domingo, enero 18, 2009

Vencida

Los rechazos duelen, eso lo sabemos todos. Por experiencia propia, las más de las veces. Un orgullo herido pesa más que un par de zapatos a estrenar.

Pero... ¿puede doler el rechazo de alguien que ni siquiera te interesa?. El sentido común diría que no, pero ya sabemos que es el menos común de los sentidos pese a su nombre.

No tenía interés, ni pretensiones de acercamiento de ningún tipo. A día de hoy sólo lo tengo (levemente) hacia otro (y sólo porque es guapo). Y entonces, ¿qué me pasa?, ¿por qué me molestó tanto que dijera lo que dijo rematándolo con el infalible "podemos ser amigos"?

¿Qué señales envié? ¿Qué dijeron mis gestos o mi risa? ¿Fui demasiado cariñosa? Ni siquiera llevaba dos copas de más... Él no se siente atraído por mí aunque tal vez sea cuestión de tiempo... ¿Pero qué me está contando ese romano? ¿Acaso he preguntado, insinuado, establecido?

No entiendo a algunos hombres y no me entiendo especialmente a mí... Y no, no quiero creer que soy una imadura alérgica al rechazo que pretende ser siempre la reina del baile aunque no la hayan invitado, aunque en este caso era él el no invitado.


sábado, enero 17, 2009

De adicciones sin remedio

Necesitaría como poco otra vida para poder ponerme al día con toda la televisión (series) atrasada y pendiente.


A dos metros bajo tierra. Anatomía de Grey. Big love. Boston legal. Bones. C.S.I. (Las Vegas). Californication. Cahsmere mafia. Caso abierto. Cinco hermanos. Criando malvas. Daños y perjuicios. Deadwood. Desaparecida. Dexter. Dirty sexy money. El abogado. El ala oeste de la Casa Blanca. El grupo. El mentalista. Eli Stone. En terapia. Everwood. Felicity. Gossip girl. Guante blanco. Hermanos y detectives. House. John Adams. La Juez Amy. Las chicas Gilmore. Las hermanas McLeod. Lex. Los Soprano. Los Tudor. Mad men. Men in trees. Monk. Mujeres de Manhattan. Mujeres desesperadas. Nip/Tuck. Perdidos. Queer as folk. Rockefeller Plaza. Roma. Salvando a Grace. Samantha, who?. Seis grados. Sexo en Nueva York. Shark. Sin cita previa. Sisters. The closer. The L word. The nine. The Office. The Shield: al margen de la ley. The Wire: Bajo escucha. True blood. Ugly Betty. Urgencias. V. Vientos de agua. Weeds. Will & Grace.



P.D. Escuchando a Lila Downs, Ojo de culebra... Shake me away, baby.

viernes, enero 16, 2009

Certezas


Lo sé... arderé en el infierno.


jueves, enero 15, 2009

Pasadizos de sombras

Nunca me creí capaz de romperle el corazón a nadie. Pese a que lo hice, no una, sino varias. Sin anestesia ni arrepentimientos. C'est la vie, que diría aquél. Siempre fui más rápida y el que golpea primero lo hace dos veces.

No he pedido perdón, no he rectificado ni enviado flores o palmadas rindiéndome ante las evidencias. No, nunca, al menos nunca hasta ahora. No antes de ti.

Ahora me siento perdida y podría decir la cursilada de que tu dolor es el mío. Pero no, debo asumir el papel de mala de ésta, nuestra película, sobre la que ya han caído los títulos de crédito. Siempre tuviste razón cuando decías que mis pretensiones de emular a Audrey Herpburn eran en vano, que a mí me iban más las pelis de cine negro con mujeres fatal, Lauren Bacall siempre como referencia aunque nunca haya aprendido a silbar.


miércoles, enero 14, 2009

The last carnival



"Hanging from the trapeze
My wrists waiting for your wrists
Two daredevils high upon the wall of death
He throws the knife, it lands inches from my head"


Siempre lo he clasificado como potencial y no probable, y ahora que creo que me he convertido de nuevo en mujer blanca soltera busca, especialmente.

Es de esos tipos que no pueden resultar indiferentes. Basta ver la cara de sus alumnas de 1º de bachiller cada vez que lo nombran entre sonrojos y risas tontas a las que él responde con media sonrisa y gesto condescendiente encantado de conocerse. Perfecto ejemplo del efecto tarima, del que yo, como tantas, fui víctima tiempo hace.

Esta mañana era una de esas en las que le hubiera pedido al mundo que siguiera girando pero antes se parase y me dejara bajar. Debí pedirlo con muy poca convicción porque a las ocho estaba puntualmente en mi trabajo como todos los días enfrentándome al cinismo de mi jefe que por momentos alcanza cotas insospechadas cuando aparece él con sus buenos días y los comentarios de rigor acerca del frío y la helada. Como el hablar de nada o lo que es lo mismo del tiempo, es un arte que se me escapa, delego en La otra y murmuro buenos días mientras me deshago del abrigo y los guantes y desenrrollo la bufanda y ordeno los papeles y contesto al teléfono que ya ha comenzado a sonar y mientras me llega una voz al otro lado a la que no presto atención me doy cuenta de lo guapo que está esta mañana y que se ha cortado el pelo aunque lo siga teniendo más largo que yo y haya quien sentado y por la espalda lo haya confundido con una chica.

Y cuelgo el teléfono mientras garabateo en un papel la hora y lugar de una reunión para mi jefe y levanto la vista, él sigue ahí, y le miro, y él me mira y me invita a hablar, y yo que siempre digo lo que pienso sin pensar lo que digo digo que está muy guapo esta mañana y que se ha cortado el pelo.

El Jefe ha vuelto



Me había prometido a mí misma hacerlo bien esta vez. Había jurado esperar al día 27. Salir de trabajar y dirigirme rauda y veloz al Fnac, comprarme el disco, llegar a casa, pelearme con el celofán, mirar y remirar el libreto, los créditos, las letras, las fotos, los agradecimientos... apagar las luces, un gin-tonic y escuchar y paladear cada una de las canciones hasta que se hiciera de noche. Pero fue verle tan, tan guapo en la entrega de los Globos de oro que mis buenos propósitos se quedaron a la altura del vestido de Heidi Klum y he acabado por bajármelo, aunque el día 27 y pese a todo seré fiel a ese ritual.




Bien sé que los talibanes sprinstingnianos dirán que está acabado desde The river, algunos salvarán Nebraska (siempre hay una razón para creer) y dirán que sólo es otra vuelta de tuerca más a su deriva musical. Pero me gusta este disco, mucho, mucho, entero, todito él... y quién me iba a decir que me iba a gustar "Queen of the supermarket" si la primera vez que oí ese título pensé que se trataba de una broma. Nos veremos on the road...


P.D. 1 Lo de arriba es "The wrestler", de la banda sonora de la película del mismo título. Pequeña gran joya por la que ganó el Globo de oro y sin duda ganará el Oscar. La vuelta de Mickey Rourke al cine.

P.D. 2 Escuchando "Tomorrow never knows"... el mismísimo Johnny Cash revivido. Lástima que se haga corta.

domingo, enero 11, 2009

No digas que no


Me gustan los test, mejor cuanto más absurdos, es una buena pérdida de tiempo. Aquí va uno que me encontré por ahí y me hizo especialmente gracia, contestas a las preguntas con títulos de canciones.


1. ¿Eres hombre o mujer?: Just like a woman (B. Dylan)

2. Descríbete:
Brown eyed girl (Van Morrison)

3. ¿Que dicen las personas de ti?:

4. ¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?:
You can sleep while I drive (Melissa Etheridge)

5. Describe tu actual relación: I hope I don't fall in love with you (T. Waits)

6. ¿Dónde quisieras estar ahora?: En un mundo raro (José Alfredo Jiménez)

7. ¿Cómo eres respecto al amor?: Tougher than the rest (B. Springsteen)

8. ¿Cómo es tu vida? Dulce introducción al caos (Extremoduro)

9. Que es lo que más necesitas:
Amor de hombre (Mocedades)... rectifico, Les bonbons (J. Brel)

10. A qué le tienes temor:
Tristeza nao tem fin, felicidade sim (A. C. Jobim)

11. Una frase sabia: Tomorrow never knows (B. Springsteen)




sábado, enero 10, 2009

El premio de los Dioses


¿Acaso hay en la televisión actual alguien más adorable que Jon Hamm, alias Don Dreaper? ¿Cómo era mi existencia antes de su aparición? No puedo recordarla ni imaginármela a pesar de George Clooney y la suertuda de Tina Fey se lo echa de novio en la segunda temporada de 30 rock. La belleza no lo es todo señores... o tal vez sí.

viernes, enero 09, 2009

Causa y efecto



Odio a Leonor Watling. No se puede cantar tan bien, ni ser tan guapa (aunque lo salve su nula elegancia, al menos mientras no está sobre un escenario) y muy especialmente la odio porque yo amo a Jorge Drexler y lo suyo fue un golpe bajo. Hasta creo que lo sufrí yo más que la mismita Ana Serrano o Ana Laan o Rita Calypso (sus diversos alter ego). Y ahora que son noticia por eso de que han sido padres de una preciosa niña, diría la crónica rosa, recuerdo ésta, la primera canción que yo le escuché en aquellos tiempos en los que una aún escuchaba a "cansautores", y tenía el pelo largo y veinte años. En el Jovellanos, invitado por Javier Álvarez, recién llegado de Montevideo de la mano de Sabina se asomó al escenario sólo con la compañía de su guitarra y nos regaló estos 730 días. Luego llegó la noche, y ya se sabe, era un pueblo con mar después de un concierto.

Lapido

Le comentaba a alguien que me había pasado las Navidades escuchando a (José Ignacio) Lapido, y que no, ante mi asombro, no era una forma verbal de cierto infausto verbo. Esa persona tenía la edad suficiente para haber oído hablar en su momento de los 091, pero no, la incultura musical de este país (incluida la mía) no tiene límites.




Confesaré pese a todo y a que su último disco, Cartografía, me parezca soberbio, que la canción que más me gusta "En el ángulo muerto" la prefiero cantada por Mike Ríos (juraré no haber dicho esto


Largo de contar


Me hubiera "encantado" que me hubieran perdido la maleta, como le ocurrió a la mitad del pasaje que me acompañaba en el vuelo desde Barajas a casa, o haber sufrido un retraso interminable o mejor aún la cancelación de mi vuelo y que me hubiesen llevado a dormir, cortesía de Iberia, a un hotel de Freising o de Alcalá de Henares. A., que regresaba a Senegal perdió su maleta y su vuelo salió con cuatro horas de retraso. G, de fin de semana en París acabó volviendo en tren... y en cambio yo regresé sana y salva, con mi equipaje de 28 kilos (40 euros por exceso) intacto y al borde de la irritación más absoluta mientras deshacía el equipaje y el teléfono no dejaba de sonar. Todas y todos preguntando qué tal el vuelo y yo sin nada que responder excepto un "perfecto, sin incidentes ni incidencias" percibiendo la decepción al otro lado del teléfono, nada debe alegrar tanto los inicios de año como las desgracias ajenas...

Por lo demás de regreso a "casa" tras sufrir como me ocurre siempre que cruzo los pirineos un ataque de "europeitis" aguda sin cesar de preguntarme por qué c* vivo en España, en Asturias en particular, qué c* hago perdiendo el tiempo de la forma en que lo hago, por qué acepto el trabajo que tengo y sigo sin comprar cortinas ni cambiar el color de las paredes.

Al menos al final me he rendido a las evidencias, pese a lo poco que me gusta la palabra rendición, y he tomado la firme decisión de no llamar, de no buscar, de no pedir respuestas, de no ofrecer excusas aunque ya hay quien me ha dicho que me equivoco. Me declaro firme y oficialmente en huelga, a la manera de Miranda (Sex and the city) aunque a día de hoy la única implicada sea yo, él ni se entere (nada de explicaciones) y para eliminar posibles tentaciones de terceros haya borrado del móvil unos cuantos númerosy me dedique a la búsqueda y captura de mi amigo del baño que en algún rincón debe encontrarse.

sábado, enero 03, 2009

Living in the future


Ése fue tu regalo, un puñado de letras: A b c d e f g h i j k l m n o p q r s t u v w x y z… y ésta es mi propuesta: Amor Beligerancia Cioran Deseo Edelweiss Fuego Geografía Honor Idiosincrasia Juegos Keynes Lluvia Multiplicar Novedad Órdago Puentes Química Realismo Sucesión Tangente Urgencia Ventril Walter Xoquiquetzal Zafiro...



Mézclalas, revuélvelas, sustitúyelas o quédate con las que te gusten... pero ya sabes que al menos un par son irrenunciables.

miércoles, diciembre 31, 2008

Un nuevo fin


Lo habitual es que a uno le encante la Nochevieja aunque odie la Navidad; que ya sabemos que lo políticamente correcto es declararle la guerra a estas fechas para firmar una tregua el último día del año justo antes de atragantarse con las uvas. Al fin y al cabo la Nochebuena implica familia, al menos tradicionalmente, la Nochevieja amigos, y se supone que a los segundos uno puede elegirlos, frente a los primeros que vienen impuestos.

Yo no soy de esa opinión. Encuentro tremendamente inquietante el último día del año y suelo refugiarme en casa nada más dan las 12. Cumplo con el rito de comer religiosamente las 12 uvas, nunca consigo llevar el ritmo de las campanadas y mientras la gente a mi alrededor brinda y se felicita el nuevo año yo sigo tranquilamente haciéndome cargo del buen número de uvas que aún quedan en mis manos.

Será que se impone mi sentido trágico de la vida, pero en lugar de pensar que esa noche supone el inicio de un nuevo año lleno de las posibilidades que queramos tener, sólo puedo pensar que seré un año más vieja, que todo, probablemente, seguirá igual y me entra una profunda melancolía que se disipa con las primeras luces del día de año nuevo. Me deprimen tremendamente las celebraciones de turno, esa falsa alegría con la que todos parecen festejar, esos absurdos mensajes llenos de deseos improbables que colapsan el móvil y muy especialmente las indumentarias con las que ellas y ellos hacen gala. Las lentejuelas, los brillos, los dorados, los generosos escotes e imposibles tacones, las corbatas y trajes con los que los aún adolescentes se disfrazan y que les sientan peor que a un santo unas pistolas, si exceptuamos obviamente a mi bendito Malverde.

En todo caso y aunque yo no lo disfrute le deseo al lector una feliz entrada y salida de año (cómo me ha gustado siempre esta frase) y un año, cuando menos, lleno de dignidad. Por mi parte y tras las 12 uvas y sus correspondientes campanadas acompañada de un par de botellas de champagne (no cava, y rosado a ser posible), mazapán de Toledo (una tiene sus debilidades) y cierto número de películas, entre 3 y 5, me monto un maratón cinematográfico. El año pasado le fui infiel al ritual, por estar en tierras extrañas y tener que adaparme a las costumbres locales, pero el anterior me tragué todas seguidas y ya no recuerdo el orden: Ser o no ser, El fantasma y la Sra. Muir, Mogambo y Sed de mal (sé que está fue la última porque me quedé dormida a mitad de la película, muy fuerte ver a Marlene Dietrich haciendo de mexicana). Para este año aún no tengo perfilada la cartelera, dudo en sustituir las películas por un maratón de Los Soprano, pero me apetece ver Centauros del desierto, tal vez Desde Rusia con amor (ver a Pedro Armendáriz al lado de Sean Connery no tiene precio, y no digamos a Lotte Lenya la malvada Rosa Klebb, merecedora sin duda de un post dedicado si yo tuviese más ingenio y talento), tal vez una peli de safaris, agradecería si alguien me recomendase alguna (clásica), y que no fuese Las minas del Rey Salomón (el sosainas de Stewart Granger me da mucha pereza).

sábado, diciembre 27, 2008

A una ilustre desconocida


...por el momento más surrealista y delirante que he vivido en mucho tiempo.

Cuando vivía fuera de España una de las situaciones que más pudor me producía tenía lugar a la hora de comprar ropa cuando me dirigía con ella a los probadores. Por una razón que nunca llegué a comprender y a diferencia de las tiendas comunes y corrientes que yo frecuento los cubículos utilizados como probadores no tenían espejo y una tenía que salir a una especie de vestíbulo en el mejor de los casos o de simple pasillo en el resto para poder mirarse en uno. Fue entonces cuando adquirí la costumbre de comprarme la ropa sin probarla, ya la devolvería en el caso de que no me sirviera y/o convenciera. Costumbre que por cierto resulta muy útil en época de rebajas. Te llevas todo lo que puede gustarte sin aguantar colas y sin riesgo de quedarte sin tu supuesta talla entre tanto entrar y salir del probador. He de decir que he importado esta forma de actuar con gran éxito.

Hablaba de pudor que me produce no tanto verme ante un espejo dando vueltas y decidiendo si la falda es demasiado larga (o corta) o si realmente necesito esos pantalones, como ver a los demás en la misma circunstancia. Y sin poder opinar, que es lo que más me cuesta. Por qué cómo quedarse callada ante una pareja de amigas de las cuales una asiente mientras la otra embutida en unos pitillo dos tallas menores a la que realmente necesita proclama un “¿me sientan bien, no?”.

Si a esa pareja, porque siempre es una pareja (una madre y una hija, un par de amigas, muy de cuando en cuando un trío) la trasladamos de los probadores a los baños públicos de una biblioteca, también pública, a los que una entra entra con urgencia y cargada de libros, mi coeficiente de pudor, especialmente el ajeno, se dispara.

Supongo que la mayoría pensará que es altamente improbable que alguien utilice los baños de la biblioteca municipal como vestidor, pero les aseguro que en Oviedo, los jueves por la mañana y en los baños de la planta baja de la Biblioteca de Asturias situada en la Plaza del Fontán (y en su ubicación radica precisamente el motivo de tal invasión) ocurre y hay auténticas colas. En los femeninos al menos. En los de hombre, lo desconozco, no los frecuento (al menos no en ese lugar ni a esas horas).

Curada de espantos me creía yo respecto a lo que se podía encontrar una en esos baños cuando esta mañana después de más de media hora dando vueltas por sus pasillos y salir cargada de libros, ninguno de ellos el que había ido a buscar, decidí entre la urgencia y las prisas entrar en el baño camino de la salida. Estaba completamente vacío cuando entré y cuando me dispongo a salir me encuentro con que ha entrado alguien, una mujer, que con todos los grifos de agua abiertos se dispone a lavarse, o algo parecido, y para ello no ha dudado, en un tiempo record, en desnudarse por completo.

Ante mi asombro la tipa tararea una canción mientras va dando saltitos, ¿debido al frío?, y se enjabona a la inglesa con toda su ropa hecha un ovillo en el suelo. No puedo maravillarme de la prisa que se ha dado en desnudarse, pues tuvo que entrar detrás de mí y apenas habían pasado un par de minutos.

Yo me quedo parada sin saber si volver a entrar en el retrete o salir, pero dado que el espacio es muy pequeño si ella no se aparta tomar la salida es imposible. De pronto repara en mi presencia y me reclama un cigarrillo. Le digo que no fumo y ella suspira mientras murmura tampoco un mechero por tanto. Me hace un gesto, que espere viene a decir, mientras termina de lavarse o lo qué esté haciendo. Me apoyo pacientemente en la pared sin saber hacia donde mirar y de pronto alguien comienza a aporrear la puerta. Parece ser es el guardia de seguridad o algo así, le reclama que salga, y ella impasible sigue con sus saltitos hasta que a modo de respuesta le grita a través de la puerta: "Despacio, que la están peinando". Yo no puedo contener ya no la risa, sino las carcajadas. Aunque me corto enseguida, no vaya a ofenderse. Pero nada más lejos de la realidad, pues me mira y por momentos parece recuperar la cordura, si es que en algún momento la perdió, me sonríe, se coloca detrás de la puerta y me indica la salida mientras me dice que mejor salga, no vaya a meterme en un lio.

Con una mano abro la puerta, con la otra hago equilibrios con los libros y el bolso y me encaro con un buen montón de gente que me mira con cara asombrada mientras un tipo vestido de gris me agarra del brazo. Con mi pose más digna le doy los buenos días, me zafo de su mano y me dirijo a la salida entre los cuchicheos y murmullos de los presentes mientras el tipo de la seguridad consciente de su error vuelve a aporrear la puerta.

miércoles, diciembre 24, 2008




"Wir haben die Wahrheit

so gut es ging verlogen

es war ein Stück vom Himmel,

dass es dich gibt."

Der Weg de Herbert Grönemeyer



Las cosas se pueden decir de tantas formas diferentes... Las mismas palabras acompañadas de una sonrisa, de un gesto de despreocupación, de unas manos que se tienden nunca resultan ser iguales. Y aunque lo sé a la perfección y pongo todo mi empeño en ello siempre elijo el gesto equivocado pese a que mis palabras sean las acertadas.

Tenía un buen puñado de frases en el bolsillo. Las adecuadas, las que todos queríamos escuchar. Había ensayado sonrisas, gestos y hasta la entonación en el espejo, arrastrando las “s”. Cumplí con el papel asignado. Es lo que tenemos las chicas tímidas, nos preparamos a fondo cuando tenemos que dar la cara para no defraudar(nos).

Lo demás, lo que callaste… lo que nunca llegaré a escuchar se me antoja sería algo parecido a lo que cantaba Herbert Grönemeyer, y prefiero quedarme con esas palabras y sustituir tu voz por la suya, al fin y al cabo la nieve acaba borrando todas las huellas y me han dicho que no para de nevar desde hace días.



Related Posts with Thumbnails