente te he mandado cien mensajes
super cursis en plan sueño con tu boca.
Por favor no se lo cuentes a nadie
que esta noche yo es que estoy un poco idiota.

Esto debe ser como una gripe.
En vez de fiebre lo que ocurre es que sonríe
mi cara si recuerdo los momentos en que te siento
tan cerca y me entretengo
dibujando corazones como un niño sin recreo.
Con lo golfo que yo he sido y lo tonto que hoy parezco.

No me tomes en serio, yo al menos no lo haría.
Pero, cuelga tu primero, (¡Joder macho vaya día!!).

Y es que encima te he mandado cien mensajes,
super cursis en plan sueño con tu boca.
Por favor no se lo cuentes a nadie
que esta noche yo es que estoy un poco idiota.
(mal te veo, rafita, mal te veo)".




P.D. 1 Rafa Pons toca en el Clandestino el viernes (C/Cabo Noval). Y por cierto mañana en la  sala Acapulco (Casino de Gijón), Arizona Baby + Los Coronas... Y si no, siempre nos quedarán los bares...

P.D.2 Louise Lasser


[Y sigue sonando Lucinda...]

I want my soul to feel brand new






Me cuenta Sal, en medio de su penúltima crisis erótico-senti-existencial con ese impresentable con el que comparte la parte de su vida y de su cama que él le permite compartir, que se ha pasado casi una hora llorando y borrando mensajes de móvil y correos, a modo de anticipo para borrarle de su vida. Aunque ambas sabemos que podrá borrar lo primero, pero no lo segundo. Extraño caso de dependencia el suyo, o tal vez es que todas lo sean, las dependencias, irracionales, digo.

Supongo que aunque debe de ser una buena catarsis, al margen de cuestiones de espacio, virtual, y sin atender a la higiene mental; yo nunca lo he hecho, básicamente porque soy de efectos más inmediatos, sin criterio alguno saco la goma y fijo, limpio y doy esplendor sobre la marcha. Si no voy a contestar, para qué mantenerlo, y si voy a hacerlo, una vez hecho, para qué mantenerlo.

Bueno, venga, sí, que alguno o algunos conservo, y quién no, pero esto no se lo cuenten a nadie... pero no es norma, es excepción, que de cuando en cuando llega un puñado de frases dignas de ser recordadas, atesoradas durante un tiempo para ser releídas, o no, que a veces sólo cuenta que estén ahí. Aunque inevitablemente siempre, más temprano que tarde, llegue el momento en el que mantenerlos sea absurdo y no quede más remedio que la purga. Por mucho que joda duela. Porque duele, para qué negarlo, al menos en algunos casos.

Por ejemplo tengo un email en mi bandeja de entrada fechado el 8 de julio de 2010. Es el más antiguo del puñado de ellos que conservo, que sí, que conservo unos cuantos pese a todo, y ahí se quedarán una buena temporada. No sé por qué no lo borro, si ni siquiera lo contesté. Una felicitación de cumpleaños, mi respuesta, la respuesta a mi respuesta... y ahí se quedó, testigo mudo de una comunicación truncada. No dice nada importante, ni digno de recuerdo, ni siquiera de alguien que lo sea. Pero supongo que de alguna forma el día que lo borre habré borrado una parte de mí, que si bien yo mutilé de mi vida, de momento, paradójicamente, quiero que siga ahí.

Con los SMS me ocurre algo parecido. En cuanto envío uno, lo borro ipsofactemente, como diría Fever; de forma compulsiva e irreflexiva. Y claro que hay excepciones, muchas, tal vez demasiadas; aunque a día de hoy, y ni siquiera tengo que coger el teléfono y mirar para comprobarlo, sólo conservo un primer mensaje enviado por mí, que de momento sé que no voy a borrar.

En el buzón de entrada ocurre lo mismo, recibo y borro, conteste o no conteste. Y sí, conservo alguno, pocos, pero ahí están, y lo que les queda, supongo. El día que los borre habré vuelto a la normalidad, el caso es que no sé quiero despertar... o no puedo.






P.D. Helen Mack y Chester Morris

You should have a little faith in me





Esta noche toca el gran John Hiatt en Madrid, viernes en Barcelona y sábado en Donosti. Y yo no podré estar en ninguno de los tres, como mucho el viernes escucharé a Rafa Pons, que aunque tan sólo sea por ese 'un poco idiota' con el que tan identificada me siento últimamente, ya merecerá la pena.

Siento tremenda envidia de los que disfruten de él hoy en la Joy, y sin duda estaré en espíritu. Que John Hiatt, a lo largo de los años y sin hacer demasiado ruido aparente, ha ido colocando un más que estupendo buen puñado de canciones.

Tómenselo como tarea para el día de hoy, descubrir a John Hiatt. Nunca me lo agradecerán lo suficiente.





P.D. Lotte Lenya

Como cantaba el Lichis, te he apuntado en una barra de hielo mi dirección y mis mejores deseos...




Sigo sin pillarle el punto al Facebook, supongo consecuencia de mi más que evidente carencia de habilidades sociales; y excepto escribir alguna tontá de cuando en cuando y colgar canciones vía Spotify, poco uso le doy. Por cierto que no he colgado aún ninguna de la Jurado, aunque a estas alturas poca reputación e imagen me quede por mantener a buen recaudo. Y de ser sincera, está comenzando a asustarme un poco... El Facebook, digo, no mi reputación; que ésa ya no tiene remedio.

Hace un par de días en fase de aburrimiento agudo me puse a buscar, tratando de recordar sin demasiado éxito, a mis viejas compañeras del colegio. Llegué a encontrar a tres, y como es obvio no tenía nada que decirles. No más fructífero, pero sí más divertido fue tirar del hilo de los amigos de amigos y encontrarse con que en ese irreal mundo, enemigos irreconciliables en la calle, se envían saludos y felicitaciones virtuales. Yo sigo sin caerme del guindo y sin entender cierto tipo de ¿amistades?

Porque ésa es otra, y no, no hablo de tener más de mil amigos, que supongo todo es posible. Acaso no presume Sánchez Dragó de haberse acostado con más de mil mujeres, ¿o era Julio Iglesias? No, hablo de "mis amigos", como aquél que me envió una invitación, y vaya, tu quoque, Brutus, fili mi, con la de tiempo que hace que no nos vemos y la cantidad de veces que nos repetimos que tenemos que ponerle remedio, pues va y le acepto, a ver si vía Facebook nos ponemos de acuerdo en fecha y hora. Pero va a ser que no, que a las dos horas me dice que me borra, que apenas usa el Facebook (aunque su muro demuestre lo contrario) y que fue por error, no sé qué historia del correo electrónico. No es que me importe, pero me pregunto si eso significa que si nos cruzamos por la calle va a cambiar de acera y evitar saludarme, y eso sí me preocupa. Supongo, debería.

Después están los que me envían sus invitaciones con grandes alharacas, "qué alegría Dae, verte por aquí y bla bla bla", y luego ignoran tu existencia por completo y parecen contestar y hacer caso a todo el mundo excepto a ti. También me pregunto si es sinónimo de que la próxima vez que nos veamos van a retirarme el saludo.

En tercer lugar los que no dejaban de enviarme invitaciones cuando yo no estaba en Facebook, y que cordialmente reenvié cuando finalmente me uní, más por reciprocidad, cortesía y educación, que por otra cosa, todo hay que decirlo. Ahora, semanas después de que no las aceptaran, ya he logrado comprender que sin duda las suyas fueron, por tanto, "un error".

Mención aparte merece la gente que no conoces de nada, ni siquiera virtualmente, que al fin y al cabo ya es un tipo de conocimiento, que te abruma, literalmente, con invitaciones. Concluyo entendiendo que muchas de ellas, tal vez la mayoría, son "errores".

Y claro, esto me lleva a preguntarme si la escasa gente que tengo como "amigos", de veras les apetece serlo y estar ahí o han aceptado "como un error" mi invitación; o viceversa, y me enviaron la suya también equivocadamente. Porque ése sí que es el auténtico error. Así que de de darse ese caso, hagan el favor de borrarme, que yo aún no he aprendido a hacerlo, que a desfacedora de encuentros nadie me gane.







P.D. Laura Antonelli

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