Horizontes
Yo nunca quise quedarme aquí. No era mi vocación la de frustrada funcionaria de ventanilla y ‘vuelva Vd. mañana, ser dueña de una hipoteca y ejercer un horario de ocho a tres. Pero la realidad suele ser tozuda y acabó imponiéndose ante mi pasividad y resignación mal entendida.
Por eso me gusta pensar que aún estoy a tiempo. Que la realidad sigue ahí, a la vuelta de esa esquina que probablemente nunca llegue a doblar. Hacer las maletas, un billete de avión sólo de ida y un buen puñado de ilusiones por perder. No sé a dónde, no sé cuándo, no sé cómo. Pero la oportunidad sigue ahí, el ‘colchón’ de una excedencia y toda la mañana para planearlo.










































