martes, junio 03, 2008
lunes, junio 02, 2008
Casualidades
"Tell me what you find when you read my mind"
Read my mind - The killers
Al hilo de todo eso recordé un correo que recibí meses atrás y que en uno de mis torpes intentos por liberar mi cuenta de correo basura eliminé sin querer, sin posibilidad de recuperarlo, una vez leído pero no contestado. Lo firmaba un ilustre desconocido con una simple inicial que no supe asociar a ningún nombre conocido. A pesar de eso no parecía serle mi persona completamente ajena pues aseguraba que por casualidad o alevosía, vaya usted a saber, había llegado hasta mi blog y leyendo había llegado a la no sabía si acertada conclusión de que yo era yo. Y "yo" era alguien a la que tres años atrás había perdido la pista además de mi teléfono. Incluso conocía mi nombre de pila y daba datos bastante fiables acerca de mi vida. Sin duda me conocía, me había conocido o me conoce. No daba datos acerca de él, al margen de su inicial creo recordar que interpreté que pertenecía al género masculino. Borré el email sin darme cuenta y olvidé el asunto.
Cuando Oscar, uy, digo, mi anónimo amigo, me contó esa historia incontable, lo recordé. Debo confesar que me asusta la fragilidad de mi memoria y que sea incapaz tan siquiera de recordar quién era yo hace tres años, como para recordar al ilustre desconocido de inferida inicial que incluso tenía mi teléfono, o eso dice él.
Esto, evidentemente, es un llamamiento al desconocido, que si sigue por ahí, al otro lado, en algún lugar, se de a conocer. Prometo no borrar el correo esta vez e incluso contestar.
La otra historia, para cuando recabe cierta información y confirme mis sospechas.
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Etiquetas: Despedida y cierre
domingo, junio 01, 2008
Escondiéndose

"There's a ghost on the horizon
When I go to bed
How can I fall asleep at night
How will I rest my head"
Hope there's someone -Anthony and the Johnsons
Yo no tengo miedo, nunca he tenido miedo. Asiente. Por supuesto, por supuesto... esa mezcla entre curiosidad y atracción hacia lo desconocido siempre ha sido muy tuya. Inconsciencia, murmuro. También, pero no suficiente, y ahora, de qué tienes miedo.
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Etiquetas: Tiempo de habitaciones separadas
sábado, mayo 24, 2008
Dexter
De Dexter no sé si me gusta más la serie o su entrada...
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Etiquetas: Enciende y vámonos
Sin título
Usted seguro que ha sentido vergüenza alguna vez
al decir que en su cuarto caía una gotera
o que su pobre madre le hacía el bocadillo
siempre de natas con azúcar
-son cosas de la vida-.
Confieso que en mi casa el olor a humedad
era casi entrañable
y todos los domingos se comían garbanzos,
salvo en alguna fecha señalada.
Que lloré muchas veces por no querer llevar
los jerseys con coderas
o no tener un lápiz con enanito arriba.
Confieso que la ropa nos la daban los primos
que ahora son albañiles
y que nuestra familia se rompió por la herencia
de unos metros cuadrados de baldosas con taras
-son cosas de la vida-.
Que, a escondidas de todos y hasta los siete años,
tuve el chupete debajo de la almohada.
Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
a las húmedas manos de la melancolía.
Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera.
Aurelio González Ovies en La hora de las gaviotas
P.D. He recordado hoy a González Ovies tras leer su alegato en defensa y apoyo al innombrable Consejero. Siempre me emociona leer este poema. Sentimental que es una.
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viernes, mayo 23, 2008
El mundo tras el cristal
Intento recordar quién (y cómo) era yo entonces. No lo consigo. He debido esforzarme mucho en borrar todo rastro de lo que un día llegué a ser.
"Cartas en el cajón y ninguna es de amor,
El mundo tras el cristal... 25 años después me entero de cómo se titulaba aquella canción.
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Etiquetas: High fidelity
jueves, mayo 22, 2008
Otra edad
Cuando dejamos de tener algo que decirnos, y eso no tardo en llegar, cada uno se fue por su camino. Sin mirar atrás, no fuera a convertirme en estatua de sal.
No me costó reconocerlo avanzando frente a mí, la cara hundida en uno de esos periódicos que reparten gratuitamente mañana a mañana en casi todas las esquinas. Caminaba despacio por Uría, dejando resbalar el tiempo a su alrededor, mientras yo salía de Milicias apurando el paso para evitar la tentación del chocolate, sonriendo ante la ociosidad de un turista que estudiaba detenidamente la estatua del señor Allen.
Mi primera intención fue pasar de largo. Fingir que no veía lo que veía. Cruzar la calle. Pero un impulso me detuvo. Pasó a mi lado sin mirar y cuando ya me había rebasado le llamé. Cuando me di cuenta que nada tenía que decirle ya era tarde y girándose asomaba su mirada expectante por encima del periódico ante el reclamo de su nombre de pila en la voz de una desconocida.
No faltó el "cuánto tiempo" ni un sin fin de preguntas que ninguno de los dos teníamos demasiadas ganas de responder, las excusas y las disculpas por la prisa, la promesa de un café un día de estos y los recuerdos para mi Jefe y para el otro, de su parte, mientras yo descubría que él sabía de mí lo que yo no sabía de él. No sólo sabía cuál era mi actual puesto sino que le unía una cordial amistad con esos dos, fruto de muchos años en, digamos, intereses y ocupaciones comunes. Cuando les transmití sus saludos no dejaron de alabarle: su integridad, su honestidad, su decencia. Calificativos que yo nunca hubiera usado para describirle.
Días después, cuando comenzó a salir en el periódico y las noticias de la autonómica como firme defensor del oprimido no pude evitar pensar lo poco que había llegado a conocerlo yo y lo poco que habían llegado a conocerlos ellos. Al margen que parecería condición sine qua non para alcanzar cierto puesto de responsabilidad en ésta, nuestra administración, haber pasado por mi cama, o yo por la suya (el orden no altera el resultado).
Fue entonces cuando sin pedir permiso, a traición, sin premeditación y alevosía la desconfianza llamó a mi puerta. Hasta qué punto conocemos a quién creemos conocer. Qué se yo realmente de él y de su vida. Aunque en realidad y es lo más probable, ya ni me importe.
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Etiquetas: Anatomía de la señaldá
martes, mayo 20, 2008
Crónica de un día cualquiera
Me precipito escaleras abajo aún a riesgo de partirme la crisma mientras me deshago con una mano de la bufanda y trato de liberar mis pies de los horrendos zuecos para acabar en última instancia descalza, de cabeza y casi de rodillas a ras de suelo y ante los pies (nunca mejor dicho) del insigne Secretario General. "Tranquilos", dice la Viudita Alegre conteniendo las carcajadas, " que más abajo no va". Lo que ni más abajo, ni más arriba, hubiera podido ir era mi verguenza y mi dignidad. Esta última la que utilicé para con la mejor de mis sonrisas levantarme y a falta de una frase mejor que decir preguntar dónde estaban mis zapatos.
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Etiquetas: Tiempo de habitaciones separadas
(Frívola) presentación
Qué mal me suena esto en mi boca, pero más de una palidecerá de envidia cuando lo presente en sociedad.
En fin, mi frivolidad del día, que hace mucho que no me permitía un capricho y muchos menos los que me permitiré a partir de ahora que intuyo que voy a acabar cambiando mis ahorros por dólares...
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Etiquetas: Desayunando en Tiffany's
To fly or not to fly
Acá les dejo una rola bien chingona pa' que comprendan mi disyuntiva.
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Etiquetas: It's only Rock'n Roll (but I like it)
domingo, mayo 18, 2008
Patria
de la tierra que nun tienes,
de la neñez perdida.
Yo, llonxana,
como siempre,
nun acertaba a falar:
pensaba que, si la patria ye un temblor,
tu yes munches,
munches veces,
patria mía.
Ana Vanessa Gutierrez
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Etiquetas: Área de prioridades, La poesía como un arma
viernes, mayo 16, 2008
¿Qué me pasa, Doctor Q.?
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Etiquetas: Despedida y cierre
miércoles, mayo 14, 2008
Pérdida de tiempo
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Etiquetas: Entre tinieblas









