martes, octubre 05, 2010

Crónica del laberinto


[Anoche me pasé dos horas y media (por reloj) dibujando sombras en el techo desde la cama, donde me dio tiempo tiempo a repasar mi vida, obra y milagros de los últimos meses. Consecuencia, he redecorado mis ideas.

Tras la ventana, siempre abierta, no entraban las sombras; ni el rumor del viento entre las hojas del sauce; sino las voces de una radio con José Ramón de la Morena a la cabeza (si al menos hubiese sido el "Hablar por hablar", que ni siquiera sé si sigue existiendo). Consecuencia, no volví a tener sueños extraños, no me dio tiempo o en todo caso no lo recuerdo.

Cuando parecía que acababa de dormirme, sonó el despertador, lo apagué y acabé por levantarme tarde, siempre tarde. No he desayunado, me duele la cabeza (a mí que nunca me duele absolutamente nada y por tanto nunca tengo ni una mísera aspirina) y estoy en esos días en los según ciertos anuncios es maravilloso ser mujer. Consecuencia, muerdo.

Llego a la oficina, el jefe brilla por su ausencia, en el registro de salida hay atasco, como ayer me quedé hasta relativamente tarde, para mis horarios, no tengo ningún pendiente. Y hoy no quería escribir, quería darles un respiro a mis sufridos lectores (en todo caso si un día me voy me iría sin despedirme, pero este no es el caso), se me presenta una mañana absolutamente vacía (por el momento). Leo vuestros comentarios. Consecuencia...]




Es la segunda o tal vez tercera vez que digo lo mismo. No tengo ni la más mínima intención de moderar los comentarios, ni la he tenido nunca. En términos generales no me importan, ni me molestan, ni me resultan desagradables. No podría ser de otra manera, si una expone públicamente sus miserias debe entender que éstas pueden ser replicadas por otras; aunque se parta de la idea de que la buena educación deba estar siempre presente, parece que que no todos lo comparten, y que quién voluntariamente, se supone, lee esto, lo hace porque por el motivo que sea le entretiene, para lo bueno y parece ser que también para lo malo.

Será que me he levantado con el pie izquierdo del lado derecho de mi cama, y lo que normalmente no me molesta y me resulta indiferente, hoy sí me duele. No sabría explicar por qué hoy sí y otros días no, en fin, poco importa. Dudo ser tan importante como para que tú busques aquí cinco minutos de fama, no creo que ése sea tu objetivo, en el caso que tengas alguno; pero el mal humor me hace ser generosa, así que te los brindo.

No sé quién eres, y me repito, tampoco importa, tú tampoco sabes quién soy yo; aunque parezcas haberte formado una estupenda y profunda opinión sobre mí. Bien, como este mi universo paralelo, mi realidad alternativa, pongamos que te imagino mujer (puede que seas hombre o mediopensionista); que estás, digamos, en Sevilla (a lo mejor es Cuenca o Tetuán); que te dedicas a la docencia (aunque puede que seas recolectora de naranjas o conductora de autobús) y que tu profesión frustrada es la de médico psiquiatra, on line y gratuito, se presupone.

Tengo un gran defecto, tengo muy buena memoria, para lo bueno y para lo malo. Y esto es especialmente peligroso con las cosas buenas, porque las recuerdo y siempre me las creo. Suele olvidárseme que ante ellas hay que contar hasta 100 antes de tomártelas por ciertas, y no digo que mientan, los otros, los que dicen; no, seguro que son sinceros o creen serlo al menos en el preciso instante en el que pronuncian esas palabras. Pero de mi ingenuidad galopante que renace de sus cenizas cual ave fénix ante un nuevo desafío, ya hablaré en otro momento.

Porque también recuerdo las malas, aunque me las tome con mayor distancia y crea encajar bien las críticas. Pero qué quieres que te diga, chica (ya he dicho que lo seas o no, he decidido que seas mujer), no considero que como críticas u opiniones puedan considerarse tus comentarios. Unos pocos ejemplos de los últimos tiempos: estoy como una regadera, si soy más tonta no llego a nacer, estoy tarada, sufro bipolaridad y estoy maniaco-depresiva, mi mente es insana, soy una guarra, sufro de diarrea mental y por supuesto soy una ninfómana.




"la uña de mi pie dijo...
Entre las uñas de los pies, y la regadera que tienes por cabeza, tu blog queda reducido a un batiburrillo de incoherencias dirigidas al tío que te dejó(o dejaste, lo mismo da que da lo mismo)"

4 DE OCTUBRE DE 2010 21:50



¿Y soy yo la que debo hacérmelo mirar? Probablemente... pero ni te imaginas lo equivocada que estás, aunque agradezco sin duda el tiempo que dedicas a leerme, que sin duda no merezco, y tus buenos deseos agenciándome un tipo al que echar de menos. Con lo lista que debes de ser y no te hayas dado cuenta de que todo es humo...

Y no, precisamente ninfómana no soy; ni de pensamiento ni de obra; que no habré repetido por activa y por pasiva mi atrofia sexual y emocional.








P.D. Joan Crawford

8 perdidos en el laberinto:

Anónimo dijo...

Somos imperfectos. Afortunadamente.

Anónimo dijo...

Con su permiso, Dae, me gustaría proponer, como banda sonora para este post, "I'll still be true", con la gran Sharon Jones y los Dap Kings...

http://www.youtube.com/watch?v=lIjus1mwEMU

Huntter

Paciente Asturiano dijo...

Mi madre me repite hasta la saciedad un refrán sabio como ella.

No hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

Procuro hacerle caso, salvo cuando me tocan la fibra, esa, la más sensible.

Tu famoso anónimo ya ha conseguido su minuto de gloria.

el héroe de la historia dijo...

Sin duda, el tiempo que tú me dedicas, lo devuelves con creces.

Puedes seguir devanándote los sesos y haciendo cábalas sobre mí, pero nada de ello cambiará lo que despiertas....y no es otra cosa que, pena... mucha pena.

Lo siento por toda esa gente que a diario lucha por sobrevivir en este mundo, por tener una oportunidad....si supieran que hay otros que ni saben aprovecharla....cagüen tó!!

el héroe de la historia dijo...

Olvidé añadir, que pensar en los demás no es lo tuyo, por tanto, poco puede inmutarte mi respuesta. Si no se habla, de... y para ti...nada se puede esperar.

Vir dijo...

¡¡¡¡Bravo!!!! De vez en cuando me gustas guerrera. Que sepas que en tu diarrea mental muchos encontramos el consuelo de no sentirnos solos en un mundo al que no pertenecemos del todo. (Aplausos)

El silencio y otras palabras dijo...

La verdad es que no entiendo (y esto va por "el héroe de la historia) por qué sigues leyendo un blog que te da pena. No deja de ser algo absurdo. De todas formas creer que una persona es lo que aquí escribe en 5 (o 10, o 15, o
20...) líneas es bastante triste.

Vale que esto no va conmigo, y que sé que no debería meterme, pero es que de vez en cuando a una se le hincha la vena (como a la Patiño) y no logro callarme. En fin, que aquí estamos todos voluntariamente, al que no le guste que se vaya.

Anónimo dijo...

Estimada Dae: a lo mejor llego tarde a comentar esta entrada, pero como resulta que soy docente y de Sevilla, y a veces me paso a leer tus crónicas, quería dejar constancia de que cuando lo hago es siempre con placer (que no está el tiempo para perderlo) y cierto afecto virtual, aunque me haya tocado la china de compartir esos dos rasgos del bio-retrato robot que haces del ciberresentido.
Un saludo.
Juan

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