miércoles, octubre 06, 2010

No merece la pena dramatizar las cosas... aunque yo lo haga continuamente




En días como el de hoy en los que no pasa nada y todo parece estar en su lugar me acuerdo de ti. Leo lo que escribí sobre nosotros, aunque nunca llegara a haber un nosotros, o no del todo... Y pienso que tal vez debería echarte de menos, o que tal vez debería querer que un buen día volvieras, como si no hubiese transcurrido el tiempo ni nuestras vidas. Aunque sean otros los que me añoren a mí y yo ya no tenga a quién extrañar... o tal vez sí.









"Once we rode together
In a metal firecracker
You told me I was your queen
You told me I was your biker
You told me I was your everything
Once I was in your blood
And you were obsessed with me
You wanted to paint my picture
You wanted to undress me
You wanted to see me in your future
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you

Once you held me so tight
I thought I'd lose my mind
You said I rocked your world
You said it was for all time
You said that I would always be your girl
We'd put on ZZ Top
And turn em up real loud
I used to think you were strong
I used to think you were proud
I used to think nothing could go wrong
All I ask
Don't tell anybody the secrets
Don't tell anybody the secrets
I told you
All I ask
Don't tell anybody the secrets
I told you"




[Qué habríamos hecho de no existir Lucinda]

¿Dónde está la puerta de salida al país de la vida?





Es fácil, extraño, hablar contigo, porque en realidad no sabes de mí, no me conoces; porque me intuyes o imaginas. Y es fácil porque callo y oculto y sólo muestro lo que muestro, you know, que el resto es humo. Porque no soy sino palabras encadenadas con mayor o menor fortuna, y las palabras, ya se sabe, no son incómodos testigos, como las miradas o los gestos.

Es fácil jugar a alejarse, a acercarse y volver a irse; llenar el corazón de nostalgias de algo que en realidad no existe, de ausencias; de palabras, siempre inoportunas; la torpeza nunca me abandona.



Como sería fácil acostumbrarme a tu cuerpo en este otoño distraído.




Siempre he sabido que existías, en algún lugar, no importaba donde; lejano, entre las sombras, envenenándote de azules






Hace un rato que debería haberme ido a casa, incluso han apagado las luces y he tenido que levantarme para encenderlas de nuevo apretando todos los botones porque nunca sé exactamente cuál es el interruptor que enciende las que hay sobre mi cabeza. Al lado de mi sempiterna botella de agua tengo un vaso de ésos de plástico, con un vino no del todo malo, del Somontano; aunque a mí precisamente no me gusta demasiado el vino, así que mi opinión sobre su calidad es más que dudable.

Era, o es, el cumpleaños de alguien y se les ha ocurrido festejar aquí. Apartar papeles, sacar embutidos como por arte de magia de un armario, comprar pan en el supermercado y agenciarse con un buen número de botellas de vino que estaban a buen recaudo en el despacho del jefe desde las navidades pasadas. Aunque el salchichón de La Alberca no ha tenido demasiado éxito, se han vaciado las botellas y las barras de pan han desaparecido. Y debo confesar que yo he contribuido, que he puesto de mi parte aunque no probara el pan y menos el salchichón, aunque dijera y repitiera eso de que a mí no me gusta el vino y que sólo lo probaría como deferencia. Ustedes no conocen a los asturianos; "venga, ho, un poquitín más... que tienes el vasu vacío"... en fin, que he debido tener el vaso vacío más veces de lo recomendable y ahora todo me da vueltas, aunque siga sin gustarme el vino y haya acabado por reirme de los malos chistes ajenos. Es curiosa la capacidad que tiene el alcohol para derribar barreras que una juraría infranqueables. Tal vez debería aprovechar este momento de euforia impostada para descolgar el teléfono, o salir a la calle, para hacer o decir algo... algunas de esas cosas que tanto me cuestan... actos y/o palabras.








Podría, supongo... pero no, no quiero que tu piel se reduzca a cenizas.

Es entonces cuando se abandona todo




No ha dejado de llover en toda la mañana, y probablemente en parte de la noche, aunque esto no lo sé de cierto. Dormí tan profundamente, por primera vez en muchos días, que sólo al despertarme al son del despertador me percaté de las gotas de lluvia golpeando los cristales. El cielo está encapotado, de un gris perlado; la niebla tan baja que no permite divisar el Aramo. Me gustan estos días, lo he dicho tantas veces... lo sé. Ni siquiera hace frío, aunque también me guste el frío. A veces pienso que debería mudarme a Laponia y dedicarme a leer toda la literatura criminalista sueca actual, descartando a Mankell, para documentarme. Aunque no me guste la carne de reno... y en este preciso instante mate por comerme un regaliz rojo... o unos cuantos.


Me pregunto si en Laponia también habrá regalices y sugus de cereza.







P.D. Hildegarde Neff

Te escribo en voz baja desde un seis de octubre




Acabo de colgar el teléfono tras una conversación de 20 minutos con ella. Confesaré no haberle prestado atención, o al menos no demasiada. Hice las preguntas corteses; las adecuadas, indicadas y esperadas. Le dije que bien, que estaba bien. Yo siempre estoy bien. Y prometí que la semana que viene, que tengo unos días libres, sólo trabajo el lunes, para llevar la contraria a la media España que se va de puente, encontraría un hueco para vernos. Cuando le digo que este viernes no podrá ser, que estaré fuera, me pregunta por ti. Siempre lo hace, siempre encuentra un motivo o una excusa para hacerte presente y sacarte de entre las sombras donde involuntariamente habitas, que para olvidar no hay fechas. No sé qué contestarle... Que no sé nada de ti, que ni siquiera sé dónde estás ahora o con quién, si es que tienes a alguien a tu lado, alguien que te quiera como te mereces, como yo no supe hacerlo. Y no, claro que es porque no quiero, o porque me falta el interés o las ganas o me puede la apatía; me adelanto a sus palabras, inevitablemente siempre repite lo mismo. Me recuerda aquellos días en Barcelona 'borneando', el billete de ida que se quedó sin vuelta en las calles de Beacon Hill y los insufribles chilaquiles de la Casa de México. No entiendo por qué trata de brindarme motivos. Ni los necesito, ni los quiero, ni los he pedido. Los recuerdos, incluso a veces los no tan buenos, no son aristas que corten mi presente; que como decía el poeta, aunque yo quisiera contarlo como una historia triste, no es posible, porque el tiempo cicatriza con días las heridas.










P.D. Goldie Hawn

martes, octubre 05, 2010

Quiero que en mi cumpleaños me regales flores amarillas





"Hay demasiadas cosas
de las que preocuparse,
siempre distintas, siempre imprescindibles,
y nunca se termina,
y apenas se respira... Y además
está el muchacho que jamás nos mira,
la chica que no sabe que la amamos
Y Platón predicando represiones...
Y a esto le llaman vida..."











[Lo último que recuerdo son las palabras de Anna Gavalda... la vulgaridad de corazón es algo indecible... y de pronto abro los ojos, suena el teléfono, publicidad... no podia ser de otra manera; pasan de las siete y llevo algo así como una hora durmiendo. Las gafas sobre la punta de la nariz y el libro aún entre las manos. No soy consciente de haberme quedado dormida... esta noche lo recordaré, sin duda. Cuando vuelva a meterme en la cama y me quede mirando de nuevo al techo, dibujando sombras con mis manos y redecorando mi vida.]








Siempre lo digo, lo sé, me repito, es irrenuciable...
jamás respetaré a un tipo al que le guste Sabina... pero, de cuando en cuando...


Igual que se tienen sueños... y una acaba despertando, abriendo los  ojos y viendo que en realidad todo sigue en el mismo lugar,
que se sigue siendo la misma aunque se sea distinta,
que tenemos las canciones,
que ya lo cantaba el gran Leonard,
we'll never mind we are ugly, but we have the music,
 que aún nos quedan las personas curvas,
y que aún tenemos las flores.








Tiene que llegar el momento de volver a ser lo que nunca debí dejar de ser

Todo es mentira en las películas... aunque yo siempre me lo crea y quiera que mi vida sea una de ellas





No me gusta la gente que siempre es amable y tiene una sonrisa en los labios, que se diría ocultan un as en la manga y parecen caer bien a todo el mundo. Creo que esa actitud tiene que ser calculada, fingida, buscada e impostada. Desconfío de la gente que a todo tiene que sacarle punta, que a todo le encuentra la gracia, y de la que se ríe de los chistes ajenos aunque a leguas se vea que no le hacen ni la más mínima gracia. Y con lo que a mí me gusta reírme. Bueno, en realidad me gustan muchas otras cosas...

Uno puede pisar un charco y echarse a reír, incluso tropezar y bajar unas escaleras a trompicones y acabar estampada contra el suelo, los papeles volando hasta el menos 3... y echarse a reír. Yo misma, esta mañana, entre los gritos de P.: "Ay, por Dios, Dae, que te escoñas". Y claro, fue escuchar eso de "te escoñas" y no poder parar de reír. Por si les interesa, estoy bien, algo magullada y avergonzada, todo hay que decirlo; pero una no puede escoñarse y no reírse. Que al fin y al cabo si no lo haces tú, otros lo harán por ti.

Me venía bien echarme unas risas, aunque fueran a mi costa. Quiero reírme, de esas veces en las que no puedes parar, que encadenas unas risas con otras. Y aunque últimamente he sonreído bastante, casi tantas como llorado, hace demasiado tiempo que no me río, de veras, con ganas, aunque no tenga demasiado sentido, aunque no tenga motivos... tengo que encontrarlos y supongo que antes, obvio, buscarlos.

Cuando me río soy otra, probablemente si estuviera frente a un espejo no me reconocería. Y al contrario de lo que dicen muchos, que la risa sienta bien, no estoy más guapa (suponiendo que lo fuera... guapa, digo). Veo mis fotos en las que salgo riendo y no me gustan, no me reconozco, no soy yo.

Ahora, por ejemplo, en lugar de estar concentrada en la pantalla debería estar riéndome a mandíbula batiente con el último chiste que circula y en este preciso instante un compañero está escenificando con todo lujo de detalles. Entenderán que se lo ahorre, va de mujeres y sus atributos. Culo, tetas y ¡ay. Omá, qué rica! Se agradecería que un día de estos, una de dos, o cambiaran de repertorio o se acabasen los chistes.

Bien, vale, a lo mejor es que soy una hipócrita. No soporto los chistes con alusiones racistas, escatológicas y sexuales. Y no, no soy racista, o eso creo. Las visicitudes intestinales ajenas deberían sufrirse en silencio y sobre sexo, qué decir, que es estupendo hablar sobre él, pero como seres adultos, no en plan post-adolescentes en plena efeverscencia hormonal. Pero lo segundo mola y lo primero asusta, parece. Que es como reírse de los chistes malos, uno se ríe aunque no tengas ganas y menos gracia te hace; y uno bromea y hace alusiones más o menos explícitas y siempre graciosas, o eso se pretende, de su vida sexual, aunque el único polvo que conozca sea el que se acumula sobre la mesilla de noche. Pero  mis favoritos y aclaro, modo generalización-meter-a-todos-los-tíos-en-el-mismo-saco-y-todos-los-romanos-son-iguales on, son aquellos que te abren la puerta, autoinvitan a su lengua a darse un paseo por tus amígdalas y no dejan de quejarse de que ellos sigan siendo los que tienen que tomar la iniciativa. Curiosa expresión que nunca he acabado de llegar a entender del todo, porque siempre que he llevado a cabo lo que yo entiendo por eso, me he visto envuelta en una película que podríamos titular "El cazador cazado", donde a la manera de Bette Davis en "Qué fue de Baby Jane" me quedo de protagonista absoluta, y claro, sin tener a una Joan Crawford al lado para que me conceda la réplica. A lo mejor es que la noche me confunde... sí, va a ser eso.













P.D. Janet Margolin




[No viene a cuento... pero no es justo para los que vivimos en provincias que un concierto sea un miércoles y en la capital]

Crónica del laberinto


[Anoche me pasé dos horas y media (por reloj) dibujando sombras en el techo desde la cama, donde me dio tiempo tiempo a repasar mi vida, obra y milagros de los últimos meses. Consecuencia, he redecorado mis ideas.

Tras la ventana, siempre abierta, no entraban las sombras; ni el rumor del viento entre las hojas del sauce; sino las voces de una radio con José Ramón de la Morena a la cabeza (si al menos hubiese sido el "Hablar por hablar", que ni siquiera sé si sigue existiendo). Consecuencia, no volví a tener sueños extraños, no me dio tiempo o en todo caso no lo recuerdo.

Cuando parecía que acababa de dormirme, sonó el despertador, lo apagué y acabé por levantarme tarde, siempre tarde. No he desayunado, me duele la cabeza (a mí que nunca me duele absolutamente nada y por tanto nunca tengo ni una mísera aspirina) y estoy en esos días en los según ciertos anuncios es maravilloso ser mujer. Consecuencia, muerdo.

Llego a la oficina, el jefe brilla por su ausencia, en el registro de salida hay atasco, como ayer me quedé hasta relativamente tarde, para mis horarios, no tengo ningún pendiente. Y hoy no quería escribir, quería darles un respiro a mis sufridos lectores (en todo caso si un día me voy me iría sin despedirme, pero este no es el caso), se me presenta una mañana absolutamente vacía (por el momento). Leo vuestros comentarios. Consecuencia...]




Es la segunda o tal vez tercera vez que digo lo mismo. No tengo ni la más mínima intención de moderar los comentarios, ni la he tenido nunca. En términos generales no me importan, ni me molestan, ni me resultan desagradables. No podría ser de otra manera, si una expone públicamente sus miserias debe entender que éstas pueden ser replicadas por otras; aunque se parta de la idea de que la buena educación deba estar siempre presente, parece que que no todos lo comparten, y que quién voluntariamente, se supone, lee esto, lo hace porque por el motivo que sea le entretiene, para lo bueno y parece ser que también para lo malo.

Será que me he levantado con el pie izquierdo del lado derecho de mi cama, y lo que normalmente no me molesta y me resulta indiferente, hoy sí me duele. No sabría explicar por qué hoy sí y otros días no, en fin, poco importa. Dudo ser tan importante como para que tú busques aquí cinco minutos de fama, no creo que ése sea tu objetivo, en el caso que tengas alguno; pero el mal humor me hace ser generosa, así que te los brindo.

No sé quién eres, y me repito, tampoco importa, tú tampoco sabes quién soy yo; aunque parezcas haberte formado una estupenda y profunda opinión sobre mí. Bien, como este mi universo paralelo, mi realidad alternativa, pongamos que te imagino mujer (puede que seas hombre o mediopensionista); que estás, digamos, en Sevilla (a lo mejor es Cuenca o Tetuán); que te dedicas a la docencia (aunque puede que seas recolectora de naranjas o conductora de autobús) y que tu profesión frustrada es la de médico psiquiatra, on line y gratuito, se presupone.

Tengo un gran defecto, tengo muy buena memoria, para lo bueno y para lo malo. Y esto es especialmente peligroso con las cosas buenas, porque las recuerdo y siempre me las creo. Suele olvidárseme que ante ellas hay que contar hasta 100 antes de tomártelas por ciertas, y no digo que mientan, los otros, los que dicen; no, seguro que son sinceros o creen serlo al menos en el preciso instante en el que pronuncian esas palabras. Pero de mi ingenuidad galopante que renace de sus cenizas cual ave fénix ante un nuevo desafío, ya hablaré en otro momento.

Porque también recuerdo las malas, aunque me las tome con mayor distancia y crea encajar bien las críticas. Pero qué quieres que te diga, chica (ya he dicho que lo seas o no, he decidido que seas mujer), no considero que como críticas u opiniones puedan considerarse tus comentarios. Unos pocos ejemplos de los últimos tiempos: estoy como una regadera, si soy más tonta no llego a nacer, estoy tarada, sufro bipolaridad y estoy maniaco-depresiva, mi mente es insana, soy una guarra, sufro de diarrea mental y por supuesto soy una ninfómana.




"la uña de mi pie dijo...
Entre las uñas de los pies, y la regadera que tienes por cabeza, tu blog queda reducido a un batiburrillo de incoherencias dirigidas al tío que te dejó(o dejaste, lo mismo da que da lo mismo)"

4 DE OCTUBRE DE 2010 21:50



¿Y soy yo la que debo hacérmelo mirar? Probablemente... pero ni te imaginas lo equivocada que estás, aunque agradezco sin duda el tiempo que dedicas a leerme, que sin duda no merezco, y tus buenos deseos agenciándome un tipo al que echar de menos. Con lo lista que debes de ser y no te hayas dado cuenta de que todo es humo...

Y no, precisamente ninfómana no soy; ni de pensamiento ni de obra; que no habré repetido por activa y por pasiva mi atrofia sexual y emocional.








P.D. Joan Crawford

lunes, octubre 04, 2010

El último en irse que apague la luz




Quería hacer una lista de cositas buenas. Coger papel y pluma, si la encontrara entre el desorden, y apuntar buenos deseos tratando de contrarrestar lo malo de este día que se está yendo un poco por el lado equivocado.





He comenzado a hacerla mentalmente y me he dado cuenta de que es infinita, porque resumiendo, lo quiero todo, aunque apenas tenga nada y me conforme con menos... Quiero escuchar todas las buenas canciones y algunas de las malas; quiero aprender a bailar tangos, que la última vez que lo intenté me echaron de la clase; quiero aprender a viajar sola aunque quiero irme de vacaciones acompañada; quiero comer arroz a banda y langosta; quiero pasear contigo por Madrid y emborracharme a tu lado; quiero hablar francés y tocar el cello; quiero irme a vivir a Berlín y ser capaz de pagar la hipoteca de mis 50 metros todos los meses; quiero tomar cervezas heladas y compartir una puesta de sol; quiero verte sonreír, pero también quiero verte llorar; quiero leer todos los libros y  abandonar sin terminar los que no me gustan; quiero reírme con "The big band theory"  aunque sólo tú me hagas sonreír; quiero aprender a planchar y que alguien cocine para mí; quiero perderme en Montevideo y que me encuentren en  Guatemala; quiero que me gusten un poco más "The Beatles" y un poco menos Rocío Jurado; quiero que tú, tú y el de más allá dejéis de llamarme los domingos por la tarde con la excusa de un polvo disfrazado de café y tostadas quemadas y quiero que tú me llames con la excusa de un café servido sobre tu almohada; quiero dejar de odiar a Leonor Watling, Patti Scialfa y a la mujer de Hugh Jackman y quiero aprender a perdonarme; quiero que me mires con los ojos de Jackob Dylan y me digas que te gustan mis zapatos; quiero que la gente no me parezca tan fea y quiero que me gusten las persona que me recuerdan a mí; quiero volver a New York y quiero recorrer la ruta 66; quiero dormir sola pero irme a la cama acompañada; quiero saber que soy capaz y que todo va a salir bien; quiero que sepas que existo y que estoy aquí, en una esquina; quiero parafrasear al Sabina y decir que puedes tomar mi dirección y cuando te canses de amores baratos de un rato, me llames; aunque quiero que no te guste el de Úbeda porque no podría respetarte; quiero ser feliz y quiero que seas feliz aunque yo no vaya a estar a tu lado... quiero decirte algo, pero tendrás que preguntármelo...



Sí, tú, no mires hacia otro lado... no hay nadie más, es a ti... siempre va por ti, aunque lo dudes... no sé cómo me aguantas.








P.D. Joan Collins


[Y esto sólo es la parte políticamente correcta...]

A la mierda el título... y la canción y hasta la foto

Por favor, por favor, por favor...








[Esto es como lo del camello cojito... lo quiero, lo quiero]





Me voy a casa... a comer, que ya son horas y a dormir la siesta para que la noche del lunes vuelva a pasarla en vela.





No sé en qué momento lo olvidé... pero ahora sí.

Se acabó.

Even cowgirls get the blues




Si fuese valiente y supiese mirar a la realidad a la cara y no esconderme tras palabras que me roban el trocito de alma que aún me queda... 

Pero no lo soy, aunque a veces lo parezca o lo finja u otros lo crean... a veces es fácil, otras, ya saben... el resto es humo, y a veces ciega. 











P.D. Eleanor Boardman

En presente




"La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras".

Cristina Peri Rossi





De veras que no es tontería, será lo poco que he dormido que me nubla la conciencia, o lo de ir con las uñas pintadas de rojo, o el haber llegado a un punto de no retorno del que ya no es posible retroceder; o tal vez sea el cansancio y las dudas, las ganas o los sueños, esos deseos que nunca van a tornarse en realidad, pero que no dejo pese a todo de invocar... que hoy me da por vestirme de superheroína, con capa y botas, que para eso llueve, o lo hacía hasta hace un rato, que ahora luce el sol con una intensidad que nos ha hecho correr las cortinas.

Me siento bien, como si tuviera motivos que festejar y fuera a soplar unas velas y a abrir regalos, aunque nunca me hayan gustado los cumpleaños, no tanto los ajenos como los propios, y como siempre en estas situaciones, tiendo a la inconsciencia y entierro a la chica tímida, solitaria y asocial, entierro al disfraz bajo otro disfraz; el gris bajo el morado; los vaqueros bajo la capa y las botas. Por una vez quiero ser yo la que se seque las lágrimas, la que sea capaz de acercarse al sol sin que se me derritan las alas, de decir lo que siento y no sólo lo que pienso, que esto último debería aprender a callarlo o en todo caso a medirlo; que como dijo el poeta, si quiero saber de amor, deberé cuidar las cosas que te digo y no meditar el cuerpo que te ofrezco.

Así que hoy, tal vez mañana, espero que hasta el lunes; ondearé mi capa al viento. Y seré aquí y ahora todo lo que siempre he querido ser y no supe, y diré todo lo que siempre quise decir y no pude, aunque los vientos no sean favorables y no arribe a ningún puerto, porque nunca fue tan cierto lo que escribió Kavafis, que Itaca ha sido y será el camino. Aunque mi meta sea tu cuerpo y las superheroínas no olviden.

Que ya se sabe que es lo que tienen, que las dibujaron así, you know. Y son fuertes y tenaces y si sufren nadie sabe y los dolores no duelen y las dudas siempre son certezas, y a nada tienen miedo; que para eso son las protagonistas de su propia película, digo vida; y nunca se despeinan aunque salten de tejado en tejado y los malos siempre se rinden a su paso, aunque alguno que otro se resista, pero sólo un poco, de lo contrario sería muy aburrido. Y no olvidan que nunca los otoños son iguales, y que este jueves habrá luna nueva, que yo no sé si la luna en ese estado es promesa de algo, pero de seguro es que ellas lo saben porque no sufren de insomnios, desvelos y duermevelas, y conocen la forma de hacer el amor entre cenizas y sobrevivir a todos los naufragios.











P.D. Clara Bow

Yo, mi, me, contra mí



Va a ser que esto de pintarse las uñas tiene efectos secundarios incontrolables, que una se siente un poco disfrazada y un poco otra y hace cosas como colgar una foto suya en el Facebook. Ayer de madrugada me dio por pensar que a lo mejor tenía que demostrar que no era una especie de androide o algo así, y no se me ocurrió mejor idea... ya saben, no soy mujer de recursos.

Alguien me lo acaba de recordar ahora y me ha faltado tiempo para arrepentirme. Pero desde aquí no tengo acceso, obvio... A veces no entiendo qué es lo que tengo que demostrarme a mí misma.

Something in the way it comes





Pensaba quitarme la laca roja de las uñas esta mañana, la de las manos. Anoche cuando llegué a casa estaba demasiado cansada y con un buen montón de cosas por hacer que por supuesto no hice. Así que pensé que esta mañana, antes o después de la ducha o durante el desayuno, me pondría a la tarea. Pero me levanté tardísimo, 6:45 y antes de las 7:30 debía de estar en la oficina (aún me pregunto para qué). Ayer me costó horrores dormirme y esta mañana las ojeras pisan el suelo. No tuve sueños por tercera noche consecutiva, o al menos no los recuerdo, no me dio tiempo, creo que acababa de dormirme cuando sonó el despertador y afuera seguía lloviendo. Me hubiera gustado.

Mis manos destacan sobre el teclado. Es extraño, no las reconozco. Nunca antes me había pintado las uñas de rojo, al menos no lo recuerdo. Y me gustan, parecen otras, que pertenecen a otra persona, que no son mías; como si me hubiese disfrazado en parte o no fuera yo o al menos una parte de mí fuera otra. Y eso es bueno, creo. Quiero empezar a hacer las cosas que siempre descarto por miedo, por timidez, por desconfianza. He empezado por algo tan absurdo como pintarme las uñas... pero esto ha sido sólo el comienzo de lo que voy a hacer esta semana. No sé qué va a pasar, sólo que quiero que pasen cosas y mis uñas pintadas de rojo estarán ahí para verlo.





P.D. Elsa Martinelli

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