martes, enero 10, 2012

Envenenándome de azules


A veces, de rato en rato, de tarde en tarde siento el irrefrenable deseo de volver a tener 15 años, o 20, o incluso 25; cualquier edad racionalmente irracional. No por parecer más guapa, más mona, más joven o más delgada. Ni siquiera más ingenua, que eso viene conmigo de serie. No por deseo de volver atrás con todo lo vivido y lo poco aprendido, eso me es indiferente pues sigo tropezando con las mismas piedras con las que tropezaba hace veinte años... Hubo un tiempo en el que decir veinte años era un mundo; hace veinte años no eras nada, no tenías apenas recuerdos. Ahora, hace veinte años ya había una vida. Y eso da un poco de vértigo.

Si ahora estuviera aquí con 23 todo sería absurdamente más fácil. Tendría eso que algunos llaman 'la vida por delante', generalmente escasas preocupaciones más allá de que no se me fuera a correr el rímmel o que mis vaqueros favoritos estuviesen disponibles para la noche de viernes. Probablemente estaría planeando ir al cine, no le quitaría ojo al teléfono esperando una llamada que puede que sí o que puede que no se fuera a producir. Incluso puede que fuera yo la que llamase. Estaría echando de menos a alguien, a lo mejor a quien nunca tuve. Me habría peleado con Sal con motivo de su último 'buenoparanada', tendría cervezas enfriando en la nevera y un curso de idiomas a medio terminar.

No recuerdo dónde estaba yo a los 23, tendría que hacer sumas y restas vitales. Puede que en un pueblo con mar o puede que a muchos cientos de kilómetros de donde estoy ahora. Tampoco recuerdo la vida que llevaba entonces, con quién me relacionaba y ni siquiera sé de cierto que la vida fuese más fácil, que la vida mancha y eso lo sabemos todos. Pero todo encajaba. Podía pasarme una tarde entera encerrada en mi habitación escuchando música sin saber qué hacer, o encadenar películas en blanco y negro y helado. Podía ser huraña e ingrata, soberbia e insegura. Eran cosas de la edad, de una vida a medio hacer. Podía llorar, y no sólo en los cines y engancharme de cualquier tipo que me prometiera la eternidad que dura una fin de semana.

Eran cosas de la edad, de una vida a corto plazo. Eran lujos que una podía permitirse; emborracharse de tristeza, modificar la realidad a nuestro antojo, soñar despierta y trazar senderos de baldosas amarillas. Conducir toda la noche y calificar de gilipollas a todos los tíos del mundo mundial que preferían a cualquier camarera que jamás les miraría a los ojos antes que a mí. Los duelos duraban menos y los estados idiotizantes eran pasajeros, nunca faltaba un roto para un descosido y siempre había alguien dispuesto a hacer causa común conmigo.

Pero ahora no, ahora no es de recibo sentirse como una recién estrenada veinteañera en guerra con el mundo y parte de sus habitantes, con ganas de llorar a cada paso que doy para retroceder. No tiene sentido sentir y pensar, y querer y desear; no querer o poder o saber aceptar. No es posible saber pero no creer y estar sentada delante de una pantalla en blanco un día cualquiera a la tarde y enfadarse pero no gritar, y no perdonarse; y caer y no querer levantarse como si todavía tuviera 20 años y todo nos estuviese permitido. Por creer que los sueños que se tienen a los 15 se harán realidad pasados los 30.


8 perdidos en el laberinto:

Luis dijo...

Coooñoooo... “Ave” del paraíso-sinsecador... como te has levantado hoy... si con la edad que tu tienes echas la vista 2-3 años atrás y no recuerdas donde estabas y te haces esas reflexiones.... Que va a ser de mi... (ahora que tengo 25)?.... me haré la misma pregunta que tu dentro de 3 años? Ainsssss.... a mi no me hacen ni puto caso ni las camareras... ni las clientas... pero ya sabes.... siempre podremos meternos en el servicio del bar con quien nos de la gana... si nos dejan claro... Tu con tu X Men... y yo con mi rubia de bote... Un beso... y recuerda que me debes una Judas

Brenda Velásquez dijo...

Hola que encanta tu blog y te sigo... sígueme en: http://princesailusa.blogspot.com/

Verillo dijo...

Da un poco de vertigo no?yo que ya ando mas cerca de la treintena que de la veintena y que cada vez que lo pienso,me digo "que mal lo vas a llevar",leo y esto y me da un no se que...
un saludo,y decirte que me gusta tu blog,y por aqui me quedo...

matrioska_verde dijo...

¡¡no sabe como te entiendo!!

no sé los años que tienes, yo hace poquitos días (el 31 de diciembre, concretamente) que cumplí 49 y duele... a ver, entendámonos, por un lado me siento mejor que nunca, hago la vida que quiero hacer sin importarme los demás una mierda (con perdón, me entiendes), y ya no me corto la lengua...

pero por otro lado me miro en el espejo y observo como ha cambiado mi cuerpo... y... siento nostalgia de la mujer de carnes más firmes y sin celulitis que fui... y eso que le pongo ganas y voy al gimnasio... pero la edad no le perdona a una mujer normal y corriente que trabaja sentada toda la mañana y...

biquiños.


p.d.: hermoso post.

viendo la foto de Marylin... hace un par de días pasaron en la tele (no recuerdo el canal) un documental de su vida... ¡pobre mujer! ¡que perdida estaba! y con tan sólo 35 años.

Unknown dijo...

Cuando somos muy jóvenes todo lo posible está en el futuro, cuando pasa el tiempo nos llevamos grandes sorpresas y añoramos otras tantas, así de irremediable.

Un gusto leerte.

Saludos.

Fiebre dijo...

No sé Dae...cada vez estoy más convencida de que no hay edaad para que se hagan realidad los sueños, solo que su llegada se vive con menos alharacas o menos impaciencia.

Pero teniendo un mínimo equilibrio mental las etapas van cumpliendo su función. Y lo digo yo que a veces en vez de 44, parece que tengo 15 juas.

Unknown dijo...

!!Hola daeddalus!!

Te mentiria si te dijera q yo he asumido bien el pasar de los años,me da rabia q nos vayamos deteriorando de la forma q lo hacemos.

Pero me alegro de q cada año llegue mi cumpleaños y pueda soplar las velas,y,sinceramente,no me gustaria llegar a 90 años con un fisico de 20 años y tener q morirme,la naturaleza es sabia.

Intento envejecer con dignidad y asumirlo,aunque a veces cueste.

Buen post.Un saludo Daeddalus

Eduardo Fanegas de la Fuente dijo...

Como dicen por ahí, da vértigo. No se trata ya de la edad, si no de las experiencias vividas. A mi lo que me duele es no haber hecho más cosas cuando tenía 20 años...que ahora casi en los cuarenta recuerdo como años perdidos.

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