martes, junio 22, 2010
lunes, junio 21, 2010
El círculo se cierra

Viernes, en torno a las tres de la tarde. Salgo del trabajo y camino de casa hago un alto en el supermercado que está al doblar una esquina de mi portal. Hace demasiado calor y yo voy demasiado abrigada (a las siete de la mañana había nueve grados), llego sudando, cargada como una mula con el maxi-bolso a rebosar (los viernes hago limpieza en mi mesa y me lo meto todo en el bolso, botellas de agua, libros, apuntes) casi rozando el suelo. La gabardina en otra mano, arrastrando el cardigan y luciendo camiseta de tirantes que no estaba previsto que viera la luz cuando me la puse esa mañana, el pelo recogido, gafas (las lentillas me mataban esa mañana) y el rímmel corrido. Resumiendo, un auténtico adefesio.
Lo dicho, entro en el super arrastrando mis pertenencias y obvio, no hay carritos disponibles y tengo que cargar con una cesta haciendo equilibrios. Me pongo a la cola, a una de las dos, ambas kilométricas, y como no podía ser de otra manera, la otra va más rápido y a mí para no perder las buenas costumbres se me cuela una buena señora con la excusa de la barra de pan (si es que yo sólo llevo una barra de pan, aunque las más de la veces no necesitan excusas para colárseme). Un buen día tengo que probar a poner cara de mala y decir que no, que si ella lleva una barra de pan yo tan sólo llevo tres artículos (o cuatro, o cinco, aunque eso sea lo de menos), pero no sirvo para esas cosas y el día que en mi presencia mi hermano le dijo “no” a la señora de turno quise que me tragara la tierra. Así que sonrío, digo que por supuesto, que pase, que no me importa, que no tengo prisa; y a falta de una, se me cuelan dos, porque de seguido aparece otra buena mujer con un cartón de leche y una más que pregunta, afirmación: ¿te importa, mocina?
¿Por qué las que se cuelan son siempre las señoras, nunca un señor, o un buen mozo?
Me aparto y ocupo mi nueva posición en la cola, dos puestos más atrás que me colocan la última, cuando de repente noto una presencia imponente a mi espalda. Un hombre aparente, claro; un tipo de metro noventa mínimo. Esas cosas se perciben, no hizo falta girarse, aunque me giré. Y me encuentro con una sonrisa, que para que resultara más poético podría decir que era deslumbrante. Pero no, era sonrisa a secas, que yo de primeras interpreté como de burla: hay que ver a esta tonta a la que se le cuelan todas… así que no correspondo a la sonrisa con otra, sino más bien con un gesto entre la altivez y la resignación mientras la sonrisa me sigue mirando desde arriba.
La cola sigue sin avanzar demasiado porque en ese momento les toca pagar a dos gitanas el importe exacto de dos carros a rebosar y sólo se les ocurre pagar con monedas que van sacando de vez en vez de una especie de pliegue de sus amplias faldas. La cajera pacientemente contando los céntimos de euro y actualizando el dinero que falta y que ellas van cubriendo con monedas de cinco céntimos, de uno, de dos… mientras yo sigo haciendo equilibrios con el bolso, la cesta, la ropa, hasta que llega un momento en el que no aguanto más y tengo que posar en el suelo parte de mi carga, girándome inconscientemente y volviéndome a topar con la sonrisa que se ha tornado en perenne. Y esto ya empieza a preocuparme, por qué no deja de sonreírme un tipo tan aparentemente aparente. Me reviso de arriba a abajo y de abajo arriba, cierto que llevo unas pintas penosas, no soy yo precisamente en mi vida diaria el ejemplo del glamour y la elegancia, y menos en este instante, pero tampoco soy especialmente digna de estudio.
Por fin llega mi turno y la sonrisa sigue a mi espalda, coloco las cosas en la cinta, las meto en las bolsas, pago, y sigo con ella clavada en mi espalda. ¿Acaso acabo de ligar en un supermercado? Yo sonrío, devuelve la sonrisa… ¿Cómo se actúa en estos casos? ¿Debo ralentizar mi marcha para tratar de coincidir a la salida? ¿Debo hacer que se me cae algo para que él, sin duda un caballero, me ayude a recogerlo? ¿Debo preguntar si nos conocemos?...
C*, pues claro que nos conocemos, y es justo en ese preciso instante, haciéndome mentalmente la pregunta, cuando hallo la respuesta. Nos conocemos, y además en el sentido bíblico y oh Dior, mío, tierra trágame. ¿Qué hace este romano a las tres de la tarde comprando en mi Alimerka, en un supermercado cualquiera de un barrio de Oviedo? No lo sé, no me importa, no me interesa, no pìenso averiguarlo. La sonrisa, obvio, ya entiendo a qué venía… cómo podré haberme liado yo tiempo atrás (años) con esta pintas. Y me entra el pánico, en primer lugar por mi memoria de pez, he tardado quince minutos en reconocer a alguien; y en segundo lugar, ¿es que ya no quedan tipos aparentes en esta y otras ciudades libres, disponibles y receptivos que condenada me quedo a reencontrarme con mis exsex?
Publicado por
Daeddalus
6
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Entre tinieblas
domingo, junio 20, 2010

Desde que en mi más tierna infancia viera a Olivia de Havilland en "La heredera" supe que yo no me casaría nunca. Cuando vi en t.v. la boda de Charles y Lady Di (yo no levantaba dos palmos del suelo) le declaré la guerra a las bodas y desde que tengo uso de razón he asistido a las menos posibles, disculpando mi asistencia en la inmensa mayoría a las que tuve a bien ser invitada.
Pero este fin de semana algo ha cambiado (no sé por cuanto tiempo). He presenciado la boda más hermosa que he visto en mucho tiempo, y a la novia más radiante, feliz y enamorada de los últimos lustros (les recuerdo que yo no he asistido a muchas bodas ni conocido a muchas novias). Una boda televisada me arrebató la fe bodil y casi 30 años después otra me la ha devuelto.
Sé que una tenía cosas mejores que hacer que pasarse la tarde del viernes (y la del sábado) frente a la televisión pública sueca, retransmitiendo en sueco, obvio (idioma ininteligible para mí), la boda de su princesa heredera, Victoria; y su ex-preparador físico, acá Mr. Ripley, digo Daniel Westling; actual propietario de gimnasios y a partir de ahora príncipe heredero consorte. Pero a veces una olvida sus obligaciones y como un evento social (desde la barrera) me gusta más que el helado de dulce de leche, me pasé mis buenas horas disfrutando del concierto del día antes y de la boda del día después (incluida la ceremonia, el desfile de royals, el paseo en barco, la escena del balcón, la entrada al ágape, la cena, los discursos del novio y de los padres de los novios, el corte de la tarta, el vals y el quiero y no puedo de Azpirante). Y es que los suecos sí que entienden el concepto de transparencia.
Todo comenzó con la pregunta... quién es el calvo al que saluda Mary "me he tragado entero el Reino de Dinamarca" Donaldson... y con la respuesta recibida: es el primer ministro sueco, Dae. Puesta en evidencia mi ignorancia ante las personalidades políticas suecas decidí no hacer más preguntas y dedicarme a lo mío, informar puntualmente del quién es quién en las casas reinantes y no reinantes (ay, esas repúblicas con royals aspirantes y no tan aspirantes, qué sería de mi Kyril) y de la distribución de las tiaras entre Infantas, la Azpirante y la Reina Sofía. Elena la de Marichalar; Cristina la tan soberbia de Cartier, de la reina Victoria Eugenia, digna de una reina; la Azpirante la de Franco, regalo de Franco a la entonces princesa Sofía, y la reina Sofía la de la Chata. Sí, lo admito, mi cerebro acoge un elevadísimo tanto por ciento de información rotundamente inútil. Luego fue ver (y escuchar) a Roxette y su The look, y pensar que ésa era la boda perfecta, con su dosis de horterismo pertinente mientras Máxima de Holanda (enfundada en un precioso Valentino, por cierto, repetía modelo, aunque yo a Máxima se lo perdono casi todo) se desgañitaba cantando y dándole a las palmas y Azpirante se retocaba los labios.
Acá Máxima, su Valentino y su Willem saludando al respetable. Al lado su suegra, la reina Beatriz, que nunca me defrauda.
Mary, impecable como siempre y su suegra, la reina Margarita y sus esmeraldas. Aunque las joyas que yo quiero poseer son ese collar y esas pulseras de Tatiana no sé qué, novia o prometida de uno de los primos Grecia (le ha salido una buena competancia a Marie Chantal)

Y por si alguien tenía dudas de quién es la más Borbón de los Borbones, llegó Elena a disiparlas.

Y por si alguien tenía dudas de la elegancia de la Azpirante, llegó ella a refrendarlas, digo, disiparlas.
A las demás no las pongo, que me aburren, y no he encontrado fotos de Kyril, pero sí de Rosario Nadal, que no entiendo qué c* hacía allí si ya están divorciados. Como siempre dando una lección de elegancia. Mostrar también a Mette Marit, que cada vez luce mejor, y a Madeleine que parece recién dama de honor en la boda de su mejor amiga de Dakota del Norte (con lo guapa que es esta chica y lo guapo que es su hermano ).


Y por supuesto la novia, que estaba maravillisosísima (¿Dior, Armani, Elie Saab?)

P.D. Edito porque por fin he encontrado una foto de Kyril, ése hombre, aunque sea con su ex...
Y ya puestos cuelgo a Rania, qué decepción, ya en camino de momificarse con lo joven que es y esos labios como morcillas (el marido a su lado parece el soldadito de plomo). Y Máxima cometiendo un error de principiante a lo Beyonce (con esas caderas el corte sirena debe desterrarse).
P.D. 2 Y lo siento, pero no puedo resistirme... Las mejores, con diferencia, será que los extremos se tocan.

Publicado por
Daeddalus
4
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Desayunando en Tiffany's
jueves, junio 17, 2010
Quererlo todo ya y al mismo tiempo
Me llama mi madre. Me cuenta que ha hablado con la tía C. que a su vez ha hablado con la prima P. y me cuenta lo que la tía le ha contado, que a su vez es lo que la prima le ha contado a la tía. Un cotilleo, obvio… ¿Te acuerdas de esa chica tan sosa amiga de P. que es maestra? Y yo digo que sí aunque en realidad la respuesta es no. Perro siempre que mi madre me pregunta si recuerdo a alguien, aunque no sea cierto, le respondo que sí. Es el método más eficaz que conozco para ahorrarme la exposición de filiaciones, parentescos y vecindades (ya sabes, la nuera de la cuñada de la prima de la hija de la amiga de la vecina del quinto).
Satisfecha con mi respuesta, mi madre continua con la exposición… ¿Es más o menos de tu edad, no? Supongo que sí. Como no sé quién es, doy por bueno todo lo que me dice. ¿Y nunca ha tenido novio, verdad? No, creo que no, una chica muy discreta. Mi madre, sabiamente pasa por alto este último absurdo comentario mío y sigue contando mientras yo finalmente ubico a la chica en cuestión, que no es maestra sino enfermera y no es de mi edad, sino diez años mayor. Obviamente me ahorro las correcciones, callo y sigo escuchando.
Pues ahora se ha echado un novio. ¿Por qué nunca había tenido un novio, verdad? Pues que bien, que le vaya estupendamente con ese novio a la chica que nunca ha tenido novio… Es que no se te puede contar nada, ya mi madre con ligero tono irritado. Parecido al mío porque ya sé por donde va, porque yo, a sus ojos, tampoco he tenido nunca novio, y supongo que en parte es cierto. Nunca en mis (me cuesta asumir mi edad recién adquirida) años me he presentado en casa de mis padres colgada del brazo de un chico y he dicho, papá, mamá, acá mi novio; novio, acá mis progenitores. Y eso, yo sé que a mi madre le duele, lo que ella llamaría falta de confianza; y yo, que no ha habido nadie en mi vida digno de tal mención.
Pero ella sigue… Está divorciado y con dos hijos (o tres, no recuerdo bien). Se hace el silencio. ¿Y? Y la tía C. está escandalizada, ya bien tú sabes que ella esas cosas no las entiende. Tú tampoco, pienso y callo. Y ya dice la prima P. (también de más de cuarenta, como la amiga, soltera, aunque con historial amoroso a sus espaldas), prosigue mi madre, que esa relación no tiene ningún futuro, que ha intentado quitárselo de la cabeza, pero que ella está enamorada y ni modo, no atiende a razones, y es que un divorciado y con dos hijos, a dónde vamos a parar y además de 48 años… ¿Y? Pero si ella debe de andar por los 45, ¿dónde está el problema? Se me olvida que presuntamente la amiga es de mi edad. Pero mi madre parece no haber escuchado lo que he dicho (no hay que perder las buenas costumbres). Y sigue con el presunto escándalo, que se van a casar el año que viene, que quieren tener hijos y un largo bla, bla, bla para finalizar contando que además es feo, porque la tía C. le ha enseñado una foto que a su vez le ha enseñado la prima P., porque para colmo de todos los males se han conocido por Internet. Y quién sabe, igual es un buen hombre y todo, aunque sea divorciado, que bueno, que ya se sabe que todo el mundo merece segundas oportunidades, pero una chica tan maja, tan profesional, tan decente y tan soltera…
Corto la comunicación porque presuntamente me llaman al móvil, y me quedo con la duda, si debo o no debo buscarme vía Internet a un novio divorciado, con dos hijos, feo y de 48 años.
P.D. Liz Montgomery
Publicado por
Daeddalus
9
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Tiempo de habitaciones separadas
miércoles, junio 16, 2010
Probando
Y yo, agafada porque él se meta nuna conversación ayena que non -y incumbe y qu'al par caltengo con Blair Waldorf, namá m'asocede contestar que ye “top-secret”, asina a les braves, n'inglés. Agilipollá perdida que ye una. Y ensin remediu a la vista.
P.D. Natalie Wood en "A cry in the night".
Publicado por
Daeddalus
1 perdidos en el laberinto
Etiquetas: Acuse de recibo
Por la pérdida y los encuentros
Publicado por
Daeddalus
2
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Anatomía de la señaldá
martes, junio 15, 2010
Hay días que duran demasiado
P.D. Marie Wilson y Anne Nagel.
Publicado por
Daeddalus
2
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Geografía privada

Este año he puesto especial empeño en olvidar mi cumpleaños. Sin ningún éxito, claro. A las seis de la mañana del día en cuestión me despertaron deseándome un cumpleaños feliz y tarta en mano con las velitas de rigor recordándome la fatídica cifra. Y así, ni modo, no son formas de empezar un día que yo había decidido consagrar al olvido y a los kilómetros.
Tener el móvil desconectado (en realidad llevaba así tres semanas completas) tampoco fue garantía de éxito. Al encenderlo cuando acababa el día siguiente al cumpleañero, allí estaban uos cuantos mensajes de felicitación, siempre bien recibidos, obvio, aunque una nunca deja de preguntarse por qué cierta gente sólo aparece en tu vida el día de tu cumpleaños y en Navidades, enviándote un mensaje exactamente igual a los tropecientos que ha enviado ese día o si tal vez se deba a que simplemente se le olvidó decirle a su secretaria que me borrara de la lista de sujetos a felicitar. Casi prefiero pensar esto último. La condescendencia y ciertas buenas maneras me pueden (y no para bien).
P.D. Habemus (presunta) boda real el sábado y acaba de estrenarse la tercera temporada de "True blood". Motivos suficientes para sacar a pasear a mi otro yo.
Publicado por
Daeddalus
4
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Geografía privada
Últimamente, cuando viene a casa aprovecho y doy rienda suelta a una de mis fantasías auditivas más antiguas: Bruce Springsteen. Pongo su música y me dejo llevar.
Sí, lo confieso: la voz de El Jefe me pone. Me excita hasta límites poco confesables. Hace unos años fui con Elena a un concierto suyo al Bernabéu y pensé que me daba algo escuchándole entre tanto hombre sudoroso y guapo. Y yo condenada a oírle y a mirar sin atreverme a tocar(me) nada, con el cuerpo en tensión atenta a cada roce por si alguno era un poco más que fortuito. Fue mágico, enloquecedor y tan excitante que mi sexo despertó al oír su voz. En memoria de aquel día, a veces me pongo sus cds de hilo musical mientras me doy alguna alegría solitaria en el sofá.
Pero mucho, mucho mejor es cerrar los ojos mientras Óscar va trepando beso a beso, muerdo a muerdo por mis piernas y Bruce se desgarra la garganta en nuestro honor.
De hecho, hace poco me tomé la molestia de hacer una selección especial y os aseguro que estoy deseando que venga esta noche a casa para probar con él la nueva combinación estratégica de Secret Garden, Fire, My Hometown, Brilliant Disguise, Streets of Philadelphia, Blood Brothers, Cross My Heart...
Copio y pego una historia que he leído en no sé cuál blog no sé dónde y que me hecho tremenda gracia.. y yo que pensaba que era la única (o casi). Aunque de esa selección yo me quedo con Brilliant disguise, Fire, Fire, Fire, Fire, Fire, Fire, Fire y Fire...
Publicado por
Daeddalus
7
perdidos en el laberinto
Etiquetas: It's only Rock'n Roll (but I like it)
Parecidos razonables

Yo, como tantos otros, supongo, fui lectora (voraz) de blogs antes que autora, hasta que llegó el momento en el que llegué a la conclusión de que si ésos podían, por qué no yo. Ninguno tenía, ni ellos ni una servidora, nada que aportar al mundo (ni intención, ni ganas), pero no deja de ser una forma de divertimento tan buena (o incluso mejor), que otra cualquiera.
Si alguien me preguntara por qué escribo un blog (y algunos lo han hecho), no sabría encontrar una respuesta razonada y convincente. Aunque tampoco sabría encontrar el por qué sigo y leo y releo determinados blogs día tras día. En algunos casos, la gran mayoría, la respuesta es obvia, porque son soberbios y me trasladan a otras vidas y a otros mundos, o me hacen reír o me emocionan o simplemente me gustan porque sí. En otros casos voy de paso y en otros, o en otro más en concreto, me une una irresistible atracción de amor-odio hacia el blogger en cuestión. No sé si calificarlo de masoquismo, por mi parte; de atracción fatal o de simple bobería, pero no encuentro explicación para no dejar de leer algo que no sólo no me gusta ni me aporta nada sino que también me irrita y las más de las veces me hace morderme la lengua porque si me pusiera a comentar no dejaría títere con cabeza.
He llegado a la conclusión de que tal vez en el fondo lo que esta persona escribe (casi siempre) podría haberlo escrito yo. Tal vez me siento esencialmente reflejada en ella, como si me mirara en un espejo. Y tal vez esta persona opine lo mismo de mí, si hasta a veces ha colgado para ilustrar sus entradas las mismas fotos que yo.
Publicado por
Daeddalus
7
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Afinidades electivas
lunes, junio 14, 2010
Comin' home
P.D. Whitney Blake
Publicado por
Daeddalus
1 perdidos en el laberinto
Etiquetas: Después del mar
viernes, mayo 28, 2010
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Desde la séptima fila
lunes, mayo 24, 2010
Le rouge et le noir ne s'epousent-ils-pas?

En estos tiempos en los que hay que conformarse con abrir el Trola (léase el Hola) y encontrarse con el careto de la señá Duquesa (de la casa de Alba de no toda la vida), a su ubicuo funcionario y a su progenie o la autoencumbrada princesa del distrito madrileño de San Blas; una tiene que desintoxicarse con el Paris Match y similares. Qué tiempos aquellos en los que quienes rellenaban sus páginas de colorín eran las casquivanas princesas de Mónaco (antes de dedicarse al circo) y su divina madre; todas las casas reales (venidas a menos) habidas y por haber (Romanov incluidos); la repudiada princesa de ojos tristes y su sustituta; los Windsor, adláteres y agregados; siendo la (cuasi)única aportación patria la de Naty Abascal, que al menos tenía el buen gusto de ir de Oscar de la Renta y la de la filipina de profesión sus labores (la peliteñida Gunilla no cuenta). Así que, cómo no agradecer que de allende los Pirineos nos lleguen cotilleos e infidelidades varias con la marca del glamour por bandera. Y el último protagonista, cómo no podía ser de otra manera, es una de mis debilidades, Bernard-Henry "no sin mi camisa blanca abierta hasta los límites de la decencia" Lévy, de profesión ¿filósofo?; del que obviamente no he leído (ni intención tengo) ninguno de sus libros, lo cual no es óbice para adorarlo. Porque, cómo no adorar a alguien que afirma sin complejos "Je suis un superstar" , extasiado por haber descubierto un nuevo tono de gris para su pelo. Porque Dios habrá muerto, pero su pelo está perfecto (el de Bernard-Henry, se entiende).
Acá referencia fotográfica del susodicho poniendo cara de malo:

Intuyo que muchos de ustedes no saben de qué les hablo (y menos que les importa, imagino). Así que les pongo en antececentes y vamos a lo que importa. Bernard-Henry "no sin mi camisa blanca abierta hasta los límites de la decencia" Lévy está casado en terceras nupcias con la barbie geriátrica, digo actriz francesa (el concepto no es patrimonio de Anita "la fantástica" Obregón) Arielle Dombasle (aunque de francesa tenga lo que yo, puesto que nació en Connecticut); a la que hay que reconocer un pasado profesional decente (Pauline à la plage), pese a sus incursiones en Miami Vice (ya saben, la de Don Johnson, el ex de Melanie Griffith, la hija de Tippi Hedren, la de los pájaros).
Acá la pareja en tiempos suponemos que felices aunque sus caretos (el de ella con sonrisa de dientes-dientes y el de él de perro apaleado )parezcan desdecirlo:

Bernard-Henry "no sin mi camisa blanca abierta hasta los límites de la decencia" Lévy tiene dos hijos de sus dos matrimonios previos al de la barbie geriátrica. Quién interesa, aunque no resulte relevante para esta historia, es su hija Justine (fruto de su primer matrimonio con Isabelle Doutreluigne) y que a su vez contrajo nupcias con Raphaël Enthoven, hijo a su vez de Jean Paul Enthoven, a la sazón uno de los mejores amigos de su padre. A Justine Lévy la presentan siempre como una autora bestselling (a saber qué quiere decir exactamente eso), aunque sea popularmente más conocida, además de por ser hija de su venerado padre, porque su marido la dejó tirada para largarse con Carla Bruni, antes de que ésta se convirtiera en Madame Sarkozy y después de que ésta se liara con Jean Paul Enthoven (primero el padre, después el hijo y en medio Mick Jagger). Aunque ésta sea una vieja historia que seguro conocen, nunca viene mal refrescar la memoria. Pero la infidelidad que quiero contar es otra, haciendo acto de presencia la sin par Daphne Guinnes. Y qué quieren que les diga, le alabo el gusto a Bernard-Henry (cómo me gustan estos nombres compuestos franceses tan chic, nada que ver con un Bernardo Enrique o un Manuel Alejandro) porque Daphne Guinness, además de no ser precisamente una jovencita (no debe de ser mucho más joven que la barbie geriátrica) es maravilisosísima (bien diría el añorado Papuchi). ¿Y quién es ella? Se preguntarán ustedes, o no. Pues es una inglesa de ascendentes irlandeses, hija de un barón y heredera de la familia Guinness (la cerveza del mismo nombre); ex de Spyros Niarkos (el hijo de Stavros Niarkos, de los Niarkos de toda la vida; es decir, tres generaciones), y consuegra en su momento de la Paris (Hilton), que tuvo durante un tiempo por novio al Stavros Niarkos de tercera generación.
Acá Daphne Suzanna Diana Joan Guinness que estará igual de remendada que la barbie geriátrica, pero luce mejor:

Es otra de profesión sus labores, aunque entre sus labores se encontrara frecuentar el círculo de amistades de Andy Warhol; y no sé sabe bien si con su dinero (es una heredera de las de verdad) o con el del griego, se ha ido dedicando con el paso de los años a forjarse una maravillisosísima colección de haute couture (de las de verdad). Cuando ustedes se preguntan (si es que lo hacen) quién carajos se pone esos vestidos que se ven las pasarelas de moda... acá la respuesta, Daphne Guinness.
Sólo por haberse calzado los zapatos armadillo de Alexander McQueen tiene todos mis respetos. Por haberse liado con Bernard-Henry y pasearse de su brazo por las calles de Niza con ese bolso, mi envidia:
Publicado por
Daeddalus
5
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Desayunando en Tiffany's
domingo, mayo 23, 2010
Señoras que han visto en su 'flashforward' el final de Lost y no lo han contado
Publicado por
Daeddalus
9
perdidos en el laberinto
Etiquetas: Enciende y vámonos
















