Apenas pasan de las 19:30 y yo me voy a la cama. Hoy sólo tengo ganas de esconderme bajo la almohada.
No es Johnny Cash... pero es una buena forma de despedir este miércoles que por mí, con gusto, podría ser borrado de mi biografía. Aunque mañana probablemente sea peor y del fin de semana prefiero ni acordarme.
Acaba de llamarme Sal. Fiel a nuestra cita telefónica casi diaria desde hace unas pocas semanas. Cita que ella se ha autoimpuesto y me ha impuesto a mí, obvio, cuando yo ya había contado todo lo que tenía que contar y no quería seguir contando.
Diariamente chequea mis idas y venidas, mis horarios: a qué hora saliste y a dónde y a qué hora regresaste y dónde estuvistéis. Hace sus cálculos y previsiones, expone sus asombros, ¿en el museo de las anclas viendo romper las olas a las nueve de la noche de un domingo y bajo el temporal? (tú nunca cambiarás) y sus dudas y sin embargo certezas, todos los hombres, y las mujeres, quieren y desean lo mismo... si no se acuesta contigo, qué busca de ti, como si para lo único que pudiera servir yo es para un polvo, aunque mi historia me demuestre que yo valgo justo para todo lo demás. Como contaba Fiebre en su post más reciente, a mí me han llamado de todo, y casi siempre bueno, pero sexy, que yo recuerde, sólo una vez. Eso sí, creo firmemente que era sincero y no me hubiera importado en absoluto que en tantas ocasiones, en lugar de alabar mi sensibilidad, mi abrumadora sinceridad, mi inteligencia, mi dignidad o mi saber estar me hubieran pedido perder los modales.
Ella opina que me equivoco y autoflagelo a partes iguales. Que pierdo el tiempo perdiendo el tiempo con alguien que no va a darme lo que quiero. Dice que ya tengo edad para abandonar el prototipo de mujer que se enamora de los hombres con sus defectos, no pese a ellos, como hace ella y las que son como ella. Ella es de las de "te quiero cariño, ya te cambiaré", y yo, siempre, según sus palabras, bueno, a mí no sabe donde encuadrarme, si en el de simples tontas o en el de tontas redomadas, y tiene dudas porque no acaba de creer que lo que le cuento es cierto, que nos sentamos cada uno en una esquina de su sofá bebiendo zumo de naranja, omito el vodka, y desarreglamos nuestras respectivas vidas, que no la cama. Que obviamos la piel, y no por falta de ganas.
Supongo que estoy siendo injusta con P. Ciertamente, como dirías tu, probablemente sea de excesiva presunción por mi parte verlo así. No sé hasta que punto me gustaría ser efectivamente injusta, eso significaría cuando menos que a él le afectaría que yo lo fuera. No tengo claro que quiera serlo en todo caso, ni siquiera que pueda serlo. Aunque lo sea o yo así me sienta, tampoco sé si algo así le fuera a importar en este momento, más allá de un herido mal entendido orgullo.
Intento un ejercicio de empatía. Me pongo en su lugar y salgo perdiendo. Tampoco me supone un gran esfuerzo. Es posible estar en dos orillas a un tiempo. Aunque lo único que yo quiero es cruzar a la otra orilla.
Fantaseo demasiado últimamente. Cuando me monto en el coche y enfilo la autopista y suenan Loquillo o Chopin. Caigo en el error de autopreguntarme, qué hubiera pasado si me hubiese adelantado, si me hubiese dejado guiar por la intuición, si aquella noche no me hubiese ido (yo y mis siempre llego tarde y a deshora, siempre alguien esperándome para desearme unas buenas noches). Es un ejercicio inútil que tan sólo me lleva a las lágrimas. Bien sé que nada hubiera cambiado. Bien sé que todo va cambiar en cambio ahora y probablemente yo no esté preparada. Me duele, pero es mi 'business' y tú lo aceptas pero no miras para otro lado, y eso duele más. Y yo sólo siento que mi vida se me escapa a toda velocidad, que sólo me queda el reflejo de un espejo retrovisor.
Me asalta un frase al doblar la esquina. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Quiero mostrártela. Quería escribirte. Contarte. Más de lo que ya he contado. Como si eso fuera posible. Sería un buen resumen de todo lo que tanto y tanto hablamos. Yo no lo hubiese explicado mejor. Va por ti.
"No escojas sólo una parte, tómame como me doy, entero y tal como soy, no vayas a equivocarte.
Soy sinceramente tuyo, pero no quiero, mi amor, ir por tu vida de visita, vestido para la ocasión. Preferiría con el tiempo reconocerme sin rubor.
Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto.
Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Y no es prudente ir camuflado eternamente por ahí ni por estar junto a ti ni para ir a ningún lado.
No me pidas que no piense en voz alta por mi bien, ni que me suba a un taburete si quieres, probaré a crecer. Es insufrible ver que lloras y yo no tengo nada que hacer.
Cuéntale a tu corazón que existe siempre una razón escondida en cada gesto. Del derecho y del revés, uno sólo es lo que es y anda siempre con lo puesto.
Nunca es triste la verdad lo que no tiene esremedio."
"Lo mejor de lo peor es que lo peor de mi, es lo que sabe mejor aunque lo quiera ocultar simpre me vuleve a salir.
Lo mas duro de entender es poque no soy capaz de tirar de mi yo sola cuando veo que no estas y sale lo peor de mi.
Y las torres son tan altas, y tan grandes los gigantes que me asusto y me estremezco al verme tan pequeña y tan fácil de pisar. Me convierto en una sombra que no la reclama nadie es más por miedo que por frío cuando veo que no estas sale lo peor de mi.
Lo mejor de lo peor es que lo peor de mi, es tan negro y absurdo que me mata la verguenza el saber que sigue ahí.
Me grita como poseso para hacerse notar pero solo lo consigue cunado sabe que no estas y sale lo peor de mi.
Y las torres son tan altas, y tan grandes los gigantes que me asusto y me estremezco al verme tan pequeña y tan fácil de pisar. Me convierto en una sombra que no la reclama nadie es más por miedo que por frío cuando veo que no estas sale lo peor de mi.
Más por miedo que por frio cuando veo que no estas sale lo peor de mi."
Escucho a Luz, tan grande, y se me van las ideas y sus letras sustituyen a las mías.
"Tu inocencia es como un cuchillo delante de mis ojos..."
Antonio Gamoneda
Sentada en el suelo rodeada de muebles que esperan una vida mejor alejados de mí y un par de latas de cerveza. Ojalá todos tuvieran tu sentido de lo que es correcto, me dice. Y yo sólo puedo pensar que he actuado bastante lejos de esa correción que se me presume cuando cual mujer desesperada reclamé la ayuda de su fortaleza física sabiendo, como sabía, que no iba a negarse, que no podía negarse. Es fácil tratarme, añade. Y yo no quiero seguir escuchando, sé lo que viene después y hoy no me apetece escucharlo. No, una vez más no... Conmigo puede ser como es porque no le juzgo ni le intimido, porque me bebo tres cervezas sin complejos y acabo hablando de fútbol o de motos sin que me interesen ninguna de las dos cosas y ni siquiera se me nota porque aun sin interesarme por momentos me interesan. Los caballeros las prefieren rubias pero se casan con las morenas. Que bueno que no me parezca a ninguna de sus ex-amantes, dicen todos siempre, aunque luego sigan suspirando por ellas y no por mí.
No me gusta, pero es Sabina... y le debo tanto... En eso también coincidimos. Ya son demasiadas cosas.
Las maletas ya están abiertas. Leo demasiado rápido, no proceso la información, devoro las palabras. No me comunico, me despierta de mi ensoñación el timbre del teléfono y es para él. El tiempo no pasa. Me meto en guerras que no son las mías, que no me van, en las que estoy condenada a la derrota. Y me siento terriblemente culpable, no por perder, a eso estoy acostumbrada, sino por no saber decir "no" a tiempo. Y me engaño, le debo tanto. Y me importa, pero no me importa. Como vulgar marioneta en un Puppentheater cualquiera quiero que alguien maneje mis hilos, que al llegar el final de la función haga reposar mis huesos en el fondo del baúl mientras son otras quienes se llevan los reconocimientos y aplausos.
Hablamos de la honestidad (brutal de Calamaro). De la propia, tan mal entendida, de las ajenas, tan escasas. Mar opina que me equivoco, una vez más. Mel se pone romántico y me da la razón. Son la voz de mi conciencia. No haré caso a ninguno de las dos. Para eso son los consejos, para obviarlos.
Qué le voy a hacer si me hicieron así. Si pregunto demasiado, si cuento, si digo lo que siento y pienso y no le tengo miedo a que las respuestas no me gusten, a la inoportunidad de mis palabras. Si no lo hiciera dejaría de ser yo, y si dejase de ser yo dejaría de gustarme a mí misma aunque les gustase a otros.
P.D. 1 Enciendo la tele y sale Pau, y yo, que jamás he escuchado enterita ninguna de sus canciones me siento atrapada por ésta. Seguro que en unas horas se me habrá pasado.
P.D. 2 Sigo desconcertada por el cambio de hora. Esta mañana acabé enciendo la tele a eso de las nueve y me encuentro con "Sensación de vivir", cuando aparece el padre de Dylan y este deja a Brenda por Kelly, no puedo evitar preguntarme por qué atesoro en mi memorio tanta información inútil.
P.D. 3 Fiel a mis principios me voy a ver "Que el cielo la juzgue", Gene Tierney está impagable en esa película. Un par de cervezas y dos tequilas compartidos siempre son mejor que una tarde de domingo.
P.D. 4 El título, obvio, se lo he robado a Quique González.
Me gustaría explicártelo. Sé que lo entenderías, supe que lo sabías, de seguro que acabaré por hacerlo. Siempre lo hago, más temprano que tarde, aunque tengas tus dudas. Y tú preguntarás y dejarás de sonreir adoptando ese aire de superioridad docente mientras damos vueltas y vueltas sin rumbo ni dirección en una ciudad fantasma a altas fiebres de la madrugada. Me llamarás E. por cuarta vez y yo dudaré si corregirte. Demasiadas letras E. en esta historia. Firmamos igual, te gustaba esa coincidencia. Más tarde supe de los fantasmas que compartían esa firma. Ya era tarde, la otra E. se me había adelantado, también quiso ser tu refugio en la tormenta.
Suena Tom Waits. Me gusta esa canción. Simplemente It's closing time. No le des más vueltas. Hace meses que me acompaña. En realidad toda mi vida. Pero sí, es cierto. I don't want to fall in love with you, 'cause falling love just makes me blue.
M. acaba de cumplir los 18. El tiempo no pasa deprisa, sólo nos lo parece. Aún recuerdo la primera imagen de A. embarazada, aquel verano de hace 19 años, del que apenas recuerdo nada. En la estación de Zurich, cuando en Europa aún se viajaba en autobús y los trenes iban hacia el este. Tardarían todavía años en desembarcar los vuelos low cost en nuestras vidas.
Busco un vuelo para las Navidades, algo más de dos semanas de vacaciones. Todo me resulta carísimo. Volar desde Asturias es una utopía por menos de 300 euros. Iberia tiene el monopolio. La opción de quedarme no se contempla. Me gustan las Navidades. Tengo la extraña capacidad de seguir disfrutando de ellas. No sé por cuánto tiempo. Mientras las presencias superen a las ausencias.
Mi lista de prioridades se incrementa de forma inconstante. El alicatado del baño, un sofá de piel rojo, paredes pintadas de blanco y un televisor renunciable. D. no opina lo mismo. El fantasma y la Sra. Muir no es digna de verse en una pantalla de ordenador. Los televisores de ahora se cuelgan en la pared, dice. Me ahorro el mueble, cierto. Me parece una razón convincente. Pero ganan el plato de ducha y su respectiva mampara, tengo la manía de ducharme todas las mañanas y algunas tardes. Ahora todo se paga a plazos, me apunta alguien.
Mi compañero sigue hablando solo y sigue sin hablar conmigo. Tampoco yo con él. Lo intenté, al principio. Un día traté de hacerle una consulta, procedimiento sancionador abreviado. Al fin y al cabo es abogado. No supo contestarme. Fin del intento de socialización. El cine manga y los videojuegos me resultan ajenos y carentes de interés, a él todo lo demás.
Tengo que hablar con el portero. Toda una novedad tener portero físico. Prometió cambiarme la cerradura. Puede que sea una paranoica, pero no pienso pasar una sola noche en mi nueva casa sin haberla cambiado antes.
Un usuario de los servicios públicos me regala una caja de bombones por hacer mi trabajo. Él considera que le he perdonado la vida. Intento sacarle de su error. No lo consigo y me como los de chocolate blanco y con leche. Regalo el resto. El chocolate ya no me pone. Será mi comida del día. Esta tarde tengo una cita y pretendo lucir un vestido que hace un año que no me pongo.
Ayer estuve en Primark. Mi primera compra allí y la tercera vez que entro desde que la abrieran hace ya más de un par de años. Me producen urticaria esas bolsas de rejilla y los montones de ropa desordenada me confunden. La primera vez que entré las colas, la ropa horripilante y el olor a petróleo de la sección de zapatería me hicieron salir por pies sin mirar atrás. Me compré unas medias. Hace siglos que no me pongo una falda y/o vestido. Pero hace demasiado frío, no creo que las estrene. Los panties son más cómodos, aunque menos prácticos para según que menesteres. Hoy me apetece ir al cine.
Me llama M. El Mexicanito lindo ha regresado. Cómo contarle que nunca se ha ido.
Y es que soy muy mía y a la vez muy del cosmos, muy de las tinajas y de los moldes de galleta, de las vainas y los pomos cromados, de la cola y el carril más lento, de embalsamadores y taxidermistas, del rincón del aburrido; soy muy de los desprendidos de la crítica, fiestas provocadas y tijeretazo en casa, del orden cosas y cosas por vicio. Soy muy de todo esto y de aún más cosas. Sólo espero que alguien me reclame... sería muy violento tener que hacerlo yo misma...
Deja tus paranoias o tus deseos, gritos al aire, diarios, confesiones, declaraciones de amor o de guerra, o simplemente tu firma, tu mensaje, tus besos, saludos o consejo, bromas o entusiasmo, reminiscencias o cañones recortados, y ya descubriremos si tenemos algo de lo que hablar...
Ser ese pincel aguado por la lluvia que esboza en cada bocanada una bahía, dos volcanes y diez maneras de decir lo que deseas. Una bandada de gaviotas. La ginebra. Las noches sin futuro. Una colección de lunas llenas. Las verbenas de barrio. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Arrastrando la cobija. Tristezas a la carta por alegrías. Billie Holliday rasgando la noche. Una visita imprevista y deslenguada. Los calvos que se quitan el sombrero. Las noches "nuremberianas" al calor del Eulenspiegel repletas de ron, humo y conversaciones. Aquella voz, aquel acento."Mis" poetas: Á. González, Huidobro o Cernuda. La lluvia que parió charcos y barro. Viajar en tranvía. Volar cometas. Un par de botas sucias. El canto del urogallo. Alain Delon en "Rocco y sus hermanos". Caminar sobre hojas secas. Las tímidas que salen respondonas. Aviones que despegan. Las rosas amarillas, los lirios, las violetas. Las raras excepciones. ARJONA (con mayúsculas). Medianoche en una estación de tren. La honestidad brutal de Calamaro. Una tormenta sobre el azul inmenso del océano. Aquella buhardilla en la Peissenbergstr. Silvana Mangano en "Arroz amargo". Pisar charcos. El 14 (y la lluvia) de abril. Mi chupa de cuero. La Coca-Cola (nadie es perfecto). Besos con risas. Silvio y Ojalá como coartada. Lengua con besos. El castellano de Umbral. Esencia de playa y sal de un lugar donde habitaban las gaviotas. Pisar charcos. Un vestido y un amor. Salitre 48. EL hombre del piano. Luka, el niño del 2º piso. Compay y Celia, el son y la salsa de luto. La primera mirada por la ventana al despertarse. Las noches que sonríen en forma de luna. Estoy Bartok de todo. El olor a tiempo desgastado. Simon & Garfunkel. Waits & Cohen. Los trenes que viajan hacia el este. Rosas a Rosalía. En Lisboa, sobre lo mar. El cambio de estaciones. Dylan y su hijo Jakob. Un amanecer en la playa del Silencio. El piano ha estado bebiendo. Puentes que se cruzan en ambos sentidos. El Urriellu. Una Delirium Tremens. Las carreteras secundarias. Un otoño de párpados caídos. Los domingos al sol en el Englischer Garten. Camarón sin camisa. Frambuesas en la tarta. Las sesiones de madrugada. Las montañas mágicas de esta tierra que plantó mi corazón recibiendo el regalo de la lluvia. Chavela por Jose Alfredo. Los labios que aprovechan los rincones más olvidados, más olvidables. Veloso y su fina estampa. El miedo, el futuro incierto, el camino, la búsqueda. Je vous ai apporté des bonbons parce que les fleurs c'est périssable. Los que pudieron ser y no han querido... Dream, baby dream.