lunes, noviembre 08, 2010

Hoy no me apetece hablar con nadie, no me apetece escribir, sólo quiero escuchar esta canción y que sean otros los que hablen aunque yo no vaya a escucharlos... Sólo quiero comenzar a hacer las cosas bien, aunque probablemente ya sea tarde... aunque nunca, tal vez, no sea tarde. No sé, supongo...



"Didn’t go to work at all

Couldn’t even make the call
Skipped payments on my truck
Grabbed my last hundred bucks
Bought you a pretty dress
But still you’re not impressed
I’m sinking down on your love
Where is the god above
Sinking down on your dreams
And it’s harder than it seems
Took her to the county fair
And she didn’t even care
Like my first wife I couldn’t keep
She left me for the big sleep
We shared a bottle on Labor Day
When I’d walk you’d run away
I’m sinking down on your love
Where is the god above
Sinking down on your dreams
And it’s harder than it seems
Trying to get to you ever since I made parole
Trying to put some heaven in this basement home
Talk of going back to school
Show them all you’re not a fool
Talk of going back to bed
And we watch TV instead
And sometimes I feel like this
I need more than a kiss
She is only 12 years old
She don’t believe in God".





P.D. Betty Field






[Es más, se me acaba de ocurrir algo... Como a mí no me apetece, que sean otros los que escriban, jornada de puertas abiertas. Tú escribes, me lo mandas, y lo publicas aquí. Y como ya saben y es público, notorio y evidente que mi egocentrismo no tiene límites y primero ha sido lo de las preguntas anónimas vía Formspring, ahora se me ocurre por un lado no sólo que escribas tú, sino que de hacerlo yo, escriba sobre lo que tú quieras. Bien de forma anónima o al email o a los comentarios... Bien, lo sé, queda inaugurada la primera gilipollez del día... tiene mérito que haya llegado a las 14:14 del mediodía y no antes. Y supongo que esto se autodestruirá... no sé, más temprano que tarde]

domingo, noviembre 07, 2010

Y para el Loco, por supuesto, siempre hay tiempo



Que cada vez tengo más claro que ésta es la mejor de las edades... entre otras cosas por ser la mía.

Podría dibujar sobre la palma de tu mano tres de los cuatro puntos cardinales



"El ríu arrastraba la vida y a veces,
dexábanos solos".

Berta Piñán




No sé cómo, ni por qué, pero acabamos hablando de calles, de sus nombres, del número en las que hemos vivido. Gana J. que ha vivido en tres continentes, en el doble de países y casi el triple de ciudades y por tanto de calles. Pierde Jota, que a lo largo de sus casi cuarenta años, sólo ha conocido una dirección.

Elegimos el nombre de una calle, de todas ellas, el que más feo, más redundante, nos parezca, y gana S., que de niña vivió en la calle Milicias Nacionales. Elegimos el más hermoso, el más sonoro, y gano yo, que un tiempo viví en el Camino al Valle de los Abedules (Birkentalweg), aunque, y esto ellos no lo saben, ni era un camino, ni conducía a un valle, más bien acababa en bosque cerrado, y por supuesto no había abedules, sino abetos; y un pequeño lago con barcas de remos, el Bärensee o Lago del Oso, que puntualmente cada invierno se helaba y me despertaba el que alguien calificaba como el más irracional de los miedos, aunque para mí fuera completamente coherente temer que el hielo se resquebrajase bajo mis pies.

Cuando ya agotado el repaso por nuestras respectivas geografías privadas y alguien bromea con que su próxima e inminente mudanza le llevará a cohabitar la calle número trece, yo pregunto cuál podría ser nuestra calle favorita, al margen de nombres, que eso ya lo hemos dilucidado. Y no entienden, y tengo que explicar que hay muchos motivos por los que te puede gustar una calle. Porque te gustan sus edificios, o el estado del tráfico, o sus escaparates; o porque te lleva todo los días de vuelta a casa, a la tuya, o a la suya; o porque en ese semáforo te cruzaste con tu amor una tarde de noviembre o alguien te saludó al pasar desde el coche con la ventanilla bajada; o por ser la que tiene más chigres por metro cuadrado, o tiendas de Tous, o más bancos donde sentarte a tomar el sol, o más terrazas o estudios de baile, o tiene esa tienda de vinilos a medio desahuciar; o por ser la única calle empinada en una ciudad horizontal, o porque fue en la que encontraste un billete de cincuenta euros tirado en la acera o te gusta el dibujo de sus baldosas... Vamos, que motivos hay miles, incluso la ausencia de motivos es un buen motivo en sí.

Así, tras L., que nombra a la Quinta Avenida a la altura del escaparate de Saks, voy yo... la calle Leganitos, y se inicia una discusión sobre si está o no está en Malasaña, aunque para mí no haya nada que discutir, que soy de la opinión, y que alguien me corrija si me equivoco, que por poquito se queda fuera. Y con el si sí y el si no, se olvidan preguntarme los motivos de mi elección, y casi mejor así, porque razones, lo cierto es que no las tengo, o no las tenemos, porque fue una decisión a dos, tomada en común con mi amiga C., que lástima, en ese preciso instante deba estar en no sé qué centro social de Rivas o de Alcorcón o de Colmenar, no recuerdo, representando una obra; así que no sería propio llamar para preguntarle por qué aquella madrugada de regreso, bajando por Leganitos, cogidas del brazo y tambaleándonos sobre nuestros tacones, tomamos la deteminación de que debíamos elegir cuál iba a ser nuestra calle y por qué decidimos que precisamente fuese ésa y no por ejemplo María de Molina, Salitre, la calle de Mira el Sol o aquella en Puente de Vallecas en la que pasamos una noche y de cuyo nombre no quiero acordarme. O por qué no elegimos el Templo de Nebod (sic), que a ella tanto le gusta, o el Parque Berlín, que tanto me gusta a mí. Que en el caso de que hubiera habido motivos, o bien los ignoro o los he olvidado.

Así que ya saben lectores míos, sean madrileños de adopción, circunstanciales, visitantes, paseantes o residentes; acuérdense de una cuando pasen por la calle Leganitos y no olviden transmitirle mis recuerdos y decirle que en mi próxima visita, en breve espero, le llevaré unas flores. Espero que le gusten las violetas.



"Oh, the city was changing
The cigarette hit the spot
Oh, a simple distraction
From to have and have not

And the radio went silent
And all our heroes had died
Now you can buy revolution
In any color or size

Standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Oh, she never got famous
She was the star in my life
'Til we drifted like runoff
Or two ships in the night

Standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on

And I hope she's happy
And I hope she's free
Somehow we choose our own destiny

From the eve of destruction
To the valley of tears
Before it all went to voice mail
And we rang in the year

And the midnight martyrs
Well, they still hang on the cross
You can die in the gutter baby
Or learn to live with the loss

Well, I've standing on a corner watching people walk on
Thinking about a photograph
How so many people choose a lesser evil?
Living in the aftermath

Well, I keep standing on a corner, everybody's talking
Remember when we used to laugh?
How so many people choose a lesser evil?
Never giving peace a chance

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on

Down a long hard road
Such a long hard road
To hold on and move on, boys
To hold on and hold on till it's gone".

Ésta va a ser la semana de Jesse Malin...



Extraña, como un barco a la deriva sobre las olas del diluvio



Ayer me vestí de domingo, pero sólo cinco minutos antes de salir por la puerta cambié de idea y haciendo malabarismos, he llegado a ser una experta en recorrer cremalleras por mi espalda, me quité el vestido, me puse los jeans de diario y me vestí de negro y plata, consiguiendo, pese a todo, ser fiel a mi puntualidad casi británica.

Ayer me peiné, y hasta me sequé el pelo, y supongo por eso volvieron a besarme, no una, ni dos, sino varias veces; pero tuve que hacerlo con los ojos abiertos, porque si los cerraba sentía que eran otros labios los que lo hacían; diez años y un mes después. Y sentía que los dos últimos abrazos que di o recibí en este otoño que tan esquivo me está resultando, dos ciudades distintas, dos escenarios distintos, dos personas diferentes en diferentes aceras, dos chaquetas de cuero casi iguales; duraron segundo y medio más de lo preciso, y que ninguno de los dos se dibujó con un beso; que me hubiera gustado, que me besara como nadie lo ha hecho en diez años desde la última vez que él lo hizo, que me hubiera gustado despedirme con un beso de ti.

Y anoche, mientras otro lo hacía bajo la lluvia de madrugada, siempre oportuna para camuflar mis lágrimas negras, abría los ojos para evitar sentir y querer y pensar y desear que eras tú el que lo hacías con lo besos que hace una década él me brindaba.

Que el mundo es injusto, chaval, bien lo decía Sabina... que yo también sé jugarme la boca, yo también sé besar.





"No lo digas, no levantes la voz
No me pares, no lo quiero ni oír
No me pidas que contemple esa opción
No he venido para verme llorar al espejo
Esta noche

No entra en mis planes remover el baúl
Sólo aguardo a poder recordar
Calendarios que un día guardé bajo llave
Y hoy vuelven a estar en mis sueños
De esta noche

No contaba con verme caer
No contaba con precipitarme
No contaba con aparecer,
tras volatilizarme
No contaba con esto

Ahora es tarde, tú ya debes dormir
No me esperas, al menos por hoy
Mis promesas siguen en pie
Mis recuerdos no dejan de hablarme de ti
cada noche

No contaba con verme caer
No contaba con precipitarme
No contaba con aparecer,
tras volatilizarme
No contaba con esto
No contaba con eso".



P.D. Whitney Blake

sábado, noviembre 06, 2010

Colgando en el perchero el disfraz de ayer, planchando el de hoy y desempolvando el de mañana




Tengo asumido, y hace tiempo que he aceptado, que al 99,99% de las personas de mi entorno no les importo, y teniendo en cuenta que en el 0,01% restante está incluida mi gran familia, soy consciente de lo que me queda. Que es todo cuestión de elección y que no me han elegido a mí; pero porque yo le deje de importar a alguien, ése alguien no tiene por qué dejar de importarme a mí, al menos por el momento. He dicho... ¿no?




P.D. Julie Christie

viernes, noviembre 05, 2010

El tiempo se columpia y se disfraza de impostura


Si me dijeran, pide un deseo, no, no pediría un rabo de nube, que yo nunca he sido muy de Silvio, aunque sea escuchar los primeros acordes de "La gota de rocío" y por inexplicables razones, comenzar a tararear sin piedad. Pero no, haría trampa, y pediría que se me concediesen todos los deseos que fuese capaz de dibujar, como único deseo, y después ya decidiría qué hacer con ellos y por donde empezar. Tal vez celebrar un amagüestu contigo, que seguro que ni sabes lo qué es y a mí ni siquiera me gusta... pero noviembre es lo que tiene, que me gustan sus días que se acortan; y las noches largas es lo que tienen, que dan cabida a los sueños.






P.D. Henry Fonda y James Stewart

Vestida con la desnudez de corazones sin horario



Apenas pasaban de las nueve y ya era noche cerrada al salir a la plaza de Alfonso II 'El Casto'... 'Esto parece Londres', dice alguien a mi lado mientras nos vemos envueltos por la neblina y las sombras que rodean a Ana Ozores. Siempre he pensado que en noches de otoño como ésta, más de un turista desubicado debe haberla confundido con una señorita decimonónica despistada en el transcurso del tiempo. Y es precisamente por esto, por noches así, por las que me gusta noviembre. Por noches perdidas entre la niebla y la humedad de las aceras mientras subo El Rosal y enfilo Pérez de la Sala, ya a solas, apenas distinguiendo la vida entre las sombras, y ya en las cercanías del Auditorio, a lo lejos, aunque cada vez más cerca, la brasa de un cigarrillo apurado entre los labios de alguien que camina frente a mí. Y la sorpresa envuellta en su cuero negro y mi gris, que últimamente siempre visto de ese color, aunque sea de forma involuntaria y él me diga que no he cambiado nada aunque hayan pasado, cuántos, ¿diez años?, casi, probablemente, que sigo siendo the girl in black, aunque ya no vaya de negro, o no siempre, y ya no sea pelirroja y él en cambio sí siga fiel a sus costumbres, que enciende otro cigarro y se refugia en el cuello subido de su chaqueta de cuero, aunque ya asomen las canas y su sonrisa tiña de arrugas sus ojos. Y nos quedamos en silencio, sin nada que decirnos, escrutando el paso del tiempo, siempre victorioso, en nuestras miradas.




jueves, noviembre 04, 2010

Sólo quiero saber si detrás si al otro lado del espejo me esperan tus labios




Debería, supongo, ocupar el compartimento estanco de mi cerebro que vuelco en este rincón, la estantería superior izquierda esquina frivolidad, en pensar qué ponerme el viernes, por ejemplo. Si es que finalmente viene, que está por ver, que ayer me reprimí y no dije nada cuando me recordó que fuera eligiendo película; pero dudo que termine el día de hoy sin que le diga que en mi invitación no hay ninguna intención oculta de acabar en la cama. Que yo sólo quiero que las palabras signifiquen exactamente lo que significan, y punto. Y esto debería ser fácil, ¿no?. Así que debería estar ahora haciendo la lista de la compra, eligiendo película, un plan de actuación de mejora y limpieza, y muy especialmente qué ponerme; porque digo yo, qué se pone una en estas circunstancias. No es plan de maquillarse como una puerta para sentarse en el sofá, aunque yo sea de 'no sin mi rímmel', encaramada a unos tacones.

Y aunque me apetece, que sí, que no es que no tenga ganas de "ir conociéndonos", que si no me apeteciese no le hubiese reservado el sábado (si es que llegamos después de lo del viernes), ni parte del viernes si finalmente la invitación llega a buen puerto; mi mente baja dos estanterías más abajo, también a la izquierda, en ese compartimento estanco de mi cerebro volcado en este rincón, esquina sueños chiquitos e inalcanzables e irrealizables e irreales e imposibles y métanle ustedes todas las "i" que les plazcan. Que no sé si es que no puedo, o simplemente que no quiero; que no viene a ser lo mismo aunque acabe por ser igual. Y es tan absurdo, y tan estúpido, y obsesivo, e idiota, que me asusta un poco, tal vez demasiado, lo justo, lo necesario.

Y Sal acaba de enviarme el segundo correo de la mañana. El primero trata de disquisiciones laborales que no vienen a cuento y que aquí no tienen cabida. En el segundo me hace prometer lo que sabe que no cumpliré más temprano que tarde, dejar las cosas como están; y me pregunta si ya he hecho la lista, que ya les comenté que ella cree firmemente en el poder sanador de las listas, que ya lo cantaba Drexler, ya saben, tu corazón va a sanar. La lista en la que inicialmente debía recoger a dos columnas los pros y los contras del que según ella sería el perfecto padre de mis hijos, que en segunda instancia debía recoger las virtudes y fallos de mi expediente X y que finalmente anoche, desvelada, desde la cama, mirando la lámpara del techo recién comprada en Ikea, apoyada en la pared pintada de color plata; mentalmente recogió todas las bondades y defectos que debe presentar un hombre para que me interese, teniendo en cuenta que el 99'99% de los hombres no me interesan y que en ese 0,01% ya están incluidos Bruce Springsteen, Hugh Jackman y Quique González; me di cuenta de algo que ya sabía, que en realidad te estaba describiendo a ti, a tu chaqueta de cuero y a tu mal café, y a tu sonrisa y a tu voz cada vez más ronca... y no, juro que no quiero, pero no puedo, que no viene a ser lo mismo aunque acabe por ser igual.







P.D. Vivien Leigh y Rex Harrison en "Storm in a tea cup"

Onanismo visual VI




La foto de Bruce... no sé, para alegrar la mañana... y en color porque él y yo lo valemos...


P.D. Sigo enganchada a "The promise", enganchada, alucinada y encantada... aunque casi da un poco de miedo decirlo...

miércoles, noviembre 03, 2010

Es la vida... la tuya, la suya, la nuestra... pero ha podido ser un sueño



Si hay algo que a Sal le gusta tanto como las listas, es hacer miniencuestas en su entorno más inmediato sobre cuestiones propias. Que no sabe qué camino seguir, qué decisión tomar o qué color le sienta mejor a su tono de piel, pues pregunta aquí, allí y más allá y suma, resta, y multiplica dibujando tablas a dos columnas y concluye.

De este modo, esta mañana, decide preguntar en su entorno laboral, eminentemente masculino, sobre mi invitación de este viernes. Evidentemente sin permiso, el mío, se entiende. Poco importa, porque aunque me hubiera preguntado y le hubiese dicho que no, que ni se le ocurriera, lo habría hecho igualmente.

Así que en su quinto email de la mañana -el primero fue para enviarme un enlace sobre una noticia de Bruce en Roma que ya había leído, el segundo para decirme que habían salido las notas (corte en 70 con 80 aprobados en el turno libre y de 35 con 26 en la promoción), el tercero para confirmar que sí, que está embarazada quién yo sé, que ya es oficial y que tiene 41 (los correos son más discretos que las llamadas telefónicas extensión a extensión), el cuarto para decir que el café a las 11:10- me envía un estudio pormenorizado del resultado de su breve encuesta, las respuestas del respetable masculino a la pregunta: ¿Si una chica te invita a su casa un viernes noche a ver una película del año de la polka en blanco y negro, probablemente "The gosh and Mrs. Muir" en versión original subtitulada, cómo lo interpretas, polvo o película, truco o trato?

Y yo me doy por vencida. Que luego la inmadura soy yo, la infantil e ingenua, y sigo sin entenderlo, tal vez por eso. Me he pasado media vida escuchando decir a los hombres que las mujeres somos complicadas y retorcidas, que nunca decimos lo que pensamos o que en todo caso decimos justo lo contrario, que preguntamos sólo para que nos reafirmen y escuchar lo que queremos escuchar, que ellos son más honestos (en esto estoy de acuerdo, pero sólo consigo mismos), que están cansados de los malentendidos, de los juegos de palabras, de las dobles intenciones, de que no tomemos la iniciativa y luego resulta que si invitas a alguien a casa a VER UNA PELÍCULA, te estás insinuando; pero si le dices literalmente que lo que quieres es acostarte con él, sale huyendo asustado.

Porque si yo quisiera lo segundo, que no lo quiero, lo diría sin ambages, y parece que no, que eso también es un error. Que Sal, la voz de mi conciencia me lo recuerda:

-'¿No te acuerdas, bonita, de que llamaste energúmeno a aquel tipo que se abalanzó sobre ti en el sofá al que te había invitado para el último café y tú, aunque ni siquiera te gusta el café, aceptaste porque tenías curiosidad por conocer su casa; o de aquel bombero que se empeñó en enseñarte su colección de vinilos o de lo que me contabas hace dos días, que te envía E. un SMS a eso de las diez porque se está preparando una pizza y te invita a cenar y a que te pases por su casa y como tú respondes que ya has cenado, tres SMS's después no le queda otra que decirte a las claras que lo que quieres es que te presentes con un abrigo y nada debajo... intuyo que cenó solo; o por qué crees que el que yo considero que hubiera sido el perfecto padre para tus hijos te acompañó el viernes hasta casa donde tú le despediste antes de entrar en el portal con los dos besos de rigor y un hablamos? ¿Te recuerdo lo que pasó la última vez que le dijiste a un tipo, al extraño, ¿follamos? o quiero follar contigo", que no recuerdo, desde un taxi y a altas fiebres de la madrugada?... Pues eso, métete en esa linda cabecita que nunca peinas, que la última copa nunca es la última.

Lo asumo, mi mente es plana, hablo un lenguaje diferente, tendré que agenciarme un diccionario Daeddalus-Resto del mundo/Resto del mundo-Daeddalus... y o anulo la cita o a ver cómo le explico a mi expediente X que sólo habrá película en blanco y negro y en versión original...








P.D. Kim Novak y William Holden en "Picnic"



[Escuchando a Los Madison, que con permiso de "The Promise", ésta está siendo su semana]

Ha podido ser un sueño, pero es la vida... la tuya, la suya, la nuestra



Me pide que le reserve el sábado, que debemos hacer algo no ya especial, sino diferente. A lo mejor es que también cobra una subvención para hacer planes no ya especiales, pero sí diferentes, con las chicas raras. Y no sé si me apetece del todo aunque sé que debería apetecerme y por tanto asiento y prometo pensar en algo que sin ser excepcional sea distinto (se admiten y agradecen, por cierto, ideas). El viernes no, que se supone tengo una cena con otra gente, incluidos mi amiga Sal y el que según ella hubiese sido el perfecto padre para mis hijos ya batiéndose en retirada pero sin acabar de abandonar el fuerte. Sólo que ellos aún no saben que no tengo la menor intención de asistir, y juro que no mentí cuando confirmé mi asistencia; que un mal plan para una noche de viernes ha acabado por resultar un buen plan ante la ausencia de ellos. Aunque el plan sea cena y copas con gente estupenda, encantadora y simpática, de verdad de la buena, pero con la que no tengo nada de lo que hablar y menos ganas de hacer el esfuerzo; que al fin y al cabo las no conversaciones sean lo de menos, porque lo más probable es que acaben en algún inmundo local de salsa descoyuntándose las caderas entre palmeras de plástico a ritmo de danzón y merengue. Para una arrítimica como yo ése es un límite que ni atiborrada de dry-martinis se debe traspasar.

Así que miento sin remordimiento alguno y digo que el viernes no tengo planes. Aunque sea una mentira temporal y a corto plazo, que en un momento indeterminado de esta mañana dejó de serlo para convertirse en certeza, cuando le envié un SMS a Sal para decir que retiraran un cubierto de la mesa, y que le dijeran al cocinero que el bacalao es una buena opción, que la única a la que no le gustaba no va a asistir a la cena; y que no, que no tengo planes, que ya se me ocurrirá algo, terminar ese libro de Simonetta Agnello-Hornby, que por cierto no me está gustando nada, y "Tormenta de espadas"; finiquitar la cuarta de "Mad men", aunque me hayan 'espoileado' el final y comenzar con "The walking dead"; escuchar hasta el paroxismo "The Promise" e imaginar que estás a mi lado y lo exploramos y descubrimos juntos.

Sal increíblemente no se los cree, mi listado de posibles y/o probables planes, digo. Viene a decir algo así como que ni modo. 'Ándale, que tú a mí me estás ocultando algo... que estos días estás muy rara, más de lo normal, si cabe'. Y es que se ha vuelto muy suspicaz desde que le conté mi teoría del asburdo y de lo extraño, suspicaz y ofendida por no habérselo contado a tiempo, en su momento, y ahora se imagina cosas que no son o que tal vez sí sean, pero no como ella se imagina. Y le cuento que bueno que sí, que el expediente X ha vuelto a llamarme. Pero no se emociona demasiado, no tanto como lo hizo cuando le dije que el que según ella sería el perfecto padre para mis hijos, lo hizo. Y es que el segundo le cae mejor que bien y al primero apenas le conoce, sin que tampoco parezca tener muchas ganas de hacerlo. Y vuelta la burra al trigo, que no sé lo que quiero aunque yo sí crea saberlo y por eso me equivoco siempre y elijo lo absurdo y lo extraño frente a lo terrenal, real, realizable y no sé cuántas "r" de más. Nunca ha acabado de entender que lo que ella encuentra interesante a mí me deja fría, y viceversa. Parece haber olvidado la única vez que nuestros intereses convergieron, como ni para ti ni para mí, y eso que yo me aparté para darle a ella una oportunidad perdida para ambas y brindársela, por contra, al Holandés errante. Muy de cuando en cuando me acuerdo de aquel leonés que me susurró al oído que jamás tiraría diez años de amistad a la basura por una mujer que acababa de conocer.

Así que le cuento que volvimos a hablar, mi expediente X y yo, decidido ya que el sábado se lo reservo a él y el viernes me lo reservo a mí. Y cómo me pregunta qué haré por tanto este viernes sin planes, si me quedaré en casa a ver una película de Steve McQueen acompañada de helado de dulce de leche. Hace tan poco que me conoce y ya sabe tanto de mí... Y le digo que sí, probablemente, que Steve McQueen siempre es una buena opción, y él bromea y dice que entiende que no es competencia frente al bueno de Steve. Y yo digo que en todo caso me apetece volver a ver una vez más "El fantasma y la Sra. Muir", que es mi película favorita; o tal vez "Picnic". Que así, sin querer decir, ya puede ir tomando nota de cuál es mi película preferida, aunque en realidad no tenga menos de cien películas preferidas; y tener presente que jamás bailaré como Kim Novak, aunque imagino que él tampoco se quitará la camiseta como Wiliiam Holden. Y él dice que desde luego es un buen plan y yo le digo que si quiere le invito a compartir película y helado, pero que yo elijo ambas cosas. Y cuando se lo cuento a Sal pone el grito en el cielo sin dejar de tener los pies en la tierra.

'¿No se supone que esta vez querías hacer las cosas "bien" y tomarte tu tiempo y nada de nada antes de la tercera no-cita, etc, etc...?'. Pues sí, quiero hacer las cosas "bien", y tomarme mi tiempo, y nada de nada antes de la tercera (o la qué sea) no-cita. Lo mantengo, lo quiero y pienso intentarlo... Pero Sal no comprende, no le salen las cuentas, porque si quiero todo eso, por qué le invito a ver una película en casa un viernes por la noche. Y yo, obvio, no comprendo a Sal, porque mantener mis deseos no creo sea incompatible con ver una película en casa un viernes por la noche. 'Que no, no aprendes nada, no aprendes nunca, Dae; porque si no quieres acostarte con él (aún), por qué vas a invitarlo a ver una película en tu casa un viernes por la noche'. Pues porque no quiero acostarme con él (aún) y sólo quiero ver una película en mi casa un viernes por la noche, que para mí invitar a alguien, a un hombre en este caso, a ver una película en casa un viernes por la noche equivale exactamente a eso: película+helado sentaditos en el sofá+dos besos de buenas nochés+tú en tu casa y yo en la mía...

Y claro, me entra la duda, porque parece que hablamos dos idiomas distintos, porque cuando yo digo "ver una película", quiero decir "ver una película"; aunque según Sal cuando una dice "ver una película", quiere decir "echar un polvo", y sin el añadido de tener que discutir si en tu casa o en la mía. 'Para que luego preguntes qué equívocas señales emites, y no, que te conozco, ni se te ocurra llamarle para explicarle que cuando le has invitado a ver una película en tu casa el viernes por la noche le invitas exactamente a eso, que no vais a follar ni nada por estilo'. Y yo ya tengo el teléfono en la mano...





P.D. Natalie Wood y Steve McQueen en "Love with the proper stranger".

Se pregunta Josele Santiago que por qué escuchar si las cosas no escuchan, aunque antes rieran y ahora se van




Recuerdo ahora aquellas primeras palabras del joven Marías en "Corazón tan blanco", uno de mis libros favoritos, uno de mis comienzos preferidos...

"No he querido saber, pero he sabido que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados".

Porque de alguna forma aquellas palabras fueron el comienzo de todo aunque yo entonces no lo supiera. Y es que yo no quería saber, pero supe... y no, no me avergüenzo de que mis manos sean de tu color, ni de portar un corazón tan blanco...

Y porque hoy quería hablar de ti. Pero no voy a hacerlo porque me he prometido a mí misma que la próxima vez que te nombre sin nombrarte será la última; si bien es probable que no llegue a cumplir mi promesa, al fin y al cabo poco importa, que dudo nadie sepa de quién hablo y tú imagino ni siquiera ya lees esto. Y no, no quiero que desaparezcas, no todavía, aunque en realidad hace mucho que lo hiciste.







P.D: Tina Louise

martes, noviembre 02, 2010

Confusas salidas convergen en este laberinto.




¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No... ¿Me siento halagada? Tampoco... ¿Desconcertada? Puede... pero no. ¿Indiferente? Probablemente sea indiferencia lo más cercano a lo que me provocan estas situaciones. ¿De qué situaciones hablo? Se preguntarán... o no; en todo caso yo les cuento y ustedes deciden si quieren seguir leyendo o no.

Yo no he sido nunca especialmente llamativa, ni guapa, ni atractiva; no soy de ésas en las que te fijarías nada más entrar en un bar, ni te darías la vuelta para mirarme si paso a tu lado por la calle. Tengo mis días, supongo, que ya decía Coco Chanel que no hay mujeres feas, sino mal arregladas, aunque yo sí creo que hay mujeres feas, y hombres, y hasta mediopensionistas. Porque tampoco estoy de acuerdo con que a los segundos se les perdone todo si son simpáticos o si nos hacen reir, porque en todo caso serán los tipos simpáticos, pero feos. Y sí, lo sé, tengo un gran defecto y una gran tragedia (en realidad tengo muchos, pero eso ustedes ya lo saben) y es que a mí me gustan los guapos, y bueno, también los feos atractivos, que en definitiva suelen acabar por tener más de atractivos que de feos, y a mí me interesa más el atractivo que la belleza. Eso sí, sin olvidar que la belleza y el atractivo son dones muy mal repartidos y muy subjetivos, y que lo que a mí me parece bello a Vd. le puede resultar indiferente; al margen de ser ampliamente generosos, al menos en mi caso; que en el pack va la voz, las manos, los gestos y hasta ciertas ideas... y eso sólo sería el principio.

Tampoco me considero, ni creo serlo, sexy, sensual, sexual, ni ninguno de esos adjetivos que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. De hecho lo he repetido unas cuantas veces, mi atrofia emocional y mi incapacidad para la empatía hacen juego con mi atrofia sexual. Puede que sea una lesbiana reprimida, puede que sufra una anomalía, pero el sexo, al menos en este momento, compartir sudor y sábanas revueltas, me interesa menos que nada. En realidad suelen ir a la par, mis épocas de carestía emocional con las de carencia sexual, lo que me lleva a plantearme algo que no me gusta demasiado, que he acabado con el paso del tiempo y de los años y de los amantes más o menos circunstanciales, establecindo una relación inequívoca entre sexo y emociones y probablemente sentimientos; llegando el momento en el que nada se soluciona ya con un polvo en los baños masculinos de cualquier bar con un desconocido cualquiera en una madrugada de sábado cualquiera. Aunque nada se solucionase entonces, pero ustedes ya me entienden.

Por todo lo anterior me desconcierta, en parte, la hipersexualidad despertada este otoño en parte de mi entorno masculino. Y no me refiero al virtual, a que haya ciertos lectores que opinen que lo soy o que lo parezco o que se lo pregunten, sexy, sensual, sexual, todas esas palabras que empiezan por "s" y se relacionan con el sexo. No a que alguien, no recuerdo quién, me diga que más que sexy soy erotizante o excitante, que parece que no viene a ser lo mismo, y no sé si me gusta del todo la idea, que de poder elegir me quedaría sin duda con lo primero. No, me refiero a que amigos del género masculino, y hablo de amigos a secas, nada que ver con ese concepto del que yo apenas gasto, nombrado por cierto por una palabra que odio, "follamigos"; hombres con los que he compartido, cenas, cines, confidencias, charlas, cervezas y en algunos casos, no en todos, en realidad en los menos, intimidades varias en el principio de los tiempos; en otros, más recientemente; me vengan ahora con urgencias y deseos insatisfechos. Como si sus lindas cabecitas hubiesen resuelto la siguiente ecuación:

Follar= Chica rara triste y solitaria+vive sola+lado izquierdo de su cama vacío+evidentes síntomas de atrofia emocional, victimismo y ego y vanidad desorbitados

¿Me siento ofendida, molesta, desconsiderada, maltratada, infravalorada, utilizada? No.

¿Me siento halagada? Tampoco.

¿Desconcertada? Puede... pero no.

No creo que ser deseada sexualmente sea un motivo de halago, tampoco me ofende o me molesta, pero sí es cierto que en parte me desconcierta porque para nada es lo que yo busco, provoco o deseo y me lleva a plantearme qué tipo de "señales" transmito para que no uno, ni dos, ni tres personas en los últimos tiempos, y hablo de un período digamos de un mes, personas que me conocen y pese a todo me aprecian, de repente me hayan convertido en su obscuro objeto de deseo. Por no mencionar a la contra, que al único hombre al que yo he deseado en parte (aunque tampoco era exactamente eso lo que buscaba en él, pero vamos, que sí en determinados momentos, no tengo por qué no reconocerlo) me haya rechazado. Aunque ésa sea otra historia...




P.D. Mylène Demongeot

Lo que viene a continuación sólo lo entiendo yo, y para no variar, carece de importancia, así que se lo pueden ahorrar (pero qué a gusto me he quedado, oigan...)




Acá fuera no suelo hablar demasiado de mí, aunque hable, mucho, más de la cuenta demasiadas veces. Tiendo a decir lo que pienso sin pensar lo que digo, pero raramente, y más de una vez lo he contado, digo lo que siento; hasta que lo hago, claro, normalmente a destiempo, a deshora y con importunidad absoluta; pero ésa es otra historia.

Generalmente establezco dos compartimentos estancos, lo que cuento aquí, que nunca contaría allá, y el resto, con lo que aplico la técnica contraria. Así que hay una parcela, no excesivamente grande, de intimidades varias, que mis conocidos desconocen y a la que rara vez tienen acceso. Aunque de cuando en cuando caiga, que más temprano que tarde una necesita desahogarse y vaciarse, especialmente cuando sabes que no vas a ser escuchada ni tenida en cuenta.

Hace no demasiado tiempo me sucedió algo extraño, aunque probablemente no lo fuera tanto y fuera más mi empeño por clasificarlo de algún modo, maldita manía la mía la de controlarlo todo y la de ponerle a todo un nombre; firme creyente de la teoría de que si algo no puede verbalizarse, de que si algo no puede por tanto buscarse en Google, no existe. No lo hablé con nadie, no suelo sentir demasiada necesidad de compartirlo, al menos al principio... después sí, porque durante al menos una semana, y una semana en algunos casos puede ser mucho tiempo, que al fin y al cabo es muy relativo, la intuición me apuñalaba el pecho sin descanso ni demora. Pero a mí la intuición siempre me falla, porque le busco básicamente cinco pies al gato, porque siempre olvido que la explicación más sencilla y razonable, la primera que nos viene a la mente, suele ser la correcta. Porque a veces nos negamos a ver la realidad, y ponemos tanto empeño en ello, que hasta lo conseguimos.

A día de hoy y supongo que ya no importa aunque mentiría si dijera que no me importa, sé que probablemente me equivoqué, aunque no lo sé de cierto, y que miraba en la dirección equivocada, o no, que tal vez había más de una dirección... sí, probablemente fuera eso. Y que volví a equivocarme cuando pregunté a quién no debía, claro que yo ni imaginaba que no debía, que no era la dirección correcta, precisamente porque era la dirección correcta. Y desde luego no puedo dejar de decirlo, me quito el sombrero, reverencia incluida, ante quién corresponda...

Me gustaría pensar que he aprendido la lección, que de ésta habré aprendido a callar un poco más, probablemente no, probablemente tropezaré de nuevo una y otra vez con la misma piedra, y no me da miedo, ojalá vuelva a suceder, que fue bonito mientras duró... aunque supongo que no soy la única que lo piensa.


P.D. Anne Francis

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