martes, septiembre 28, 2010

Macht die Musik von damals nacht...




A. es mi compañero de fatigas laborales. Lo de fatigas es un decir, pero no crean, que los funcionarios aguantamos lo nuestro. Por ejemplo esta mañana no menos de cinco minutos de improperios de todo tipo y condición, aunque finalmente acompañados de una disculpa: Ya sé que la responsable no eres tú, mocina, pero se me calienta la lengua y... No, el responsable es mi jefe, que para no perder la costumbre me pide que sea yo la que llame al usuario en cuestión y le explique educadamente la situación, que viene a ser que o presenta de una puta vez los papeles (es que he decidido comenzar a decir tacos) o se le da de baja.

A. en realidad no se llama A., aunque eso poco importe, y menos los motivos del apodo. Nuestra relación al principio fue francamente complicada, básicamente porque él se comportó conmigo como un auténtico hijo de puta (ya he advertido que iba a comenzar a decir tacos), al margen de que sufre una desagradable tendencia hacia la misoginia. Pero yo, aunque no siempre lo parezca, tiendo a ser una persona tolerante, paciente y cordial, y si tú me tratas mal, ni modo, no verás en mí más que el espejo en el que se refleja tu propia cobardía. No digo que sea un método infalible, pero a veces funciona. Este fue el caso. Casi dos años después distamos bastante de ser amigos, pero al menos somos capaces de mantener cierto nivel de conversación y hasta nuestras bromas privadas. Nuestra relación no pasa de cordial, pero tampoco traspasa la línea de la falta de respeto y la mala educación sobre la que él bailó durante meses, y creo que como poco he conseguido ganarme su respeto, que me pidiera disculpas y esta mañana me regalara una canción.

Suelo decirle que la música que él escucha me hace vomitar, directamente. Su grupo de referencia es la ELO y se muere por el rock sinfónico, aunque confiesa que en su juventud (es de edad imprecisa, lo mismo tiene 30 que 45), lo suyo era el heavy metal más extremo, pero no, ni por esas despierta mis simpatías (ya confesé en más de una ocasión mi debilidad adolescente por las melenas, los pantalones pitillo y las chupas de cuero).

Así que en esas estábamos, mostrándome su último fondo de escritorio, no sé qué pamplinas de "El mago de Oz", otra de sus incomprendidas fascinaciones, cuando de repente saca su mp4 y me pide que escuche una canción, que seguro me gustará. Que parece ser MClan ha sacado un nuevo disco y yo debo de tener pinta de que me guste MClan. Pero va a ser que no, y es la segunda vez en esta semana que digo lo mismo, que a mí lo único que me gusta (y mucho) de MClan, es Carlos Tarque. Lo más sexy que ha parido el rock español disculpando a Calamaro (que al fin y al cabo es argentino) y a Mike Ríos (juraré no haber dicho esto). Tengo  que puntualizar, que parece ser, como ya anticipaba Enrique Urquijo (cómo explicar que me vuelvo vulgar al bajarme de cada escenario), que lo de pose sexy y desmelenada sólo es arriba, encima del escenario; que Nebroa lo confirma, que es un esgarramantas en toda regla (gracias Cactus por la palabra). Y ahora creo recordar que la lió parda hace algunos años en un pueblo con mar después de un concierto, la policía local de Gijón se las vio y se la deseó para reducirlo.

Pero A., no ceja en su empeño, y busca y rebusca entre su lista de canciones hasta dar con la que según su criterio hace juego conmigo, y de pronto dice muy ufano que con lo macarrilla que soy yo, a veces, matiza, y sólo musicalmente hablando, vuelve a matizar, y lo mucho que me gusta Springsteen, ésta no puede fallar. Esto me recuerda que este fin de semana, la parte femenina de los madrileños me dijo a modo de disculpa que ni yo pedí ni necesitaba, que ni se les había ocurrido preguntarme si hubiese o hubiera querido ir a ver a U2... porque como a mí sólo me gusta Bruce Springsteen... en fin... que el pobre alma de cántaro, no dudo que con la mejor de sus intenciones y su sonrisa más ensayada, me pone una canción de Carlos Goñi... a mí, Carlos Goñi, si es que...

Y yo que siempre sospeché que él y mi amiga Sal hubiesen hecho buena pareja, encuentro la señal definitiva.

Sal adoraba a Carlos Goñi, tenía (y supongo que aún conserva) todos sus discos y acudía a todos los conciertos (y a mí arrastrándome con ella). Hasta llegaba a encontrarle atractivo, y por ahí si que no podía pasar yo. Pero como era un quid pro quo, y para la próxima, que por cierto nunca llegaba, te debo una; allí estaba yo sabiéndome de memoria eso de que era tan sólo amor...

Y la ocasión llegó, quién me lo iba a decir, con las fiestas de mi pueblo. Durante una breve legislatura el ayuntamiento decidió tirar la casa por la ventana y situar a esa insignificante y absurda villa en el mapa de las giras de los grupos esos que suenan en los 40. Un año trajeron a Amaral, allá fuimos Sal y yo; otro a Victor Manuel, que tampoco es que tenga mucho mérito, que al fin y al cabo es del pueblo de al lado; otro, cómo no, a Revolver, y de nuevo en primera fila estaba Sal, y yo a su lado. Y por última vez, cuando ya el presupuesto municipal debía flojear y antes de consagrar los escenarios a los grupos locales (algunos incluso hasta dignos, otros no tanto, ejemplo del primer caso "La Col.l.a Propinde"; del segundo, por qué no decirlo, "Mokomitas"); decidieron traer a un tal Elliot Murphy, teloneado por unos tales "Stormy Mondays", y yo, yo vi la luz... y ésta me la debes.

En realidad tampoco tenía mucho mérito. Uno de los chicos de Jorge Otero, entonces, era paisano, el mismo que tuvo sus 15 minutos de fama, al menos aquí, con su "Asturiano en Madrid". Supongo que en tiempos de tanta 'leyenda urbana', la canción tenía su gracia, aunque yo nunca se la encontré. Siempre me gustaron más las "Leyendes urbanes" de Toli Morilla.

Y en una fría noche del mes de octubre, con Sal a mi lado con los morros llegándole al suelo, tuve el honor y el privilegio de ver a Mr. Elliot Murphy encima de un escenario acompañado del guitarrista francés ése tan guapo cuyo nombre no recuerdo nunca.

Obviamente estábamos cuatro gatos mal contados, y dos éramos nosotras, una de las cuales, Sal, no dejaba de preguntar qué coño hacíamos allí y quién eran esos tipos que ni siquiera cantaban en español... Los teloneros, Sal, los teloneros... lo bueno viene luego. Y cuando por fin aparece Elliot Murphy, Sal, cuyos morros seguían arrastrando el suelo, me dice que es imposible, cómo va a estar Tom Petty encima de un escenario en esta mierda de pueblo. Cuando le explico que no, que no es Petty, sino Murphy, Elliot, ella ni me escucha, está demasiado obnubilada por la presencia del guitarrista ése francés tan guapo, cuyo nombre nunca recuerdo, y que ella, creo, aún no ha olvidado.

Así que pese a todo aguantó estoicamente y cumplió con creces su promesa de que la próxima me tocaba a mí. No está mal, un concierto de Elliot Murphy a cambio de cinco de Revolver, uno de Maná, tres de Sabina, dos de Duncan-Dhu...

Aunque la que se fuera acompañada a casa esa noche, fuera ella...





P.D. Elke Sommer y Sharon Tate

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar



Le robo el título a Anna Gavalda. Le tenía muchas ganas a ese libro, y hoy por fin lo he secuestrado en la biblioteca . He leído no más de cinco páginas de su primer relato (Pequeñas ocupaciones germanopradinas) y ya he caído rendida a sus pies...



"[...]Que os conmuevan con esas veladas prometedoras, esos hombres que os hacen creer que están solteros y un poco tristes.[...]


-[...]Me preguntaba si aceptaría usted cenar conmigo esta noche...

-[...]Pero al verla alejarse, me he dicho: no puede ser, me cruzo con una mujer en la calle, le sonrío, ella me sonríe, nos rozamos y vamos a perdernos... No puede ser, de verdad, es demasiado absurdo."











P.D. Viveca Lindfors





[Alguien me dice que los crisantemos tocan a muerto... pero los crisantemos son otoño, y como todos ustedes bien saben, las cosas buenas, de verdad, de la buena, siempre suceden en otoño]

En ocasiones es complicado esconderse detrás de una máscara y llega el momento de cambiarla.




Se habla y se comenta en un lugar ajeno del amor y de las costumbres. Yo afirmo que no me importaría que alguien se acostumbrase a quererme. Y alguien dice que vale, pero que eso no es lo mismo que quererte por costumbre. Puede que ciertamente no lo sea, no he vivido ninguna de esas dos situaciones, y en todo caso lo que para unos puede ser rechazable, para otros es bien recibido. Como no tengo nada... tener algo, aunque sea rutina, ya es un principio... parece ser.

Pero no, ¿qué significa exactamente tener algo o nada?, ¿qué entendemos por rutina?, ¿por costumbre? Al margen de que crea firmemente que están infravaloradas.

Yo he tenido mis pasiones, unas cuantas, bastantes, suficientes. Me he subido a la noria y esta a comenzado a girar a vertiginoso ritmo, hasta que sonaba la sirena y tocaba bajarse sólo para iniciar otro viaje subiéndose a ella de nuevo... Pero no he tenido un amor. Alguien que te espera a la salida del trabajo o que le roba diez minutos a éste para compartirlos contigo en cualquier esquina. No he compartido noche tras noche la misma cama (aunque a fuerza de costumbre prefiera dormir sola), sin tener que levantarme de madrugada; siempre ésta convertida en objeto de deseo. No he paseado, sencillamente a su lado, sin que haga falta cogerse de la mano y todas esas cursiladas, sólo sintiendo que está ahí y que no hace falta decir nada. Compartir un periódico y no tener que ocultar las cicatrices... Ser yo, simplemente... pero al lado de alguien.

Se trata sólo de eso, de haber elegido el nada, no de tenerlo. De haberse encaprichado con un sueño, chiquito, y no querer otro que no sea ése. De ser tan ilusa de seguir soñando y llegar a un estado de atrofia, no sé si emocional, pero sí al menos sexual; de ignorar completamente las señales, que sí, que me llegan, y que yo rechazo sistemáticamente. Aunque ése sea el mejor amante del mundo, cosa que en todo caso me permito dudar (sería complicado calibrar dónde se establece la excelencia en cuestiones de sexo). Aunque él me conozca tan bien que sepa exactamente que pulsiones tocar, su mano ha recorrido muchas veces el camino bajo mi falda. Aunque sepa que tú siempre has querido acostarte conmigo y yo siempre de la impresión de que no me doy cuenta y nunca hayas tenido el valor de decírmelo. Y tú, que sí lo tuviste, aunque tan sólo fuera porque yo te dije previamente que tenía ganas de follar esa noche, con cualquiera, incluso contigo; e incluso el de más allá, que tampoco ha dicho nunca nada y yo siga recreándome en mi presunta ignorancia. Aunque conseguir un polvo no especialmente horrible sea tan fácil, probablemente demasiado, con cualquier desconocido aparente en una barra de bar cualquiera una noche cualquiera. Aunque pueda descolgar el teléfono y deciros a ambos que ya está bien, que hemos esperado demasiado tiempo, tal vez años, que ha llegado el momento de explorar nuestros sexos o pueda llamarte a ti y decir que arranques el coche, que yo ocuparé el asiento trasero. Aunque sepa que el deseo es un arma poderosa y durante demasiado tiempo fue el que movió mis hilos convirtiéndome en marioneta, en barro moldeado a su antojo. Aunque pudiera decir aquí y ahora todas las presuntas depravaciones sexuales a las que me he sometido o me sometería. Aunque lo único que me apetecería hoy es colgar mi número de teléfono y que mi contestador se llenara de mensajes obscenos. Aunque ya decía Panero que no es tu sexo lo que en tu sexo busco... aunque contigo no me importaría hacer una excepción.





P.D. June Allyson

Lo peor no es el miedo, sino el entusiasmo que se esconde tras el miedo



Alguien me preguntaba hace poco dónde se acababa el personaje y dónde empezaba la persona, o al contrario, aunque creo que esto no viene a ser lo mismo. Y otro alguien, aún más recientemente, se escandalizaba por ciertas cosas escritas.

Cualquiera que escribe de forma pública tendrá sus motivos, que puede que no difieran tanto los unos de los otros. Por lo general elegirá un tema. Unos hablarán de cine, otros sobre la reproducción del berberecho salvaje y otros sobre sí mismos, o al menos una parcela de su vida. Creo que era Pérez Reverte el que decía ayer en 'El País' que lo bueno de la ficción es que te permitía hablar de ti mismo disfrazándote, distanciándote de lo que cuentas, partiendo de lo real hasta que todo parezca mentira o todo lo contrario.

Yo soy yo, la persona que en sus aburridas mañanas laborales (y algunas tardes) aquí escribe. Tengo un nombre y dos apellidos gemelos, y si me vieras por la calle no me reconocerías. No llevo la tristeza, ni la soberbia, ni la amargura escrita en la cara. Me levanto todos los días al son del despertador, desayuno a veces, me lavo el pelo a diario, me corto las uñas y hasta me pinto las de los pies. Le doy los buenos días al portero y tengo un sueldo a fin de de mes, una hipoteca y hasta un coche que me trae y me lleva. Tengo mis días, mis sonrisas, mis afectos y mis sueños. Mis tristezas, como todos, y mis filias, imagino que igualmente como todos vosotros. Un sentido del humor bastante retorcido, puede que parezca más seria de lo que realmente soy. Soy insegura, hipertímida, mido 175, tengo el pelo rizado y aunque no sería nunca Miss Universo, tampoco me llevaría el primer premio en el concurso de aspirantes a Miss Fea en las fiestas de mi pueblo.

Yo sé lo que cuento, por qué lo hago y a quién me dirijo. En el caso de que haya motivos o destinatarios, que no siempre. Y a veces digo tacos, sí, aunque allá fuera raramente lo haga. Porque parece que es terrible que haya dicho que quiero chuparte la polla en la última fila de un cine, o que me masturbo y he fingido orgasmos. 'Cómo te gusta provocar', me dice alguien. Y no, nada más lejos de la realidad. Más provocación es contar ciertas cosas que he contado sin decir, más provocación es decir que echo a alguien de menos (incluso a mí misma). Simplemente cuento lo que me da la gana, porque me da la gana y porque tengo en ese preciso instante ganas de contar lo que cuento y me importa menos que nada lo que tú, o él, o ella, o vosotros, penséis de mí.

Algunos de los que por aquí pasan me conocen, por muy distintos y variados motivos. Conocen a la persona real, a la de carne y hueso. A algunos les caeré peor, a otros mejor; cada uno se habrá formado su propia opinión sobre mí, sobre la persona real, la que está delante, o detrás, según se mire; porque lo primero que se hace, que se establece, es una línea divisoria; lo que aquí está escrito, acá se queda, no cruza esa línea. Yo soy esto, pero no sólo esto. Sería demasiado fácil sólo ser un personaje, demasiado atractivo... y muy aburrido.

El anonimato, hace mucho tiempo perdido, es lo que tiene. Ya lo conté hace tiempo... cómo dije, cierto: "estoy atrofiada emocionalmente, soy frígida, asexual y anorgásmica, torpe, patológicamente tímida, egocéntrica, envidiosa y un poco idiota. En definitiva, una inadaptada social..."

No, no estoy orgullosa de ello, simplemente lo asumo... y si estoy luchando por cambiarlo o mejorarlo no es algo que sea de la incumbencia de nadie, y ni mucho menos éste es el lugar para contarlo.

Todo lo demás... está en los libros. Y para las quejas y reclamaciones:

daeddalus@gmail.com


A veces, sucede... otras, nos quedamos en el intento (o simplemente con las ganas)





No he pedido empezar mejor la mañana, recibiendo una estupenda noticia laboral. En realidad es más posible que probable, pero menos es nada. Y como mañana no trabajo, aunque no haga huelga, tengo el día libre por otros motivos, no sé, no sé... algo habrá que hacer, que puede que llegado el momento no tenga nada que celebrar.


P.D. Glenda Farrell

lunes, septiembre 27, 2010

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?



"En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas."


Distancia justa de Cristina Peri Rossi






El sábado llegaron por sorpresa los madrileños, camino de Donosti desviaron el rumbo. El domingo debían de estar en Anoeta, presenciando el concierto de U2; y ya que se acercan al norte, dicen, qué menos que hacer una visita. Me gusta su espontaneidad, la misma de la que yo carezco; aunque pese a todo sepamos conjugar nuestras risas y me preguntan cómo estoy. Yo siempre estoy bien, al menos cuando me preguntan; pero sonrío demasiado, advierten, y yo sonrío demasiado cuando miento (y cuando no estoy bien).

Me arrancan promesas, conciertos y visitas. Muy pocas confesiones y en cambio muchos "estoy perfectamente", hábil que es una en echar cerrojos. En dos fines de semana, prometo. Y pienso en todo lo que puede pasar en dos semanas, o no. En todo lo que me gustaría que pasara... En la confusión de lenguas, de palabras encadenadas y de sexos. En corrientes divergentes entremezcladas. En la opresión y el naufragio, el despertar de volcanes dormidos... En naves ardiendo más allá de Orión.

Que alguien dijo que en realidad todo es cuestión de distancia...


P.D. Mylène Demongeot




[La androide soy yo... se entiende. A veces me planteo si seré humana]

Como Antonio Gamoneda, pido piedad para mi boca... liba, lame, y no necesariamente las sombras






"No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido".

Diario de un seductor de Leopoldo María Panero






Es domingo, pasa del mediodía, me siento a ver la tele. Es raro, yo nunca enciendo el televisor, pasa por ser un elemento decorativo más; pero no me gustan los domingos por la tarde, como a tantos, supongo. Sale en la pantalla Timothy Hutton, o alguien que me recuerda a Timothy Hutton. El actor. En realidad no soy capaz de recordar ni una sola película suya. O sí, porque de repente me viene a la memoria "Beautiful girls". Creo que ahí aparecían él y Uma Thurman, pero sólo lo creo, a lo mejor eran otros, no sé, tampoco voy a comprobarlo.

No recuerdo de qué iba la película, sólo retengo una imagen de Timothy Hutton y Uma Thurman, en el caso de que fueran ellos, sentados ante una barra de bar. Seguro que sonaría de fondo alguna canción que no recuerdo. Algo de Steve Earle hubiese ido bien.

Fue una de esas películas que C. y yo veíamos todos los lunes en la última sesión en los desaparecidos cines Hollywood. Recuerdo que salimos emocionadas y excitadas del cine, analizando cada escena y cada frase, prometiéndonos que tendríamos que verla de nuevo, recomendarla a todo el mundo. No sé ella, pero yo no cumplí mi promesa, no volví a verla, la olvidé... hasta ahora, hasta hace un rato que aparece alguien que se parece a Timothy Hutton, o tal vez él mismo, en la pantalla del televisor, y aunque no recuerde el argumento, ni sus actores, ni su banda sonora; sí recuerdo que me gustó, mucho. Curiosos los caminos de la memoria.

Me apetece volver a verla, y me apetece verla contigo. Sentarme a tu lado o que tú te sientes al mío. A lo mejor es una película que odias, o que has visto mil veces, o que desconoces por completo; a lo mejor, probablemente, lo último que deseas es sentarte a ver una película conmigo. Pero este es mi universo paralelo, aquí puedo imaginar que voy a ponerme a buscarla, sí, la bajaré de internet y la guardaré aquí, esperando que llegue ese momento. Tal vez mañana, en una semana o en meses. Tal vez no llegue nunca, aunque esa opción, esa palabra, esté desterrada en esta realidad alternativa.

Así que durante el tiempo que transcurra mientras termino de escribir esto y lo publico, busco una foto adecuada, un título, tal vez una canción que lo ilumine (puede que de su banda sonora, la que no recuerdo; es lo que tienen las canciones, que siempre encuentras alguna que dice por ti lo que tú no sabes o no quieres o no puedes decir), imaginaré que la película está esperando por nosotros.

Me entran ganas de contártelo, de decirte que estoy aquí en una tarde de domingo a punto de ser estrenada, delante del televisor donde sale un tipo que puede que sea o no Timothy Hutton. Que me acuerdo de esa película, de "Beautiful girls"; aunque ni recuerde a sus actores, ni a su música, ni a su argumento. Pero que recuerdo que me gustó... Como tú, que sé que me gustas aunque en realidad no te conozca ni sepa nada de ti. Y que me gustaría que estuvieses aquí o yo allí y poder ver juntos la película, aunque tú ya la hayas visto mil veces o la odies o te resulte indiferente. Y casi mejor así, porque probablemente la película hubiese sido sólo una excusa. Y no, que sí, que realmente me apetece ver la película contigo, ésta en concreto, no cualquier otra. Aunque en realidad también me gustaría meterme en cualquier cine, sentarnos en la última fila; en la pantalla una de esas películas de poco argumento y mucho ruido a la que no prestaríamos atención; porque lo que en un principio era ternura ahora es urgencia y deseo. Y desearía chuparte la polla hasta que tus gemidos quedasen ahogados entre los gritos que salen de la pantalla.

Porque eso es algo que nunca te he dicho, siempre midiendo mis palabras, tratando de no dar un paso en falso, no decir inconveniencias. Muy propio de mí decir lo que pienso pero nunca lo que siento... callarme las ganas y el deseo. Porque sí, porque en lugar de decirte que te tengo ganas y ni te imaginas cuántas, sólo acierto a contarte que te echo de menos, lo que obviamente es cierto, aunque sepa que ni lo uno ni lo otro tenga demasiado sentido.



viernes, septiembre 24, 2010

L'aldaba del tiempu



"When we were young, we pledged allegiance every morning of our lives
The classroom rang with children's voices under teacher's watchful eye
We learned about the world around us at our desks and at dinnertime
Reminded of the starving children, we cleaned our plates with guilty minds
And the stones in the road shone like diamonds in the dust
And then a voice called to us to make our way back home

When I was ten, my father held me on his shoulders above the crowd
To see a train draped in mourning pass slowly through our town
His widow kneeled with all their children at the sacred burial ground
And the TV glowed that long hot summer with all the cities burning down

And the stones in the road flew out beneath our bicycle tires
Worlds removed from all those fires as we raced each other home

And now we drink our coffee on the run, we climb that ladder rung by rung
We are the daughters and the sons, and here's the line that's missing

The starving children have been replaced by souls out on the street
We give a dollar when we pass, and hope our eyes don't meet
We pencil in, we cancel out, we crave the corner suite
We kiss your ass, we make you hold, we doctor the receipt

And the stones in the road fly out from beneath our wheels
Another day, another deal, before we get back home

And the stones in the road leave a mark from whence they came
A thousand points of light or shame, baby, I don't know."



No quiero que sea fin de semana, que mañana sea sábado y un domingo como tantos a la vuelta de la esquina.

No sé por qué me cuesta tanto, aún sabiendo, creérmelo; y obrar en consecuencia, claro.

Sigo esperando que pase algo...







P.D. Kathlyn Williams y Marguerite De La Motte

Ejercicio de aritmética



Me gusta conducir a solas, con la música a todo volumen... hoy escucharía Darkness on the edge of town (la canción), una y otra vez... sin rumbo, ni lugar donde llegar; sólo por el placer de devorar kilómetros...

Se ha pasado toda la noche lloviendo, me gusta la lluvia en la oscuridad... un cocktail de desperfectos físicos me ha dejado para el arrastre y yo sólo quiero subirme a un coche, aunque sea otro el conduzca hoy o tener un destino que alcanzar.

jueves, septiembre 23, 2010

Yo no lo sé de cierto, decía Jaime Sabines





Yo tampoco, pero sí sé que me gustaría averiguarlo.










P.D. Christine Carère

Anywhere but here





Cuando te fuiste... bien, sé que no te fuiste, que yo te invité a irte, pero queda más poético hablar de cuando te marchaste, que no de cuanto te echaron, sobre todo si fui yo la que te aparté de mi lado; no dudé ni durante una décima de segundo de que ésa fuera la decisión adecuada, lo mejor para ambos. Decidido de forma unilateral, pero olvidemos ese pequeño detalle.

Puede que no sea mujer de fuertes convicciones, pero pasó su tiempo antes de que me arrepintiera de la decisión tomada. No porque un buen día descubriera que te comenzaba a echar de menos, no, nunca lo hice, a la única que eché de menos era a la mujer que yo fui contigo, y como bien sabes eso nunca fue suficiente. Pero sí es cierto que un día me desperté con la firme convicción de que nadie me querría como tú lo habías hecho... Aunque eso tampoco resultara suficiente y haya comenzado a echar de menos a quien nunca he tenido.















En los cantos oscuros de los cuentos



Yo lo he hecho, lo hago, con cierta frecuencia. Dirigirme a alguien cuando escribo aquí. La gran parte de las veces el receptor, receptora o receptores no leen esto; así que mis palabras son no más que un ensayo previo de lo que puede que llegue a decir, o no, allá fuera.

Otras veces, pocas; puede que lo lean y se den por aludidos, o no. Nunca he preguntado. Imagino que todos, los que escribimos aquí, caemos alguna vez en ese juego, de contar sin decir y decir sin hablar.

A veces siento que yo también juego sin saberlo, pero no en el iniciado por mí, sino por otros. Y disculpen (la) mi presunción, pero, no puedo evitar tener la extraña sensación de que últimamente determinadas palabras en otras esquinas no son más que un aviso, dirigido a mí. Habré visto demasiada televisión.

No sé si alguien alguna vez pensó en mí al escribir algo, me hubiera gustado, en algunos casos... pero esta vez es diferente, creo... supongo.






P.D. Anne Shirle y Carole Landis

No soy una 'ha sido'. Soy una 'será'.







"Nos sentábamos en la cama mirando la televisión.
Ella decía: Cariño, cuando todo lo mío se derrumbe algún pedazo
acabará dándote a ti."

De Héroes - Ray Loriga



No sé que pensar... Tras verte ayer.

Sólo recuerdo que me debes un libro que te presté. Ni siquiera recuerdo cuál.



También he olvidado quién fui. Aunque sé que me gustaba.




Sobra todo lo demás (hasta el título)



Hoy es tu cumpleaños y lo propio sería felicitarte, ¿no?. Hey, tío, felicidades por tus recién estrenados 61 años, que cumplas muchos más (no sólo encima de un escenario) y que nosotros los veamos... Y hacerte una tarta brindando por tu salud y por el cirujano de Patti.

Pero no voy a hacerlo, o bueno, sí, you know, que te felicito y demás, happy birthday... Aunque tenga delito que se me olviden los cumpleaños ajenos (nunca el mío, a mi pesar) y en cambio siempre recuerde el tuyo. Que estaba pensando yo, de camino al trabajo, escuchándote afirmar lo duro que es ser un saint in the city, que hoy tenía que dedicarte el día, musicalmente hablando; aunque medio desayunara al son de Roberto Carlos y de la voz de un incierto vecino reclamando los abrazos de Lady Laura.

Que, obvio, tengo tantas cosas que agradecerte... Pero no, ni modo, aunque no vaya a culparte de todos mis errores, de mis fallos, de mis dudas y de mis miedos... sí puedo culparte de un buen puñado de cosas.

A saber... porque los mejores momentos de mi existencia los haya pasado en tu presencia; y lo demás no cuente. Que siempre haya deseado que mi vida fuera como aquel 21 de abril; aunque mi 21 de abril fuera un 7 de mayo, y no del 81, sino del 93; y me vuelva por completo idiota (más si cabe) y se me agoten las razones y argumentos y mis mejores noches fueron aquellas de mis trece años metida en mi cama con un viejo walkman y una cinta de 90 donde mi proveedor oficial de música no autorizada me había grabado "The river", y adelantaba y rebobinaba hasta quedarme dormida tras mis oraciones, tan sólo para escuchar 'Point blank' y 'Drive all night' una y otra vez. Porque me quedé pegada a un televisor en blanco y negro donde un tipo salía de debajo de un coche y le preguntaba a la chica si su padre estaba en casa, y a partir de aquel momento quise que mi vida fuese como una de tus canciones y cada vez que sonaba Roy Orbinson me acordaba de ti, estuviese donde estuviese. Porque llegaras a caerle bien a mi madre y que incluso reconociera tus canciones; y cuando se tienen quince años es imperdonable compartir simpatías con tus progenitores. Porque lloré, lloré y llorara (y aún lo hago) la primera vez que escuché que tenías un Chevy del 69 y creyese que la salvación estaba en la carretera, en huir de esta ciudad, en hacer una cruz por cada uno de mis amantes o tener una guitarra que nunca supe tocar mientas aprendía a decir que me quisieras tonight, for I may never see you again, entre fuegos de artificio y llegases a convertirte en la única reason to believe.

Porque odio (y el odio no es un sentimiento que practique a menudo) a cualquier jovenzuelo o jovenzuela que escuche "Thunder road" por vez primera, porque sólo hay una primera vez. Por la decepción que supuso "Working on a dream", tú que nunca me decepcionas y al que siempre perdono. Incluso que te casaras con aquella pelirroja que le robaste al bueno de Nils, a la que colaste en tu banda. La portentosa mujer que ni canta, ni toca la guitarra, ni se sabe muy bien qué pinta allí más que estar a tu vera. Porque un buen día me teñí de pelirroja y me paseé por el boardwalk de Asbury Park y juré, y aún lo juro, que I'll drive all night just to buy you some shoes, and I just wanna sleep tonight again in your arms, aunque me despierte día tras día y todo siga siendo igual aunque no seamos los mismos, y acabara por aprender más from a three minute record than I ever learned in school; aunque nunca consiguiera aprender a no rendirme.

Porque me he pasado media vida buscándote en otros, un tipo de voz ronca y mirada perdida; mientras otras mujeres soñaban con un handsome Dan o con tener en sus brazos a un good-lookin' Joe. Alguien que me diga que todo va a salir bien, que caminaremos hacía la luz del día aunque no sepamos si el amor es real y si nuestra suerte ha muerto (si es que alguna vez la tuvimos). Aunque estemos asustados y por una vez, what others may want for free, I'll work for your love.

Una vez juré que si al cumplir los 35 seguía aquí me vestiría de azul una noche cualquiera en un bar cualquiera, y ya sabes, if you're rough enough for love, honey I'm tougher than the rest... aunque tuviera que pagar a alguien para que lo fingiera. Ya ves, estimado Bruce Frederick Joseph Springsteen Zirilli, hasta que extremos me has hecho llegar.


[De banda sonora elijan ustedes la que prefieran, y si quieren, me lo cuentan]

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