domingo, octubre 21, 2007
sábado, octubre 20, 2007
Yo, minoría absoluta
Las reacciones no se han hecho esperar.
Medida electoralista. Búsqueda de un puñado de votos. Indecencia absoluta tratándose de tan privilegiado colectivo y un montón de comentarios negativos hacia los funcionarios.
Una leyó hace mucho tiempo a Larra y pensaba que el mito de la ventanilla y el vuelva usted mañana estaba desterrado. Siendo ciudadana y usuaria de la función pública me encuentro tras la ventanilla a todo tipo de personas, que no funcionarios; amables, insufribles, invadidos por la desidia o extremadamente eficientes. Exactamente igual que cuando voy al banco o a sacar unas entradas al cine o al supermercado o pido una cerveza en un bar o acudo a la peluquería o voy a determinadas tiendas. Por no hablar de cuando acudo con una avería en el coche a un taller mecánico.
Siempre había creído que los funcionarios pagaban impuestos, sí, eso que se llama IRPF. Que sus sueldos eran por lo general bastante más bajos que los del sector privado (conozco a unos cuantos exiliados de la función pública, vía excedencia, que en busca de mejor condiciones económicas se han ido al sector privado y no han vuelto, será que lo han conseguido). Cuando acudo a determinados edificios administrativos veo en la entrada máquinas de “fichar”, así que deduzco que debe haber control horario. Hasta donde yo sé tienen 23 días laborables de vacaciones, excepto el personal docente, pero ésa es otra historia, e incluso algunos trabajan por las tardes. Increíble, un funcionario que no trabaja sólo de 8 a 3, (a veces hasta ni las cobran).
Pero no, el concepto que se tiene en este país de funcionario es de un vago y maleante que se dedica a sestear durante una media de cuatro horas al día y la sacro santa media hora del café, que nunca entra a las ocho y siempre sale antes de las dos. Ya lo decía aquél, el que vale, vale, y el que no, a hacerse funcionario. Pues oiga, yo animo a todos, valgan o no valgan, a que se hagan funcionarios. Está al alcance de cualquiera entre los 16 y los 65 años de edad. Usted preséntese a unas oposiciones, apruébelas, pongamos el ejemplo en una comunidad autónoma, 19 plazas de grupo D, para los no entendidos, auxiliar administrativo, con un sueldo medio en torno a los 1.000 euros, para las que se presentan 7.000 personas y después me cuenta.
Por cierto, yo soy funcionaria y de ser cierta e implantarse esa medida me alegraría infinitamente por los funcionarios de la Administración General que están en franca desventaja y claramente desfavorecidos frente a los autonómicos y no digamos los de ayuntamientos.
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domingo, octubre 14, 2007
Duda existencial
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Palabras que no encuentro
Tom Waits
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sábado, octubre 13, 2007
El cajero automático

Voy a la caja
de ahorros
de Asturias
a cobrar un cheque
de la Fundación Municipal
de Cultura.
Un cheque por valor
de seis mil pesetas,
por la venta de cuatro
ejemplares de mi último
libro de poemas.
Cuando por fin
llega mi turno
y me acerco a la ventanilla,
el cajero
me mira con desconfianza,
me mira como si yo fuera
a sacar en cualquier momento
una pistola y gritar
¡Esto es un atraco!
¡Manos arriba todo el mundo!.
Me exige el carné de identidad,
lo examina cuidadosamente
y después se levanta, sale
y observo que se pone
a charlar con otra persona
y que los dos me miran
y menean sus cabezas.
Luego mi cajero vuelve,
pero todavía se demora
un poco más consultando
no sé qué en unos archivos.
Finalmente, de mala gana,
me acepta el cheque.
Y todo esto
porque ha visto mis tatuajes.
Los dos tatuajes
que llevo en las manos.
En la izquierda,
la estrella de David.
En la derecha,
el rostro
y el bastón de Charles Chaplin.
Pero él, en la estrella
no reconoce el símbolo
de la libertad,
y en el rostro
y en el bastón de Charlot,
no descubre el humor,
la carcajada,
la risa sana.
No. Él no ve nada de eso.
Solo ve dos jodidos tatuajes,
y en consecuencia, una cárcel,
y por tanto, un ex
presidiario.
Yo.
El cajero automático (El demonio te coma las orejas) de David González
(en construcción)
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¿Qué lleva Isabel II en su bolso?
La respuesta es que no guarda nada. El bolso es usado para hacer señas y comunicarse con sus asesores, guardaespaldas, damas de compañía, o quién quiera que sea que la acompaña en actos públicos
Supongo que en cierta medida es casi decepcionante teniendo en cuenta que algunos consideran al bolso femenino como un pozo sin fondo a lo caja de Pandora que guarda y atesora todo tipo de artilugios.
He decidido examinar el mío, el de diario, ése que ahora llaman shopping bag debido a sus dimensiones. Esto es lo que me he encontrado:
1- El teléfono móvil. No deja de ser una ironía que haya sido lo primero que he encontrado, porque cuando suena nunca aparece y cuando por fin lo localizo en lo más recóndito del bolso ya ha dejado de sonar. Por supuesto sin batería.
2- Crema para las manos.
3- La funda de las gafas de sol sin las gafas que aparecerán más tarde.
4- 3 caramelos de café con leche.
5- La funda de las otras gafas y esta vez con ellas en su lugar.
6- El recipiente para las lentillas.
7- Un lápiz de labios.
8- La cartera. Llena y a punto de explotar con monedas de 1, 2 y 5 céntimos. Tarjetas de descuento de un número incontable de supermercados que no uso. Listas de la compra con cosas que no he comprado. Tarjetas de crédito. Carnés de mil y un sitios que no visito.
9- Agua termal.
10- Seda dental.
11- Un calendario.
12- Un juego de manicura.
13- Una pequeña cruz de madera que alguien me regaló hace mucho tiempo y que no sé qué hace aquí. Comprada, según me dijeron al regalármela, en un monasterio búlgaro.
14- Tampones.
15- Un mechero.
16- Un pequeño neceser con útiles de maquillaje.
17- El iPop con lo último de Quique González, “Avería y Redención” y las “Variaciones Goldberg” por Glenn Gould.
18- Paraguas plegable.
19- Pañuelos de papel.
20- Agenda.
21- Un libro sobre jurisdicción administrativa.
22- Cepillo y pasta de dientes.
23- Una pluma.
24- Una esponja para limpiar zapatos.
25- Una pequeña libreta para tomar notas.
26- Un botellín de agua.
27- ¿Cerillas?
28- Una muestra de colonia.
29- Dos juegos de llaves.
30- Un plátano.
31- Ibuprofeno.
32- El último libro de Vila-Matas que acabo de comprarme “Exploradores del abismo”.
33- Un sobre de azúcar y dos terrones.
34- Un bolígrafo Bic de color rojo.
35- Un CD con la película Hotel Rwanda bajada de el Emule.
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viernes, octubre 12, 2007
¿Qué será, será, será?

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La Col.lá Propinde
Podríais haberos esforzado un poquito más en el vídeo, digo. Tiene su gracia en todo caso aunque después de lo de anoche se os perdona todo a La Col.lá Propinde (léase "cochá") que no al Indio.
Quién nos lo iba a decir, Pelucas.
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miércoles, octubre 10, 2007
Quizá me he confundido de pasado, de presente tal vez, y de futuro.
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Sólo sangre
hay una máquina de escribir.
en el carro, en vez de papel,
hay un piel roja.
Vendían otros indios
en el tenderete de las postales.
les habían fotografiado
delante
de una pared
de ladrillos
de adobe rojo.
llevaban sombreros
de hongo y chalecos
de rayas.
tenían el pecho hundido.
para sostenerse
de pie
se agarraban a una botella
de whisky.
El indio
de mi máquina
de escribir
se agarra al pelo
de su caballo.
El indio
de mi máquina
de escribir
es un guerrero,
un sioux
oglala.
El ejemplo
que hay
que seguir.
Me recuerda
que no debo rendirme
nunca,
que debo mantenerme
siempre
en pie
de guerra.
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martes, octubre 09, 2007
El círculo se ha cerrado (Useless desire IV)
Muchas veces nos preguntamos o nos preguntan por qué un blog. Cuánto de exhibición o de literatura (no es este el caso). Yo misma me respondo. Desearía que me leyeras… como una vez lo hiciste. Que repitieses aquellas palabras y acabáramos por conocernos. Nunca lo hicimos.
Aquella noche desde luego no era el momento. Si hubiésemos tenido el coraje que algunos atribuyen a los valientes tal vez yo no hubiera acabado en sus brazos ni tú rozando los de ella en un ejercicio inútil entre la soledad y el deseo.
Recuerdo apenas lo que sucedió entonces. Probablemente haya preferido olvidarlo.
P.D. Quizás te gustaría saber en todo caso que hace escasos días que hemos dejado de vernos. Supongo que él te informará puntualmente, tal vez llegado el fin de semana cuando busque un hombro amigo con el que emborracharse y con el que representar el papel de amante despechado al que parece haberse aficionado.
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Antes de llegar ya me voy
Estos poemas están dedicados
a todos los que me quieren mal.
A todos mis enemigos.
Que les follen, que se jodan.
He vivido el tiempo suficiente
como para escribir este libro.
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Os presento a Henry Felgueroso
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lunes, octubre 08, 2007
Polvo de estrellas
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domingo, octubre 07, 2007
Useless desire (III)
Harta como estaba de conversaciones banales, de tímidas sonrisas, de alardes fingidos y pasiones pasadas cuando ya llegábamos a los postres que nos saltamos para ir directamente al café comenzamos a discutir sobre qué hacer a continuación dado que no nos poníamos de acuerdo. Todos excepto yo tenían su propuesta, a mí me daba exactamente igual el lugar elegido, sólo quería levantarme de esa mesa.
Muy propio de mí es alejarme de las discusiones cuando nada tienen que ver o cuando no quiero implicarme por el motivo que sea así que me levanto y voy al baño. Allí me cruzo con un grupo de treintañeras celebrando una de esas absurdas despedidas de soltera en las que las chicas van todas vestidas iguales y a la novia y futura esposa la adornan con toda suerte de atributos sexuales masculinos. Nunca le he encontrado la gracia al asunto.
Cuando me acerco a la mesa aún se seguía sin alcanzar un acuerdo y la discusión seguía especialmente enconada entre él y tú. No entiendo como no pude darme cuenta en ese momento que lo que realmente os disputabais no era la elección de bar.
Soy tímida, lo he dicho en anteriores ocasiones. Patológicamente tímida y profundamente pudorosa pero cuando me aburro, por momentos y como desafío a esa timidez me vuelvo completamente irracional e impulsiva. De peligrosa me calificó una vez alguien, a lo que yo añadiría, básicamente para mí misma, no tanto para los demás.
Tengo una propuesta, digo tímidamente y los tres me miráis. Ella enseguida me interrumpe para asegurarse que no sea uno de esos bares de mala muerte de Cimatatown a los que soy tan aficionada. La tranquilizo:
-“No, chata, es demasiado pronto para esos antros de mi perdición. Ni se me ocurriría proponértelo a ti, ya sé que no son de tu agrado. Voy a pedirle unas páginas amarillas al camarero para buscar la dirección de algún sex-shop que supongo son de horarios tardíos y aún siguen abiertos a estas horas. Había pensado que podía pasarme por allí ahora para resolver un pendiente. Podéis acompañarme o nos encontramos luego.”
Ella pone los ojos en blanco apenas unas milésimas de segundo ante vuestra inmutabilidad. Él saca su teléfono móvil y me dice que no es necesario requerir al camarero, conoce a una compatriota suya que trabaja o trabajaba de dependienta en uno. Llama a alguien que contesta al otro lado del teléfono y en un idioma incomprensible supongo que saluda y plantea la cuestión. Me pasa el teléfono.
La noruega resulta ser una chica encantadora. La tienda en cuestión resulta estar en una calle que conozco. Y ellos resulta que deciden acompañarme.
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