Y hablando de Springsteen y de 'Glee', aunque la original sea insuperable la camarera de 'Pushing daisies' (Kristin Chenoweth será por los restos la camarera de 'Pushing Daisies') y Mr. Schu se lo han currado.
Aunque con el original no haya competencia posible. ¿Que no me creen? Vean esto (aunque sea la décima vez que cuelgo este vídeo aquí... Bufff...
No comment...
lunes, agosto 30, 2010
para decirle que de ahora en adelante no llevaré foto en el carné.
¿Sabéis por qué?
Todos deberían reconocerme."
Sue 'Glee' Sylvester
Para que luego me pregunten por qué me gusta 'Glee'. Sólo por ver a Don "Jon Hamm" Draper cantando el "Born to run" con la inestimable ayuda de Tina Fey merece la pena.
P.D.1 Entrada de la retransmisión de los premios Emmy 2010 anoche.
P.D. 2 Gracias a mi chico raro favorito, que me pasó el enlace.
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Placeres culpables
Tenía una entrada pendiente, la segunda parte de las series a las que estoy encadenada. Y sí, sé que a nadie le importa. Pero cumplo mis promesas... algunas... generalmente.
Pero no va a ser ahora, que el Jefe acaba de invitarme a un café, y aunque no me guste el café es mi jefe, y aunque no fuera mi jefe...
Me había quedado en "True blood", creo...
Les dejo con Peggy "Elisabeth Moss" Olson, una de mis chicas 'Mad men' favoritas y que ayer en la gala de entrega de los Emmy estaba absolutamente fabulosa. En color, of course, porque ella lo vale.
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En movimiento (el caso es andar)
Ahora que mi Andrés abomina del Twitter ('[...]140 caracteres pueden metérselos profundo en medio del ojete, me importa tres pepinos perder un segundo más en el rebaño de boludos con Blackberry o lo que es peor... conectados a la nada a cambio de demostrar que son infantiles[...]'). Una va y decide conectarse, no al Twitter, que sigo sin tener la más remota idea de qué carajos es (ni intenciones, ni ganas); sino al Facebook, aunque tampoco tenga nada claro para qué sirve, cómo funciona y si a mí me va a servir de algo (sí, lo sé, últimamente le he dado a mi vida una orientación utilitarista que me asusta un poco... sólo un poco).
Llevo demasiado tiempo recibiendo invitaciones de gente, algunos hasta los conozco (o los conocí en otras vidas), que han sido ignoradas automáticamente, una tras otra, sin tregua. Gente que expone su fotografía de frente y de perfil, fecha de cumpleaños, nombre y dos apellidos, estado civil y carencias vitales. Como mi amiga Sal, posando sonriente con su nuevo peinado. Ella, que desconoce la existencia de este blog, ya que de hacerlo pondría el grito en el cielo sin abandonar los pies de la tierra (toda una artista en este menester). Posar para Facebook es políticamente correcto, contar miserias aquí, no; que ya nos conocemos (y de hecho hace casi 20 años de eso).
Como parece que la pregunta de moda ha pasado a ser: "¿estás en Facebook?" , al responder siempre que no, pasaba a tener que aguantar el subsiguiente discurso aburrido y proselitista. Llegué a un punto en el que no hubiera sido capaz de escuchar una vez más la enumeración detallada de todas las ventajas de la red social y acabé por decir que sí, que tenía un perfil allí; y antes de dar paso a la fatídica sentencia ('agrégame como amigo', parece ser que hay algunos que coleccionan amigos en la distancia virtual del Facebook como yo sugus de cereza); lo decía yo antes. Todos tan contentos, ellos en su ignorancia; yo en mi mentira. Dudo que se percataran que en realidad no había cumplido mi (falsa) promesa, ocupados como parecen todos en colgar la foto de su útlimo desayuno y en batir todos los records de desconocidos amigos agregados.
Debo confesar que caí en un momento de debilidad. Estaba el viernes a la tarde esperando que vinieran a colgarme las cortinas (digo, a ayudarme a colgar las cortinas) y como se retrasaron algo así como tres horas, yo allí sentada en mi silla (recuerden que aún no tengo sofá) dándole vueltas a lo de siempre (soy monotemática y absurda, no he acabado de entender eso que siempre repite mi madre, que si una cosa no tiene solución para qué darle más vueltas, y si la tiene, pues igualmente). Sonaba Shostakovich, que a mí siempre me baja las defensas. Algunos tienen que tomarse un cognac (o dos o tres, échale la culpa al alcohol de tu presunta desinhibición) para desnudarse, quitarse disfraces, y capas cual cebolla humana. Yo escucho a Shostakovich y sin dejar de ser yo, acabo mostrando partes de mí de las que ni yo misma soy consciente de poseer. Bien, esto no es cierto, si de algo puedo presumir, probablemente lo único, es de conocerme bien a mí misma; pero estarán de acuerdo conmigo en que suena bien al decirlo/escribirlo.
De pronto me llega una nueva invitación de Facebook que ignoro como es lo oportuno, más por inercia que por premeditación. Era de alguien que sí conocía; o conocí, más bien. Hace poco nos encontramos por inciertos motivos, sienta bien eso de ver casi 20 años después al amor imposible de tu adolescencia, ése que ignoraba tu existencia, que te hacía sentir invisible; y ser tú ahora la que le ignoras, la que le traspasa con la mirada sin detenerse en su presencia. Al que cuesta reconocer por lo mucho que ha cambiado sin ni siquiera haber cumplido los 40, en realidad debe de andar por los 36; y al que le cuesta mucho reconocer que la mujer tímida e insegura que tiene delante es la misma adolescente tímida e insegura de veinte años atrás. Me temo que tanto le cuesta reconocer que ni siquiera me reconoce y se inicia un baile de fingidas sorpresas y velados descubrimientos.
Así que allí estaba yo, con Shostakovich de fondo, que me provoca aflorar sentimientos y hasta ternuras, impaciente y sobria; combinación imperfecta para acabar meciéndome peligrosamente en un abismo de deseos incumplidos. Por eso acabo por elegir el Facebook (al final todo se reduce a una elección), la seguridad de lo desconocido e incierto y olvidar que es viernes y que no tengo el valor para quedarme con la inseguridad del otro, también desconocido e incierto y con la hospitalidad ofrecida en la calle del Arenal.
P.D. Ya saben, para todo lo demás me encontrarán a partir de ahora en la red de redes... Una buena pregunta sería qué es todo lo demás. Les prometo que cuando lo descubra se lo cuento, aquí, claro.
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domingo, agosto 29, 2010
Una habitación luminosa llamada día
"No te mereces el poder de Madonna.
No tienes confianza en ti misma, control sobre tu cuerpo, ni magnetismo sexual.
Resumiendo, tienes la sensualidad de esos pandas que están en el zoo que se niegan a aparearse."
Sue 'Glee' Sylvester
Odio tanto los domingos por la tarde como a veces me odio mí misma, aunque lo segundo, a veces, sólo a veces, sea pasajero. Bien lo cantaba Drexler, disco rayado que hoy sólo tiene cara B... bo me lo tengas en cuenta.
P.D. Jane Wyman
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viernes, agosto 27, 2010
A las del viernes, 27 de julio de 2010
Llevo media tarde sin poder moverme de casa esperando a que vengan a ayudarme a colgar las cortinas... y no es que me queje, que a lo mejor, aún sin excusas, me hubiese pasado la tarde igualmente en casa; y en todo caso agradecida y emocionada que una está por la futurible ayuda ofrecida.
He comenzado a ver la 2º temporada de "Sons of anarchy", siguen siendo igual de feos y de malos. Y me he dedicado a leer. Incluso me leído a mí misma. El invento este de las entradas aleatorias tiene su gracia, me ha hecho recordar circunstancias, momentos, personas y situaciones que había enterrado en el olvido, y no siempre con premeditación. He descubierto que aún soy capaz de divertirme conmigo misma, riéndome conmigo y de mí... que no es poco.
También he descubierto, y no la recordaba (a dónde irá el anonimato en la red cuando de forma más o menos voluntaria lo perdemos), una boina granate de Burdeos (como dijo aquél). Algunas fotos y muchas canciones. No sé, me ha hecho gracia. Sigo viva.
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I'm gonna chase the clouds away
Hoy me he levantado a las cinco de la mañana, apenas he dormido, no sé, tres, cuatro horas. Como consecuencia las ojeras me llegan al piso. A las 6:13 me subí al coche, en realidad debían de ser las 6:07, tengo el reloj adelantado (llego siempre tarde, pese a todo). Al darle a la llave de contacto ha comenzado a sonar “Waiting on a sunny day”. No suelo ver señales donde no existen las señales (o eso me digo a mí misma). Pero en un coche que no era el mío (el mío para no variar vuelve a estar en el taller), en un disco que probablemente sí fuera mío… no sé, suena justamente esta canción, que siempre me ha dado un buen rollo impresionante. Es de ésas que te invitan a cantar a voz en grito, a bailar, a sonreír, a ver la luz en medio de la oscuridad…
Y tú vas y me cuentas que por fin se va a publicar la esperadísima caja del “Darkess on the edge of town”. He mirado el calendario, el 16 de noviembre es un martes. Quién ha dicho que los martes son los nuevos lunes…
Cambien a Rachel por mí, y pónganle algo así como 20 años más; eso duele...
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jueves, agosto 26, 2010
Let it be me
La de abajo, bueno, la de abajo no, que es Romy "Sissi Emperatriz de Austria y reina de Hungría" Schneider, la que con Alain "Rocco y sus hermanos" Delon, formó la pareja más guapa del mundo mundial (y la más trágica) e hizo llorar a mi madre lo que no está en los escritos.
Pues eso, la de más abajo es Chrissie "The Pretenders" Hynde, que imagino que no necesita presentación.
Ya sé, la lista de mujeres a las que yo siempre he querido parecerme (a todas, o casi, menos a mí misma) es interminable. Siempre les cuento lo mismo... yo quería ser como Veronica Lake y tener una granja en Africa al pie de las colinas de Ngong, ser Audrey Herpburn, casarme con Michael Caine y soñar que volvía a Manderley perdiendo la cabeza como Ninotchka, viviendo un amor que desafiara al espacio y al tiempo con el capitán Gregg... Y quería tener la voz y el talento de Chrissie Hynde, y obvio, su flequillo...
Decía Leonor Watling, 'antes de', en una entrevista, que lo de su pelo era una tragedia griega. Y yo, que ni me parezco, ni quiero parecerme a ella (que Jorge Drexler se vaya es cuestión de tiempo y yo estaré ahí esperándole), comparto tragedia capilar con ella.
Entiendo que lo normal es que una le tenga miedo a perder la cabeza por quién no te ha de corresponder, a que te atropelle un coche cuando cruzas un paso de cebra pese a que has esperado como una completa gilipollas a que el semáforo se pusiera en verde, al dolor, al daño y a las penas, a que Bruce deje a Patti y no sea precisamente para venirse conmmigo, a que mi sobrina de tres años me pregunte por qué no tengo niños y yo me quede sin respuestas, a la depilación a la cera, al abandono, a la muerte, a sentarse en el sillón del dentista y a sus facturas. Pero ni modo, yo le tengo miedo a pasar por delante de una peluquería cualquiera de un barrio cualquiera un día de estos cualquiera, y a lo que es peor, a entrar.
Cuando decidí convertirme (aún más) en la portentosa mujer invisible, me corté el pelo. Háganme caso, si lo que quieren es desaparecer del mapa, corténse el pelo a lo garçon; a lo chico, vamos; que los franceses dicen lo mismo pero siempre lo dicen mejor (sí, lo sé, esto ya lo conté). De eso hace más de año y medio y a día de hoy mi pelo luce un aspecto indescriptible que no es ni corto, ni largo; a juego con un color igualmente indescriptible. Cuando decidí transmutarme en invisible decidí hacerlo del todo, así que abandoné coloraciones y tintes y me decanté por lucir eso que algunos llaman 'mi color natural'. A saber, como dice mi amiga C., color rata, que traducido equivale a ese castaño alcanzado con el paso de los años en las que fuimos medio rubias de infantes. Años atrás me teñía, decoloraba y me aplicaba todos los inventos habidos y por haber para travestirme de chica Pantene y obtener reflejos, luminosidad, color, intensidad y todo ese montón de bla, bla, blas que nos venden en los anuncios de champú y que por si no lo saben, son mentira.
Nunca fui rubia platino y me declaré enemiga, no precisamente íntima, de las mechas rubias; así que entre 'dulcecastañaclaracolormiel' y aguerrida pelirroja anduvo el juego. Curiosamente fue dejar de teñirme y que todo el mundo me preguntara dónde me compraba el tinte y cuál era su número. Cuando paseaba por la vida de improbable pelirroja, nadie cuestionaba que ése fuera mi 'color natural'.
No sé si se han dado cuenta, en todo caso yo se lo cuento; el mundo de una 'mujerblancasolterabusca' se divide en rubias y en morenas, en mujeres de pelo largo... y mujeres de pelo largo... y liso. ¿A qué no se lo imaginaban? Hagan una encuesta entre los hombres de su entorno, no necesariamente solteros; pregúntenles cómo es su mujer ideal aunque ya yo les digo cual sería la respuesta de una inmensa mayoría. Rubia o morena, eso va por barrios; de pelo largo y liso, y ojos azules o verdes, también va por barrios. Y como ustedes bien saben y ven a diario en sus calles, éste, nuestro país, está lleno de mujeres de pelo liso, largo, morenas o rubias y de ojos azules o verdes. Y es curioso, porque si a mí alguien me pregunta cómo es mi hombre ideal lo último de lo que se me ocurre hablar es del hipotético aspecto físico. Es de cajón que a todos nos gustan los guapos y en mi caso, paso de descripciones, que si alto, que si moreno, que si guapo... vamos, que saco la foto de Hugh Jackman que llevo en la cartera, la muestro y paso a enumerar lo que de verdad es importante en un hombre ideal.
En resumen, no soy rubia ni soy morena (jamás se me ha pasado por la imaginación teñirme del color ala de cuervo, intuyo que me quedaría fatal no haciendo juego con la palidez de mi piel), no tengo el pelo liso ni los ojos claros, ni siquiera tengo el flequillo de Chrissie Hynde; no puedo permitirme volver a cortarme el pelo.
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No puedo estar amable, simpática y sobria al mismo tiempo.
P.D. Romy Schneider.
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miércoles, agosto 25, 2010
Valer la pena
Hace demasiado calor... al menos para mí, que soy lagarto de sangre fría. Calor africano, dice el que supongo debe ser el portero sustituto veraniego del portero de mi edificio, que no he descubierto hasta hoy, hasta esta tarde, hasta hace un rato.
Así que entro en casa, me quito los zapatos - hoy he vuelto a ponerme tacones, otros, tengo el armario lleno de zapatos que no pongo y probablemente nunca más me pondré, pies destrozados una vez más- camino descalza y voy quitándome la ropa, dejando un reguero de prendas por el pasillo, como si tras de mí caminaras tú dispuesto a asaltarme. Esto es un atraco, tus labios o la vida; bien lo dijo el poeta.
Abro la ventana, y ahí, justo enfrente, a lo lejos, se divisa la sierra del Aramo. No, esto no es África, esto sigue siendo mi norte...
P.D. Chrissie Hynde
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Algún día yo también seré insoportable
Lo que tiene trabajar con hombres, bueno, en realidad trabajar con hombres tiene muchas cosas, algunas de ellas hasta buenas, es que, en demasiadas ocasiones, te conviertes en testigo incómoda de conversaciones que no deberían de tener lugar ante de una dama tan decente y apocada como yo.
Mis estimados colegas le tienen especial querencia a diseccionar diariamente tres temas en concreto. A saber, la actualidad portada de los periódicos, el fútbol (y si no es temporada liguera poco importa, siempre habrá otro deporte u otro fichaje o las últimas declaraciones de Maradona) y las mujeres, especialmente las propias. Aunque de cuando en cuando alguna que pasa por Coronel Aranda se lleva una buena ración de miradas y comentarios, no siempre positivos y halagadores. Véase el ejemplo de esta mañana: "¿Ésa que va, a trabajar al polígono?".
Y claro, una se ve en medio de una conversación del tipo "mi mujer estos días con la regla está insoportable", "mi mujer está en casa de mis suegros y está insoportable", "mi mujer se ha ido de vacaciones con los niños y sin mí y está insoportable", "mi novia quiere que nos compremos un piso y está insoportable"... y qué quieren que les diga, que yo no tengo nada que añadir a eso. Los demás, en cambio, sí, porque parece ser que sus mujeres son tan o más insoportables. No importa, ya me meten ellos en la conversación: "Dae, ¿tú cómo haces las lentejas?, que las lentejas de mi mujer son insoportables." Y claro, una duda, ¿eso me lo preguntas porque estoy presente o porque soy la única mujer presente?. Porque si es por lo segundo, puedo volverme tan insoportable como todas vuestras mujeres juntas.
Generalmente sonrío educadamente y me dedico a lo mío, al menos en la medida de lo posible, que todo hay que decirlo, es muy poco posible.
Cuando hablan de las ajenas tampoco es que mejore la historia. No sé, se me viene a la memoria, por ejemplo, el otro día, Elsa Pataky y lo buena que estaba Elsa Pataky, y lo guapa que era Elsa Pataky y el culo de la Pataky y hasta las témporas de la Pataky. ¿Y saben lo que a mí me apetecía decirles? Pues que sí, que estará buena, y que será guapa y todo lo demás también, pero que lo que es en realidad, es la tía con menos de 40 mejor operada de España. y lo suyo no sé si tiene mérito porque antes de los 25 ya debió de pasar por el quirófano. Por qué se me ocurriría a mí abrir la boca, ya saben, que si la envidia fuera tiña, que si la abuela fuma en pipa... es que no aprendo, a las guapas no se las puede criticar. Vamos, que si digo que Rossy de Palma es una mala actriz, todos de acuerdo. Si digo que Penélope Cruz sólo sabe hacer de Penélope Cruz, una envidiosa sin remedio es en lo que me convierto.
En definitiva, ellos están acostumbrados a criticar, cuestionar, juzgar y calificar a toda fémina que se les cruce, real o figuradamente; pero a mí que ni se me ocurra decir que vi "Australia" 3 veces y "Van Helsing" 2, sólo por ver al amor de mis amores (platónicos, obvio); que me miran todos con cara de: chica, eso no va contigo. Aunque con ellos si vaya contar la cantidad de veces que vieron "Lucía y el sexo" o la última de Médem, por idénticos motivos y que nada tienen que ver con la cinefilia.
Así que en esas estábamos esta mañana. Hablando de vacaciones, vuelos y Bruselas, acabamos en los controladores. Juro que no dije nada malo de ellos, a mí como colectivo me caen estupendamente, claro, como a todos; y como particulares, como sólo conozco a una, y ya me caía fatal antes de ser controladora, no cuenta (que eligiera precisamente esa profesión tampoco ayudó mucho, siendo sincera).
¿Y qué asociación mental-visual-emocional puede hacer una romana como yo al oír la palabra controladores? Sí, lo han adivinado, César Cabo, el controlador más sexy del mundo mundial. Y por vez primera soy yo la que digo algo así como que el conflicto de los controladores me la trae al pairo porque a mí lo único que me importa es que el tal César Cabo está muy bueno. "Pero Dae, ¿qué dices?", me dicen todos al unísono sorprendidos ante mi pérdida de compostura. Claro que hay algún despistado que pregunta: "Y ése, ¿quién es?"...
-"El chulo ése que salió en 'La Noria.'
Todos asienten y afirman y descalifican. Pero obvio, a mí no se me ocurre que a toda esa panda de cuarentones la envidia les corroe por momentos. No, para nada, no soy tan simple; y no digo que ellos lo sean.
Encuentro comprensión en la media hora (40 minutos largos, que es agosto) de café (para mí coca-cola light) con las féminas circundantes. Ellas sí saben quién es Cesar Cabo y no opinan que sea un chulo, sino un chulazo, que no viene a ser exactamente lo mismo. Y como nosotras no somos tan simples (no digo, reitero, que ellos lo sean) en lugar de pasarnos diez minutos repitiendo en todos los idiomas que conocemos y en todo los vocablos posibles lo bueno que está el romano en cuestión y todo lo que le haríamos o nos dejaríamos hacer (bueno, no voy a mentir, lo segundo sí), tratamos de dilucidar por qué de repente este tío nos gusta tanto y a todas.
Yo solita he llegado a la conclusión y así lo he expuesto, que estando como estamos en un estado absoluto de decadencia moral, educacional y hasta afectiva, aparece un tipo tan aparente como él, con aspecto de tipo sano, educado, bien vestido y sin estridencias (ni piercings, ni tatuajes -al menos no a la vista), sin haberse depilado las cejas (alguien debería decirles que Fonsi Niego NO es un ejemplo a seguir a menos que quieras parecerte a Naty Abascal), ni teñirse el pelo con mechas (Guti tampoco es un ejemplo), capaz de hilvanar más de dos frases coherentes, ¿he dicho educado? y además guapo, que es lógico que el inframundo televisivo le eleve a los altares. Yo por mi parte ya le he reservado un huequito en el mío particular, ha desplazado hacia la izquierda al mismísimo David Cantero.
P.D. Frances Dee
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martes, agosto 24, 2010
Muerte en el olvido
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Encadenada
Estarán conmigo de acuerdo en que esta semana ya he cumplido, y más allá, hablando de mí, mi mismidad y mis interiores. Así que ahora toca hablar de vidas ajenas. Y al hilo de lo que comentaba, que las personas además de poder dividirse entre mujeres de pelo liso y mujeres de pelo rizado; y hombres posibles, probables, imposibles, improbables y/o descartables; puede clasificarse al personal en función de la televisión que ve. Así que porque yo lo valgo y me apetece escribir de mí, pero sin hablar de mí, voy a analizar, a ver si llego a alguna conclusión conmigo misma, las series que me gustan, las que no me gustan, los placeres culpables y las que me hacen afrontar el día con el optimismo de saber que al final del día me reencontraré con ellas.
Creo que sé por qué no me gustan, al margen de que comparto o no su sentido del humor (que va a ser que no). Aunque mis teorías no me sirvan ni a mí. Siento que no me cuentan nada. He llegado a la conclusión de que me gustan las series con una trama que se mantenga en el tiempo, que me cuenten algo. De lo contrario, me aburren. ¿Por qué? Lo ignoro. Por eso no me gustan las series policíacas o de abogados o de hospitales, en las que en cada película se trata y se resuelve un caso distinto. A menos que mantengan intensidad en lo que enlaza un capítulo con otro o el protagonista sea un tal Dr. House. Un tipo cojo y adicto, con un carácter de mil pares de demonios sueltos; y que yo encuentro deliciosamente
Tampoco necesito que sean una tomadura de pelo, como “Lost” (no digamos “Flashforward”), pero necesito motivos para sentarme fielmente capítulo tras capítulo, a pesar del atractivo del personaje principal. Lo mismo me pasó con “Shark”, James Woods, otro grande con un papel a medida, pero que a mí acabó por cansarme. Y lo mismo con “Eli Stone”, “Monk”, “La juez Amy”. “Life” todavía me mantiene un poco más atenta, y luego, obvio, está “House”. Que es un mundo aparte porque me da igual lo que cuenten, yo le quiero a él, y no precisamente como médico de cabecera.
Series policíacas: "Life" me sigue interesando. Su prota es lo suficientemente aparente como para retener mi atención. Pero tengo que remontarme muchos, muchos años atrás. Aún con Verónica Hamel en la retina como madre de Jack "Lost" Shephard (qué mal ha envejecido). Siempre la recordaré entrando con su abrigo de pieles en la comisaría de Furillo. "Canción triste de Hill Street"... aún soy capaz de tararear la sintonía. Y qué me dicen de "Remington Steele", Pierce Brosnan apuntaba maneras. Y muy especialmente "Luz de luna". Otra que ha envejecido fatal, Cybil Shepherd (a la que siempre confundía con Kathleen Turner, vaya usted a saber por qué). Serie que tuvo el detalle de hacerme enamorar de Bruce Willis (de aquel Bruce Willis, qué mayor soy) y descubrir para el mundo la maravillosamente absurda historia de la señorita Topisto y el señor Viola.
De "Sexo en Nueva York", qué decir que no se haya dicho ya cienes y cienes de veces. Me importa un cuerno si fue revolucionaria, si mostró otra forma de hacer televisión, si los estilismos de Sarah J. (o lo que es lo mismo de Mrs. Patricia) supusieron un antes y un después en el mundo de la moda, si Samantha nos enseñó que otro mundo es posible, que demasiadas chicas descubriéramos que nos parecíamos peligrosamente a Charlotte, que se hablara de ¿sexo? sin tapujos, que presentara por vez primera a un cuartero de mujeres presuntamente liberadas, reales y modernas. Y no me importa, porque a mí simplemente me gustaba. Al fin y al cabo siempre me gustaron los cuentos de hadas con final feliz (precisamente porque ése nunca nos lo contaban) y "Sex and the city" tras sus muchos y variados burdos disfraces era simplemente eso, el cuento de hadas de una princesita venida a más en busca de su príncipe azul. Y claro, al final lo encuentra tras besar muchos sapos (Aidan en todo caso nunca fue un sapo, más bien la sapa fue ella; Mikhail Baryshnikov tampoco). Y mientras se tropieza con ellos tiene tiempo de vivir una vida fabulosa con sus fabulosas amigas. Y ella, la escritora que nunca lee un libro (sólo cuando cuadra que uno de sus ligues es escritor), que es más bien tirando a feucha (acabando por convertirse en un icono de la belleza y la moda) se la pasa paseando Upper East Side arriba y abajo publicitando zapatos, moda y complementos y desayunando con las otras tres, ¿he dicho que eran fabulosas?, cada una de ellas inmersas en su cuento de hadas personal. Con finales más o menos felices para todas, que ya sabemos que Samantha, la única que se comió al lobo, purgó sus pecados con un cáncer (para una que realmente hace lo que le viene en gana). Lo dicho, si hay tercera película allá que me voy de cabeza, y el día menos pensado me veo las seis temporadas de nuevo. No me cuentan nada que no sepa, no me muestran nada que desconozco... pero la vida puede ser fabulosa.
A favor de “Gossip girl”, tener al personaje que más odio-amo de la televisión actual. La sin par Jenny Humphrey. Protagonista de las situaciones más absurdas y descacharrantes que una puede encontrarse. Persigue a Nate Archibald como una loba y acaba acostándose con Chuck o la trama de la fiesta en casa del embajador (francés), que fue de penosa risa. Sólo faltó Isabel Preysler haciendo de perfecta anfitriona con sus bombones. La inenarrable historia de las pastillas camufladas en las chapas, botones, cristales de Swaroski o lo que fueran, de la chaqueta, fue motivo de que riera a mandíbula batiente durante un buen rato.
“Gossip`girl” es digna heredera de la gran “Melrose Place”, aquí, y ninguno ha cumplido los 19 (en la ficción), todos se acuestan con todos. Aunque siempre me he preguntado por qué hay dos parejas intocables, Chuck-Serena, Blair-Dan. Anda que no se liaría parda si uno de estos dos interaccionaran. Placer culpable, lo admito.
No llego a entender por qué me interesan las (des)venturas de una panda de pijos falsos adolescentes en el Nueva York que no baja de la calle 72. Donde los únicos personajes pretendidamente reales, léase, los Humphrey, dan risa con su rollo de vivir en Brooklyn, su artisteo y su proletaria conciencia. El personaje de la alternativa Vanessa está metido con calzador y los capítulos con Hillary Duff haciendo de Hillary Duff y montándose un trío con el sosainas de Dan (que le cambien de peinado ya) y la Violetera, pertenecen directamente al inframundo televisivo. Por no hablar de la aparición, por fin, de William van der Woodsen, tras tres temporadas. Pensé que se trataba de una broma al ver a William Baldwin, de los Baldwin de toda la vida. Pero no, iba en serio, era el papá de la cada vez más ceñida Serena (qué derroche de pésimo gusto el de esta chica últimamente).
Pese a la decepción que supuso Blair con todo el rollo ése del Empire State, Blair Waldorf no debería establecer el paralelismo con la peli ésa de Meg Ryan y Tom Hanks, Blair Waldorf tiene algo que recordar -a Cary Grant y Deborah Kerr bebiendo champagne rosado- he visto imágenes de la cuarta temporada, ya saben, last tango, then Paris, y ya me enamorado... de sus vestidos, claro.
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Para la rutina siempre hay tiempo
Estoy sentada al lado de una ventana. No tengo demasiado por hacer. Me gusta estar aquí, al lado de la ventana, digo; no en la oficina. Miro a la calle, veo a la gente pasar, los que salen del parking, los que se sientan en los bancos a tomarse un respiro, intuyo las vidas ajenas.
Se rumorea un cambio de ubicación o una reorganización o lo que sea que hace la Administración cuando no tiene un duro y ya no tiene recursos para ahorrar. Pero yo no quiero moverme de aquí, quiero que éste siga siendo mi sitio, mi ordenador y mi ventana.
Tengo el mejor ordenador de la oficina, mejor incluso que el de los Jefes, con una superpantalla de no sé cuántas pulgadas. Me lo merecía, supongo, sólo había uno nuevo, sólo se podía cambiar uno y se hizo encuesta popular, quién tiene el peor ordenador, el más lento, el más viejo. Gané yo, y ni siquiera me postulé porque ese día no recuerdo dónde estaba. Sólo sé que él se acercó con su tumbao y me dijo, Dae, mañana tienes nuevo ordenador; no me lo agradezcas, pero que sepas que eres la única a la que se lo van a cambiar.
Con los meses cambiaron el resto, una parte, no todos. Ordenadores de segunda mano que venían de Justicia (traían las viejas etiquetas). Puede que sea una don nadie aquí, pero tengo el mejor ordenador de todo el Servicio.
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lunes, agosto 23, 2010
Tengo una pregunta para ti... sí, no mires a todos lados, es por ti
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