miércoles, octubre 13, 2010

Se me ha vuelto a olvidar que no soy Joan Crawford




Hoy ha vuelto a salir el sol, en sentido literal, no en mi vida, que sigue siendo de un nublado permanente, y ha dejado de llover. Me he levantado a las seis, entre otras cosas porque no podía dormir y a fuerza de la costumbre. Desayuné entre papeles, y ahora, que apenas pasan de las dos estoy hasta el moño de la Ley de Contratos, de la Responsabilidad patrimonial y la Expropiación forzosa. Me arrepiento, en parte, de haberme quedado estos días en casa. Realmente no tengo nada que estudiar para un examen al que simplemente voy a pasearme, pero renunciar a ellos teniendo la posibilidad ahí... esquivar durante tres días la falta de trabajo era una tentación demasiado fuerte. Aunque en realidad lo que me hubiese apetecido es irme a cualquier lado, bueno, a cualquier lado no, me hubiera gustado irme a algún lugar con sol y calorcito, a mí, que no me gusta el calor, y poder pasearme en camiseta de tirantes entre holandeses quemados por el sol (el subconsciente me traiciona, supongo) y vivir un amor de verano, de esos con fecha de caducidad, en pleno otoño. De esos que jamás contaría aquí, porque es curioso, con la cantidad de barbaridades e intimidades que he contado, con la cantidad de veces que he agredido mi privacidad, y luego soy incapaz de contar según que cosas, siento vergüenza...

Como ayer que pasé de largo ante la que fue una de mis mejores amigas, con su marido de la mano derecha y el cochecito del niño en la izquierda; por vergüenza, sí. Sólo un saludo desde lejos y una sonrisa forzada. No hubiese sido capaz de pararme y hacerle carantoñas a la criatura y que me hablasen de sus vacaciones en Denia y en cómo va el pago de su hipoteca. Que me preguntaran por mi vida con esa mirada entre la lástima y el desprecio, porque sigo sola y no llego a fin de mes; desde la superioridad moral de madre y esposa, que ya sabemos que la naturaleza es sabia y si te ha condenado sin elección a la soledad y a la esterilidad es porque eres una mujer incompleta. Y qué gusto debe darle que yo, la orgullosa que se iba a comer el mundo y que incluso se llevó su pedacito, haya acabado en un día de fiesta paseando a solas entre familias vestidas de domingo con sus perros y sus niños en un parque sin árboles escuchando a Emmylou Harris.

Aún recuerdo la última vez que hablamos, en una de esas noches de chicas que hace tiempo dejamos de hacer, haciéndonos oír por encima de la música en uno de esos bares pijos que hay en Gijón (para que luego digan que es patrimonio de Oviedo), donde la única premisa era que estaba prohibido hablar de niños y problemas domésticos. Evidentemente a mí me resultaba fácil cumplirlo, no tenía ni lo uno ni lo otro. Pero nunca se cumplía y siempre yo acababa en un segundo plano, aislada de la conversación, que tener sobrinos no es lo mismo, que yo era la chica rara, que ya apuntaba maneras, siempre decía alguien. Aunque yo nunca entendiera el por qué, si en el fondo quería lo mismo que ellas, un buen trabajo, un marido, una casa y sobre todo unos hijos.

Y ellas me aconsejaban y hasta me organizaron un par de citas a ciegas con amigos de sus respectivos, que estos últimos no entienden cómo es posible que nadie me quiera con lo estupenda que soy, aunque mucho me temo que ellas no estén del todo de acuerdo. Y me organizan una cita con un tipo al que le dicen que a punto estoy de cumplir los 35 y sigo soltera y sin pareja y que soy culta y he leído algunos libros y escuchado alguna ópera, aunque puede que sea un poquito rara porque no sé medir mis palabras y tenga la lágrima fácil y aunque no diga tacos puedo llegar a decir que ir sin bragas es la hostia, y me gusta ir al cine y ver películas en blanco y negro y pasear a solas escuchando a Emmylou Harris, y puede que resulte un poco intensa, alma, corazón y vida, o lo que quede de ello, en un pack completo al por menor y siempre en oferta; y aunque no sea ninguna belleza tampoco soy insufrible, que al fin y al cabo es una cita a ciegas con una tía a punto de cumplir los 35 aunque no los aparente, y que está sola... que el tipo en cuestión ya se imagina por tanto una cama en guardia permanente.

Y como yo, nunca se te olvide, soy de las tímidas, de ésas que se esconden bien bajo la indiferencia, bien bajo la inconsciencia más profunda; las más de las veces, bajo la segunda; no sé qué decirle a ese tipo que tengo delante, del que prefiero no saber qué ideas le habrán metido en la cabeza. Así que a la tercera cerveza ya se me han acabado todos los argumentos y todas las frases y sonrisas ensayadas ante el espejo, que una cita a ciegas es una cosa muy seria y la única duda que se plantea es si nos vamos o o no a la cama, porque lo de decirle lo que de verdad quiero y deseo, ni modo.

Después, obvio, soy una desagradecida, porque con lo majo, con lo interesante, con lo simpático, con lo interesado que estaba, con lo bien que le hablaron de mí, y yo, que ni siquiera accedí a follar con él... que lo mío no tiene nombre, qué vaya mujer más indecente, a los casi 35 y rechazar una invitación así, y ser capaz de echarle del taxi y hasta dar con las narices en la puerta, que eso tiene un nombre, no precisamente agradable, y como yo no digo palabras malsonantes... Y a la siguiente, porque a pesar de todo siempre hay una segunda, no quiero caer en lo mismo, y despliego mis malas artes, que algunos llamarían buenas, efectos colaterales de mi apatía sexual, pero que no se diga que se va a ir de vacío, y acaban por llegar las llamadas de los domingos por la tarde. 

Y luego llegan los reproches, y el será porque tú quieres, y que eres una exigente y le pides peras al olmo y buscas lo que no existe y lo que tú ni siquiera estás en disposición de ofrecer. Que el mundo está lleno de hombres que suspirarían por ti y tú solita fuiste apartando a aquellos que podían quererte, tú solita echaste de tu lado al hombre que más te quiso, tú solita te fijas en tipos que jamás te corresponderán, porque tú quieres que sean más guapos, y más altos y más talentosos y más oscuros y hayan escuchado más canciones y hayan visto más películas y hayan hecho más kilómetros; cuando tú sólo eres una mujer del montón que sólo llega al azuloscurocasinegro. Y deberías mirar a los ojos cuando vas por la calle y dejar que ése que ni es tan alto, ni tan guapo, ni ha leído tantos libros te haga reír, pero claro, a ti no te interesa que te hagan reir, tú sólo quieres que te mientan, que te digan que te quieran porque nunca nadie te lo ha dicho hasta ahora.




Sí... que alguien me mienta... ¿Tampoco es pedir tanto, no?




8 perdidos en el laberinto:

guille dijo...

Sin mentirte y sin segundas intenciones (todavia):

Te quiero E.

PD: El amor no siempre hiere.
PD2: Busca esa conversacion, no es lo mismo decirlo a un taclado que a unos ojos con orejas.

Daeddalus dijo...

Sin... y con segundas intenciones...

P.D. Ya eres mayorcito para seguir el sendero de baldosas amarillas.

Nicole dijo...

De todos las entradas que he leido en esta blog tan particuar, pero eso si, encantador! Esta ha sido una de las que mas me ha tocado...

guille dijo...

Las dos cosas son ciertas.

Te quiero (aunque no se porque ni me lo pregunto)
Y no tengo segundas intenciones (soy inteligente).

Cada dia de mi vida (¡¡todos y cada uno!!) busco el sendero.

Los pies dispuestos, siempre. Nunca sabes quien te cambiara la vida hasta el estremecimiento.

Sese dijo...

Quién te dice que esa pareja que te critica por estar sola esté mejor que tú. No tener pareja no significa, o no debe significar, agarrarse a cualquier cosa. Esos que critican acaso ignoran que cuanto más tiempo sin pareja más exigente te vuelves, y ellos creen que es al revés.

Saludos (y se nota que te gusta el cine en b/n).

flor de té dijo...

Esas.. las que buscan citas a ciegas, las que dicen 'tienes a quien quieras...'. Todas, sin excepción no tienen ni PUTA IDEA ;) .
Sí es difícil lo que quieres y sí es difícil encontrarlo pero tú lo vales!!.. ¿Por qué bajar el listón?, porque tú quieres que te digan que te quieren pero justo quien tú quieras (qué mal suena esto).
Yo muchas veces también cruzo la calle cuando las veo...
Un beso!!!!

Fiebre dijo...

No bajes el listón Dae. No lo hagas.
Al final provocamos más daño del que nos gustaría y acabamos vacías y ellos se sienten engañados y con razón.

Y fíjate, sólo tienes 35.
Yo 43...

chicodelabolsa dijo...

Ir sin bragas no es la hostia. La hostia sería que no se disparase nuestra lascivia masculina cuando una mujer nos confesase el no llevarlas.

«Una cama en guardia permanente». Guapa no sé, pero el ser divertida nadie puede quitártelo.

Me gusta el quinto párrafo y ya llevo escuchados dos temas de Emmylou Harris que me gustan, lo que me recuerda que he de recordarte que pasar de puntillas por los blogs de otros, como yo estoy haciendo ahora, te ayuda a hacer interesantes descubrimientos en todos los sentidos.

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