miércoles, noviembre 03, 2010

Es la vida... la tuya, la suya, la nuestra... pero ha podido ser un sueño



Si hay algo que a Sal le gusta tanto como las listas, es hacer miniencuestas en su entorno más inmediato sobre cuestiones propias. Que no sabe qué camino seguir, qué decisión tomar o qué color le sienta mejor a su tono de piel, pues pregunta aquí, allí y más allá y suma, resta, y multiplica dibujando tablas a dos columnas y concluye.

De este modo, esta mañana, decide preguntar en su entorno laboral, eminentemente masculino, sobre mi invitación de este viernes. Evidentemente sin permiso, el mío, se entiende. Poco importa, porque aunque me hubiera preguntado y le hubiese dicho que no, que ni se le ocurriera, lo habría hecho igualmente.

Así que en su quinto email de la mañana -el primero fue para enviarme un enlace sobre una noticia de Bruce en Roma que ya había leído, el segundo para decirme que habían salido las notas (corte en 70 con 80 aprobados en el turno libre y de 35 con 26 en la promoción), el tercero para confirmar que sí, que está embarazada quién yo sé, que ya es oficial y que tiene 41 (los correos son más discretos que las llamadas telefónicas extensión a extensión), el cuarto para decir que el café a las 11:10- me envía un estudio pormenorizado del resultado de su breve encuesta, las respuestas del respetable masculino a la pregunta: ¿Si una chica te invita a su casa un viernes noche a ver una película del año de la polka en blanco y negro, probablemente "The gosh and Mrs. Muir" en versión original subtitulada, cómo lo interpretas, polvo o película, truco o trato?

Y yo me doy por vencida. Que luego la inmadura soy yo, la infantil e ingenua, y sigo sin entenderlo, tal vez por eso. Me he pasado media vida escuchando decir a los hombres que las mujeres somos complicadas y retorcidas, que nunca decimos lo que pensamos o que en todo caso decimos justo lo contrario, que preguntamos sólo para que nos reafirmen y escuchar lo que queremos escuchar, que ellos son más honestos (en esto estoy de acuerdo, pero sólo consigo mismos), que están cansados de los malentendidos, de los juegos de palabras, de las dobles intenciones, de que no tomemos la iniciativa y luego resulta que si invitas a alguien a casa a VER UNA PELÍCULA, te estás insinuando; pero si le dices literalmente que lo que quieres es acostarte con él, sale huyendo asustado.

Porque si yo quisiera lo segundo, que no lo quiero, lo diría sin ambages, y parece que no, que eso también es un error. Que Sal, la voz de mi conciencia me lo recuerda:

-'¿No te acuerdas, bonita, de que llamaste energúmeno a aquel tipo que se abalanzó sobre ti en el sofá al que te había invitado para el último café y tú, aunque ni siquiera te gusta el café, aceptaste porque tenías curiosidad por conocer su casa; o de aquel bombero que se empeñó en enseñarte su colección de vinilos o de lo que me contabas hace dos días, que te envía E. un SMS a eso de las diez porque se está preparando una pizza y te invita a cenar y a que te pases por su casa y como tú respondes que ya has cenado, tres SMS's después no le queda otra que decirte a las claras que lo que quieres es que te presentes con un abrigo y nada debajo... intuyo que cenó solo; o por qué crees que el que yo considero que hubiera sido el perfecto padre para tus hijos te acompañó el viernes hasta casa donde tú le despediste antes de entrar en el portal con los dos besos de rigor y un hablamos? ¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que le dijiste a un tipo, al extraño, ¿follamos? o quiero follar contigo", que no recuerdo, desde un taxi y a altas fiebres de la madrugada?... Pues eso, métete en esa linda cabecita que nunca peinas, que la última copa nunca es la última.

Lo asumo, mi mente es plana, hablo un lenguaje diferente, tendré que agenciarme un diccionario Daeddalus-Resto del mundo/Resto del mundo-Daeddalus... y o anulo la cita o a ver cómo le explico a mi expediente X que sólo habrá película en blanco y negro y en versión original...








P.D. Kim Novak y William Holden en "Picnic"



[Escuchando a Los Madison, que con permiso de "The Promise", ésta está siendo su semana]

Ha podido ser un sueño, pero es la vida... la tuya, la suya, la nuestra



Me pide que le reserve el sábado, que debemos hacer algo no ya especial, sino diferente. A lo mejor es que también cobra una subvención para hacer planes no ya especiales, pero sí diferentes, con las chicas raras. Y no sé si me apetece del todo aunque sé que debería apetecerme y por tanto asiento y prometo pensar en algo que sin ser excepcional sea distinto (se admiten y agradecen, por cierto, ideas). El viernes no, que se supone tengo una cena con otra gente, incluidos mi amiga Sal y el que según ella hubiese sido el perfecto padre para mis hijos ya batiéndose en retirada pero sin acabar de abandonar el fuerte. Sólo que ellos aún no saben que no tengo la menor intención de asistir, y juro que no mentí cuando confirmé mi asistencia; que un mal plan para una noche de viernes ha acabado por resultar un buen plan ante la ausencia de ellos. Aunque el plan sea cena y copas con gente estupenda, encantadora y simpática, de verdad de la buena, pero con la que no tengo nada de lo que hablar y menos ganas de hacer el esfuerzo; que al fin y al cabo las no conversaciones sean lo de menos, porque lo más probable es que acaben en algún inmundo local de salsa descoyuntándose las caderas entre palmeras de plástico a ritmo de danzón y merengue. Para una arrítimica como yo ése es un límite que ni atiborrada de dry-martinis se debe traspasar.

Así que miento sin remordimiento alguno y digo que el viernes no tengo planes. Aunque sea una mentira temporal y a corto plazo, que en un momento indeterminado de esta mañana dejó de serlo para convertirse en certeza, cuando le envié un SMS a Sal para decir que retiraran un cubierto de la mesa, y que le dijeran al cocinero que el bacalao es una buena opción, que la única a la que no le gustaba no va a asistir a la cena; y que no, que no tengo planes, que ya se me ocurrirá algo, terminar ese libro de Simonetta Agnello-Hornby, que por cierto no me está gustando nada, y "Tormenta de espadas"; finiquitar la cuarta de "Mad men", aunque me hayan 'espoileado' el final y comenzar con "The walking dead"; escuchar hasta el paroxismo "The Promise" e imaginar que estás a mi lado y lo exploramos y descubrimos juntos.

Sal increíblemente no se los cree, mi listado de posibles y/o probables planes, digo. Viene a decir algo así como que ni modo. 'Ándale, que tú a mí me estás ocultando algo... que estos días estás muy rara, más de lo normal, si cabe'. Y es que se ha vuelto muy suspicaz desde que le conté mi teoría del asburdo y de lo extraño, suspicaz y ofendida por no habérselo contado a tiempo, en su momento, y ahora se imagina cosas que no son o que tal vez sí sean, pero no como ella se imagina. Y le cuento que bueno que sí, que el expediente X ha vuelto a llamarme. Pero no se emociona demasiado, no tanto como lo hizo cuando le dije que el que según ella sería el perfecto padre para mis hijos, lo hizo. Y es que el segundo le cae mejor que bien y al primero apenas le conoce, sin que tampoco parezca tener muchas ganas de hacerlo. Y vuelta la burra al trigo, que no sé lo que quiero aunque yo sí crea saberlo y por eso me equivoco siempre y elijo lo absurdo y lo extraño frente a lo terrenal, real, realizable y no sé cuántas "r" de más. Nunca ha acabado de entender que lo que ella encuentra interesante a mí me deja fría, y viceversa. Parece haber olvidado la única vez que nuestros intereses convergieron, como ni para ti ni para mí, y eso que yo me aparté para darle a ella una oportunidad perdida para ambas y brindársela, por contra, al Holandés errante. Muy de cuando en cuando me acuerdo de aquel leonés que me susurró al oído que jamás tiraría diez años de amistad a la basura por una mujer que acababa de conocer.

Así que le cuento que volvimos a hablar, mi expediente X y yo, decidido ya que el sábado se lo reservo a él y el viernes me lo reservo a mí. Y cómo me pregunta qué haré por tanto este viernes sin planes, si me quedaré en casa a ver una película de Steve McQueen acompañada de helado de dulce de leche. Hace tan poco que me conoce y ya sabe tanto de mí... Y le digo que sí, probablemente, que Steve McQueen siempre es una buena opción, y él bromea y dice que entiende que no es competencia frente al bueno de Steve. Y yo digo que en todo caso me apetece volver a ver una vez más "El fantasma y la Sra. Muir", que es mi película favorita; o tal vez "Picnic". Que así, sin querer decir, ya puede ir tomando nota de cuál es mi película preferida, aunque en realidad no tenga menos de cien películas preferidas; y tener presente que jamás bailaré como Kim Novak, aunque imagino que él tampoco se quitará la camiseta como Wiliiam Holden. Y él dice que desde luego es un buen plan y yo le digo que si quiere le invito a compartir película y helado, pero que yo elijo ambas cosas. Y cuando se lo cuento a Sal pone el grito en el cielo sin dejar de tener los pies en la tierra.

'¿No se supone que esta vez querías hacer las cosas "bien" y tomarte tu tiempo y nada de nada antes de la tercera no-cita, etc, etc...?'. Pues sí, quiero hacer las cosas "bien", y tomarme mi tiempo, y nada de nada antes de la tercera (o la qué sea) no-cita. Lo mantengo, lo quiero y pienso intentarlo... Pero Sal no comprende, no le salen las cuentas, porque si quiero todo eso, por qué le invito a ver una película en casa un viernes por la noche. Y yo, obvio, no comprendo a Sal, porque mantener mis deseos no creo sea incompatible con ver una película en casa un viernes por la noche. 'Que no, no aprendes nada, no aprendes nunca, Dae; porque si no quieres acostarte con él (aún), por qué vas a invitarlo a ver una película en tu casa un viernes por la noche'. Pues porque no quiero acostarme con él (aún) y sólo quiero ver una película en mi casa un viernes por la noche, que para mí invitar a alguien, a un hombre en este caso, a ver una película en casa un viernes por la noche equivale exactamente a eso: película+helado sentaditos en el sofá+dos besos de buenas nochés+tú en tu casa y yo en la mía...

Y claro, me entra la duda, porque parece que hablamos dos idiomas distintos, porque cuando yo digo "ver una película", quiero decir "ver una película"; aunque según Sal cuando una dice "ver una película", quiere decir "echar un polvo", y sin el añadido de tener que discutir si en tu casa o en la mía. 'Para que luego preguntes qué equívocas señales emites, y no, que te conozco, ni se te ocurra llamarle para explicarle que cuando le has invitado a ver una película en tu casa el viernes por la noche le invitas exactamente a eso, que no vais a follar ni nada por estilo'. Y yo ya tengo el teléfono en la mano...





P.D. Natalie Wood y Steve McQueen en "Love with the proper stranger".

Se pregunta Josele Santiago que por qué escuchar si las cosas no escuchan, aunque antes rieran y ahora se van




Recuerdo ahora aquellas primeras palabras del joven Marías en "Corazón tan blanco", uno de mis libros favoritos, uno de mis comienzos preferidos...

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados".

Porque de alguna forma aquellas palabras fueron el comienzo de todo aunque yo entonces no lo supiera. Y es que yo no quería saber, pero supe... y no, no me avergüenzo de que mis manos sean de tu color, ni de portar un corazón tan blanco...

Y porque hoy quería hablar de ti. Pero no voy a hacerlo porque me he prometido a mí misma que la próxima vez que te nombre sin nombrarte será la última; si bien es probable que no llegue a cumplir mi promesa, al fin y al cabo poco importa, que dudo nadie sepa de quién hablo y tú imagino ni siquiera ya lees esto. Y no, no quiero que desaparezcas, no todavía, aunque en realidad hace mucho que lo hiciste.







P.D: Tina Louise

martes, noviembre 02, 2010

Confusas salidas convergen en este laberinto.




¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No... ¿Me siento halagada? Tampoco... ¿Desconcertada? Puede... pero no. ¿Indiferente? Probablemente sea indiferencia lo más cercano a lo que me provocan estas situaciones. ¿De qué situaciones hablo? Se preguntarán... o no; en todo caso yo les cuento y ustedes deciden si quieren seguir leyendo o no.

Yo no he sido nunca especialmente llamativa, ni guapa, ni atractiva; no soy de ésas en las que te fijarías nada más entrar en un bar, ni te darías la vuelta para mirarme si paso a tu lado por la calle. Tengo mis días, supongo, que ya decía Coco Chanel que no hay mujeres feas, sino mal arregladas, aunque yo sí creo que hay mujeres feas, y hombres, y hasta mediopensionistas. Porque tampoco estoy de acuerdo con que a los segundos se les perdone todo si son simpáticos o si nos hacen reir, porque en todo caso serán los tipos simpáticos, pero feos. Y sí, lo sé, tengo un gran defecto y una gran tragedia (en realidad tengo muchos, pero eso ustedes ya lo saben) y es que a mí me gustan los guapos, y bueno, también los feos atractivos, que en definitiva suelen acabar por tener más de atractivos que de feos, y a mí me interesa más el atractivo que la belleza. Eso sí, sin olvidar que la belleza y el atractivo son dones muy mal repartidos y muy subjetivos, y que lo que a mí me parece bello a Vd. le puede resultar indiferente; al margen de ser ampliamente generosos, al menos en mi caso; que en el pack va la voz, las manos, los gestos y hasta ciertas ideas... y eso sólo sería el principio.

Tampoco me considero, ni creo serlo, sexy, sensual, sexual, ni ninguno de esos adjetivos que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. De hecho lo he repetido unas cuantas veces, mi atrofia emocional y mi incapacidad para la empatía hacen juego con mi atrofia sexual. Puede que sea una lesbiana reprimida, puede que sufra una anomalía, pero el sexo, al menos en este momento, compartir sudor y sábanas revueltas, me interesa menos que nada. En realidad suelen ir a la par, mis épocas de carestía emocional con las de carencia sexual, lo que me lleva a plantearme algo que no me gusta demasiado, que he acabado con el paso del tiempo y de los años y de los amantes más o menos circunstanciales, establecindo una relación inequívoca entre sexo y emociones y probablemente sentimientos; llegando el momento en el que nada se soluciona ya con un polvo en los baños masculinos de cualquier bar con un desconocido cualquiera en una madrugada de sábado cualquiera. Aunque nada se solucionase entonces, pero ustedes ya me entienden.

Por todo lo anterior me desconcierta, en parte, la hipersexualidad despertada este otoño en parte de mi entorno masculino. Y no me refiero al virtual, a que haya ciertos lectores que opinen que lo soy o que lo parezco o que se lo pregunten, sexy, sensual, sexual, todas esas palabras que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. No a que alguien, no recuerdo quién, me diga que más que sexy soy erotizante o excitante, que parece que no viene a ser lo mismo, y no sé si me gusta del todo la idea, que de poder elegir me quedaría sin duda con lo primero. No, me refiero a que amigos del género masculino, y hablo de amigos a secas, nada que ver con ese concepto del que yo apenas gasto, nombrado por cierto por una palabra que odio, "follamigos"; hombres con los que he compartido, cenas, cines, confidencias, charlas, cervezas y en algunos casos, no en todos, en realidad en los menos, intimidades varias en el principio de los tiempos; en otros, más recientemente; me vengan ahora con urgencias y deseos insatisfechos. Como si sus lindas cabecitas hubiesen resuelto la siguiente ecuación:

Follar= Chica rara triste y solitaria+vive sola+lado izquierdo de su cama vacío+evidentes síntomas de atrofia emocional, victimismo y ego y vanidad desorbitados

¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No.

¿Me siento halagada? Tampoco.

¿Desconcertada? Puede... pero no.

No creo que ser deseada sexualmente sea un motivo de halago, tampoco me ofende o me molesta, pero sí es cierto que en parte me desconcierta porque para nada es lo que yo busco, provoco o deseo y me lleva a plantearme qué tipo de "señales" transmito para que no uno, ni dos, ni tres personas en los últimos tiempos, y hablo de un período digamos de un mes, personas que me conocen y pese a todo me aprecian, de repente me hayan convertido en su obscuro objeto de deseo. Por no mencionar a la contra, que al único hombre al que yo he deseado en parte (aunque tampoco era exactamente eso lo que buscaba en él, pero vamos, que sí en determinados momentos, no tengo por qué no reconocerlo) me haya rechazado. Aunque ésa sea otra historia...




P.D. Mylène Demongeot

Lo que viene a continuación sólo lo entiendo yo, y para no variar, carece de importancia, así que se lo pueden ahorrar (pero qué a gusto me he quedado, oigan...)




Acá fuera no suelo hablar demasiado de mí, aunque hable, mucho, más de la cuenta demasiadas veces. Tiendo a decir lo que pienso sin pensar lo que digo, pero raramente, y más de una vez lo he contado, digo lo que siento; hasta que lo hago, claro, normalmente a destiempo, a deshora y con importunidad absoluta; pero ésa es otra historia.

Generalmente establezco dos compartimentos estancos, lo que cuento aquí, que nunca contaría allá, y el resto, con lo que aplico la técnica contraria. Así que hay una parcela, no excesivamente grande, de intimidades varias, que mis conocidos desconocen y a la que rara vez tienen acceso. Aunque de cuando en cuando caiga, que más temprano que tarde una necesita desahogarse y vaciarse, especialmente cuando sabes que no vas a ser escuchada ni tenida en cuenta.

Hace no demasiado tiempo me sucedió algo extraño, aunque probablemente no lo fuera tanto y fuera más mi empeño por clasificarlo de algún modo, maldita manía la mía la de controlarlo todo y la de ponerle a todo un nombre; firme creyente de la teoría de que si algo no puede verbalizarse, de que si algo no puede por tanto buscarse en Google, no existe. No lo hablé con nadie, no suelo sentir demasiada necesidad de compartirlo, al menos al principio... después sí, porque durante al menos una semana, y una semana en algunos casos puede ser mucho tiempo, que al fin y al cabo es muy relativo, la intuición me apuñalaba el pecho sin descanso ni demora. Pero a mí la intuición siempre me falla, porque le busco básicamente cinco pies al gato, porque siempre olvido que la explicación más sencilla y razonable, la primera que nos viene a la mente, suele ser la correcta. Porque a veces nos negamos a ver la realidad, y ponemos tanto empeño en ello, que hasta lo conseguimos.

A día de hoy y supongo que ya no importa aunque mentiría si dijera que no me importa, sé que probablemente me equivoqué, aunque no lo sé de cierto, y que miraba en la dirección equivocada, o no, que tal vez había más de una dirección... sí, probablemente fuera eso. Y que volví a equivocarme cuando pregunté a quién no debía, claro que yo ni imaginaba que no debía, que no era la dirección correcta, precisamente porque era la dirección correcta. Y desde luego no puedo dejar de decirlo, me quito el sombrero, reverencia incluida, ante quién corresponda...

Me gustaría pensar que he aprendido la lección, que de ésta habré aprendido a callar un poco más, probablemente no, probablemente tropezaré de nuevo una y otra vez con la misma piedra, y no me da miedo, ojalá vuelva a suceder, que fue bonito mientras duró... aunque supongo que no soy la única que lo piensa.


P.D. Anne Francis

Onanismo visual (V) + The promise's temptation = Una larga noche de rock'n roll



lunes, noviembre 01, 2010

En tren con destino errado se va más lento que andando a pie... bien lo canta Jorge Drexler




Bajábamos por la calle El Rosal sorteando a recién salidos de la adolescencia con dos copas de menos para alcanzar el coma etílico, y no podía evitar preguntarme cómo yo, cómo nosotras, a los veinte, podíamos ligar con nuestros Levi’s pesqueros, los lazos de Don Algodón y esos jerséis Privata dos tallas mayores; viendo a esas chiquillas luciendo cinturones a modo de minifalda y esos tacones imposibles desafiando a la gravedad y a la lluvia. Cómo incluso ahora y no sólo por los años de más, puedo competir yo, que no me apeo de unos vaqueros, aunque esa noche me hubiera encaramado a unos tacones y hasta me hubiese peinado… no quise tentar a la suerte y no verbalicé mis temores.

Así que seguimos rememorando nuestros años jóvenes y llegando a la conclusión de que ninguno de los dos regresaríamos por gusto a ellos, renunciando a nuestros 34 y 35 respectivamente; e íbamos enumerando nuestros locales preferidos de aquellos años, el ‘Mare Nostrum’ o ‘la Maniega’ con sus bancos corridos, el ‘Policía’ o ‘La Imprenta’, donde servían esos chupitos que llamaban ‘el semáforo’ y por los que tendrían que pagarme hoy a mí para bebérmelos. Saltamos de ciudad en ciudad y decidimos que los mejores antros están en Malasaña y que es una pena que en Cimadevilla se perdiera el espíritu canalla de lugares que probablemente habiten el olvido, como aquél en el que nos tomaron por profesionales del sexo y donde ofrecieron pagarme mil duros, o el ‘Cirigüeña’, cuyo camarero era el chico más guapo que yo haya conocido nunca; él mismo que infructuosamente trató de enseñarme a jugar al mus en aquella cafetería que había detrás de ‘peritos’, cuando aún la Escuela de Ingenieros Técnicos Industriales era ‘peritos’ y estaba en la calle Manuel Llaneza, y a donde nos escapábamos a la menor oportunidad, no sólo para verle a él, sino porque los tíos que estudiaban allí eran menos serios y adustos que nuestros compañeros de pupitre en Viesques.

Tanta nostalgia es lo que trae, que acabamos en el 'Ca Beleño', después de tantos años sin pisarlo y lugar al que siempre acabo volviendo en los momentos importantes. Y tal vez éste lo fuera, quién sabe, porque cuando le advertí que no me tomara en serio, que yo no era mucho más que una chica un tanto rara, él contestó que ya lo sabía, que cobraba una subvención del Principado por invitar a las chicas raras a cenar, así que no me quedaba otra más que aceptar su invitación a una cena, que necesitaba una factura que presentar.

Se levantó a pagar, él invitaba, que las cervezas también desgravan; mientras sonaba su teléfono y atendía la llamada y yo me quedaba sentada apurando mi ‘guinness’ y observando al respetable sentado en la terraza a través de los cristales. De pronto creo reconocer una cara y pienso que es imposible, improbable e indecente. Aunque en realidad ‘impossible is nothing’, que diría aquél; altamente improbable, sí, cierto; e indecente al menos para mí, el estar en mi ciudad y no habérmelo comunicado. Me pregunto qué haré yo cuando en breve y en visita lúdica, visite la suya, si también caeré en la indecencia de no reportarme y decir, hey, babe, que ando por tus calles. Pero no es él, y ni siquiera se le parece cuando paso a su lado y puedo verle de cerca. Y vuelvo a interrogarme a mí misma con un qué hubiese hecho de haber sido, si hubiese dejado plantado a mi expediente X para lanzarme a sus brazos, como aquella vez con un medio novio en el ‘Diario Roma’, al que dejé literalmente tirado cuando apareció en mi horizonte quién yo nunca quise que se perdiera en él, robándoselo a Jorge Ilegales, con el que como cada sábado a eso de las dos, compartía tragos y conversación.

Regresa a la mesa y me mira con una sonrisa a la que tal vez podría acostumbrarme, mientras yo trato de obviar a la memoria, siempre traicionera e inoportuna, dispuesta a recordarme a cualquier precio que las comparaciones son odiosas y que en ellas siempre sale alguien perdiendo; alguien que no es tan alto, ni tan guapo, ni posee tanto talento, ni una voz tan ronca, ni unos ojos de color tan indescriptible, y cuyos besos tal vez no sepan a noviembre… al mejor de los otoños.




P.D. Greta Garbo

sábado, octubre 30, 2010

Tengo una pregunta para usted

He descubierto eso de Formspring y me ha hecho mucha gracia. Dudo que alguien tenga interés en hacerme alguna pregunta, se pueden hacer de forma anónima, por cierto. Pero ahí lo dejo, en la parte izquierda... en todo caso, prometo contestar...

Y no estoy borracha, aunque debería o parecería... que estas cosas a mí nunca me han pasado o no me pasan... Es como si hubiese mordido la manzana de Blancanieves o soplara el viento del sur y hubiese perdido la brújula que indica el norte. Que no me conozco, ni me reconozco a mí misma queriendo ser otra y estar en otro lugar... en el de cualquiera... no, no en el de cualquiera, no, en el mío, siendo yo, pero siendo esa otra... que pudiera entenderte o consolarte o apoyarte o ser... simplemente ser. Y ni siquiera entiendo por qué...



[E. se hubiese sentido muy orgulloso de mí. Él que es incapaz de soltar una sola lágrima desde la muerte de su padre, al que yo siempre he envidiado por eso, por mi tendencia a parecer María Dolorosa y ser la llorona universal siempre a punto de correrse el rímmel que nunca me quito, con mis perennes cercos oscuros bajo los ojos. Pero no, y a punto estuve, y ahí se quedaron, justo al borde, luchando por emerger sin que yo hiciera nada por impedirlo, y en el último momento decidieron dar media vuelta. Al menos sé que aún tengo lágrimas, y que probablemente más temprano que tarde, tal vez esta noche, volverán a hacer acto de presencia]

Ya lo dijo Alejandra Pizarnik, sólo tú haces de mi memoria una viajera fascinada, un fuego incesante





Ha resultado, el que según Sal hubiera sido el perfecto padre de mis hijos, un tipo más inteligente de lo que parecía. Se ha retirado a tiempo. Disculpándose por su vehemencia, así lo ha dicho literalmente, "creo que he sido muy vehemente, y tú tienes las cosas muy claras, Dae, clarísimas". Y yo me he sentido un poco así, rara, con la sensación de que esa retirada a tiempo le supone a él una victoria y soy yo por tanto la que quedo derrotada. Que supongo que sí, que es absurdo, bueno, exactamente absurdo no; más bien es indicio de mi elevada idiotez y falta de madurez, que un tío me rechace porque previamente le he rechazado yo sin rechazarle objetivamente porque ha resultado ser lo suficientemente intuitivo como para darse él cuenta y me sienta, no sé, ¿ofendida?... en fin, no sé qué más ha dicho, que yo en definitiva no le enviaba ninguna señal o algo así, es que ya ni le estaba escuchando, desde lo de 'vehemente', palabra que se quedó flotando en el aire hasta que se pegó a las solapas de mi americana y me di cuenta de que efectivamente, 'vehemente', lo fui yo no hace tanto, con otro, claro, se entiende; y nada mejor que recibir de tu propia medicina para darte cuenta de lo fácil que es perder los papeles con un tipo extraño y aparente; que ahora resulto ser yo la extraña, no tan aparente.

¿Duele? No, supongo que no, es obvio. Doler, duelen otras cosas. Cuando te rechaza alguien a quien tú sí deseas. Entonces el desamparo sí es absoluto. ¿Mal entendido orgullo? Probablemente, que al fin y al cabo la suya ha sido una reacción adulta. Y ya van tres de tres... retiradas a tiempo y reacciones adultas, digo; y ninguna por mi parte, todo hay que decirlo. Situada yo en el lado contrario del ring, a verlas venir.

En uno de los tres casos, sin haber sabido encajar los golpes, por cierto; que supongo ahora puedo decirlo, que me he comportado como una idiota. ¿Volvería a hacerlo?, sin duda; ¿lo seguiría haciendo?, probablemente; ¿se me pasará y/u olvidará?, supongo... ¿Quiero que se me pase?, no; ¿tendría que hacerlo?, sí. ¿Debería irme a la cama y no estar aquí contando esto? También...

Que había prometido comportarme, mantenerme sobria, alejada del teléfono y en modo olvido on. Y he cumplido... al menos una parte, no del todo, que no puedo evitarlo, o no quiero, you know, quién sabe... y es que te echo de menos, aunque esto no tenga por qué saberlo nadie... ni siquiera tú.




P.D. Mirna Loy

viernes, octubre 29, 2010

Come on (Let´s go tonight)






Feliz noche de viernes... nos vemos en los bares...



P.D. Palabrita del niño Bruce que hoy me comporto, no bebo y olvido...

Minuto 1:40




Supongo que es mucho pedir... aunque yo me conformo con mucho menos, me conformo contigo.

Should I stay or should I go

Odio ser tan dependiente de los demás, trazar planes siempre en función de otros, y que esos otros, no uno, ni dos, sino tres, me dejen plantada y yo no sea capaz de seguir caminando en esta tarde de viernes bajo la lluvia y esta vez sí, sin paraguas. 

Learning how to live



"I can't feel my love anymore
I can't feel my love anymore
mystery and the splendor
don’t thrill me like before
I can't feel my love anymore

I don’t want to talk to anyone
I don’t want to talk to anyone
all the words that used to work
are melted in the sun
and I don’t want to talk to anyone

Faces look familiar,
but they don’t have names
towns I used to live in
have been rearranged
Highways I once traveled down
don’t look the same
Everything has changed
Everything has changed

I can’t find my joy anywhere
I can’t find my joy anywhere
all the magic vanished into the misty air
and I can’t find my joy anywhere

Now I don’t know where my faith has gone
Now I don’t know where my faith has gone
from the wonder I had a sense of
to the brightest star that shone
and now I don’t know where my faith has gone

Faces look familiar,
but they don’t have names
towns I used to live in
have been rearranged
Highways I once traveled down
don’t look the same
Everything has changed
Everything has changed".






P.D. Marilyn Maxwell y Richard Conte




[Tengo que desengancharme, y no sólo de Lucinda... a lo mejor debería volverme lesbiana]

jueves, octubre 28, 2010

Si tú estás, me vale cualquiera...



Parece ser que sí, que esta vez es la buena y que habemus concurso de traslados. Desde hace unos días circula un borrador con vacantes y todas las novedades que parece ser se incluyen en la forma de provisión. Y que sí, que ésta es la buena, la buena noticia, se entiende.

La mala, la cara B... después de esperar casi un año podrían haber esperado unos meses más, hasta febrero, por ejemplo, que es cuando cumplo yo dos años en este puesto de trabajo y así poder optar a cualquier plaza fuera de la Consejería que tan amablemente me acoge. Pero no, como no alcanzaré los dos años por poquito, sólo puedo moverme dentro de ella. Primera reducción drástica del número de plazas a las que puedo optar.

Segunda reducción al descartar las plazas en las que ganaría aún menos de lo que gano ahora. Me muero por salir de aquí, pero el maldito parné me hace más falta que nunca, que acaban de revisarme la hipoteca. Así que un puesto base sin complemento alguno no es opción.

¿Qué me queda entonces dentro de esta Consejería y con algún tipo de complemento como el que ya tengo? O quedarme donde estoy, que tampoco es una opción, o cínco míseras plazas que estarán más solicitadas que Carlos Chaouen en un día de feria.

De esas cinco, en realidad, debería quedarme con cuatro. Porque una se va a ir para alguien que conozco, interesado y con bastante más antigüedad que yo.

Otra está situada tres armarios más allá de la mía y sospecho que está tan vacía de contenido como ésta, sin contar que mi actual ordenador es mejor y que renunciar a la ventana y a ver la gente pasar por la calle Coronel Aranda es mucha renuncia.

En resumen sólo tres opciones, que dada mi escasa antigüedad y lo solicitadas que imagino estarán, me dejan en bastante mal lugar y con pocas, poquísimas posibilidades. Pero no desisto, y la esperanza es lo último que se pierde, que claro, está la opción de irme fuera de Oviedo, y pongamos elegir Tineo o Cangas del Narcea... que obviamente no es opción, aunque en ese caso no tuviera rivales.

Habrá que comenzar a sacar velas y conjurar a la suerte que siempre tan esquiva me resulta...



Y en realidad esto no es más que una excusa para escuchar a Carlos Chaouen...




"Qué te diría
Después de tantos años que me identifican
Tras algunos colchones de casas ajenas
Y desayunos con otras en camiseta


Qué te diría
Después de los partidos de cada domingo
Fui más cauto en el ilusionismo
Y la avería del mundo sigues sin vida 


Te diría que tengo los zapatos sucios
El alma desangrada de tantas mentiras
Te diría que tengo sólo el tiempo justo
Sin embargo tengo todo el tiempo del mundo


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños


Qué te diría
Despues de las palabras detrás de la hoguera
Algunos revolcones en otras melenas
y canciones sonando en cada estrella


Qué te diría
Que a veces me pierdo en mi fantasia
Y me gustan los bares donde se hace de día
Y los amantes que buscan las esquinas


Te diría que tengo las manos cansadas
Pero las tengo a punto para otras batallas
Te diría que tengo sólo el tiempo justo
Sin embargo tengo todo el tiempo del mundo


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños


Dame la mano que contigo es más llevadero
Este camino que conduce del cielo al infierno
En mis descuidos no me tomes muy en serio
Dame un papel protagonista en tus sueños".




P.D. Katherine Herpburn (que digo yo que no necesita presentación).

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