jueves, agosto 13, 2009


Los efectos secundarios del salitre y el cloro, de los rayos de sol que se cuelan entre la glicinia y la hiedra, el olor a romero y barbacoa, a pan horneado en horno de leña y a risas de una infancia recién estrenada. Tiempo desgastado en largas tardes de estío.

Aeropuertos y aviones en el horizonte. Inmobiliarias y bancos, apartamentos de 46 metros cuadrados, muebles de Ikea, pies de lámparas traídos desde Périgord y vajillas de Sussex desde un séptimo piso.

Puede que tan sólo sea la calma que precede a la tormenta.

0 perdidos en el laberinto:

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