martes, diciembre 28, 2010

lunes, diciembre 27, 2010

(Infundadas) certezas



A estas alturas de la life debería de saber que las cosas (tan) buenas nunca son lo que parecen.



P.D. Gene Tierny y Oleg Cassini

miércoles, diciembre 22, 2010

No soy nada del otro mundo... pero tampoco estoy en éste...



Llevo días tratando de escribir una felicitación navideña medio decente, pero como dicen en esa novelita que tanto éxito ha tenido y que a mí tan poco me ha gustado y tanto me recuerda al sosainas de Roberto Moccia, mi bestia parda particular del que pese a todo he leído sus libros, y me refiero a "Contra el viento del norte", no se me ocurre mejor manera de felicitar que decir Feliz Navidad, como si hubiese una fórmula mejor para decir exactamente eso.

Recuerdo que hace unos tres o cuatro años lo conseguí, y si no fuera porque siempre lo borro todo, podría recuperarla. Y que lo conseguí no lo digo yo, me lo dijeron otros, sus receptores... la más diferente, la más hermosa y conmovedora... la más original, como la fórmula de la coca-cola.

Estuve inspirada entonces. Supongo no lo estoy ahora, o tal vez sea que cada vez que me siento frente a una pantalla sólo tengo deseos de escribir lo que no voy a escribir.




P.D. Lee Remick y Montgomery Clift en "Wild river"

Ya lo cantaba Gastelo, te vas a quedar con las ganas, o no... y ni siquiera sé si es afirmación o pregunta



Podría decir que no me gusta caminar de la mano por la calle. Que no me gusta dormir acompañada, que será la falta de costumbre, y aunque sólo ocupe el lado derecho de mi cama y nunca invada el izquierdo, lo prefiero vacío. Que la ducha mejor a solas y no tener tras de mí mientras me aplico el eye liner, a alguien ajustándose la corbata, que ni siquiera sé hacer nudos de corbata. Que nunca desayuno y no sé hacer café, que me levanto con prisas, tarde, mal y nunca y cinco minutos más en la cama sólo si voy a dormirlos... Podría decir que mi cuerpo es prisionero del miedo...

Podría decírtelo, si quisieses escucharme...




P.D. Romy Schneider

martes, diciembre 21, 2010

Acabo de recordar que hoy es el día más corto del año y que con él, por tanto, llega el invierno...



Y con el invierno, de pronto, están llegando otras cosas... y estoy empezando a querer saber, aunque tal vez no debería, puede que no me gusten las respuestas.




P.D. Greta Garbo

Que digo yo...



...pues eso. Para qué voy a esforzarme en contar si hace mucho que dejé de tener cosas que decirte.



Y habrá que volver a ver "Qué bello es vivir", porque la vida es bella, ¿no? Y habrá que trabajar un rato.



P.D. Joan Bennett

lunes, diciembre 20, 2010

La vida mancha, dicen algunos. Aunque la mayor parte de las veces, sólo tiñe, de azuloscurocasinegro, obvio...




Estaba pensando que otros años, a estas alturas, ya había enviado tropecientas felicitaciones navideñas, manuscritas, vía email, personalizadas, copia oculta, cursis, ñoñas, llenas de buenos deseos, propósitos y parabienes... y este año no he enviado ni una sola. Ni siquiera he comprado el décimo de lotería del número que se juega en el trabajo, ni he probado el turrón.

Me gustan las navidades, me sigue gustando la Navidad, aunque por momentos no lo parezca. Y te deseo una feliz Navidad... aunque no vaya a decírtelo y por tanto no tengo porqué ser original.





"Me armé de corazas hasta los dientes
y de eso que llaman valor de héroe
para no amainar el paso hacia una meta
en la que nunca me empeñé.
Después de caer setecientas veces
logré que el contrario perdiera un poco el pie
y en vez de sentirme henchido por la hazaña
me preguntaba porqué
para responderme: no lo sé.

Todo es mentira menos tú
y si lo fueras, te lo suplico, miénteme,
bésame y dime: todo es mentira
menos tú.


Me quise creer algunas promesas
que hablaban de cosas que había que cambiar;
la fe, que era escasa, apenas tuvo tiempo
de acercarse a algún altar.
Cambiaron las cosas pero al contrario,
siguiendo las reglas del juego malabar;
salieron de la chistera gatos rosas,
grises, malvas, a cazar
al primer ratón dispuesto a hablar.

No sé que sentido tiene la vida
ni que coincidencia separa el bien del mal,
no sé si este cuerpo que me encierra nace
de algo más que un mineral.
De lo que no tengo ninguna duda
es de que cometo el pecado original
cuando cada noche el cuerpo que me ofreces
no es una estatua de sal
sino el paraíso terrenal".



P.D. Christmas in Connecticut

Como en la canción de invierno y de verano de Ángel González, nos ¿quisimos?, pero jamás en el mismo día




Esto viene a ser como lo de los zapatos que me puse esta mañana. Los tengo desde hace por lo menos cuatro años y los habré puesto una media de tres veces en estos últimos cuatro inviernos.

Me hacen un daño insoportable, y lo sé y lo asumo. He probado todos esos trucos inútiles, absurdos y caseros, que pasan desde aplicarles crema hidratante a meterlos en el congelador, aun sabiendo que no funcionan y seguirán doliéndome los pies cuando me los quite. Pero siguen ahí, en un lugar privilegiado de mi armario, porque lo nuestro fue un flechazo instantáneo, fue verlos y saber que tenían que ser míos, aunque nada más divisarlos y enamorarme de ellos, incluso antes de probarlos en la tienda, mucho antes de pasar por caja y llevármelos a casa, supe que eran de los que harían daño y que eso nunca tendría remedio.

Podría deshacerme de ellos y así evitaría la tentación de sacarlos a pasear una vez al trimestre cuando llega el otoño, pero una, empeñada en que las cosas buenas suceden entonces, no se rinde, y tras una noche en el congelador, vuelvo a lucir su animal print, y todas en la oficina se giran al verme pasar y hacen cumplidos de tan bonitos zapatos que lucen tan bien.

No importa que antes de llegar a casa tenga que pasar a comprar tiritas, porque son tan lindos... ni que vuelvan al armario hasta no antes de marzo.

Siempre estarán ahí, supongo.

Sí, va a ser como lo de los zapatos...






P.D. Veronica Lake y Alan Ladd

Y que después sea yo la que se considera la reina en el aparentar indiferencia


Copio y pego de un email recibido este fin de semana: tú estabas tan guapa que si no me gustases quizás hasta hubiese intentado besarte...




Para todo lo demás, Bruce y yo les deseamos feliz Navidad...







P.D. Bette Davis y Howard Hughes

domingo, diciembre 19, 2010

La neta, qué razón tenía el Sabina (por una vez, y sin que sirva de precedente), quién riera como llora Chavela




Ya imaginarán que si no tengo capacidad para hacer la crónica de un concierto de rock, menos aún la tendré para hacerla de una noche en la ópera, aunque al fin y al cabo nadie vendrá a aquí a leer eso, en todo caso, qué mal, pero qué mal la soprano en el primer acto y cómo se vino arriba en el segundo (aunque el papel de Adina ofrezca poco lucimiento al principio)... y como yo soy la reina de las contradicciones, después de Donizetti me fui de reventón y mi paloma negra particular agarró por su cuenta la parranda dejándome entre unas cuantas Pacífico y más de un caballito; entre guitarra y canciones de ida y vuelta de un mariachi desacompasado... pero qué bueno, porque por primera vez en mucho tiempo, y no, no eran los efectos colaterales de un tequila reposado, fui yo... y hasta disfruté haciendo de mí misma.

Y sí, los puriticos caballeros mexicanos te acompañan hasta la puerta y no más...



P.D. Maria Felix

viernes, diciembre 17, 2010

¿Y mañana?... Pues no sé, porque aún hoy estamos a hoy...



Este fin de semana me esperan reencuentros en el aeropuerto. Las vacaciones están a la vuelta de la esquina. Hace días que se han encendido las luces navideñas y ayer compré polvorones, de esos de chocolate, a granel, perroneros, de los que me gustan. Esta noche me voy a la ópera, aunque aún no haya decidido qué ponerme, me temo que la opción de los vaqueros no es opción, aunque casi...

De Barbara Stanwyck decían sus detractores que no era guapa en un cine en el que las actrices debían de ser guapas, pero tenía talento... y de momento es lo único que cuenta, se está alzando de nuevo el telón, bang, right between the eyes. De alguien que se hizo llamar Sugarpuss O'Shea no se podía esperar menos.

Hagamos un trato a la manera de Benedetti y construyamos un futuro a medida, pero no a plazos



Anoche tuve un sueño extraño, o más bien curioso, o raro. Tal vez lo recuerde, a diferencia de otras veces, porque el despertador sonó en el medio de muchas risas, conversaciones y canciones regadas con cervezas, las que sonaban en él. Se quedó inconcluso, por tanto. No tuvo final, ni meta alcanzada. Tampoco es que sea especialmente digno de recuerdo, no fue especialmente extravagante, ni exótico, ni al despertarme mi corazón latía más de 13 veces por minuto, para ser a la manera del poeta.

Soñé con alguien que ni siquiera conozco, aunque aparecían otros, otras personas. Sonaba Bruce, de vuelta a los viejos bares de siempre, aunque también los Burning y Rammstein. Y aparecía yo, claro, con ese vestido gris y una cazadora de cuero negro caminando por la calle Mon, y frente a mí, acercándose, caminaban tres tipos.

No puedo recordar ni reconocer al primero de ellos, aunque en el sueño le conocía, parece ser, y era una cara que en realidad he visto en algún sitio, pero que no logro identificar. Al segundo, sí, el segundo era o es real, o bueno, más o menos, o lo fue, supongo, y curiosamente por él demostraba una indiferencia absoluta, no fingida, como si estuviese de paso o fuese el sobrante. Y después estaba él, un completo desconocido que me abrazaba y al que yo abrazaba como si se nos fuese el mundo en ello, como si hiciese siglos que no nos veíamos y el mundo dejase de girar a nuestro alrededor al encontrarnos y todo estuviese de más. Alguien a quien no he visto en mi vida, del que no sé prácticamente nada, sólo me hablaron en alguna que otra ocasión de él. He visto más por casualidad que otra cosa un par de fotos suyas, algún vídeo en el que sale, alguna que otra referencia... que se parece mucho a alguien, pero siendo más alto y más guapo.

Entrábamos los cuatro en el Diario Roma, o al menos en el Diario Roma de hace diez años, porque creo que no hace menos de diez años que lo piso. Y pasábamos hasta el fondo, en la planta baja, hasta esa especie de bancos y taburetes que al menos entonces había allí, entre las sombras. Y estaban todos, los de entonces, Jorge Ilegales y Charly y aquel tipo pelirrojo que nunca me hizo caso, y la chica que tenía aquel programa de radio, y Chus y la acompañante de turno, y su hermano, que nunca decía nada; y comenzaban a circular las cervezas y sonaba la música demasiado alta aunque no conseguía opacar nuestras voces. Y el real desconocido y yo hablábamos encantados de habernos conocido, como si tuviéramos mucho que contarnos, aislados del resto, ignorando su existencia... ignorándote a ti.

Curiosos los caminos que divergen de una realidad para confluir en los sueños.






P.D. Rita Hayworth y Glenn Ford en "Gilda"


[Y en realidad tendría que sonar otra canción, de Clem Snide igualmente, pero va a ser que no]

Ante ustedes la portentosa mujer invisible...




¿Qué se puede hacer más estúpido que escuchar a Los Pecos? Tratándose de mí, ya se imaginarán, y aunque el Facebook ya sea una tontuna en sí mismo, me he superado. Tener al amor de mi vida a un clic, entiéndase eso de "amor de mi vida" como el tipo que nunca supo que existía cuando ambos teníamos dieciseis años, y con el que si me cruzo a día de de hoy, cambio de acera para evitar la ¿humillación? de que no me reconozca.

Y con el que no he intercambiado, obvio, palabra virtual alguna.








P.D. Gary Cooper en "Adios a las armas"

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